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LA CHOCHEZ

 

Se dice comunmente que la experiencia viene con la ancianidad; que el buen juicio, el sano criterio, ó sea el tino y claridad para poder apreciar debidamente los hechos y las cosas, es un talisman que pertenece exclusivamente á la edad avanzada. Así debiera ser, pues una educacion sólida, una instruccion extensa, y aun el mismo desarrollo de la inteligencia, no son obra de los primeros años ; es con el trascurso del tiempo, y despues de un trabajo asiduo y tenaz, de una observacion atenta y escrupulosa, y de un maduro exámenl que tan preciosa joya llega á ser adquirida.
Es por esto que nuestros antepasados lo aguardaban todo de los ancianos: la rectitud en el modo de obrar, el acierto en las deliberaciones, una extricta justicia, la veracidad en los dichos, la perspicacia para ver lo desconocido, y hasta el tino y el valor para dirigir una batalla. Por esto mismo, los sacerdotes eran viejos; los Jueces, los Notarios, los Consejeros de estado, los maestros, los empleados diplomáticos, todos eran de edad avanzada; y raro, muy raro, era el que no usaba antiparras al ocupar cualesquiera de estos destinos, que de derecho les pertenecian. Y no faltaban quienes creyeran que el genio, esa chispa divina que viene de Dios, era tambien el resultado de la vejez. Mas, trascurridos algunos siglos, se comenzó á notar que las decisiones de un Juez octogenario no iban siempre de acuerdo con la justicia ; que los consejos de un ministro de Estado, agobiado por la edad, eran algunas veces desacertados; que un Notario de reluciente calva y arrugada faz, falsificaba documentos, extraia escrituras y añadia á los testamentos cláusulas que no se le habian dictado; que los sacerdotes mas ancianos mentian y especulaban con la ignorancia del pueblo; que los astrólogos de luenga y plateada barba predecian acontecimientos que nunca llegaban á cumplirse; que pedagogos envejecidos en el oficio eran bárbaros, ignorantes y caprichosos; que militares encorvados bajo el peso de los años, se acobardaban á presencia del enemigo, y perdian por su impericia y falta de arrojo batallas, en el triunfo de las cuales fundaban la esperanza de su salvacion varios pueblos.
No se habia caido en cuenta de que las pasiones siguen al hombre hasta la tumba; que los vicios contraidos en la juventud se arraigan con mas fuerza en la vejez; que si á aquella le falta la experiencia le sobran el valor, la hidalguía y buenos sentimientos ; que si hay ancianos prudentes juiciosos y versados en algunos ramos, tambien los hay susceptibles del egoismo, de la ambicion, de la avaricia y de la hipocresía ; y por último, que la ciencia no viene con los años sino con el estudio.
Pero como para todo hay remedio, y no era posible que una creencia seguida y adoptada desde los primeros tiempos fuera errónea, y mucho mas, en un asunto en que la vejez estaba solemnemente comprometida, se inventó una palabra, y con esto la cuestion quedó resuelta, dejando incólume la tradicion.
La Chochez!
Dos sílabas no mas comprende dicha palabra, pero ésta encierra un mundo de ideas, y viene á ser un pasaporte con el cual un hombre puede ser caprichoso, impertinente, engreido, malcriado y hasta mentiroso.
Os encontrais con don Macario, hombre dogmático y regañon ; él os probará. que ha sido el mejor gobernante, el patriota mas desinteresado, el mas hábil político, á quien el pais debe la adopcion de aquellas empresas que han contribuido á su progreso y engrandecimiento.
No le contradigais porque se halla rematadamente chocho.
Dais con otro de la misma escuela; para éste, nada de lo que se hace hoy es bueno, todo lo que aparece notable y digno de admiracion fué obra de las generaciones pasadas; los hombres de hoy son todos unos ignorantes ; la juventud está completamente perdida; las mujeres de nuestra época son infieles, vanidosas y superficiales; todo
