UNA PROPUESTA DE LECTURA
Gracias a las gestiones de Rafael Núñez, quien era presidente de
Colombia y residía en Cartagena, el 17 de abril de 1893 el
vicepresidente en ejercicio, residente en Bogotá, también poeta y
traductor de Virgilio, don Miguel Antonio Caro, firmaba el
nombramiento de Rubén Darío como cónsul general de Colombia en
Buenos Aires y el de José Asunción Silva como secretario de la
legación de Colombia en Caracas
|
1
.
Singular coincidencia. Los 2.400 pesos de sueldo anual que
recibe Darío se convertirán así en la base de sustentación de aquel
movimiento, el modernismo, que desde, Buenos Aires, la Cosmópolis
de entonces, irradia el flamante diplomático nicaragüense, con
consecuencias que aún perduran.
De otra parte, la visita de Silva a Cartagena también será
decisiva para el autor del "Nocturno". Su obra, que se inscribe en
un lapso temporal muy breve, el que va desde 1883 a 1896, o sea
desde un año después del
|Ismaelillo (1882) de Martí al de la
parición de las Prosas profanas (1896) de Darío, experimenta ría en
dicha ciudad un reconocimiento público: la gente, al saludarlo, le
recuerda los paródicos versos escritos en son de burla contra los
imitadores sin alma de Dario
|
2
.
La conocida "Sinfonia color de fresa con leche", dedicada "A los
colibríes decadentes" y firmada con el pseudónimo también paródico,
de Benjamín Bibelot Ramírez, aparece fechada en Bogotá el 6 de
marzo de 1894 y era un buen ejemplo de la capacidad crítica de
Silva, desde adentro, de los excesos retóricos, que ya percibía
como estériles, de ese movimiento al cual se lo adscribe miembro
fundador decisivo. Junto, claro está, con Martí, Gutiérrez Nájera,
Julián del Casal y el propio Darío. Aquí en Colombia, en todo caso,
sería su más destacado representante seguido luego, ya en otra
generación y en otro plano, por Guillermo Valencia.
La graciosa "Sinfonía" terminaba así:
-
- ¡Rítmica Reina lírica! Con venusinos
- cantos de sol y rosa, de mirra y laca
- y policromos cromos de tonos mil,
- estos son los caóticos versos mirrinos,
- esta es la descendencia, Rubendariaca,
- de la princesa verde y el paje Abril,
Todos eran hijos de Darío y allí, en solfa, Silva reconoce el
auténtico origen del texto poético hispanoamericano. Sus excesos,
ya denunciados en fecha tan temprana por él, no menoscaban la
importancia del padre ni disminuyen su prodigiosa energía. Como lo
ha expresado Pere Gimferrer: "Las literaturas hispánicas viven a
rachas; a poco sólida que sea la tradición autóctona inmediata,
tienden a asentarse en ella, en una especie de deliberado
insularismo literario. Por ello es tanto más admirable que en
breves décadas -en poco más de un cuarto de siglo, de hecho- un
impulso acelerador, iniciado por Rubén Darío, catapulte la poesía
española desde los dominios de Núñez de Arce y Campoamor a la
poesía pura y la vanguardia"
|
4
.
Con Silva, a través de su vertiente simbolista, se inicia
entonces no sólo el modernismo en Colombia, sino, hablando estricta
mente, la poesía moderna. Y si bien en los últimos años se ha
puesto el acento, de acuerdo con el espíritu de la época, en su
voluntad de Verdad, manifiesta en sus
|Gotas amargas (el asco
por sí mismo, su rechazo de una sensibilidad romanticoide y un
idealismo espúreo y su desprecio radical por un medio hipócrita e
indiferente, en su inicial aburguesamiento), convirtiéndolo en el
imprescindible punto de partida de Luis Carlos López y sus
|Posturas difíciles (1909) e incluso, lo cual ya parece un
tanto excesivo, de Nicanor Parra y sus
|Poemas y antipoemas
(1954)
|
5
, la otra faz
de Silva, la de su voluntad de Belleza, es la que ha terminado por
imponerse.
Solitario sin precedentes en la historia de la poesía
colombiana, aunque, por su elasticidad rítmica, se mencione a
Rafael Pombo, Silva, ese modernista natural como lo llamo Juan
Ramón Jiménez, que alcanzó, también en palabras del poeta español,
"la precisión de lo impreciso", con su incomparable música, a la
vez tan enigmática como estricta, es la referencia ineludible de
cualquier aproximación a la poesía colombiana del siglo XX.
