EPILOGO
Debo al lector algunas explicaciones relativas a las
circunstancias de este libro.
Casi todo él ha sido escrito en Honda, durante las horas de la
noche que yo hubiera podido dedicar al descanso de mis rudas tareas
de comerciante, emprendidas de nuevo, a poco de regresar a Colombia
después de dos destierros y de tornar a la agitada vida del
periodismo político. Mi primera intención fue trazar el cuadro
completo de mi vida, desde 1834, época a la cual alcanzaban mis
recuerdos, hasta el fin de 1880; y esperé reducir todo el relato a
un grueso volumen.
Pero luego, a medida que fui disponiendo la impresión, pliego a
pliego, fui comprendiendo que me sería imposible encerrarme dentro
de los límites del primitivo plan de estas
|Memorias. Aun
condensando mucho mi relato y las reflexiones consiguientes,
apenas alcanzaba a comprender en bastante más de quinientas páginas
los sucesos de la historia de mi alma verificados hasta fines de
1863. Faltábame un período de diez y ocho años, -acaso al más
fecundo de mi vida y el más interesanté en el punto de vista de la
historia contemporánea de Colombia-, que ha transcurrido desde el
principio de 1864 hasta el fin de 1881; pero como este lapso de
tiempo es de sumo interés para Colombia en general, y para mí en
particular, había que dedicarle otro volumen, igual por lo menos al
primero.
De otra parte, los más graves acontecimientos en los cuales ha
estado complicada mi vida, y que han conmovido profundamente a
Colombia, datan de 1867, y están todavía, por decirlo así,
palpitantes en el corazón de la República y vibrando en mi alma. la
más agitada, la más probada, la más adolorida de cuantas han sido
combatidas por la borrasca política, social, religiosa y aun
científica y literaria. De aquí la necesidad de dar tiempo al
apaciguamiento, así de mi alma que siente, recuerda y narra, como
del criterio de los lectores que han de juzgar la narración.
Mi relato está adelantado de 1864 a 1876; pero he querido
detenerme en su publicación y completarlo con calma y en silencio,
a fin de tener toda la secundad posible de que ninguna prevención,
ningún resentimiento ha de torcer la verdad de lo que relate, ni la
rectitud de conciencia con que emita mis juicios. Así he tomado la
resolución de continuar mi obra con tranquilidad y complementar la
publicación con el segundo tomo, cuando la oportunidad sea
manifiesta.
Réstame dar una explicación por lo que respecta a las
incorrecciones del presente libro.
Cuando empecé su impresión, me ajusté rigurosamente, en lo
tocante a la ortografía, a las reglas que practicaban las Academias
Española y Colombiana. Estaba adelantada la impresión hasta el
pliego vigésimo séptimo, cuando se tuvo noticia en Bogotá de las
recientes mutaciones ortográficas, adoptadas por la primera de
dichas doctas Corporaciones y aceptadas al punto por la segunda.
Pensé que mi libro quedaría muy defectuoso, sí su primera mitad
aparecía conforme al antiguo sistema y la secunda acomodada al muy
reciente, y que era, por tanto, preferible dejar correr un defecto,
de todo punto involuntario en su comienzo, que no me había sido
posible evitar a tiempo.
Por último, he de advertir a mis lectores que la impresión de
este primer volumen se ha ido haciendo con forzadas demoras,
independientes de mi voluntad, y aun durante algunas ausencias y
muy graves atenciones mías; circunstancias que han ocasionado
numerosísimas incorrecciones, principalmente de tipografía, por lo
general poco sustanciales. Imploro por todas ellas la indulgencia
de mis lectores, mayormente cuando harto más la he menester por el
estilo y los conceptos de todo este libro.
Bogotá, enero 5 de 1882.
José M. Samper.