XII
- Perdona, señor, si penetro hasta vuestra estancia privada, decía
el Amauta a Huayna Capac la noche del día de que acabamos de
hablar; pero la salud del país hace que sacrifique en este momento
las ceremonias de palacio.
- Ahorra tus escusas, Amauta, estoi convencido de tu zelo, i
siempre ha sido grata para mí tu presencia, contestole Huayna
Capac. Habla que ya escucho.
- No ignoras, señor, que la educacion de tu hijo Huascar me fué
confiada, i que yo hize por ella todo lo que mis débiles fuerzas me
permitieron. Esta circunstancia, unida al cariño entrañable que
debe tener todo natural al inca, ha hecho que yo tenga por el auqui
un interes igual al tuyo, i que vele noche i dia por sus
derechos.
- Tanto él como yo te estamos altamente reconocidos.
- No se trata de eso, señor; yo bien sé cuánto tengo que esperar
del cariño del inca, i del cariño del hijo del Inca; por lo que no
vengo a alegar mis servicios para reclamar una recompensa, sino a
denunciaros un crímen, un gran crimen!
- Un crímen! un gran crímen?
- Si, Inca, un crimen de traicion, de alta traicion! I de
quiénes? de los mismos que te adulan; de los mismos a quienes
colmas de favores i de distinciones; en una palabra, de Quizquiz i
Challcuchima!
- Imposible!
- Imposible! Toma i lee, dijo el Amauta con aire de triunfo,
dando a Huayna Capa un quipus que sacó de una cajita de pino
desarrajada.
Huayna Capac tomó el quipus i empezó a decifrarlo. Una nube
sombría cruzó por su frente; sus manos se crisparon, i tuvo que
reclinarse contra la pared para no caer. Traidores! murmuró; i
luego como buscando, por no querer convencerse, argumentos contra
el Amauta, añadió: pero cómo sabes tú que este quipus es de
ellos?
- Porque el comisionado de llevarlo a Quitas donde Scyri Paccha,
la madre de Atabalipa, me lo ha dicho.
- Cómo?
- Es un sirviente fiel, que yo he hecho entrar intencionalmente
en el servicio de los conspiradores..
- Comprendo.
- Va ya para algunos soles que Coya i yo empezamos a descubrir
que Quizquiz i Challcuchima te vendian; i desde entónces seguimos
todos sus pasos, sin que hasta ahora se nos haya escapado uno
solo.
- I por qué no lo habias dicho mas ántes?
- Porque esperábamos hacerlo con la prueba en la mano.
- Nunca los hubiera creído capazes de tal perfidia.
- Pero olvidas, señor, que son estranjeros conquistados, i
bastante orgullosos para no acostumbrarse jamas al dominio de su
vencedor.
- Sí; pero he hecho tanto por ellos; los he ensalzado tanto, que
mas bien estoi por creer que soñamos los dos, Amauta, que por
convencerme de que este quipus fatal existe; que está en nuestro
poder; i que nos revela el gran crímen que poco ha me
delatabas.
- Pero destruyamos esta maldita conspiracion.
- I cómo la destruiremos?
- Mandando prender a Quizquiz i a Challcuchima, i ...
- Mal medio me parece ese, malísimo. La violencia en este caso
mas bien haría estallar que conjuraría la tempestad.
- Entónces?
- Lo mejor será combatirlos con sus mismas armas, parando todos
sus golpes, i estando prevenidos para lo venidero.
- Te entiendo; pero mejor sería cortar el mal de raiz.
- Repasemos ese quipus.
Huayna Capac leyó en voz alta, aunque un poco turbada por la
emocion.
" Scyri Paccha:
"Hoi Atabalipa ha vencido, a los ojos
del pueblo i del ejército, a Huascar en la espléndida fiesta del
huaraco."
- Por Cupay! esclamó Huayna Capac, dándose una fuerte palmada en
el rostro, ahora comprendo.
El Amauta lo miró asombrado, i se atrevió a balbucir, qué?
- Por qué Atabalipa tomó empeño en presentarse como lidiador en
el huaraco! El infeliz obraba por inspiraciones de esos
pérfidos!
El Inca prosiguió:
"Tal victoria nos brinda la
circunstancia mas propicia para consumar nuestro plan." ...
- Ella tambien! murmuró Huayna Capac.
Este
|ella, que se refería a Scyri Paccha, estuvo a pique
de arrancar de labios del Amauta la confesion de que, en su sentir,
la madre del bastardo era el motor principal de aquel temerario
complot; pero el tono de sentida queja de las palabras del Inca le
detuvo, pues por él comprendió que todavía la amaba bastante para
no permitir que se la acusara.
Huayna Capac continuó:
"Descuida, querida hermana mía,
quedarás pronto vengada, i Atabalipa el bastardo será proclamado
inca de Tavantinsuyu." ...
El Inca frunció el ceño, i luego añadió:
- Pero esto es monstruoso.
- Todavía mas de lo que yo me imajinaba. Hasta ahora que te he
oído es que he comprendido cuánto hai en tan corto quipus Yo creía
que no se trataba mas que de segregar a Quitus de Tavantinsuyu;
pero esas frases -
|"Atabalipa el bastardo será proclamado inca
de Tavantinsuyu," me han abierto los ojos.
- El trance es dificil.
- A mí me parece que sabemos cuanto es necesario para ...
- En cuanto al fondo del asunto sí; pero nada mas que en cuanto
al fondo. Sabemos por qué se conspira (al ménos yo); pero no
|cómo se conspira.
- Ya trataremos de averiguarlo.
- Acaso no nos den tiempo. Hoi hace dos dias que pasó el
huaraco, dia en que se remitió este quipus; por qué razon me lo
traes hasta ahora?
- Porque el encargado de llevarlo a su destino, Para alejar toda
sospecha de sí, anduvo un dia i una noche en direccion de Quitus;
hasta que, seguro de que nadie lo espiaba, volvió atras para
entregármelo.
- Se ha perdido un tiempo precioso.
- Pero indispensable.
- Cálzate, Amauta, dijo Huayna Capac, haciendo una señal con la
mano a este para que se retirase.
El Amauta se puso las sandalias, que, segun era estilo entre los
incas, se quitaban todos los que eran introducidos a su presencia,
i despues de saludar profundamente a Huayna Capac, se retiró.