le parece malo. No le repliqueis, dejadle pasar porque ese hombre chochea.
Don Fausto es un hombre de carácter uraño é insociable; detesta las diversiones; mantiene siempre cerradas las ventana de su casa; prohibe á sus hijas salir á pasear, que usen crinolina, que concurran al teatro, y mucho ménos á los bailes ; si algun jóven llega á visitar su casa se enfurece. Quién se atreve á contrariarlo? nadie. Sus hijas sufren con resignacion la chochez de su padre.
Sale Jacinto de un Colegio, en el cual se dedicó con solícito empeño al estudio de la geología, la mecánica y de varias otras ciencias útiles; llega á su casa entusiasmado con las empresas que pueden cambiar la faz de la Nacion y derramar la riqueza entre todas las familias honradas y trabajadoras.
Encuentra que la tierra de su campo es adecuada para el cultivo del café, del achiote, la vainilla y el añil; excita á su padre para que emprendan esta clase de industria; pero éste, que está acostumbrado á sembrar yuca, maiz y caña, recibe la propuesta con indignacion ; y entónces Jacinto, viendo que á su padre le ha dado la chochez por la rutina, se resigna á ver fabricar panela en los trapiches de la hacienda.
Don Mateo sale á la calle armado con su baston, le pega un garrotazo á los muchachos que le quitan la acera; regaña por cualquier friolera á su señora, hijos y criadas; no quiere á fulano porque se llama Pedro, ni á los sastres porque son mentirosos ; coloca los piés sobre la mesa que le sirve de comedor; sin ser sordo, se hace repetir cuanto le dicen con un atronador quééé?; se ingiere en todo lo que no es de su incumbencia; aborrece al gallo porque canta y á los gatos porque maullan; siempre le parece el chocolate claro y la sopa sin sal; se queja de picadas que no siente y comunmente suspira por los tiempos pasados.
Á este hombre le ha dado la chochez por semejantes manías, y hay que respetar sus caprichos.
Doña Camila desmiente á todo el mundo, es el espíritu de contradiccion mas completo, peina algunas canas, y aun cuando bailó en tiempo del Libertador, y fué cortejada por algunos de sus Tenientes, sostiene que no ha pasado de los veinte; es el tormento de las hermanas menores y con nadie tiene paz. Esta es la chochez mas insufrible.
Bien sabido es que las facultades intelectuales y las fuerzas físicas del hombre van decayendo á proporcion que avanza en edad, y esa destruccion, mas ó ménos rápida segun las emociones que han agitado la vida, prívale de la memoria, la vista, el oido y el raciocinio; lo hace intolerante, caprichoso, exigente y brusco en sus maneras pero tambien es cierto que no pocas personas que aún no han llegado á tal decrepitud abusan de los fueros otorgados por la sociedad á la vejez, so pretexto de haber pasado de los cincuenta y de llevar en la barba y cabellera algunas canas, como si estas mismas no impusieran á los que por la edad las traen mas estrecha obligacion de dar ejemplo de moderacion, de prudencia, de modestia, de buenas costumbres, y en fin, de todas aquellas cualidades por medio de las cuales se pueden captar mas el respeto, el amor y simpatías de cuantos los rodean.
Bendita sea la veneracion que se rinde á la ancianidad de nuestros mayores; pero tambien, benditos sean los que encorvados bajo el peso de los años, se despiden del mundo dejando de su vida el mas vivo y palpitante ejemplo de una aventajada educacion, de los mas bellos sentimientos de amor, caridad y benevolencia. Ante la tumba de éstos derramamos una lágrima de gratitud. Ante la de aquellos que se han dejado arrastrar por el capricho, y que han sido víctimas de mil manías, nos inclinamos y pasamos de largo lanzando una mirada de lástima y de tristeza.
Para los unos, el amor y la gratitud.
Para los otros, la compasion y nada mas.

(Tomado de "El Valle."-Año de 1869.)

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