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L A
S C L A V E S S E C R E T A S
P o e m a s
Eduardo
Gómez
Trilce Editores
Santafé de Bogotá, 1998
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Contrapunto
-
La aurora boreal de la ciudad nocturna
-
se refleja en el cielo de rosadas nubes
-
como un día canceroso y fatigado
-
que irradia la ciudad sola y en pena
-
la ciudad insomne y drogadicta
-
que arde en suaves hogueras eléctricas
-
donde siluetas y rostros deambulan
-
entre crepúsculos de neón y desoladas
lunas.
-
¿Dónde se fijará en ese dédalo difuso
-
tu mirada severa y pura
-
venida de los bosques y las dulces aldeas?
-
¿Dónde arderá sin desmedro tu piel
fresca
-
y cómo podrá aquí desplegarse tu
nostalgia
-
de cigarras que cantan a los cielos
florecidos?
-
La ciudad monstruosa te acecha
-
si te quedas será como si murieras
-
porque de estas ciudades sólo quedarán
-
algunas canciones que se llevará el
viento.
Fauno
de las ciudades
-
Su cuerpo bronceado torso de mármol
cálido
-
sus piernas musculosas en la agonía del
sexo
-
su boca que genera corrientes y
escalofríos
-
sus manos que elaboran la ofrenda de la
entrega
-
y su sexo poderoso que socava profundo
-
esbozan sobre la tarde su perfil de
adolescente
-
mientras los años se fugan en baladas de
nostalgia.
-
Tendido en el amplio lecho o sonriendo
entre los árboles
-
se aparece en las noches entre ráfagas de
viento
-
príncipe del suburbio, joven jesuita
desnudo
-
dulce asesino de honras y violador deseado
-
que provocará la ruina de caballeros
dudosos
-
y se perderá en las afueras de la ciudad
tormentosa
-
en apoteosis sombría que gestará su
leyenda.
-
Ninguno de los buscones que acariciaron su
fuerza
-
ninguna de las mujeres que lo debilitó
con su hastío
-
preguntaron por los conflictos de aquella
estampa viva.
-
Ignoraron su corazón para manipular su
cuerpo
-
y entronizar una estatua, un muerto-vivo
enigmático
-
e investirlo con sus sueños y deseos
impotentes.
Amor
maldito
-
Nunca morirá este verano ardiente
-
si me amas con fervor y previendo la
muerte.
-
Mientras caminamos por la ciudad me
envuelves con la risa
-
de los jóvenes condenados que viven el
instante
-
y una noche se alejan dejando flotar una
sonrisa.
-
Pero nuestro amor -aunque frágil e
inconstante-
-
ha sido sacralizado por obispales
maldiciones
-
por hieráticas condenas y venenosas
oraciones.
-
Pero nuestro amor -aunque subversivo y
bandolero-
-
tiene el encanto lunar de un bolero
-
y una poderosa sensualidad arrabalera.
Desgaste
irreversible
-
Bajo la luz implacable de un sol amarillo
-
vivo la agonía de un amor prohibido
-
todavía revestido de ilusiones marchitas.
-
Los bosques y el río parecen entonces
llamarme
-
hacia esas regiones donde no habrá
engaño ni pena
-
y una vida inconsciente se agita y
florece.
-
Una pasión con otra pasión quizás se
olvide
-
un amor pasado puede renacer en otro
-
y un desengaño descubrirnos un camino
abierto
-
pero cada experiencia cuesta sangre y
sueños
-
y va quemando el alma con sus cicatrices.
-
Vivimos muriendo y morimos de vida.
Amor
en el recuerdo
-
Tu rostro sonríe con el fulgor de la luna
-
difuminando dulces muertes en cementerios
solos.
-
Rostro en la soledad que arde inaccesible
-
como un altar del recuerdo irradiando
nostalgias
-
cámara ardiente de un amor por siempre
vivo.
-
Aquello que fue doloroso resplandece
balsámico
-
aquello que fue angustia navega ya sereno.
-
¿En qué medida imaginamos todo amor
cuando ha pasado?
-
Nuestra pobreza cotidiana construye
palacios al hastío
-
y crea dioses y diosas al deseo.
-
Recordar es ensoñar el fracaso y lo
perdido.
Felicidad
cotidiana
-
Con furor y construidos sueños
-
arranco placer todavía a los cuerpos
hermosos
-
y descubro -con astucia- en los paisajes
-
la muerte tantas veces deseada.
