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IMINA

 

LOS INFANTICIDAS

 

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Es de noche.
Tenemos delante de nosotros una selva tupida, por entro cuyo follaje sombrío penetran los rayos de una hermosa luna sobre nuestras se dilata, en limbo incierto, un cielo cóncavo, entro negro i azul-turquí, lleno
de rutilantes astros, i cerca hai un mar, que acaricia con ósculos desfallecidos el lindo de una playa desierta. Es el mar de Bengala.
Acá i allá vapores tenues - cortinajes celestes desgarrados - bajan hasta las ondas o suben hasta el éter. Las sombras lejanas parecen montañas las palmas i los bambús, enormes i aislados, se hacen medrosos a la
vista; tiemblan los jarales al paso de las fieras, i Hacia el Norte i hacia el Mediodía se perciben ruidos estraños, mujidos acaso del trueno o del huracan. Por dondequiera se sien- ten palpitaciones desconocidas, i por dondequiera el aire-ambiente, tibio desde luego, esparce, con lujo, los aromas de millares de
plantas en flor.


Por lo deformes, por lo misteriosos, por sus enlaces con la noche, tanto el cielo como la tierra, tanto la ciudad como el rio, parecen ser un embrion jigantesco. El horizonte, sin soluciones de continuidad, no empieza ni termina en ninguna parte.
Qué hora es?
No podernos determinar la hora. La altura de los astros, por la latitud del sitio, pudiera inducirnos a error. Ademas, ésta en que nos encontramos parece una noche perpetua. Su esplendidez es la perfeccion en la melancolía. Sus luces son las sombras; sus ruidos son el silencio; i el rio sagrado que, por entre plátanos i cañas, rueda i murmura, ántes que rio, lo que parece es un boa constrictor de dimensiones apocalípticas.
Esta noche, así bella, así tranquila, así clara, así odorante, ¿qué es sino un verdadero cuadro del paraíso despues de la caída del primer hombre? Si algun pincel humano pudiera dibujarla, se la tomaria, nó por una realidad, sino por una mentira poética.... Sinembargo, ¿qué es ella, sino una pájina, en borron, del gran poema oriental! Estamos en el delta enorme del Gánjes, cerca del Hougly, que es uno de sus brazos, i entre esa ciudad blanca i esa ciudad negra que, reunidas, se llaman Calcuta.
El suelo que pisamos es bajo i pantanoso.
A unos cincuenta pasos de nosotros, prisioneras entre troncos seculares i lianas enormes, distínguense las gruesas, derruidas i marmóreas paredes de una pagoda, ayer templo, hoi juguete vil de la selva: de la selva, que la estrecha por todas partes, por odio a la civilizacion. ¿Quién diria que los jenios del bosque no tienen pasiones e intereses, que no tienen amor i fe ? ¿Quién diria que esos mimbres robustos no son otras tántas serpientes que ahogan a ese templo, injuria i perturbacion de una virjinidad secular?
Vedlo: es el mangle que espulsa la idea...
Son los faunos que echan a los sacerdotes indios de sus abrigos nemorosos....
El mármol, vencido, ha caido en pedazos a todos lados; las raíces se afianzan yá en las junturas, i los musgos rellenan las estrías....
No hai ahí lámparas, vasos ni seda no hai sino maleza, reptiles, humedad i pavor. Un templo abandonado es como el sepulcro de una relijion que ha muerto… porque ¡ai! tambien mueren los sentimientos relijiosos i las teogonías! La fe de ayer es el escarnio de hoi.
Escuchad se oye un ruido como de pisadas ; las hojas secas traquean, i álguien sacude o aparta las ramas abatidas de los árboles. Quién viene? ¿Es la serpiente o es la fiera? En este país cada sér es un monstruo.
Ha aparecido una sombra, i esa sombra se mueve. ¿Es el elefante, de enorme cabeza, o es el leon, de undosa melena? ¿Es el tigre real, con sus ojos de vidrio caldeado? ¿Es, acaso, algun viejo crótalo, de escamas roñosas i sonoros anillos?...
Huyamos!