Y como lo ha explicado José Olivio Jiménez en su
|Antología
crítica de la poesía modernista hispanoamericana (1985), "es en
la atmósfera de la estética simbolista, con su gusto por expresión
misteriosa, vaga, sugerente y de cadenciosa musicalidad, donde hay
que inscribir sus más intensos momentos poéticos, teñidos de una
profunda vibración elegiaca"
|
6
. Algo, por cierto, que ya varios años antes
había señalado Fernando Charry Lara en su acertada "Divagación
sobre Silva"
|
7
.
Y es precisamente en poetas como Charry Eduardo Carranza o
Aurelio Arturo donde podemos comenzar a fijar acercando nos hacia
el, una tradición que sin lugar a dudas parte de Silva, aunque en
casos como el de Carranza la presencia de Dario, "incluso a nivel
de actuación publica y no solo mediante su azul emblemático, semeja
ser más decisiva.
En forma secreta y por ello mismo más fecunda, Silva irriga un
terreno que subsiste incluso en obras de nuestros días. Giovanni
Quessep y Jaime García Maffla demuestran, a partir de la sexta
década de este siglo, que Silva, quién lo duda, está vivo.
Ya no es su leyenda la que incide -el poeta al cual la ciudad
esculpe y lleva al suicidio-, sino el ámbito apenumbrado de su
dolida nostalgia. La cernida lluvia de su Bogotá perdida en las
alturas, entre nieblas y grises. En la claridad lunar de su paisaje
sabanero la nostalgia crece con la intensidad de los deseos
perdidos sin remisión posible, pero aún incurables y vivos.
-
- en que ardían en la sombra nupcial y húmeda,
- las luciérnagas fantásticas.
En la célebre noche de perfumes, murmullos y músicas de alas, en
la "noche tibia de la muerta primavera", las sombras aún continúan
su búsqueda, con avidez indetenible. Las dichas transitorias, los
fantasmas grises, las hondas lejanías y la infancia perdida
conforman, además, la verdad de Silva, dicha con una fuerza que le
permite encarnarla en formas incomparablemente sensibles. A partir
de él es factible rastrear entonces la historia de la poesía
colombiana de este siglo, en sus hitos más decisivos, que en el
propio caso del modernismo pueden simbólicamente representarse por
dos figuras antagónicas, tan sólo en apariencia. Una de ellas la de
Guillermo Valencia, político conservador arraigado en Popayán y
quien, como lo ha dicho Fernando Charry Lara, es "el único católico
practicante entre los grandes poetas del modernismo"
|
8
. La otra, la de Porfirio Barba-
Jacob, el hombre errante por tierras de Centroamérica, México y
Perú y que, en 1927, vuelve por tres años para reencontrar a
Colombia y continuar en México su transhumancia hasta morir allí en
1942.
Homosexual, sifilítico y marihuanero (llamaba a esta última "La
dama de los cabellos ardientes" y la aspiró con unción toda su
vida) alquilaba su pluma de buen periodista y conservaba intactos
su orígenes como maestro de escuela campesina, fundando a su paso
universidades populares en México, Guatemala y Cuba. La azarosa
existencia que llevó, unida a su capacidad de fabulación,
terminaría por convertirlo en un sentimental cínico, oscilante
entre el fervor y la abyección. Cambiaba de nombre como cambiaba de
países: el Miguel Ángel Osorio original se trocó en Ricardo
Arenales y finalmente en Porfirio Barba-Jacob.
A todo lo cual contribuían las sucesivas expulsiones que
padeció, gracias a dictadores y dictadorzuelos de turno Calles lo
echó de México, Ubico de Guatemala, Quiñones Molina de El Salvador,
Leguía del Perú. Algunas motivadas por causas libertarias; otras
buscadas más bien como una forma gratis de viajar. Así es factible
deducirlo ahora gracias a la apasionante biografía
|Barba Jacob
el mensajero que le dedicó Fernando Vallejo
|
9
y que nos restituye, por fin, su
peripecia, adulterada por el parroquialismo, en su afligente y
conmovedora realidad, aún más amarga y descorazonadora. Su
saludable costumbre de hacerse internar en los hospitales para no
pagar el hotel dejaba de ser una reminiscencia literaria de
Verlaine para convertirse, en sus últimos años, en una espantosa
realidad.
Murió tuberculoso y sus primeros libros, publicados después de
cumplir los 40 años gracias a amigos que querían reunir algunos
pesos para aliviar sus males, fueron rechazados por él. No le
permitieron escoger los poemas, estaban plagados de erratas y el
papel era deficiente. Pero la razón era otra. Quería negarse a sí
mismo, incluso en su obra, pues su tiempo ya había quedado atrás.
