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LA PLANTACION

 

Al dia siguiente, tanto el propietario Guy como el joven Ayax presentaron al Sabio sus
escusas, por haberlo dejado hablando sólo.

Guy se disculpó con el cansancio i las emociones del dia, i Ayax con su ninguna práctica de fumar opio.


-Estais ambos perdonados, dijo el Sabio con la mas exquisita cortesía. Por una parte, estoi acostumbrado a conversar conmigo mismo, hace muchos años, por horas i aun por semanas enteras ; i por otra, no sé desde cuál de los puntos de mis disertaciones fui abandonado por vosotros Acabo la falta no haya sido sino mui insignificante.
-Podeis estar seguro
-Sí, Guy, interrumpió el Sabio, estoi seguro de que dormíais ambos con una beatitud anjelical.


Esta conversación tenia lugar al aire libre, bajo un emparrado magnífico i en medio de una vejetacion lujuriante, sitio en el cual habia sido servido el desayuno. Terminado éste, dijo Guy a sus huéspedes
-Como hoi no habrá sotís, i como la |mañana está fresca, os invito a que visitemos mi plantacion de adormideras. No tiene nada de particular, pero ella misma es una particularidad.


-Aceptado, dijo el Sabio ; pero dad ántes vuestras órdenes para que todo esté listo para el anochecer. Me urje regresar a Calcuta.
Al decir esto, el Sabio pensaba en la pobre Imina, de la cual no habia vuelto a saber nada.
-Tendremos algunos |ocios botánicos, observó Ayax.
-I tambien |mitolójicos e |históricos, dijo el Sabio. Las plantas son |compañeras de los dioses i de los hombres.

 
Guy, que habia ido a dar sus órdenes del caso a los criados i a los palanquineros del Sabio, volvió poco despues, i todos los amigos entraron en la Plantacion, de la cual era |un simple adherente el paraje donde se hallaban.

La Plantacion no era mui extensa, pero  prentaba, en esa época, un aspecto bellísimo era el momento de la eflorescencia de las adormideras, i los pótalos do éstas, de todos colores i a una misma altura, remedaban un inmenso tapiz, émulo del iris.
Todos sabemos que la adormidera, orijinaria de la India, es una planta anual, que crece hasta un metro, i cuyo color es verdoso. Silvestre, la especie es pequeña i la flor no tiene sino cuatro pétalos, por lo comun
blancos; pero hortense, duplica sus hojas i sus pétalos, i cambia de colores.
Luego que nuestros viajeros hubieron admirado el aseo i la simetria de la Plantacion, la variedad del color de las flores i la robustez de las plantas, dijo Guy


-Despues de que nuestro comun i digno amigo Wise nos haya dicho algo sobre la historia de esta planta, fuente hoi de un comercio casi fabuloso con la China, tendré el honor de informaros cómo se la beneficia i para qué.
-La historia de la adormidera no es muí larga, dijo el Sabio, ni mui complicada. Esta planta fué llevada, del Indostan, a la Persia i a la Turquía, i de allá a Europa i a América, por lo que hoi se la cultiva en todo el mundo. Los romanos tostaban sus semillas i, mezclandolas con algunos, ingredientes, hacia unas tortas, que ellos encontraban de exquisito sabor. La adormidera es cultivada mucho hacia el norte de Europa, en donde la siembran en otoño i la recojen en julio en agosto, para fabricar con sus semillas cierto aceite de cocina, el cual tiene mucho consumo en Alemania i en los Países-Bajos.


Oid, ahora, lo que hacemos por acá, dijo Guy, cuando creyó que habia llegado su vez. Tan luego como caen todas estas flores (lo que muchas veces sucede en una sola noche) en marzo i abril - que es tambien cuando las cabezas o cápsulas de las adormideras empiezan a asumir un color blanquecino - todos los dias, al ponerse el sol, se hacen en esas cápsulas incisiones lonjitudinales, de arriba hácia abajo, por las cuales vierte luego un licor lechoso, que se solidifica, i que es recojido, en la tarde siguiente, con unas conchitas o espátulas de hierro, untadas de aceite. Este trabajo se hace por tandas. Cada cápsula soporta incisiones hasta por tres dias continuos. Ese jugo lechoso es el |opio, el cual, depositado en una vasija de hierro i puesto al sol, se vuelve pasta. Con esta pasta se hacen panes gruesos como ladrillos, i de tres o cuatro libras de peso cada uno. Luégo se les apila, i se ponen entre ellos hojas secas de la misma adormidera, u hojas de tabaco, para que no se peguen. Cuarenta tortas de opio hacen un bulto de seis arrobas. Este bulto es una caja de madera forrada de cuero.


