LA HOGUERA
La ciudad de Calcuta, capital del gobierno de Bengala i de toda
la India inglesa, llamada tambien la ciudad de los palacios, fue
fundada hace cerca de dos siglos sobre un brazo del Ganjes, por un
ajente de la compañía de Londres, compaña anterior a la de las
Indias.
Como lo habia previsto Guy, las exequias del viejo y rico rajad
fueron magnificas, i la pira funeral, que era mui grande, ardio por
espacio de tres dias, rodeada de numerosos espectadores.
El segundo dia, nadie se presentó para el horrible sacrificio;
pero sí, desde mui temprano, vino a sentarse junto a la hoguera una
mujer, en quien, sin duda, combatian el amor a la vida i el deseo
de alcanzar los aplausos del fanatismo. Esa mujer parecia sumida en
una hondísima contemplacion, i era tál la estupidez de su ademan i
tál su inmovilidad, que no veia ni comprendia nada de lo que pasaba
en torno suyo. La multitud, ávida de víctimas, empezaba a dar
muestras de descontento, cuando se presentó de repente otra mujer,
rival de aquella, que habia estado ausente del lugar desde ántes
del fallecimiento del rajad. Como esa otra mujer era conocida de
todos, i como, por el paso apresurado i aire altanero que trajo, se
adivinó que venia a honrar con la suya la muerte de su amado
esposo, fué recibida con aplausos i gran vocería. La recien llegada
pasó por junto de la otra, la miró con desprecio, i acercándose a
los bramanes iniciantes, les manifestó su voluntad de
quemarse.
No por eso la otra viuda salió de su inmovilidad.
Tan luego como la recien llegada lió la vacila simbólica al
rededor de la pira, i tan luego como hubo recitado las oraciones de
costumbre: esto es, cuando yá el sacrificio era ineludible,
arrepintióse de súbito de lo que iba a hacer, i trató de huir; pero
un lujo suyo, que estaba a su lado, la cojió entónces por la
cintura i la arrojó, con estrema violencia, a las llamas. Gracia!
gracia! gritó la infeliz, aunque en vano. Con todo, la
|piadosa accion de aquel hijo, aunque subitánea, no fué tánto
que hubiese impedido a su madre lcojer a su rival por el vestido i
dar con ella en la hoguera, la cual las devoró a ambas en un
segundo.
Después se la ha arrastrado consigo por la venganza; i si
fueramos a averiguar el porqué de eso, sabríamos que la rivalidad
entre esas dos mujeres tuvo orijen en alguna preferencia
insgnificante, i tal vez hasta inconciente, del rajad. El corazon
del hombre tiene tempestades pavorosas, llamadas pasiones: el de la
mujer es un vórtice de cosas pequeñas.
-T cómo me esplicais la accion de ese hombre que arrojó la mujer a
la pira.
Dicen que ese hombre es su hijo.
-Eso es más comprensible, dijo
|Guy, terciando en el
diálogo: dada la vuelta i rezadas las letanías indostánicas, esa
mujer estaba perdida, i lo que hizo ese hijo, por estar mas
próximo, lo habria hecho cualquiera otro en su lugar; i de nó, lo
habrian hecho los sacerdotes. El caso no es nuevo, i a la viuda que
se arrepiente al final de la ceremonia, se la obliga,
violentamente, a quemarse. Lo mismo se hace con los moribundos que
llevan a quemar sus parientes a las orillas del
|Ganjés, en
donde
|fué bautizado Kristna, cuando
|quieren escapar
de las flamas. El hijo mayor, u otro a falta suya, se precipita
sobre él, lo derriba, le llena la boca, las narices, las orejas i
los ojos del lodo sagrado del rio, i lo lleva medio ahogado a la
hoguera: accion que se reputa meritoria, porque, de nó, el
moribundo, rechazado por todos, tendria que seguir viviendo en los
bosques i, al morir, renaceria en el cuerpo de un chacal.
El dia siguiente, que era el último de los rejios funérales, se
presentaron tres mujeres, cojidas de las manos, i se arrojaron a la
hoguera. Todas ellas eran jóvenes, i parecia que se habían
convenido para el sacrificio.