Como poeta era un rezagado. De ahí su voluntad de autodestrucción
"mi esfuerzo vano -estéril mi pasión". La publicación definitiva de
sus obras lo desenmascararía con claridad: el gran libro con que
quiso convertirse en el legatario de Dario no había sido
escrito.
Jorge Cuesta, quien como Ricardo Arenales lo incluye en su
conocida
|Antología de la poesía mexicana moderna (1928), lo
presenta con estas palabras: "Ricardo Arenales nació en Colombia,
pero su sitio está en la historia de la poesía mexicana, al lado de
González Martínez y de Ramón López Velarde, de quienes él era
cercano amigo". Agrega luego: "Por el espíritu de las influencias
que su obra ha recibido y por las huellas que ha logrado imprimir,
Ricardo Arenales es un poeta de México". En su juicio crítico
Cuesta añade: "Arenales, aun en sus mejores poemas, guardaba, como
un eco no siempre apagado, la resonancia de la retórica
modernista". Reconociéndole "su originalidad, amarga y áspera",
concluye: "Por desgracia, su impaciente inconformidad, unida a una
existencia anacrónica de poeta maldito, ha impedido la difusión que
su obra merece"
|
10
.
Si bien en realidad sus poemas más conocidos habían aparecido
infinidad de veces en toda la prensa de la época, reiterándolos
según los países que visitaba y cambiándoles las dedicatorias según
a quien hubiese que agradecer dádivas o limosnas, los 18 poemas que
Xavier Villaurrutia y Octavio Paz escogieron para Laurel, muestran
cómo el Barba-Jacob que ya era asimilado como mexicano, no era ni
mexicano ni colombiano -esos desdicha dos nacionalismos-. Era en
realidad el último eco, a la vez débil y exasperado, de la aventura
modernista, acorde, sólo en eso, con una poética que en 1916 había
expresado en la Poetry Society de Nueva York, considerando a
Eduardo Marquina el primer poeta de la lengua y autoconsiderando su
propia poesía en estos términos:
-
- Yo debí haber nacido en Inglaterra: hubiera hecho mejor papel,
con mi poesía grave, elevada y un poco inactual, al lado de Francis
Thompson -el más grande poeta católico que ha tenido el mundo- o al
lado de algunos antecesores suyos, como Shelley y los Rosetti, o al
lado de ese incomparable Yeats -el místico que aún vive-, que al
lado de Valencia, pongo por caso
|
11
.
Sin embargo, él estaba aún más cerca de Valencia de lo que
pensaba. El anclado en su tierra, Popayán, y el errante por el
mundo rechazaban de plano todos los experimentos de la van guardia.
Esa negativa los unía a fondo.
En 1922, en la Asociación de Estudiantes de Guatemala, Barba
reiteraría su pensamiento. Una reseña de la charla recuerda lo
siguiente: "El poeta juzga dislocadas las cerebraciones de los
poemas de vanguardia. Luego que dos o tres poemas, escogidos todos
entre los menos vigorosos por no decir entre los torpes del
ultraísmo, sirviéronle para afirmar su aserto sobre la poesía de
vanguardia, habló de la falsedad que una intromisión del
mecanicismo en un medio donde carecemos de máquinas traerá a
nuestra poesía"
|
12
.
Valencia, por su lado, y en su prólogo a
|Cathay, fechado
en 1928, denigra de "cubistas, ultraístas, dadaístas y futuristas"
y considera su libro "el libro preterista por excelencia".
Traduciendo, del francés, poetas chinos, buscaba otros exotismos,
pero si su droga fue la política y no la marihuana, como en el caso
de Barba, su poesía también se petrificó en una dicotomía
irresoluble a nivel lírico: la que le llevó a oponer las encíclicas
de León XIII a la erupción anarquista.
Sólo que los dos, Valencia y Barba, memorizados y recordados,
con emoción, por su propio pueblo hasta una generación nacida a
fines de los veinte como la de García Márquez -la última generación
colombiana que se sabía la poesía de memoria- prosiguen hoy en día
su recepción crítica y creativa ya no gracias a los encantos
sonoros de la recitación en voz alta, sino por los méritos
intrínsecos que la relectura de sus textos, en voz baja, van
suscitando en el lector capaz de percibir mayores matices.
