BAILE DE LAS SERPIENTES
Al entrar a la posada, el mayor de los viajeros se volvió hácia
Ayax i e dijo con un acento casi paternal:
-Nadie creeria que venimos de santificar el domingo.
El jóven Ayax i su compañero no habian ido a la pagoda solo por
visitar las ruinas de ésta. Habian ido por presenciar el baile de
las serpientes, espectáculo que debia haerles gozar, gracias a unas
cuántas monedas, el marido de Imina, la infanticida.
Era este hombre un negro ajigantado, de sesenta años, i de una
fuerza poderosa, la cual se denunciaba en él por una musculatura
digna de un Hércules. Sus barbas, mui semejantes a las del cabron,
cerdosas i blancas, eran candales i terminaban en agudísima punta.
Llamábase Zafré, i tenia, por único vestido, unos calzoncillos mui
cortos, de seda roja, bastante usados, i un gorro de la misma tela
i del mismo color, ancho i plegado como un turbante, pero de forma
de cono. Su nariz era recta, sus ojos eran grandes, como ojos de
buei, i sus labios demasiado belfos, pero sin color. De noche i de
improviso, se hubiera tomado a Zafré por el mismo Satanás; pero de
dia i en la India, en donde su tipo no era una escepción, era
simplemente un mascareño como cualquiera otro.
Aunque todos los de su nacion eran polígamos,
|Zafré se
habia casado, a estilo de Madagascar, con Imina, que era blanca i
de la raza
|de Abraham. Imina habia sido tambien el nombre de
la madre de Mahoma, un hermano de la cuál habia venido a
establecerse
|en aquella isla, i pasaba por el padre de los
|ombiases, clase
|muii distinguida. Aposar de eso, la
pobre isleña no tenia ninguna relación, ni aun la de la creencia,
con el Profeta Imina pertenecia a la clase de los
|ibramnis,
tambien distinguida ; por lo que su enlace con Zafré, africano
puro, debia haber tenido alguna causa estraordinaria.
En un principio, nuestros viajeros habian creido posible
presenciar el baile de las serpientes en una de las habitaciones de
su posada; pero Zafré, que era hombre que entendia el oficio i que
deseaba ganar, en aquella ocasion, más dinero que de ordinario, se
esplicó con ellos en los términos siguientes
-Me habeis mandado a buscar para que traiga mis serpientes i las
haga bailar en vuestra presencia. No habria habido cosa mas fácil:
eso lo hacen aquí todos los desocupados, i yá en la India hai casi
más encantadores de culebras que culebras. Pero yo sé distinguir de
personas, i, ademas, yo no soi un encantador vulgar.
-Qué quereis decir con eso? habia preguntado Áyax al
jigante.
-Quiero decir que se pueden traer acá serpientes mansas i hechas a
la danza; pero eso no vale la pena.
-Pues qué.
-En eso no hai gracia ni hai destreza el juego con las serpientes
no valdria nada, sin las emociones del peligro.
-Hai peligro, pues
-I mui grande, señor, buscar las serpientes para bailar por la
primera vez.
-I eso es posible ?
-Ni más ni ménos que como lo digo. Todo depende de la
recompensa, i en esta vez estoi seguro de que valdrá la pena de
abrir la mano, despues de haber jugado. Conque iremos al
bosque?
El compafiero del jóven Ayax, que no habia tornado parte en la
conversacion de éste con el africano, pero que sí habia estado
observándolo mui detenidamente, cruzó en el diálogo diciendo:
-Este hombre dice la verdad. Iremos a donde él quiera.
-Tóca.
Esta llevó a sus labios un pífano, i preludié
algunos sonidos melancólicos. Zafré, entre
tanto, se paseaba con la majestad dé un emperador. Un momento
despues, calló el pífano; el mascareño pronunció una palabra
simbólica, i tocó con el mimbre, uno por uno, todos los canastos.