-I la cosa es tan fácil de hacer como de referir? preguntó el Sabio.
-Nada de eso, señor. La cosecha del opio es mui precaria, pues la adormidera es una planta no solamente caprichosa, sino delicada. La combate el gusano, i la destruyen en  un segundo el viento, el granizo i las lluvias. Unos años rinde mucho; otros, nada. En ocasiones, el labrador de la derecha pierde su tiempo, su dinero i su paciencia, i el de la izquierda se hace rico en un dia. Como sabeis, el opio es el narcotico más poderoso que se conoce, i una de las mas preciosas medicinas. El |laudano es el opio disuelto en alcohol. Se usa para procurarse el sueno; pero si se toma mui frecuentemente, produce los mismos efectos que el aguardiente. Comido o mascado en pasta - como se usa cutre los persas i los turcos - produce una embriaguez furiosa, i da horror ver los jestos que hacen los intemperantes. El opio, mascado, embriaga a las dos horas, i sus efectos duran cinco. Se principia por tomar solo tres granos, pero la dósis de un |opiador de fuerza es una drama.
-Entre los musulmanes, el uso del opio se esplica por la prohibicion que hace el Coran del vino i de los licores, dijo el Sabio pero entre los chinos, ¿cuál puede ser la causa de tál costumbre?


_Ciertamente, respondió Guy, no hai una causa determinante o directa, como no la hai respecto de los fumadores de tabaco. Sinem |bargo, el opio, que se usa en la China de pocos años a esta parto, se esta jeneralizando tanto, que se hace de él un consumo enorme, sin que las leyes ni los castigos hayan podido. impedirlo.


-I cómo usan Los chinos el opio?
-Toman un pedazo de la pasta, tal como ella es importada, el que hacen hervir por un rato, para separar la resma de las impurezas i hacer del estracto un panecillo o bollo. Cuando quieren fumar, cortan de éste un podacito, el que colocan en una pipa grande, de palo, con una ascua encima.
-Ah sí, dijo el Sabio, del mismo modo que lo hicisteis vosotros ayer por la noche.
-Ciertamente i si vos nos hubierais hecho el honor de acompañarnos.
-Me habría dormido canto vosotros, i hubiera dejado en paz a todos los bramanes del mundo.
-Sí, os habríais dormido, pero para soñar en el Paraíso. ¿No es verdad, amigo Ayax?
-Es verdad, señor Guy.
-Son mui agradables sus efectos.
-Ellos, señor, dependen más de la cantidad del humo que de la calidad del opio. El qne traga poco humo i a pocos, esperimenta, apénas, una alegría pasajera ; el que tra a mayor cantidad, duerme dos o tres horas e seguida ; i más, hasta una embriaguez profunda, el que pasa el humo a grandes bocanadas. El opio se apodera inmediatamente del cerebro del fumador, i no solo alegra a éste, sino que le hace olvidar toda pesadumbre i todo cuidado.


-I es cierto que los chinos tienen un don especial de fumar opio en sociedad?
-Es cierto. Cuando los chinos se juntan en convite, a la hora de fumar, traen la pipa i una bujía encendida. El dueño de la casa pone el opio en la pipa, lo enciendo, toma tres cuatro bocanadas, i pasa pipa al amigo que esta a su derecha. Este toma las mismas bocanadas que el amo de la casa, i pasa la pipa al que le signe, i así hasta el último.

-Los hai. Los mas famosos fumadores de tabaco no hacen mas que arrojar el humo por las narices ; pero lo chinos arrojan por las narices, por las orejas i hasta por los ojos, el humo que hai inspirado.
-Por los ojos?
-Parece imposible ; pero lo es, a ese grado de perfeccion.
-Vos? preguntaron a un tiempo el Sabio y Ayax.


