APÉNDICE
Parécenos que no estará de más insertar aquí una Memoria (que
traducimos) acerca de Juan de la Cosa, tomada del Boletín de la
Sociedad Geográfica de París, número 17, tomo 3.º, año de
1862.
ALGUNAS PALABRAS
acerca de Juan de la Cosa, piloto de Cristóbal Colón, así como de
su célebre mapa-mundi, por M. de La Roquette, Vicepresidente de la
Comisión Central de la Sociedad de Geografía.
Señores:
Teníamos intención de presentaros un estudio acerca de la vida y
obras de un gran navegante, de un eminente hidrógrafo español, de
Juan de la Cosa, piloto de Cristóbal Colón. Este trabajo, revisado
y aprobado por el barón de Humboldt, que tuvo á bien considerarle
importante é interesante, en una carta que nos hizo el honor de
escribirnos de París hace cerca de veinte años (la que conservamos
preciosamente) fue por casualidad hallada últimamente entre
nuestros papeles, y de ello tendremos el gusto de hablaros hoy.
Decíamos en aquel opúsculo que, á pesar de la justa celebridad,
de los méritos y de las obras de Juan de la Cosa, habiendo obtenido
durante su existencia la confianza del inmortal descubridor del
Nuevo Mundo, y además los elogios de la mayor parte de los
|conquistadores y de los historiadores de los primeros
tiempos del descubrimiento, así como de los historiadores modernos,
sin embargo, como por una fatalidad, ningún biógrafo le había
consagrado mención especial: esta falta es la que procuraremos
corregir.
No os ofrecemos hoy sino un esbozo rápido, y sin duda sobrado
imperfecto de nuestro primer trabajo, al que añadiremos algunas
líneas acerca del
|mapa-mundi, obra capital de Juan de la
Cosa, y el único monumento geográfico que de él se conserva, y del
cual veréis una admirable copia en este recinto.
|
1
No se tiene noticia exacta de la fecha precisa del nacimiento de
Juan de la Cosa, aunque se puede fijar aproximadamente en la
segunda mitad del siglo XV. Se sabe que era originario de Santoña,
pequeño puerto de la provincia de Santander, sobre el golfo de
Vizcaya, así es que los contemporáneos le llamaban frecuentemente
el
|Vizcaíno.
Juan de la Cosa era conocido como un buen marino y hábil
constructor de mapas, cuando Cristóbal Colón, que le consideraba
como su discípulo y lo apreciaba mucho, le llevó consigo, como su
piloto, en el segundo viaje que hizo en 1493, á lo largo de Cuba y
al derredor de Jamaica, viaje que se terminó en 1496. A su regreso
á España, La Cosa se retiró á su pueblo natal, el que también
abandonó en breve para ir á fijarse en el puerto de Santa
María.
Se tiene poca noticia acerca del empleo que hizo de su tiempo
hasta el mes de Mayo de 1499, cuando Alonso de Ojeda (que le
conocía desde que viajó con él en el segundo viaje de Cristóbal
Colón) le escogió para piloto suyo en una expedición de
descubrimiento que emprendió al Nuevo Mundo, en unión de Américo
Vespucio. Durante este viaje, que se terminó mal, tuvo la fortuna,
sin embargo, La Cosa, de visitar cuidadosamente las costas de
Paria, por lo cual Herrera le llama descubridor de Paria, á pesar
de que ya estos sitios habían sido descubiertos por Colón el año
anterior.
Devuelto al puerto de Santa María en el mes de Junio de 1500, La
Cosa terminó su célebre mapa-mundi, del cual nos ocuparemos más
adelante. Hacia esa época Rodrigo Bastidas obtuvo licencia de
visitar las Indias Occidentales, y con ese motivo consultó con La
Cosa la ruta que debería seguir, y por último se lo llevó como su
principal piloto. Salieron los expedicionarios de España en Octubre
de 1500, y orillando las costas de Tierra Firme, visitaron el Golfo
de Urabá, el puerto del Retrete ó de los Escribanos, el istmo de
Panamá y algunas otras localidades. Pero el mal estado de sus
embarcaciones, y la arrestación de Bastidas, á quien se le acusó de
haber hecho sin autorización negocio de oro con los indios, puso
término á la expedición, y La Cosa regresó á España en los últimos
meses de 1502.
Para recompensar los servicios prestados por nuestro piloto á la
causa del descubrimiento, no solamente viajando á su costa sino
exponiendo frecuentemente su vida, la Reina Isabel lo nombró por
cédula real del 3 de Abril de 1503, alguacil mayor de Urabá, empleo
que no tuvo sino más tarde.
