DON MEDARDO RIVAS
(BOCETO BIOGRAFICO)
A posteridad ya ha comenzado para el Doctor Medardo Rivas; y sus
compatriotas, puestos a un lado los distingos políticos, reconocen
en él a un pensador que consagró su vida laboriosa y fecunda al
servicio de sus conciudadanos al cultivo de las Letras y al
engrandecimiento de la Patria».
Tales son las palabras con que termina el escrito de un
periódico de que consagró un recuerdo de gratitud a aquel
distinguido publicista en el aniversario de su muerte.
Con las propias expresiones deseamos principiar este sencillo
boceto sobre el autor de HISTORIA DE UNA ROSA.
Durante aquella época de expansión en que España enviaba los más
fuertes y los más abnegados de sus hijos a descubrir y civilizar el
Nuevo Mundo, la familia Rivas se traslada al Nuevo Reino de
Granada.
Entre los antepasados de don Medardo figuraron algunos hombres
que por su actividad y cultura contribuyeron en no pequeña parte al
desarrollo material y progreso intelectual de la colonia
española.
Nació don Medardo Rivas en Bogotá (la ciudad fundada por el
Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada), en el primer cuarto del
siglo XIX, cuando aun la Nueva Granada, el Ecuador y Venezuela,
obedeciendo al pensamiento de Bolívar, constituían un solo
Estado.
En un periódico de Colombia hallamos la observación
siguiente:
«Ese amor a la Patria, que le hacía multiplicar sus esfuerzos,
ya en el terreno de la industria, ya en la esfera de la literatura,
ya en los campos de batalla, había surgido en el Dr. Rivas por
educación y por herencia. Alcanzó él a conocer en su niñez la Gran
Colombia, vió los últimos resplandores de aquel astro, presenció
aquella majestad y esa agonía, y puede decirse que en sus pupilas
quedó el reflejo de ese ocaso de gloría».
«Asimismo en su propio hogar, oyó la palabra y recogió las
enseñanzas de un antiguo patriota, amigo y confidente de Bolívar,
el ilustre Castillo Rada, que tanto sirvió a este país, y que en
días de prosperidad y de esperanzas, en 1821, cuando Europa misma
volvía sus miradas con respeto hacia esta república, mereció ser
nombrado Presidente de Colombia».
De su tranquilo hogar, de los felices años de su infancia, nos
ha conservado el afectuoso recuerdo en páginas llenas de
sentimiento y de ternura: dé ellas escogemos aquellos dos cuadros
intitulados
|El Almanaque y
|El Rosario al amanecer,
pues dan una idea de su corazón delicado, así como revela su
fantasía y el poder de su imaginación la HISTORIA DE UNA ROSA.
Educóse don Medardo y concluyó sus estudios en el Colegio de
Nuestra Señora del Rosario, y obtuvo allí el título de doctor en
Jurisprudencia.
Al salir de las aulas, con el brío que le daban su juventud, su
noble anhelo de realizar el bien, el fuego de su temperamento
enérgico y soñador al propio tiempo, y con el entusiasmo de aquella
época romántica e idealista, el Dr. Rivas se lanzó a la arena
pública y desde luego se presentó a su mente una empresa
humanitaria: la abolición definitiva de la esclavitud en
Colombia
Verdad es que Bolívar desde 1819 había Solicitado en patéticas
frases, que el Congreso expidiese una ley en tal sentido; pero
circunstancias de diverso género, exigencias sociales necesidades
económicas habían demorado y al menos en parte frustrado la
ejecución definitiva de aquel noble pensamiento Para realizarlo el
Dr. Rivas, en unión de los señores Salvador Camacho Roldán y
Antonio María Pradilla, de corazón igualmente hidalgo y generoso -
que más tarde ocuparon altos puestos en el Gobierno -fundó un
periódico, y mediante asidua labor, luchando a veces contra
proocupaciones e intereses, tras Constante y asidua propaganda, vió
realizados sus deseos y los de sus honorables colaboradores: tanto
en las leyes como en las Costumbres. quedó para siempre abolida la
esclavitud en Colombia.
Algún tiempo después el Gobierno le confió una misión
diplomática en Venezuela, donde recibió especiales atenciones y
desempeño con acierto la labor de estrechar las relaciones entre
las dos Repúblicas.
Después de un viaje a los Estados Unidos del Norte regresó a
Bogotá.
