EL NADAÍSMO
En Medellín, una de las ciudades más tradicionales de Colombia,
apareció en 1958, en la papelería y tipografía Amistad, un folleto
de 42 páginas titulado
|Manifiesto Nadaísta, firmado por
gonzaloarango (sic). El diseño de los títulos era pueril y varias
de las ideas perfectamente razonables. Pero a partir de allí un
vasto movimiento de agitación intelectual iba a ocupar un papel
preponderante en el panorama cultural colombiano.
"El Nadaísmo, en un concepto muy limitado, es una
revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual
imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico
consciente entre los estados pasivos del espíritu y la
cultura", anunciaba la primera página del texto, el cual
procedía luego, aduciendo en su respaldo citas o menciones de
Mallarmé y Sartre, Breton, Kierkegaard, Kafka, Gide y Spencer, a
formular un vasto programa de subversión cultural (estético, social
y religioso) que, apoyándose en la duda y en los elementos no
racionales, y teniendo como armas principales la negación y la
irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo
continuo, buscaba el cuestionamiento de una sociedad, la
colombiana, en la cual "la mentira está convertida en
orden"
|
1
.
Había, ciertamente, elementos de gran validez en esa formulación
y una conciencia muy aguda de sus limitaciones: "La lucha
será desigual considerando el poder concentrado de que disponen
nuestros enemigos: la economía del país, las universidades, la
religión, la prensa y demás vehículos de expresión del pensamiento.
Y además, la deprimente ignorancia del pueblo colombiano y su
reverente credulidad a los mitos que lo sumen en un lastimoso
oscurantismo (...). Ante empresa de tan grandes proporciones,
renunciamos a destruir el orden establecido. Somos impotentes. La
aspiración fundamental del nadaísmo es desacreditar ese
orden".
Esta generación "frustrada, indiferente y
solitaria", como se autocalificaba, que coqueteaba con el
suicidio y encontraba en La náusea de Sartre su Biblia, se proponía
en consecuencia "no dejar una fe intacta, ni un ídolo en
su sitio", mediante una actitud iconoclasta que se
expresaría simultáneamente en dos campos: el literario y el vital.
El primero gracias a la revista Nada, anunciado órgano del
movimiento que sólo habría de volverse realidad doce años después
con la aparición de
|Nadaísmo 70 (8 números entre 1970 y
1971), y lo segundo a través de un comportamiento humano abierto y
en ocasiones desenfrenado que ya desde el primer momento buscaba
mediante su vinculación con los jóvenes, los coca-colos de
entonces, una vasta irradiación.
Este combate, que tomaba en cuenta tanto las precarias
condiciones de la educación colombiana como las limitaciones de una
literatura oscilante entre lo folklórico y lo regional (combate
condenado de antemano tanto por los defensores de "lo
autóctono" como por los partidarios de "la
realidad histórica y social"), tenía el atractivo de
presentarse como algo exento de dogmas. Apertura que hallaba su
punto de partida no en una idea abstracta sino en una realidad
exacerbadamente personal. Así las páginas finales estaban dedicadas
a un bastante narcisista "Esquema para una definición de
mi existencia", en el cual gonzaloarango a los 26 años
(tenía, en verdad, dos más) repasaba, a todos sus niveles, su vida,
para concluir en una esperanza de superación mediante una nueva fe
y una nueva belleza ("-El Nadaísmo-. Mi última
oportunidad"), como no dejaba de proclamar, en tono algo
melodramático.
Más valiosas en realidad resultaban las líneas finales del
citado
|Manifiesto, en las cuales, preguntándose hasta dónde
llegarían, respondía en forma premonitoria: "El fin no
importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es
también el cumplimiento de un destino". Esta permanente
indefinición es la que a lo largo de los años les ha permitido
continuar en la brega. Las 12 líneas que monsieur Larousse (según
dicen ellos) les pidió para su diccionario nunca fueron escritas y
en dicho humor, exasperante para los hombres de una sola pieza,
reside quizá una de las mayores virtudes de este movimiento, en
ocasiones singularmente creativo y en otras completamente errático
y, lo que es más grave, filosofante y trascendental, como lo
atestiguan varias disquisiciones "humanísticas" y
"metafísicas" de su fundador.
Gonzalo Arango
(1931-1976) y el clima nadaísta
¿Quién era entonces el autor de estas páginas, en las cuales la
agudeza convivía con la retórica y la exaltación tendía a
convertirse en
|slogan? ¿Quién había redactado esas frases
felices en las cuales el razonamiento subyacente dejaba, en
realidad, bastante que desear -que contagiarían de entusiasmo a un
buen número de adolescentes allí en Medellín y más tarde
suscitarían, a todo lo largo y ancho del país, el fervor y el
rechazo, infundiéndole a nuestro anémico horizonte vital indudables
fulgores y osadías?
Había nacido en Andes, Antioquia, el 18 de enero de 1931, en
medio de una familia puritana de provincia. Clase media burguesa,
anota él mismo. Su padre, telegrafista primero y más tarde
burócrata conservador, ganaba a su muerte, en 1953, 300 pesos
mensuales para sostener trece hijos. Estudiante de primaria con los
Hermanos Cristianos y más tarde estudiante de bachillerato en el
Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia, donde tuvo como
compañero al pintor Fernando Botero, Gonzalo Arango alcanzó hasta
tercer año de derecho en la citada universidad, abandonando su
carrera, según diría más tarde, debido a cierta inclinación suya a
torcerlo todo.
Profesor de literatura y bibliotecario en la ya mencionada
universidad, sus primeras colaboraciones aparecen en el suplemento
literario de
|El Colombiano, periódico conservador cuyo
suplemento dirigía Eddy Torres. Allí escribe reseñas
convencionales, como la que el 6 de octubre de 1955 dedica a
analizar la influencia de Mientras agonizo de William Faulkner en
|La hojarasca de Gabriel García Márquez, a la cual sin
embargo elogia de modo caluroso.
Se había unido antes, en 1953, al MAN, la tercera fuerza que el
entonces presidente de la república por golpe militar, el general
Gustavo Rojas Pinilla, promovió, en contra de los dos partidos
tradicionales, liberal y conservador. Corresponsal del periódico
|La Paz, órgano de dicho movimiento, y miembro suplente de la
Asamblea Nacional Constituyente, el 10 de mayo de 1957, al caer la
dictadura dé Rojas Pinilla, quien mediante dicha Asamblea quería
legalizar su permanencia en el poder, se pide, entre otras cosas,
que la cabeza de Gonzalo Arango cuelgue de las rejas de la Avenida
Junín, en Medellín. 0pta, entonces, por un discreto exilio en el
Valle del Cauca, en Cali, donde redacta el
|Primer
manifiesto, el cual conlleva también un viraje suyo en el campo
político. Alaba allí la juventud que el 10 de mayo "aportó
su sangre y el sentido heroico del sacrificio para derrumbar una
tiranía castrense que al fin de cuentas fue una vergüenza que
defraudó la fe de los colombianos y cubrió de ignominia la libertad
y la cultura"
|
2
. Primera de sus varias autocríticas.
