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IV



El sol acababa de ponerse, i, segun costumbre, Huayna Capac se había sentado a comer, rodeado de los ñusticuna de su servidumbre i de los camayucuna (oficiales) mas distinguidos del ejército. Mas, miéntras se conversaba éntre ellos de los graves asuntos del país, de los incidentes curiosos de la conquista de Quitus i de la fiesta espléndida del dia siguiente, pasaba en una de las mas apartadas estancias de palacio la escena que vamos a referir, i que acaso pueda interesar a nuestros lectores.

Era esta estancia un paralelógramo de veinte pasos de lado. Sus paredes, de argamasa petrificada i tersas como mármol, estaban revestidas de finísimas telas rojas bordadas de plata. Diez o doce pieles de bayo puma, i varios cojines de blando asiento, puestos en hilera, brindaban un mullido descanso. En las paredes había nichos ojivos con arbustos i pájaros manufaturados, resplandecientes de oro i Pedrería; i del techo colgaban cinco lámparas, que exhalaban un olor fragante i puro.

La puerta de esta hermosa estancia daba, como todas, a uno de los patios de palacio; i en ella conversaban, en dialecto estranjero, dos apusquipaycuna de porte airoso i traje distinguido.

- I bien, Quizquiz, decía el uno, no crées como yo que ha llegado el momento de obrar?

- Lo creo, Challcuchima, respondió el interpelado secamente.

- I opinas....?

- Opino lo que siempre, respondió Quizquiz con solemnidad: opino que ya hemos esperado demasiado que es mucha nuestra tardanza; que millares de yanacuna (esclavos) aguardan de nosotros la devolucion de su unancha (bandera- símbolo de libertad), i que ya es tiempo de devolvérsela, o de perecer.

- Silencio, Quizquiz! Una palabra, una sola palabra, i estamos perdidos. Justas son tus observaciones; pero tú bien lo sabes, nuestro Dios no nos ha favorecido.

- Pues ya es tiempo de que nos favorezca, o de perecer. Challcuchima! juremos por aquellas personas que nos son tan queridas, que ántes de dos lunas estaremos en marcha para Quitus.

- Quizquiz, dispon de mí, dijo Challcuchima con entereza.

Hubo entónces un largo rato de silencio, interrumpido solo por el rumor lejano del banquete del Inca, ménos frugal en aquella ocasión, i mas prolongado que de costumbre.

Quizquiz i Challcuchima continuaron pensativos en el quicial del aposento.

- Tienes la jente preparada? preguntó al fin el primero.

- Si

- Su número?

- Pasa de tres mil.

- No es el suficiente.

- Te respondo de su valor.

- Estoi seguro de él; pero eso no es bastante,

- Probemos.

- Es mucho esponer.

- Quizquiz! no mas vacilaciones; demos el golpe; yo te respondo del buen resultado. Fuera de los comprometidos, tenemos partidarios decididos en el ejército, simpatias entre los ñusticuna i el pueblo, i de Quitus mismo vendrán en nuestra ayuda millares de guerreros.

- Así es la verdad, Challcuchima; pero aun no estoi decidido por ese proceder ruidoso i desesperado. Lo que debemos buscar es la seguridad del éxito, i no el escándalo. Un contratiempo (lo mas natural), el mas leve contratiempo, i todo está perdido; i perdido para siempre: tu vida i la mía pagarán nuestra temeridad, i la libertad de Quitus se hará imposible. Tengo mas edad que tú, Challcuchima, i la esperiencia, a costa de mil vicisitudes, me ha enseñado a ser prudente. Nuestra idea de revolucionar el Cuzco para lograr nuestro intento, haciendo estallar sediciones en varios puntos, i provocando guerra a Huayna Capac en el corazon de sus dominios, al pedirle cara a cara, i con el estolica i la huallacanga en la mano, la libertad de Quitus, es propia de estos atrevidos conquistadores, ausiliados por el brio de su jenio i la pujanza de sus armas; pero no lo es de nosotros. Prudencia, Challcuchima, prudencia, i acaso llenemos nuestra mision.