Hácia la horá del medio dia, se quemaron quince, muchas de las
cuales no solo no habian vivido con el rajad, sino que, tal vez, no
habian hablado
|con él ni lo habían visto, se quemaban,
pues, por amor, ni por resucitar con él, que era viejo, en el
Paraíso, ni por cumplir con un deber a que no estaban, en
conciencia, obligadas, sino por pura i neta
|pompa. Aquél era
un gran dia para los bramanes, i el fanatismo sacerdotal tiene
tambien su embriaguez. No solo las herejías consolidan la fe.
Al declinar el sol, los gritos, los ahullidos i los tambores
anunciaron que se aproximaba al lugar del suplicio la verdadera
viuda de rajad ; esto es, la que él habia preferido de todas sus
esposas. Esta especie de
|sultana
|valide era una jóven
bien parecida, algo gruesa i de tipo italiano. Estaba vestida con
|un lujo que sorprendia, i, por decirlo así, cubierta de oro
i de piedras preciosas. Venia en medio de una comitiva numerosa,
compuesta de parientes, de amigas i do devotos, i marchaba
tranquilamente, absorta, resignada, i como ajena al drama pavoroso
de que ella era la heroína. La infeliz llevaba en sus brazos un
hermoso niño, de quien era madre; pero lo mismo hubiera sido que
llevara un leño. Se notaba, sí, que su palidez aumentaba por
momentos, i que sus negros i dulces ojos empezaban a lanzar miradas
atónitas. Una de sus amigas, la mas solicita entre todas, le daba a
beber, al descuido, una opiata, bebida que tenia por objeto
aletargarla, o por lo ménos mantenerla léjos de sí misma e
insensible a todo. Concluida la parte relijiosa del acto, entregó
su lujo a la primera persona que quiso recibir o, i empezó a
repartir a sus amigas, i a las personas de la comitiva, las piezas
de su vestido, que eran de mucho precio, i las ricas joyas con que
se habia ataviado para morir. Cuando ya no le quedaba nada, miró en
tórno de sí, se pasó las manos por la frente; apartó de ella los
hilos de su cabellera,
|lanzó un grito de angustia, i
corriendo hácia donde estaba el niño, lo tomó en brazos, lo cubrió
de besos i de lágrimas, i se puso a llorar. La naturaleza
triunfaba. Aquella mujer, sana de cuerpo i de espíritu, no quena
morir; aquella jóven, rica i bella, tenia horror al suplicio;
aquella madre, feliz ¡ amorosa, amaba el fruto, en flor aún, de su
seno, i no quena entregarlo a los estraños i a la orfandad.
Hubo, pues, un momento le escándalo i de confusión; pero los
bramanes estaban ahí, i ellos no podian permitir que faltase al
holocausto su más preciada victima. No podian permitir que hubiera
quien diese un testimonio público de sentimiento doloroso al dejar
esta vida de engaños i de miserias, ni ménos que la relijion, de
que eran ellos las firmes i diamantinas columnas, quedase burlada.
Verdad era que esa menor no quería morir, i que habia luchado
enerjicamente contra sus devotas insinuaciones; poro tambien era
verdad que al fin habia cedido, i que desde ese momento habla
dejado de pertenecerse a si misma.
Sucedió, pues, lo que sucede siempre que el reo, en el momento
supremo, quiere sustraer- se al golpe del destino ; i fué que
sobrevino esa lucha inmoral, infame, aterradora, más espantosa que
el cadalso mismo, en que el verdugo vence a la víctima por la
fuerza de sus puños, i nó por el simple querer de la justicia. El
braman que oficiaba como sacerdote, mandó que se retirasen todos
los amigos i parientes de la viuda; un ministro inferior le quitó a
ésta, violentamente, el niño de los brazos ; i otros lucieron
despejar el campo que delimitaba la pira. La jóven cayó de
rodillas, levantó las manos i los ojos al cielo, i en muda plegaria
apeló a Dios de la crueldad de los hombres i de la de sus
ministros. Se la hubiera tomado por una cristiana cu el circo
protestando contra la acometida de los ]eones.
