EL RETRATO
Algun tiempo despues, lady Agatha i Mr. Wise
|vivian en
|una adorable intimidad. Las mujeres son tercas; i a veces
tienen razon de serlo, porque las mujeres tienen una cosa que vade
más que la ciencia i que el talento de los
|hombres: esa cosa
|es el
|instinto.
El instinto de las mujeres es tan poderoso como el instinto de
la naturaleza.
Confiada en eso, lady Agatha resolvió - tejer el toro por las
astas, para saber a qué atenerse respecto del poder sobrenatural de
su amigo. Tambien se propuso, de paso, la ociosa señora, averiguar
quién era esa princesa, dama misteriosa del Sabio, i cuántos
quilates tenia ese amor en medio del Oriente.
Conversando un dia con él, díjole.:
-Sé que teneis un retrato al óleo en vuestro gabinete de estudio,
en frente mismo de vuestro escritorio, i
|que fijais en él la
vista más de lo que conviene vuestro juicio.
-No niego que tengo este retrato.
-Me gusta la franqueza.
-YE, señora, soi más que franco : soi ingenuo.
-I amais el orijinal de ese retrato?
-Nó, señora, no lo amo, -
-No lo amais? Comprendo. Haceis
|mus picoso: lo
adorais?
-Tampoco lo adóro, señora: lo respeto pura i simplemente.
-Ah ¡lo respetaís.... Es el retrato de
algun amigo vuestro?
-Ea el de un amigo de mis abuelos.
-Os chanceais, señor Wise ?
-Digo la verdad.
-Pues el Gobernador me había dado a entender otra cosa. Me parecia
que me habia hablado de una mujer.... tal vez de una cierta
|princesa rusa : qué sé yo.
-De una mujer? de una princesa rusa?
Vaya un verdadero qui pro quo.
-Perdonad: habia pensado ofreceros los buenos oficios de mi esposo,
sir John Smith, de servicio actualmente en los mares de Rusia por
si queríais serviros de ellos al respecto de esa bella e
interesante dama.
-Sois mui galante, lady; pero sabed que?
- todo eso no ha podido ser otra cosa sino una chanza del señor
Gobernador, quien acaso haya querido por este medio picar
vuestra
curiosidad, o vuestros celos.
-Mi curiosidad? Ciertamente, la tengo.
Mis zelos? mis zelos? repitió lady Agatha, nó ruborizándose sino
palideciendo i no sé porqué podria yo tener zelos de esa
princesa.
Yo nó os amo a vos.
-Fijaos bien en que yo no he afirmado
nada. He hecho simplemente dos suposiciones ámbas
aceptables.
-Dejemos eso i volvamos al retrato. Había tenido el honor de oiros
decir que ese retrato era de un amigo de vuestros abuelos.
¿La cosa se remonta, pues, hacia unos cien años atrás?
-A mucho más señora.
--- I habeis hecho un santo de un hombre de bien ?
-Penn fue mas que un santo: Penn fue un apóstol.
-Os oiré con gusto, si quereís hacerme la gracia de hablarme de
ese apóstol.
-Nada habrá mas fácil ni sencillo. A la edad de 16 años, Penn
fué enviado a la Universidad de Oxford, en donde empezó a
aficionarse al sistema nervioso de "Los amigos," llamados
vulgarmente
|cuácaros, sectarios que no tienen sino un sólo
artículo de fe, i que no admiten misterios, sacramentos ni
instituciones eclesiásticas.
-j Me habiais de esos buenos fanáticos que no dan, a hombre
ninguno, el título de Sanidad, de
|majestad, de
|alteza, e
|eminencia de
|escelencia, de
|ilustrísima, de
|señoría, ninguno otro que pueda
revelar lisonja?. De esos que no hincan la rodilla, ni se postran
ni se quitan el sombrero delante de ningun hombre? ¿ De esos que no
usan cosa alguna superflua en el vestido, ni que sirva solo para
halagar la vanidad? De esos que no juegan, ni cazan, ni asisten a
los teatros ? ¿ De eo ue no juran nunca ni aun delante de los
jueces ni de los majistrados ? - esos hombres, en fin, que no hacen
resistencia a los que los atacai, que " pelean nunca ni hacen la
guerra?
-No comprendo, señora, cómo estando tan instruida en el código de
"Los Amigos," me habeis dicho que no conoscais a Guillermo Penn. A
no ser...
-Qué?
-Que fuese cierta una sospecha que tengo, hace dias.
-Cuál?
-Que vos, señora, no teneis de inglesa sino el noble apellido que
os ha dado vuestro esposo.
-Yo! yo! repitió lady Agatha; i cubriéndose la cara con el
abanico, se puso a reir.
-Teneis un tipo
|muí oriental...