Sólo que sus vaivenes ideológicos iban a desaparecer muy pronto
tras el estruendo de sus primeros escándalos: convoca a sus amigos
al parque Berrío de Medellín y luego de leer un discurso escrito en
papel
|toilette, discurso en que elogiaba a Pablo Alquinta,
jinete del popular concurso hípico del 5 y 6, en detrimento de
Miguel de Cervantes, procede a quemar los libros de su biblioteca.
Acto semejante, o el mismo acto -la crónica, infortunadamente, no
es muy exacta-, se repite en el atrio de la Universidad de
Antioquia, como parricidio simbólico enfrente de su propia casa de
estudios, y en uno de ellos arroja al fuego el manuscrito de su
primera novela, Después del hombre, escrita en un interregno
campesino de dos años durante su trunca carrera de derecho. El
influjo erostrático de Sartre, a través de
|El muro, había
llegado hasta la capital de esa lejana provincia colombiana. Pero
era en realidad Camus, a nivel de sensibilidad y escritura, la
presencia más detectable en la prosa de Arango a todo lo largo de
su trayectoria. Así, esta mezcla de surrealismo y existencialismo
un tanto primitivos puede situarse en los orígenes de su proyecto
desmitificador. Tales actos, la difusión del
|Manifiesto,
reproducido por el periódico
|El Tiempo, y la convocatoria a
colaborar con la hipotética revista
|Nada -locura,
viscosidad, revolución, desorden, belleza nueva, verdad desvestida,
como proclamaba el aviso- fueron agrupando en torno suyo, en la
errancia de calles y al amparo de bares y cafés (El Metropol, La
Bastilla, La Clínica Soma), a un grupo de jóvenes que habría de
adquirir relieve en el campo de las letras nacionales.
Jóvenes que desertarían de empleos y seminarios para solicitar
su ingreso en la nueva religión. Jóvenes que en muchos casos
habrían de conocer reformatorios y clínicas psiquiátricas en aras
de su nueva fe. Pero también algunos esporádicos hampones y
derelictos se acercaron a ellos, con gran complacencia del grupo,
buscando, más que cambiar el tono de las letras nacionales, un
clima permisivo para sus hazañas: las drogas y los tímidos intentos
de amor libre figuraban en el decálogo de estos rebeldes ahora con
causa.
Un detonante manifiesto, seguido de un pestilente saboteo en
contra de un congreso de "escribanos católicos",
tal el apelativo, congreso inaugurado con toda la pompa
hispanizante que distinguía a Eduardo Carranza
|
3
, motivó que Gonzalo Arango fue se
detenido y encarcelado en el tercer patio, el más peligroso, de la
cárcel de La Ladera, en Medellín. Un acto sacrílego, más tarde, en
la basílica de esta misma ciudad, al clausurarse la Gran Misión
Católica que por aquellos años había recorrido el país -comulgaron
y guardaron las hostias en un libro-, suscitó el furor de los
fieles, quienes estuvieron a punto de lincharlos. Estos dos actos
consolidaron su fama a nivel nacional y dieron pie a una serie de
giras por todo el país: Manizales, Pereira, Cali (1960), Bogotá
(1961). En Cali, donde pidieron la sustitución del busto de Jorge
Isaacs por el de Brigitte Bardot, se unieron al grupo antioqueño
los caleños J. Mario y Elmo Valencia, y así la nómina del nadaísmo
agrupó en un primer momento a Gonzalo Arango, los poetas Jaime
Jaramillo Escobar, Darío Lemos, el novelista Humberto Navarro, los
cuentistas Amílcar Osorio (alias Amílcar U.) y Jaime Espinel, el
futuro cineasta Diego León Giraldo y los hermanos Jorge Orlando y
Moisés Melo. Posteriormente otros escritores se aglutinarían
alrededor de él: en 1963
|13 poemas nadaístas, antología del
grupo, acogía a todos los poetas y cuentistas mencionados, junto a
Mario Rivero. Tres años después, al aparecer
|De la nada al
nadaísmo, una suerte de fichero del grupo, la nómina anterior
se ampliaba con los nombres de Fanny Buitrago, Elkin Restrepo,
David Bonells y Armando Romero.
Pero muchos otros artistas -Alvaro Barrios, por ejemplo, quien
se proclamó pintor nadaísta y cuyos excelentes dibujos acompañaron
varias muestras de poesía del grupo (
|El Corno Emplumado,
México, enero 1966, N°17); Pedro Alcántara, quien habría de
ilustrar el N° 2, y último, de
|La Viga en el Ojo, la revista
nadaísta que Eduardo Escobar editó en Pereira en 1966, Fernando
Jaramillo, Malgrem Restrepo, o escritores como Alvaro Medina (alias
José Javier Jorge), Alberto Sierra, William Agudelo, Pablus
Gallinazus, Jan Arb, hermano de Jotamario- mantuvieron inicial
adhesión á los postulados o coquetearon con los mismos, utilizando
la beligerante plataforma de divulgación que el nadaísmo ponía a su
servicio. Era la atmósfera de la época.
En 1970, al aparecer
|Nadaísmo 70, una bibliografía del
movimiento
|
4
incluye a
los siguientes autores: Gonzalo Arango, Eduardo Escobar, Jaime
Jaramillo Escobar, J. Mario, Humberto Navarro, Pablus Gallinazus,
Germán Pinzón -no nadaísta, sino primer premio en el concurso
nadaísta de novelas realizado en 1966-, Dukardo Hinestroza, Fanny
Buitrago, quien en julio de 1968 pidió su exclusión del grupo,
Mario Rivero, David Bonells y Jodorowsky, la poetisa chilena
residenciada en Lima, Perú. Se relacionaron allí también 16
manifiestos y se anuncian varios libros, entre ellos la novela de
Elmo Valencia, no editada hasta la fecha (1984). Es fácil, al
repasar esta lista, ver quiénes permanecieron fieles, desde sus
comienzos, y retornar a ellos para precisar las características del
grupo orientado por Gonzalo Arango.
En 1959, en la primera de las innumerables polémicas que el
nadaísmo sostuvo consigo mismo y que en cierto modo coadyuvaron a
su flexible vitalidad, el grupo de Medellín reprochaba al de Cali
sus desviaciones provincianas y terminaba declarando:
"Hemos elegido por encima de toda fe, la ética de la
derrota y la ignominia. Le cantamos a los bajos instintos y
exaltamos a la categoría de virtud todo lo despreciado por la moral
burguesa. Sean crueles y sádicos. Insulten a la belleza. Vomítense
en lo sagrado. Ríanse de todo y de todos. Ríanse de ustedes mismos.
Vivan hasta el agotamiento. La muerte no existe"
|
5
.
La intensidad de estas propuestas se transluciría, de seguro, en
las conferencias que Gonzalo Arango dictó en Bogotá, en el Café
Automático, el café de León de Greiff y la vetusta bohemia, y en
las escaleras de la Biblioteca Nacional (le prohibieron dar la
conferencia en sus salas), cuando en 1961 llegó dispuesto a tomarse
la capital, a juzgar por el testimonio de un cronista de la época,
quien ya advirtió en ellas la recurrencia de los temas sexuales y
religiosos. Esto, unido al lenguaje procaz, las brillantes
paradojas y el rechazo de cualquier actividad burguesa productiva,
despertaron la curiosidad primero e inmediatamente después la
difusión de sus ideas a nivel no sólo nacional sino también
internacional.
