Hablan las
mujeres
Tal el caso, por ejemplo, de María Mercedes Carranza:
"Oídme bien, lo digo a gritos: Tengo miedo".
Soledad, desunión, amargura autista. Su rostro, en el espejo, le
brindará el plano irresoluto de una ciudad, Bogotá, que, como la
Buenos Aires de Borges o la Alejandría de Cavafy, apenas si otorga
"el cansancio y el tedio de la convivencia». La
agresividad sarcástica contra una historia coagulada, que manifestó
en su primer libro,
|Vainas y otros poemas (1972), parece
ahora un arma para herirse a sí misma, como si el fracaso de una
historia oficial desembocara, finalmente, en la soledad
claustrofóbica de estas historias particulares.
Una modulación afín del fracaso nos la da Piedad Bonnett con
|Círculo y ceniza (1989), donde las calles rotas de Bogotá
vuelven a corroborar una pasión convertida en vacío. Sólo el rapto
de la sensualidad mitiga esa catástrofe urbana.
En otras, como Liana Mejía, el canto se abre con un golpe de
feroces revelaciones: "Espoleada por el odio/mi
rabia/yegua de rojas crines/abriéndose paso/a través de la
noche", como en su libro
|Extraña en mi memoria
(1983), donde se comprueba el interés suscitado por la figura de
Alejandra Pizarnik, una referencia habitual de esta escritura.
Pero hay también aquí otra paradoja: la poesía escrita por
mujeres, oscilante entre la soledad y la solidaridad, entre la
disolución del ego y la adquisición feminista que supere lo local,
de la cual existen notables precursoras, entre ellas Meira Delmar,
también parece institucionalizarse en eventos como los
"Encuentros de poetas colombianas», realizados hasta ahora
en número de seis en el Museo Rayo, de Roldanillo, Valle, población
de 50.000 habitantes, o en sus presentaciones conjuntas en la Feria
del Libro de Bogotá, evento anual de carácter internacional.
Sin embargo, la recopilación en varios volúmenes, de los Poemas
leídos en el Museo Rayo no resulta demasiado atractiva. Voces
débiles y previsibles, en su rutina apenas enumerativa de arrebato
y olvido, pagan una cuota muy alta a los remanentes desuetos de una
poesía entendida como profesionalmente femenina. Las formulaciones
teóricas llegan a ser más válidas que la Praxis misma. Así habla
Agueda Pizarro, principal animadora de dichos encuentros:
-
- La poesía de la mujer latinoamericana del siglo XX es
testimonial contra la injusticia a todo nivel, en todo país. Es
ecológica -busca la relación antigua con la tierra-. Es solidaria
con las víctimas de toda guerra, de toda tragedia. Está plenamente
consciente de que la tierra se viola y de que todos sus hijos se
trituran y contrarían los ritmos vitales de todos los días. Más que
nada es consciente de que la voz poética es una voz heredada, una
voz que contiene las palabras de siglos de hablantes de un idioma.
La mujer es consciente de que esa voz colectiva vive en la
conciencia de las madres. De que toda música del pueblo es origen
de poesía
|
18
.
Busca, en consecuencia, una resacralización de lo humano. Como
dice una de ellas: "La mujer de hoy hace conciencia de
realidades que califican la vida. Y combatirían nuestra desidia
mortal, haciendo plena y gozosa la existencia"
|
19
.
Sagrado, entonces, de la vida, del cuerpo, de lo cotidiano, y
sagrado, ¿por qué no?, del texto mismo, corroído por la tradición
racional y científica. Lo arduo de la comunicación, la
obsolescencia de los vocabularios, lo unívoco de ciertos códigos,
la falta de espíritu, en definitiva, ante la mecanización
inexorable, es la que hace de sus textos, tan balbuceantes a veces
como poco "formales", un asomo hacia verdades más
íntimas. "Un espacio para lo auténtico", como
definió la poesía Marianne Moore.
Ello le ha dado a lo que escriben las mujeres un tono valiente y
urgido. Una sinceridad expuesta y exenta de conformismos, salvo,
quizá, los propios de una poesía que en general ignora la ruptura.
