Ficha bibliográfica
Titulo:
Las claves secretas
Autor: Gómez Patarroyo Eduardo
Edición original: Bogotá, Trilce editores. 1998
Notas: Poemas de Eduardo Gómez. Libro en edición electrónica.



 

L A S   C L A V E S    S E C R E T A S
P o e m a s

Eduardo Gómez

Trilce Editores
Santafé de Bogotá, 1998

 

Trilce Editores
Eduardo Gómez
Primera edición para Trilce Editores, enero de 1988.
ISBN: 958-9180-72-8
Queda hecho el depósito de propiedad intelectual
Calle 60 No. 9-78 Local 109 Chapinero
Apartado Aéreo 51691
Teléfonos: 3 47 4307 – 255 5313 Fax: 255 5313
Santafé de Bogotá, D.C.
Impresión:
Editorial Gente Nueva
Tel.: 320 2188
Santafé de Bogotá, D.C.

Í N D I C E  

Sobre el autor
Sobre el libro
Alucinación de los procesos
Los mensajes del silencio
Invitación al Silencio
Poema solar
Tránsito
Los ámbitos del sueño
Naam
Desde afuera
Escuchando a Bach
Meditación en medio del camino
Orígenes
Recuperación de la infancia
Un día recomienza
El Poeta vagabundo
El parque
Un día más y un nuevo día
Trinchera en la soledad
Del diario de un desocupado
Retrato
Al caer la noche
Traspasando limites
Transición hacia la noche

Contrapunto
El Fauno de las ciudades
Amor maldito
Desgaste irreversible
Amor en el recuerdo
Felicidad cotidiana
Despedida
Luna fugitiva
Visión
Conversión
A una megalópolis
Contrastes del trópico
Poema vegetal
Parábola del destierro
Las claves secretas
Balance final
Asombro y palabra perdurable
Enigma y tierra firme
Un árbol para mi tumba
La búsqueda insaciable
Conversión
Apoteosis
Lo antiguo en lo nuevo

 

Tanto sus estudios de Derecho en Bogotá como su intensa actividad política como líder estudiantil de la Federación de Estudiantes Colombianos (FEC) constituyeron la prueba de fuego para la vocación poética de Eduardo Gómez. Luego su especialización -durante seis años en Leipzig y Berlin- en dramaturgia y literatura y su vivencia crítica y apasionada, del experimento socialista en la República Democrática Alemana lo enriquecieron y maduraron como hombre y como poeta. Con posterioridad al regreso de su segunda estadía en Europa (durante la cual colaboró en programas culturales para América Latina en la Deutsche Belle de Berlín) trabajó como director de publicaciones de Colcultura, fue crítico de teatro de El Tiempo, jurado en diversos festivales de teatro, delegado de un encuentro de teatro de las Américasen Nueva York y colaborador de la Radiodifusora Nacional Colombiana.

A partir de 1976 ha trabajado como profesor de literatura europea en la Universidad de Los Andes, en donde se desempeña como director de la revista Texto y Contexto. Su labor docente también se ha realizado en las universidades Javeriana, Nacional y Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD) así como en su programa radial La Poesía en el Tiempo en la emisora HJUT (106.9) de la universidad Jorge Tadeo Lozano.

Este libro, Las claves secretas, es el sexto de poesía que ha publicado el autor; los otros son: Restauración de a palabra, El continente de los muertos, Movimientos Sinfónicos, El Viajero Innumerable, e Historia Baladesca de un Poeta, y más de dos libros de ensayos: Ensayo de crítica interpretativa -T. Mann, M. Proust, F Kafka y Reflexiones y esbozos -teatro, poesía y crítica en Colombia-, lo mismo que algunas traducciones de Brecht y Goethe.

 

 

Con cinco libros de poesía publicados: Restauración de la palabra (1969), El continente de los muertos ( 1975), Movimientos Sinfónicos 11980), El viajero innumerable (1985) e Historia baladesca de un poeta ( 1989), Eduardo Gómez se destaca, entre los poetas colombianos que comienzan a publicar a finales de la década de los sesentas, por un lirismo riguroso que no hace concesiones a la emoción inmediata o a la experiencia puramente fenomenológica. Fiel heredero del legado de autores como Baudelaire y Brecht, Nietzsche y Marx, ha logrado un acertado equilibrio entre lo fïlosótïco y la expresión estética, un depurado y acerado lenguaje en el que la ironía y la metáfora, la lucidez y lo nocturno, continúan, desde el ámbito de nuestras urbes, la indagación sobre los conflictos fundamentales del hombre moderno.