-Los trajes que acostumbro llevar, contribuyen en algo a
fundar esa sospecha. Digo lo mismo de mis costumbres i del rójimen,
|en jeneral, de mi vida. Hai tambien que tener en cuenta,
como os lo he dicho alguna vez, que en el Indostan los europeos
cojemos pronto el color de los indios; i vos sois de ello una
prueba espléndida... En Malabar hai judíos completamente
negros.
-Todo eso es mui cierto, pero no
|satisface a la cuestión.
|
-Me tratais como a una discípula de matemáticas, obervó
graciosamente lady Ágata, Dejemos eso..., i seguid hablándome de
vu
|estro apóstol.
|-La Universidad e Oxford, tenida por una de las mas
ortodojas del orbe cristiano, no toleró lo principios del hijo del
Almirante, i el jóven Penn fué espulsado de su claustro. Su padre
lo mandó entónces a viajar por Francia i por Países-Bajos, con la
esperanza de que olvidase lo que en el
|momento no se creía
que fueran sino manías en él.
Cuatro años despues de estos viajes, volvió Guillermo a casa de su
padre, al que Saludó sin quitarse l sombrero, diciéndolo:
-" Me alegro mucho,
|amigo Guillermo, de hallarte en buena
salud."
Como tutear a las jentes i no quitarse el sombrero son cosas
inaguantables en Inglaterra, el Almirante dio por loco rematado a
su hijo, i no insistió ni en que se corriera. Este, por su parte,
se dió a predicaren público,
|i por ciertos o no ciertos
ataques a la iglesia anglicana, fué aprehendido i encerrado en la
Torre de Lóndres. El Almirante pidió i obtuvo su libertad, i
|
|Penn se
|fue a Irlanda. Perseguido allí, volvió
a Lóndres en 1670, en donde predicaba los domingos en los parajes
más públicos. Estas predicciones, i un folletó que publicó i que
tenia por título "Un cimiento de arena no puede mantenerse,"
-folleto que fué calificado de ilegal í subversivo, - lo condujeron
de nuevo a la cárcel. Yá en ella, el tribunal lo acusó i el juez lo
declaró reo, pero el jurado lo absolvió. El Gobierno consideró esto
último corno un insulto a la justicia i como un escandalo, i no
quiso
|poner en libertad a Penn hasta que, vuelto el
Almirante de una gloriosa espedicion, volvió a obtener el perdon de
su hijo.
-Vuestro
|filósofo o vuestro
|sacerdote, como queráis,
habria tenido sus altibajos, el favor real de que gozaba su
padre.
-Es posible ; mas ¿ porqué perseguir a un jóven intelijente,
instruido, honrado i que no era un demagogo ni un impostor? Penn no
tenía dogmas de su propia cosecha, ni de la ajena: él dejaba en paz
a los otros, i quena que lo dejaran en paz a él i a los suyos. Los
cuácaros no quieren desempeñar los empleos, i miran con desprecio
los honores públicos i las condecoraciones. Ningun cuácaro ha sido
militar, eclesiástico, abogado, juez, gobernante, &. Si
alguna vez ha entrado alguno en el Parlamento de Inglaterra, débese
a que la Sociedad cree que esa comision no se opone a sus
principios,
|i a que aquel
|cuerpo los ha dispensado de
los juramentos usuales, aceptándoles una simple afirmacion de que
cumplirán sus compromisos con toda la exactitud de una recta
conciencia.
-Os hallo mal instruido en todos los pormenores del cuacarismo, i
muí ferviente partidario de su doctrina.
-Es la verdad, señora. I como creo que no habeis dicho eso con
nada de burla, os lo diré todo de una ves prescindiendo de no
quitarme el sombrero i de tutear a mis iguáles i a mis superiores,
soi cuácaro por todos cuatro costados.
-Me decís una cosa que y habia adivinado, por lo que no os
agradezco
|sino la
oportunidad.
-Sinembargo hai ocasiones en que me arrepiento, mui de véras, de
faltar a mis principios.
- Querríais no quitaros el sombrero delante de mí?
-Nó.
- Delante del Gobernador de Bengala?
-Ménos.
-Qué querriais, pues?
-Querria, pura i simplemente, tutearos.
-Permitidme que os diga que estais comprometiendo vuestra seriedad
i vuestra
ciencia.
-Yo ?
-Vos.
---Mi seriedad sí, mi ciencia nó.
Esta respuesta heló las venas de Agatha.
Pasó un rato, durante el cual los dos interlocutores callaron,
como si ámbos, hubieran avanzado demasiado. Wise creyó que habia
hecho una declaracion en forma; lady Agatha creyó que el Sabio
habla sorprendido todos sus secretos, i una lágrima humedeció sus
ojos.