Pero nó, iS es nada de eso. Tranquilicé monos: es una india, es una pobre mujer que trae en su mano una pequeña cuna i; su pezon una niña dormida.
Esa mujer solloza, - en lugar de cantar, como lo hacen las madres afortunadas. Por qué?
Observémosla: es joven; su estatura es pequeña i sus formas son tornátiles. Sus largos cabellos, separados por el medio de la cabeza a estilo nazareno, le caen hasta m abajo de su llena cintura. Tiene el pecho, 1 espalda i los brazos al descubierto, i su desnudez seria completa, a no ser por el cintillo i los brazaletes que le sirven de adorno. Estos atavíos son de cobre bruñido i de perlas falsas. Bela cintura para abajo, la cubren una enaguas blancas, altas i de poca anchura; sus piés, que son mui pequeños, están descalzos i de uno de sus brazos, batido por las brisa nocturnas, lijero i de la misma tela i d mismo color que las enaguas, pende un rebozo o alquicel sencillo.
¿Qué viene ahacer esa mujer en el bosque?
Esa mujer, despues de suspender de rama interior de un árbol su pequeño cesto de juncos, ha puesto en él a la niña, siempre dormida, i la ha cubierto con la mitad de manta, que, para ello, ha partido en dos pedazos iguales. Ha hecho más : es madre i todas las precauciones, cuando se trata de u hijo, son siempre pocas para una madre - recojido, en el suelo, algunas ramas caidas, ha construido con ellas una especie de tinglado, lo más espeso posible, para que a esté su hija a cubierto de los insectos venenosos. Hai tántos en ese bosque fecundo!...
Ademas, ¿por qué no tomar algunas medidas contra la rapacidad de los cuervos bengaleses? Al concluir, la india se ha dicho:
-Así no le molestarán mucho, mañana, los rayos del sol…
Pudiera pensarse, por esas palabras, que la mujer de quien nos ocupamos iba a emprender algun corto viaje, i que, en el ínterin, confiaba su hija a la soledad, no teniendo a nadie, en este mundo, a quien confiársela; pero no era así: la que iba a hacer un viaje, i nó corto, era la niña. Se la habia embarcado, por decirlo así, para la eternidad. En ese esquife de mimbres i con esa vela de linon, se hallaba yá en la alta mar de ese viaje de que no se regresa jamas, llamado |la muerte.
Se trataba, pura i simplemente, de un infanticidio. El infanticidio en la India es cosa de todos los dias |i de cada instante; i no es, siquiera, un delito ni una falta: es una costumbre.
Sinembargo, la naturaleza tiene sus derechos, i tarde o temprano los reclama. La india, al alejarse, besó dulcemente a la niña, sobre el rostro de la cual cayeron dos o tres lágrimas abrasadoras. Eran el adios último. Dió luégo algunos pasos como persona que no tenia yá sino que irse de aquel sitio; pero se detuvo de repente i juntó las manos en actitud suplicatoria, como pidiendo favor para otro, o perdon para sí misma.
-Concluyes, Imina ? preguntó desde la espesura un hombre, el acento del cual anunciaba algun desagrado.
-Aguárda, dijo la india, i, sin cambiar de actitud, sus labios modularon la siguiente oracion: "Dios mio! haced que mi pobre hija no despierte, para que muera sin volver a ver la luz i sin echar de ménos las caricias de su pobre madre! La sacrifico porque amo: es mujer, i nada tiene ella qué hacer qué esperar sobre la tierra… Feliz de mí.
si mi madre hubiera hecho conmigo lo mismo Su falta de valor me perdió. Mi corazon no ha sido sino una fuente de lágrimas. Cuánto mejor hubiera sido, para mí, no haber conocido otra existencia que la de tumba!"

La silueta del hombre que habia hablado apareció más acentuada en la penumbra, i el hombre dijo:

-Vamos parece que te cuesta mucho abandonar esa criatura. ¿Ignoras que la lei me autorizaba para quitarle la vida, si, llegada ella a la mayor edad, no hubiera podido casarse dignamente? Tú sabes que somos mui pobres, i es mejor que muera desde ahora. Marchemos!