Encargólo su gobierno en seguida de una misión á Lisboa, cerca
del Rey de Portugal, con el objeto de pedir explicaciones acerca de
acusaciones que se le hacían al portugués por haber hecho
excursiones en los dominios españoles en las Indias. Pero este
gobierno, en lugar de dar las satisfacciones que se le pedían, hizo
aprehender y encarcelar á La Cosa. Sin duda recobró muy en breve su
libertad, porque en Octubre de 1503 ya estaba otra vez en la corte
de España, en Segovia, en donde La Cosa declaró á la Reina que
había descubierto, que no solamente los portugueses habían hecho un
viaje de contrabando en las tierras pertenecientes á España, sino
que, á pesar de sus promesas, habían mandado otra expedición á
aquellos parajes que no les pertenecían. Aprovechó esta ocasión
nuestro piloto para presentarle á su soberana los mapas
hidrográficos de las Indias, que él había trabajado, así como el
mapa que conocemos y que lleva la fecha de 1500.
En 1504, La Cosa obtuvo la misión de vigilar con cuatro navíos
armados y equipados de guerra las costas de Tierra Firme de Indias
hasta el Golfo de Urabá. Llenó su encargo con muy buen éxito,
puesto que reconoció y estudió á fondo aquellos litorales, negoció
con los indios é impidió las usurpaciones portuguesas. Debió hacer
buen negocio, puesto que entregó al Tesorero general Martienza el
5.° de la corona que constaba de 50,000 maravedís, por lo cual
obtuvo como recompensa una pensión de una suma igual á la que había
entregado. En esta expedición él era Capitán y piloto al mismo
tiempo. Como la corte de España no cesaba de desconfiar de la mala
fe portuguesa, al regreso de Juan de la Cosa, en 1507, puso el
gobierno español á órdenes del piloto dos navíos, para que con
ellos vigilara las costas españolas, desde el cabo de San Vicente
hasta Cádiz, y capturara todo navío portugués que pareciera volver
de las Indias. Sin embargo, esta expedición no tuvo ningún
resultado, y así Juan de la Cosa fue enviado con sus dos carabelas
de nuevo á indias. Allí no solamente atendió á los mandatos de su
gobierno sino que completó sus descubrimientos y traficó con
provecho con los indígenas. Sin duda Bastidas le acompañó en aquel
viaje, porque encontramos que tanto Juan de La Cosa como Bastidas
recibieron 100,000 maravedís sobre los productos de la expedición,
en la cual parece que recogieron una suma de 300,000 maravedís.
Cuando volvió á España La Cosa, obtuvo que la Reina Juana le
confirmara en 1508 el nombramiento de alguacil mayor de Urabá,
empleo concedido en 1503 por la Reina Isabel, siendo hereditario
para su hijo.
Habiendo armado Juan de La Cosa un navío y dos bergantines con
200 hombres, partió en Noviembre de 1509 á Santo Domingo, á
encontrarse con Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador
general de la Nueva Andalucía, de quien él era teniente general. En
Santo Domingo Juan de La Cosa tuvo ocasión de hacerle al futuro
gobernador un señalado servicio. Disputábanse Nicuesa y Ojeda los
límites de sus respectivas gobernaciones en Tierra Firme, pero
habiendo uno y otro nombrado árbitro en el asunto á Juan de la
Cosa, éste obró con tánto tacto, que logró ponerlos en paz,
dividiendo entre los dos el río grande del Darién: el uno debería
adueñarse de la ribera occidental y el otro de la oriental. En el
año siguiente (1510), nuestro piloto se justificó de las
acusaciones que le hacían los portugueses: de haber hecho
descubrimientos indebidos del otro lado de la línea señalada á los
españoles. Es cierto que esta acusación nunca había tenido mayor
seriedad y su gobierno no había hecho alto en ella.
Durante su expedición con Ojeda, La Cosa se empeñó mucho con él
para que fundasen la primera colonia proyectada en el rico y fértil
terreno del Golfo de Urabá, en donde decía que habitaban indios
pacíficos y hospitalarios. Sin embargo, Ojeda no quiso escuchar
este consejo, ni tampoco atendió á lo que le decía, de que no
atacasen una tribu de indígenas feroces é indomables, que moraban
en el lugar en que hoy está sita Cartagena. Ojeda no solamente los
atacó, sino que, olvidando la prudencia y desoyendo las súplicas de
su teniente, se internó hasta un pueblo vecino, en donde los indios
se defendieron con tánto brío, que mataron con flechas envenenadas
á gran número de españoles, rodearon al mismo jefe, quien hubiera
perecido en aquel sitio, si Juan de la Cosa no lo socorriera á
costa de su vida, pues murió allí atravesado por mil saetas
envenenadas.
