VII
Rayó la aurora del dia de la mayor edad de Huascar. El pueblo
saludola con gritos de placer i con bandas de música, que
recorrian, seguidas de la multitud vestida de gala, las calles
principales de la populosa Cuzco.
Pronto el sol se levantó brillante en el estremo azul del
horizonte, trayendo con su luz, como acontece siempre en los dias
de grandes fiestas nacionales, el contento a todos los corazones i
la alegría a todos los semblantes.
El Cuzco, situada en el centro de un hermoso valle, i bañada por
riachuelos cristalinos, cuyas linfas reflejan sus amarillentos
edificios entre el verde oscuro de las arboledas de sus mil
jardines, ostetaba sus calles, largas i angostas, revestidas de
olorosas flores, i adornadas de trecho en trecho con jarrones de
plata, en que ardian resinas esquisitas, embalsamando el aire i
poblándolo con el humo blanquecino que despedian sus senos
candentes. Centenares de estandartes de astas de oro andaban al
manso viento sus colores de iris, en las altas cúpulas de los
templos; en medio de los cuales se alzaba el Coricancha,
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majestuoso i
resplandeciente como el astro a que estaba levantado.
Acia el Norte i sobre la áspera sierra que limita la santa
ciudad por aquel lado, veiase jigantesca e inespugnable la gran
fortaleza que la defendía, coronadas de lujosos gallardetes sus
estucadas almenas, i erizadas de guerreros, cuyas bruñidas
huallacangas, heridas por los rayos del dia, irradiaban centellas
sin fin.
El Cuzco fué fundada ácia el año de 1043 por Manco Capac, i era
la residencia habitual de los incas. Entre los muchos monumentos
que la adornaban en la época a que esta historia se refiere, eran
notables su fortaleza i sus dos soberbias calzadas, largo de
quinientas leguas, que iban de ella a Quito - una siguiendo la
direccion paralela a la costa, que era la ura-ñan (via baja); otra
al traves de las montañas, que era la sahua-ñan (via alta).
Su fortaleza, la mas importante de todo el país, estaba
defendida, ácia el lado de la ciudad, por una hilera de sólida
muralla, de mil doscientos piés de estension; i ácia el lado
opuesto, el mas fácil para el ataque, por dos hileras del mismo
largo i solidez. Componíase de tres torres separadas. Era la
primera la torre del Tuca, i estaba adornada mas rejia que
militarmente. La segunda i la tercera eran las de la guarnicion,
compuesta de ñusticuna i bajo las órdenes de un príncipe de la
sangre.
Tenía ademas esta fortaleza varias galerias subterráneas, que
comunicaban con la ciudad i los palacios del Inca. Era toda de
piedra viva. Empleáronse en su construccion cincuenta años i mas de
veinte mil obreros; i léjos de ser un alcázar o ciudadela aislada,
era el gran centro de las fortificaciones de todo Tavantinsuyu, i
de defensa militar, segun la táctica guerrera de aquel entónces
remoto. Atribúyese su edificacion a Yupanqui, onceno inca, llamado
el
|piadoso.
Estaba el Cuzco dividido en cuatro barrios, cada uno de los
cuales coincidia con los cuatro puntos cardinales del Globo, i daba
albergue en su seno a la infinidad de peregrinos i viajeros que
venian de las provincias a visitarlo; sin que fuese permitido a
ninguno de ellos hospedarse en otro barrio distinto de aquel que le
estaba señalado, ni variar el traje peculiar de su tribu.
Mas el lector no podrá formarse una idea completa de la
espléndida metrópoli del reino inca, si no tiene en cuenta que en
ella, ademas de los templos del Sol i de los palacios reales, que
eran muchos, los curacas o gobernadores de las provincias, por lo
regular, se hacian costruir en sus alrededores magnificas moradas
para cuando residian en la corte; a lo que si se agrega el tren de
pajes, criados i guardias de honor, tendrá que convencerse de que
el Cuzco era una ciudad tan populosa i rica, como lo es hoi la
Trinovante de los antiguos bretones, o la Lutecia de los
francos.