-Pues… algo ha de hacer durante las horas de fastidio, que, por desgracia, son asi todas las del año. Cuando los chinos fuman en compañía, continuó Guy, - lo que hacen jeneralmente por la noche, - se quedan todos dormidos en sus sillas, entregados a los sueños mas agradables ¡ al despertar, lo que acontece siempre bien tarde, se ponen de pié y se despiden i marchan. Bien comprendeis que este modo de estar |eni la tertulia seria bien ridículo, si las delicias que produce el opio no fueran el |primero de los deleites. En Boneo, en Java i en Sumatra, el uso del opio ha llegado a estreimidades lamentables, |i en ellas se mantiene. Los arruinados en el comercio, los burlados en sus proyectos, los jugadores que han perdido hasta su último centavo, los pobres, los ociosos, los oprimidos, los desesperados, i hasta los que toman en serio a las rnujeres, buscan en la  embriaguez que produce el opio, el desquite de todos sus infortunios. Entre los javaneses los efectos del opio son tan terribles, |que los fumadores salen como locas a las calles, i atacan a cuantos encuentran. Eso ha hecho que la iei permita matar a estos endemoniados, como se hace con los perros rabiosos. Los turcos dan a mascar opio a sus tropas, antes de un asalto o de un ataque a sable, pues se dice que esto las enfurece contra el enemigo.


-Entendía, observó el Sabio, que el del opio adormecia siempre.
-No, señor. EJ opio, tomado |en dósis pequeñas, adormece ; pero tomado en grandes dósis, da un hombre un cozajo i a ajilidad estraordinarios.
- I a que se debe que el opio se haya estendido tánto en estas rejiones, i principalmente en la China?

 
-El cultivo de la adormidera ha estado prohibido en la China, i al principio el opio no se introducia allá sino como medicina, i, por lo mismo, en cantidades pequeñas. Pero es el caso que el Gobierno ingles, conociendo que podia sacar grandes provechos del opio, hasta el de llegar a pagar con él todo el té que importaba en Europa, i que empezaba a valer muchos millones, ordenó que izo se sembrara trigo sino opio en las Indias.
-Es posible ! esclamó Ayax!
Di, amigo. - . . pero la Gran Bretaña se encargo de proveer de pan a estos pueblos.
-No comprendo.
-Vais a comprender en el momento.

Las Indias llamadas Orientales tienen que pagar a la Inglaterra muchos millones de Iibras esterlinas al año, por tributos, como los pagan siempre las colonias a sus respectivas metrópolis; pero nuestra nacion es una nacion paternal, i no queriendo tomar esos millones en metálico, ni tampoco en trigo, del que no necesita, prefirió tomarlos en opio. Vende, pues, sus trigos sobrantes a los indostanes; i como el opio no tiene mayor consumo en Europa, se lo ofrece a los chinos.
-Pero en China está prohibida la introduccion del opio, observó el Sabio.


-Sí, está prohibida ; pero el contrabando se burla de esa prohibición. En los puertos chinos, casi todos cenados para los europeos, no hai aduanas ni guardas, lo que quiero decir que esos puertos no están cerrados para los nacionales, quienes lo saben mui bien. Ved cómo pasan las cosas los contrabandistas estranjeros tienen en Lintin, y otros puntos, barcos armados, que sirven de almacenes, i que desde luego están fuera del alcance de las autoridades del Celeste Imperio como tienen, asimismo, i Canton, ajentes secretos, que son los vendedores de Opio los que jiran contra los que despachan en los barcos. No se entrega ni una sola pastilla sin tener a la vista la órden del caso, firmada por el ajente secreto respectivo. Entregado el opio, lo demas corre a cargo de lo contrabandistas chinos, que a las veces suelen ser los mismos empleados.

 
-No está mal combinado, observó el Sabio.
No, ciertamente ; pero los verdaderos responsables de esto no somos nosotros los ingleses, sino los portugueses, quienes empezaron el contrabando en Macoa ; i despues de ellos, los norteamericanos, quienes quieren hacernos, con el opio, una competencia que el honor inglés no puede permitir.
-Bravo! gritó el Sabio riéndose: habeis hablado, Guy, como el más sabio de
los lores del parlamento británico.


- I cuál es el precio, ordinario una caja de opio? preguntó Ayax.
-De 1,300 a $ 1,400.
-Parece que el negocio vale la pena.
-Ya lo creo. Es por eso por lo que, de unas 5,000 cajas que se introdujeron en la China en 1821, la importacion llega yá a unas 30,000. La Inglaterra ha logrado su objeto, pues con los cuarenta millones de pesos que vende todos los años en opio a los chinos, no solo paga el té que éstos producen para ella, sino que le quedan mili buenos sobrantes.