Wise vió esa lágrima, pero aparentó no verla.
Pasada la turbacion, que habia sido mutua, aunque por mui
diferentes motivos, dijo lady Ágata:
-Parece que no teneis intencion de acabar la historia de vuestro
cuácaro. Tened la bondad de continuarla, pues os oigo con mucho
interés.
-Sois una persona de mucho mundo, señora, i de mucho talento.. ..
Como iba diciendo, puesto Penn en libertad por segunda vez, se fué
para Alemania, en compañía
|de Jorje Fox, i ámbos predicaron
en aquel país lo que no llamaré su doctrina sino
|sus
opiniones, sin que nadie pensase, siquiera, en impedírselo. La
Alemania es un país poco escrupuloso, i da a los hombres de jenio
todas las riendas
|
|que
ellos se quieren tomar. Algun
tiempo despues,
|
|se
enfermó de muerte el Almirante, i
Penn, que volvía a Inglaterra para recibir su ultimo adios, tuvo el
gusto de oir, de la boca de aquel a quien tánto debia, estas muí
notables palabras "No permitas, hijo mio, que cosa ninguna en el
mundo obligue a obrar contra la conciencia. vivirás en
|
|paz
contigo, i tendrás mi consuelo, seguro en los
dias de tribulacion." El Almirante murió casi cuácaro.
Penn quedó dueño de una gran fortuna.
|
|Poco
despues
se casó con una señorita huérfana de padre, llamada Gulielma
Springet, i no queriendo ser nuevamente víctima de las
persecuciones de los protestantes, persecuciones que por aquel
tiempo se habian hecho Jenerales en toda la Europa contra los
cuácaros, compró al rei de Inglaterra un territorio en la América
del Norte, por 80,000 que ese rei habia quedado debiendo al
Almirante, i pasó al Nuevo Mundo con el objeto de establecerse en
él. Lo acompañaron muchas personas de su creencia, pues se trataba
de establecer una colonia.
Llegado Penn a América, en lugar de tomar posesion del
|
|terreno,
para lo cual le asistia el titulo que en
debida forma le habia hecho estender el Rei, buscó a los indíjenas
i les volvió a comprar el mismo terreno, fundado en que los indios
eran los únicos dueños de l, i en que el soberano inglés le había
indicado una propiedad de que el soberano no era propietario.
La entrevista con los
|Sachems, que eran los caciques o
régulos del país, tuvo lugar eh el sitio en donde está hoi
Filadelfia, que es una de las principales ciudades de los Estados
Unidos. La conferencia, empero, tuvo lugar un poco más arriba,
debajo de las ramas de un olmo de las orillas del rio Delaware. El
contrato celebrado con los Sachems constó solo de una cláusula, que
me permitireis repetir. Decia así " Que la tierra de que se trataba
debia ser comun a indios i a ingleses; que unos i otros tendrian la
misma libertad para aprovecharse de los productos espontáneos de
ella, con perfecto derecho de gozar de los productos de sus
industrias particulares. ' Este tratado debia durar por tres
jeneraciones, lo que equivalia a un siglo. No de otro modo habian
contratado los antiguos vizcainos sus inmunidades, fueros i
privilejios, con los príncipes de Castilla, Pues lo hicieron
tambien al aire libre i con la
|
|misma
sencillez.
Penn pagó el valor de la tierra e hizo buenos regalos a los
indios.
Yá sabeis, ahora, porqué tengo el retrato de ese hombre en mi
cámara, i porqué he hecho escribir sobre el lienzo de ese retrato
las siguientes palabras de Voltaire "Este es el único tratado que
no ha sido ratificado con juramento, i el único que no ha sido
violado." Vos, que sabeis, acaso mejor que yo, lo que nuestros
compatriotas los ingleses han hecho en la India, no solo con el
territorio desierto, sino con los pueblos, con los principados i
hasta con las monarquías, podreis estimar, en todo lo que ella
vale, la
|conducta del hombre cuyo nombre venero i cuyas
máximas practico.
En 1811 todavía se veía en píe el olmo de
|Shac-.Karnaxon.
-Os declaro, con, toda injenuidad, que vuestro Guillermo Penn
era un grande hombre.
-Sí un hombre de bien. Hecho el tratado, publicó Penn el
siguiente estatuto para la colonia de Pensilvania: "Todas las
personas que vivan en esta provincia, que confiesen i conozcan a un
Dios Omnipotente, eterno, criador i gobernador del mundo, í que se
obliguen, en conciencia, a vivir en paz, justicia i sociedad, no
serán molestadas por opinion alguna relijiosa, ni compelidas a
frecuentar ni a contribuir, directa ni indirectamente, para el
mantenimiento de
|iglesia, culto, ni de
|ministro
alguno."
