|
II.
POESIA ESPONTÁNEA Y POESIA TRADICIONAL
Tomás Carrasquilla no fue
un foklorista. Y a esta circunstancia, precisamente, debernos el ingente caudal
folclórico que contiene su obra y, también, la autenticidad de esta clase de aportes,
que el escritor tomó directamente de labios de las gentes de su comarca, por él
recorrida ojo avizor y oído atento. El novelista de La Montaña fue un enamorado del
habla popular, de las costumbres sencillas de sus paisanos y del paisaje nativo.
Este acercarse
comprensivamente a la realidad humana y geográfica que lo rodeó, explica en gran parte
la fuerza de sus diálogos, la verdad de sus descripciones y la sinceridad y humana
grandeza de sus argumentos. -"Todo, en estos medios populares -anota Carrasquilla en
el artículo "Ave, oh vulgo."- tiene interés para el sociólogo y hasta para el
simple observador; todo en ellos es prueba irrecusable, en el eterno proceso de la
humanidad. . . ." Y más adelante, en frase luminosa que es emblema de su vigoroso
realismo: "Pero si todo esto es viejo, ramplón y vulgar. . . . Por eso, cabalmente,
hay que repetirlo para que no se olvide. Y por lo mismo que la vida es vulgar, hagamos
votos por el vulgo manifiesto, neto y típico; por el vulgo que no aparenta, que no
engaña, que no tapa.... Porque en esos focos de la vulgaridad concentrada, donde se
agitan los vicios y las virtudes, lo máximo y lo mínimo del hombre, se canta.,... el
salmo sempiterno de la vida".
Precisamente, el alma del
pueblo, de ese "vulgo" que Carrasquilla amó y comprendió tánto, se expresa en
la poesía popular, que es la que nace o se perpetúa en los campos, en las aldeas e
incluso en los suburbios barriadas de las ciudades. Espiguemos, a través de los
innumerables páginas que fluyeron de la pluma del novelista antioqueño, algunas muestras
de la producción poética popular.
La copla, espejo de
la vida.
En la copla, el pueblo
canta, adoctrina, se lamenta y filosofa. Y también se burla, o protesta. Los cantores
mínimos que recoge en sus obras Carrasquilla son al respecto supremamente interesantes.
En ocasiones, las coplas
antioqueñas perfilan el estoicismo de una raza fuerte, cuyos recursos espirituales contra
la adversidad son tan numerosos como efectivos:
"Cuando el carriel se
me pela
nada en sus antros encuentro:
Si está pelado por fuera,
más pelado está por dentro...
En otras, la copla revela de
inmediato su progenie andaluza, al igual que su empleo como texto de una canción de
danza:
"Mirá que te piso el
pie;
mirá que te estoy pisando;
mirá que mi amor es firme
y el tuyo se va acabando...
Marginalmente, cabría
anotar en la copla anterior el origen del nombre de una danza popular antioqueña de
antaño -la pisa-, a lo que alude la siguiente estrofa, que figura en vivaz escena de la
novela "Hace tiempos":
"Me mandan bailar la
pisa.
La pisa yo no la sé;
que para bailar la pisa,
las indias de Santafé....
Santafé de Antioquia,
presumimos, a pesar de la mención de "las indias". Y esto porque en materias
folclóricas, lo autarquía de Antioquia es un hecho etno-geográfico indiscutible.
De coplas populares se
componían esos pintorescos "Consuelos de ausencia" a los que se refiere
Carrasquilla en uno de los capítulos del segundo volumen de su novela "Hace
tiempos". Se trata del equivalente criollo de las "valentines"
anglosajonas. El escritor las describe así:
"Mide diez centímetros
en cuadro. Eso sí es pliego. No de un solo doblez como el de cualquier papel oficinesco,
sino de diez y seis en pico. Aparece el mundo con su cruz, y esto leyenda por los cuatro
lados:
"En este mundo,
compuesto
de gozos y de aflicción,
sufren los novios ausentes
la pena del corazón.
"Desdóblase un pico,
con pintura y esta leyenda:
"Oh corazón afligido!
La música te consuela,
y por eso la sirena
te presenta su vihuela.
"Otro doblez:
"Esta sirena del mar,
libre de cola y de escama,
se transforma de repente
en la mujer que te ama.
"Desdoble y final:
"Aquí tenés el
retrato
de la mujer que te adora:
que te sirva de consuelo
mientras ella gime y llora.
"Cuando es encargo de
cuitado -concluye Carrasquilla sale un sireno que se convierte en galán. Yo sabrán los
eruditos si estos mensajes representativos vinieron de España o se inventaron en la
tierruca...."
Los cantos
infantiles,
Es bien curioso la
similitud, casi textual en ocasiones, de la letra de las canciones de cuna y de la
temática de los poemas y narraciones infantiles. Respecto de las primeras, el fenomeno se
explica a virtud de la universalidad trascendente del amor materno. En las obras de
Carrasquilla, los niños suelen cantar a coro, ora para distraerse, ya para aliviar la
fatiga de largos jornadas:
"Vueltos gorros y
encerados al morral, tomamos falda arriba, en dirección al Alto del Ganado. Ea, pues,
muchachitos! A cantar todos! " Y va el quinteto coral:
"Los sapos en la laguna
cuando viene el aguacero,
unos piden su cachucha
y otros piden su sombrero.
"En el alto de la Villa
tengo un sapo con calzones.
Cada vez que voy y vengo
nos echamos pescozones....
Un temo favorito en los
coplas improvisadas de nuestros campesinos, entremezclado a lejanos acentos de canción de
cuna.
Un trovero
legendario.
En "El Zarco", una
de las mejores novelas cortas de Carrasquilla, surge una figura que parece salir del fondo
mismo de lo épica primitiva: Ño Lucas, que a pesar de ser negro es el
gran propagandista de nuestro romancero . Mendigo y ciego, cual Homero, Ño Lucas paso la
vida recorriendo a Antioquia de fiesta en fiesta "y de vericueto en vericueto".
Quizás a este legendario trovero haya que atribuir el romance que encontramos en una de
las páginas iniciales de la citada novela, pieza del más alto interés literario, como
que presenta un clímax en el proceso de adaptación del antiguo romancero español al
ámbito de nuestra poesía popular:
"Fue don Alonso de Lugo
muy galán y enamorao,
seductor y saltatapias
por mas que juera casao.
Una noche borrascosa
cayó centella en la plaza
y descubrió a don Alonso
que andaba en pérfida caza;
dando güeltas y regüeltas
en pos de más aventuras,
estuvo arriba y abajo
por esas calles oscuras.
Al tornar para su casa
le atajan dos embozaos:
"Paso, dijo el caballero
si es que no estáis apostaos".
La respuesta que le dieron
fueron veinte puñaladas:
Trece don Hernán del Toro,
siete su criado Escaladas.
Uno y otro lo escupieron
y entre los dos lo arrastraron
hasta el joyo de un aljibe
y con piedras lo taparon....
Toda la dramática tensión
del romance castizo apunta aquí, sin que las modalidades fonéticas del habla popular
criolla alcancen a desvirtuar su ímpetu ineluctable. Solo que bajo la métrica
-aconsonantada a trechos y a trechos asonante- de esta maravillosa muestra de la poesía
popular, apuntan ya los giros característicos del galerón. Contagio del paisaje?
Imperativo de la sangre? Quizás idéntico fenómeno a aquel en virtud del cual hubo de
transformarse el ritmo prosódico libre del canto llano en melodía mensurable.
CONTINUAR
REGRESAR AL ÍNDICE
|