III
Dábase el nombre de amautacuna entre los de Tavantinsuyu a los
filósofos o sabios encargados de la conservacion i cultivo de la
ciencia en el país. Estaba ademas encomendada a estos la educacion
de los hijos de los ñusticuna, i especialmente la del auqui o
príncipe heredero.
Versaba esta educacion sobre la relijion i las tradiciones
históricas, la comprension i formacion del Quipus, su sistema de
escritura, i el lenguaje peculiar de los ñusticuna. Pero donde
sobresalía particularmente, era en el ramo militar, a causa de
haberse hecho la guerra la ocupacion favorita de los Naturales, por
la sed insaciable de incremento que desde Pachacutec, el
|conquistador, se había desarrollado entre los incas.
Reducíase la educacion militar al manejo de las armas, que
fabricaban de mimbre, chonta i cobre mezclados, por desconocer el
uso del fierro o los medios de su laboreo. Eran estas el huactana
(mazo), la turpuna (especie de alabarda), la tuccina (espada
corta), la huaraca (honda) i otras varias de que hemos hecho
mencion.
La huallacanga (rodela), que construian de dura piel de vagra,
era su única arma defensiva.
La carrera, el salto, la lucha i la natacion completaban el
aprendizaje.
Hácese subir hasta Roca, el
|prudente, la fundacion de los
establecimientos de enseñanza.
A unos mil o mil quinientos pasos de la sagrada Cuzco, capital
de Tavantinsuyu, i no léjos de un edificio de forma cuadrangular,
que se alzaba como una gran pirámide de granito entre el verde
follaje de las arboledas, i por cuyo frente corrian murmuradores
algunos arroyuelos, conversaban familiarmente un Amauta i
Huascar.
El sol tocaba ya en el meridiano, i el dia estaba brillante. Las
brisas de las montañas, reinantes en aquellos parajes, inpregnaban
el aire de floripondio i abancai. Cien pájaros de gayo color
cruzaban en tropa la atmósfera tranquila.
- Al fin, hijo del Sol, decía el Amauta a Huascar, va a llegar
el dia deseado de tu segunda edad. Los ñusticuna se preparan para
celebrarlo con pompa, el pueblo se regocija por él, i tu padre
mismo, abandonando el campo de sus triunfos, Ira venido desde el
distante Quitus a presenciarlo. Plegue a Aquel que da vida i
sostiene al Universo, colocarte bajo su mano protectora!
- Si, Amauta, Huascar contestó, ya va a llegar ese ansiado dia.
Pero ¡ai! tú no sabes cuánto, i sin saber por qué, la aproximacion
de ese dia lastima mi sér. Creo verlo venir bajo los funestos
auspicios de Cupay.
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- Lo sé, Huascar, lo sé; pero tú debes alejar de ti esos
presentimientos vanos, que, mas que otra cosa, los recelos de Coya
te han suscitado. Aléjalos, Huascar; ahora mas que nunca necesitas
de toda tu entereza, puesto que vas a parecer a los ojos todos de
Tavantinsuyu con la solemnidad que cumple al hijo primero del Inca,
al escojido de Pachacamac
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para hacer la felizidad de los suyos. I
como ha llegado el momento de hacerte mis últimas amonestaciones,
óyelas, hijo del Sol, ahora que tu padre está en la mitad de su
carrera, i despide sobre tu pueblo su lumbre bienhechora.
Calló el Amauta, i reconcentrándose guardó por algunos momentos
un silencio sublime. Luego, estendiendo su brazo derecho ácia
Huascar, esclamó con voz elocuente i conmovida:
- Hijo del Sol! va para algun tiempo que, niño aún, viniste a
donde mi a iniciarte en los preciosos misterios de nuestra
relijion, a aprender la ciencia del gobierno i a hacer tu cuerpo
apto para el combate i fuerte para la fatiga. Hoi, debido a mis
cuidados i desvelos, has terminado de un modo satisfactorio tu
educacion; por lo que confio en tu padre, que me oye, que llegará
la época en que por tus virtudes i saber seas el orgullo i sosten
de tus pueblos. Sé manso, hijo del Sol, con los soberbios, pazífico
con los vecinos, jeneroso con todos; para que así, i sin apartarte
nunca del sendero que el Dios Supremo ha trazado a sus escojidos,
vengas a ser el inca mas grande de la sagrada descendencia de
Manco, nuestro celeste fundadador. Si tal obras, la tierra se verá
cubierta de sara (maíz) i rebanos; nuestros cielos estarán siempre
azules, nuestras aguas puras, i no faltarán nunca al bosque ni su
verdura ni sus aves; tu pueblo se multiplicará como las hojas de
los árboles; crecerá Tavantinsuyu en poder; i tu irás a reunirte
con tus mayores en medio del llanto jeneral.
Calló el Amauta: su rostro estaba sereno, su mirada discurría
apacible.
Huascar, vencido por la emocion, dobló la rodilla sobre la grama
del prado, i rindió en silencio culto a su padre el sol, cuyo disco
de fuego despedía torrentes de vivida luz por todos los ámbitos del
espacio.
Pasados algunos instantes, Huascar se puso en pié i habló largo
rato con el Amauta, aunque en un estilo mas familiar. Limitose el
último a dar al primero algunos consejos sobre el modo cómo debía
comportarse en el huaraco o fiesta de la mayoría de edad de los
hijos de los ñusticuna i príncipes de la sangre; i al manejo
disimulado aunque cariñoso, que debía tener con Atabalipa
"Hermano de quien debes desconfiar, decía él, por sus
miras ambiciosas; i en quien has tenido i tendrás siempre el mas
temible de tus enemigos encubiertos."
Oyó Huascar las palabras del Amauta como las de uno de sus
oráculos, pues era su maestro, i como a tal le profesaba alto
respeto i gran veneracion.
- Pobre Huascar! esclamó el Amauta al separarse, tu corazon no
te engaña, i los presentimientos de tu madre son por desgracia
fundados. Empero, el cielo me dice que cuide de ti, que no te
abandone. Anda, Huascar, descuidado que yo te custodiaré.
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Espíritu malo.
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Dios supremo.
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