En periódicos colombianos o en revistas extrajeras, como
|O'Cruzeiro y Venezuela Gráfica, se habló al referirse a
ellos del influjo, en tierras colombianas, del existencialismo
sartreano, los "
|beatniks" de San Francisco
o los "
|angry young men" ingleses. Esos
mismos cronistas descubrieron asombrados cómo bajo sus suéteres las
nadaístas de minifalda y pelo largo no llevaban nada e ignorando
ilustres antecedentes en nuestra historia literaria revelaron a los
cuatro vientos cómo los nadaístas colombianos fumaban
marihuana.
Pero no sólo los suplementos literarios de los dos principales
periódicos capitalinos,
|El Tiempo y
|El Espectador, se
abrieron para ellos, reproduciendo sus respuestas fulgurantes o sus
artículos incendiarios, sino que desde su aparición a la luz
pública se los tomó en cuenta, burlándose, caricaturizándolos o
expulsándolos de sus empleos, y también intentando rastrear los
motivos de su insólito comportamiento.
Germán Arciniegas, por ejemplo, escribía en julio de 1958, en su
columna de
|El Tiempo, luego de asistir a una reunión
nadaísta en Medellín: "El nadaísmo es un producto natural
dirigido por analfabetas. Entre nosotros, es la consecuencia
inmediata de las dictaduras. Por el momento me atrevería a definir
el nadaísmo -y que los nadaístas me lo perdonen- como un movimiento
de los que van en busca de algo".
Por su parte, Estanislao Zuleta, en
|La Calle, y también
en julio de 1958, pronosticaba algunos de los riesgos que podrían
correr: "Para creer ser el mal de la sociedad burguesa es
necesario creer que ésta es el bien, de la misma manera que el
sacrílego reconoce la religión cuando le da puñaladas a la hostia,
porque nadie profana una galleta de soda. En resumen: uno cree
descalificar al juez cuando en realidad le concede todo. El
nadaísmo pretende oponerse a la sociedad burguesa con los valores
de la soledad, la intuición irracional, la arbitrariedad, la
calavera y el 'motilao' (cortarse el pelo al rape). La sociedad
burguesa no lo considera su antinomia. Ella tiene razón: su
antinomia no es ese hijo descarriado".
Otros en cambio, como Héctor Rojas Herazo, manifestaron una
cálida solidaridad: "Lo importante de esta juventud es su
'asumimiento', su virilidad para padecer en carne propia un pe cado
que pertenece a las anteriores generaciones. Es la nuestra una
sociedad 'ancianizada' en la hipocresía, en el esguince, en la
penumbra de las formas. Pero si estos jóvenes no le han dado a este
andamiaje el empeño que merece, empiezan en cambio a construir una
vasta acusación, un poderoso reproche con sus sílabas amargas. La
labor del nadaísmo es por eso una labor política. Ellos tienen -con
el desplante, con la brusquedad verbal, con el impulso de la
inteligencia- que despertar esta sociedad empeñada en sus
conformismos y su onirismo bursátil. Y eso -transformar al hombre-
es la labor que están cumpliendo en Colombia los nadaístas. Por eso
encarnan el peligro, el frenesí, el desorden, la claridad y la
esperanza"
|
6
.
"En un principio nos tomamos como un chiste, en un
principio nos tomaron como un chiste" recuerda Amílcar
Osorio, al efectuar un balance de los primeros veinte años del
movimiento, y agrega: "Lo que en realidad sucede es que el
país es pequeño, no hay espectáculos. Una de las cosas que siempre
digo, dándomelas de sociopolítico, es que yo hago el nadaísmo para
divertir a la clase media que no tiene recursos para hacerlo. Nunca
me he dado cuenta de la importancia de este
postulado"
|
7
.
Poetas geniales de un solo poema, adolescentes histriónicos
asolando ciudades rutinarias: se trataba, en apariencia, de un país
hondamente provinciano dispuesto a escandalizarse por cualquier
cosa. Un país que buscaba, mediante la amnesia del Frente Nacional,
borrar el horror que había dejado detrás. Pero era precisamente en
dicho horror donde el nadaísmo hallaba sus raíces y encontraba su
razón de ser.
"Alguna vez, en Cali, el poeta X-504 me dijo que el
nadaísmo era el segundo movimiento importante del país. Yo le
pregunté que cuál era el primero y él me contestó que LA VIOLENCIA,
con 400.000 afiliados"
|
8
.
"El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no
había muerto, apestaba. Apestaba a cachuchas sudadas de regimiento,
apestaba a sotanas sacrílegas de sacristía, apestaba a factorías
que lanzaban por sus chimeneas el alma de sus obreros, apestaba al
pésimo aliento de sus discursos, apestaba al incienso de sus
alabanzas pagadas, apestaba a las más sucias maquinaciones
políticas, apestaba a cultura de universidad, apestaba a literatura
rosa, apestaba a jardín infantil, apestaba a genocidios, apestaba a
miserias, apestaba a torturas, apestaba a explosiones, a pactos,
apestaba a plebiscitos, apestaba a mierda. Entonces un grupo de
jóvenes dejó su coca-cola a medio tomar para gritar:
BASTA"
|
9
.
"No señor Padilla, no somos un producto inglés ni
francés: somos el producto típico de un cambio de 'ritmo' histórico
y violento que desquició las estructuras de la sociedad y los
valores espirituales del hombre colombiano. Converse usted -si no
teme perder media hora de su preciosa inmortalidad- con jóvenes
nadaístas de mi generación que oscilan entre los 20 y 30 años, como
Pablus Gallinazus, J. Mario o William Agudelo, y ellos le dirán
horrores de lo que vivieron y padecieron en sus aldeas de
Santander, Antioquia y el Valle del Cauca. Le contarán, señor, cómo
eran de siniestros los tiroteos de la chusma, y cómo sonaba de
insensible y terrorífica la sirena del verdugo. Usted no se imagina
cómo porque en sus tiempos pre-natales todo era muy idílico y no
había peligro de que el futuro ciudadano fuera arrojado del 'nido'
con los traumas que hoy arrastra mi generación; cómo cayó sobre
ella la sombra de un crimen que nunca cometió, pero cuyos 'autores
históricos' se lo quieren adjudicar por 'el todo tiempo pasado fue
mejor'. ¡Pura estafa! Lo que sucede es que ustedes se quieren lavar
las manos como... Judas!"
|
10
.
Carlos Lleras Restrepo dijo: "Hoy día nuestras gentes
hablan con escándalo real o fingido del 'paredón' de Fidel Castro y
comentan con repugnancia de hombres delicados los salvajes
desórdenes del Congo Belga; pero podemos decir, sin exageración
alguna, y hay centenares de compatriotas responsables que podrían
confirmar mis palabras, que aquí se hicieron cosas más salvajes que
las del Congo, más imperdonables, que aquí se perpetraron
ejecuciones más arbitrarias, más implacables que las del paredón
cubano y en mayor número"
|
11
.
