IMINA
LOS INFANTICIDAS
|
Es de noche.
Tenemos delante de nosotros una selva tupida, por entro cuyo
follaje sombrío penetran los rayos de una hermosa luna sobre
nuestras se dilata, en limbo incierto, un cielo cóncavo, entro
negro i azul-turquí, lleno
de rutilantes astros, i cerca hai un mar, que acaricia con ósculos
desfallecidos el lindo de una playa desierta. Es el mar de
Bengala.
Acá i allá vapores tenues - cortinajes celestes desgarrados -
bajan hasta las ondas o suben hasta el éter. Las sombras lejanas
parecen montañas las palmas i los bambús, enormes i aislados, se
hacen medrosos a la
vista; tiemblan los jarales al paso de las fieras, i Hacia el
Norte i hacia el Mediodía se perciben ruidos estraños, mujidos
acaso del trueno o del huracan. Por dondequiera se sien- ten
palpitaciones desconocidas, i por dondequiera el aire-ambiente,
tibio desde luego, esparce, con lujo, los aromas de millares
de
plantas en flor.
Por lo deformes, por lo misteriosos, por sus enlaces con la noche,
tanto el cielo como la tierra, tanto la ciudad como el rio, parecen
ser un embrion jigantesco. El horizonte, sin soluciones de
continuidad, no empieza ni termina en ninguna parte.
Qué hora es?
No podernos determinar la hora. La altura de los astros, por la
latitud del sitio, pudiera inducirnos a error. Ademas, ésta en que
nos encontramos parece una noche perpetua. Su esplendidez es la
perfeccion en la melancolía. Sus luces son las sombras; sus ruidos
son el silencio; i el rio sagrado que, por entre plátanos i cañas,
rueda i murmura, ántes que rio, lo que parece es un boa constrictor
de dimensiones apocalípticas.
Esta noche, así bella, así tranquila, así clara, así odorante,
¿qué es sino un verdadero cuadro del paraíso despues de la caída
del primer hombre? Si algun pincel humano pudiera dibujarla, se la
tomaria, nó por una realidad, sino por una mentira poética....
Sinembargo, ¿qué es ella, sino una pájina, en borron, del gran
poema oriental! Estamos en el delta enorme del Gánjes, cerca del
Hougly, que es uno de sus brazos, i entre esa ciudad blanca i esa
ciudad negra que, reunidas, se llaman Calcuta.
El suelo que pisamos es bajo i pantanoso.
A unos cincuenta pasos de nosotros, prisioneras entre troncos
seculares i lianas enormes, distínguense las gruesas, derruidas i
marmóreas paredes de una pagoda, ayer templo, hoi juguete vil de la
selva: de la selva, que la estrecha por todas partes, por odio a la
civilizacion. ¿Quién diria que los jenios del bosque no tienen
pasiones e intereses, que no tienen amor i fe ? ¿Quién diria que
esos mimbres robustos no son otras tántas serpientes que ahogan a
ese templo, injuria i perturbacion de una virjinidad secular?
Vedlo: es el mangle que espulsa la idea...
Son los faunos que echan a los sacerdotes indios de sus abrigos
nemorosos....
El mármol, vencido, ha caido en pedazos a todos lados; las raíces
se afianzan yá en las junturas, i los musgos rellenan las
estrías....
No hai ahí lámparas, vasos ni seda no hai sino maleza, reptiles,
humedad i pavor. Un templo abandonado es como el sepulcro de una
relijion que ha muerto… porque ¡ai! tambien mueren los
sentimientos relijiosos i las teogonías! La fe de ayer es el
escarnio de hoi.
Escuchad se oye un ruido como de pisadas ; las hojas secas
traquean, i álguien sacude o aparta las ramas abatidas de los
árboles. Quién viene? ¿Es la serpiente o es la fiera? En este país
cada sér es un monstruo.
Ha aparecido una sombra, i esa sombra se mueve. ¿Es el elefante,
de enorme cabeza, o es el leon, de undosa melena? ¿Es el tigre
real, con sus ojos de vidrio caldeado? ¿Es, acaso, algun viejo
crótalo, de escamas roñosas i sonoros anillos?...