Con todo, la mejor descripcion que puede darse del Cuzco es la
que dió el año de 1825 el Jeneral Florencio O' Leary, a saber;
«Cuzco me interesa infinito. Su historia, sus fábulas i sus minas
son encantadoras. Esta ciudad puede con razon llamarse la Roma de
América. La hermosa fortaleza en el lado del Norte de la ciudad, es
su Capitolio; i el templo del Sol su Coliseo. Manco Capac fué su
Rómulo; Viracocha su Augusto; Huascar su Pompeyo; i Atahuallpa su
César. Los Pizarro, Almagro, Valdivia i Toledo, son los hunos,
godos i cristianos que la destruyeron. Tupac Amaru es su Belisario,
que le dió un dia de esperanza; i Pumacagua su Rienzi i último
tribuno.»
Como dijimos al principio de este capitulo, el pueblo había
saludado la salida del sol con grandes gritos de aplauso i de
contento. Los ñusticuna, seguidos de su servidumbre, lujosamente
vestida, i andando bajo palios de rica i esmaltada tela, iban de
sus bellas mansiones al soberbio palacio del Inca, punto de reunion
de la comitiva.
Poco a poco la muchedumbre fué desapareciendo de las calles i
plazas del centro de la ciudad, juntándose en sus barrios
respectivos, a esperar la hora de la partida.
Tuvo lugar esta cerca de medio dia, i en el órden siguiente:
Primero desfilaron cerca de cinco mil honderos, en bandas de a
diez, cada una con un jefe vestido de rojo, i dos grandes plumas
azules cruzadas sobre su gorreta blanca. La jente de tropa vestía
jubones de algodon divisados de escarlata.
Seguía despues Huayna Capac, llevado en hombros de sus mas
leales i nobles servidores, en unas andas de oro macizo,
incrustadas de esmeraldas de tamaño diverso, i en cuyas
estremidades había dos arcos de aquel metal, sirviendo de preciada
cornisa a las cortinas de luciente grana que lo cubrian de las
miradas de la multitud jeneralmente, pero que por entónces estaban
plegadas sobre una efijie del sol, ácia la parte superior de su
espalda. Esta efijie era toda de pedrería.
Vestía Huayna Capac un traje de fina lana de vicuña con alamares
de oro, en forma de túnica sin mangas, i que apénas le llegaba a la
rodilla.
Ceñía sus cabellos el llauta o turbante de colores, orlado con
el cordon rojo del imperio, de cuyo nudo brotaban caudales las
plumas vistosas del raro coraquenque
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. Sus largas orejas sostenian los estupendos
aretes de la órden, que, como sus brazaletes i sandalias, eran de
oro cincelado, esmaltado de piedras preciosas de subido valor, i
venian a reposar sobre sus hombros atléticos, junto con el suntuoso
manto de plumas que cubría la mayor parte de su cuerpo. La mirada
de Huayna Capac, sin dejar de ser altanera, era bondadosa i
apacible.
Rodeaban los ñusticuna a Huayna Capac esplendorosos, i llevando
todos algo a cuestas en señal de sumision. A derecha e izquierda
desfilaban los arqueros de la guardia, pomposamente ataviados, i
orgullosos de si i de su señor. Comandaba estas dos filas de
guerreros el bravo Sinchi, apu (capitan) de las guardias del
Inca.
Cerraba, por último, la marcha otro cuerpo de cinco mil
estolicas de tez bronceada por el sol de los combates, porte
belicoso i traje sencillo. A su frente iban Quizquiz i Challcuchima
con paso mesurado i ademan guerrero.
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Templo del sol.
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Ave, especie de fénix, que se criaba en los despoblados de
Villcanuta, treinta i tantas leguas al Sur del Cuzco: sus plumas
servian solo para adornar los llautas de los incas, i se castigaba
con la pena capital el matarla.
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