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XIX



La noche, como todas las consagradas a la diversion, pasó rápidamente. Las danzas estuvieron alegres, no obstante la tristeza jenial de Coya, la Tercícore de aquella fiesta.

El dia siguiente fué el señalado para la caza. Esta entre los de Tavantinsuyu no era en nada comun con la que introdujo en Europa el feudalismo, i que luego se hizo la ocupacion favorita de los reyes del continente. Queremos decir que la caza no tenía lugar entre los de Tavantinsuyu con el faustuoso aparto de monteros, alcones, caballos i lebreles; i, mucho ménos, que era para cojer usos i javalies, como entre aquellos se acostumbraba. Entre los de Tavantinsuyu no se perseguía mas que al rebano, que empleaban los naturales como acémila, i que era el cuadrúpedo doméstico de mas importancia que conocian.

Es el rebano de mayor corpulencia que la oveja comun, se alimenta. fácilmente, i puede pasarse varias semanas sin beber. Conócense en el país cuatro clases: el llama propiamente dicho, la alpaca, el huanaco i la vicuña, libre moradora de las rejiones altas, donde se alimenta del ichua (el jarava de la Flora peruana), i produce una lana mas fina que la de las cabras de Siria o el armiño de Rusia.

Concurrian a la gran cazeria, que tenia lugar todos los años, cerca de cien mil hombres, que, formando un inmenso cordon circular, arriaban de las montañas i del bosque al llano todos los animales que encontraban, desencamándolos con sus gritos, comparables solo al tremendo guazabara de los Muiscas.

Iban estos cien mil hombres todos armados de palos i lanzas, con las que mataban a las fieras que hallaban al paso, i presentaban una barrera inespugnable a sus asustadizas victimas. Barrera movible, que, estrechándose mas i mas, quedaba reducida a un pequeño círculo, que servia de aprisco seguro a millares de rebanos.

Entónces empezaba la matanza de todos los machos, cuyas pieles se conservaban cuidadosamente para el vestido de los nobles; i cuya carne se cortaba en hilas para distribuirla al pueblo, el cual formaba con ellas el charqui, o |tasajo de nuestros dias.

La suerte de la vicuña era distinta, pues los cazadores se contentaban con esquilmarla i volverla su libertad.

Aplicábase el rico producto de estos esquilmos a la construccion de tapices i colchas para adorno de los palacios imperiales i de los templos, cuya obra era igual por ámbos lados i de una delicadeza suma.

Empero, la cazería que debía tener lugar en Yucay no era una cazeria tan numerosa como esta, puesto que solo se reducía a perseguir uno o dos gamos i clavarles el venablo o la zaeta en la fuerza de la carrera. A este ejercicio, pues no era otra cosa, concurrian las mujeres de los nobles.

La cazería de Yucay, por tanto, no tuvo nada de notable; i el día se pasó en el bosque, donde se sirvió la comida.

Por la noche, Huayna Capac llamó a una de las mas apartadas estancias de Yucay a Quizquiz, a Challcuchima, al Amauta, i a los curacas i demas personajes de su consejo que estaban presentes.

A juzgar por los semblantes, algo terrible i solemne debía pasar en él.

- Qué será? se preguntaban todos, consejo en el lugar del descanso i de la fiesta? debe ocurrir sin duda algo estraordinario!

Los consejeros fueron citados uno a uno, i todos fueron conducidos por un camayuc distinto a la presencia de Huayna Capac, al traves de los corredores repletos de guardias.

Una mirada de estupor era el saludo de todos; solo el Inca se mostraba impasible, dejando juguetear en sus labios una sonrisa de mal disfrazada burla.

Cuando ya todos los que se esperaban estuvieron reunidos i sentados al rededor del Inca, tomó este la palabra, i con voz pausada, como si quisiera que se pesasen bien cada una de sus palabras, dijo:

- Muerto mi augusto padre Tupac Yupanqui, fuí exaltado al tiana de los incas, que por derecho de herencia me pertenecía; i puedo decir con orgullo, que mi exaltacion apénas recompensaba mis servicios, inmortalizados en las felizes jornadas que me dieron posesion del reino de Quito como conquistador.

