EL CONVITE
El Sabio salió de su perplejidad, por el asalto de un recuerdo.
Este recuerdo le hizo cojer el sombrero i el baston, e ir en busca
de Ayax, a quien dijo
-Vamos ! vamos volando! o va a haber un escándalo horroroso.
-En dónde, señor, en dónde? preguntaba Ayax, quien trató, en vano,
de alcanzar a su compañero, que caminaba con mucha prisa.
Al ano, uno i otro llegaron al sitio funesto en donde habian sido
hechos los ensayos del úpas, i en donde el Sabio recojió los
cadáveres del mono, del raton i del gato, i, metiéndolos entre las
cuatro puntas de su pañuelo, hizo, de todo, un lio, el cual puso
debajo de su brazo. Ayax, que lo observaba, le dijo
sorprendido
-Haceis, señor, unas cosas que no entiendo. i hubiéramos convenido
en que fuese envenenado el búfalo. ; qué haríais ahora con él
?
-Pobres de nosotros, si no las hiciéramos. Gracias a Dios, hemos
venido a tiempo.
-A tiempo?
- í, porque los cadáveres de estos tres animales hubieran podido
ser, para nosotros, un semillero le disgustos i causa de muchos
gastos. Tú, Ayax, venido ayer, no sabes aunque tierra pisas; pero
yo, yo que habito aquí hace muchos años…
Pero que puede hacerse aparte de una fábula en verso o en prosa,
con un gato, un mono i un raton?
-Nada en cualquier otro país del mundo; pero acá en el Indostan, lo
que liemos hecho es muí grave.
-Segun la cara que señor, temiendo estoi que digais que tenemos
que dar sepultura sagrada a estos animales.
-Confieso que, en los momentos en que hablas, tienes, Ayax razon
para burlarte de. mí. Dentro de dos horas venís las cosas de otro
modo.
-Es posible. señor.
-Vamos a la orilla del rio, en donde poniendo a este paquete lo
que le falta, que una piedra. lo echaremos al agua. Una vez fuera
de cuidados, regresaremos a nuestra posada después de un paseo, del
cual me aprovecharé para darte una leccion. No estrañes estas
excentricidades mias, piles mientras que tu padre no venga a
buscarte, me perteneces en cuerpo en alma. i estoi resuelto a
tiranizarte.
-Gracias señor, pero agregad que os pertenezco tambien de
corazon
|, i que lo que llamais tiranizarme. yo lo llamo
|instruirme.
El Sabio apretó cordialmente las manos del jóven. Luégo le
dijo:
-A propósito. Sabes lo que hace tu padre ahora?
-Nó. señor ; lo supongo.
-Busca al elefante rojo pues cada uno es loco a su manera.
-I vos, señor.
---Yo dijo el Sabio al oído de Ayax riendo : yo busco
diablo.
- lo suponía, observó el joven, riendo tambien.
El perro de tobias y la burra de Balaam, casi puede decirse que
son
|personajes de la Biblia. Desde estas cosas i desde otras
análogas a ellas, fácil fué dar dos pasos : uno a los símbolos, i
otro a los ídolos. Por los símbolos, la mona cinocófala
representaba a la casta sacerdotal, por cuanto no comia pescado; el
escarabajo, al poder creador; el cocodrilo, al agua potable; la
serpiente enroscada, al tiempo, que no tuvo principio ni tendrá ñn
; i el ibis, al amor Patrio. El buei Apis, nacido del rayo i de una
ternera, era un dios que moraba en Menfis, en el sagrario de Pta.
Cuando mona, era sepultado en Serapis o en los sepulcros de los
reyes, i se llevaba luto jeneral.
-I los ídolos?
-Como casi no habia animal que no estuviera consagrado a un dios,
fuese por lo que fuese, - al representar en estatua a cada dios con
su animal, solia juntárseles o confundírseles, de donde proceden
las esfinjes, los cá- nopos i los monstruos de casi todos los
países antiguos, eternizados por las teogonías, los poemas o el
buril. A las veces, resultaba de eso una mezcla de las formas i de
los atributos, tanto en la India como en Ejipto, países que se
disputan la primojenitura del mundo; i de ahí los ídolos. Tú, Ayax,
comprendes por qué, mediante una asociacion de esta naturaleza, en
espíritus poco claros i mui supersticiosos no se hizo yá
distincion, a poco andar, entre el dios i el animal que le estaba
dedicado.
Acá, en la partes mericlionale de Asia, en donde nos hallamos,
además de las causas
apuntadas, hai otras, muí especiales, que esplican el respeto que
se tiene a los animales me refiero en primer lugar a la
metemps
|icosis, o trasmigracion de las almas de los hombres,
i en segundo a las aventuras de los dioses indios, aventuras que
los pusieron en relacion íntima, i, si se quiere, mística, con los
animales, al ménos con los que les parecieron más raros.
-Sabeis que empiezo a comprender. . . .
-Sí, empiezas a comprender que pasando las almas de los hombres
muertos a los cuerpos de los animales vivos, matar a éstos es
atentar contra aquéllos. Pero hai mas, i es que esta creencia
indostánica se estiende a las plantas, a las flores i a cuanto
percibe la vista. Cada alma es aquí una emanacion divina decaída,
que expía sus culpa en el
|seno o en las entrañas de un sér
cualquiera. Estas culpas, por supuesto, se cometieron en una vida
anterior ; i lo que acá, nos pasa, segun los indios, es un castigo
o una recompensa de lo que hicimos, malo o bueno, en isa otra vida.
Nuestros procederes están siempre patentes a los ojos de Dios, í
toda injusta accion hace estremecer la naturaleza.
-De manera que el envenenamiento de nuestros tres
animalejos...
-Ha sido un verdadero crímen,
-Mas cómo pudísteis conseguir
-En cuanto a eso, no hubo dificultad, pues tanto el jaraves como
el mascareño i su mujer son mahometanos ; i estos, que no tienen
ídolos porque el Coran les prohibe tenerlos, aunque tratan a los
animales con la bondad que les es característica, no tienen
respecto de ellos ningun jénero de supersticion. Esta, al
contrario,
|es tan grande
|entra los indios, que cuando
una pulga o un mosquito muerde a alguno vaino, éste no solo no lo
espanto, sino que permanece inmóvil todo el tiempo que sea
necesario pura que el animal sacie su hambre. En muchos distritos
de la India hai hospicios i hospitales para estos i otros insectos,
más viles aún, lugares en donde concurren los creyentes, i en
donde, por devocion o penitencio, se entregan a su voracidad.
Cuando faltan creyentes, el establecimiento alquila mendigos,
quienes, por un precio dado, abandonan sus piernas sus brazos a la
feroz manada.
-Exajerais, señor
-Nada de eso, i los hospicios - eolito acaso lo verás algun dia -
son tántos, que hai dias para las ratas. Hace poco un amigo mio
visité uno en donde las ratas pasaban de cinco mil. Las monas son
tratadas con paternal solicitud. i las casas de refujio destinadas
para ello estan llenas de individuos de la especie, achacosos i
ancianos.
-Sabeis, señor, que debíamos volver a la orilla del rio, no sea
que noten los cadáveres
de nuestras tres víctimas... ?
-Lo creo inútil ; pero hubiera sido una imprudencia haberlos
dejado en donde estaban. A los ojos del fanatismo, no hai nada
oculto en ninguna parte.
--Se las quema por la fuerza.
Durante la comida el sabio i Ayax cruzaron algunas palabras sobre
el mismo tema; i pocos pocos momentos despues de haber anochecido,
se pusieron en marcha hacia el lugar en donde habia muerto el
rajad.