-Segun eso, Penn era pura y simplemente un
|deista.
---Si, era deista; pero no se limitaba creer en Dios.
Practicaba tambien la moral en todas sus formas i maneras, que es
el mejor culto que puede tributarse ala Divinidad.
- No aceptais, pues, el culto esterno?
-No lo digo por tánto. El culto esterno en nada perjudica a
ninguna relijion aceptuable. Los templos son los palacios que el
hombre levanta alrededor, i por lo mismo deben ser mejores que los
que levanta para sí mismo o para sus reyes; i aunque Dios esta en
todas partes i desde todas ve i oye a sus criaturas, bueno es que
haya un sitio público, tan magnífico como sea posible, a donde ir a
hacérsele presente i a santificarse por medio de la oracion. Si
todos tienen su casa en los poblados, ¿porqué no ha de tener
tambien el Sér Supremo? ¿I qué debe haber en esa casa sino flores,
incienso, canticos i música? ¿Qué es un templo sino la puerta que
las almas de fe i de virtud tienen abierta para entrar en las
rejiones inmortales
-El sentimiento relijioso es tan antiguo como el mundo, i aunque
muchas veces los hombres se hayan equivocado en la manera de adorar
a Dios, su intencion ha sido siempre pura. Cumple a la civilizacion
i a la tolerancia dejar que, del contraste mismo que presentan los
cultos en actividad, surja la ruina de los cultos malos i- el
imperio de los buenos. Catedrales, pagodas, mezquitas, sinagogas,
en el fondo no son otra cosa que el símbolo de una misma idea o la
representacion de un mismo sentimiento. La multitud sigue
ciegamente la fe en que nació ; el espiritu libre e ilustrado
escoje, i el tiempo purifica.
-Hablais con mucho acierto, señora; i, fundado en la misma razon,
es como yo sigo i admiro a Guillermo Penn, sin dejar de comprender,
por eso, que
|
|su
relijion tiene el mismo grave
inconveniente que tenia la república de Platon.
-A saber?
-Que para ser un buen cuácaro, se necesita ser un hombre de las
condiciones morales de aquel inglés justo i desinteresado; lo mismo
que para ser un republicano de la república del filósofo de Sunio,
se requiere ser un ciudadano como el.
-Pero si no alcanzamos esa perfeccion, debemos aspirar a la
tolerancia.. Yo tengo, para mí, que las personas intolerantes no
son relijiosas sino fanáticas Todo fanatismo es furor, i Dios no
quiere cólera sino humildad; Dios no quiere fuerza sino
persuasion.
-Estoi tanto más de acuerdo con vos, señora, cuanto es innegable
que el cristianismo ha avanzado más en el mundo por su propio
|espíritu que por lo que lo hayan empujado sus servidores
violentos. Antes de Cristo, se hablaba mucho de "las venganzas del
Señor," de "la cólera de hijo," del "Dios de los ejércitos."
Despues, yá
|rió. Este lenguaje, de oríjen pagano,
desapareció por completo para no hablarse sino del Dios de
|las
misericordias infinitas. Aun en tiempo de alías, Dios castigaba
con el fuego del cielo; pero el Mesias dijo a sus discípulos:, "Yo
no sé qué especie de jente sois vosotros : el hijo del hombre no ha
venido a matar sino a salvar.
-Acepto, en todo, vuestras máximas; pero, como todo estremo es
vicioso, la tolerancia moderna, en muchos casos i en muchas
naciones, ha dejenerado en intolerancia contra los intolerantes; i
si los racionalistas i libres pensadores, por ejemplo, no han
establecido hogueras contra los ortodojos de todos los cultos, no
ha sido por falta de voluntad sino de fuerza material. Entre un
fanático enemigo de los incrédulos, i un merédulo enemigo de los
fanáticos,
|está uno siempre como entre des demonios.
-Es verdad; pues si los unos lanzan sus os desde la cátedra de la
|intolerancia
|relijiosa, los otros les lanzan desde la cátedra de la
|intolerancia filosófica; solo que estos últimos no tienen,
siquiera, la disculpa de la fe ciega ni del fanatismo exaltado.
Otro dia, lady Agatha habia tenido el capricho de invitar a Mr.
Wise a dar un paseo por las orillas del Ganjes, i allá, debajo de
los grandes árboles que sombrean las aguas de ese rio sagrado,
léjos del bullicio de las jentes, ya que nó de la naturaleza, sin
otra luz que la de los astros nocturnos ni otro testigo que el
cielo, lo dijo:
-Perdonad mis locuras. Tengo una inesplicable necesidad de estar
con vos, pero os tengo miedo.
-Señora!
-Si, tengo miedo de que veais en el
|fondo de mi vida
|i de que me desprecieis.