El panorama, sin embargo, de María Mercedes Carranza a Anabel
Torres, de Mónica Contovnick a Eugenia Sánchez Nieto, resulta
sugestivo. Va más allá del saludable combate contra el machismo,
tan letal, por cierto, a todo lo largo de la historia
colombiana.
Se cuestiona así el centro tradicional de poder desde una
periferia disidente. Ellas hacen del útero, matriz donde se halla
contenido todo el proceso de reproducción biológico, la base de una
escritura que abarca -tamizados- muchos de los elementos que el
feminismo ha expuesto a la luz y que les permite revaluar su propia
tradición latinoamericana tal como lo han intentado críticas como
Helena Araújo. Menciona ella escritoras como María Luisa Bombal,
Marta Traba, Cristina Peri Rossi y Marvel Moreno, quienes han
contribuido a reconocer el núcleo poético de toda escritura Ocluida
durante tanto tiempo en el mutismo,
cuando no en la alusión inadvertida, la voz femenina comienza a
expresarse. Asi lo intenta Renata Duran en su
|Oculta
ceremonia (1985), al partir de esa base que todo poeta sabe
suya: "No pueden las Palabras/con el peso del
mundo". Asi lo busca Eugenia Sánchez Nieto en su libro
|Con la venia de los heliotropos (1990), donde lo importante
no es la ironía del titulo sino "perdurar en el lugar del
combate/Amanecer cada uno con el corazón del otro".Darle,
en definitiva, posibilidad de diálogo al desconocido que en tantas
ocasiones nos agrede con su silencio imposible.
Otro tipo de poesía, mas intelectual, mas reflexiva, puede
partir de la imaginería tradicionalmente entendida como poética y
retomar el aporte de la poesía española, desde el siglo de oro
hasta la generación poética del veintisiete es el caso de Jaime
Garcia Maffla y su libro
|Las voces del vigía (1986)
Donceles, saudades y fuentes le permiten expresar definitivas
advertencias sobre la pérdida de una interioridad en la cual el
canto, como lo quería Rilke, reconstruya la morada humana. Pero esa
aleación no excluye la irrisión: ya en libros anteriores García
Maffla había sabido desdoblarse a través de la voz del bufón que no
teme correr detrás de un "halago miserable". El
poeta trascendente también busca el reconocimiento de sus
pares.
En cambio, un poeta más joven, Horacio Benavides, busca
afiliarse a aquella milenaria tradición fabulista según la cual no
hay nada mejor que las bestias para comprender a los hombres. Así
lo expresa en:
-
Demasiado abstracta en ocasiones -el caso de Gonzalo Márquez
Cristo y su
|Apocalipsis de la rosa (1990)-, excesivamente
realista en otras -el
|Libro de las crónicas, de Jorge García
Usta-, la poesía colombiana de la última década puede mostrar
sugerentes libros de autores jóvenes.
Como ejemplo:
|Hilo de arena (1986), de William Ospina,
también destacado ensayista;
|Poemas para una fosa común
(1984), de Ramón Cote;
|El desorden del viento (1989), de
Jorge Bustamante;
|El viento en el puente (1990), de Alvaro
Rodríguez;
|Glimpses (1990), de Mario Jursich Durán;
|Poemas para leer en el bus (1991), de Rubén Darío Lotero, y
los libros de Rafael del Castillo,
|Canción desnuda (1985),
|El ojo del silencio (1985) y
|Entre la oscuridad y la
palabra (1992).
Manejan con solvencia variadas lecturas, y la insistencia
militante en una épica heroica ha dado paso, en la sobriedad, en el
desencanto, a un nuevo paisaje, tanto formal como temático. Quizá
han recobrado la sabia observación de Baudelaire expresada en 1859:
"La poesía no tiene a la Verdad por objeto, su fin es ella
misma".