Al llamamiento, pues no era otra cosa, salieron de aquéllos otras
tántas serpientes, de casi dos metros de lonjitud, i empezaron a
bailar al són del pífano, que en esta vez fué acompañado de un
tamborin, tocado a golpes por Zafré.
La primera impresion de los dos viajeros fué de miedo, casi de
terror. No era Para ménos: las serpientes, haciendo puntos de apoyo
los anillos de sus colas, alzaron al aire la mitad de sus cuerpos,
los que dilataban o contraian al compas de la música; a tiempo
mismo que vibraban su doble lengua, que mostraban sus dientes, que
abijan sus ojos, de siniestro mirar, i que volteaban sus cabezas,
con ansiedad o lentitud, segun las notas de la orquesta. En
ocasiones, segun las palabras cabalisticas del negro o el
movimiento de la vara de éste, las serpientes huian o se venian
sobre él; i en ocasiones, describian, con gran rapidez,
circunferencias más o ménos perfectas. Cuando la música cesó, que
fué de repente, todos los reptiles, al parecer fatigados, se
enroscaron en las piernas, en los brazos i en el cuello de Zafré, i
finjieron dormir. Zafré, entónces, volvió a pasearse,
|orgulloso con esos trofeos, que a la verdad
daban el aspecto de un dios infernal. Carcotaco mismo se hubiera
visto representado en él. Despues, dió Zafró una palmada, i las
serpientes, asustadas, se desensortijaron i huyeron rápidamente
hácia sus cestos.
Zatré saludó cutáneos a los dos viajeros, satisfecho como un
juglar que sabia su
|oficio; Ayax se limpié el sudor que
cubría su frente; Imina
|retirá las canastillos, i el Sabio-
daremos ese nombre en adelante al compañero de Ayax - se
sonrió.
Pués al concluir el baile de las serpientes, cuando Zafré reprendió
a Imina porque ésta no habia tocado
|con bastante entusiasmo
el pífano; i por lo mismo, fue tambien
|en momento cuando
ella pronunció aquellas palabras que el Sabio habia llamado
|un
poema.
-Ahora, señores, dijo Zafré, vamos a lo serio. Lo que he hecho
es un juego de niños:
esas serpientes están domesticadas i con ellas no se corre
peligro. Imina, miéntras que voi con estos señores a buscar unas
cobras
|di capello, pon fuego en el braserillo para caldear
los hierros. Hai que preverlo todo.
-I a dónde hemos de ir? preguntó Ayax.
-Aquí cerca, alas ruinas: quiero solo que presencieis lo que voi a
hacer.
I volviéndose hácia donde estaba la isleña, agregó
-Ven luégo a buscarnos, con dos canastillos vacíos.
Zafré i los dos viajeros entraron en las ruinas.
El encantador hizo que éstos se detuvieran despues de haber dado
unos pocos pasos, i, avanzando él sólo, empezó a poner el oído i a
atisbar en todas las grietas. Esto duró média hora. De repente,
lleno de alegría como un muchacho que se ha encontrado una nidada
de perdices, gritó:
-Acercaos, pues yá las tengo.
-Qué es lo que teneis? preguntó Ayax.
-Vaya! pues nuestras
|cobras di capello.
Esta respuesta, pesar de lo alto de la temperatura, heló un poco
la sangre del Sabio i la de su acompañante. Imina, que ya habia
venido con los dos canastillos, no se movió del sitio en donde
estaba sentada.
Zafré, con un leño, habia empezado a agranda una grieta que
habia a sus piés. Los viajeros, que se habian acercado, eran solo
oídos i solo ojos.
Poco duró la escavacion, que no tenia porqué ser profunda. Zafré
arrojó el lene, e inclinándose sobre el agujero, cojió, con
presteza, un objeto 1 lo suspendió en el aire, con el brazo
estendido i el cuerpo echado hácia atras: era una
|cobra di
capello, de gran tamaño, la cual tenia asida furtemente por la
estremidad de la cola.