-Yo? señora!. -
-Sí: se dice que teneis el poder de la doble neta,
|i que,
por lo mismo, nada hai oculto para vos. Es verdad que no hai nada
oculto para vos, absolutamente nada? Mirad:
fué por miedo a ese maldito poder por lo que yo resistí por muchos
dias al deseo que tenía de veros, de hablar con vos, i de pediros
consuelo. Es por miedo a ese poder por lo que me cubro el rostro en
vuestra presencia, i por lo que os hago venir a estos sitios
agrestes i oscuras, en donde no hai
|luz; pues no habiéndola,
me hago la ilusion de creer que no me veis..,.. Yo no quiero que
|
|
veais, ni que sorprendais los tristes secretos de m
vida, escritos en mi propio corazon i en mi propia frente en signos
de fuego.
-Señora, ¿pero quién puede creer que yo tengo ese poder de que
hablais
i, lo teneis; mas, por piedad, dijo lady Agatha arrojándose a los
piés del Sabio, no hagais uso de él respecto de
|
|mi.
No me humilléis, ni avergoncéis. Respetad mis secretos, que son
tambien mis desgracias, hasta que llegue el momento en que yo misma
pueda decíroslo todo i todo contaroslo. ¿No es verdad que llegará
ese momento?
Mr. Wtse levantó con respeto
|
|i
cariño a lady
.Agatha. En seguida la dijo
|-Tranquilizaos. Os doi
|
|mi
palabra de que nada
sabré de vos sino lo que vos misma querais depositar en mi
|seno, seno que es para vos el de un amigo.
-Es decir
Es decir que entre vuestros secretos
|
|i
el fatal
poder que me suponeis, queda levantado, desde este
|
|momento,
un muro
|
|impenetrable:
el de mi honor.
-Gracias, gracias mil, Arturo!
Era la primera vez que lady Agatha ciaba aquel nombre a Mr. Wise.
Si insistia en eso, toda distancia iba a desaparecer entre ellos;
el dia que el Sabio dijera
|Ágatha, pura i simplemente, esos
dos séres se habrian confundido en una sola existencia la del
|amor, si eran libres; la del delito, si no lo eran-
-Mirad, añadió lady Agatha al tiempo mismo que sus ojos eran dos
torrentes de JA- grimas: soi mui desgraciada, más que la más
desgraciada de las mujeres ! Mi vida es un dolor continuo, i un
dolor sin remedio.
-Sir John Smith, acaso
-Os suplico que no fue interrumpais. Vos, Arturo, que sois el
único mortal que pudiera hacer por mí algo, que pudiera apiadarse
de mí, seríais el primero en despreciarme i en huir de
|mí,
el dia en que conociéseis los abismos sin fondo de donde he salido,
el día que supieseis quién soi, cuántas i cuáles son mis faltas, i
cuántos mis errores! Arturo, vos no podeis imajinar cuánto miedo i
cuánta verguenza os tengo!
-A mí?
-Sí, a vos, por ese maldito poder sobrenatural...
-Pero os he dado mi palabra.
-Creo en ella como en la de un dios. ¿Pero si ese poder es
superior a vuestra voluntad. . . . ? si veis, sin que vos mismo
querais ver...
-Tranquilizaos. Desgraciadamente tuve ese poder de que hablamos, -
poder tremendo, sin duda, -pero hace ya muchos años. Hoi en
en parte por la edad i en parte porque así lo he querido yo mismo,
casi lo he perdido por completo.
-No me engañais, Arturo?
No: dos cosas me lucieron ambicionar ese poder i no omitir nada
para alcanzarlo:
la
|ciencia i el amor. Respecto de la ciencia, quise ver i
no vi nada al presente, señora mia, soi mas ignorante de lo que era
ántes. Respecto del amor, quise ver i ví.
-Visteis?
Si, vi i fui feliz en muchas ocasiones.
Yo estaba ausente, yo estaba léjos, mui léjos del objeto amado;
pero lo veía al traves de los mares, do los bosques i de las
montañas. Lo hacia de noche i de dia, i lo seguia por todas partes.
Cuando yo lo quena, no habia distancia entre nosotros dos, i sin
que el lo supiera, yo estaba siempre a su lado. Así pasaron algunos
años. De repente
|vino una sombra a interponerse entre ella
i-yo.
-Qué sombra?
-La de un rival.
-I ella?
-Ella hizo por él lo que no habia querido hacer por mí, le
amó.
-Le amo! esclamó lady Ata sin poder ocultar su alegría. ¿Qué
hicisteis entónces?