- Sea como tu dices, Quizquiz; pero no desmentiriamos nuestra estirpe, ni faltariamos a nuestra palabra de fidelidad, pidiendo, como representantes de Quitus, en la mitad del dia i en su mismo tiana (silla o trono) a Huayna Capac, la libertad, sin condiciones, para nuestro pueblo; a reserva, eso sí, de demandársela como apusquipaycuna en el campo de batalla, caso que nos la niegue. Créeme, Quizquiz, esta conducta de parte nuestra, merecería el encomio de los presentes i futuros; i si no nos da la victoria, por lo ménos nos granjea la admiracion, i nos conserva el honor.

- Bello, mui bello es eso; tan bello, que es irrealizable. Huayna Capac nos desconocerá como representantes de Quitus; i si nos pronunciamos como apusquipaycuna, nos mandará ahorcar como rebeldes. Desengáñate, Challcuchima, no se trata de hacer ruido por medio de proyectos sorprendentes (al ménos eso creo yo): de lo que se trata es de dar un golpe seguro, que la justificacion vendrá mas tarde, caso que sea necesaria para hombres que pelean por su libertad perdida i sus derechos hollados .... ¿Qué razon plausible tuvo Huayna Capac para entrar a sangre i fuego en nuestro suelo pazífico, i no dejar de combatirnos basta que vió el iris de sus insignias tremolar sobre las cumbres del Pichincha? Ninguna, me dirás; pero eso qué importa? el guerrero, i principalmente el guerrero conquistador, solo debe preguntarse si puede lo que intenta, porque si puede, el resultado lo justifica todo. Nosotros, a diferencia de Huayna Capac, no movemos guerra por espíritu de conquista, sino por espíritu de libertad; i la movemos como podemos. Si nos derrotan, seremos traidores, es cierto pero tambien lo es que si vencemos, seremos héroes. Vamos, Challcuchima, depon tus recelos; i obremos como mas convenga a nuestros intereses, mejor dicho, a los de Quitus; i no como sea mas hermoso.

- Quizquiz, te he dicho que dispongas de mi como lo creas mas conveniente.

- No, yo nunca dispondré de ti, porque eso seria suponer que yo era el director de este negocio, el jefe de la conspiracion (porque es una verdadera conspiracion, amigo Challcuchima, agregó Quizquiz con sonrisa burlona);i la cosa es mui al contrario, Lo que haremos será que ninguno disponga del otro, para que ámbos podamos servir a un tiempo a nuestra causa.

- I bien, qué haremos?

- Si tú lo adoptáras, yo tengo concebido otro plan.

- Veámoslo.

- Plan tal vez ménos |noble que el primero (Quizquiz pronunció esta palabra con énfasis picaresca), el cual debemos abandonar enteramente; pero plan de una realizacion segura.

Al decir esto, Quizquiz se arrimó al oído de Challcuchima i le dijo algo, en voz tan baja, que nadie hubiera podido percibirlo, aun cuando hubiese estado a una línea de los dos. Challcuchima le oyó con imperturbabilidad, sin que los músculos de su cara se contrajesen, ni su corazon dejara oir el mas ténue latido, como hombre que estaba hecho a impresiones de todo jénero. Pero ese algo debió ser horrible sin duda, a juzgar por la mirada fija e inquisidora con que Quizquiz lo cubrió por mas de un segundo.

- Lo has meditado bien? preguntóle Challcuchima con frialdad.

-Por supuesto que sí.

- Pues manos a la obra.

- Es decir que no vacilas?

- Yo?

Había en este |yo de Challcuchima, todo el orgullo de un hombre que se rie del peligro.

- Está bien, añadió Quizquiz, veré al Umuc (hechicero). Acaso sea preferible el brevaje al dardo.

Un grupo de camayucuna de la servidumbre de Huayna Capac, que acertó a pasar por la puerta de la estancia en que tenía lugar el misterioso diálogo que estamos refiriendo, le puso término; pero no ántes de que Quizquiz dijese a Challcuchima:

- Importa mucho hablar esta misma noche a Atabalipa: en las grandes empresas nada debe desperdiciarse.

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