Huyamos!
Pero nó, iS es nada de eso. Tranquilicé monos: es una india, es
una pobre mujer que trae en su mano una pequeña cuna i; su pezon
una niña dormida.
Esa mujer solloza, - en lugar de cantar, como lo hacen las madres
afortunadas. Por qué?
Observémosla: es joven; su estatura es pequeña i sus formas son
tornátiles. Sus largos cabellos, separados por el medio de la
cabeza a estilo nazareno, le caen hasta m abajo de su llena
cintura. Tiene el pecho, 1 espalda i los brazos al descubierto, i
su desnudez seria completa, a no ser por el cintillo i los
brazaletes que le sirven de adorno. Estos atavíos son de cobre
bruñido i de perlas falsas. Bela cintura para abajo, la cubren una
enaguas blancas, altas i de poca anchura; sus piés, que son mui
pequeños, están descalzos i de uno de sus brazos, batido por las
brisa nocturnas, lijero i de la misma tela i d mismo color que las
enaguas, pende un rebozo o alquicel sencillo.
¿Qué viene ahacer esa mujer en el bosque?
Esa mujer, despues de suspender de rama interior de un árbol su
pequeño cesto de juncos, ha puesto en él a la niña, siempre
dormida, i la ha cubierto con la mitad de manta, que, para ello, ha
partido en dos pedazos iguales. Ha hecho más : es madre i todas las
precauciones, cuando se trata de u hijo, son siempre pocas para una
madre - recojido, en el suelo, algunas ramas caidas, ha construido
con ellas una especie de tinglado, lo más espeso posible, para que
a esté su hija a cubierto de los insectos venenosos. Hai tántos en
ese bosque fecundo!...
Ademas, ¿por qué no tomar algunas medidas contra la rapacidad de
los cuervos bengaleses? Al concluir, la india se ha dicho:
-Así no le molestarán mucho, mañana, los rayos del
sol…
Pudiera pensarse, por esas palabras, que la mujer de quien nos
ocupamos iba a emprender algun corto viaje, i que, en el ínterin,
confiaba su hija a la soledad, no teniendo a nadie, en este mundo,
a quien confiársela; pero no era así: la que iba a hacer un viaje,
i nó corto, era la niña. Se la habia embarcado, por decirlo así,
para la eternidad. En ese esquife de mimbres i con esa vela de
linon, se hallaba yá en la alta mar de ese viaje de que no se
regresa jamas, llamado
|la muerte.
Se trataba, pura i simplemente, de un infanticidio. El
infanticidio en la India es cosa de todos los dias
|i de cada
instante; i no es, siquiera, un delito ni una falta: es una
costumbre.
Sinembargo, la naturaleza tiene sus derechos, i tarde o temprano
los reclama. La india, al alejarse, besó dulcemente a la niña,
sobre el rostro de la cual cayeron dos o tres lágrimas abrasadoras.
Eran el adios último. Dió luégo algunos pasos como persona que no
tenia yá sino que irse de aquel sitio; pero se detuvo de repente i
juntó las manos en actitud suplicatoria, como pidiendo favor para
otro, o perdon para sí misma.
-Concluyes, Imina ? preguntó desde la espesura un hombre, el
acento del cual anunciaba algun desagrado.
-Aguárda, dijo la india, i, sin cambiar de actitud, sus labios
modularon la siguiente oracion: "Dios mio! haced que mi pobre hija
no despierte, para que muera sin volver a ver la luz i sin echar de
ménos las caricias de su pobre madre! La sacrifico porque amo: es
mujer, i nada tiene ella qué hacer qué esperar sobre la
tierra… Feliz de mí.
si mi madre hubiera hecho conmigo lo mismo Su falta de valor me
perdió. Mi corazon no ha sido sino una fuente de lágrimas. Cuánto
mejor hubiera sido, para mí, no haber conocido otra existencia que
la de tumba!"
La silueta del hombre que habia hablado apareció más acentuada
en la penumbra, i el hombre dijo:
-Vamos parece que te cuesta mucho abandonar esa criatura.
¿Ignoras que la lei me autorizaba para quitarle la vida, si,
llegada ella a la mayor edad, no hubiera podido casarse dignamente?