-Traté e olvidarla, pero no pide; i cuantas veces tuve la
temeridad de buscarla con
los ojos el alma, otras tántas tuve de qué arrepentirme bien
pronto. Ella era feliz en brazos de otro. Mi dolor i mi
desesperacion llegaron a la mas terrible de las estremidades, i
queriendo huir de ella, queriendo no verla más i olvidarla, no
hacia otra cosa que buscarla, i seguirla por dondequiera que iba.
La vida llegó a serme insoportable, i la doble vista de que
disfrutaba, el más cruel de todos los tormentos.
|De día, de
ñoche, dormido, despierto, yo no hacia otra cosa sino buscar i
seguir a la princesa por todas partes, i cada vez que la veía, mil
puñales traspasaban, a un tiempo, sin corazón.. Yo me había
consagrado i ella, i ella no hacia sino olvidarme i despreciarme No
me quedaba sino una esperanza destruir en suí el poder do la doble
vista, aniquilar esa fuerza que no me servía sino para mi
desventura. i volver i mi condicion de hombre comun,
-?lo habeis conseguido?
-En todo nó, pero sí en mucha parte.
-T la amais siempre?
-Nó, yá no la amo.
-Es posible?
-Sí. Pasados algunos años de lo que llamaré
|mi desgracia,
un dia no pude resistir al deseo de sabor lo que habia sido do
ella, i quise ver.
-I visteis?
-Oh sí, vi. Me costó gran trabajo, porque habia perdido el poder
imperativo sobre mi mismo ; pero me superé en esfuerzos i en
voluntad, i al fin vi.
-Qué vísteis?
----Vi una tumba de mármol blanco en el rjncon de un rico
cementerio europeo. Alrededor de esa tumba no habia flores, ni
árboles, ni reja alguna. Esa tumba estaba tan sola i tan triste
como mi corazon.
-Do quién era esa tumba?
-De ella. Habia muerto. Su familia habia hecho poner encima de esa
tumba la imájen de la que y no existia, Jabrada en marmol de Páros
i habia hecho inscribir su nombre en una de las losas. Después la
olvidó! Yo leí ese nombre, i me estremecí.
-La llorástei ?
-- mis labios no tenian suspiros para ella ni mis ojos lagrimas.
No la habia olvidado, es cierto, pero su ingratitud habia matado mi
amor.
_Despues?
-Despues hice lo que no he debido hacer.
-Me asustais.
-Los
|enamorados sacrílegos
|Se quejan del mundo i se
citan para los piés de Dios; los enamorados simplemente impedidos
se quede haberse encontrado
|demasiado tarde, i los
desengañados...
-I los desengañados?...
---Esos s maldicen, o se rien.
-I vos?
|-Yo ni maldije a la princesa ni me rei de ella.
-Qué hicisteis, pues?
|-Yo levanté, con la mano de mi voluntad, las piedras de su
tumba, para ver lo que quedaba de tánto orgullo, de tánto poder
cimero i de tánta bellesa pasajera
-I encontré un féretro de plomo i de encina.... Ahí debí
detenerme.
-Tu no os detuvisteis?
-Nó. Yo queria ver, ver como otras veces, i rendir a aquellas
reliquias el culto que les debiera, nó segun mis recuerdos sino
segun la realidad. Levanté la madera i el metal, como habia
levantado la piedra, i vi...
-Qué visteis ?
-Un monton de huesos i un monton de harapos!
Mr. Wise i lady Agatha se estremecieron.
El Sabio añadió
-Aquella linda i soberbia mujer me había despreciado porque yo no
me ceñia, como ella, una corona; porque yo era
|aún niño.
Sinembargo, ella habia pasado como pasa una flor ó un arrebol, i de
su hermosura i de su poder no quedaban yá sino los sucios despojos
que habian despreciado los gusanos mismos!
-Sois cruel.
-Nó: moralizo pura i simplemente. Ella había despreciado mi
juventud, mi talento, mi abnegacion; i mariposa, como sois todas
vosotras, habla esquivado los rayos de oro del. sol, por correr
tras los rayos quemadores do la vida. Una vez ardida en ellos,
volvió a ser lo que habla sido : lodo i ceniza
-Eso mismo somos todos.
-Perdonad. Las cenizas del Tasso no son iguales a las de Leonor.
La hermosura pasa; es inmortal.
-I no dijisteis vuestros últimos adioses a la que habíais amado
tánto?
Si hubiera tenido la tumba de la princesa a mi
|alcance habria
escrito sobre sus piedras estas dos palabras: AYER i HOI.
Comprendéis? Pero como ya veia esa tumba desde el centro del
Indostan, me limité a no pensar más en ella.
La muerte hace que todo lo escluya entre los hombres, i el olvido
es el mejor castigo para los ingratos.
-I no averiguásteis más?
Si: quise saber quien era de mi dichoso rival.
I lo visteis?