-Lo que no sucederia, dijo Ayax, si no hubiera prohibido el cultivo del trigo a los indostanes, o si hubiera querido hacer la locura de vender a los |chinos el que le produce el Canadá. Hai que convenir en que nuestro Gobierno es muí hábil.
|-Solo que, en cambio, observó el Sabio, se está diezmando año por año¡ sumido en una degradacion espantosa, a los pobres hijos de la China. No creo que haya derecho, ante la humanidad, para que una raza envenene a otra raza.
-Son ellos lós que se envenenan, dijo acertadamente Ayax.
-Me gusta oirlos hablar así, dijo el Sabio, pues en primera oportunidad tendré el honor de |escribir a |la Corona recomendándole que se digne nombraros miembro del Consejo del Gobernador jeneral de la India.
-HabIais así, mi digno i mui noble amigo, dijo Guy, porque sois sabio, i los sabios no tienen patria, familia ni hogar.
-Porqué?
-Porque son cosmopolitas. Ademas, decidme, señor ¿qué seria de vuestro amigo Guy, el único que en este país os ha hecho presenciar el espectáculo de las sotís, sin su plantación de adormideras?
El Sabio, por toda respuesta, tomó las dos manos do Guy i las estrechó vigorosamente. Este, en cambio, sacó de su cartera una tira de papel impreso, i dijo al Sabio
-En celebración de la paz que acabamos de ajustar, voi a leeros dos curiosos documentos, que dan a conocer la índole del gobierno chino. Los he cortado de la Gaceta de Canton. El primero, que es un informe de un Gobernador al Consejo de Ministros, dice así:


He sabido que los que fuman opio tienen un apetito irresistible por él a ciertas "horas, i que no pueden sosegarse sino fumando la droga a ciertos tiempos. "pueden hallar opio ahi mano, cuando "
viene el apetito a sus horas usuales,
''miembros quedan debilitados, sienten
"ser una copiosa reuma por las narices i humor por los ojos se vuelven incapaces
"de trabajar i de hacer esfuerzo alguno,
"todo lo cual desaparece desde el momento en
"que inspiran algunas bocanadas de humo,
 " pues recobran sus fuerzas i espritu de un modo sorprendente. El opio viene a ser
"para los fumadores su propia vida; i cuando
"son traidos a los tribunales, sufren los mayores castigos sin declarar en dónde lo han
 "comprado, por lo que no es posible descubrir a los malhechores que trafican en este
"contrabando. Yo soi de opinion que el daño producido por el opio, en el pueblo, es
"peor que el de los juegos prohibidos;
"lo que la ofensa de fumar opio debe ser "castigada con más rigor que el que se implica para castigar a los tahures
" El segundo, qúe es un decreto imperial, dice:
"Castíguese a los compradores i fumadores de opio con cien bastonazos i dos meses
"de encierro. Oblígueseles a declarar la persona que les vendió el opio, para que sean
"castigados i para que se les ponga en prision. Si se negaron a ello, que el fumador sea castigado ademas, como cómpilce,
"con otros cien bastonazos i con un destierro de tres años. Todo mandarin o dependiente del Gobierno que compre o fume
"opio, será castigado con más severidad "que los otros reos. Informen los gobernadores i sus tenientes, todos los mandarines
 "i todos los majistrados, |dando seguridad
 
"de que no ¡ini fumadores de opio e sus
distritos respectivos.
"Comnuiquese al Ministerio del crimen
"este decreto, lo mismo que a todos los implicados civiles i militares, para que le presten obediencia, i lo ejecuten en todas sus "partes."