Tú sabes que somos mui pobres, i es mejor que muera desde ahora.
Marchemos!
Hombre i mujer se alejaron. Nadie hubiera podido creer que
acababan de cometer un crimen.
La niña siguió durmiendo, con la sonrisa en los labios; i los
rayos cobrizos del astro nocturno formaron, hasta el amanecer,
sobre su pequeña cabeza, una pálida aureola.
¡ Cuán bello era aquel ánjel de la tierra que llamaba a las puertas
del cielo!
El dia que siguió a aquella noche de hermosura i de misterios, fué
tambien espléndido. Por todas partes se ostentaban los mismos
objetos, solo que yá estaban revestidos con la veste traslúcida de
la mañana. El cielo era entónces un inmenso zafiro, el mar i el rio
dos imnensos cristales, i el bosque un jardin.
Toda la naturaleza sonreia; toda ella parecia hablar i amar ; toda
ella vivia!
Al caer de la tarde de ese dia, dos viajeros que venian de visitar
la pagoda en ruinas i que deseaban volver a su posada por la orilla
del Hougly, pasaron por junto de la cuna abandonada, la cual estaba
en la vera de uno de los muchos senderos que cruzaban el bosque. El
mayor de edad de osos viajeros, hombre en toda la plenitud de la
vida, dijo al menor, jóven de unos veinte años, esbelto i gracioso
Lomo un Apolo:
-Míra Ayax; una especie de fruta mui comun en los bosques de este
país.
Ayax se acercó a la cuna, i, al levantar el velo que la cubria,
esclamó:
-Un niño dormido!
-Nó, observó gravemente el otro viajero: un niño muerto.
-Muerto? dijo Aya; i, al volver su mano derecha sobre el pecho de
la criatura, añadió:
-En efecto, no late yá su corazon, i su cuerpo está frio, apesar
del calor del clima.
-Ayax, el clima no puede nada contra el hielo de la muerte. Esta
criatura debe ser hija de Imina.
-De la mujer del encantador de serpientes?
-Si. ¿No viste que estaba llorosa? A mas, recuérda que ella misma
nos lo ha dicho esta mañana.
-Ahí, cuando la reprendió su marido porque no tocaba con bastante
entusiasmo el pífano. Recuerdo que volvió los ojos húmedos hácia
vos, i que os dijo "Perdon:
estoi triste porque he abandonado a mi hija....
|El (ese él
era su marido) no lo es porque él no es madre."
-Estrañas, pero profundas palabras, Ayax. Se conoce que esa india
tiene un corazon sensible. Nosotros los hombres somos crueles
porque no somos madres. Aprénde a hacer poemas con dos palabras; i
luégo se nos que se necesita ser un Homero o un Virjilio para hacer
epopeyas.
-Pero no creo que todas las mujeres de este país sean como
ella.
-Eso nó: Imina es de la isla de Madagascar, i pertenece a la clase
|ibraíni, e llaman allá a patriarca Abraham. Por eso es
blanca ; por eso cree en un Dios único en la vida futura, i en
ánjeles i en espiritus mensajeros de la Divinidad.
-Pero quién os ha dicho todo eso? Habeís hablado con olla de esas
cosas?
-Nó, Ayax: lo
|sé.
-Pero vos no habíais visto a esa mujer antes.
-Nó, ni es probable que la vuelva a ver en mi vida. Sinembargo,
|lo sé.
Ayax miró a su compañero de un modo estraño, casi estúpido;
pero guardó silencio, por el mucho respeto que le tenia. Luégo
dijo, todavía azorado un poco:
-Continuamos nuestro camino? Nada tenemos que hacer aquí.
-Te equivocas tenemos algo que hacer.
-Pero esa criatura está muerta.
-Por lo mismo.
-No comprendo. . . . Si al ménos hubiéramos llegado a tiempo de
salvarla.
-Nó, Ayax esa criatura estaba perdida desde que nació.
-Por qué?
-Porque nació mujer i pobre, porque nació en miércoles.
-En miércoles?
