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XVIII



Habian pasado los tres dias durante los cuales Umuc tenía encargo de espiar escrupulosamente a Quizquiz i a Challcuchima por medio de Lloque, sin que nada notable hubiese ocurrido.

Era. pues, el cuarto dia.

El Inca daba en él un suntuoso banquete a sus parientes en su espléndido palacio de Yucay.

Quizquiz i Challcuchima, aunque no eran de la familia real, tenian asiento en el banquete como privados de Huayna Capac.

Es Yucay un valle fresco i delicioso, situado a corta distancia del Cuzco, i limitado al Este por la cordillera, que lo fecunda con sus abundantes i cristalinas corrientes. En este valle habian construido los incas el mas bello de todos sus palacios.

La fábrica del palacio de Yucay, como la de todos los edificios de Tavantinsuyu, no sobresalía precisamente por su forma arquitectónica pues era un edificio rodeado de murallas i de aspecto monótono. Empero, los jardines de sus cercanías eran amenísimos, i sus bosques rebozaban en árboles jigantescos, pintadas aves i animales bravíos. Sus baños eran anchos i profundos aljibes de metal, caprichosamente elaborados a la apacible sombra de las palmeras i de los olivares.

Pero nada eran las bellezas naturales de Yucay, no obstante la pródiga i variada vejetacion tropical, comparadas con aquellas con que lo había enriquecido la industria; i que no eran sino un magnífico trasunto de los jardines subterráneos de Aladino, de que nos hablan las |Mil i una noches. Con efecto, al lado de las maravillas de la naturaleza, estaban las del arte, simulando pensiles inmensos, en que, arbustos, flores i frutos eran de oro i plata, lo mismo que las aves, cuadrúpedos i reptiles que lo vestian en diferentes direcciones.

Yucay era le residencia favorita de las concubinas de Huayna Capac, cuyo número, como las del rei Salomon, pasaba de trescientas; i era precisamente en él donde el Inca, cansado de los negocios públicos i hastiado de la corte, pasaba las horas mas dulces de su vida sibarita.

Cuando Huayna Capac previno a Umuc que solo por tres dias siguiese los pasos a los conspiradores, fué porque juzgó ese tiempo bastante para tomar sus medidas, Tomólas en efecto durante él, terminando por dar a sus parientes i favoritos un banquete en su palacio de Yucay, en prueba del buen estado de su humor i premio a su adhesion.

No hai para qué decir que el tal banquete fué espléndido; i que el sora, el vino mas regalado de los de Tavantinsuyu, corrió en él a rios, sirviéndole de preciado cáuce los vasos de oro del servicio de Huayna Capac.

La comida se compuso de asado de rebano, mariscos, papas, hortalizas i pan de maíz, amasado por las Vírjenes del Sol; de frutas varias, especialmente plátano, ese hermoso vejetal, que, como álguien dijo, parece destinado a librar al hombre de la primitiva maldicion de ganar el sustentó con el sudor de su rostro. Despues de las frutas, sirviéronse dátiles i coca. Designase con este último nombre las hojas secas al sol de un árbol pequeño, i que, mezcladas con sal, eran el alimento favorito de los nobles de Tavantinsuyu. Esta coca, así preparada, tiene mucha semejanza con el betel de los orientales i el mate de Paraguai.

Fué la conversacion durante la comida poco animada pero familiar. Huayna Capac, segun la costumbre inmemorial sajona, propuso varios brindis a sus cortesanos. Fué uno de ellos por los leales |servidores del inca, para el cual invitó mal especialmente a Quizquiz i a Challcuchima.

Aunque el uso entre los de Tavantinsuyu era el de permanecer sentados a la mesa bebiendo hasta mui tarde, en esta ocasion se levantaron temprano; parte de los jóvenes se fueron a danzar con las mujeres de Huayna Capac, i parte a presenciar la farsa en que se representaba la vision del príncipe Ripac.

El tema de la farsa era el siguiente: receloso Yahuar Huacac del carácter turbulento de su hijo Ripac,. tuvo a bien desterrarlo a cuidar los ganados del Sol en las inmediaciones del Cuzco; donde, en medio de truenos i relámpagos, se le presentó una fantasma espantosa, a anunciarle la insurreccion que tenian dispuesta contra su padre algunas provincias del reino. Ripac dió oportuno aviso a este; pero no fué creído, hasta que triunfadora la insurreccion i fujitivos él i su familia en las montañas, tuvo el mismo Ripac que abannar su destierro, i poniéndose a la cabeza de ocho mil combatientes, derrotó a los rebeldes, despues de un combate sangriento de algunas horas, Yahuar conoce, aunque tarde, su injusticia i recompensa a su hijo con el cordon imperial, retirándose en seguida a Muina, con su esposa.

Huayna Capac fué de los que concurrieron a la representacion.

Quizquiz i Challcuchima lo habian dejado marchar: tanta era la necesidad que tenian de encontrarse solos. Luego que lo estuvieron, dijo el primero al segundo:

- ¿Has notado el sarcasmo que encierran las palabras del inca?

- Mucho que lo he notado; i bastante que me temo una catástrofe.

- Habrá descubierto algo?

- Pero de qué modo?

- Tal vez Atabalipa ...

- Me parece imposible; le he visto últimamente, i está mas decidido que nunca.

- Pues entónces! ...

- Entónces nada; habemos muchos en el secreto, pues?

- No; pero el quipus enviado a tu hermana? ...

- Qué?

- Habrá llegado a su destino sin contratiempo?

- No se puede saber todavía; pero sí me atrevo a responder de la fidelidad del chasqui.

- Sea de ello lo que fuere, bueno será, Challcuchima, que no andemos descuidados. Hoi mismo creo que se debe hacer uso del brevaje; todo lo demas está preparado.

- Así lo creo.

Un camayuc que se acercó en aquel punto a los dos apusquipaycuna les indicó que el inca deseaba tenerlos a su lado.

Aquel camayuc era Sinchi, el capitan de sus guardias.

Cuando Quizquiz i Challcuchima llegaron donde Huayna Capac, los farsantes tocaban el pasaje en donde Ripac, olvidando las injurias paternas, abandonaba el pastoreo de los ganados del Sol, para ir a salvar el imperio i restituir a su padre al trono.

- Que bello es esto! dijo el inca a los dos favoritos; qué alma tan noble la de Ripac, no os parece, señores?

Los dos guerreros se inclinaron.

- Tal es la conducta de los leales servidores, añadió al terminar la funcion Huayna Capac; yo tambien hubiera abdicado por él. Un auqui comun, habría movido guerra a su padre i anegado el país en sangre, o acaso le hubiera quitado la vida traidoramente con el dardo o el veneno.

Las últimas palabras del inca penetraron hasta el fondo del corazon de Quizquiz i Challcuchima con una resonancia lúgubre.

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