-Tóca! tóca, Imina ! gritó Zafré, en tanto que la serpiente se
torcia i retorcia, tratando de alcanzar con sus dientes alguna
parte del cuerpo del juglar. Inútiles esfuerzos! En esa posicion la
culebra, sin punto alguno de apoyo i comprimida por la mano de
hierro del maseareño, no hacia sino sacudirse i cansarse.
Imina, tocando la gaita tenuemente i con mucha dulzura, fue
aproximandose al animal poco a poco i embelesandolo con su música.
La
|cobra di capello se segó, i no levantó y la cabeza sino
para dirijirla, apacible i serena, hácia la
|isleña i hacia
su
|instrumento. Esta, por su parte, embobaba al temible
reptil, cambiando de tonos i de espresion, i ora alejandose, ora
acercandose, para estimularla i rendirla. Pasados unos pocos
momentos, Zafré mandó a Imina que, sin dejar de tocar, volviese
lentamente hácia la era de enfrente
a la pagoda. Imina obedeció, i la comitiva siguio la tocadora de
gaita.
Llegados a la era, Zafré puso la serpiente en el suelo, i, cada
vez que ésta quena huir, la tenia por la cola. Para inspirar al
reptil alguna confianza, Imina, sin dejar de tocar, habia sacado de
sus canastillos las culebras mansas i las habia colocado cerca de
la brava.
-El braserillo! el braserillo esclamó el negro vamos a
concluir.
-Está listo, respondió Imina.
-I el hierro?
-Está hecho ascua
Zafré volvió a suspender a la.serpiente por la cola, i la
serpiente empezó a enfurecerse de nuevo; por lo que, cada voz que
el negro la tocaba con el mimbre que tenia en la mano derecha, el
animal se volvia iracundo hacia él para morderlo. Zafré frunció las
cejas, i pronunció dos o tres palabras cabalísticas, al tiempo
mismo que aparecian sobre su frente algunas gotas de sudor. Qué
ocasionaba ese sudor:
la angustia o el cansancio?
Al oir el Sabio las palabras de Zafré, se quedó mirándolo
fijamente, i se sonrió con burla.
Sucedió entónces una cosa mui natural.
El africano empezó a pasar su mano derecha por el cuerpo de la
serpiente, como quien frota un tubo, con ánimo de sujetar a ésta
por el cuello, lo que logró en efecto; pero,
|ya fuese poca
destreza,
|ya fuese suma confianza o solo mala fortuna, la
|cobra di capello alcanzó a morder a Zafré, arriba de la
muñeca. Imina, que habia visto eso, i ántes de que el juglar, sin
soltar la serpiente, gritase: el hierro! el hierro! habia acudido
con ésto, i lo introducia en las carnes del negro, en el punto
mismo de la mordedura.
-Os ha mordido! Gritaron asustados los dos viajeros; pero no
se
atrevieron a acercarce, por miedo al reptil.
La quemadura de Zafré emitió un olor desagradable, i el brazo le
quedó marcado con una concrecion pequeña.
-Sí, me ha mordido, dijo el juglar es porque éste un mal dia para
mí. Lo siento, nó por la mordedura, que yá esta curada con el
hierro encendido, sino porque he mostrado poca destreza en el arte.
Alá me perdone, pero no es cosa facil jugar con una cob
|ra di
capello enfurecida. Ademas, alguna vez me habia de suceder
eso.
Dicho lo cual, abrió la boca del reptil,
|i, valiendose solo
de las uñas de los dedos índice i pulgar, le arrancó los colmillos.
La culebra así, yá no es peligrosa, porque ha perdido su veneno.
Dejóla luégo caer al suelo, i, cojiendó el mimbre, azotó la tierra
con violencia, cada vez que la serpiente intentaba huir. Un
|momento despues, la hizo entrar en uno de los
|canastillos, i
|la entregó, junto con las otras, a
Imina, para que la guardase
|i alimentase. Ese era el triste
oficio de la isleña, así como el de tocar la gaita o el pífano,
cuando iban, por las plazas públicas o por los sitios concurridos,
exhibiendo sus horribles animales. i mando con ellos, para ganar la
vida.