-Sí yá te he dicho que Imina es de Madagascar - su marido, el
encantador de serpientes, tambien es de allá - i en esa isla, los
que nacen en miércoles o en viérnes, son sacrificados
ineludiblemente, por cuanto se les tiene como personas
aciagas.
-I si hubiéramos llegado a tiempo?
-Tampoco hubiéramos podido hacer nada. Esa criatura debió ser
expuesta desde ayer sábado, al entrar la noche, que es la hora en
la cual se cometen los infanticidios.
- I han bastado ménos de veinticuatro horas para que
perezca?
-Oyeme: el infanticidio, que es de .práctica inmemorial en el
Indostan, se consuma de varios modos. A las veces, se ahoga a los
niños recien nacidos, en baldes llenos de leche; a las veces, se
los estrangula al mismo nacer i a las veces, se les abandona en los
bosques, para que los devoren las aves de rapiña; pero en este caso
se les da, ántes, de mamar, con el pezon untado de opio.
-De opio?
-El opio los hace dormir profundamente, i pasan de la vida a la
muerte, sin sentirlo.
-I esta criatura
-Basta verla, para comprender que ha conservado la postura en que
la colocó su madre; lo que no hubiera sucedido si se le hubiera
despertado.
-Madre decís? Es madre la que mata a sus hijos?
-Desgraciadamente, sí. Sinembargo, la pobre Imina ha resistido a
su marido cuanto ha podido.
-Cómo lo sabeis
|-Lo sé; i si no fuera por el mucho miedo que le tiene, le
habria desobedecido abiertamente. Eso lo observé, o, mejor dicho,
lo supe, miéntras asistíamos al baile de las serpientes. Pero
hagamos nuestra obra.
-Qué debemos hacer? preguntó Ayax.
-Debemos dar sepultura a esta niña.
-Nosotros?
-Por qué lo estrañas? Sabes las obras de misericordia?
-Me lo preguntais?
-Te lo pregunto, porque parece que las has olvidado. Pues bien,
las obras de misencordia mandan enterrar a los muertos.
-Pero los indios…
-Los indios son hombres como nosotros.
Ayax se avergonzó.
Dicho eso, los dos viajeros buscaron un sitio a propósito i
cavaron en él una pequeña fosa, para lo, cual se sirvieron de sus
cuchillos de viaje. En ella depositaron, con cuna i todo, el cuerpo
de la niña. Cubrieron despues a ésta con el pedazo de tela que le
habia dejado su madre, i con musgo i con tierra.
Era yá tiempo, porque los cuervos salvajes, guiados por su
instinto infalible, empezaban a ponerse en acecho sobre las ramas
más altas
de los vecinos árboles.
El infanticidio, en la India, se ha practicado en una grande
escala, i las víctimas preferidas han sido siempre las mujeres. En
Cuteh, uno de los puntos en donde se han podido recojer datos, no
bajaban los casos de 3,000 al año, i en Guzarate de 20,000. Por
esas dos cifras, se puede calcular la estension del mal, siendo las
rejiones de la India de una poblacion tan numerosa. El coronel
Walker, gobernador de Guzarate, logró, gracias a su perseverancia i
a su sagacidad,- la fuerza hubiera sido un medio malo, - estirparlo
un tánto. Por eso ha merecido bien de la humanidad.
No se podria decir, con certeza, que el infanticidio es orijinario
del Indostan, porque, a punto fijo, no se conoce la edad histórica
de esas rejiones. Sinembargo, Diodoro refiere que todos los que
nacían deformes eran
destruidos en Taprobana. (Taprobana era el nombre antiguo de la
isla de Ceilan). En la China, país que tiene muchas analojías con
la India, el infanticidio es una costumbre casi autorizada por la
lei, i lo mismo sucede en la Polinesia. Mr. Barrow, que vivió algun
tiempo en Pekín, hace subir a 9,000 las víctimas en cada año. Ese
número es tambien el que fijan otros viajeros. Todos los días, al
amanecer, recorren las calles algunos carros i recojen las
criaturas abandonadas durante la noche. Esas criaturas son
arrojadas luégo
a un gran foso que hai fuera de las murallas, Los misioneros
cristianos suelen seguir a los conductores de los carros para
quitarles los
nulos vivos aún, a quienes salvan i bautizan. Cuando los
misioneros no llegan a tiempo, los recojedores no hacen distincion
de vivos ni de muertos, i todos los expósitos son llevados al
carnero comun.