En este libro, Las Claves Secretas, notamos sinembargo un tono más reflexivo y sereno. Los temas de la muerte corno asechanza de lo infinito, el balance del pasado infantil, la presencia devoradora y caótica de la ciudad, la meditación sobre la condición de soledad del poeta como única actitud ética para sortear las tentaciones del facilísimo y la mediocridad de la sociedad contemporánea, se perfilan aquí bajo una mirada vigilante que asume al elegido, al hombre que ha alcanzado lo trascendente, como un destino prometeico y en plena aceptación de su sentido terrenal. Es decir, en la obligación de elegir su propio camino, de liberarse de todo aquello que lo sojuzgue, sea que provengan de los dioses o del poder político de los hombres.

GUILLERMO MARTINEZ GONZÁLEZ, editor

 

 

 

 

Alucinación de los procesos

I.
Las voces lejanas de la noche eterna
se dejan oír en los grillos desolados
en el grito alucinante de los búhos
en el terror de muerte de su presa escondida
en las pesadillas de mi lecho afiebrado
en la nostalgia de otras vidas y otros ámbitos.
Transeúntes del absurdo y el milagro
nos deslizamos sin remedio al acechante abismo
donde rostros apagados y fugaces
parecen juguetear entre galaxias
y exaltar en coro las gracias de la luna.
Intangible y sutil la materia se renueva
con la evaporación incesante de los muertos
que se deshacen lentos en la nada
reorganizando su energía en nuevas formas
en los océanos de astros que giran extasiados.
 
II.
La cigarra que ahora canta
viene de otra que cantaba hace mil años
y así de cántico en cántico retrocedemos al Silencio.

 

 

 

 

 

Los mensajes del silencio

Calla y escucha, todo te habla en murmullos
pues vienes del Silencio y te perderás en sus abismos.
En serenidad transmutados te hacen guiños los muertos
desde las galaxias y en la penumbra de los bosques.
En la luna se vislumbran sus pupilas veladas
y en los mares su tristeza y sus voces acalladas.
Como desterrados vivimos con nostalgia de infinito
resistiendo a cada instante el magnetismo del Todo
escuchando embelesados al pájaro en la rama
y explorando senderos en las florestas del mito.

 

 

 

 

 

Invitación al silencio

Los bosques me llaman en el silencio lunar
y el mar que besa sumiso playas vírgenes
y la noche salvaje sólo turbada por luciérnagas
y los árboles de la selva sagrada siempre verdes.
Desde allí -en un susurro de frondas y de aguas-
me llama la muerte con su canción de paraíso
me solícita el silencio de los trinos y el follaje
me canta la paz de las repeticiones y los ciclos
y un vuelo de aves migratorias me hace señas desde lejos
como pañuelos negros o confusos signos de viajes imposibles.
Pero ¿cómo reposar sin la perspectiva de un combate
cómo amar sin la amenaza del odio
y cómo soñar sin el desafío de las calles?
¿De dónde entonces tanta fuerza de este llamado arcano
de esta fascinación callada cuando miro las montañas a lo lejos?
Tal vez sea la infancia la que clama
y el retomo a la entraña primordial lo que me embriaga
en esa canción de muerte con rumor de paraíso.

 

 

 

 

 

Poema solar

Báñate en la luz negra de la noche
asómate -sereno- a los abismos hondos
considera con malicia la miseria y la riqueza
porque toda máscara es solo aplazamiento
y al final sólo quedarán las obras puras
la tierra desnuda y sus gérmenes solares.
Asómate a la bella inmensidad terrena
y apacigua tu espíritu encogido por el odio.
En el confín de las praderas rizadas por el viento
galopan centauros de ancho pecho y sonoros casco.
Los árboles sueñan en los lagos extasiados
y por los montes un corro juvenil se agita.
Prueba los frutos ya dorados entre hojas
y que tu boca se encienda con los suculentos dones.
Festeja con vino el esplendor del día
y que tu cuerpo divinice el placer
cuando se abra en los ojos a los cielos inmensos.
Nuestro destino es un presente perpetuo,
cada día una ofrenda única esconde
y en cada instante la eternidad fluye
para el viajero alerta, el caminante
que avanza valiente y mira en torno.

