INDICE




 



XVI



Al terminar la ancha calle de árboles que llevaban el Inca i el cuitado naturalista, i sobre la cual ya se percibía el claro-oscuro de la madrugada, se encontraba el prolongado frontispicio del palacio de Huayna Capac, que se destacaba entre las sombrias arboledas como un jigante de basalto, i en cuyos ángulos mas distantes titilaban algunas luzes Prontas a estinguirse.

En esta vez, el Inca ni siquiera tuvo la idea de entrar en su habitacion por donde había salido, por lo que se dirijió directamente a una de las puertas del palacio que daban sobre el jardin, en donde estaba el cuerpo de guardia.

Aun le faltaban unos veinte pasos para llegar a la puerta, cuando aquel dió el vijilante |quién vive? que, para ser verídicos, debemos decir que penetró en los oídos de Umuc como un eco de muerte.

Huayna Capac no respondió, sino que continuó acercándose al centinela, i cambió con él algunas palabras en voz baja. Estas palabras hicieron erizar los cabellos del trovador. El centinela abatió el arma con aire de intelijencia, i el Inca, seguido de Umuc, pasó adelante.

El cuerpo de guardia estaba en una especie de pasadizo de unos veinte piés de ancho sobre treinta de largo, con dos piezas a los costados: una del oficial i otra de los soldados. Huayna Capac i Umuc pasaron de largo; pero es de advertir que, no obstante lo corto de dicho pasadizo, él pareció inmensamente largo al último; que encontró su aire sofocante; i que mas de una vez lo cubrió con sus miradas, creyéndolo ver a cada paso repleto de soldados para conducirlo a la temida presencia de Quizquiz i Challcuchima. Por lo que su asombro no fué en zaga a su angustia, cuando se encontró sano i salvo fuera de él, i respirando el ambiente sutil de un patio espacioso i solitario.

Pronto quedó el patio atras, i el Inca entrando en una de las piezas interiores, subió por una escalera que conducía a su departamento, diciendo a Umuc:

- Cuidado, amigó, porque la oscuridad es profunda.

Atravesaron todavía una i otra sala, i dos o tres pasadizos mas, que infundieron ménos susto a Umuc que el primero; hasta que al fin dieron término a la jornada entrando en el dormitorio del Inca.

La vívida luz que despedian las lámparas de plata i oro del real aposento, deslumbró de tal suerte a Umuc, que casi se encontró tan a oscuras como ántes. Por lo que dió traspiés, i fué a tropezar contra el Inca de una manera tan fuerte que le hizo esclamar:

- Voto a Cupay! amigo, no parece sino que estás bebido.

Ciertamente, Umuc estaba tan afectado que parecia ébrio.

- Vamos, Umuc, dijo Huayna Capac despues de haberlo hecho sentar en un mullido cojin, i levantando las cortinas de una ventana para que penetrasen las auras de la aurora, vamos, serénate, que tenemos algo que hablar.

- I el cuerpo de guardia? se atrevió a preguntar Umuc.

- Ese ya quedó atras.

- Pero no volveremos a él? inquirió de nuevo el hechizero, dominado por sus temores.

- Tal vez, respondió secamente el Inca.

Umuc respiró. I fué debido a este acto vital que empezó a salir de su estupor, para notar lo que hasta entónces no había notado, a saber: que se encontraba en una habitacion suntuosa, atestada de pieles i telas riquísimas, de útiles de oro, e impregnada de azahar. El trovador lanzó un prolongado suspiro: este olor le recordaba el aroma de los bosques, donde había pasado dias mui felizes i libres.

Entre tanto, Huayna Capac se paseaba por el aposento, i pensaba en algo grave, al juzgar por su silencio.

Era el caso que el Inca buscaba el medio de hacer decir a Umuc toda la verdad en el negocio de la serenata sin tener que descubrirse, i sin emplear muchos rodeos, pues el tiempo urjía.

- Umuc! dijo al fin con voz solemne, he oído, si no todas, por lo ménos la mayor parte de las estrofas de tu cantinela; i necesito que me espliques su sentido.

- Una vez, señor, que eres franco conmigo, yo tambien lo seré; mas, para serlo, es preciso que me digas categóricamente si eres de los prosélitos de Quizquiz i Challcuchima, o no; pues hasta tanto que yo no lo sepa, no podré entrar en ninguna esplicacion contigo.

- Pues bien, no soi de los prosélitos de esos señores, apresurose a responder Huayna Capac, que empezaba a entrever algo.

- Te creo.

- Habla, pues, Umuc; habla que estoi impaciente.

- Has de saber, señor, que habiendo yo trabado amistad hace ya para muchos años con un hombre llamado Lloque, que ahora es soldado al servicio de Quizquiz i Challcuchima, llegamos a ser tan íntimos, que jamas existió secreto entre los dos, i siempre nos hemos mirado como hermanos. Este Lloque es hombre esforzado i valiente, por lo que luego que fué conocido por aquellos dos apusquipaycuna, segun su sistema de rodearse de todos los valientes, lo tomaron a su servicio; i le cojieron tanto cariño, que pronto llegó a ser el hombre de su privanza. Hoi su principal encargo es el de seguirlos a la distancia, i prevenirlos, por medio de un silbato, silos espian o los amenaza algun peligro. Por lo cual Lloque es el depositario de todos sus secretos; que han pasado a ser los míos, sin que ellos lo entiendan, porque como ya lo he dicho, Lloque no tiene nada oculto para mi.