En tal sentido, y para concluir con el periodo modernista, basta
citar la fluvial viñeta
|art-nouveau que dibuja Valencia en
su conocido "Leyendo a Silva"
|
13
.
O la bronca pasión de Barba, resintiéndose dentro de su
vocabulario en tantos casos apenas cursi y la tensión real, fuego y
ceniza, de sus canciones y baladas: "Canción de la vida
profunda", "Balada de la loca alegría", "La Reina" o
"Futuro". Allí se palpa un poeta, remoto, sí, pero no por ello
menos lacerante.
El conservadurismo poético que terminaba por emparentar -dos
caras de una misma moneda- a Valencia con Barba, perduraría a y se
prolongaría no sólo en la obra de León de Greiff, rica en música y
humor, sino de modo más evidente y programático en todo el
movimiento de Piedra y Cielo que bajo la advocación, en su nombre,
de Juan Ramón Jiménez, se hizo público entre septiembre y diciembre
de 1939 con la publicación de cinco cuadernos y al año siguiente de
dos más, que reunían producciones de poetas como Eduardo Carranza y
Carlos Martin, Jorge Rojas y Arturo Camacho. Son ellos los que
prosiguen una secuencia histórica que ha convenido va en subdividir
el curso de la poesía Colombiana, durante los 90 años transcurridos
en este siglo, en por lo menos 5 grupos muy nítidamente
reconocibles. Estos rótulos, de carácter más bien orientador y
pedagógico, no deben hacernos olvidar, claro está, lo que dijo
Georges Mounin: 'Sólo quedan de cada generación dos o tres
auténticos poetas, unos diez por siglo en el mejor de los casos, y
cada verdadero poeta llega a serlo sólo en alguna docena de
poemas".
Serían ellos:
a) El de los modernistas: Silva, Valencia, Porfirio-Barba Jacob,
José Eustasio Rivera, el autor tanto de
|La vorágine (1924)
corno de los menos leído sonetos de
|Tierra de promisión
(1921), y Eduardo Castillo.
b) El de Los Nuevos, donde fuera de León de Greiff y Rafael Maya
no se distingue ningún poeta de verdadera trascendencia, salvo la
curiosidad vanguardista que fue el libro de Luis Vidales
|Suenan
timbres (1926), un pequeño escándalo dentro de una pequeña
ciudad habituada al orden, la parsimonia y el tradicionalismo, y
Jorge Zalamea, casi más por traductor de Perse que por poeta él
mismo.
c) El de la Piedra y Cielo, al cual se ha adscrito, sin serlo
Aurelio Arturo, un impar solitario, y que integrarían además de los
mencionados Carranza y Martín, Jorge Rojas. Arturo Camacho Ramírez
y Gerardo Valencia.
d) El grupo nucleado en torno a la revista
|Mito (19551
962), del cual formarían parte, además de los tempranamente
fallecidos Jorge Gaitán Durán y Eduardo Cote Lamus, Fernando Charry
Lara, Alvaro Mutis, Fernando Arbeláez y Rogelio Echavarría.
e) El grupo nadaísta, capitaneado por Gonzalo Arango y que a
partir de la década de 1960 ha producido varios poetas de interés y
valía, más perceptibles hoy, veinte años después de su eclosión
inicial, que en el momento de su escandalosa irrupción pública.
Serían ellos Jaime Jaramillo Escobar, Mario Rivero, J. Mario y
Eduardo Escobar, Darío Lemos y Amilkar Osorio.
Finalmente, una antología realizada por Jaime Ferrán y publicada
en España al comenzar la década de 1970 por la editorial Adonais,
|Antología de una generación sin nombre
|
14
, sirvió, de modo tentativo, para
denominar a varios de los poetas más recientes, nacidos a partir de
1940, como Elkin Restrepo, Jaime García Maffla, Darío Jaramillo
Agudelo, Juan Gustavo Cobo Borda que, junto con otros, Giovanni
Quessep, María Mercedes Carranza y Juan Manuel Roca, más que
conformar un grupo, se situan, como todas las últimas promociones,
desde la individualidad de su tarea, ajena, por regla general, a
formulaciones colectivas.
Jaime Jaramillo Escobar, el poeta nadaísta, escribió hace unos
años: "Salvando diez nombres de excepción, todo el resto de la
poesía colombiana es soporífera, menos la de los poetas jóvenes que
todavía no alcanza a ser ni lo uno ni lo otro"
|
15
.