 

 

 

 

Tránsito

Hoy como hace mil años susurra el viento
trayendo otros anhelos y otras voces.
La montaña permanece pero sus duros mantos
se renuevan sin tregua en el secreto.
Todo es tiempo irreversible
que nos desboca hacia infinitas muertes
dejando un reguero de recuerdos
que se va perdiendo en los innumerables nacimientos del pasado.
Nada podemos retener
y pronto nuestros labios quizás se abrirán en una rosa
nuestras pupilas brillarán en las estrellas
y nuestras lágrimas se fundirán dulcemente
con las saladas olas del océano.

 

 

 

 

Los ámbitos del sueño

Hay habitaciones oscuras donde solloza un niño muerto
y la infancia se esconde en los enormes armarios.
Hay pequeñas iglesias en pueblos olvidados
olorosas a sudor y abrillantadas por las lágrimas.
Hay un bosque que guarece a los asesinos por amor
y un río que cruza sin descanso un ahogado en pena.
Hay una multitud en la plaza que se desnuda en silencio
y un jadeo en los presidios cuando se oculta la luna.
Hay jardines espléndidos que sueñan con un crimen
y sórdidos camastros donde el amor es paraíso.

 

 

 

Naam

Desde un castillo
desde una montaña
frente al océano y la noche
ausculto el silencio
los jirones de palabras perdidas
el jeroglífico de las galaxias
el dulce mensaje escrito por el agua en la arena
las huellas petrificadas del mamut en los páramos.
La soledad es ilusión
todo me habla.
Algo (¿alguien?) me acompaña
callado como el bosque
y los secretos del viento,
algún dios que retoza en las aguas
trenza hojas y yerbas
y se extasía bajo la luna de verano.

 

 

 

 

Desde afuera

Los días y las horas se consumen encantados
sin saber qué hacer con este paraíso
de nobles animales y cielos constelados.
Nunca será posible poseer la belleza:
estos suaves paisajes se difuman y alejan
dejándonos con la dulce quemadura de un sol
la lumbre azul de una estrella en las pupilas
y la sensación de que estaremos siempre afuera
como espectadores de un esplendor vedado
que quedan añorando moradas de perfume
donde la desnudez flexible de los cuerpos morenos
se adivina entre las hojas de grandes platanales
que medran en un mundo ensimismado y secreto.

 

 

 

 

 

Escuchando a Bach

Como un crepúsculo de voces
de una tristeza poderosa e inmensa
como el revuelo de arcángeles bajo la luna llena
o la queja de dioses destronados en un otoño sombrío,
como cuando se cierne la noche de los presagios
y el Abandonado solloza en el Huerto de los Olivos
circuído por coros de amores exhaustos
olvidado por la cercana ciudad de pétreos palacios
y confortado por visiones de los siglos futuros,
así las escalas musicales que ascienden a cielos abisales
recogiendo los ensueños frustrados
el llanto secreto de ciudades y ríos
y la compasión de las madres heridas por sus hijos.
Entonces exaltado por un inefable amor
sueña galaxias el dulce Hijo del Hombre
reclinando su cabeza en la piedra afilada
mientras tiende en vano sus manos a la altura vacía
abrumado por la cósmica soledad sin término
abrasado por preguntas que disuelve el Silencio del Padre
flotando en la angustia de los vientos sin rumbo
sobre abismos devorantes de toda razón orgullosa
que invitan a la humana oración del poema.

 

 

 

 

Meditación en medio del camino

Cada día es una gracia inmerecida
-¿gracia de quién y para qué y por qué?-
Cada día tiembla como una lágrima de despedida
y como un diamante único de luz y de alegría.
Cada día es un término más del breve viaje
-¿o será viaje infinito en etapas que la muerte reinicia?-
y su dulce cansancio en la noche que acaricia
se abre a los abismos constelados del misterio.
Viajeros somos sin reposo y sin término
cuya próxima estación es una tumba inexplicable.