Hombre i mujer se alejaron. Nadie hubiera podido creer que acababan de cometer un crimen.

La niña siguió durmiendo, con la sonrisa en los labios; i los rayos cobrizos del astro nocturno formaron, hasta el amanecer, sobre su pequeña cabeza, una pálida aureola.


¡ Cuán bello era aquel ánjel de la tierra que llamaba a las puertas del cielo!
El dia que siguió a aquella noche de hermosura i de misterios, fué tambien espléndido. Por todas partes se ostentaban los mismos objetos, solo que yá estaban revestidos con la veste traslúcida de la mañana. El cielo era entónces un inmenso zafiro, el mar i el rio dos imnensos cristales, i el bosque un jardin.
Toda la naturaleza sonreia; toda ella parecia hablar i amar ; toda ella vivia!
Al caer de la tarde de ese dia, dos viajeros que venian de visitar la pagoda en ruinas i que deseaban volver a su posada por la orilla del Hougly, pasaron por junto de la cuna abandonada, la cual estaba en la vera de uno de los muchos senderos que cruzaban el bosque. El mayor de edad de osos viajeros, hombre en toda la plenitud de la vida, dijo al menor, jóven de unos veinte años, esbelto i gracioso Lomo un Apolo:
-Míra Ayax; una especie de fruta mui comun en los bosques de este país.
Ayax se acercó a la cuna, i, al levantar el velo que la cubria, esclamó:
-Un niño dormido!
-Nó, observó gravemente el otro viajero: un niño muerto.
-Muerto? dijo Aya; i, al volver su mano derecha sobre el pecho de la criatura, añadió:
-En efecto, no late yá su corazon, i su cuerpo está frio, apesar del calor del clima.
-Ayax, el clima no puede nada contra el hielo de la muerte. Esta criatura debe ser hija de Imina.
-De la mujer del encantador de serpientes?
-Si. ¿No viste que estaba llorosa? A mas, recuérda que ella misma nos lo ha dicho esta mañana.
-Ahí, cuando la reprendió su marido porque no tocaba con bastante entusiasmo el pífano. Recuerdo que volvió los ojos húmedos hácia vos, i que os dijo "Perdon:
estoi triste porque he abandonado a mi hija.... |El (ese él era su marido) no lo es porque él no es madre."
-Estrañas, pero profundas palabras, Ayax. Se conoce que esa india tiene un corazon sensible. Nosotros los hombres somos crueles porque no somos madres. Aprénde a hacer poemas con dos palabras; i luégo se nos que se necesita ser un Homero o un Virjilio para hacer epopeyas.
-Pero no creo que todas las mujeres de este país sean como ella.
-Eso nó: Imina es de la isla de Madagascar, i pertenece a la clase |ibraíni, e llaman allá a patriarca Abraham. Por eso es blanca ; por eso cree en un Dios único en la vida futura, i en ánjeles i en espiritus mensajeros de la Divinidad.
-Pero quién os ha dicho todo eso? Habeís hablado con olla de esas cosas?
-Nó, Ayax: lo |sé.
-Pero vos no habíais visto a esa mujer antes.