Una subjetividad universal revalúa los temas de amor y muerte
con una mayor carga simbólica y un lenguaje terso y afectivo, que
parece dejar atrás la aventura surrealista en aras de una prosodia
más afín con referencias inglesas o norteamericanas. Sin embargo,
el surrealismo sigue teniendo incondicionales seguidores, como Raúl
Henao, quien mantiene viva la consigna de Blake acerca del poeta
como miembro del partido del diablo en la divulgación de los
aportes del grupo chileno Mandrágora
En todo caso, y dentro de la variedad fecunda de líneas, se
busca una contemplación que supere lo aparente e impregne al mundo
con la mirada escrita de quien lo recorre lúcido y fervoroso a la
vez. Lo vio bien Alvaro Rodríguez en "Mi
oración":
-
- la memoria arremolina las imágenes,
- y en lo profundo de la sangre
- alterna desdén y agradecimiento;
- -puesto que el hombre es más que pensamiento
- pasión es, y es negación apasionada-
- porque aun en el quebranto
- no me empobrezca hasta el hueso
La Poesía parece añorar fatigada un esplendor que antes, al ser
imposible, la enriquecía. Ella se nutría con el júbilo apasionado
de un canto inaudible. Es obvio que esto el país ya no lo permite,
pero también es sabido que en tiempos difíciles la poesía crece con
mayor ímpetu. Sólo que su vitalidad, su diversidad y su entusiasmo,
la proliferación de revistas y festivales internacionales de
Poesía, en Medellín y Bogotá, la pluralidad democrática de sus
voces múltiples bien pueden lograr que una cultura sana en un país
enfermo (esa paradoja última) incida, de modo imperceptible, en la
modificación de conciencias y sensibilidades retraídas por el miedo
y replegada ante los excesivos crímenes. En un panorama de bombas y
asesinos en moto, de guardaespaldas, secuestros y voladuras de
oleoductos donde el idealismo guerrillero se ha trocado en negocio
turbio, el delgado hilo de agua de la poesía sigue su camino
|
20
. Por más que el poeta
se invista aún de todos los atributos románticos del rechazado o
del maldito, sus palabras continúan buscando, con desesperación o
indiferencia, con alegría sí, el camino para llegar a un oído
receptivo. Con compartible coraje lo pide Orlando Gallo en un poema
de un libro cuyo título resulta revelador sobre estas mismas
páginas:
|Los paisajes fragmentarios (1985). Fragmentos que
no llegan a la plenitud y que, sin embargo, desde la zozobra la
intuyen y en alguna forma colaboran a percibirla con mayor nitidez.
Ya no hay distancia entre la realidad y las palabras, porque lo que
cuenta es la realidad autónoma de la propia poesía. Así estos
poetas. Así este poema:
-
- aspiro a equivocarme una y otra vez
- con la misma ciega fiebre;
- a no hacerme hábil y oficioso
- Porque no me basta el furor del victimario.
|Darío Jaramillo (1948)
|
21
:
Al publicarse, en 1985, el volumen colectivo
|Una generación
desencantada (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 214
páginas), un volumen en el que se reúnen obras de siete poetas
colombianos -José Manuel Arango, Giovanni Quessep, Harold Alvarado
Tenorio, María Mercedes Carranza, Juan Manuel Roca, Darío Jaramillo
y J. G. Cobo Borda-, todos nacidos entre 1935 y 1950 y cuyo primer
libro apareció en la década del 1970, se suscitó un amago de
polémica acerca de los límites de su desaliento. Respondiendo a una
encuesta sobre el tema, Darío Jaramillo aclaró el asunto: ningún
poeta colombiano, ningún colombiano, por mínima que fuese su
inteligencia, podía no reconocer la crisis por la que atravesaba el
país. Pero esa obvia lucidez no podía impedirles tampoco advertir
cómo en el campo específico de la poesía esa disolución y ese
cuestionamiento de todos los mitos no habían producido, por lo
menos, algunos frutos.
Uno de ellos, por ejemplo, la posibilidad de reivindicar o
exaltar el cuerpo. No sólo en contra de hipocresías morales o
reprobaciones eclesiásticas, sino, en sí mismo, como una forma de
afirmación vital frente a la violencia y la muerte. Gracias a esos
textos comenzábamos a conocerlo y palparlo. A disfrutarlo. A
mantenerlo vivo.
"Tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce", dice el poema N° 8 de
este nuevo libro de Jaramillo, y la connotación
erótico-sacralizada, que bien puede provenir del
|Cantar de los
cantares o del
|Cántico espiritual, de san Juan de la
Cruz, se trueca, renglones después, en un más sobrio: "tu lengua
que me explora y me descubre". Pareja que se reconoce y se goza,
"por encima de la alharaca del mundo" y "en lenguaje cifrado",
estos poemas entonan el ya eterno canto de la dicha. De la
distancia en que se recobra lo perdido: "Y cuando, ausente, mi
vacío te convoca", dice Jaramillo con buen verso castellano,
haciéndolo subsistir, fuego que no se extingue, en las quemantes
líneas de esos 14 poemas de amor que integran la primera parte de
su libro.
Poemas, entonces, para proteger el amor y preservarlo intacto.
Poemas eufóricos en medio de un tiempo gris. Poemas catárticos que
expulsan del corazón "todo el asco acumulado", convirtiéndolo,
borgianamente, en música, rumor y símbolo: "Algún día te escribiré
un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel y que
convierta en palabras tu mirada. / Sin comparaciones, sin
metáforas, algún día escribiré un poema que huela a ti".
Limpios y precisos, despojados del innecesario énfasis de la
adjetivación, los nuevos poemas de Darío Jaramillo, escritos entre
1976 y 1983, entregan su luz propia y un fulgor resistente. Su
dureza es grata: son cuerpos que han encarnado, para nosotros, en
un lenguaje exacto.
Un lenguaje, cómo no, que retorna instancias de su anterior
libro, Tratado de retórica (1978), autocuestionándose con
saña
-"la literatura es una lepra"-, pero que en esta ocasión, con mayor
sabiduría y desamparo más inerme, concluye su debate aceptando la
piadosa ironía de toda existencia humana:
-
- Acaso el silencio sea la única cordura del amor y decirlo su
locura más tonta.
Oscilando, entonces, entre la "fugaz ebriedad del
mundo" y "el hábito del desencanto",
ellos logran mantener su calor humano más allá de la nada que
erosiona -ver "Álbum de fotos"-, más allá de las
presencias invasoras que se inmiscuyen en su "tibio
ámbito" y más allá, incluso, de la certeza original que
les da razón de ser y que Jaramillo ha expresado en una forma total
mente clásica:
-
- no olvides, especialmente entonces,
- cuando llegue el amor y te calcine,
- que primero y siempre está tu soledad
- y después, si ha de llegar, está el amor
Sólo que la insensatez clarividente del enamorado, al igual que
la clara demencia de la poesía, subsisten, intactas. "Sé
que el amor no existe y sé también que te amo". Así
concluye la primera parte de este libro. Esta moraleja no refuta la
conseguida belleza. Antes, por el contrario, reafirma su propósito
de cantar todo con nada, de lograr que él y aquel otro que lo
habita y que envejece, siendo a la vez invasor y exiliado, siendo,
al mismo tiempo, "furiosamente libre" e
"intolerante como yo", no se re concilien, o
anulen, sino que mantengan su tensión. Ésta le permite elaborar
poemas como "Testimonio acerca del hermano" o
"Felisberto: tiempo oscuro", de desarrollo más
complejo y ambi güedades muy eficaces.
En unas "Notas sobre la poesía hispanoamericana
actual"
|
22
. decía Pedro Lastra que los cuatro rasgos
distintivos de la poesía actual, en Hispanoamérica, serían: 1.
"la aparición del personaje, de la máscara o del doble en
el espacio poético". Trasformación del sujeto poético,
despersonalizando al hablante. 2. "Recurso a la
narrativa". 3. "Recurso a la intertextualidad 4.
"Reflexión sobre la literatura dentro de la
literatura". Con palabras de Vicente Huidobro:
"una poesía escéptica de sí misma".
Algo de todo ello hay en este tercer libro de Poemas de Darío
Jaramillo. Su apelación a una máscara, a un doble, a ese hermano
imaginario, ya presente desde su primer libro,
|Historias
(1974), y que aquí alcanza su culminación expresiva. Su capacidad,
explícita en su novela
|La muerte de Alec (1983), para
manejar los recursos de la ficción. También en ella un texto de
Felisberto Hernández sirve como desencadenante textual de la muerte
que menciona el título. Este recurso a la intertextualidad se
confirma y acentúa ahora al titular la última parte de este libro
"Colección de máscaras".