 

 

 

 

Orígenes

Vengo de una infancia aureolada de soles
y custodias de oro que hacían soñar
con algún cielo florecido de vírgenes y ángeles
demasiado remoto para despertar deseos.
Vengo de montañas frescas y aurorales
que protegen en sus pliegues recónditos a un río
-el que canta indescifrables viajes sin regreso-
y nutren bosques donde quedó flotando
la voz de un niño perdido para siempre.
Vengo de casas conventuales y sombrías
donde castas mujeres alejadas del mundo
laborando rezaban y gorjeando esperaban
morir en paz y un cielo como premio
a sus menudas luchas y domésticas cuitas.
Sus voces sedantes todavía resuenan
suavizando pesadillas con humildes palabras.
Allí varones con dignidad se empobrecían
hablando mal del godo raso y de la Santa Trinidad.
Soñé con la existencia remota de los muertos
aferrado a la reja de un blanco cementerio
en noches de luna llena entre los pinos.
Creí en la relación entre dioses y animales
y entre madres muertas y árboles susurrantes.
Quise permanecer fiel a los juegos de infancia
y burlar los deberes del adulto enjaulado
al explorar desnudo el laberinto del mundo
arriesgando el perderme para poder encontrarme.
Porque la contradicción extrema fue mi sino
me tocó contemplar de lejos lo que amaba
y padecer por dentro lo que odiaba
volar muy alto para conocer el abismo
y sumergirme en el fango para vislumbrar las alturas.
 
 
 
 
 
Recuperación de la infancia
 
Escondida en valles donde la noche anida
velada por una niebla de involuntario olvido
la niñez agazapada y triste espera
una vuelta al pasado que otra vez recorra
su geografía sonriente nublada por las lágrimas.
Entonces de pronto como en un cuadro vivo
se iluminan naranjales dorados por el alba
ocobos florecidos de suave esplendor lunar
y la silueta de un niño junto a un río
que sueña con viajes azules hasta el mar.
Un aire murmurante que trae lejanías
(música presentida de ciudades tumultuosas
ondas invisibles de infernales abismos
y un llamado secreto de genios y de magos)
acaricia sus sienes de futuro elegido
de solitario buscador por un hada ungido.
Las desesperaciones de bracitos clamantes
-que arrancan sonrisas a los adultos curtidos-
las noches de pavor y pesadillas galopantes
después de la visita al cementerio alunado
la impaciencia y la duda en la tarea de aritmética
y el regaño del cura por su actitud herética
se diluyen fantasmales ante la invitación del río
y las visiones precoces que le sugiere el viento.
Desde su insignificancia se sospecha indestructible
y en su pequeñez barrunta alguna grandeza.
Desde entonces nunca más temió la pureza
del silencio sagrado de los cielos inmensos.

 

 

 

 

Un día recomienza

Diariamente reconstruye el mundo en torno suyo
reasume su cuerpo y asciende desde el sueño
-océano profundo que amenaza el no retorno-
organiza sus huesos, resucita
emergiendo de la hondura peligrosa del lecho
y desafía una vez más a la ciudad que infunde miedo
desde el laberinto de sus calles que le gritan al cielo.
Apela a sus humanos dioses, reflexiona,
y se zambulle en la corriente fría del tráfico asesino.
Aún lo habita la noche que agoniza lenta
pero él corre hacia la luz, busca e1 axioma
se resigna al deber diurno y al trotar equino
mirando de reojo, sin embargo, los cielos constelados
y vislumbrando en la utopía y la belleza escarnecida
la imposible realización de todo lo amado.

