El Folclore en la Obra de Tomás Carrasquilla
Andrés Pardo Tovar

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I. LOS ANTECEDENTES COLONIALES DEL COSTUMBRISMO ANTIOQUEÑO

Dentro del caudal novelístico de Carrasquilla -tan vigoroso y evocador- destácase por su intrínseco valor artístico y por el admirable esfuerzo de reconstrucción ambiental que entraña, su inolvidable "Marquesa de Yolombó", narración en cuyas páginas palpitan la verdad y la piedad, velados por la lejanía del recuerdo. Dón de adivinación, hondo sentido de la vida y verdadero virtuosismo descriptivo hacen de esta obra una de las más señaladas dentro del vasto horizonte del costumbrismo americano, bien que resulte quizás superada por la novela "Hace Tiempos", amplio tríptico con rumor de epopeya en el que Carrasquilla siguió paso a paso, con amoroso empeño, la vida de un niño nacido en el ambiente de la minería y que avanza por entre el cortejo de personajes tallados en vivo granito. En carne viva, diríamos mejor.

"La Marquesa de Yolombó", sin embargo, constituye para nuestro propósito -antes que nada- una mina de hallazgos folclóricos en perspectiva histórica. En sus páginas se encuentran casi todos los antecedentes coloniales del folclore antioqueño, incorporados vigorosamente dentro del marco de la narración. La detallada enumeración de tales precedentes históricos de la actual realidad criolla de Antioquia, resultaría tarea demasiado compleja. Limitémonos, mejor, a citar algunos ejemplos. Y sea el primero un personaje que constituye el eslabón que media entre la psicología andaluza y la antioqueña.

"Taita Moreno"

Sevillano de origen y tronco de vigorosa estirpe, Taita Moreno "era tan orgullosote y señorón, que ni aún en las francachelas más desaforadas ni en las orgías más tormentosas se le vió nunca borracho". Con él llegó a Yolombó el repertorio de la copla y del cantar andaluz. Carrasquilla, de mano muestra, lo describe en el siguiente párrafo: "Experto en bailes, cantares y guitarra, era el alma de todo regocijo; y en los simulacros de toros, que nunca faltaban en las fiestas titulares, siempre salía el Sevillano, capín capeando, suerte aquí, suerte acullá... . Como el rumbo y el derroche eran su vanagloria máxima, mantenía siempre ingente cola de mequetrefes y parásitos. En fin, era un bromista, un revoltijo de jaque y caballero".

A el Sevillano, y a otros personajes de su misma estirpe, cabe atribuir la presencia -en los lejanos riscos antioqueños del jacarandoso ritmo de la seguidilla, adaptado ya a la expresión de la realidad criolla:

..."Las minas sin culebras
ni calenturas,
en vez de oros y platas
dan amarguras....

Y la palpitación de las danzas meridionales de España, que, con el tiempo, habrán de transformarse en las populares guabinas, pasillos y demás aires criollos de estirpe europeo:

..."Venga el fandanguillo
de los chapetones,
que siembran pepinos
y arrancan melones...

Los aportes negros

En "La Marquesa de Yolombó", la raza negra desempeña el papel de personaje característico. Sus costumbres, tras de las cuales se adivinan los ritos de la selva africana, se incorporan lentamente en el vasto y resonante mundo de la psiquis criolla. Bien lo comprendió Carrasquilla al describir la escena nocturna en que sus danzas abren un paréntesis pagano en medio a la celebración de la fiesta del Bautista:

"Es el mapalé delicioso. Son doce; fórmanse en filas, negros de un lado, negras del otro; alzan los blandones, a igual altura y a un solo golpe; se cruzan, se alternan, los brazos se entrelazan, se traban las llamas. Cara a cara, blanqueando los ojos, vibrantes las jetas, se magnetizan.... El molinete gira y gira, en vértigo de llamas. Rómpese de pronto y aquello sigue por parejas Se estrechan los cuerpos en un espasmo; tornan a inclinarse, tornan a erguirse; se afianzan en los remos, lanzan los bustos hacia atrás; arrojan las teas y terminan. Es un brote de esa Africa lejana, que llevan en su sangre, y que sus ojos nunca vieron; es un rito sagrado ante un Eros cruel y dolorido".

Sólo que lo noche tropical acoge también la piedad humilde de los negros cristianizados, que, a coro y con acompañamiento de vihuelas, caramillos y panderos, entonan las estrofas de una pantomima de carácter sacro, eco remoto de los autos sacramentales de la Península:

...."Vengan aquí todos,
vengan y verán
al Rey de los cielos
convertido en pan.

"En esa Hostia blanca
de mies terrenal,
quiso transformarse
el Dios celestial.

"De Africa venimos;
mas somos cristianos:
a Cristo nos dieron
los blancos hermanos.

El mestizo

A través del mestizo, adivinamos a los aborígenes remotos, invisibles en este panorama de la Antioquioa colonial. Una figura encarna -en "La Marquesa de Yolombó"- a los descendientes del indio y del español: "Pía es una mestiza primitiva y franciscana, que ama los animales y conversa con ellos, cual si fuesen sus mismos hijos". Rasgo éste que nos recuerda o los chibchas y a su totem favorito: la rana. Por lo demás, mestizos, zambos y negros comulgan en un mismo concepto animista de la vida, que los liga indefectiblemente a la superstición: todos, a la par, creen en la Bracamonte y el Pateperro, en los Ilusiones, en el Animasola y el Rescoldao, diablillo cocinero, "muy entrometido".

En el mestizo, sin embargo, apunta un matiz espiritual que recuerda su ancestro aborígen: la persistente melancolía y el concepto pesimista de la vida.

Taita Moreno, la negrería, la mestiza Pía y la inolvidable Marquesa criolla que protagoniza la admirable narración de Carrasquilla, son los arquetipos de los factores raciales que concurrieron a la integración de la nacionalidad, en su realidad profunda y verdadera. De sus sentimientos, de sus dichos y de sus actos es minucioso memorialista el ilustre novelista antioqueño, que en la obra a que venimos refiriéndonos traza con maestría insuperable una serie de cuadros costumbristas en los que cabe buscar las claves coloniales de nuestra presente realidad folclórica, que en los riscos y valles antioqueños todavía encuentra refugio contra los signos amenazadores del internacionalismo. Al igual que en algunas escondidas comarcas de Boyacá y de Santander.

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