El Sabio recompensó liberalmente a los dos esos por su trabajo,
i Iuégo dijo a
|Zafré:
-Cuando vuelvas a Calcuta, lléga a mi posada: tengo algo que
decirte.
-Iré mañana.
-Esta bien.
Imina se acercó al Sabio i, cojiéndole mas manos, se las estrechó
con afecto a tiempo que sus ojos, empapados con el vapor de las
lágrimas, querian decirle, i le decian, muhas cosas. El Sabio fijó
|en ella su mirada de un modo particular, i, aprovechando el
momento en que Ayax se despedia del mascareño, díjola
dulcemente:
-Sé lo que quieres decirme…. Veremos. No te alejes.
Imina se aparté, entre sorprendida i confusa, i los dos viajeros
se volvieron, por la orilla del mar, a la casa que les servia de
alojamiento. Fué entónces, como yá lo sabe el lector, cuando
encontraron el cadáver de la niña
abandonada.
Al dia siguiente de esos sucesos-lúnes-el Sabio recibió la carta
que copiamos a continuacion.
"Mui señor mio:
"Perdonad si, presa de la impaciencia que me devora, os importuno
escribiéndoos. Conozco
|que he debido aguardar algun tiempo
más; pero ha brillado en mi alma un rayo de esperanza, i tomo que
él se disipe, si vos, señor, que pareceis bueno i jeneroso, os vais
de estos lugares, como se van al fin todos lo viajeros europeos.
¿No es cierto que me habeis dicho:
|sé lo que quereis
i… v
|eremos. Pues bien, señor, en eso fundo toda mi
esperanza, i esas palabras son, al presente, todo mi consuelo. No
sé de qué especie de poder maravilloso estais dotado ; pero es
innegable que lo estais de alguno, porque de otro modo no habríais
podido leer, como habeis leído, en el fondo de mi alma. Yo lo
habria adivinanado, aunque no me lo hubierais dado a
entender.
"Leed, señor, estas fastidiosas líneas, empapadas con mis lágrimas
i trazadas con la misma inane con pie sacrifiqué a mi hija, con la
benevolencia que es peculiar a los poderosos. Vos sois fuerte, sois
poderoso.
"En primer lugar, gracias, señor, por lo hicisteis ayer por mi
pobre criatura-que nisiquiera alcanzó a recibir un nombre: lo vi
todo, oculta detras de los árboles del bosque. A mí, su madre, no
me hubiera sido dado hacer nada de eso, porque Zafré me lo habria
impedido. El me ha obligado a matar mi hija, i me emplea, en
cambio, en ser madre de serpientes. Bien sabeis que soi yo quien
las cuida i quien las alimenta. ¿ Hai, señor, una irrision
igual?
"En segundo lugar, sabed, señor, que nací en Madagascar, hija de
padres principales i de raza blanca. Esto último lo atestiguo con
mi tez, i lo primero con mis recuerdos, pues siempre que en mi casa
habia alguna ceremonia, o se. celebraba algun casamiento, o se
hacian plegarias por algun difunto, o era ocasion de parabienes o
de pésames, iban a ella muchos parientes i amigos, cosa que no
tiene lugar en la isla sino entre las familias civilizadas de los
|ibraínis, casta descendiente del patriarca Abraham, que
recibe alguna cultura,
como podeis verlo por mí, que escribo i que casi si se pudiera
decir,
|pienso. Loado sea Ungorray! (Así llamamos nosotros al
Eterno).
"Nuestra descendencia del patriarca se puede probar con la
circunsision, que se practica entre nosotros desde hace siglos.
Vos, flor, debeis saber que Abraham - a quien nosotros damos el
nombre de
|Ibraíni - después de pasar el Eufrates con sus
ganados, igrandes riquezas, fué a habitar en la tierra de
Canaan, i estableció la circuncision para que su tribu fuera
distinguida de las demas. Yo sali, pues, hebrea de oríjen.