Allí donde Scott Fitzgerald y Salinger, Barba-Jacob, Platón y
Heráclito le permiten hablar de sí mismo a través de palabras no
del todo ajenas. Y, claro está, el mantener una aguda conciencia de
esa "letanía incolora", de ese
"claroscuro del éxtasis y la cavilación", al cual
su poesía se enfrenta con renovado vigor. De allí se nutre. Gracias
a esa duda de sí misma crece y se mantiene quizá, por ello, en la
segunda parte de su libro, "Escenas de la vida
diaria", "la amarga poción de tu
cautela", esas zonas anestesiadas de sí mismo
-"convirtió su ternura en una especie de
indolencia" las cuales son trascendidas por la civilidad
de la convivencia familiar -"sonriéndonos con afecto y
respeto y lejanía"- o resultan superadas, como en el caso
del poema dedicado a Felisberto Hernández, gracias a "un
coraje ciego que actuaba con él" o como en el Poema
referido a su hermano imaginario, reconociendo en él al
"desatado de toda obligación que no sea su
instinto".
Coraje ciego, instinto: son ellos los que combaten la inercia al
hacer de su curiosidad por saber cómo se pudre, una forma Válida de
conocimiento. "Importaba solamente saber con claridad su
horror". Por ello, "seguro de mi tiniebla y del
resplandor ajeno", sus textos llegan a convertirse en
emisores de sentido, convincentes y diáfanos. Los 10 poemas de la
tercera parte de su libro, "De la nostalgia", lo
atestiguan sin ninguna reticencia. En ese ámbito "de
pétalo y cristal, de mineral y teca", se reafirma una
palabra seca y no por ello menos cálida. Una palabra escueta pero
dotada de una luminosidad infatigable, que perdura y mantiene su
resonancia, sin ningún altibajo. Son ya ámbitos encantados. En
ellos sus mecanismos de composición son visibles, sus ideas
también, pero el resultado asume todo ello, al dejarnos en
suspenso, voluntariamente ajenos a cualquier incredulidad. Esa
poesía habla así y ante ella cualquier glosa resulta superflua:
Como lo dijo Rodó en su ensayo sobre Darío (1899):
"Trascribir es una manera de juzgar"
|
23
.
-
- Vana memoria que no puede traerte desde lejos,
- que no te vuelve carne, risa gentil o canto.
- Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más
- incapaz de acariciar tu piel distante,
- vana y obsesiva memoria que solamente alcanza
- a repetirme por quien vivo,
- que respiro por este amor invulnerable y sin
- También ausentes eres mi presencia más cálida,
Alvaro
Miranda
Álvaro Miranda nació en Santa Marta en 1945. Luego de diversas
publicaciones en volúmenes colectivos editó en 1971 su primer
libro:
|Indiada. Fundador de la revista
|El papagayo de
cristal, con
|Los escritos de don Sancho Jimeno obtuvo el
Premio Nacional del Poesía de la Universidad de Antioquia. Libro
singular este, en el que a través de la ficción literaria del
descubrimiento de unos viejos papeles de quien fuera gobernador de
Cartagena, en la época de los piratas, Miranda apela a la riqueza
del español arcaico y a su muy fino oído para percibir la fuerza de
lo coloquial, y arma una serie de textos sorprendente en los cuales
el lenguaje se hace gozo y paladeo:
-
- Allá viene el congo golero:
- pucha arriba, pucha abajo,
De este modo Miranda desarrolla una historia que no vacila en
remontarse a España, recabar las presencias de José Asunción Silva
y Julio Flórez, hacer suyos momentos en la vida del general
Herrera, Jorge Eliécer Gaitán y Jorge Zalamea, e insistir en el
descubrimiento de la naturaleza colombiana -de la Costa a los
Llanos, del Amazonas a los Andes-, a través de una de las aventuras
verbales de mayor originalidad con que cuenta la nueva Poesía
colombiana:
-
- No quiero ajises que piquen
- la pereza y los chinchorros.