No habia ahí leones, pero habia bramanes. Dos de los mas
esforzados se allegaron a la jóven, i trataron de levantarla; mas
la jóven, quo luchaba con el denuedo de la desesperacion, hizo los
esfuerzos de un titan para repelerlos, i gritó a voz en cuello -"
Nó, no quiero morir ; se me han violentado mis parientes para
-poder repartirse mis despojos ! "Média docena de sacerdotes indios
vinieron entónces en auxilio de los dos primeros, i al tiempo mismo
en que alzaron i se llevaron a la infeliz, como si fuera una pluma,
estalló, a una indicacion del oficiante, un horrible estruendo de
tambores, de trompetas, de pailas, de gritos, de amenazas i de
injurias, salidos de las bocas de millares de fanáticos. El nulo,
viendo lo que hacian con su madre, aunque no lo comprendia bien,
lloraba con acento desgarrador, i el coro sagrado salmeaba anatemas
i deprecaciones, inintelijible i solemnemente.
-Vamos gritó Ayax amartillando su rarvólver, ¿cómo es posible que
dejemos queme así a esa mujer?
-Guardad esa arma, esclamó
|Guy, i quiera Dios que no hayais
hecho yá lo bastante
para que nos despedace esta canalla.
-Pero…
-Ayax, dijo el Sabio, nuestro amigo Guy dice la verdad. Seria
deber nuestro hacer algo racional para salvar a esa desventurada
pero tambien lo es, no hacer nada irracional, que nos lleve a morir
con ella a la pira. Nosotros no somos viudos ni indostanes.
El momento era solemne, i los tres europeos guardaron
silencio.
Los bramanes no colocaron sobre los haces de la tela de la pira
mas que un cadáver; eso, al ménos, parecia la jóven, pálida, casi
desnuda, i con sus largos cabellos por el cendal. Muerta o
desmayada, los bramanes medio la incorporaron ile pusieron en çl
regazo la cabeza del rajad, cuyo cuerpo habia sido traido para la
doble cremacion. En seguida, todos los bramanes se retiraron hácia
la parte opuesta, es decir, hácia los piés de la víctima; el
oficiante se quedó hácia la testera de la pira, i cuando hubo
modulado la ultima fórmula del ritual, reventó el fuego por todas
partes, i lo que fué llamas por algunos minutos, pasó luégo a ser
ceniza por toda la eternidad.
Los huracanes nocturnos esparcieron des- pues esas cenizas, i no
quedó de ellas, en el lugar del siniestro, sino una mancha negra,
como la de un inmenso hogar. Era el hogar de la muerte!
Guy, que era un rico propietario en la india, i que se ocupaba del
|cultivo i del comere o del opio, hospedó magníficamente a
s
|us huéspedes, i
|trató de hacerles agradables, de
todos
|modos, las pocas horas que los tuvo a su lado. La
comida del dia de las incineraciones fué mui variada de vinos, de
pescados i de carnes, pues los ingleses se tratan bien siempre que
pueden hacerlo, i no tienen por las especies vivas i alimenticias
el respeto que los austeros indostanes. En la sobremesa, se fumó
opio - cosa que el jóven Ayax hizo entónces por la primera vez - i,
como era natural, la conversacion rodó sobre las sotís… mejor
dicho, sobre los bramanes, casta sacerdotal india.
que aquí lo que fué dicho entre el humo de las pipas, el calor del
vino, perfumes del jardin i la voluptuosidad del ambiente de aquel
pais, oasis jigantesco del Asia.
El primero en hablar fué el Sabio, quien dijo:
-Es dudosa la historia de los bramanes. Unos los suponen de
oríjen militar, i así esplican su dominación de la india; otros
dicen que deben su poder a la practica de las virtudes, i otros que
descienden de Braman, uno de los cuatro hijos de Brama, dios,
lejislador i descubridor de muchas cosas buenas, ministro del rei
Kristna, i hábil en el arte de escribir. Los otros tres hijos de
Brama fueron Chatria, Vasia e Indra.