La iconoclastia burlona del grupo nadaísta se convertía 20 años
después, como ya decíamos, en el canon legal y democráticamente
aceptado de la poesía colombiana en este siglo
|
16
. Y la lista de sus diez nombres
de excepción no suscitaba ninguna aclaración o rectificación
polémica. Se iniciaba con Hernando Domínguez Camargo, el poeta
colonial reconocido en la antología en honor de Góngora (a Gerardo
Diego, por ejemplo, le conmovía la fidelidad del neogranadino a las
|Soledades, destacando, sin embargo, su "sensibilidad e
imaginación propias", y Lezama Lima lo admiraba en su libro de
ensayos
|La expresión americana) y continuaba con Silva,
Valencia, Rivera, Barba-Jacob, Luis Carlos López, León de Greiff
Aurelio Arturo y Álvaro Mutis. Añadía Jaramillo Escobar: "Esos son
los diez nombres que sustentan la poesía colombiana"
|
17
.
Luego, refiriéndose a los más recientes poetas, y desarrollando
su convicción de que si los jóvenes no atacan, "nos toca a nosotros
atacarlos a ellos, porque la paz es estancamiento", insinuaba una
explicación de ese rehusar los extremos que parecía caracterizar
incluso a la más reciente poesía colombiana y que contrastaba, en
forma abismal, con la imagen de agitación incesante y sangrienta
violencia que ya distingue al país en todo el mundo.
Decía Jaramillo Escobar: "estos poetas rehúsan los extremos,
porque son de clase media. Y es en esta clase en donde encontramos
la explicación para la falta de audacia, porque la clase media es
respetuosa y conservadora, y los poetas no han podido escapar a
esos límites"
|
18
.
Coincidiendo en alguna forma con él, el crítico y antologista
argentino Hellen Ferro, en su libro
|La poesía del Tercer Mundo
en Hispanoamérica, se preguntaba recientemente:
-
- Extraña comprobar cómo en un país que se volvió violento -qué
lejos quedaron aquellos paisajes de
|María!-, nos referimos a
Colombia, no termine de conformarse una poesía con fuerza
verdaderamente revolucionaria, con nombres que trascienden el medio
local
|
19
.
Y añadía:
-
- notamos en la nueva poesía colombiana una "indecisión", "un
desencanto" que recurre a la descripción ambiental o se refugia en
la mención erudita
|
20
.
Preguntándose:
-
- ¿En qué consiste la despolitización que ya desde los años 70
impregna a los poetas de un país de vida violenta?
|
21
La respuesta la daba él mismo: tomando en cuenta la antología
explícitamente titulada
|Una generación desencantada
(1985)
|
22
y que
comprende siete poetas nacidos entre 1935 y 1950 (José Manuel
Arango, Giovanni Quessep, Harold Alvarado Tenorio, María Mercedes
Carranza, Juan Manuel Roca, Darío Jaramillo y J. G. Cobo Borda) y a
partir de las observaciones que el prologuista del libro, Antonio
Caballero, formula sobre la desilusión y el desengaño, el miedo al
engaño y las sucesivas traiciones que parecen jalonar la historia
colombiana, concluía el crítico argentino Ferro su análisis en
estos términos:
-
- Terrible estado depresivo que comprende a toda una generación
tal vez ahitada de esos muertos, de esos engaños morales, de ese
escudriñar la cultura o los lugares sin asentarse nunca
|
23
.
Sólo que su conclusión era perfectamente aplicable a toda
Hispanoamérica hoy en día. Es difícil definir a un país, y aún más
difícil es definir una poesía. Las generalizaciones suelen camuflar
la rica diversidad y ocultar los cambios, no demasiado visibles. En
todo caso, en un valioso libro de 1927,
|Seis ensayos en busca de
nuestra expresión, el dominicano Pedro Henríquez Ureña
escribía:
-
- Cualquier lector avezado discierne sin grande esfuerzo la
nacionalidad, por ejemplo, de los poetas.
Y añadía:
-
- Observando por conjuntos, ¿quién no distingue entre la
|facundia, y la
|difícil facilidad, la elegancia
venezolana a ratos superficial, y el lirismo metafísico, la
orientación trascendental de Colombia
|
24
.
Era una buena pregunta. ¿Cómo compaginar, en consecuencia, hoy
en día, el lirismo metafísico con la violencia suicida?, ¿la
orientación trascendental con la incertidumbre y la duda, real
mente físicas?
Vasconcelos, el escritor mexicano, dijo que el lirismo había
salvado a Colombia de la crueldad. Luego del nefasto noviembre
negro de 1985, con la Corte Suprema de Justicia masacrada en pleno,
e su propia sede, y luego de "ese terrible espectáculo de
degradación política y moral que son las 164 ejecuciones del Frente
Ricardo Franco en Tacueyó"
|
25
, una purga de aparentes traidores dentro de
una fracción guerrillera, la cita resulta un tanto impertinente.