-Nó, ni es probable que la vuelva a ver en mi vida. Sinembargo, |lo sé.
Ayax miró a su compañero de un modo estraño, casi estúpido; pero guardó silencio, por el mucho respeto que le tenia. Luégo dijo, todavía azorado un poco:
-Continuamos nuestro camino? Nada tenemos que hacer aquí.
-Te equivocas tenemos algo que hacer.
-Pero esa criatura está muerta.
-Por lo mismo.
-No comprendo. . . . Si al ménos hubiéramos llegado a tiempo de salvarla.
-Nó, Ayax esa criatura estaba perdida desde que nació.
-Por qué?
-Porque nació mujer i pobre, porque nació en miércoles.
-En miércoles?
-Sí yá te he dicho que Imina es de Madagascar - su marido, el encantador de serpientes, tambien es de allá - i en esa isla, los que nacen en miércoles o en viérnes, son sacrificados ineludiblemente, por cuanto se les tiene como personas aciagas.
-I si hubiéramos llegado a tiempo?
-Tampoco hubiéramos podido hacer nada. Esa criatura debió ser expuesta desde ayer sábado, al entrar la noche, que es la hora en la cual se cometen los infanticidios.
- I han bastado ménos de veinticuatro horas para que perezca?
-Oyeme: el infanticidio, que es de .práctica inmemorial en el Indostan, se consuma de varios modos. A las veces, se ahoga a los niños recien nacidos, en baldes llenos de leche; a las veces, se los estrangula al mismo nacer i a las veces, se les abandona en los bosques, para que los devoren las aves de rapiña; pero en este caso se les da, ántes, de mamar, con el pezon untado de opio.
-De opio?
-El opio los hace dormir profundamente, i pasan de la vida a la muerte, sin sentirlo.
-I esta criatura
-Basta verla, para comprender que ha conservado la postura en que la colocó su madre; lo que no hubiera sucedido si se le hubiera despertado.
-Madre decís? Es madre la que mata a sus hijos?
-Desgraciadamente, sí. Sinembargo, la pobre Imina ha resistido a su marido cuanto ha podido.
-Cómo lo sabeis
|-Lo sé; i si no fuera por el mucho miedo que le tiene, le habria desobedecido abiertamente. Eso lo observé, o, mejor dicho, lo supe, miéntras asistíamos al baile de las serpientes. Pero hagamos nuestra obra.
-Qué debemos hacer? preguntó Ayax.
-Debemos dar sepultura a esta niña.
-Nosotros?
-Por qué lo estrañas? Sabes las obras de misericordia?
-Me lo preguntais?
-Te lo pregunto, porque parece que las has olvidado. Pues bien, las obras de misencordia mandan enterrar a los muertos.
-Pero los indios…
-Los indios son hombres como nosotros.
Ayax se avergonzó.
Dicho eso, los dos viajeros buscaron un sitio a propósito i cavaron en él una pequeña fosa, para lo, cual se sirvieron de sus cuchillos de viaje. En ella depositaron, con cuna i todo, el cuerpo de la niña. Cubrieron despues a ésta con el pedazo de tela que le habia dejado su madre, i con musgo i con tierra.
Era yá tiempo, porque los cuervos salvajes, guiados por su instinto infalible, empezaban a ponerse en acecho sobre las ramas más altas
de los vecinos árboles.