Cada uno de éstos es el jefe, respectivamente, de las cuatro castas
o clases indostáneas, de ¿as cuales la primera es la sacerdotal de
los
|bramanes; la segunda la de los
|chatrias
(guerreros i majistrados) ; la tercera la de los
|vasias
(mercaderes, hortelanos i labradores) ; i la cuarta la de los
|sidras, casta no rejenerada todavía, pero cuyos individuos
pueden pasar, por la trasmigracion, a cualquiera de las otras tres,
siempre que hayan servido con fidelidad, durante su primera
existencia, a un sacerdote, a un guerrero o a un industrial.
Los bramanes, los chatrias i los vasias se distinguen de los
sudras por el color, que es blanco, por el cinturon que llevan
ceñido, i porque pueden unirse entre sí en segundas nupcias.
Sinembargo, los lujos que nacen de estos enlaces no son
lejítimos.
Los sudras, que son casi negros, no pueden, en ningun caso,
mezclarse con las otras castas ; i no conocen los libros santos,
pues tienen pena de la vida si lós leen. Se cree, empero, que los
sudras son la
La raza chatria - que es la segunda en categoría - ántes de los
trastornos consiguientes a la dominacion inglesa, estaba encargada,
esclusivamente, del servicio militar, i no podia ocuparse en
oficios serviles. Debia hacer limosnas, ofrecer sacrificios i
moderase en los placeres; i aunque podia estudiar los Vedas (libres
santos), no podia revelar lo que ellos dicen.
La raza vasia - que es la tercera en categoría - es la más
numerosa, i comprende lo mercaderes, los artesanos i los labradores
goza de muchos privilejios i garantías, i puede leer los Vedas. "El
Creador, dice Manú, puso a los animales bajo el cuidado de lo
vasias, así
|como puso a los
|hombres bajo el de los
bramanes i de los chatrias vasia no debe decir nunca yo no mantengo
ganados."
-I los párias? preguntó Áyax,
|más por hacer creer al Sabio
que le estaba escuchando, que porque tuviese curiosidad de saberlo.
El opio lo tenia entosigado.
En cuanto a Guy, famoso minador
adormidera, volaba en esos momentos -por el cielo, de oro i de
armiño, de las mas dulces ilusiones.
-Los párias, respondió el Sabio, no pertenecen a casta ninguna, i
como están mal ditos, son mirados con horror. Se supone que expían
en esta vida horribles faltas i crímenes cometidos en otra vida
anterior. Es oprobioso hablar con ellos, contaminan el agua con su
sombra no mas, i tienen que rodear de huesos de animales las
fuentes destinadas a su uso. Si se acercan a un chatria, éste puede
matarlos
|impunemente. Es una raza inferior a los brutos, con
dioses i culto distintos del de los otros indostanes, i se halla
tan degradada, que parece no comprende su estado, o, silo
comprende, se halla feliz con él.
-I los bramanes ? preguntó Guy como soñando.
-Los bramanes - que constituyen la primera de las razas
indostánicas - son los sabios i los sacerdotes. Desde la edad de
cinco años, se empieza a hacer pasar a éstos por una multitud de
prácticas i de ceremonias vigorosa, a fin de que se hagan dignos
del cordon misterioso, el cual deben mantener puro hasta su muerte.
Para aprender los Vedas, permanecen muchos años en casa de un
preceptor, que es su segundo padre, i de ahí salen para entrar en
la vida matrimonial. Sus acciones están severamente detalladas, dia
por dia, i hasta se pudiera decir que hora por hora. Viven entre
oraciones, sacrificios, abluciones i purificaciones, pues se
contaminan con poco i mui fácilmente. No deben sentarse a la mesa
de un individuo de clase inferior, aunque sea el rei mismo; no
deben matar sino los animales destinados para los sacrificios, ni
comer otra carne que la de éstos. Sus tierras no están sujetas al
pago de ninguna contribucion; i si les conviene, pueden ocuparse en
las tareas i oficios propios de los chatrias i de los vasias. Es un
delito imperdonable matarlos, aunque sean grandes culpados; pero sí
se suele multarlos i desterrarlos. En suma, los bramas, como todas
las clases sacerdotales del mundo, gozan de las prerogativas i
exenciones anexas a los ministros del altar i dispensadores del
cielo.