Quizá en estos diversos testimonios sea factible hallar las
bases del desajuste que los nadaístas encontraron en la sociedad
colombiana y que Gonzalo Arango resumió en una frase: "Si
Gaitán no hubiera muerto, yo no sería hoy Gonzalo
Arango"
|
12
. Es decir: si el 9 de abril de 1948 no se
hubiese dado, el nadaísmo hubiese retrasado aún por más tiempo su
aparición, demorando ese nihilismo imprudente y airado para
exorcizar todos los cadáveres que se iban acumulando.
De ahí que su ademán anarquista, en un primer momento, resulte
válido, en un clima de "grandes prudentes" y
tolerancia impuesta "a sangre y fuego". El
nadaísmo fue entonces, como ellos mismos lo definieron,
"el pistolero que no dejaban entrar a los cafés".
Además, como todo movimiento de vanguardia, miraron hacia atrás,
buscando predecesores que los respaldaran para así acrecentar su
impulso demoledor. Allí estaba, en su finca de
"Otraparte", en Envigado, aguardándolos, el
escritor antioqueño Fernando González.
Este apologista de la energía y la fuerza vital había querido
describirles a los jóvenes en su libro
|Viaje a pie,
aparecido en 1929 (libro que habría de reeditarse con prólogo de
Gonzalo Arango), lo que había sido la Colombia de la segunda'mitad
del siglo pasado: la Colombia conservadora de Rafael Núñez.
Obsedido por la presencia del clero y más concretamente de los
jesuitas, con quienes realizó sus estudios, veía a Colombia como el
país del Diablo, del confesionario y los ejercicios espirituales,
oponiendo a tan lívido panorama una obra "agradable y
efímera. ¡Odiamos la seriedad!"
|
13
. Una existencia aventurera y nietzscheana
que, con su exaltación del deseo carnal y un pensamiento más vital,
removiera la paz de los sepulcros. Deseo, sin embargo, que para
acrecentarse debía recurrir a la prohibición. La censura como
aliciente para crear grandes obras prohibidas. Tosca en ocasiones,
su prédica podía pasar del elogio para los jóvenes alemanes de
aquella época -la época del nazismo- a reclamar la necesidad de un
ritmo corporal más ágil, ritmo de andarín y de viajero, a pie. Sus
certeros sarcasmos, en contra de visibles figuras políticas,
convivían al lado de nebulosas disquisiciones en las cuales lo
ramplón parecía dar paso a lo sublime, haciendo del conjunto, en
definitiva, algo bastante deleznable.
Fue esta contradicción, alianza de misticismo y diatriba, la que
asimiló Gonzalo Arango, y fue este hombre, Fernando González, con
su rechazo a un país de "espermatozoides de español o de
indio en óvulos de negra"
|
14
y al cual el fervor religioso lo llevaba,
en sus últimos años, a pergeñar una prosa esotérica y desquiciada,
quien actuó como mentor y guía espiritual de la insurrección
nadaísta.
En su ya mencionado
|Viaje a pie había dicho:
"¿Podría existir
|el cura y el partido conservador
si el Diablo no estuviera aquí, si no fuera con ellos condomino del
país?"
|
15
.
A dicho reinado opone entonces una rebelión insólita para el tiempo
y el lugar en que la propuso: "Necesitamos cuerpos, sobre
todo cuerpos. Que no se tenga miedo al desnudo. A los colombianos,
a este pobre pueblo sacerdotal lo enloquece y lo mata el desnudo,
pues nada que se quiera tanto como aquello que se teme. El clero ha
pastoreado estos almácigos de zambos y patizambos y ha creado
cuerpos horribles, hipócritas"
|
16
.
Tal pedagogía sexual debería sonar sacrílega en un medio poblado
de beatas y comerciantes. Por ello, treinta años después, saludaría
alborozado a Gonzalo Arango como "el primer desnudado en
esta pobrísima tierra colombiana", como lo llama en las
oscuras páginas de su penúltima obra, el
|Libro de los viajes o
de las presencias
|
17
.
Pero fue con sus primeras y más radicales enseñanzas -lo laico
como espacio necesario para una cultura crítica- que el nadaísmo se
fortaleció, y en su singular religiosidad donde reconfirmó una de
sus constantes: ese misticismo, vacuo y deletéreo, que no sabía
bien dónde fijarse, hasta tal punto que en 1968 Jaime Jaramillo
Escobar (X-504) bien podía preguntarse si el nadaísmo no fue, en
realidad, una escuela de místicos. De místicos degradados, bien
entendido.
Ciertamente el nadaísmo, en el caso concreto de Gonzalo Arango,
diluyó toda su pugnacidad en una amorfa religiosidad, y a él son
aplicables las palabras que en 1980 escribió J. Mario mostrando el
cambio experimentado por algunos miembros del grupo: "Del
existencialismo de los sesenta, de la podredumbre interior, del
suicidio en potencia de la vida no vale nada, pase por obra y
gracia de la gracia y no de la obra al misticismo psicodélico de
los setenta, al esplendor interior, a la exaltación generosa de la
potencia de la vida y a la promesa extraterrestre de la
salvación". Como quien dice del asco a un cosmos parecido
al de Teilhard de Chardin.
Pero esta "revolución al servicio de la
barbarie", como la llamaba Gonzalo Arango en una de sus
primeras obras de teatro,
|HK 111 (1960), se planteó
inicialmente más como una poesía de la acción que como propuesta de
renovación literaria. Sólo que, sin excluir, en ningún momento, la
agresión como medio de sacudir las conciencias, comenzaron también
a asumir su condición de escritores, publicando sus primeras obras.
Al saludar la aparición de las dos piezas iniciales de Gonzalo
Arango, Nada bajo el cielo raso y
|HK 111 -dos obras
esquemáticas en las cuales se instalaba profesionalmente en el
absurdo, sin por ello amortiguar su bucólico lirismo- Hernando
Valencia Goelkel, recapitulando lo que habían sido estos primeros
años, decía: "Para los nadaístas, ese grupo de jóvenes
antioqueños decididos a tomarse la fama por asalto, la primera
etapa de su operación literaria ha resultado fructífera. La
policía, la prensa, las autoridades eclesiásticas y las ligas de
padres de familia les han prestado una invaluable cooperación, como
se dice: ésta sería la hora en que los valores consagrados de las
letras colombianas deberían sentirse trémulos ante la insurgencia
nadaísta si en el país hubiera valores consagrados, y si en el
prestigio reducido que el público acuerda a nuestros letrados
hubiera mayores diferencias entre el señor Caballero Calderón y el
señor Amílcar U., por ejemplo. La candidez de los nadaístas reside
así, ante todo, en sus pretensiones de buscar para su escándalo un
ámbito de resonancia dentro de la literatura; en haber ignorado,
con explicable candidez, que al país no se le da nada de sus
literatos, que la gran parroquia 'intelectual' colombiana viene a
ser, en realidad, mucho más pequeña que la más pequeña de las
parroquias de Medellín"
|
18
.
