XIII
- Esto marcha mal, mui mal, dijo este luego que se encontró solo.
Qué he hecho yo todo este tiempo que nada he descubierto? Por
fortuna se conspira en favor de Atabalipa, el hijo predilecto de mi
corazon - esto como pie atenúa a mis ojos el carácter de la
conspiracion. Mas, para que él pueda ser proclamado
|inca de
Tavantinsuyu, es necesario que yo no exista ¿acaso se pensará
en asesinarme? ... Al llegar a este punto un estremecimiento frio
circuló por todo el cuerpo del Inca, pues aunque valiente, al fin
era hombre; i no se puede pensar con calma en un peligro tan grande
como el de perder la vida, perderla en la hora ménos esperada, sin
que ese mismo estremecimiento nos acometa.
- Sí, agregó luego, deben tratar de asesinarme; pues bien saben
ellos que miéntras yo viva nada podrán hacer, absolutamente nada,
aunque me encerrasen en una fortaleza, aunque probasen desterrarme
... Pero es una locura querer que Atabalipa sea exaltado al tiana
de los incas, pues los estatutos del país no conceden tan elevada
prerogativa sino a los hijos lejitimos de Coya, i eso no a todos
indistintamente, sino al. primojénito no mas . . . Necio de mi! Qué
tienen que ver los conspiradores con los estatutos del pais? si los
respetasen, no conspirarian. Mas, puede que el pueblo no sea
traidor: en los trece reyes que, conmigo, cuenta nuestra dinastía,
no hai un solo ejemplo de lo que ahora se trata de que suceda; pues
si Ripac subió al trono en vida de su padre, fué por voluntaria
abdicacion de aquel; i si Urco solo gobernó once dias, fué porque
el pueblo i los ñusticuna lo depusieron por inepto, llamando
relijiosamente a su hermano Titu a subrogarle. No hai porque
dudarlo, el pueblo de Tavantinsuyu es fiel, i nunca permitirá que
dos estranjeros audazes echen por tierra mis derechos i los de mi
hijo, que al fin son los suyos propios. Pero qué va a hacer ese
pueblo, por mas fiel que sea, contra el ejército, que mandan los
conspiradores, i contra los ñusticuna, que no teniendo de ello mas
que el nombre, todos secundarán a Quizquiz i a Challcuchima, como
el mejor medio de servir a su ambicion? No hará nada; porque nada
podrá hacer; al paso que se le halagará con el hecho de que, aunque
bastardo, Alabalipa es hijo mio ... I no debo engañarme en estos
momentos solemnes: los conspiradores me tienen ganada la partida,
pues aquel es un príncipe completo; miéntras que el pobre Huascar
mejor está para cushipata (sacerdote) que para inca. Ya los
ñusticuna i los soldados lo tienen conocido así, debido al lazo que
mis indignos servidores me tendieron a propósito del ceremonial de
huaraco, i en el cual caí con una candidez que no tiene disculpa.
De qué pequeñezes dependen los destinos del hombre! Con cuánto
gusto no aplaudía yo desde el fondo de mi corazon los víctores del
pueblo entusiasmado a mi hijo Atabalipa, el dia de la fiesta, sin
imajinar siquiera ¡cómo imajinarlo! que cada uno de ellos minoraba
un año, por lo ménos, mi existencia, i hundia mas i mas mi tiana en
el abismo de su ruina! I por qué los aplaudía? Porque Atabalipa es
el hijo de mis entrañas, el hijo de mi amor, de mi único amor; i yo
le amo, mas que le amo, lo adoro, como he adorado a su madre
traidora, que hoi me vende, i me paga en odio la constancia de toda
mi vida! ...
|Descansa, querida hermana mía, quedarás pronto vengada!
Esta promesa terrible, que el Amauta no ha podido comprender en ese
quipus sangriento, es el hecho de mi historia íntima que resume
toda mi vida. No, Scyri! no he olvidado nunca tus palabras supremas
en mi primera noche de amor -
|"Me entrego a tí, me dijiste con
voz amenazante, porque despues de la pérdida de nuestras armas,
eres aquí el amo; mas nunca olvides que abusas de tu poder; i que
si soporto la vida despues de tanto ultraje, es solo por
vengarme." No, Scyri! no he olvidado nunca esas palabras
terribles; pero has sido mui injusta conmigo, yo siempre te he
amado con todas las fuerzas de mi alma, solo que tú no has creído
en mi amor i has tomado por abuso, lo que no era sino una premiosa
necesidad de mi existencia. No, Scyri, Huayna Capac, inca, nunca ha
sido falaz!
Solo un cargo, un solo cargo puedes hacerme, Scyri, el cargo de
la muerte de tu amante. Fué un error, lo confieso; como auqui, yo
debí ser jeneroso contigo i con él, uniéndoos ante el altar sagrado
de vuestros amores; pero me olvidó de mi condicion, para acordarme
solo de mi ira: los celos me cegaron, i el arrepentimiento ha
espiado mi culpa. Pero tú no quieres olvidar, Scyri; i hoi, al cabo
de tanto tiempo, unes tus esfuerzos a los de tu hermano para
vengarte, cómo me lo prometiste. Bueno, mujer implacable, lucha;
pero al luchar, no olvides que luchas con el hijo del Sol!