Así Miranda elabora un contrapunto en el cual "el reír
desprevenido, el reír ingenuo, el reír que arrastra la certeza y el
fervor de que ahora, sólo ahora, se vive todo el
absoluto", se ahonda en una mirada muy perspicaz que
recrea, e inventa, el verdadero tono de nuestra gente, no en su
trascripción trivialmente realista sino siguiendo el ritmo que le
marca su imaginación, fieramente apegada a la tierra, al anís con
casabe, pero capaz igualmente de trascenderlo en su vuelo creador.
Otorgándole voz, por fin, a los seguidores de Jorge Eliécer Gaitán,
dice, por ejemplo:
-
- Porque nosotros, siendo buenos, seguíamos al sol,
- los seguimos, siendo tartamudos,
- y luego hablábamos y luego lo
- rastrojo tras rastrojo, siendo cojos,
- lo seguíamos por ahí, por las mazmorras,
- lo seguíamos siendo mancos, lo
- y luego hablábamos, siendo sordos,
- y luego por ahí, bien cotudos,
- lo seguíamos, por ahí, bien herniados,
- lo seguíamos, seguíamos al sol.
Se abre así, con este delgado volumen, una perspectiva más
enriquecedora para hacer de nuestro idioma -el español- un preciso
instrumento de captación de aquellos sueños, traumas y silencios,
que en muchos casos nuestra historia había decidido acallar y que
la poesía, por fin, como en el caso de este libro de Miranda,
vuelve incontrovertible realidad. Una realidad sonora, pujante,
donde el arcaísmo resulta innovador y la retórica se carga de una
fuerza erótica insospechada, al hacer del arquetipo femenino una
potencia avasalladora en su telurismo verbal de buena ley. Allí
donde el cuerpo y la historia se vuelven una única realidad
incontrovertible: la historia vuelta lenguaje poético, sólo
lenguaje rítmico y perdurable.
|
18
|
|Cuarto encuentro de poetas colombianos (Roldanillo:
Museo Rayo 1989), p. 4.
|
|
19
|
Lilian Bernal Rozo: "Caudal reprimido", al
presentar una muestra de poesía erótica femenina colombiana.
|El
Tiempo, Bogotá, "Lecturas Dominicales", enero
3 de 1993, pp. 8-l0
|
|
20
|
James Alstrum: "Generación de
|Golpe de
Dados" aspectos principales del movimiento
postnadaísta, en
|Historia de la poesía colombiana (Bogotá:
Ediciones Casa Silva, 1991), pp. 513-527 que incluye
bibliografia.
|
|
21
|
Darío Jaramillo Agudelo,
|Poemas de amor (Bogotá:
Fundación Literaria Simón y Lola Guberek, Colección Literaria, Nº
17, 1986), 90 p., Alvaro Miranda:
|Los escritos de Don Sancho
Jimeno (Medellín: Universidad de Antioquia, 1983), 98 p.
|
|
22
|
Publicado en
|Inti, 18-19 (Rhode Island, otoño de
1983-primavera 1984).
|
|
23
|
En los
|Ensayos de literatura colombiana (Bogotá: Plaza y
Janés, 1985), compilados por Raymond Williams, se encuentra el
trabajo de Isaías Peña "La literatura del 'Frente
Nacional'", pp. 223-227, donde se caracteriza de este modo
a Jaramillo y a otros miembros de su generación. Dice allí:
"Un grupo se enfrentó al caos y al desgaste del país
nacional. Lo hizo asumiendo distintos derroteros. Unos optaron por
la ironía, como María Mercedes Carranza, Nelson Osorio Marín, Cobo
Borda, Darío Jaramillo". Y luego añade: "La
ironía de la 'generación sin nombre' dio paso al escepticismo y a
la nostalgia" (p. 230). Ver, también en el mismo volumen,
el trabajo de James J. Alstrum: "La escritura alusiva y
reflexiva de Darío Jaramillo Agudelo" pp. 197-204. Para
considerar la poesía de Jaramillo en un marco más amplio que el
simplemente colombiano, ver J. G. Cobo Borda: "More
personal paths: Spanish American Poetry, 1960-1980" en
|Review, Nº 334 (Nueva York: enero-junio 1985), pp. 21-75,
incluido ahora en J. G. Cobo Borda:
|Letras de esta América
(Bogotá: Universidad Nacional, 1986).
|