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Ya es tiempo de que el lector se haya formado una idea exacta de
los caracteres de los personajes de esta historia.
Ya habrá visto en Huayna Capac al gobernante amigo del pueblo,
al gobernante justiciero i laborioso, cuyo prudente i entendido
réjimen elevó a Tavantinsuyu a un grado de prosperidad asombrosa.
Ciertamente, Huayna Capac era un príncipe entendido, pues al mismo
tiempo que dirijía en persona las conquistas mas atrevidas para el
mayor incremento de su imperio, no descuidaba las necesidades
domésticas de sus súbditos, ocupándose activamente en dar término a
las obras de utilidad pública, empezadas por su augusto padre
Yupanqui, i en la mejora gradual de la agricultura.
Tomó grande empeño en que se jeneralizara el idioma quichua,
hasta el punto de ser único en el país; en que se uniformasen las
costumbres de conquistadores i conquistados; i en que de la una a
la otra estremidad de Tavantinsuyu solo se rindiese adoracion al
Sol, como político que sabía bien cuán poderoso es el vínculo del
idioma comun i la relijion comun entre pueblos distintos, sometidos
violentamente por el derecho terrible de las armas.
Pero no seremos nosotros quienes no hagamos justicia a Huayna
Capac como conquistador, no obstante las intencionadas relaciones
de Quizquiz a Atabalipa; pues bien se comprende que siendo Quizquiz
uno de los guerreros vencidos, i ademas, que estando interesado en
traer, a fuerza de talento, al bastardo a cierta determinacion, no
podía usar de otro lenguaje que del exajerado que usó. Pero lo
cierto es que ni Huayna Capac, ni su padre entraron a sangre i
fuego en el territorio enemigo; sino que, acampando, segun la
política de sus antecesores, con su ejército a una respetuosa
distancia de los límites del territorio que querian sojuzgar,
exijieron a sus poseedores actuales, con plausible comedimiento, se
sometiesen a su gobierno, i derribasen de buen grado los ídolos de
sus templos, para, en su lugar, rendir culto a Pachacamac;
ofreciéndoles en cambio elevarlos a la condicion de súbditos
delinca, i respetarlos sus vidas i sus propiedades; porque, como
decía uno de los abuelos de Huayna Capac, "no debian destruir a sus
enemigos, pues pérdida de ellos seria, una vez que aquellos
pertenecerian al imperio." Hecho raro de la política indiana, que
ni aun en la historia del pueblo romano se rejistra; supuesto que
los sometidos al yugo de los descendientes de Quirino nunca sallan
de la humillante condicion de bárbaros.
Cuando las naciones intimadas por el inca no se sometían
voluntariamente, entónces este apelaba al recurso de la fuerza,
recurso infalible; empero nunca con la mira de aniquilar, sino de
atraer.
Huayna Capac era a todas luzes un príncipe querido i respetado
de su pueblo; a quien no atormentaba otra cosa que la idea de que,
a la época de su muerte, pasaría su floreciente reino a manos de
Huascar, su primojénito, incapaz de gobernarlo, i por tanto, muí
capaz de perderlo. I era esta abrumadora idea la que amargaba todos
los instantes de su vida, llena por otra parto de delicias.
- No hai medio, solía decirse el acongojado inca: Huascar tiene
que sucederme en el gobierno, el cual debe pasar integro a su
poder, segun los estatutos que rijen; pues no seré yo nunca, el que
los viole en punto tan cardinal, ya que han sido respetados por
todos mis antepasados; ni será tampoco mi pueblo el que se preste
dócil a semejante violacion! Ah! si Huascar fuese Atabalipa, i
Atabalipa Huascar, sería yo el mortal mas dichoso de todo el
universo; i ningun cuidado me daría este reino, que no tardará en
desplomarse sobre mis restos! ...
I no era precisamente porque Huayna Capac amase mas a Atabalipa
que a Huascar, que se lamentaba de que no fuera el primero el
príncipe que debía sucederle; sino porque la audazia, la astucia
bien disfrazada, el talento singular i hasta la educacion guerrera
de Atabalipa, unido todo a su ambicion, garantizaban, por decirlo
así, a los ojos de Huayna Capac el mas próspero i brillante reinado
de su raza. Al paso que el espíritu timorato de Huascar, su corazon
de mujer i lo feble de su temperamento, nada prometian para el
porvenir; i hacian temblar a su padre cuando consideraba que
tendría siempre a su lado un hombre tan peligroso como el bastardo,
pronto a dominarlo, i pronto tambien a despojarlo del mando.
Por lo que respecta a Atabalipa, dotado como estaba de un
inmenso jenio, i ambicioso por naturaleza, de tiempo atras aspiraba
a suceder a su padre en el trono de los incas, bien a su muerte,
bien en la primera oportunidad que la fortuna le deparase. Razon
por la cual no descuidaba nada de lo que pudiera servir a sus
secretos designios, ya exhibiéndose como el jóven mas valiente i
jeneroso de todo el imperio, ya ganándose la amistad de los nobles
i de los militares. Empero, sus afecciones, por ostentosas que
fuesen, nunca pasaban en el fondo de su corazon de ciertos
reducidos límites, temeroso de que alguno tomase ascendiente sobre
él; pudiéndose decir, sin temor de equivocacion, que para Atabalipa
todos los hombres eran iguales, salvo que unos eran mejores
istrumentos que otros para ciertos fines, razon única de todo su
cariño.
A nadie amaba Atabalipa, ni a nadie aborrecía; solo que
despreciaba mas o ménos a sus semejantes, segun sus calidades.
Si manifestaba respeto a Huayna Capac, era porque disponía de un
trono; si halagaba a Quizquiz i Challcuchima, era porque los
necesitaba.
De Scyri Paccha, su madre, tan solo hacía levísima memoria.
Por Huascar no sentía odio, sino desprecio i lástima; i si no
hubiera sido hijo de Coya, jamas lo hubiera honrado con un
pensamiento.
En suma, propiamente hablando, Atabalipa no tenía mas confidente
que su espíritu, ni mas amigo que su corazon.
Quizquiz i Challcuchima, como soldados i como nobles principales
de los cautivos quitenses, no pensaban en otra cosa que en redimir
a su nacion del poder de Huayna Capac. Proyecto al cual unía el
segundo la memoria de su padre vencido i muerto, i el recuerdo de
su hermana deshonrada por el inca reinante.
Fanáticos por su causa, para estos dos hombres no había
sacrificio grande, ni crimen, ni deslealtad, siempre que fuese en
provecho de ella. Si habian hecho a Atabalipa su poderoso
instrumento, era porque Atabalipa se encontraba en circustancias en
quno se encontraba otro alguno, ni el mismo Challcuchima; pero al
haber existido otro, ellos le hubieran dado la preferencia.
En su vida de conspiradores, nunca vacilaron, ni temieron nada;
hasta el punto de tramar contra la vida de Huayna Capac, no
obstante los favores que habian recibido de él.
Pero qué hacer? - un juramento sagrado los había lanzado en
aquella vida de defeccion; el amor patrio i la venganza los cegaban
...