 

 

 

El Poeta vagabundo

Cuando las lámparas inician su lucha con la noche
el padre fatigado regresa a su refugio
donde sonrisas y niños
o las disputas apasionadas de una mujer lo esperan
mientras el poeta no tiene a dónde ir después del canto
y sus jardines se cubren de hojas caídas y mustias flores
bajo una luna medrosa que navega perdida.
Apartado del trabajo ciego y sordo de los topos
Habita en las afueras de las ciudades malditas
todavía entre árboles y bajo un cielo puro
donde aún se divisan las estrellas más esquivas
y el estruendo de las calles no ha silenciado los ríos.
No huye de los abismos en las noches vertiginosas
se sumerge en su centro jubiloso y taciturno
y junto con los niños ama el día en sus fugas.
Camina entre las gentes ocultando cicatrices
y disimulando su anhelo de un mundo más humano
pues sus relatos perturban e incitan a extraños viajes.
A menudo las sirenas lo extravían en sus piélagos
y habla con caminantes a la sombra de catedrales
o se aleja por los bosques escuchando la hierba
ensimismado en galaxias de mariposas y niños.
Entra a las ciudades por los suburbios más pobres
para comprender la riqueza a través de la miseria;
duerme entre las flores de los parques umbríos
y se baña en las fuentes junto a estatuas de mármol.
Ama la sonrisa triste de las mujeres maduras
el porte solapado de melancólicos efebos
y los ojos profundos de amor y sufrimiento.
Entre frondas y pájaros en parajes de musgo
presiente un gran silencio tras la risa y los diálogos
de sus jóvenes discípulos cuando arde el crepúsculo
mientras mira las nubes sagradas y radiantes
pasar en la lejanía y deshacerse en el éter
con la solemne suavidad de un rostro beatífico
o de un coloso alado que se funde en el cosmos.
Como un aire intangible su soledad lo envuelve
y vive despidiéndose de amores y paisajes.
Sabe de la condena final que nos espera
y que como a las nubes nos deshace en la nada.
Bajo la sombra funeraria de las grandes montañas
el poeta vagabundo se pierde en el horizonte
pero queda su palabra inagotable y esquiva
frágil y encubierta en fúnebres bibliotecas
esperando a un hombre que la haga suya en su entraña.

 

 

 

El parque

Refugio de amantes y panidas
el bosque reposa en luz de luna
se atrinchera en muros de verdor
contra el asedio de la ciudad desenfrenada.
Espacio manso delimitado por los árboles
donde las fuentes y los pájaros juegan;
encaje entretejido de sol y blancos mármoles
donde los niños al paraíso llegan
el parque establece un círculo encantado
un tiempo por la inocencia alucinado.
Miradas al acecho entre las frondas
paseantes solitarios presintiendo un encuentro
sucesión de las horas como musicales ondas.
Para quien busca en el silencio afianzarse en su centro
surge aquí la nostalgia de una edad dichosa
donde una pasión gratuita
restaure la juventud maravillosa.
 
 
 
 
 
Un día más y un nuevo día
A1 regresar de la noche encuentro los restos de la orgía:
el alba pálida y desmayada en los confines de la sombra
el desorden de los lechos de olores penetrantes y rosas deshojadas
la procesión gris de los obreros que inunda sus túneles, sus ghettos
los mendigos caídos en la acera en un sueño de plomo
el agrio aroma de los cafés de luces rojas y meseras exhaustas.
¿Cuántos se deslizan -circuidos todavía por fantasmas-
en otro día que se arrastra por la red interminable de las calles?
La luz clava sus dardos y comienza el torneo para ganarse el pan
el forcejeo con las máquinas, los papeles, el enemigo embozado
la inventiva de fórmulas, de planes indecisos como un laberinto
la lectura de periódicos saturados de crímenes y proyectos disecados
o de libros tan frívolos que la muerte es apenas un erótico abrazo.
Pero un nuevo día irradia en las pupilas asombradas de los niños
en los ojos agrandados por ojeras de los adolescentes ágiles
en los pechos -aún erguidos- de las muchachas parlanchinas
en las cáusticas risas de un corrillo de estudiantes en la Ciudad Blanca
en la página virgen del escritor que sueña con grandes destinos
o en las manos impacientes de operarios que escudriñan lejanías.
Tan sólo en sus miradas no han triunfado las pesadillas de la noche.
Ellos -astronautas sin nave- son aún nuestro futuro.
¿Alcanzarán las cálidas alturas de un poderoso mediodía?

 

 

 

 

 

Trinchera en la soledad

Sentado ante la tosca mesa
Que conoce mis desvelos
escucho caer la lluvia
-llanto desde tan lejos-
bien afianzado en mi centro
contra la noche que acecha
tras las ventanas cerradas.
Bajo la lámpara amiga
hay lápiz y papel
y ya se escuchan voces
de amigos resucitados
-y de desconocidos amados-
que me hablan difusos
como un alba espiritual
que se insinúa lentamente
y abre los horizontes
haciendo huir la oscuridad.