"Ignoro cómo, cuándo i por qué fui arrebatada del lado de los mios,
para pasar al poder de Zafré, quien, sin duda, me robé siendo yo
aún pequeñita, para asociarme
|a su infernal industria. No
dejaba do ser interesante, vos lo comprendereis bien, ver a una
blanca domesticando i haciendo bailar serpientes, tocando el
tamborin i la gaita, de plaza en plaza i de ciudad en ciudad....
Zafré me llevó al interior de la isla, en donde hai montañas de más
de doce mil piés de elevacion, cuyas faldas están vestidas con los
ébanos más preciosos i los bambús más gruesos del mundo. Allá
pasámos algunos años, i luégo salimos a recorrer los pueblos.
Llevábamos, para ello, una buena provision de serpientes mamas i
nuestros instrumentos de música. Lo poco que recojíamos, nos servia
para mantenernos. Cuando llegué a la edad núbil, que en estas
rejiones no se hace esperar, Zafré me hizo su esposa. Yá sabeis lo
que fué del primer fruto de
|ese enlace forzado. Pobre hija
mia! Empero, señor, cuando pienso en la suerte que se le hubiera
esperado, siendo hija, como era, de un negro africano, de un
juglar, de un domador de serpientes, i de una infeliz como, yo -
que no merezco ni aun el nombre de
|aventurera-vil madre, de
vil oficio í de vida vil, pienso tambien en que la pobre está
mejor, que acá, en el país de las almas. Gracias a vos, jeneroso
señor, no la devoraron los cuervos!
"Pues bien, ahora que lo sabeis todo, te
|ned compasion de
|mi, i sacadme
|del poder de Zafré. El es bueno
conmigo; él es toda mi familia, toda mi patria, toda mi fortuna;
pero me veo i me siento mui degradada al lado suyo. Es un negro,
señor, es un juglar, es un mahometano, i me hace vivir solo para
sus serpientes Esas serpientes son mis verdaderos, mis únicos
hijos. Cada uno de sus canastillos es para ni una cuna, i soi la
m
|adre de esos monstruos. Compadecedme, señor!
"Con los viajes el trato de jentes, he adquirido algunas ideas; los
sentimientos de mi corazon se han despertado, i no puedo pensar en
lo que Zaré ha hecho conmigo, sin sentir hacia él la mas invencible
de las repugnancias. Ha
|habido ocasiones en que he pensado
matarlo durante las horas de su sueño; pero cómo matar mis
recuerdos? ¿cómo borrar de mí un pasado tan triste?.
Esas consideraciones han detenido mi brazo.
"Qué pensais, señor?... qué me decís ? Habeis pronunciado la
palabra
|veremos. Esa palabra ha llenado mi
|sórdo una
delicia suprema. ¿No es cierto que esa palabra es una promesa? Si
no lo fuera, me volveria loca.
"Me he atrevido a diriirme a vos, porque yo soi una flor marchita
i despreciable, i porque vos sois un hombre de poder. Ademas, ¿qué
vale una mujer en Oriente, aunque sea una odalisca? Sinembargo,
como sois
|cristiano, me haré cristiana para agradaros;
-Bien, empecemos: ¿qué virtud tienen, si alguna tienen, las
palabras misteriosas que pronunciaste cuando hacias pruebas con las
serpientes?
-Un gran virtud, señor con el todo.
-El todo de qué?
-Esas palabras son las que las vencen y las domestican.
-No dices verdad, Zafré.
-Señor…
-Te digo que no dices verdad; i si piensas engañarme, dejemos la
conversacion.
- I por qué creeis que quiero engañaros?
-No es que lo creo, Zafré: es que lo veo.
-En dónde lo veis?
-En vuestro
|interior.
-Teneis ese poder
-I algo más. En dias pasados, te dije que tenias un gran corazon i
que decias verdad Ahora te digo que tienes un corazon mezquino i
que dices mentiras.