Sin hablar, por cierto, del terrorismo inmisericorde desatado por
el narcotráfico, y las matanzas proseguidas por la guerrilla como
por los grupos paramilitares.
Sin embargo, la poesía ha sido siempre impertinente. Su validez
no ha consistido nunca en responder en forma explícita a
circunstancias afligentes o conmovedoras. Ocupándose de los asuntos
que en apariencia no le corresponden, ella lo ha hecho más bien y
como debe ser, de modo ambiguo. A la rígida línea de la historia,
que es progresista según dicen, ella ha opuesto la múltiple
diversidad de sus signos. A la explícita actualidad ella la ha
trascendido mediante su flagrante anacronismo.
Un historiador, Jaime Jaramillo Uribe, ha llamado a Colombia el
país del término medio, de la
|aurea mediocritas. La carencia
de inmigrantes y el hecho de ser "una nación integralmente católica
y de buen hablar español"
|
26
repercute en otros rasgos típicos suyos,
como el civilismo -un solo golpe de estado en lo que va corrido del
siglo (1953-1957), general Gustavo Rojas Pinilla-, todo lo cual no
hace más que revelarnos cómo la perenne búsqueda de equilibrio, y
de legitimidad formal, se ve azuzada y resquebrajada,
continuamente, por esa otra constante de violencia y desigualdad
social que ha sido, también, su sino
|
27
.
Por ello la lectura de este conjunto de poetas y poemas es
importa ya que, escritos en este siglo, nos muestran cómo, a través
del lenguaje, van asomando otras dimensiones de lo humano, incluida
la histórica -"los hombres hacen la historia, pero no saben la
historia que hacen"-, y nos permiten asomarnos a la intimidad
propia de un país y sus gentes. A las formas verbales con que
reaccionan entre sí mismos y ante las circunstancias que,
determinándolos, ellos finalmente terminan por hacer suyas,
otorgándoles una razón de ser, mediante su encarnación en una
lengua. En este caso concreto: el español.
La intensidad erótica de Carranza, por ejemplo, de enamorado que
se planta ante la muerte y reafirma su sueño, tiene un vigor
autónomo en sí mismo. Si bien, como sucede en "Galerón", todos los
datos del poema pertenecen al arsenal folklórico de la región natal
de Carranza, los llanos orientales que Colombia comparte con
Venezuela, el poema no es más que una enardecida historia de amor.
Pero una historia que a todos nos concierne.
La de quien, desde su tierra, se hunde en ella, recreándola en
música y desvelo, en nostalgia y baile. En imágenes carnales. A la
vez dominada y desbordante, esta pasión creativa revela su miedo
ante la muerte y al mismo tiempo su júbilo de vencerla mediante ese
goce, gracias a ese canto.
Igual sucede con el poeta "Cita", de Alvaro Mutis. Prosiguiendo
ese retorno que su libro
|Crónica regia (1985) lleva hasta
sus últimas consecuencias, él continúa su peregrinaje en busca del
hilo perdido de sus raíces hispánicas, reiterando su fidelidad a un
monarca como Felipe II, congruente, en ello, con su idea de que
sólo una norma de carácter trascendente, como la monarquía de orden
divino, puede trazar pautas en la vida de un hombre. Ahora, en esta
cita con el "Caballero de la Triste Figura", él busca también esa
lección que ha de durar lo que dura la vida de los hombres. "La
obstinada sangre para amar y morir", que nos viene de España,
constituye entonces su preocupación más honda.
Quimeras, locuras, encuentros imposibles, el niño de Neanderthal
o el mito de Sísifo, vistos con ojos actuales en poemas de Jaime
Jaramillo Escobar o Mario Rivero, fantasmas reales que dialogan con
nosotros, en el entresueño, como en los poemas de Charry; o ese
otro que también somos, ese hermano imaginario que, como
posibilidad irrealizada, siempre nos acompaña -como en el poema de
Darío Jaramillo, incluido en
|Poemas de amor (1986) -resultan
formas insolentes y a'bitrarias de una imaginación que se quiere
dueña de sí misma y, en consecuencia, de todo el ilimitado
horizonte que por definición le corresponde. "Horror de la vida,
éxtasis de la vida".