Es hecho observado que todos los pueblos infanticidas han
destruido con más encarnizamiento a las mujeres. En Esparta, todos
los que nacian endebles eran arrojados al abismo Taijeto, llamado
simplemente
|el depósito. En Tébas era prohibido matar a los
niños; pero los pobres podían presentar sus hijos a la autoridad, i
ésta los vendia como esclavos, a beneficio del erario. Los hebreos,
- que creian accion meritoria
|aumentar las almas del pueblo de
Israel,-solian tambien exponer a sus niños. Cuando éstos eran
abandonados en las sinagogas o en ls inmediaciones de las ciudades,
i estaban circuncidados, se les criaba i educaba como a
|bastardos; pero si se les encontraba léjos de poblado i en
la vera de los caminos, se les tenia por
|ilejítimos, i se
excluía de la ciudadanía a ellos i a sus descendientes hasta la
sesta jeneracion.
Aristides decia que se debie hacer abortar a las mujeres demasiado
fecundas.
La exajeracion respecto de la potestad paterna, condujo siempre a
los romanos a la comision de muchos delitos. Rómulo mandó que se
conservase la vida solo a la primojénita; la lei permitia matar a
los hijos deformes o enfermizos, i vender a los sanos; el aborto
llegó a ser una arte, i no era castigado sino cuando se probaba que
se había provocado con el objeto de perjudicar al marido. Papiano
declaró que el feto no era una criatura humana sino hasta despues
de que viese la luz. El padre que, al nacerle un lujo, no lo
levantaba del suelo, daba a entender que no lo reconocía, i eso
bastaba para que los criados lo arrojasen a la calle. Lo mismo se
hacia cuando los astrólogos vaticinaban mál respecto del recien
nacido. Las hijas eran expuestas hasta por los ricos, i Menandro
decia que la hija era "un peculio oneroso e incómodo." El romano
que encontraba a su paso un niño deforme, lo que era tenido como
ominoso, lo lanzaba léjos de sí. Cuando el padre dudaba de la
lejitimidad del nacido, lo hacia exponer.
Los normandos lanzaban los nulos al aire, i se divertian
recibiéndoles en la punta de sus lanzas.
Estas cosas, aunque mui antiguas, duran todavía. Las mujeres de la
isla Formosa no tienen hijos hasta los
|35 años, porque su
relijion les dice que es un gran pecado i una gran vergüenza
tenerlos antes de esa edad. Mackenzie dice q e las mujeres de
Knistenanx abortan por ahorrarse el trabajo de criar a sus hijos.
Ellis refiere que los esquimales hacen abortar a sus mujeres, para
que la familia no se aumente; i lo mismo afirma Denis de varias
tribus de la América del Norte, máxime si la mujer resulta en cinta
miéntras está criando. En las islas Kurilis, se mata siempre a uno
de los mellizos; i los indios americanos de las cercanías de
Berbice los matan a ámbos, por tenerlos como prueba inconcusa de
infidelidad. En la Hotentocia i en la Nueva Holanda, se sacrifica
al jemelo más feo o más endeble. Carari refiere que en las islas
Filipinas se metia a los niños deformes entre el hueco de las cañas
i se les enterraba vivos. En Grinlandia, cuando muere la madre, se
sepulta con ella a la criatura que está aún en lactancia. Gumilla
refiere que las indias del Orinoco cortan el ombligo, de raíz, a
sus hijas, para que perezcan en seguida. En algunas islas del
Pacífico, los infanticidas, - delito que allá es una profesion,-
gozan de muchos privilejios i distinciones, puesto que se les aloja
i se les viste mui bien, i casi se les reverencia. En Otaheite, a
los hijos de padre noble i de mujer plebeya, i al contrario, se les
mata al nacer, para evitar las mezclas de sangre. Las mujeres,
entre los abipones, matan a sus hijos para que sus maridos no
las
abandonen mientras los crian, segun es costumbre. Hoi mismo, entre
los pueblos cultos, vese a las madres exponer a sus hijos en los
atrios de los templos i en otros parajes. Durante la Edad Média, el
infanticidio alcanzó proporciones enormes.