Al hablar asi, el Sabio cubria al africano, de piés a cabeza, con
|los rayos de una mirada firme i tranquila. Zafré inclinó a
cabeza como cojido por un vértigo. Luégo dijo:
-Teneis razon no se puede engallar a todos. Las palabras que he
pronunciado delante de las serpientes, no tienen ningun poder sobre
ellas, ni ellas podrian entenderlas. Esas palabras son una
superchería, como otras muchas que usamos los encantadores. El
comun de las jentes sí cree en elIas, i da a nuestro arte un poder
sobrenatural, que él no tiene. Vos lo habeis visto: una
|cobra di
capello.
Su musculatura constrictiva es tal, que, cuando envuelven a un
buey, lo trituran. En las costas de Sunderbunds han sido halladas
serpientes hasta de veinte i dos metros
|i medio.
- Las otras especies no tienen fuerza constrictiva?
-Sí, señor, pero mui poca. En mi opinion, o, mejor dicho, según un
propia observacion, el crótalo o serpiente de cascabel es la mayor
de las venenosas.
-Veamos,
|Zafré, si me puedes esplicar otra cosa. Por qué,
en casi todas las naciones de raza africana, se adora a la
serpiente?
-Me haceis, señor, una pregunta superior a mis capacidades, i como
no puedo contestarla,
|os haré, simplemente,
|una
observacion: ojalá que ella os sirva de algo.
-Veamos.
-Nuestra
|raza, señor, habita los países más cálidos i más
húmedos de la tierra, como ésos son también los climas de las
víboras, del áspid, de la cascabel i de las serpientes deformes,
mui natural suponer que las hiciesen al principio grandes estragos
entre las jentes. El terror hace los dioses entre los
salvajes.
- Sabes, Z
|afré, que con tu buen juicio i tu perspicacia has
venido a ponerme en dificultades ?
-No comprendo, señor.
-Veo que tienes una intelijencia poco comun, i eso me hace
estimarte más de lo que te estimaria como simple juglar.
-Os equivocais, señor. Despues de cincuenta años de estar
manejando culebras i más culebras, ¿ por qué no habia de ser yo
|doctor en culebras?
El Sabio despidió al encantador i le dió una buena puñada de
monedas. Cuando éste se hubo ido, dobló la carta de Imina, la
guardó i dijo:
-Hai que proceder con gran prudencia:
este jigante debe ser un enemigo formidable,
i no se dejará quitar la presa fácilmente.
El Sabio escribió Iuégo, en su "Libro de Viajes," un largo i
erudito capítulo sobre las serpientes i sus encantadores, en el
cual citó los pasajes siguientes de las sagradas Escrituras:
"El furor de ellos es semejante al de la serpiente, como el del
áspid sordo, que tapa sus orejas, pues no oirá la voz de
encantadores, ni del hechicero, que encanta diestramente." (Salmo
58,).
"Porque hé aqui que yo os enviaré serpientes - basiliscos, para
los cuales no hai encantadores. (Capítulo 8.0 de Jeremías).
Después agregó: "Es probable que los hebreos conocieran a los
encantadores de serpientes durante su permanencia- en Ejipto, i que
los ejipcios hubieran tomado ese arte de los magos. Mas, sea de
esto lo que fuere, el hecho cierto es que no hai
|encanto, i
que estos terribles animales ceden solo a la destreza, a la
paciencia i al valor del hombre. Si los juglares emplean, para
manejarlas, varitas, que dicen ser
|rnájicas, i palabras, que
dicen ser
|cabalísticas, las unas i las otras no son sino
trapazas, para engañar al vulgo, corno los jestos, las contorsiones
i los trajes particulares con que dan solemnidad i grandeza a sus
espectáculos. En cuanto a la música, esta probado que ella ejerce
una influencia benévola sobre todos los animales.
"A este respecto, han concluido, pues, mis investigaciones. Nada
hai acá de sobrenatural, como no lo hubo, tampoco, respecto de las
aves del Paraíso."