-
La felicidad es vulgar y monótona
-
y es preciso perturbarla con alguna
desdicha
-
adornarla con fúnebres flores de
atardecer
-
y el ardor diferido de los besos.
-
La soledad abrillanta el resplandor
sombrío de mis cielos
-
visitados por silenciosos ángeles caídos
-
muchachas con un puñal en la garganta
-
y rostros de asesinos que se niegan a
morir.
-
Entre la multitud lejana y envolvente como
un río
-
floto al acecho de amoríos descompuestos
-
y danzo con mesura en las ceremonias
nocturnas
-
añorando países acerados y laboriosos
cánticos.
-
Gastado dulcemente por costumbres
exangües
-
avizorando abismos sin retorno
-
en los días rápidos y repetidos como
olas
-
elaboro fuegos fatuos e infiernos a la
medida.
Despedida
-
Permanecerás en mi palabra para siempre
-
y tu juventud seguirá sonriendo con
tristeza
-
como cuando caminábamos hacia la noche y
el olvido.
-
La historia seguirá más allá de tu
humildad
-
y sólo yo sabré que eras un mundo
tumultuoso
-
de gritos acallados en un rincón de casas
lúgubres
-
y sueños melancólicos en las esquinas de
un barrio.
-
A1 final sólo nos queda un laberinto de
imágenes
-
que se van desvaneciendo como el recuerdo
de los sueños
-
cuando una mañana invernal aflora
lentamente
-
como un llanto suave desde un cielo
caído.
-
Te confundirás otra vez con el horizonte
de las muchedumbres
-
y al final tan solo quedará el cielo
interminable como siempre
-
abierto a otros viajes como un vacío
inmutable
-
mientras los muertos tal vez miran a esta
tierra distante
-
como las luces solitarias de estrellas
abolidas.
Luna
Fugitiva
a Luis Fernando Montoya
-
El sol de los muertos aparece en oriente
-
nimbado de tristes espíritus radiantes
-
inundando de penumbras luminosas
-
la montaña ensimismada en la noche.
-
Dulce luna viajera de océanos sin nombre
-
testigo agobiado de milenarias leyendas
-
que medita hacia dentro irradiando
ternuras
-
y transforma en aurora la abisal
medianoche.
-
Doncella que navega amortajada por las
nubes
-
esplendor de cementerios que inquieta las
ciudades
-
alucinación de conventos en los parajes
malditos
-
mensaje de otros mundos que nunca
descifraremos.
-
Su desolada belleza de pálida peregrina
-
recorre cielos desiertos como eterna alma
en pena
-
que buscara una pasión imposible y divina
-
con su pupila ciega de congelada arena.
-
A los perros y los lobos hace aullar de
amor
-
y a los caminantes consuela en su orfandad
-
en el claro del bosque entreteje un tapiz
-
para la danza invisible de criaturas de
otra edad.
-
Su soledad celeste resplandece de olvido
-
desde aquí abajo con compasión la amamos
-
con el fervor absorto y ya sin esperanza
-
con que veneramos a los muertos que
embalsamamos.
-
-
-
Visión
-
El mar sin orillas del atardecer
-
recuerda a los viajeros para siempre
extraviados.
-
¿Desde qué campanario en penumbra
-
desde qué colina entristecida
-
contemplas la fastuosa agonía?
-
Los bosques se difuminan en azules
-
y un ave fúnebre apuntala el silencio con
su canto.
-
Separado de ti y en mi alta torre
-
escucho el rumor de las alas
-
del arcángel de la muerte que pasa
-
y se remonta hacia el frío fulgor de las
estrellas
-
con un niño dormido en los brazos
-
mientras la luna -monja en éxtasis-
-
azulea por los cielos.
Conversión
a Christa Gómez
-
Quedó atrás la edad de la pasión
-
y se abren ahora horizontes constelados.
-
Te diré con mis silencios una intensa
oración
-
y en mi tristeza flotará un dolor alado.
-
Serás amiga y amante comprensiva
-
para que mi viejo ardor no extinguido
-
reciba de tu inteligencia sensitiva
-
una palabra amable y un discreto olvido.
-
De mis antiguas llagas la cicatriz
permanece
-
de oscuras ilusiones esculpí clara
esperanza
-
y de la búsqueda ansiosa en la noche que
crece
-
surgieron al alba deseos certeros como
lanzas.