En algunas partes, corno en China, el infanticidio se esplica por
la pobreza, i porque allá la mujer es más infeliz que el asno,
animal
|que es compañero suyo en el trabajo; en
|otras,
débese a la corrupción de las costumbres. En Esparta su razon de
ser era la fortaleza de la raza; en Roma, el orgullo de los
ciudadanos, que hacia mirar como
|cosas a los hombres que no
gozaban de aquella condicion; i en muchas naciones, un simple
espíritu supersticioso.
Creencia ha sido casi universal, principalmente entre los
antiguos, que el dón más precioso que podía hacerse a los dioses
era entregarles los hijos. Moisés mismo dijo algo a este respecto,
al hablar de la fidelidad de Abraham. Todos los primojénitos de
Ejipto, hombres i animales, - desde el hijo de Faraon hasta el del
más humilde esclavo, -fueron sacrificados, en una noche, para
castigar la dureza de aquel rei.
Moa sacrificó a su primójenito delante de Edon, para merecer la
victoria. Agamenon sacrificó a su hija Efijenia, para apaciguar a
Diana. Amilcar, al recibir un mensaje funesto, inmoló un niño a
Krono; i cuando el senado de Cartago supo que Aníbal había ganado
las batallas de Ticino i de Tribia, propuso que se sacrificara el
hijo de aquel celebre guerrero, en homenaje a los dioses.
Sitiada una vez Cartago por un grande ejército, fueron
sacrificados 200 niños, de las principales familias, a fin de hacer
propicios a los dioses i de salvar la ciudad:
Hacon, rei de Noruega, ofreció su hijo único a 0din, en cambio de
una victoria sobre Harold; i Harold sacrificó dos de sus hijos a
los ídolos, para que éstos produjesen una
|borrasca que
destruyera la escuadra enemiga. Los mejicanos inmolaban niños
nobles en ciertos dias del año; i cuando algun peruano principal
caia enfermo, hacia matar a su primojénito i bebia la sangre como
remedio. Los kamtchakcas matan a los niños que nacen durante las
tormentas, para aplacar así la cólera del cielo. En muchas islas
del Mediodía se mata a los niños que nacen en el tiempo
correspondiente a nuestro mes de marzo, por creerlos causa ulterior
de miserias i de desastre. Finalmente, en Ceilan i en Madagascar,
se mata tambien a los niños, como entre los romanos, cuando
|los sacerdotes declaran que han nacido bajo la influencia de
estrellas malignas.
Esas analojías, por mas íntimas que sean, no prueban, sinembargo,
que haya ninguna relacion directa entre las naciones; no son pura i
simplemente una derivación lójica de la unidad de la especie
humana. Asi como los animales i las plantas orijinarios de la misma
latitud, al norte o sur del Ecuador, son siempre los
|mismos; el hombre es, también, siempre el mismo, dondequiera
que habite. Esos rasgos, esas semejanzas que pasman a primera
vista, son pura i simplemente los eternos rasgos de su fisonomia
|
moral unica.
El cristianismo, que es la gran fuerza moderna civilizadora, hace
cerca de veinte siglos
que lleva a todas partes su luz
|i su misericordia. Fué él
el primero en declarar que era un gran delito dar muerte a los
niños.
tiempo de Marco-Aurelio, dijo Antagoras:
"Las mujeres que emplean medios para abortar, darán cuenta a Dios
de ello." Tertuliano observó que no había diferencia entre quitar a
un hombre la vida e impedir el nacimiento
- una criatura. San Justino decia: "Es propio do malvados exponer
a los recien nacidos; i si éstos mueren, serán reos de muerte los
que los expongan."
En el siglo II de nuestra éra, yá los juris- - cosultos romanos se
espresaban así, por boca de Paulo-Emilio : "' homicida no solo el
que ahoga a un niño o el seno de una madre, sino tambien el que
abandona, el que le niega los alimentos i el que lo expone."
Posteriormente la Iglesia escluyó de la comunion de los fieles a
los infanticidas; pena que fué bajada en 314 de nuestra éra, por el
Concilio de Ancira, a diez años de penitencia.