En su libro de ensayos, Lector de poesía (1975), Fernando Charry
Lara dedica cuatro trabajos a cuatro poetas de la generación del
27: Cernuda, Aleixandre, Salinas y Guillén. En el primero de ellos
concluye afirmando: "La imaginación es la única fuerza capaz de
despertar la conciencia del hombre. Cuanto más hoy se cerca al
individuo, más violentamente lo rescata la poesía"
|
28
.
Por su parte Fernando Arbeláez, en un premonitorio poema de la
pasada década, "Los presagios de la lluvia", se preguntaba:
-
- ¿Qué será posible
entre las mistificaciones y el aire
- entre la vergüenza y la bondad
- entre la soledad y el juicio
La pregunta que formula toda auténtica poesía es siempre la
misma. Y, curiosamente, a través de los siglos, las respuestas son
también afines. En contra de la "mísera incuria de los hombres", el
"rendido amador de Dulcinea" prosigue su camino. Ya no por la
llanura castellana sino por las calientes tierras colombianas.
El diálogo entre América y España, base ineludible de nuestra
poesía, vuelve a abrirse
|
30
. Esta propuesta de lectura, hecha desde una
perspectiva colombiana, quiere contribuir a tal propósito.
|
1
|
Edelberto Torres,
|La dramática vida de Rubén Darío, 5ª
edición (Managua: Editorial Nueva Nicaragua, 1982), p. 179.
|
|
2
|
Carlos García Prada, "¿Silva contra Darío?",
en
|Hispania, XLIII (1960), p. 179.
|
|
3
|
José Asunción Silva,
|Poesías, Edición crítica por Héctor
H. Orjuela (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1979), pp.
321-323.
Sobre el mecanismo de la parodia dentro del modernismo ver el
estudio de Emir Rodríguez Monegal "El caso Herrera y
Reissig", en
|Eco, 224-226 (Bogotá, junio-agosto
1980), pp. 199-216.
|
|
4
|
Pere Gimferrer, "Fernando Fortún, ahora", en
|El País Libros, Madrid, domingo 12 de mayo de 1985, p.
7.
|
|
5
|
En el trabajo, por otra parte valioso, de James J. Alstrum,
"Las gotas amargas de Silva y la poesía de Luis Carlos
López", incluido en
|José Asunción Silva, vida y
creación. Selección de Fernando Charry Lara (Bogotá:
Procultura-Presidencia de la República, 1985), pp. 211.232. En
dicho repertorio crítico se agrupan 45 trabajos sobre Silva.
|
|
6
|
Jose Olivio Jiménez,
|Antología crítica de la poesía
modernista hispanoamericana (Madrid: Ediciones Hiperión, 1985),
p. 140.
|
|
7
|
Incluido en
|José Asunción Silva, vida y creación, op.
cit., pp. 425-437.
|
|
8
|
Fernando Charry Lara,
|Poesía y poetas colombianos
(Bogotá: Procultura-Presidencia de la República. 1985), p. 23.
|
|
9
|
Fernando Vallejo,
|Barba Jacob el mensajero (México:
Editorial Séptimo Círculo, 1984).
|
|
10
|
Jorge Cuesta.
|Antología de la poesía mexicana moderna
(1928). Reedición (México: Fondo de Cultura Económica, Sep, 1985),
p. 117-122. Se incluyen cinco poemas de Ricardo Arenales:
"Canción de la vida profunda", "La
Reina", "Estancias", "Los
desposados de la muerte", "Lamentación de
octubre".
|
|
11
|
Fernando Vallejo,
|op. cit., p. 123.
|
|
12
|
Fernando Vallejo,
|op. cit., p. 205.
|
|
13
|
Incluida tanto por Leopoldo Panero en el segundo tomo de su
|Antología de la poesía hispanoamericana. Desde Rubén Darío hasta
nuestros días (Madrid: Editora Nacional, 1945), pp. 109.115,
como por Carlos García Prada en su antología de
|Poetas
modernistas hispanoamericanos (Madrid: Ediciones Cultura
Hispánica, 1956), pp. 248-253.
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14
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Jaime Ferrán,
|Antología de una generación sin nombre:
últimos poetas colombianos (Madrid: Editorial Rialp, Colección
Adonais. Nº 277-278, 1970). Sobre el período 1970-1980 ver J. G.
Cobo Borda:
|Álbum de la nueva poesía colombiana (Caracas:
Editorial Fundarte, 1981), 224 p.
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15
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Jaime Jaramillo Escobar, "El pipiripao y el gran
turmequé, en
|El Espectador, Magazín Dominical, Nº 103, marzo
17 de 1985, pp. 4-7.