Todo le invitaba a permanecer allí rodeado de Comodidades, y en
un centro Intelectual, en una ciudad que por su cultura literaria
ha sido llamada la
|Atenas de Sud América. Empero, sintiendo
acaso en su sangre la herencia de los antiguos exploradores
españoles, aquel fuego que les llevaba a realizar empresas dignas
de alabanza y dando al mismo tiempo un ejemplo del trabajo que
ennoblece, dejó las comodidades de la vida en la capital y se
trasladó a las orillas del río Magdalena, a explorar cultivar
nuevas comarcas; y llevando allí centenares de colonos, emprendió
la conquista de esas selvas inmensas, enmarañadas, cubiertas de
pantanos y pobladas de fieras, y al cabo de años, de ese mundo
virgen salió un rumor de vida, un himno de civilización, el hervir
vividor, de las almas en medio de los plantíos risueños.
Muchos otros jóvenes distinguidos y de alta posición se
trasladaron entonces a aquellas comarcas y su labor contribuyó
poderosamente al desarrollo e incremento de la riqueza pública.
Obedeciendo a laudable sentimiento, quiso el Dr. Rivas conservar
el nombre y rememorar los esfuerzos de aquellos compañeros de
labor, y como un himno al trabajo que dignificó, escribió su obra
titulada
|Los trabajadores de Tierra caliente.
Y en tanto que como hombre de acción dirigía esas vastas
empresas, como espíritu cultivado y de sentimiento, hallaba tiempo
para atender a su vocación literaria, y trazaba cuadros de
costumbres y novelas en que copiaba las escenas de esa vida poética
y fecunda en medio de la naturaleza primitiva.
A aquella época pertenecen sus novelas
|Jacinta, Los
Peregrinos, Las tradiciones de Tocaima y
|Las dos
Hermanas.
La dictadura del general Melo engendró de pronto el desconcierto
en la Nación, y los hombres públicos se prepararon a combatirla. En
un periódico de Bogotá hallamos los siguientes conceptos:
«Cuando el Dr. Rivas creía que el amor a la Patria le obligaba,
dejaba las comodidades de su hogar, entraba en la arena pública y
ofrendaba su vida en los campos de batalla. En 1854 luchó al lado
del general de la Independencia don Joaquín París, y en compañía de
Julio Arboleda, de Camacho Roldán, de Pedro Alcántara Herrán, y de
Manuel Murillo, lidió con denuedo contra la dictadura de Melo. Las
estrellas de general brillaron con honor sobre sus hombros».
Algún tiempo después, establecido de nuevo en la capital,
contrajo matrimonio con doña Rosa Groot, hija del historiador de
Colombia. Más tarde, sin desatender sus fundaciones en las márgenes
del Magdalena, estableció en Bogotá una casa editorial y en ella
publicó
|La Revista de Colombia, que redactó durante
años.
Varias veces fué elegido representante del Congreso, y en otras
ocasiones, Senador de la República. Durante la progresista y
conciliadora administración del general Eustorgio Salgar fué
ministro de la Guerra.
Las atenciones de la vida pública, dada la extraordinaria
actividad de su carácter, no le apartaban de sus aficiones
literarias, y en su casa editorial, que tuvo abierta y en constante
labor por más de treinta años, publicó numerosas obras de ingenios
colombianos, así como algunos de sus propios libros:
Conferencias sobre la educación de la
mujer, Los trabajadores de Tierra caliente, La Pola, Drama
histórico; Viajes de Medardo Rivas por Inglaterra, Francia y
Alemania. Novelas y artículos de costumbres, etc.
Animado por sentimiento patriótico, concibió el proyecto de
publicar en edición uniforme y correcta, las obras históricas de
Colombia, desde los tiempos de la Conquista y de la Colonia. Dió
principio a su labor con la
|Historia General del Nuevo Reino de
Granada, por don Lucas Fernández Piedrahita (tres gruesos
volúmenes). En la Biblioteca Nacional de Bogotá se encontraba,
manuscrita, la parte principal de las
|Noticias Historiales de la
Conquista de Tierra Firme, por Fr. Pedro Simón (siglo
XVII).
Salvó ese interesante manuscrito el doctor Rivas publicándolo,
en cinco volúmenes, con un prólogo suyo y un extenso estudio
preliminar del erudito humanista don Miguel Antonio Caro.
A esa publicación siguió la de la
|Historia de Nueva
Granada (cinco tomos), escrita por don José Manuel Groot, y
acompañada de estudios especiales, sobre la obra y el autor, por
los conocidos literatos don José Caycedo Rojas, don Miguel Antonio
Caro y don Rafael Pombo.
Vino a interrumpir esa patriótica labor la guerra de 1900,
cuando ya se habían impreso trece gruesos volúmenes de las «Obras
históricas de Colombia».
Como jefe de uno de los partidos militantes quiso, de acuerdo
con patriotas esclarecidos, evitar la guerra civil y sus
desastrosas consecuencias.
Murió al siguiente año, con la conciencia del deber cumplido,
entre el amor de su familia y el respeto de sus conciudadanos.
El mejor y más delicado de sus escritos es sin duda HISTORIA DE
UNA ROSA.
|
R.G.
FIN DEL TOMO