Al subir al tiana, debo confesarlo, no tuve otra idea que la de hacer felizes i grandes mis súbditos. Vosotros sois testigos de mi conducta; i podeis decir si he hecho o no todo lo que estaba de mi parte para lograrlo.

Durante la paz, estuve el primero en el consejo; i durante la guerra, el primero tambien en el campamento.

Comprendiendo las tendencias i necesidades de mi pueblo, armonicé con las primeras, i satisfice las segundas; esto, hasta el punto de poderme hoi gloriar de los resultados de mi gobierno, conjuntamente con vosotros. Durante el cual no ha faltado al pueblo ni alimento ni abrigo, a la nobleza acatamiento, ni al Sol adoracion.

Empero, no vais a creer, ni por un instante, que yo he tenido el capricho de reuniros aquí para hacer mi propia alabanza, abusando de mi condicion de inca i poniendo a prueba vuestra paciencia. No; os he reunido para un grave asunto de gobierno, que si bien es cierto que está conexionado directamente conmigo, atañe tambien a vosotros, como a todo el país en jeneral. Si, creedme: no es mi alabanza la qué intentó hacer; ella, si es que la merezco, pertenece a los anales de la historia; mas, si os he recordado brevemente, sin, entrar en detal alguno, mi conducta, ha sido para poderes preguntar despues, como en efecto os pregunto ¿tiene ella algo de censurable?

- No, respondieron con voz firme varios de los consejeros.

- Pues bien, continuó el Inca, si como vosotros lo reconoceis, ella no tiene nada de censurable; si soi yo un auqui honrado ¿entónces por qué se conspira contra mi?

Huayna Capac pronunció estas ultimas palabras con emocion. Los miembros del consejo callaron todos, miéntras su mirada discurría atónita por la estancia.

- Ah! no respondeis, observó el Inca con amargura.

- Pero si es imposible! murmuraron algunos.

- Imposible decis, cuando puedo mostrares a los conspirados con el dedo (Quizquiz i Challcuchima se estremecieron); cuando tengo las pruebas en mi poder (Quizquiz i Challcuchima pensaron en el quipus enviado a Scyri Pacha); cuando vivo, en fin, por un milagro del cielo!

Los circunstantes guardaron silencio.

El Inca continuó:

- A fe que poco me importa morir, eso me sucederá si no hoi, mañana; pero si no me importa morir, sí me importa la suerte que se le espera a mi nacion. I es por esto que os denuncio el hecho, pero el hecho desnudo; pues en cuanto a los nombres de los conspiradores i los incidentes de la conspiracion, nada os diré, porque nada quino deciros: ellos deben vivir, i vivirán ocultos en mi memoria, como los fines que mi justicia les señala.

Ahora, señores, ya estais prevenidos; retiraos, i obrad como vuestra conciencia os aconseje.

Los consejeros se pusieron de pié e hicieron ademan de retirarse.

- Esperaos, el Inca añadió: para asuntos del reino, tú, Quizquiz, marcharás esta misma noche a tomar el mando de las balsas que esperan en el puerto; del que las manda actualmente recibirás mis instrucciones.

Tú, Challcuchima, marcharás esta misma noche tambien en direccion del Atacama; la jente qué debe acompañarte está ya lista en la fortaleza del Cuzco, i tiene mis órdenes sobre el particular.

Los dos apusquipaycuna se inclinaron mas pálidos que la muerte.

Huayna Capac salió seguido del resto de los consejeros.

Al salir, dijo Quizquiz a Challcuchima:

- Estamos perdidos: vamos al destierro.

- Vamos a la horca respondiole este.

Al llegar al último peristilo de Yucay, los alcanzó Sinchi i les dijo:

- El inca mi señor os desea feliz viaje i pronto regreso; i os encarece que en lo sucesivo busqueis mas fieles servidores, para que no os pase lo que esta vez.

Los ilustres proscritos nada respondieron, i saliendo del palacio, tomaron pensativos el camino de la ciudad.

Al próximo dia apareció Lloque muerto de a golpe de huactana en uno de los arrabales del Cuzco. Quizquiz i Challcuchima, habian partido sin duda para sus respectivas comisiones, pues nadie daba razon su paradero.



FIN DE HUAYNA CAPAC.

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