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16
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Así, por lo menos, lo atestiguan las diversas antologías. Ver,
por ejemplo, el ya citado panorama de Fernando Charry Lara,
|Poesía colombiana, 1880-1980. Una selección (Bogotá: Círculo
de Lectores. 1981), 238 p., y J. G. Cobo Borda,
|Álbum de poesía
colombiana (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, Biblioteca
Básica, Nº 41, 1980), 177 p.
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17
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Jaime Jaramillo Escobar,
|art. cit., p. 6.
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18
|
Ibid.
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19
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El trabajo de Hellen Ferro, aún inédito, y titulado
|La
poesía del Tercer Mundo en Hispanoamérica, abarca el período
1960-1985, el cual subdivide en cuatro partes: "La
elección política", "La canción de
protesta", "El compromiso
tercermundista", "La despolitización".
Sobre la poesía hispanoamericana las mejores aproximaciones
críticas se hallan en los diversos volúmenes de ensayos de Octavio
Paz y en el libro de Guillermo Sucre:
|La máscara, la
transparencia (México: Fondo de Cultura Económica, 2a. edición,
1985). Sobre los poetas hispanoamericanos nacidos entre 1910 y
1939, ver J. G. Cobo Borda.
|Antología de la poesía
hispanoamericana (México: Fondo de Cultura Económica, 1985),
518 p.
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20
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Hellen Ferro,
|op.cit.
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21
|
Ibid.
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22
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|Una generación desencantada. Compilador Harold Alvarado
Tenorio (Bogotá. Universidad Nacional, 1985), 214 p.
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23
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Hellen Ferro,
|op. cit.
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24
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Pedro Henriquez Ureña,
|Seis ensayos en busca de nuestra
expresión (Buenos Aires: Editorial Babel, 1927), p. 79.
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25
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"Camilo: el cadáver de la izquierda",
|Semana, 198 (Bogotá, 18-24 de febrero de 1986), p. 41.
Constatando cómo el influjo de Camilo Torres, el cura guerrillero,
a 20 años de su muerte es nulo en Colombia, el articulista cita a
García Márquez: América Latina "sólo tiene héroes
muertos", y concluye: "Todo eso es historia
habitual en Colombia. Una historia llena de generaciones perdidas,
de esperanzas frustradas, de reformas postergadas, revoluciones
prometidas. de símbolos manipulados, de mártires
enterrados".
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26
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Jaime Jaramillo Uribe, "Algunos aspectos de la
personalidad histórica de Colombia", en su libro:
|La
personalidad histórica de Colombia y otros ensayos (Bogotá:
Instituto Colombiano de Cultura. Biblioteca Básica Nº 28, 1977),
pp. 131-153. El ensayo está fechado en 1969 y en su nota final
aclara: "Es muy probable que el desarrollo de los últimos
50 años haya cambiado en forma muy considerable la estructura
social de Colombia, produciéndose una más acentuada y compleja
diferenciación social".
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27
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Ver Françoise Barthélémy, "Dramático fin de mandato
para el presidente Betancur", en
|Le monde
diplomatique en español, edición Cono Sur, 1, 7 (febrero-1986),
p. 6-8. Allí se dice: "Se espera siempre la puesta en
práctica de una auténtica 'apertura democrática' que ponga fin al
yugo del bipartidismo liberal-conservador establecido desde 1957.
Un sistema que asfixia la vida política, muy a menudo limitada al
'clientelismo', favorece la corrupción y el terrorismo, explica el
desinterés del electorado por el voto (la abstención alcanza una
medida del 60% al 80% de los inscritos), permite al ejecutivo
recurrir constantemente al estado de sitio para responder a los
innumerables conflictos que implica la persistencia de numerosas
desigualdades sociales".
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28
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Fernando Charry Lara,
|Lector de poesía (Bogotá:
Instituto Colombiano de Cultura, Colección Autores Nacionales Nº 3,
1975), p. 104.
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29
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Incluido en Fernando Arbeláez,
|Serie china y otros
poemas (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, Colección
Autores Nacionales Nº 41, 1980), p. 41-44.
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30
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He proseguido este análisis en "entre las dos orillas
de la poesía hispánica", incluido en J. G. Cobo Borda
|Presencia cultural de Colombia en España (Madrid: Embajada
de Colombia en España, 1993), pp. 11-22, reproducido en la revista
|Fin de siglo, 5 (Cali, junio 5 de 1993), pp. 33-38, con el
título de "Las dos orillas de la poesía".
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