El Folclore en la Obra de Tomás Carrasquilla
Andrés Pardo Tovar

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IX. MITOS Y FABULACIONES

Si en el terreno del arte propiamente dicho es el creador quien enriquece el acervo común de una cultura, en el campo folclórico es el fabulador quien conserva, transmite y enriquece las tradiciones vernáculas. Que en su remoto origen surgen de un fondo anónimo y colectivo y que pasan de un país a otro gracias al vehículo de un idioma común: Así, en los pueblos de Hispanoamérica, lo que sucede con los antiguos romances españoles, fuente de muchos relatos populares que si, por cuanto dice al contenido, permanecen identificados con su versión original, en su forma revisten variantes hondamente impregnadas por el costumbrismo local.

"Atención, nobles señores..."

Con una estrofa de cuatro versos, una abuela vivaracha que obtiene "gran fama como narradora", inicia el relato intitulado "El prefacio de Francisco Vera", primero de los que incluyó Carrasquilla en su libro "De tejas arriba". En esta narración encontrarnos un ejemplo de esas vivencias idiomáticas (mejor que literarias) que nacidas en tierras de España han fructificado en América con aroma y colorido que revelan todo un proceso de adaptación al ambiente del trópico. La estrofa con la que la aludida narradora inicia su relato recuerda el tono del juglar que se dirige a un auditorio de la época feudal:

"Atención, nobles señores
y las damas del decoro,
que esta vez voy a contaros
un cacho que no es de toro."

Es interesante recordar que la vivaz narradora se cuida de advertir a sus oyentes pueblerinos que lo que se dispone a relatar "no es, realmente, cuento ni historias inventadas, sino un ejemplo que pasó tal y como lo aprendió una servidora de ustedes: Me lo enseñó taita Angarita, que era hombre de pluma y muchos conocimientos". Y viene la crónica piadosa, que sabe a prosificación de un "Milagro" de Berceo, y terminada la cual advierte Carrasquilla en una nota: "Este cuento, localizado en Antioquia, y muy en boga hace sesenta años entre las gentes del pueblo, no es otra cosa que una variante de "El Romance del Cura", recogido por Rodríguez Marín no hace muchos años. Probablemente esta narración la trajo a Antioquia algún valenciano".

Aquí, la narradora es eslabón de una larga cadena que por tradición oral conserva la versión prosificada de un antiguo romance. Cuándo se romperá -si es que no se ha roto ya- esta cadena? Sin duda cuando, cerrado todo un ciclo de autoctonía regional fundada en el aislamiento geográfico, las nuevas condiciones económicas y sociales permitan la entrada de motivos foráneos -populares o seudopopulares que gracias a los medios de comunicación propios de nuestro tiempo están acabando por completo con todas las manifestaciones de la psicología tradicional. Entre las cuales se encuentran, en primer término, el folclore y el arte popular.

La fabulación, desquite imaginativo

Las duras condiciones de la vida campesina determinan con frecuencia reacciones imaginativas que son algo más que índices de un deseo de evasión de la realidad, porque alcanzan con frecuencia el valor de parábolas inspiradas en la moral del cristianismo, especialmente en el Sermón de la Montaña, cuyo trascendental contenido es interpretado ingenuamente por la fantasía popular. En este tipo de fabulaciones, Cristo y sus apóstoles, santos y profetas actúan y se expresan como campesinos y con su intervención elevan al humilde a un nivel privilegiado: "Bienaventurados los mansos y humildes de corazón". Otro tema de frecuente ocurrencia es el del labriego astuto e ingenioso, que burla a la muerte, personificada variadamente. En estos casos, interviene casi siempre un juego de Circunstancias que permite al protagonista dominar al siniestro y simbólico personaje y obtener de él dones, amuletos o privilegios sobrenaturales.

Dos cuentos de Carrasquilla recogen admirablemente esta especial actitud fabulatoria de la psicología popular: Uno de ellos es "El gran premio", en el que "un pobre diablo, un mandria de estos que son ineptos por pereza y perezosos por ineptitud" se encuentra de manos a boca con la Muerte, y recibe de ella el don de obtener cuanto desee en tratándose de bienes materiales: "No pidas salvación para tí, ni para nadie.. .. Esa tienes que buscarla tú mismo, por tu cuenta y razón... . En cuanto a lo demás, no te pares en chiquillas: Pide días hasta el día del juicio; belleza, salud y juventud hasta entonces; hasta entonces, goces, triunfos, fruiciones.... Todo lo tendrás".

Más interesante, desde luego, como se trata de una obra maestra -en cuanto captación total de un aspecto entrañable de la psicología popular- es "En la diestra de Dios Padre", cuyo protagonista es arquetipo de la maliciosa sencillez y del agudo ingenio que poseen ciertos elementos del pueblo, a los que no tarda en envolver un aura de leyenda: Peralta, por lo demás, es un hombre tan pobre como caritativo -"los que más dan son los que menos tienen"- y su virtud y su ingenio son premiados con largueza. Largo resultaría un examen, que por lo demás nos alejaría del tema que venimos tratando, de las virtudes literarias de este relato, esencialmente folclórico, y en el cual destellan los chispeantes diálogos que sostiene Peralta con San Pedro, con el Padre Eterno y con el mismo Diablo. "En la diestra de Dios Padre" es paradigma de picaresca popular, una gema que el escritor antioqueño tuvo necesariamente que extraer de la inagotable cantera de la fabulación campesina.