Ah -si. El pasaba entonces de luto viajando por
|las orillas
del Rhin, al lado de una morena encantadora. Habia olvidado deciros
|que la princesa era
|rubia. El contraste suele ser uno
de los lenitivos del duelo.
me causó estrañeza la princesa i mi rival habian amado por
vanidad.
Lady Agatha estaba pensativa. Después deun rato de silencio,
dijo:
-Si no estoi equivocada, habeis acusado de torpeza a las mujeres
bonitas, i habeis hecho, aunque mui de paso, la apolojía de lo
hombres de talento, víctimas, por lo comun, de las hermosuras
estúpidas.
---Yo?
-Sí, vos.
-Bien, i qué?
-Querríais que las beldades femeninas fuesen tambien jenios
?
-Tal vez no.
-Haríais bien ; i ya que la naturaleza titile distribuidos sus
dones de un modo equitativo, no querais que la rosa traiga la
dureza del diamante, ni éste el perfume de aquélla. La mujer es la
obra maestra de la naturaleza, pero solo en cuanto a la hermosura
si le dais el jenio, la sacais de su esfera. La Elena de Troya fué
una mujer; Juno nó. Las diosas no se han hecho para el amor.
-Teneis una lójica que convence i que seduce.
-Parece, pues, que estais resuelto a volver a vuestra vida
ordinaria, i que no volvereis a hacer uso de vuestra doble vista,
dón fatal sin duda.
-Sí, señora. No habiendo podido ver
|
|a
Dios, ni
habiendo logrado ponerme en relacion con el mundo inmaterial; no
teniendo y el halago de seguir por todas partes al objeto querido,
he vuelto alas humildes condiciones de la vida ordinaria, i estoi
dispuesto a hacerme
|párte del pensamiento, de la ciencia i
de todo trabajo. Empiezo a sentirme fatigado de cuerpo i de
espíritu los libros me fastidian; siento que
|mi vida no
tiene órbita; la amistad me distrae, pero no me llena; el amor se
ha hecho imposible para mi; los viajes me cansan desde ántes de
emprenderlos; la tique me hasan, i empiezo a notar que mi alma
sufre de esa nostaljia celestial que precede a la muerte i que la
causa.
-Vos?
I-Porqué no? he empezado a tomar opio, i no esta lejos el dia en
que me vaya a viv ir con Guy. Los materialistas se destruyen por
medio del suicidio ; los que no lo somos, nos suicidamos
embruteciendo el alma.
Amásteis un rayo de luz de la mañana, i ese rayo se ha disipado.
Cojisteis la primor flor que encontraseis en el jardin de la vida,
i esa flor habia empezado a deshojarse. Felizmente para vos, esa
princesa ha muerto sin dejaros ningun recuerdo que debais respetar.
Vos no habeis vivido aún, pero podeis vivir. Para deciros esto, yo
no necesito de poseer el dén de la doble vista: me basta la vista
sencilla, la vista natural. Mc basta ver el mundo como el mundo
debe ser visto en estas materias: con los ojos deja mujer. La
nostaljía de que me hablabais ahora toco, no es del país del cielo
sino dci país del amor.... Ye me he sentido feliz escuchándose, i
me sentiria más, si lograra lo que voi a intentar. Si yo fuera
libre i si tuviera algun mérito, "juntémonos, os diria: dos
desgraciados que se unen, pueden llegar a ser dos bienaventurados.
El dolor de una situacion se instiga con el placer de otra
situacion, i una alma leal hace olvidar una alma perdida " Pero no
estoi en ese caso : yo esto casada con un hombre a quien amo i a
quien respeto; yo soi mas estravagante que juiciosa; yo soi toda
mundana, i vos sois todo ciencia, virtud i juicio. Si aceptais mi
amistad, la que os ofrezco con todo el entusiasmo de que es capaz
mi corazon, esa amistad hará por vos lo que vos mismo uo podríais
hacer. Seré ci médico de vuestro espíritu, quebrantado por. un
golpe que es mui comun en la vida, i llegará un dia en que me
direis, radiante de felicidad i de esperanza:
|"¡Cuanto os
debo, Ágata? Los hombres somos unos insensatos cuando no nos
dejamos guiar por las mujeres en todo lo que tiene relacion con los
sentimientos. Toda mujer que guia i que aconseja, es una
madre."
-Vuestra amistad será para mi un oculto i rico tesoro, i desde
este momento me entrego a ella, con todo el caruto i la confianza
de un hombre de bien.
-Volvamos a Calcuta. Veo que Imina se nos acerca para avisarnos
que es tiempo de regresar.
-Imina se llama esa jóven?
-Sí. ¿ Porqué os ha llamado esa pobre criatura?
-Es un recuerdo de ahora ocho o diez añoz.. . Pero nó, no puede
ser ella.