Ademas, ellos son los médicos del país, porque, escribiendo Brama,
en la frente de todo hombre que nace, lo que debe sucederle desde
la cuna hasta el sepulcro, sus enfermedades no pueden ser sino un
castigo del cielo, ni pueden tener otros médicos sino los vicarios
de Dios.
Solo ellos son ellos conoce las leyes.
-Mui bien, observó Áyax,
|más que por aprobar, por dar
muestra de que no habia perdido el hilo de las disertaciones del
Sabio pero es la verdad que el opio hacia rato que lo tenía fuera
de si.
-Tambien determinan los bramanes, continuó el Sabio, los días que
deben ser aciagos i los que no deben serlo ; desvían las
impresiones i los maleficios; purifican lo inmundo; celebran los
funerales ; ponen nombre a los recien nacidos; bendicen las casas;
sacan los horóscopos; ahuyentan los espíritus malignos; publican
almanaques; ofrecen los sacrificios ; custodian los templos i
consagran los matrimonios. El ritual para éstos es mui sencillo:
consiste en
|estender un pedazo de tela sobre los conyuges,
en bendecirlos, i en hacer que se cambien el juramento de
fidelidad, escrito en hojas de palmera.
l las diferentes clases de bramanes los llamados
|anacoretas; los
|saziacos, que vivendo la caridad
publica i se visten con telas de color amarillo; los
|pandarús, que corren por las calles mendigando, i que llevan
el rostro cubierto de inmundicia. Estos últimos no hablan nunca, i
piden la limosna dando palmadas en lo cual se distinguen de los
|ves chenavinos que mendigan cantando i tocan do i que
depositan, lo que recojen, en un vaso que cobre que cargan en la
cabeza. Con todo, las escrituras prohiben al brama que se habitúe a
pedir i a recibir, porque eso estingue la virtud.
Cuando está para morir un sacerdote indio, se le acuesta en el
lecho de grama rociado con agua del Ganjes, i se le cantan
algunos
versículos de los Vedas i luego que espiritus se le lava el
cuerpo, se lo perfuma i se le cubre con flores. Despues se le
quema, i sus cenizas, empapadas en agua lustral, son recojidas en
hojas i arrojadas a aquel rio santo.
Ahí llegaba el Sabio, cuando notó que sus dos compañeros dormían
profundamente - no se sabe si de ellos o de sí mismo - i se puso a
contemplar los astros. Esta contemplacion, como por una escala
infinita de peldaños de luz, lo llevó hasta el pié mismo del trono
del Padre universal, desde donde, despues de hacer la muda oracion
del hombre bueno, volvió hasta la tierra, para pensar en el
sacerdocio en jeneral, i en los bramas en particular.
- Quiénes son estos indios, díjose, antiguos como la creacion, i
más sabios que todos los hombres i Sus mismas aberraciones de hoi,
acaso simples e informes despojos de grandes revelaciones
primitivas, no nos están
diciendo, por medio de sus libros i de sus monumentos, mal
interpretados sin duda, que creen en el principio divino, i que sus
almas viajeras son otras tántas emanaciones del cielo No nos están
diciendo que solo existo Dios, i que fuera de él no hai otra cosa
sino ilusiones No nos están diciendo que la intuicion de Dios debe
ser la ocupacion de las conciencias tranquilas, i que no debemos
hacer sino confundir nestro yo con la Divinidad No nos dicen '' que
el que cumple con sus deberes estaque cumple con sus deberes estd
exento de pecado, i que es semejante a la flor deI loto, que sale
pura de en medio de las aguas…
Por lo demas, es culpa del tiempo i de las vicisitudes, i no de las
jeneraciones de hoi en dia, el error en que viven estos pueblos
vencidos, conquistados, bastardeados i oprimidos, juguetes de un
sacerdocio dejenerado, más apegado a las costumbres adulteradoras
de la fe, que a la fe misma, decadencia que es comun a todas las
religiones….
El brama de hoi es al brama de ahora treinta siglos, lo que los
templos de la Elefanta i de Ellora de boi, son a los soberbios
templos de esa época, templos cuyas minas admiramos sin comprender,
i cuya edad i cuyo arte no conocemos.