"Frutos", la fabuladora

En otro de los relatos breves de Carrasquilla -"Simón el Mago" -surge la figura de Fructuosa Rua, la nodriza negra que embrujo a un pequeño con sus relatos. "Frutos" posee un rico repertorio de "cuentos" populares, en los que aparecen muchos de los personajes que más han excitado la imaginación popular. Así Pedro Rimalas o Urdemalas y Sebastián de las Gracias.

"A medida que yo crecía -nos dice el infantil protagonista- crecían también los cuentos y relatos de Frutos, sin faltar los ejemplos y milagros de santos y ánimas benditas, materia en que tenía gran erudición. . . . Narrando y narrando llególes el turno a los cuentos de brujería y de duendería. Y aquí el extasiarse mi alma!" Las transcripciones que el escritor hace de la gárrula palabrería de la negra Fructuosa son admirables y lindan con el trance psicológico en que se inicia -incontenible e inagotable- la facultad de fabulación. Así cuando explica al pequeño el procedimiento que debe seguirse para convertirse en brujo:

-"Pues la gente s’embruja muy facilito: La mod’es qui’-uno si’unta bien untao con aceite en toítas las coyonturas; se qued’en la mero camisa y se gana una parti’alta; y’así qu’está uno encaramao abre bien los brazos como pa volar, y dici’uno, pero con harta fe! -No creo en Dios ni en Santa María!- Y güelvi’a decir hasta qui’ajuste tres veces sin resollar; y antonces si’avienta uno pu’el aire y s’encumbra a la región!"

En el ancestro africano cabe encontrar la explicación de esta extraña facilidad para repentizar -que no solo para repetir- fábulas y relatos costumbristas o supersticiosos. Porque Frutos había sido esclava y a tiempo que hacía dormir al niño que estaba a su cuidado, y que le enseñaba a rezar, le descubría todo un extraño mundo de fantasmas y aparecidos y lo iniciaba en las prácticas de lo hechicería:

-"Coger brujas es de lo más fácil! Nu’es más que coger un puñao de mostaza y regala por toíto el cuarto: A la noche viene la vagabunda! Y echa a pañar, a pañar frut’e mostaza; y a lo qu’está bien agachado pañando, nu’es más que tirale con el cintu’e San Agustín. . .

Un mitólogo maicero

En el tríptico novelesco "Hace tiempos" -obra en la que culmina el virtuosismo narrativo de Carrasquilla- aparece un personaje muy versado en lo que atañe a espantos, ánimas, brujas y duendes de la minería. Es "mano Jurado", a quien se invita cierta noche "a tamales y chocolate" para que distraiga con su charla a la familia de Eloy Gamboa, el niño a quien el ilustre novelista sigue en sus andanzas y sentimientos hasta dejarlo, ya convertido en mozo, en medio al ambiente de la capital antioqueña. Al decir de mano Jurado, la mina está poblada de vestigios y fantasmas: De los socavones suelen escaparse lucecillas que son otras tantas almas en pena; duendes y endriagos revolotean por todas partes y las brujas "carajeaban por allí, encaramadas en las piedras". En medio a todas estas creencias de la imaginación criolla, aparece un mito universal, el del Judío errante:

-"Por la Candelaria pasó por aquí al sol del medio día. Yo bajaba de l’acequia cuando li’oí ese zumbido tan azaroso y vide todu’el alebrestamiento de los guses, de los gallinas y los perros. Esos animales que comen porquería son los únicos que lo sienten, por la jedentina de la mula".

Por lo dicho, el Judío errante anda en acémila por los caminos de Antioquia. Mano Jurado no lo ha visto, porque "el Judío y la mula, s’espiritan de por entero". Pero explica que el legendario personaje siempre anda en la misma mula, porque no puede descansar ni un solo instante. Por lo demás, el animal no se cansa porque es mula del infierno y ni come ni bebe:

-"Algunos dicen qu’es mula viva y otros qu’es mula elementa, asina com’un molino. Quién sabe cómo será! Lo único que se sabe es que salió de la Casa Santa de Jerusalén y fue voltiando en redondo y juntico, como quien embejuca un canasto, hasta que le dio la vuelta al redondel del mundo...

En ese mismo capítulo se mencionan las narraciones de "Tío Tigre" y "Tío Conejo". Y se alude al cuento de "El Patojo", el héroe niño de tántas leyendas, que menospreciado por los suyos "saca avante el sentido de los humildes y despreciados; mata al gigante, ogro o culebra que tiene encantada a alguna princesa; se casa con ella, y resulta rey, al fin y al cabo". Una figura que, a tiempo que recuerda las bíblicas siluetas de José y del rey David, suscita el mito de la primera proeza realizada por Hércules en la cuna.

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