En esa esfera subalterna, la de la literatura, ejercerían su
actividad. El resultado, en relación con Gonzalo Arango, no fue
precisamente alentador. Sus cuentos, releídos hoy, resultan
incómodos por su sentimentalismo e ingenuidad
|
19
; muchas de sus prosas, cursis e
hiperbólicas, anulan el furor de varios apartes, cargados de rabia.
Y su teatro -
|Los ratones van al infierno, La consagración de la
nada (1964)- mereció ya en el momento de su aparición críticas
como la de Helena Araújo, quien decía: "De angustia
existencial, el nadaísmo ha pasado a ser doctrina fraterna (...).
La angustia no llega a ser más que balbuceo contra el irrisorio
pero implacable destino. Y la obsesión por los desvalidos un
convencional idealismo que no realiza ni integra el talento
incipiente de Gonzalo Arango
|
20
. Talento que sin lugar a dudas es mucho más
visible en el volumen de su correspondencia editado por Eduardo
Escobar, en 1980. En esta
|Correspondencia violada, como se
titula, es factible reconstruir, desde dentro, los avatares del
nadaísmo, hechos de fraternal camaradería y candoroso ímpetu
cuestionador. De lirismo trasnochado y despiste intelectual. De
perspicacia innegable y de precariedad en la información; repetían,
como novedosos, gestos que ya eran viejos a comienzos de siglo.
Talento real el de Gonzalo Arango que lamentablemente habría de
verse erosionado por su labor periodística, para ganarse la vida
(
|La Nueva Prensa, 1963-1964;
|Cromos, donde firmaba
con el pseudónimo de Aliocha, 1966-1967;
|El Tiempo,
1968-1969). Un trabajo notable, no sólo a nivel de reportería, como
lo demuestra su entrevista a Martín Emilio
|Cochise
Rodríguez, campeón de la vuelta ciclística a Colombia, incluido por
Daniel Samper en su
|Antología de grandes reportajes
colombianos (1976), sino en la beligerancia de varias de sus
columnas de opinión.
Otras formas donde su talento habría de manifestarse con garra y
aunque ya al final estuviera aquejado de cierta reiteración
monótona, son la polémica y el panfleto, tanto en los manifiestos
del grupo como en sus ataques directos contra Calibán, Manuel Mejía
Vallejo, Eduardo Caballero Calderón, Jorge Padilla, Jaime Mejía
Duque, Óscar Collazos, Marta Traba, Eduardo Gómez, Jorge Zalamea,
Gabriel García Márquez. Son también legibles algunas diatribas
contra ya fallecidos escritores colombianos -Julio Flórez, el Indio
Uribe-, lo mismo que su informe sobre las matanzas de indígenas en
Planas. Y la defensa constan te de los valores de vanguardia,
entendiendo dicha denominación en un sentido muy amplio: Henry
Miller o Bertold Brecht, Genet o una película como
|Los
tramposos, el nacimiento de los
|hippies, Carly Chesmann,
Charles Manson y un bandolero como
|Desquite. Esto, que en un
primer momento era una reivindicación de la marginalidad, terminó
por convertirse en una apología del sensacionalismo. La lucha
emprendida justificaba utilizar cualquier elemento, sin distinguir
mucho su especificidad. Al final, tal bartiburrillo no sólo
acentuaba la incoherencia, lo cual, dentro de sus propósitos,
parecía razonable. Lo malo es que también debilitaba su prosa: era
el mismo esquema aplicado a cualquier circunstancia. Raptos
idénticos y exabruptos similares.
Los nadaístas, como ya insinuábamos, hicieron tabla rasa de la
literatura colombiana, buscando otras fuentes en qué nutrirse, y
tenían razón. En el suplemento "Esquirla", del
periódico El Crisol, de Cali, al cual estuvo vinculado J. Mario
entre 1959 y 1962, publicaron tanto "Aullido" de
Allen Ginsberg como apartes de la
|Antología de la poesía
surrealista de Aldo Pellegrini -aparecida en 1961-, tanto a
Vicente Huidobro como a Ernesto Cardenal, y establecieron
intercambio con grupos similares de América Latina: los mufados de
Argentina, los tzanticos de Ecuador, "El Techo de la
Ballena" en Caracas y los redactores de
|El Corno
Emplumado en México. Lo que Stefan Baciú en 1966 llamaría
"la generación beat latinoamericana"
|
21
.
La vinculación a dicha vertiente implicaba también el rescate de
algunas de las figuras malditas que el surrealismo había puesto en
circulación.
|El Ojo Pop, revista cuyo único número apareció
en Cali en 1966, al cuidado de J. Mario, reproducía, por ejemplo,
textos de Sade, Lautréamont y Arrabal. Se trataba, en definitiva,
de recuperar los "50 años de atraso en poesía",
como había titulado X-504 un ensayo suyo aparecido en 1960, en el
cual mostraba cómo la poesía en Colombia se hallaba amordazada por
los prejuicios morales y retóricos, junto a la coacción religiosa y
política. "Tierra de copleros y serenateros, Colombia es
un país cerrado para la poesía moderna".
Abrir esa puerta en forma parcial, estrepitosa y confusa -su
espontaneísmo fue equivalente a su incultura-, es uno de los
méritos reales del nadaísmo. Y el hecho de acompañar dicha acción
con un propósito que al menos teóricamente trataron de mantener
parece positivo. Como dijo J. Mario: "Nos pudre la
sociedad en que vivimos, pero si esta sociedad se transforma
nosotros también nos transformamos para seguir podridos. Nosotros
no transigimos", con todo el eco que allí pervive del
poeta maldito. Del paria que disfruta siendo el perpetuo
perseguido.
Otro punto que conviene tomar en cuenta fue la forma como el
nadaísmo permitió el acceso de la "pequeña burguesía
inferior" al campo de las letras, como lo ha explicado un
sociólogo, en su cómica jerga, estableciendo una ruptura que a
pesar de todos los compromisos adquiridos mantuvo su carácter
iconoclasta, aunque la pureza inicial pronto se trocó en cinismo.
Concretándonos, por ahora, a Gonzalo Arango, vemos que, si bien él
publicó en 1968 un libro, El
|oso y el colibrí, que es una
eufórica semblanza de ese turista ruso de la poesía, Eugenio
Evtuschenko, de gira entonces por Colombia, es conveniente
constatar cómo a todo lo largo de estos años que coinciden, en
Colombia, con el nacimiento del Frente Nacional, el desarrollo de
la disidencia liberal conocida como MRL y la actividad guerrillera,
en sus di versas líneas, incluyendo la muerte del sacerdote Camilo
Torres; en América Latina, con el inicio de la revolución cubana; y
en el mundo, con las tensiones de la guerra fría y el espectro de
la bomba de hidrógeno amenazando resolver el conflicto entre Rusia
y Estados Unidos, como lo formulan varios textos nadaístas, ellos
delimitaron para su actividad verbal un ámbito específico: el de la
creación artística. Siempre proclamaban que su asunto era la vida,
pero lo hacían escribiéndolo.