 

 

 

 

Del diario de un desocupado

Cuando estoy deprimido meto la mano al bolsillo
toco y recuerdo que aún me queda el sexo hambriento
aún tengo juventud y el sol entre los árboles del parque
cuerpos me esperan todavía lo sé por las miradas
y en oscuros suburbios sobreviven los cielos estrellados.
Todavía puedo viajar a las grandes ciudades y perderme
y escoger entre varias muertes lentas.
Entretanto me ahorro con calma y con perversidades
gozo de mis mujeres y de mis emboscadas
me refugio en ciertas islas donde a solas estoy con mis fantasmas
huyo de moralistas y me pierdo entre las pobres gentes
viajero de las tardes por los ríos del crepúsculo.

 

 

 

 

Retrato

Ha vivido como secreto aventurero
avizorando lejanías en la noche
más allá de toda exigencia cotidiana
-donde el trabajo abrumador y la envidia
provocan odio, indiferencia y desidia-
caminando entre el vértigo del tráfico
o casi triste, desarraigado y buscando
la belleza en el deshonor y la llama
y fuerza vital en el prohibido amor.
Maldito y sereno entre asesinos
ladrones, negociantes y estafadores
logró cantar con pureza melancólica
guardar distancia no sin cierta vehemencia
y entregarse a la amistad con pasión.
Orgulloso y sencillo entre pavos
contrajo alianzas con el fracaso
y en su pobreza encontró su riqueza
ahondando en las duras experiencias
más allá de todas las falsas ciencias.

 

 

 

 

 

Al caer la noche

Es la hora en que despiertan los búhos del bosque
y las ánimas vagan por los campos sin empañar el aire.
La muerte visita clínicas y viejos hospitales
y en los hotelitos se inician las faenas del amor.
Es la hora de salir tras la ilusión de los cuerpos hermosos
-no importa el bien o el mal, el peligro o la traición-
cuando nos desgasta el vacío de tanto afán caduco
que no deja siquiera una herida o un dolor de verdad.
Es la hora de soñar con una vida aventurera
cuando la luna navega sobre la alta montaña
y la ciudad iluminada es como un cielo caído
con calles que se abren a deseos innombrables.
La noche encubre heridas con su amoroso manto
el futuro suicida se abisma en sus remansos
el solitario busca un asesino apasionado
y las doncellas difuntas sollozan por no haber gozado.
Es preciso andar quedo para escuchar los fantasmas
en las casonas abandonadas a la orilla de las callejas
y perderse en los suburbios donde aúllan los perros
para llegar a los caminos que corren hacia el mar.

 

 

 

 

 

Traspasando límites

Amo el canto desenfrenado de los trenes en marcha
que dan alaridos lejanos como monstruos enamorados
como bestias apasionadas perdidas en la niebla
y la palabra que me embelesa es el susurro del mar
o la sirena de los barcos esfumándose en la tiniebla.
Más allá de la desesperación comienza el amor vivo.
Para renacer es preciso haber muerto en la entrega
y tener como consejero sólo al corazón altivo.

 

 

 

 

Transición hacia la noche

En el día, la noche reposa en los bosques
y acecha como niebla intangible
los incendios sombríos del crepúsculo.
La inmensidad del mundo se presiente a lo lejos
al final de los ríos que agonizan en el cielo
donde flotan ciudades luminosas y desiertas
lanzando llamadas que no podemos descifrar.
¿Porqué estamos aquí porqué el sollozo
detenido en la garganta como una presencia
que nos sojuzga invisible con su ardor de paloma?
Apenas hay certeza de estar vivos
en esta hora indecisa y toda aroma
cuando el tumulto de los años se aleja en vocerío
y fluye el abandono de esta hora suprema.
 

 

Esta primera edición de Las Claves Secretas de
Eduardo Gómez, consta de 1000 ejemplares y fue
impresa para Trilce Editores, en Santafé de Bogotá,
Colombia, Suramérica, en el mes de enero de 1998,
en los talleres de Editorial Gente Nueva.