|Nació don José María Samper en Honda el 31 de marzo 1828 y
murió en la población Cundinamarquesa de Anapoima el 22 de junio de
1888. Hombre de profundos estudios y de actividad varia, recorrió
el escenario de la vida pública alternativamente en el ejercicio
político, la producción literaria, la cátedra, la diplomacia, la
lucha parlamentaria, el periodismo, etc.
|Aunque el señor Samper figura principalmente en la historia
como político, como que tuvo destacada actuación en una etapa
crucial de la vida colombiana, y primordialmente por su compromiso
y participación en la llamada Regeneración, con la que se
identificó plenamente por un cambio radical de su ideología, ante
todo fue un pensador y quizá el más fecundo de los escritores
colombianos del siglo pasado. Autor asombrosamente prolijo, la obra
de Samper rebasa la cifra de 50.000 páginas, no todas ellas,
lamentablemente, de pareja calidad pues su fecundidad lo llevo a
escribir sobre todos los temas, desde el ensayo sociologico hasta
el drama social y la comedia, pasando por la novela y la poesía.
Como poeta se muestra frío y ausente de inspiración, y aunque como
novelista puede ocupar un honroso sitio en las letras colombianas,
es en el ensayo donde descuella y en el que nos dejó sus más
formidables escritos. La "Selección de estudios" y el "Ensayo sobre
las revoluciones políticas y la condición social de las republicas
colombianas" son libros sólidos y de vasta penetración en el
análisis de nuestros fenómenos políticos y Sociales.
|El libro más notable, sin duda, de don José María Samper, es
la "Historia de un alma", autobiografía pletórica de colorido, rica
en descripciones de acontecimientos históricos. En un estilo de
admirable y segura sencillez, muy expresivo y ricamente matizado en
la narración, el señor Samper encuentra la manera de dar fluidez y
vida a una inmensa galería de personajes y situaciones de los que
tuvo conocimiento o estuvo en Intimo y personal contacto.
|La publicación en esta colección de la "Historia de un alma"
abre la posibilidad de rescatar del olvido la producción de un
destacado escritor en que se amalgaman muchos defectos y muchas
virtudes, y que enriqueció un período insigne de la literatura
colombiana.
A MIS HIJAS
Este libro que os dedico, amadas hijas mías no es de una
inspiración momentánea sino de un prolijo examen de conciencia. He
nacido para el sacrificio, y el mayor puedo hacer a mi patria es el
contenido en esta confesión general, que puede ser útil para otros
hombres, o tentados a pecar, o pecadores como yo. Estoy seguro de
haber vivido solicitando siempre la verdad y la luz, y sin
embargo... cuántas veces no he profesado el error y no me he
agitado entre tinieblas!
Ninguna pasión me ha movido a componer, con el candor dé las
confidencias sinceras, esté libro. No la vanidad, porque aquí
hallaréis hijas mías ingenuas confesiones, muchas de ellas, por
cierto, de faltas, errores y debilidades. No la ambición, porque ya
ha pasado la época de aquélla, la única, pero profunda, que agitó
mi alma desde la primera juventud: la de alcanzar una alta gloria,
fundada principalmente en la virtud del patriotismo, engrandecido
hasta el sacrificio, que es la suprema filantropía del cristiano.
Tampoco el odio ni el resentimiento, porque he recogido mis
recuerdos en la soledad y en días de calma y apaciguamiento, he
interrogado severamente mi conciencia y siento ya cicatrizadas las
heridas que muchos agravios y dolores dejaron por largo tiempo en
el fondo de mi corazón, manando hiel y sangre...
Es muy posible que este libro, sin pretensión alguna de mi
parte, sea para algunos de sus lectores enseñanza; de seguro es
para mi mismo expiación y consuelo. Expiación, porque en estas
paginas me juzgo, y muchas veces me consuelo, porque al recorrer
con la memoria la crónica de las vicisitudes de mi vida, -mar de
sentimientos y pasiones, esperanzas y dudas que ha sido
borrascoso-, siento que estoy pisando en firme sobre la
inconmovible roca del puerto a donde he logrado arribar; y pensando
en lo pasado, con tristeza, pero sin amargura ni zozobra, bendigo
con inefable gratitud la obra de misericordia qué ha realizado en
mi agitada existencia.
En rigor de verdad, hay en mi vida tres edades distintas. Si
cuento los años corridos desde el día de mi nacimiento hasta la
fecha, y las cenizas que ya me blanquean el rostro, tengo rendida
una jornada de poco más de medio siglo. Si pongo la mano sobre mi
corazón, y cuento sus palpitaciones de esperanza y amor, y me gozo
con mis indestructibles ilusiones y mi inquebrantable fe en el
bien, y siento que me sostiene el resorte de mi vigorosa voluntad y
mi confianza en la Humanidad, razón me sobra para afirmar que estoy
en plena juventud o "primavera de la vida", por mucho que salpiquen
su verdura las derrumbadas nieves del invierno. Pero si hago la
cuenta de mis desengaños y dolores, de la ingratitud de los
hombres, de mis numerosas faltas y flaquezas, y del tiempo perdido
en dudar y errar; si considero lo mucho que he sentido y amado, que
he emprendido y pensado, que he gozado con el bien y sufrido con el
mal, que he perseguido quimeras y esperado, que he reído y
llorado, también podré decir que he vivido -vida del alma- por lo
menos un siglo...
Voy a narrar en este libro las impresiones y peripecias de
cuarenta y seis años de ese siglo moral. Esta es la historia de mi
alma. Ella, servida con fidelidad por el poder de la memoria, se ha
seguido a sí misma, desde el principio de su florescencia hasta el
comienzo de su otoño; ha estudiado su propio desarrollo, sus
titubeos y sus contradicciones, sus desfallecimientos momentáneos,
y sus esfuerzos de reacción, sus grandes luchas, sostenidas en
persecución de in verdad, así como sus dudas y caídas, sus ímpetus
de soberbia y sus desahogos de melancolía.
Pero esta alma de niño, de adolescente, de joven y de hombre
maduro, que luégo, si la Divina Providencia lo permite, será de
anciano; esta alma de hijo, de hermano, de amigo, de ciudadano, de
pensador, de trabajador incansable, de esposo y de padre, nunca ha
vivido sola, sino agitándose bajo la mirada de Dios, y en medio del
torbellino social; ha vivido de la atmósfera humana, en estrecha
relación con muchas otras almas, grandes o pequeñas, buenas o
malas. Así la historia íntima de esta alma es también la de muchos
hombres y acontecimientos; es, en no pequeña parte, la historia de
la Patria: historia anecdótica, escrita puramente de memoria,
familiar en sus formas y su tono, lealmente recordada y narrada con
ingenuidad.
Si de esta verídica narración resultaren merecidas censuras para
mí, que ella os sirva de severa lección, hijas mías, no obstante
vuestra pureza de alma y lo apacible de vuestra vida. Si resultare
alguna honra para mí, que ésta os sirva de herencia, -la mejor,
acaso la única que os podré dejar.
JOSE M. SAMPER.
Bogotá, Julio 19 de 1881.