El infanticidio, en la India, se ha practicado en una grande escala, i las víctimas preferidas han sido siempre las mujeres. En Cuteh, uno de los puntos en donde se han podido recojer datos, no bajaban los casos de 3,000 al año, i en Guzarate de 20,000. Por esas dos cifras, se puede calcular la estension del mal, siendo las rejiones de la India de una poblacion tan numerosa. El coronel Walker, gobernador de Guzarate, logró, gracias a su perseverancia i a su sagacidad,- la fuerza hubiera sido un medio malo, - estirparlo un tánto. Por eso ha merecido bien de la humanidad.
No se podria decir, con certeza, que el infanticidio es orijinario del Indostan, porque, a punto fijo, no se conoce la edad histórica de esas rejiones. Sinembargo, Diodoro refiere que todos los que nacían deformes eran
destruidos en Taprobana. (Taprobana era el nombre antiguo de la isla de Ceilan). En la China, país que tiene muchas analojías con la India, el infanticidio es una costumbre casi autorizada por la lei, i lo mismo sucede en la Polinesia. Mr. Barrow, que vivió algun tiempo en Pekín, hace subir a 9,000 las víctimas en cada año. Ese número es tambien el que fijan otros viajeros. Todos los días, al amanecer, recorren las calles algunos carros i recojen las criaturas abandonadas durante la noche. Esas criaturas son arrojadas luégo
a un gran foso que hai fuera de las murallas, Los misioneros cristianos suelen seguir a los conductores de los carros para quitarles los
nulos vivos aún, a quienes salvan i bautizan. Cuando los misioneros no llegan a tiempo, los recojedores no hacen distincion de vivos ni de muertos, i todos los expósitos son llevados al carnero comun.
Es hecho observado que todos los pueblos infanticidas han destruido con más encarnizamiento a las mujeres. En Esparta, todos los que nacian endebles eran arrojados al abismo Taijeto, llamado simplemente |el depósito. En Tébas era prohibido matar a los niños; pero los pobres podían presentar sus hijos a la autoridad, i ésta los vendia como esclavos, a beneficio del erario. Los hebreos, - que creian accion meritoria |aumentar las almas del pueblo de Israel,-solian tambien exponer a sus niños. Cuando éstos eran abandonados en las sinagogas o en ls inmediaciones de las ciudades, i estaban circuncidados, se les criaba i educaba como a |bastardos; pero si se les encontraba léjos de poblado i en la vera de los caminos, se les tenia por |ilejítimos, i se excluía de la ciudadanía a ellos i a sus descendientes hasta la sesta jeneracion.
Aristides decia que se debie hacer abortar a las mujeres demasiado fecundas.
La exajeracion respecto de la potestad paterna, condujo siempre a los romanos a la comision de muchos delitos. Rómulo mandó que se conservase la vida solo a la primojénita; la lei permitia matar a los hijos deformes o enfermizos, i vender a los sanos; el aborto llegó a ser una arte, i no era castigado sino cuando se probaba que se había provocado con el objeto de perjudicar al marido. Papiano declaró que el feto no era una criatura humana sino hasta despues de que viese la luz. El padre que, al nacerle un lujo, no lo levantaba del suelo, daba a entender que no lo reconocía, i eso bastaba para que los criados lo arrojasen a la calle. Lo mismo se hacia cuando los astrólogos vaticinaban mál respecto del recien nacido. Las hijas eran expuestas hasta por los ricos, i Menandro decia que la hija era "un peculio oneroso e incómodo." El romano que encontraba a su paso un niño deforme, lo que era tenido como ominoso, lo lanzaba léjos de sí. Cuando el padre dudaba de la lejitimidad del nacido, lo hacia exponer.
Los normandos lanzaban los nulos al aire, i se divertian recibiéndoles en la punta de sus lanzas.


Estas cosas, aunque mui antiguas, duran todavía. Las mujeres de la isla Formosa no tienen hijos hasta los |35 años, porque su relijion les dice que es un gran pecado i una gran vergüenza tenerlos antes de esa edad. Mackenzie dice q e las mujeres de Knistenanx abortan por ahorrarse el trabajo de criar a sus hijos. Ellis refiere que los esquimales hacen abortar a sus mujeres, para que la familia no se aumente; i lo mismo afirma Denis de varias tribus de la América del Norte, máxime si la mujer resulta en cinta miéntras está criando. En las islas Kurilis, se mata siempre a uno de los mellizos; i los indios americanos de las cercanías de Berbice los matan a ámbos, por tenerlos como prueba inconcusa de infidelidad. En la Hotentocia i en la Nueva Holanda, se sacrifica al jemelo más feo o más endeble. Carari refiere que en las islas Filipinas se metia a los niños deformes entre el hueco de las cañas i se les enterraba vivos. En Grinlandia, cuando muere la madre, se sepulta con ella a la criatura que está aún en lactancia. Gumilla refiere que las indias del Orinoco cortan el ombligo, de raíz, a sus hijas, para que perezcan en seguida. En algunas islas del Pacífico, los infanticidas, - delito que allá es una profesion,- gozan de muchos privilejios i distinciones, puesto que se les aloja i se les viste mui bien, i casi se les reverencia. En Otaheite, a los hijos de padre noble i de mujer plebeya, i al contrario, se les mata al nacer, para evitar las mezclas de sangre. Las mujeres, entre los abipones, matan a sus hijos para que sus maridos no las
abandonen mientras los crian, segun es costumbre. Hoi mismo, entre los pueblos cultos, vese a las madres exponer a sus hijos en los atrios de los templos i en otros parajes. Durante la Edad Média, el infanticidio alcanzó proporciones enormes.