"No se puede criticar a los nadaístas porque no hacen
tal o cual cosa. Ellos son sólo artistas y pedirles otra cosa
distinta de su arte sería como criticar al carpintero porque no
hace el pan. Pero en Colombia es así. A cada uno lo quieren poner a
desempeñar un oficio que no es el suyo. Así vemos a los escritores
tratados como sirvientes, y a las amas de casa laureadas como
escritoras. Y vemos a algún pesado crítico literario descalificando
al nadaísmo porque no hace la revolución comunista. ¿Por qué no la
hace él si es tan guapo?", como aclaró X-504 en el
"Manifiesto amotinado" de 1967.
Pero esta opción por la disidencia continua -dentro de la cual
es justo destacar el ingenio publicitario del grupo y la gran
capacidad divulgadora de Gonzalo Arango, quien a través de ágiles
reportajes, utilizando los medios de comunicación de masas a los
cuales se hallaba vinculado, presentó a la opinión pública toda u
generación, haciendo de la literatura, en sus aspectos más
epatantes y llamativos, otro producto de consumo- contrastaba con
muy convencionales intervenciones en el campo de la política, como
su discurso de septiembre de 1968 en el buque
"Gloria" -buque escuela de la marina colombiana,
en el cual, en septiembre de 1976, fueron decomisados 28 kilos de
cocaína-, elogiando al entonces presidente de la república, Carlos
Lleras Restrepo, a quien calificó de "poeta de la
acción", o su adhesión, en 1970, a la candidatura
presidencial de Belisario Betancur respaldada por el partido
conservador.
Octavio Paz, en
|Los hijos del limo (1974), ha escrito que
"la historia de la poesía moderna es la historia de las
oscilaciones entre dos extremos: la tentación revolucionaria y la
tentación religiosa". En ambas cayó Gonzalo Arango y ambas
torcieron su impulso.
Quien firmaba el "Terrible 13 manifiesto
nadaísta" -escrito, según sus propias palabras, luego de
una noche de mezcalina- como Gonzalo Arango, "el enviado
de Dios", era el mismo que en sus dos últimos libros,
|Providencia (1972) y
|Fuego en el altar (1974), había
reducido su lenguaje a una flácida copia del Saint Exupéry de
|El
principito, en versión subdesarrollada y ya ineficaz del todo
en el plano literario. Sermón y apólogo, su anterior virulencia
había desaparecido, convertida en trillada fórmula de redención. Un
sermón atómico, sí, pero perfectamente banal. "Retorno a
Cristo" y "Retorno a Bolívar" son los
títulos de sus dos últimas conferencias, que no alcanzó a
pronunciar -murió en un accidente automovilístico el 25 de
septiembre de 1976-, y que cierran su periplo como escritor fijando
en las mismas sentencias hueras que había denigrado su obsesión:
quería ser en realidad un Profeta, un Mesías propagando su
verdad.
Sólo que Gonzalo Arango había muerto simbólicamente varios años
antes, en 1963, cuando los miembros del grupo quema ron en el
puente Ortiz de Cali su efigie e incineraron sus escritos a raíz de
una "Tarjeta de Navidad para GOG" (Gonzalo
González, en ese entonces director del Magazín Dominical de
|El
Espectador, quien había editado profusamente sus escritos),
tarjeta en la cual Gonzalo Arango cancelaba, a nombre del nadaísmo,
su "etapa de desesperación nihilista y el derrotismo que
lo caracterizó en sus primeras contiendas", es decir, de
1958 a 1963: "Daré testimonio de mi Actitud Nadaísta a
través de la creación y no de la alucinación",
"¡No más el
|Navío Ebrio de Rimbaud para justificar
nuestro falso genio poético naufragando en mares de
nicotina".
Este cambio de rumbo exasperó a los otros nadaístas, reunidos en
Cali, y la respuesta, además de la hoguera, no se hizo esperar.
Quizá la más pertinente sea la de Jaime Jaramillo Escobar:
"He leído que ahora te preocupas de que no le pase nada
malo a nadie, y que andas muy enredado con la dignidad del hombre.
Ahora te tomas en serio. Lo siento por el humorismo que
desperdicias. Estás irreconocible. De un momento a otro te has
puesto a adorar la sociedad. Seguramente esperas que te den algo.
Pero te equivocas. Si eres un verdadero artista, la sociedad no
tiene nada que darte. Y el poeta se dejará revolcar, pero no
pactará. Los que pactan son todos aquellos a quienes combatimos y
despreciamos. Cuando todos nosotros estemos muertos, los jóvenes
serán nadaístas"
|
22
. Un tenso razonamiento que recuerda aquel
célebre aforismo de Lichtenberg: "Me ha resultado
convincente muchas veces que ser aceptado por la posteridad exige
haber sido odiado por la sociedad, de manera que me siento
inclinado a atacar a todo el mundo". Jaime Jaramillo
Escobar concluía su "Tarjeta de luto a Gonzalo
Arango" con este golpe de gracia: "Gonzalo Arango
ha muerto. ¡Viva el nadaísmo!". Se había librado de su
progenitor. Podían emprender su obra personal.
Gonzalo Arango aceptó con humor este parricidio. Y respondió al
mismo con lo que denominó "Manifiesto capital: las
promesas de Prometeo", en el que exponía, ampliadas, sus
tesis humanistas y el compromiso afectuoso" con el peatón
cotidiano: "El mito que sólo se alimenta de sí mismo
termina por devorarse. Y la triste realidad es que el nadaísmo ha
quemado sus exiguas energías y sus promesas en el exhibicionismo y
el escándalo por el escándalo. ¿Dónde están sus obras de cuatro
años de lucha, de rebelión y negatividad?"
|
23
. La pregunta era retórica; los
nadaístas se respondían a sí mismos: no había nada. A ella iban a
seguir, durante varios años, actividades que parecían mucho más
"positivas": publicación de antologías y libros
individuales; conferencias ya aceptadas y no defendidas a puños;
festivales de vanguardia que incorporaban teatro, plástica y
música; exposiciones del libro inútil, donde además de quemar, en
el parque Jorge Isaacs de Cali, ejemplares de los principales
periódicos colombianos, fueron colgados de los árboles
|Maria
y
|La vorágine, el catecismo del padre Astete y la
Constitución Nacional,
|Un año de gobierno de Alberto Lleras
y los ensayos de Silvio Villegas; difusión a nivel internacional de
sus escritos gracias a revistas como la ya mencionada
|El Corno
Emplumado, de México, o
|Zona Franca, de Caracas;
concursos nadaístas de poesía, ganados por Alvaro Mutis y Jaime
Jaramillo Escobar, y de novela, oponiendo una literatura de
alcantarilla al premio ESSO, organizado por la compañía
norteamericana en asocio con la Academia Colombiana de la Lengua. A
propósito de los ganadores del premio nadaísta, Pablus Gallinazus y
Humberto Navarro, dijo Hernando Valencia en la revista Eco, en
1966: "Uno de los problemas del nadaísmo, y no peculiar a
estos autores sino común a casi toda la literatura colombiana, es
esa apariencia de cobardía -apariencia, pues es en verdad escasez
de información- con que nos ensañamos contra adversarios
derrotados. Las imprecaciones son tardías; las cóleras, epigonales;
las osadías -acaso subjetivamente espléndidas- son en realidad sólo
pequeños gestos impertinentes. Así parece, por ejemplo, que ya ha
concluido (triunfalmente para ellos) el combate entre los nadaístas
y la burguesía, mas sólo ahora empieza a verse que confundían a la
burguesía con la clase media"
|
24
. Éste fue su problema: a la clase media no
le interesaba la lectura. Prefería la televisión.
