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IX.
MITOS Y FABULACIONES
Si en el terreno del arte
propiamente dicho es el creador quien enriquece el acervo común de una cultura, en el
campo folclórico es el fabulador quien conserva, transmite y enriquece las tradiciones
vernáculas. Que en su remoto origen surgen de un fondo anónimo y colectivo y que pasan
de un país a otro gracias al vehículo de un idioma común: Así, en los pueblos de
Hispanoamérica, lo que sucede con los antiguos romances españoles, fuente de muchos
relatos populares que si, por cuanto dice al contenido, permanecen identificados con su
versión original, en su forma revisten variantes hondamente impregnadas por el
costumbrismo local.
"Atención,
nobles señores..."
Con una estrofa de cuatro
versos, una abuela vivaracha que obtiene "gran fama como narradora", inicia el
relato intitulado "El prefacio de Francisco Vera", primero de los que incluyó
Carrasquilla en su libro "De tejas arriba". En esta narración encontrarnos un
ejemplo de esas vivencias idiomáticas (mejor que literarias) que nacidas en tierras de
España han fructificado en América con aroma y colorido que revelan todo un proceso de
adaptación al ambiente del trópico. La estrofa con la que la aludida narradora inicia su
relato recuerda el tono del juglar que se dirige a un auditorio de la época feudal:
"Atención, nobles
señores
y las damas del decoro,
que esta vez voy a contaros
un cacho que no es de toro."
Es interesante recordar que
la vivaz narradora se cuida de advertir a sus oyentes pueblerinos que lo que se dispone a
relatar "no es, realmente, cuento ni historias inventadas, sino un ejemplo que pasó
tal y como lo aprendió una servidora de ustedes: Me lo enseñó taita Angarita, que era
hombre de pluma y muchos conocimientos". Y viene la crónica piadosa, que sabe a
prosificación de un "Milagro" de Berceo, y terminada la cual advierte
Carrasquilla en una nota: "Este cuento, localizado en Antioquia, y muy en boga hace
sesenta años entre las gentes del pueblo, no es otra cosa que una variante de "El
Romance del Cura", recogido por Rodríguez Marín no hace muchos años. Probablemente
esta narración la trajo a Antioquia algún valenciano".
Aquí, la narradora es
eslabón de una larga cadena que por tradición oral conserva la versión prosificada de
un antiguo romance. Cuándo se romperá -si es que no se ha roto ya- esta cadena? Sin duda
cuando, cerrado todo un ciclo de autoctonía regional fundada en el aislamiento
geográfico, las nuevas condiciones económicas y sociales permitan la entrada de motivos
foráneos -populares o seudopopulares que gracias a los medios de comunicación propios de
nuestro tiempo están acabando por completo con todas las manifestaciones de la
psicología tradicional. Entre las cuales se encuentran, en primer término, el folclore y
el arte popular.
La fabulación,
desquite imaginativo
Las duras condiciones de la
vida campesina determinan con frecuencia reacciones imaginativas que son algo más que
índices de un deseo de evasión de la realidad, porque alcanzan con frecuencia el valor
de parábolas inspiradas en la moral del cristianismo, especialmente en el Sermón de la
Montaña, cuyo trascendental contenido es interpretado ingenuamente por la fantasía
popular. En este tipo de fabulaciones, Cristo y sus apóstoles, santos y profetas actúan
y se expresan como campesinos y con su intervención elevan al humilde a un nivel
privilegiado: "Bienaventurados los mansos y humildes de corazón". Otro tema de
frecuente ocurrencia es el del labriego astuto e ingenioso, que burla a la muerte,
personificada variadamente. En estos casos, interviene casi siempre un juego de
Circunstancias que permite al protagonista dominar al siniestro y simbólico personaje y
obtener de él dones, amuletos o privilegios sobrenaturales.
Dos cuentos de Carrasquilla
recogen admirablemente esta especial actitud fabulatoria de la psicología popular: Uno de
ellos es "El gran premio", en el que "un pobre diablo, un
mandria de estos que son ineptos por pereza y perezosos por ineptitud" se encuentra
de manos a boca con la Muerte, y recibe de ella el don de obtener cuanto desee en
tratándose de bienes materiales: "No pidas salvación para tí, ni para nadie.. ..
Esa tienes que buscarla tú mismo, por tu cuenta y razón... . En cuanto a lo demás, no
te pares en chiquillas: Pide días hasta el día del juicio; belleza, salud y juventud
hasta entonces; hasta entonces, goces, triunfos, fruiciones.... Todo lo tendrás".
Más interesante, desde
luego, como se trata de una obra maestra -en cuanto captación total de un aspecto
entrañable de la psicología popular- es "En la diestra de Dios Padre",
cuyo protagonista es arquetipo de la maliciosa sencillez y del agudo ingenio que poseen
ciertos elementos del pueblo, a los que no tarda en envolver un aura de leyenda: Peralta,
por lo demás, es un hombre tan pobre como caritativo -"los que más dan son los que
menos tienen"- y su virtud y su ingenio son premiados con largueza. Largo resultaría
un examen, que por lo demás nos alejaría del tema que venimos tratando, de las virtudes
literarias de este relato, esencialmente folclórico, y en el cual destellan los
chispeantes diálogos que sostiene Peralta con San Pedro, con el Padre Eterno y con el
mismo Diablo. "En la diestra de Dios Padre" es paradigma de picaresca popular,
una gema que el escritor antioqueño tuvo necesariamente que extraer de la inagotable
cantera de la fabulación campesina.