A
una megalópolis
-
La ciudad es como un mar que recomienza en
cada instante
-
con un oleaje oscuro de barriadas sin
nombre
-
sus corrientes subterráneas de tráfico
anhelante
-
sus islas de silencio para volver a ser
hombre
-
sus catedrales majestuosas para recrear
los dioses
-
sus calles para la búsqueda desafiante
del destino
-
y sus estaciones que inician el viaje y
los adioses.
-
La ciudad se transforma en millones de
mundos cada día
-
mediante un fermento de sueños y
ambiciones sin medida
-
y el azar es su dios y el vértigo su
ilusión tardía.
-
Caminando en sus suburbios revivo fábulas
perdidas
-
encuentro animales de presa y graves y
piadosas hienas
-
sacerdotes del crimen y asesinos que
hablan de amor
-
seres raros y sombríos con monstruosas
antenas.
-
Amo su red arcana de catacumbas y túneles
-
donde medran juglares ciegos y poetas
nictálopes
-
y acechan como buitres los adolescentes
ávidos
-
mientras preparan sus trampas las
hechiceras noctámbulas
-
en pasajes peligrosos que desembocan en
abismos
-
en traidoras habitaciones de hoteluchos
clandestinos
-
donde los tahúres juegan las cartas de su
sino.
-
Amo los rascacielos que retan al infinito
-
desafiando la pesadez de los suelos
reptantes
-
y también a los derrotados de grandes
ojos claudicantes
-
que habitan viejos palacios de carcomido
granito
-
con un semblante ausente de veteranos
danzantes
-
soñando jardines inmensos y casas
laberínticas
-
donde nigromantes desnudos estudian
cabalísticos.
-
Es en esa megalópolis donde quedará
nuestra descendencia
-
el testimonio frente a la nada de
enmarañada trascendencia
-
el anárquico clamor de oceánicos
conflictos
-
que hablará de las derrotas de una
poderosa inconsciencia
-
del derroche de energías de millones de
drogadictos.
-
Es en esas megalópolis donde quedará
nuestra herencia
-
que finalizará milenios con su angustiosa
cadencia.
-
Oh inagotables raudales de belleza
atormentada
-
permanencia en los cambios de la turbia
marejada
-
amasijo de polvo y sangre muros de
concreto y carne
-
desenfreno en el silencio de las barriadas
distantes.
-
Colosal pulsación de millones en un
corazón gigante
-
podredumbre fecunda que se desborda en
alardes
-
monstruo atormentado de innumerables
tentáculos.
-
Pero la ciudad maldita que a diario se
desangra
-
que toma su fardo a cuestas y vocifera una
canción
-
y aquella ciudad sagrada que apuesta
siempre a lo utópico
-
y conspira en el recato, llevando una vida
magra
-
y la ciudad que siembra árboles con
sencillez y emoción
-
mientras olvida sus deberes de carácter
macroeconómico,
-
inspiran la locura que nutre nuestra
esperanza.
Contrastes del trópico
-
Suave estallido de rosas presagia el
verano
-
los pájaros aún cantan en la menguada
arboleda
-
mariposas y aviones se perfilan contra el
cielo
-
el río se aduerme en resignadas
nostalgias
-
bajo las turbias ondas ya contaminadas.
-
-
Por la carretera pasan carros blindados
con soldados
-
seguidos por las siluetas de campesinos
fatigados
-
nubes fantásticas otean infinitos al azar
del viento
-
bajo los platanales yacen los muertos
de la última masacre.
Poema vegetal
a José García
-
Anchos y plácidos como madres
-
los árboles quieren volar con grandes
alas
-
cuando el viento salvaje pulsa sus
follajes.
-
Taciturnos vigías de todos los
crepúsculos
-
sonríen con sus hojas en la brisa
-
o sangran dulcemente gota a gota
-
tatuados por la mano enamorada del hombre.
-
Los árboles
-
por donde la Tierra respira el cosmos
-
manos crispadas de la Tierra tendidas
hacia el sol
-
pabellones umbrosos que refrescan
-
la piel macerada del planeta.
-
Los árboles
-
prisioneros insomnes de un amor secreto
-
resurrección de los muertos que nutren
sus raíces.
Parábola del destierro
a Josefina Garroz
-
El canto de un pájaro en la espesura azul
-
es como un llamado de vagas lejanías
-
insistente ritornelo extasiado en la
penumbra
-
celebra el instante íntimo y la acción
de gracias
-
surge a borbotones de valles misteriosos
-
donde la primavera se ha quedado para
siempre.