Quizá por ello, más tarde, el nadaísmo buscó vincularse con los
grupos de música go-go, la onda, el movimiento
|hippie.
Composición de canciones de protesta; viajes por todo el país y por
la estratosfera, gracias al ácido lisérgico; retorno a un
primitivismo ecológico, de comunas y utopía, de artesanía y
turismo; preparación de nuevos manifiestos y de la revista
|Nadaismo 70; solidaridad con Fidel Castro, en el caso
Padilla, con Ernesto Cardenal y la revolución sandinista. El
nadaísmo, como se ve, siempre quiso estar en primera fila. Pero en
nuestra época ninguna estrella aguanta más de dos o tres
temporadas. Es inexorablemente devorada por el apetito del público.
Ni los Beatles soportaron tal zarandeo.
De todos modos, luego de los incidentes de fines de 1962 y
comienzos de 1963, algo se había roto dentro del nadaísmo: era
distinto. Quien efectuó un buen análisis de estos primeros años
-los años de Gonzalo Arango y el clima nadaísta- fue el narrador
venezolano Adriano González León, miembro fundador de El Techo de
la Ballena, grupo afín al nadaísmo, quien de 1961 a 1967 realizó en
Venezuela intensa labor de agitación, orientada más tarde -bajo el
influjo cubano y la guerrilla urbana en su país- hacia la
militancia política, y quien luego de vivir algunos meses en Bogotá
publicó en la revista
|Cal de Caracas un extenso informe
titulado "Una peste llamada el Nadaísmo". Decía
González León: "Un acontecimiento singular, que conmovió
al mundo, volvió nuestro punto de mira sobre la vieja tierra de los
chibchas. 'El Bogotazo' tiraba por el suelo años de 'ejercicio
cívico y respeto ciudadano'. El orden ateniense constituido sobre
los valles del Magdalena se volvía trizas, cuando viejas
estructuras se vieron amenazadas por una ciega y desenfrenada furia
popular, que aún sin objetivos bien claros comenzaba a arremeter
contra pesadas o que disfrazan la podredumbre con paños finos,
caridad cristiana y cuantiosas citas de la ley y los recursos del
orden"
|
25
.
Después de reconocer la importancia del grupo de la revista
Mito, cuyo último número estuvo dedicado al nadaísmo, González León
señala la necesidad de un "nihilismo al rojo
vivo" para llevar hasta sus últimas consecuencias el
combate emprendido: "Contra una sociedad pacata que
blandía el pecado como fórmula para apaciguar toda relación humana,
los nadaístas se abrieron hacia formas más desnudas de
vitalidad"
|
26
. Este mérito, y el peligro que los acecha
de hacer concesiones, en aras de la figuración (allí donde la pose
va secando la creatividad), son anota dos, al igual que lo
significativo de una actitud semejante en un país como Colombia:
"Su impacto, su fiebre, su turbulenta
existencia", concluye González León, "abrieron un
fosa profunda en la literatura tradicional de Colombia. Sus actos
descarnados y su agresividad han contribuido como ningún otro
movimiento al despliegue polémico y a la turbación de un sentido a
menudo provinciano en el mundo de las letras y del
arte"
|
27
.
Y aunque con innegable exageración el nadaísmo ha reclamado como
suyo un radical cambio en las costumbres colombianas, olvidando las
modas sucesivas que imponen los imperialismos -llámense Estados
Unidos o Francia-, desde la minifalda al consumo masivo de
marihuana, desde la corrupción oficial hasta el hedonismo de las
nuevas generaciones, desde el interés por el Oriente hasta la
militancia tercermundista, sí es cierto que él popularizó consignas
renovadoras contra las buenas costumbres y la moral tradicional de
un país católico a ultranza, desacreditando, de paso, varias
instituciones culturales caducas de la vida nacional. Y esto
gracias a su desbordante afán de comunicación en todos los órdenes,
desde la befa hasta la bufonería, y desde la bobería hasta la nueva
belleza de varios de sus textos poéticos, de innegable valor
|
28
. A ellos prestaremos
atención individual ahora, teniendo en cuenta la renovación
atmosférica que el nadaísmo, a través de Gonzalo Arango,
propició.
Y teniendo en cuenta, ante todo, las justas palabras de Jaime
Jaramillo Escobar: "A nosotros no tienen que reprocharnos
nada, porque no hemos ofrecido cosa alguna distinta a la
desesperación y la poesía. Desde el principio avisamos que éramos
inútiles, pero que haríamos malabarismos para
sobrevivir".
La poesía y los
poetas nadaístas
En Colombia la poesía ocupa un lugar
|sui géneris dentro
de la mitología literaria. No es extraño por ello que el coronel
Aurelia no Buendía entretuviera sus ocios de guerrero terminando el
poema del hombre que se extravió en la lluvia. Al igual que la
violencia, la poesía ha estado íntimamente ligada al destino de
esta nación -demasiado joven- en sus pocos años de vida
independiente (1810), pero consciente de algún modo de su tradición
literaria.
Críticos acérrimos de ella fueron precisamente los poetas que a
comienzos de los años sesenta fundaron el último de los ismos, el
nadaísmo, mezclando, como ya se ha dicho, elementos del
surrealismo, el existencialismo francés y la
|beat generation
norteamericana, de Henry Miller a Kerouac, con su reacción muy
natural ante el estado de cosas de un país injusto socialmente,
inestable políticamente y purgado de su anacronismo a través de un
afán de modernización tan radical que dejó como saldo más de
200.000 muertos. Ante este panorama, que era a la vez tan
convulsivo como estático, los nadaístas intentaron sacudir la
modorra de ciudades provincianas, y no sólo a nivel intelectual, a
pesar del vertiginoso crecimiento urbano que las alteraba por
aquellos años. Pidieron por boca de uno de ellos, Eduardo Escobar,
un "Regreso al rugido": "No podemos
aceptar que la sociedad modele nuestra personalidad y queremos
manifestar la deformidad del alma. Y no con palabras. La palabra
está desgastada y vieja y podrida. ¡Abajo el pensamiento, todos
estamos locos! Las palabras están perdidas en los cuadernos del
poeta. Hay que bramar ahora, y que terminen los
engaños"
|
29
.