En tiempo de Constantino se establecieron asilos para los niños
expósitos, i en los templos mismos se ponian cunas paja recibirlos.
|En el año de 315, este
|gran príncipe, combatiendo el
infanticidio, hizo avisar a todos los pueblos de Italia, por medio
del prefecto del Pretorio, que se darian fondos de su tesoro
particular a los que presentasen niños pobres. Justiniano calificó,
a los infanticidas, de "jentes que han llegado al colmo de la
barbarie i de la crueldad, peores que los homicidas, por cuanto
asesinaban a séres más débiles." En las capitulares de los reyes
francos, ya cristianos, se hace mencion de asilos de expósitos. En
785, Pateo, arcipreste de la iglesia, estableció en Milan una casa
de expósitos. Imitó su ejemplo Mompeller en 1062, i Paris en 1070.
En el siglo XIII, la órden hospitalaria del Espíritu Santo los
estableció en Marsella, en Bérgamo i en Roma. Venecia tuvo casas de
expósitos desde 1380, i Florencia desde 1444. De ahí para adelante,
la enumeracion se hace difícil: baste decir que desde entónces se
arrebataron al frio, a el hambre, a la esclavitud i a los perros,
millares de víctimas, tan tiernas como inocentes, las que fueron
destinadas en Roma, al estado eclesiástico; en Nápoles, al
ejército; en España, a la nobleza,.i en Rusia a las artes
liberales.
Si hemos colocado la esclavitud entre las plagas que azotaban a
los expósitos, débese a que habia jentes que los recojian para
venderlos despues como esclavos, i ótras para especular de
diferentes modos, muchos de ellos infames. San Vicente de Paul, que
se ocupaba en recojer en las calles a los niños abandonados, vió un
dia a un mendigo que hacia lo mismo, i corrió hacia él para darle
las gracias i para bendecirlo. Mas, ¡cuál fué su estupor cuando vió
que el mendigo estaba dislocando los huesos a un expósito, para
despertar luego, por este medio, la caridad, i recojer limosnas
!
Arrebató pues la criatura al infame, i díjole: "Bárbaro, desde
léjos me habias parecido un hombre!" Las Hermanas de la caridad,
por el influjo de este santo, se han constituido en el mundo en
madres de los niños desamparados. Es por eso por lo que suele
pintársele subiendo a los cielos, conducido por las almas do los
huérfanos agradecidos.
|
(1)
Al concluir la rústica defuncion, dijo el viajero demás edad a su
jóven compañero
-Tóma dos maderos, i haz con ellos i con un mimbre una pequeña
cruz. Si esa criatura, que hemos devuelto al seno de la tierra,
hubiera respirado aún cuando la encontrámos, la habríamos bautizado
í habríamos tratado de salvarla. No nos ha sido dado eso, pero
debemos ponerla, al ménos, bajo el amparo de se augusto
simbolo.
Hecha la cruz, fué elevada sobre la tumba i sostenida con piedras.
En seguida los dos desconocidos se arrodillaron i oraron. Al
concluir, una linda i pequeña ave cantó, con trinos dulces i como
agradecidos, entre el follaje de un árbol. Los dos viajeros se
alejaron, i el sol tendió su último rayo, lleno de fuego, sobre la
derruida pagoda, sobre la tumba abandonada i sobre el bosque.
|
(1)
|
Al presente, el infanticidio es
todavía un crimen mui frecuente en la India, ya porque los gastos
de boda son enormes, segun la costumbre, ya porque se tiene como
vergonzoso tener hijas mayores de edad sin casar. Sinembargo,
parece que las causas principales de esta costumbre horrible, son
un artículo del Código de Manú, por el cual se autoriza la
repudiacion de la esposa que no da a luz sino mujeres, i el
desprecio social absoluto por éstas. Ultimamente se ha formado en
Bengala un partido intitulado la
|ven India, que representa
a los
|babone o clase média, el cual tiene en mira favorecer
la instruccion de la mujer! combatir, de firme, el mandato
sacerdotal que obliga a las viudas a llevar una vida servil i
despreciable.
|