En algunas partes, corno en China, el infanticidio se esplica por la pobreza, i porque allá la mujer es más infeliz que el asno, animal |que es compañero suyo en el trabajo; en |otras, débese a la corrupción de las costumbres. En Esparta su razon de ser era la fortaleza de la raza; en Roma, el orgullo de los ciudadanos, que hacia mirar como |cosas a los hombres que no gozaban de aquella condicion; i en muchas naciones, un simple espíritu supersticioso.
Creencia ha sido casi universal, principalmente entre los antiguos, que el dón más precioso que podía hacerse a los dioses era entregarles los hijos. Moisés mismo dijo algo a este respecto, al hablar de la fidelidad de Abraham. Todos los primojénitos de Ejipto, hombres i animales, - desde el hijo de Faraon hasta el del más humilde esclavo, -fueron sacrificados, en una noche, para castigar la dureza de aquel rei.
Moa sacrificó a su primójenito delante de Edon, para merecer la victoria. Agamenon sacrificó a su hija Efijenia, para apaciguar a Diana. Amilcar, al recibir un mensaje funesto, inmoló un niño a Krono; i cuando el senado de Cartago supo que Aníbal había ganado las batallas de Ticino i de Tribia, propuso que se sacrificara el hijo de aquel celebre guerrero, en homenaje a los dioses.
Sitiada una vez Cartago por un grande ejército, fueron sacrificados 200 niños, de las principales familias, a fin de hacer propicios a los dioses i de salvar la ciudad:
Hacon, rei de Noruega, ofreció su hijo único a 0din, en cambio de una victoria sobre Harold; i Harold sacrificó dos de sus hijos a los ídolos, para que éstos produjesen una |borrasca que destruyera la escuadra enemiga. Los mejicanos inmolaban niños nobles en ciertos dias del año; i cuando algun peruano principal caia enfermo, hacia matar a su primojénito i bebia la sangre como remedio. Los kamtchakcas matan a los niños que nacen durante las tormentas, para aplacar así la cólera del cielo. En muchas islas del Mediodía se mata a los niños que nacen en el tiempo correspondiente a nuestro mes de marzo, por creerlos causa ulterior de miserias i de desastre. Finalmente, en Ceilan i en Madagascar, se mata tambien a los niños, como entre los romanos, cuando |los sacerdotes declaran que han nacido bajo la influencia de estrellas malignas.
Esas analojías, por mas íntimas que sean, no prueban, sinembargo, que haya ninguna relacion directa entre las naciones; no son pura i simplemente una derivación lójica de la unidad de la especie humana. Asi como los animales i las plantas orijinarios de la misma latitud, al norte o  sur del Ecuador, son siempre los |mismos; el hombre es, también, siempre el mismo, dondequiera que habite. Esos rasgos, esas semejanzas que pasman a primera vista, son pura i simplemente los eternos rasgos  de su fisonomia | moral unica.


El cristianismo, que es la gran fuerza moderna civilizadora, hace cerca de veinte siglos
que lleva a todas partes su luz |i su misericordia. Fué él el primero en declarar que era un gran delito dar muerte a los niños.
tiempo de Marco-Aurelio, dijo Antagoras:
"Las mujeres que emplean medios para abortar, darán cuenta a Dios de ello." Tertuliano observó que no había diferencia entre quitar a un hombre la vida e impedir el nacimiento
- una criatura. San Justino decia: "Es propio do malvados exponer a los recien nacidos; i si éstos mueren, serán reos de muerte los que los expongan."
En el siglo II de nuestra éra, yá los juris- - cosultos romanos se espresaban así, por boca de Paulo-Emilio : "' homicida no solo el que ahoga a un niño o el seno de una madre, sino tambien el que abandona, el que le niega los alimentos i el que lo expone."
Posteriormente la Iglesia escluyó de la comunion de los fieles a los infanticidas; pena que fué bajada en 314 de nuestra éra, por el Concilio de Ancira, a diez años de penitencia.