Pero la sinceridad del desprecio no podía mantenerse con tal
intensidad por mucho tiempo. Era necesario reflexionar sobre él,
profundizando en sus causas y rescatando de paso lo poco válido de
una historia literaria inflada al máximo para recompensar quizá con
su falso brillo la pobreza de los por entonces 16 millones de
habitantes. La parca herencia salvada del naufragio se reducía a
los nombres de José Asunción Silva
|
30
, León de Greiff, Jorge Gaitán Durán y
Álvaro Mutis. Por su parte, dos de los poetas nadaístas, Mario
Rivero y Jaime Jaramillo Escobar, fueron los que más lejos llevaron
la búsqueda de una palabra que lograse expresar las nuevas
realidades, otorgándole un aliento renovador a lo que hasta
entonces se había realizado. Gradas a dichos trabajos el nadaísmo
justificó su actitud nihilista
|
1
|
En la edición original, de muy difícil consecución hoy en día,
la cita figura en la pág. 12. En el libro
|Manifiestos
nadaístas (Bogotá: Arango Editores, 1992), prologado por
Eduardo Escobar, se reúnen 12 manifiestos nadaístas, sin mayores
precisiones de fechas. De cualquier modo, es sabido que el origen
del movimiento data de 1958.
|
|
2
|
Gonzalo Arango:
|Primer manifiesto nadaísta (Medellín:
Tipografía Amistad, 1958), p. 33.
|
|
3
|
El discurso de Eduardo Carranza, Medellín, 1959, se halla
recogido en el libro de Gloria Serpa de Francisco,
|Gran
reportaje a Eduardo Carranza (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo,
1978), pp. 343.350.
|
|
4
|
Se incluye al final, como anexo ilustrativo.
|
|
5
|
Ver Eduardo Escobar,
|op. cit.
|
|
6
|
La conferencia de Héctor Rojas Herazo, dictada en Medellín y
titulada "El nadaísmo frente a la desesperanza
burguesa", apareció en la revista
|Cuadernos, 80
(París, enero 1964), pp. 57-61.
|
|
7
|
Amílcar Osorio: "Otra manera de partir en dos la
historia de Colombia", Magazín Dominical de
|El
Espectador, septiembre 17 de 1978, pp. 6-8.
|
|
8
|
Iáder Giraldo: "Reportaje a Gonzalo Arango",
Magazín Dominical de
|El Espectador, enero 20 de 1963, p.
4F.
|
|
9
|
J. Mario: "El nadaismo a la luz de las
explosiones", Magazín Dominical de
|El Espectador,
abril 16 de 1967, pp. 11-15.
|
|
10
|
Gonzalo Arango: "Un señor anti-go-go",
|Cromos (Bogotá. junio 26 de 1967), p. 76.
|
|
11
|
Palabra de Carlos Lleras Restrepo en una conferencia radial del
26 de febrero de 1962, reproducida por
|La Nueva Prensa, 7 al
13 de marzo de 1962, p. 13.
|
|
12
|
La nota sobre Jorge Eliécer Gaitán se halla incluida en
|Obra
negra (Buenos Aires: Ediciones Carlos Lohle), pp. 59-62.
|Obra negra es una muy útil antología de los libros y
escritos dispersos de Gonzalo Arango realizada por J. Mario. Allí
se seleccionan
|Sexo y saxofón (1963),
|Prosas para leer en
la silla eléctrica (1966),
|El oso y el colibrí (1968),
además de manifiestos y artículos de revistas y periódicos
difícilmente accesibles de otro modo.
|
|
13
|
Fernando González:
|Viaje a pie (Medellín: Editorial
Bedout, 1976), p. 218.
|
|
14
|
|Ibid, p. 236.
|
|
15
|
|Ibid, p. 145.
|
|
16
|
|Ibid. Sobre Fernando González son de interés los
artículos de Ramiro Montoya publicados en
|Gaceta Tercer
Mundo, 42-43 (octubre-noviembre 1967), y el de Jaime Mejía
Duque incluido en su libro
|Literatura y realidad (Medellín:
Editorial La Oveja Negra, 1976), donde también se encuentra un
ensayo sobre el nadaísmo. Ver también el libro de Armando Romero
|El nadaísmo colombiano (Bogotá Tercer Mundo, 1988).
|
|
17
|
Fernando González
|Libro de los viajes o de las
presencias (Medellín: Editorial Bedout, 1959), p. 130.
|
|
18
|
|Cromos (Bogotá, 1960).
|
|
19
|
Véanse por ejemplo los cuentos de Gonzalo Arango incluidos en
las antologías de Fernando Arbeláez (1968) y Eduardo Pachón Padilla
(1980). Es necesario reconocer que el propio Gonzalo Arango en su
artículo "La belleza insumisa" (Lecturas
Dominicales de
|El Tiempo, junio 16 de 1963), realizó una
severa autocrítica de
|Sexo y saxofón al hablar del
subjetivismo y su tendencia a la abstracción.
|
|
20
|
"Moralistas de hoy", incluido en el libro de
Helena Araújo
|Signos y mensajes (Bogotá: Instituto
Colombiano de Cultura, 1976), pp. 229-232.
|
|
21
|
Stefan Baciú: "Beatitude south of the border: Latin
American Beat Generation", en
|Hispania, XLIX., 4
(diciembre 1966), pp. 733-739.
|
|
22
|
Jaime Jaramillo Escobar: "Tarjeta de luto a Gonzalo
Arango", Magazín Dominical de
|El Espectador, enero
13 de 1963.
|
|
23
|
Gonzalo Arango: "Manifiesto capital: las promesas de
Prometeo", Magazín Dominical de
|El Espectador,
febrero 17 y marzo 10 de 1963.
|
|
24
|
Publicado en
|Eco, 80 (Bogota, diciembre 1966), e
incluido luego en Hernando Valencia Goelkel:
|Crónicas de
libros (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1976), pp.
125.131.
|
|
25
|
Adriano González León: "Una peste llamada el
Nadaísmo", en
|Cal, 36 (Caracas, noviembre
1964).
|
|
26
|
Ibid.
|
|
27
|
Ibid.
|
|
28
|
Las tres novelas publicadas por Humberto Navarro y los
volúmenes de cuentos de Jaime Espinel y Armando Romero no invalidan
el hecho de que la expresión literaria básica del nadaísmo, fuera
de sus artículos de periódico, estuviese centrada en la poesía. Los
cuentos breves de Jaime Jaramillo Escobar (X-504), que él aún
vacila en publicar en un volumen titulado
|Entrepierna,
dispersos en periódicos y revistas de la época, aunque en su gran
mayoría inéditos, son valiosos porque en ellos la visión sobre la
violencia colombiana es sometida a un tratamiento de humor negro y
ferocidad helada nada común. Cito tres: "El
entierro", aparecido en "Esquirla",
suplemento de
|Crisol (Cali, 3 de julio de 1960);
"Narices por orejas", aparecido en la revista
|Esquemas, 2 (Bogotá, agosto de 1961), y "Cantando
frente al almuerzo", en
|La Viga en el Ojo, 2 (abril
de 1966). El influjo del nadaísmo en ulteriores promociones lo
atestiguan revistas como
|Clave de Sol, dirigida por los
poetas Juan Manuel Roca y Raúl Henao, cuyo único número apareció en
octubre de 1972 en Medellín, y en posteriores manifestaciones de
los mismos.
|
|
29
|
Aparecido en el Nº 2 de
|Nadaísmo 70.
|
|
30
|
Una de las pocas lecturas críticas que el nadaísmo efectuó de
la tradición poética colombiana anterior es la que Jaime Jaramillo
Escobar publicó, en 1965, en las Lecturas Dominicales de
|El
Tiempo (agosto 29 de 1965) con el título de "¿Qué
valores tiene Silva para las nuevas generaciones?".
|