Así terminó Huayna Capac las reflexiones que le sujiriera el
quipus de Challcuchima, i luego se entregó al sueño; pero no ántes
de haber tomado su partido para sobreponerse a la situacion.
Los lectores que hayan tenido la paciencia de acompañarnos hasta
aquí, habrán podido notar, hasta donde lo permite lo imperfecto de
nuestra pluma, que Huayna Capac era un gran rei, superior en un
todo a su país, el cual comprendía con esa facilidad que es
peculiar a los hombres de jenio. I que, si en vez de vivir i reinar
en el mundo americano, hubiera vivido i reinado en el mundo
europeo, habría sido un príncipe a lo Luis XIV; i la historia nos
hablaría de él como de un verdadero hombre de Estado; cualidad, por
desgracia, poco comun en los que, el capricho inesplicable de la
fortuna, coloca bajo el prostituido dosel del gobernante.
Ciertamente, Huayna Capac en todos los tiempos de su glorioso
reinado, i por difíciles que fue sen las circunstancias, siempre
estuvo en su puesto, esto es, en el trono; pues nacido para él, no
tenia mas ambicion que hacerse digno de él, i a fe que lo consiguió
mejor que ninguno de sus ilustres antepasados. Descubierta la
conspiracion que lo preocupaba a la época que esta historia se
refiere, i descubierta por la vijilancia del Amauta i de Coya, si
hubiera sido un gobernante vulgar, habría hecho un escándalo en el
Cuzco, apoderándose de los jefes de ella, i mandándoles quitar la
vida por su traicion; pero, como hombre superior, conoció desde el
primer momento que lo mejor que podía hacer era combatir a los
conspiradores con sus mismas armas, luchando con ellos en silencio,
i no dándose por notificado de sus proyectos, seguro de vencerlos a
la larga.
Sosteníalo en esta política acertada la causa secreta de la
conspiración la cual no era otra, como ya se ha visto, que el
despecho de una mujer bastante poderosa para ser temida. I hasta si
se quiere, lo que tenía de galante tal conducta, pues de antemano
Huayna Capac se solazaba con la idea de su triunfo, para poder
decir, en un dia no mui distante, a su bella enemiga: "Has llevado
tu odio hasta querer despojarme del llauta i de mi vida; te he
vencido, Scyri, i te perdono. Esta solo lo sabemos los dos i tus
cómplices; pero no importa: a nosotros solo i a ellos atañía el
asunto. Seamos buenos amigos en adelante, una vez que ya no hai
diferencia entre nosotros, por habernos hecho el crímen
iguales."
Como se ve, este modo de pensar no podía ser mas caballeresco,
ni llenar mejor los deseos del corazon mas noble. Huayna Capac lo
comprendía así, i por eso casi estaba contento de la conspiracion,
pues venia a proporcionarle la ocasion de obrar conforme a sus
deseos romancescos.
El Amauta i Coya, por el contrario, como no veían claro en el
asunto, estaban, segun su espresion favorita, porque el mal se
|cortase de raiz; i, centinelas avizores de sus enemigos,
habian esperimentado un intenso placer, el placer del triunfo
definitivo sobre el adversario, cuando lograron apoderarse del
quipus que había dado a Huayna Capac la clave de la conspiracion;
quipus, con el cual se prometían. hacer rodar las cabezas de
Quizquiz i Challcuchima, en beneficio de su ulterior tranquilidad.
Por esta razon salió el primero un poco corrido del cuarto del
inca, al ver el inesperado sesgo que tomaba el asunto, i fué a
llevar el desengaño a la segunda, que esperaba, trémula de ansia,
en la puerta de su habitacion.
- Qué hai? preguntole esta al verlo venir taciturno.
- Nada, porque el inca se promete esperar.
- Esperar! Duda por ventura?
- No duda; pero lo cree conveniente.
- Se ha perdido la mejor ocasion.
- Así lo creo.
- Amauta, yo voi a hablar a Huayna Capac.
- Me parece inútil, Coya.
- Pobre hijo mio, pobre Huascar! Estás perdido irremisiblemente!
Dijo la enamorada madre juntando las manos con desesperacion i
anegándose en llanto.
- Tranquilizate, señora, repuso el Amauta, quien, como todo el
que de súbito ve burladas sus esperanzas, se había complacido
amargamente en exajerar lo crítico de su situacion; el Inca
reflexionará esta noche, i acaso mañana mude de parecer viendo lo
inminente del peligro.
- I si no reflexiona?
El Amauta no respondió, e hizo un movimiento de cabeza, que
tanto quería decir como: entónces no hai remedio.
- Crees que debemos esperar a mañana?
- Sí creo.
- Tanto tiempo!
- No es tanto si con él se compra el llauta.
- Pero ahí está la dificultad.