En tiempo de Constantino se establecieron asilos para los niños expósitos, i en los templos mismos se ponian cunas paja recibirlos. |En el año de 315, este |gran príncipe, combatiendo el infanticidio, hizo avisar a todos los pueblos de Italia, por medio del prefecto del Pretorio, que se darian fondos de su tesoro particular a los que presentasen niños pobres. Justiniano calificó, a los infanticidas, de "jentes que han llegado al colmo de la barbarie i de la crueldad, peores que los homicidas, por cuanto asesinaban a séres más débiles." En las capitulares de los reyes francos, ya cristianos, se hace mencion de asilos de expósitos. En 785, Pateo, arcipreste de la iglesia, estableció en Milan una casa de expósitos. Imitó su ejemplo Mompeller en 1062, i Paris en 1070. En el siglo XIII, la órden hospitalaria del Espíritu Santo los estableció en Marsella, en Bérgamo i en Roma. Venecia tuvo casas de expósitos desde 1380, i Florencia desde 1444. De ahí para adelante, la enumeracion se hace difícil: baste decir que desde entónces se arrebataron al frio, a el hambre, a la esclavitud i a los perros, millares de víctimas, tan tiernas como inocentes, las que fueron destinadas en Roma, al estado eclesiástico; en Nápoles, al ejército; en España, a la nobleza,.i en Rusia a las artes liberales.
Si hemos colocado la esclavitud entre las plagas que azotaban a los expósitos, débese a que habia jentes que los recojian para venderlos despues como esclavos, i ótras para especular de diferentes modos, muchos de ellos infames. San Vicente de Paul, que se ocupaba en recojer en las calles a los niños abandonados, vió un dia a un mendigo que hacia lo mismo, i corrió hacia él para darle las gracias i para bendecirlo. Mas, ¡cuál fué su estupor cuando vió que el mendigo estaba dislocando los huesos a un expósito, para despertar luego, por este medio, la caridad, i recojer limosnas !
Arrebató pues la criatura al infame, i díjole: "Bárbaro, desde léjos me habias parecido un hombre!" Las Hermanas de la caridad, por el influjo de este santo, se han constituido en el mundo en madres de los niños desamparados. Es por eso por lo que suele pintársele subiendo a los cielos, conducido por las almas do los huérfanos agradecidos. | (1)
Al concluir la rústica defuncion, dijo el viajero demás edad a su jóven compañero
-Tóma dos maderos, i haz con ellos i con un mimbre una pequeña cruz. Si esa criatura, que hemos devuelto al seno de la tierra, hubiera respirado aún cuando la encontrámos, la habríamos bautizado í habríamos tratado de salvarla. No nos ha sido dado eso, pero debemos ponerla, al ménos, bajo el amparo de se augusto simbolo.
Hecha la cruz, fué elevada sobre la tumba i sostenida con piedras. En seguida los dos desconocidos se arrodillaron i oraron. Al concluir, una linda i pequeña ave cantó, con trinos dulces i como agradecidos, entre el follaje de un árbol. Los dos viajeros se alejaron, i el sol tendió su último rayo, lleno de fuego, sobre la derruida pagoda, sobre la tumba abandonada i sobre el bosque.

 

(1) Al presente, el infanticidio es todavía un crimen mui frecuente en la India, ya porque los gastos de boda son enormes, segun la costumbre, ya porque se tiene como vergonzoso tener hijas mayores de edad sin casar. Sinembargo, parece que las causas principales de esta costumbre horrible, son un artículo del Código de Manú, por el cual se autoriza la repudiacion de la esposa que no da a luz sino mujeres, i el desprecio social absoluto por éstas. Ultimamente se ha formado en Bengala un partido intitulado la  |ven India, que representa a los |babone o clase média, el cual tiene en mira favorecer la instruccion de la mujer! combatir, de firme, el mandato sacerdotal que obliga a las viudas a llevar una vida servil i despreciable.

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