-
Diminuto ángel-cantor de la
Naturaleza-dios
-
todo él es garganta tembloroso de sol y
luna
-
exhalándose en trinos y suaves juegos
aéreos
-
desterrado en su paraíso al abrigo de las
ciudades.
Las
claves secretas
-
La noche surge del fondo del mar
-
viene, como la música, de detrás del
silencio
-
a paso de lobo se acerca circuída
-
de coros inaudibles y estrellas abolidas.
-
El verano respira en el aroma del pinar
-
y la luna asoma rojiza sobre el monte
-
recordándome ese amor que languidece
-
ya lejano y sagrado a las puertas del
olvido.
-
La noche se difunde como una muerte suave
-
que libera las voces acalladas en el día
-
y azuza los perros enjardines de ensueño
-
o en los pozos de sombra azulada por la
luna.
-
¿Qué palabras pronuncias en extraños
parajes?
-
¿de dónde provienen las visiones de
ciudades
-
a donde nunca llegaré y donde anida el
enigma?
-
Como tristes cantares se perdieron las
claves de esos viajes.
-
Y así se van esfumando laberintos de
sueños
-
-esa mitad de la vida sepultada en el
misterio-
-
haciéndonos sentir como extraños
desterrados
-
al margen del enigma de planetas perdidos.
Balance
final
-
Después de presentir caminos apenas
ensoñados
-
desde detrás de los muros, sin salir de
casa.
-
Después de mirar de reojo el mar lejano
-
desde sórdidas callejuelas sin salida,
-
de aspirar el aroma que viene de los
bosques
-
a través de ventanas estrechas y
enrejadas,
-
de sentir la nostalgia del amor prohibido
-
desde iglesias húmedas y oscuras
sacristías,
-
después del desgaste de los laberintos
-
que prometen siempre inaccesibles tesoros,
-
de contemplar el verde oleaje de los
campos
-
desde las enormes jaulas de los
rascacielos,
-
de soportar al hombre -lobo
-
pisoteando jardines y profanando cielos,
-
he descubierto la riqueza del hombre
íntegro y desnudo
-
la libertad del que solo tiene y no posee
-
la nobleza de quien no desea blasones
-
la grandeza del que se sobrepone al
abandono
-
y sonríe bajo la tormenta y el encono
-
de las intimidaciones del poder y la
muerte.
Asombro y palabra perdurable
-
No quiero ya saber de felicidad alguna
-
ni tampoco de sacrificio o martirio.
-
Me basta con el asombro cotidiano
-
ante la ciudad inagotable y múltiple
-
y ante el cielo cambiante de colores
suaves.
-
Todavía antes de la noche vislumbro
-
calles y caminos que conducen sin rumbo
-
invitando a largos viajes sin regreso
-
a través de un océano que borra toda
huella.
-
Pero es en el silencio de las tardes en el
campo
-
o en medio de la noche asilado en la casa
-
(mientras afloran palabras que saben
nombrar el mundo)
-
cuando intuyo una serena eternidad que
hace señales.
-
-
Enigma
y tierra firme
-
Vivimos al borde de una ausencia absoluta
-
y viajando sin meta por el espacio
infinito.
-
Demasiado absurdo nos acecha cotidiano
-
para rechazar la claridad en lo accesible
-
y empastarnos en la sensación o el grito.
-
No hay otro cielo ni otro infierno
-
que los deparados por la historia.
Un árbol para mi tumba
-
Los árboles están ahí inexplicables y
hermosos
-
abriéndose en ramajes para abrazar a
todos
-
y acogerlos en su sombra soñadora de
pájaros.
-
Su grande y generosa figura pensativa
-
guarda sabiduría en su silencio rumoroso
-
y esconde suave noche en sus frondas
dormidas.
-
Inamovibles y fieles nos esperan en su
reino
-
irradiando nostalgias de frescos paraísos
-
conservando en su hermético tronco
memorioso
-
historias secretas acaecidas una noche
-
juegos de aparecidos y demonios del bosque
-
o los paseos sonámbulos de un poeta
angustiado.
-
Que un árbol haya al menos sobre mi tumba
campestre
-
que sus raíces se nutran de una tierra
más fértil
-
y circule otra vez mi sangre por su savia
-
que su follaje concierte a los alados
flautistas
-
y sea centinela, vivo epitafio y antena.
La búsqueda insaciable
-
Tu voz clamó en la noche densa
-
Interrogó bajo cielos impasibles
-
se perdió en los campos y atravesó mares
-
hasta compenetrarse y abrazar la tierra
-
yendo más allá por entre abismos.