Al llegar aquí, Umuc contó a Huayna Capac todas las conversaciones habidas entro Quizquiz i Challcuchima ántes i despues del huaraco, relativas a sus proyectos de conspiracion, sin omitirle la conferencia del primero con el jóven Atabalipa en la avenida de la gran via; en la cual Lloque, deseoso de que no tuviera un término definitivo por consejos de Umuc, había apremiado a Quizquiz con repetidos avisos de que eran asechados, como acaso no lo habrá olvidado el lector.

Huayna Capac escuchaba con asombro aquella relacion escandalosa, que le daba la clave de la conspiracion denunciada por el Amauta, i que llenaba su pecho de temores para lo futuro.

El hilo de la relacion trajo a Umuc a la visita que Quizquiz le había hecho la tarde del dia ultimo, so protesto de proveerse de bálsamos para el ejército; pero en realidad con el objeto de hacerse a un veneno activo i mortífero con que privar de la vida al Inca.

- Luego que tal visitante me dejó solo, continuó Umuc, me puse en marcha para acá, a fin de imponer de todo al Inca, mi señor, o alguno de sus parientes; pero no habiéndome permitido lo humilde de mi condicion penetrar a palacio, resolví tomar el traje de trovador, i venir por donde he venido, a denunciar tan negro crímen ante las ventanas de este palacio, esperando que alguien de la servidumbre del Inca oyese mi mal forjada cántiga, i lo previniese.

Huayna Capac estaba mudo de asombro. Oía, pero estaba mui léjos de creer que estuviese despierto: tan estraña le parecía la verídica narracion de Umuc.

Al cabo, recobrándose de su estupor, dijo a este:

- ¿I  sabrás decirme, buen Umuc, por qué razon, sin conocer tú al Inca personalmente ni haber recibido favor de él, te has tomado todo ese interes i trabajo, arriesgo manifiesto de tu existencia?

- Por mi deber.

- Por tu deber?

Sí, por mi deber de súbdito fiel.

Había tal acento de conviccion i sinceridad en el lenguaje de Umuc, que Huayna Capac le estrechó la mano con efusion, i le dijo:

- Pero sin duda que tú tendrás el contraveneno para salvar la vida al Inca, caso que el atentado llegue a consumarse?

- Si, lo tengo.

- Entónces vas a entregármelo. Umuc vaciló.

- Por qué vacilas?

- Porque si el no llegara a manos del Inca ...

- Sospechas de mí.

- No digo tal; pero el asunto es tan delicado. Recuerda, señor, que va en él nada ménos que la vida del inca, esto es, el porvenir del país.

- Tienes razon, Umuc: el asunto es grave.

- Qué haremos entónces?

- Recuerda que el modo como nos hemos avistado esta noche, te ha dado mil autoridades sobre mi, i que hasta ahora has sido el superior; que el descubrimiento de este secreto, en pro de su importancia, nos haga trocar de situaciones.

- No comprendo.

- Quiero decir que permitas que llegue mi vez; que me dejes interrogarle.

- Interrógame.

- Empezaré, pues, por donde tú empezaste: quién eres, dí?

- Yo?

- Si, tú.

- Un camayuc, tú lo has dicho.

- Pero qué camayuc?

- Del servicio de Huayna Capac.

- No es lo bastante.

- ¿I si te digo quien soi, vacilarás en darme el contraveneno?

- Si, i no.

- Si i no?

- Si, si eres lo que estoi mui léjos de creer; i no, en el caso contrario.

- Espera, dijo Huayna Capac saliendo de la estancia, voi a decirte quien soi.

- En qué parará todo esto? se pregutó Umuc. Pasó un largo rato; i ya nuestro haravec empezaba a fastidiarse, cuando apareció Huayna Capac resplandeciente con su vestidura real, i escoltado por una veintena de camayucuna, que le hicieron compañía hasta el dintel del aposento.

- El Inca! esclamó Umuc cayendo de rodillas, i besando los piés a Huayna Capac. El Inca! el hijo del Sol, i yo estoi en su presencia!

- ¿Por qué te sobrecojes? no insististe en saber quién era yo!

E! asombrado trovador nada respondió; i como un hombre próximo a la locura, apartaba su mirada atónita de las paredes cubiertas de curiosidades riquísimas, de los hermosos pájaros disecados, lámparas de oro, cortinas de pluma, mantas, almohadones, i armas de temple superior i obra primorosa, de que estaba repleta la habitacion, para fijarla solo en la figura de Huayna Capac, destacada a sus ojos como una vision.

Por último, haciendo un esfuerzo supremo, sacó de su seno una cajita de madera de sándalo, e inclinándose humildemente delante del Inca, la puso a sus piés, no atreviéndose a darsela en la mano.

Huayna Capac se sonrió, i levantándola le dijó:

- Ahora, Umuc, es preciso separarnos, pues ya es de dia, i no quiero que nadie sepa tu entrada a palacio, para lo cual te conducirán hasta el jardin, i tú regresarás por donde viniste.

Umuc hizo una reverencia.

- El Inca continuó: conviene que por espacio de tres dias, lo oyes bien? no pierdas de vista a tu amigo Lloque, a fin de saber a punto fijo todo lo que hagan esos señores para participármelo. Pasados estos tres dias, quedas en libertad de hacer lo que te acomode.

Huayna Capac dió en seguida a besar su mano a Umuc, quien se reputó soberanamente pagado con esto; i, marchando tras de Sinchi, llamado al efecto, salió de palacio algo mas tranquilo de lo que había entrado, cuando ya el sol despuntaba por el oriente.

anterior | índice | siguiente