"Frutos",
la fabuladora
En otro de los relatos
breves de Carrasquilla -"Simón el Mago" -surge la figura de
Fructuosa Rua, la nodriza negra que embrujo a un pequeño con sus relatos.
"Frutos" posee un rico repertorio de "cuentos" populares, en los que
aparecen muchos de los personajes que más han excitado la imaginación popular. Así
Pedro Rimalas o Urdemalas y Sebastián de las Gracias.
"A medida que yo
crecía -nos dice el infantil protagonista- crecían también los cuentos y relatos de
Frutos, sin faltar los ejemplos y milagros de santos y ánimas benditas, materia en que
tenía gran erudición. . . . Narrando y narrando llególes el turno a los cuentos de
brujería y de duendería. Y aquí el extasiarse mi alma!" Las transcripciones que el
escritor hace de la gárrula palabrería de la negra Fructuosa son admirables y lindan con
el trance psicológico en que se inicia -incontenible e inagotable- la facultad de
fabulación. Así cuando explica al pequeño el procedimiento que debe seguirse para
convertirse en brujo:
-"Pues la gente
sembruja muy facilito: La modes qui-uno siunta bien untao con
aceite en toítas las coyonturas; se queden la mero camisa y se gana una
partialta; yasí questá uno encaramao abre bien los brazos como pa
volar, y diciuno, pero con harta fe! -No creo en Dios ni en Santa María!- Y
güelvia decir hasta quiajuste tres veces sin resollar; y antonces
siavienta uno puel aire y sencumbra a la región!"
En el ancestro africano cabe
encontrar la explicación de esta extraña facilidad para repentizar -que no solo para
repetir- fábulas y relatos costumbristas o supersticiosos. Porque Frutos había sido
esclava y a tiempo que hacía dormir al niño que estaba a su cuidado, y que le enseñaba
a rezar, le descubría todo un extraño mundo de fantasmas y aparecidos y lo iniciaba en
las prácticas de lo hechicería:
-"Coger brujas es de lo
más fácil! Nues más que coger un puñao de mostaza y regala por toíto el cuarto:
A la noche viene la vagabunda! Y echa a pañar, a pañar frute mostaza; y a lo
questá bien agachado pañando, nues más que tirale con el cintue San
Agustín. . .
Un mitólogo maicero
En el tríptico novelesco "Hace
tiempos" -obra en la que culmina el virtuosismo narrativo de Carrasquilla-
aparece un personaje muy versado en lo que atañe a espantos, ánimas, brujas y duendes de
la minería. Es "mano Jurado", a quien se invita cierta noche "a tamales y
chocolate" para que distraiga con su charla a la familia de Eloy Gamboa, el niño a
quien el ilustre novelista sigue en sus andanzas y sentimientos hasta dejarlo, ya
convertido en mozo, en medio al ambiente de la capital antioqueña. Al decir de mano
Jurado, la mina está poblada de vestigios y fantasmas: De los socavones suelen escaparse
lucecillas que son otras tantas almas en pena; duendes y endriagos revolotean por todas
partes y las brujas "carajeaban por allí, encaramadas en las piedras". En medio
a todas estas creencias de la imaginación criolla, aparece un mito universal, el del
Judío errante:
-"Por la Candelaria
pasó por aquí al sol del medio día. Yo bajaba de lacequia cuando lioí ese
zumbido tan azaroso y vide toduel alebrestamiento de los guses, de los gallinas y
los perros. Esos animales que comen porquería son los únicos que lo sienten, por la
jedentina de la mula".
Por lo dicho, el Judío
errante anda en acémila por los caminos de Antioquia. Mano Jurado no lo ha visto, porque
"el Judío y la mula, sespiritan de por entero". Pero explica que el
legendario personaje siempre anda en la misma mula, porque no puede descansar ni un solo
instante. Por lo demás, el animal no se cansa porque es mula del infierno y ni come ni
bebe:
-"Algunos dicen
ques mula viva y otros ques mula elementa, asina comun molino. Quién
sabe cómo será! Lo único que se sabe es que salió de la Casa Santa de Jerusalén y fue
voltiando en redondo y juntico, como quien embejuca un canasto, hasta que le dio la vuelta
al redondel del mundo...
En ese mismo capítulo se
mencionan las narraciones de "Tío Tigre" y "Tío Conejo". Y se alude
al cuento de "El Patojo", el héroe niño de tántas leyendas, que menospreciado
por los suyos "saca avante el sentido de los humildes y despreciados; mata al
gigante, ogro o culebra que tiene encantada a alguna princesa; se casa con ella, y resulta
rey, al fin y al cabo". Una figura que, a tiempo que recuerda las bíblicas siluetas
de José y del rey David, suscita el mito de la primera proeza realizada por Hércules en
la cuna.
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