-
¿Qué anhelabas entonces amenazado por
los dioses
-
criatura a la deriva, ángel y demonio?
-
En la soledad buscaste a Dios
-
y encontraste el silencio
-
luego deseaste ser dios y te hallaste
-
convertido desde entonces en «pasión
inútil».
-
¿Qué esperas ahora en tu agitación
-
y qué delirios suscitas con tus cantos?
-
¿Cómo surgiste tan diminuto y atrevido
-
tan vulnerable y poderoso
-
tan dulce y tan terrible?
-
Pues toda la tierra te espera temerosa
-
y bosques desaparecen y montañas tiemblan
-
los ríos son desviados y los mares
surcados
-
las ciudades hierven y manchan llanuras
-
generan ambiciones y luchas terribles
-
oh humano proyecto insaciable
-
nunca realizado hombre espiritual-
-
nunca doblegado -hombre prometeico-
-
jamás derrotado- Fenix renaciente-
-
viajero del cosmos y la eternidad.
Conversión
-
Será más fecunda la sepultura más
noble:
-
la del hombre libre que nutre grandes
árboles
-
integrándose a la tierra sin lápida ni
mármoles.
Apoteosi
s
-
Dardos de luz ráfagas delirantes del
viento
-
árboles ondean raudales sobre selvas
memoriosas
-
traspasado por llamadas de jardines y
muchachas desnudas
-
herido por los mensajes de un dios
escondido
-
corre hacia playas doradas canción de
marineros
-
establece frágiles templos que consagran
su paso
-
fosforecen por doquier huellas de su ardor
fugaz
-
palabras que estallan como cohetes
luminosos
-
tantos viajes y búsquedas Oh las
despedidas impotentes
-
dejando jirones de himnos ojos y manos
implorantes
-
ciudades que se hunden flotan a la deriva
en la galaxia
-
horizontes ávidos últimas llamadas al
Espacio
-
la leve majestad de las nubes el silencio
pavoroso
-
el arco iris se dispara sobre océanos
galácticos
-
la Tierra Prometida cuerpo inmenso y
abierto
-
por todas partes el sueño de una llegada
victoriosa
-
todo nos solicita y somos briznas en el
viento.
Lo
antiguo en lo nuevo
-
La majestad de un dios que desciende entre
nubes
-
taciturno entre águilas el viejo poeta
aún canta
-
sucesos que el tiempo acendra y transforma
en sinfonía
-
la leyenda se yergue como encina milenaria
-
con máscaras hieráticas entre feroces
batallas
-
danzas de sátiros que serpentean en la
luna
-
doncellas desfloradas bajo cielos
nupciales
-
y orgías sagradas de adolescentes en
trance.
-
Bajo el casto fulgor de los abismos
alunados
-
la estampida de centauros quemados por el
sol
-
el sarcófago del mar para la pasión de
Safo
-
Heráclito visionario contrapunto de los
ríos del tiempo
-
mientras el poeta ciego y Teresias
-
miran todo hacia adentro sin distraerse
por los paisajes
-
auscultan la noche cósmica su
respiración eterna
-
y sin dispersarse en el tumulto escuchan
la palabra:
-
el Hombre hacedor de dioses subirá
escalas de amor y guerra
-
se tomará los cielos jugará con sus
fantasmas
-
recobrará su infancia de una vez para
siempre.
-
Edipo ya sin culpa asumirá su cuerpo
-
divinizará sus instintos reirá con los
torrentes.
-
El poder de los reyes consagrará su
desnudez
-
guiado por una niña encontrará su muerte
-
y resucitará glorioso en los abismos del
padre.
-
Rescataremos lo perdido en la oscuridad
sin fondo
-
El orgullo de la Especie la noble
ingenuidad
-
la patriarcal sencillez de reyes
indomables
-
la astucia divina de oráculos memoriosos
-
la palabra total de poetas videntes
-
hará de la luz templos para vivir en
desnudez
-
el Hombre-cuerpo se aceptará grave y
sonriente
-
será otra vez leyenda Hijo Predilecto del
Cosmos.
-
Esta primera edición de Las Claves
Secretas de
-
Eduardo Gómez, consta de 1000 ejemplares
y fue
-
impresa para Trilce Editores, en Santafé
de Bogotá,
-
Colombia, Suramérica, en el mes de enero
de 1998,
-
en los talleres de Editorial Gente Nueva.
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