 
-Sinembargo, concluyó |Guy, esta medida, lo mismo que las otras, no ha producido ningun |buen efecto. El uso del opio es cada vez mas jeneral en la China, país que linee con el nuestro un comercio anual de más de seis- cientos millones. Apropósito, ¿quereis, señor, una copia autenticada de estos documentos ?
-Gracias, Guy no me interesa el opio absolutamente, salvo que no perdais vuestra cosecha, que, al presente, parece mui hernosa.
-I como está a concluir, creo que todo ira bien. Olvidaba deciros que el emperador  Kia-King prohibió la introduccion del opio, imponiendo a los contrabandistas la pena de horca ; pero fué en vano, i lo será cada vez más, por no ser posible dejar a esos Pobres hombres sumidos en la desesperacion, ni obligarlos a renunciar - hablo únicamente de la Compañía de Calcuta, de que soi humilde miembro - a los cien millones de pesos, libres, que este comercio les deja todos los años.
-No comprendo, dijo Ayax, que un gobierno como el de la China no pueda hacerse obedecer.
-De quiénes?
-De los chinos.
-No son ellos los que lo desobedecen.
-Pues quiénes son, entonces?
-Son los ingleses.
-Los ingleses?
-Sí, ellos, que en 1838 sacaron de paciencia al Hijo del Cielo en persona, quien prohibió en absoluto el tráfico del opio, i mandó a Lin, su comisario, a Cantan, con amplias facultades, para que hiciese obedecer su mándato. Confieso que el apuro fué grande; pero Dios protejo a la Inglaterra, i los chinos llevaron lo que merecian. 
-Referidnos eso, que será interesante, dijo el Sabio.

-Lin era hombre de gobierno, i se hizo obedecer. Llenó las prisiones de contumaces, llamó |barbaros e |ingratas a los ingleses, i los amenazó diciéndoles que alzaria al pueblo contra ellos ; i Elliot, que mandaba la marina británica en estos mares, declaró que el comercio del opio era |ilegal, i que la Inglaterra no protejeria el tráfico. Hizo más nuestro almirante dejó destruir 20,283 cajas de opio que habia en los depósitos.

-Sabeis, Guy, que ese bravo Elliot era un hombre honrado.
-No lo pensó así el Gobierno británico, pues improbó su conducta i lo tachó de haber dejado ultrajar el |honor del pueblo inglés.


Las cosas subieron de punto ; todos los negociantes británicos abandonaron el país; hubo notas i contranotas, hasta que, en 1840, tres navíos de a 74 cañones, dos fragatas de a 46, doce corbetas i cuatro buques de vapor, puestos en batería delante de las murallas de porcelana de los chinos, vinieron a demostrar, a éstos, que si el opio habia podido ser contrabando de paz, no lo era de guerra. Bloqueado el rio Canton i tomada la isla de Chusan, nuestros compatriotas penetraron hasta cerca de Pekin ; solo que allá...
-Nos derrotaron? preguntaron a coro el Sabio i Ayax.


-No, al ménos, con las armas, sino con la astucia, i entretuvieron las cosas hasta 1842.
Ya veis que no lo hacían mal. El gobierno de la Gran Bretaña, que, como sabeis, es un gobierno que entiende las cosas, comprendió que habia llegado-el momento de penetrar en el corazon del Imperio, i mandó a Pottinger como plenipotenciario. Pottinger, que habia aprendido, con la desgracia de Elliot, a servir al gabinete de San James como se debe, tomó a viva fuerza tres grandes ciudades de la costa chinesca, subió el rio Azul i ocupó el canal imperial. Los chinos se defendieron con el valor que tiene todo pueblo que lucha por sus hogares, su derecho i sus intereses.

(ya veis, Wise, que lo confieso); pero el 29 de agosto de 1842 se firmó un tratado cuyas principales estipulaciones fueron:
Que los chinos pagarian a los ingleses, por indemnizacion, 21.OOO,OOO de duros;
Que abrirían a los europeos los puertos de (Canton, de Amay, do Fochu-fu, de Niugpo i de Sing-hay;
Que sederian a la Gran Bretaña la isla Hong-king, i que amnistiarian a sus súbditos.
-I del opio?
-Del opio no se dijo ni una palabra.
-Ni una palabra?
-No lo estrañes, Ayax, observó el Sabio; |conozco un adajio español que dice que en la casa del ahorcado no se mienta la soga.
-Sea como fuere, dijo sentenciosamente Guy, la China tiene trescientos millones de habitantes i ocupa una quinta parte del globo: sabe Dios lo que resulte de todo esto. Ahora cien años nuestros padres no tenia sino una simple fortalesa en la India. Hoi la India es un imperio británico.
En aquel momento se presentó un criado pura decir que el almuerzo estaba servido |en la glorieta do la Plantacion, como lo habia ordenado su amo.

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