Aquella muerte fue en breve vengada por sus amigos. Ojeda unió
las tropas de Nicuesa los soldados que le quedaron y marchó contra
los indígenas descuidados, matando á centenares é incendiando sus
ranchos.
Para honrar los servicios de La Cosa, el Rey de España permitió
que la viuda del piloto conservara lo indios qué habían pertenecido
á su difunto marido, y le otorgó, además, una suma de 45,000
maravedís. Ignoramos cuál fuera la suerte del hijo de Juan de la
Cosa, á quien debería tocar el título de alguacil mayor de
Urabá.
Os hemos hecho presentes los principales rasgos de la vida de
Juan de la Cosa, así como su muerte deplorable, ahora nos
ocuparemos del documento que nos ha dejado, el que por sí solo
podría hacer su nombre imperecedero: hablamos del mapa, cuya copia
exacta tenemos á la vista, merced á M. Jomard.
El original de este precioso é inestimable momento geográfico de
la Edad Media está trazado en una grande hoja de pergamino, de
forma ovalada y artísticamente iluminada. El mapa consta de las
partes América conocidas hasta 1500, época en que La Cosa lo trazó,
así como las partes de Europa, Asia y Africa, conocidas en aquella
época.
El mapa tiene el siguiente epígrafe:
Juan de la Cosa lo fizo en el puerto
de Santa María en el año de 1500
" Para comprender la importancia de este mapa, - dice el barón
de Humboldt, - bastaría recordar que es seis años anterior á la
muerte de Colón, y que los mapas más antiguos de América (no
insertos en las ediciones de Tolomeo ó las cosmografías del siglo
XVI que se han conocido hasta hoy) son de 1527 y 1529, de la
biblioteca del Gran Duque de Sajonia Weimar."
Es probable que las relaciones íntimas que tenía el navegante y
cosmógrafo español Martín Fernández Enciso con Juan de la Cosa, no
le hubieran sido inútiles, y debió de haberse aprovechado de sus
conversaciones con él y de la vista de su mapa, para formar después
la
|Suma de geografía que trata de todas las partes y provincias
del mundo: en especial de las Indias." Obra sumamente curiosa,
impresa en Sevilla en 1519, y que tradujimos del español cuando
publicamos por primera vez una noticia de Enciso en la
|Biografía
Universal, cuando hasta entonces su nombre estaba ausente de
todo diccionario biográfico.
Por una feliz circunstancia, el original del mapa de La Cosa fue
descubierto y comprado á precio ínfimo, en 1832, por el barón
Walcknaer, quien inmediatamente se lo comunicó al barón de
Humboldt. A la muerte de Walcknaer, (en 1852) este mapa fue puesto
en pública subasta y adjudicado al gobierno español por 4,200
francos, no sin que hubiese sido vivamente disputado por diferentes
establecimientos extranjeros y particularmente por nuestra
biblioteca imperial, á quien representaba uno de nuestros
directores, M. Jomard.
Humboldt, en varias de sus obras y también en la
|Introducción
al examen crítico de la historia de la geografía del nuevo
continente, dice que entre él y el barón de Walcknaer habían
descubierto en 1832 el importante mapa de Juan de la Cosa. Y como
Walcknaer nunca contradijo á Humboldt en aquello, es cosa
averiguada que este sabio no sólo reprodujo trozos del mapa en
menor escala, en la obra mencionada, sino que también tuvo parte en
su hallazgo.
Fuera de Humboldt, un sabio español, D. Ramón de la Sagra,
publicó en 1837 la parte del nuevo continente que se halla en el
mapa de Juan de la Cosa, en una obra titulada:
|Historia física,
política y natural de la isla de Cuba. En 1842 un infatigable
erudito portugués, el vizconde de Santarem, en su Atlas de la Edad
Media, reprodujo también la parte de Africa trazada por La
Cosa.
Sin embargo, el único que ha copiado perfectamente el mapa en la
misma escala y con sus mismos colores, ha sido M. Jomard, á quien
se le debe este gran servicio, ejecutado á su costa y sólo por el
amor á la ciencia.
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1
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En la Exposición que tuvo lugar en Madrid durante las fieslas
del 4.° Centenario del descubrimiento de América, vimos el mapa
original de la Cosa - S. A. DE S.
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