-Quién?
-Una infeliz encantadora de culebrera infanticida, i mujer de un
viejo africano.
Lady Agatha se estremeció, i repitió:
|una infeliz encantadora
de culebras, infanticida, i mujer de un viejo africano. Luégo
añadió:
---Será ella?
-Es apénas posible; pero parece que no os repugna tener a vuestro
scrvicio una criatura tan degradada así.
|-Tan degradada así, repitió lady Agatha, i subió al coche,
en donde no volvió a pronunciar palabra.
La oscuridad de la noche no permitió a Mr. Wise ver el rostro de
Imina, ¡por lo mismo se quedó en la duda de si seria o nó la Imina
que el conocía.
Poco a poco, el Sabio se fué aficionando tánto i tánto al trato
de lady Agatha, que yá no podia pasarse sin ella. La visitaba dos
veces al dia, la acompañaba con frecuencia a ¡a mesa i al paseo, i
de noche le leía sus apuntes de viaje, u oía de su preciosa boca
los versos que esta musa ardiente de la selvas del Ganjes recitaba
con el mismo entusiasmo con que los escribia. La vida de estos dos
séres se habia unido, sin saber ellos mismos cuándo ni porqué, con
una cadena misteriosos eslabones, todos de flores, no podian sino
renovaban sus perfumes i su frescura. Confidencias, obsequios,
ternuras, agradables sorpresas, i un no desmentido esfuerzo por
agradarse i servirse, habian hecho de
|su vida íntima un
pequeño paraíso; i como no había demonio tentador, gozaban de sus
delicias sin cuidado alguno. Aunque ambos estaban locamente
enamorados, ninguno de ]os dos se habia dado cuenta de ello, ya
porque Mr. Wise respetaba a lady Smith, cual debia hacerlo, ya
porque la virtud i el recato de esta señora eran táles, que se
imponian por sí mismos. Sinembargo, un observador sagaz habria
notado que, a medida que la frente, ántes sombría, de Mr. Wise se
despejaba por completo i casi irradiaba de felicidad, la de lady
Agatha parecia marchitarse i ceder al peso de una melancolia
profunda. ,-cosa estraña,--despues de pasar con
|Arturo, como
ella decia, los momentos más encantadores, i de extasiarse en i con
él, mecidos por los hálitos de la belleza, do la juventud, del
talento i de la ciencia, comun todo en
|las dos, lady Agatha
|no hacia sino buscar los rincones más oscuros do palacio i
darse en ellos a las lágrimas i a la desesperacion.
¿Era esa la lucha del deber con el amor, anticipado de una
conciencia turbada?
Así pasaron muchos días i muchos meses. Arturo ¡ Agatha se habian
hecho egoístas; pero, tántos de eso, habian tenido buen cuidado de
trasfundirse el uno en la otra ; i como nada les importaba la
sociedad de Calcuta, ni estas tampoco hacian caso de ellos, se
habian hecho los inseparables
|, sin que por eso ella dejara
de llorar i do desesperarse, ni l de sentirse amante i amado,-esto
es, feliz, con la única beatitud
|que hai completa en la
vida: el amor perfecto, justificado i tranquilo.
Un dia dijo Arturo a Ágata:
|-i Sabes (por aquel entónces yá amantes se tuteaban) que a
mis antiguas culpas se he agregado una nueva?
-Cual?
-La de haber hecho mal por segunda vez a esa pobre muchacha
Imina
-Porqué?
-Porque desde que te dije que era una faiticida, una encantadora
de culebras,
i qué sé yo que más, tú la has separado de tu servicio, pues no he
vuelto a verla. Habria sido mejor callarme. Yo debia algo a esa
infeliz, pues le habia ofrecido ampararla contra
|las
desgracias, i aun tongo de ella una carta escrita con talento pero
solo Dios sabe por qué fatalidad ineludible mi conducta ha de
causar siempre daño a esa mujer.
Agatha guardó silencio.
Arturo agregó:
-Hai con qué hacer una novéla con lo poco que yo sé de la historia
de esa judía, mui desgraciada o mui loca. En cierta ocasion se
envenenó, casi sin motivo. Yo la creía muerta.
Agatha siguió guardando silencio.
Arturo continuó:
-Esa muchacha, cuya muerte me causó desde luego una impresion
dolorosa, tenía un orgullo superior a su condicion, como tenía
tambien unos sentirni3ntos superiores a su clase. Nunca me
perdonaré no haber hecho por ella alguna cosa. Estoi seguro de que
se habría contentado con
|poco era un sér cualquiera.
Agatha, al oír esto, no pudo más i lanzó un suspiro. Dejó caer la
cabeza cutre las manos, i las lágrimas inundaron sus ojos.