CARTA A UNA AMIGA
En todos los días de mi vida tengo mis momentos de ocio, pero
que á veces son, los instantes mas crueles de mi existencia, lapsos
de desesperacion, de inquietud, de tormento y de amargura; que
agitan sin cesar el corazon y arrojan en tropel y en el mas confuso
torbellino multitud de ideas á mi acalorada imaginacion, dejándome
al imperio de mil caprichos fantásticos, impulsado á veces, hasta
el frenesí, y otras, anonadado á la fuerza de una voluntad
extraña.
Hallábame, no há mucho, en uno de esos momentos, queriendo darle
expansion al espíritu, buscando con ahinco un amigo, una caja de
diamante para depositar mis mas íntimos secretos; quería expresarme
en ese lenguaje dulce, sencillo, animado y expresivo, que rasga el
velo de las distancias, trasmite los sentimientos de alma á alma y
va á confundir corazones formados para amarse y unirse por el
afecto mas franco, puro y sincero. Quería escribirle á un amigo;
pero no pudiendo dar giro á mis ideas ni arreglar mis sentimientos
tuve que desistir, y quedé sujeto á la divagacion, en medio del
éxtasis mas profundo, en que se vive pero no se siente, se piensa
pero no se juzga. El delirio era completo y la fantasía desarrolló
sus mil formas caprichosas.
Al fin quedé libre de tanto ente fantástico: cuatro golpes
fuertemente repetidos en la puerta de mi pieza, me despertaron de
tan largo y profundo letargo. Era un muchacho que, enviado por su
señora, venia á poner á mi disposicion la carta que una amiga suya
le habia dirigido, y que ella se tomaba la libertad de confiarme,
para corroborar mis ideas sobre LA DESGRACIADA CONDICION DE LA
MUJER.
Decia la carta:
Mi predilecta amiga
Es imposible que resista por mas tiempo al deseo de escribirte; tal
vez sea ésta la última, la última en que te recuerde con júbilo
esos momentos plácidos que pasé á tu lado, esas inocentes caricias
con que la pródiga amistad nos regalaba en la edad de la inocencia.
No puedes figurarte el indecible placer que experimento cuando te
dedico mis momentos: es entónces que existo, únicamente entónces,
porque concibo al sér perfecto, angelical, que forjó para mí la
dicha de los primeros años de mí vida; pero dicha que pasó
repentinamente como pasa la instantánea luz del relámpago; ¡ oh!
entónces no pensaba en mi porvenir, no, mi existencia se
concentraba en aquel instante, porque allí el horizonte de mi vida
era infinito; el termómetro del placer nos señalaba á su mayor
altura el término de la felicidad humana;; el problema de nuestra
existencia estaba resuelto, porque percibiamos una via florida,
célica y deliciosa que nos habia de conducir al recinto de los
placeres, al foco de la dicha mas inalterable idealizado por los
ensueños de nuestra vida infantil.
Perdona, María, mis digresiones, pero soy esclava de la pluma que
corre tan veloz como mi pensamiento, déjame escribir con libertad
la historia de mi vida, porque amante de la confianza, tengo que
someterme ciegamente á mi genial franqueza.
Despues, María......... ¿ recuerdas cuán felices éramos? Tú eras la
gala de la sociedad, el encanto de tu familia y el objeto adorable
de una amiga. Cuánto gozamos en el campo!...Colmadas por las
caricias de nuestros padres, hallábamos esos encantos, esas
sorpresas tan agradables que la naturaleza ofrece en la vida
campestre; una série inconcebible de goces tan puros como inocentes
iba á vigorizar y dar un nuevo pábulo á la naciente llama de
nuestra amistad. Unas veces estrechadas y bajo la sombra de
frondosos árboles aspirábamos el fresco y delicioso ambiente
perfumado por las hermosas flores de nuestro jardin; otras,
quedábamos como adormidas oyendo el melífluo canto de los toches
cuyo variado plumaje encantaba nuestra vista.
Despues, amiga......... Cuán dichosas fuimos ! repentinamente
sentimos desarrollarse esa pasion innata en nuestro sér, que agita
y conmueve, enardece y vivifica, arde pero no consume, comunica un
fuego abrasador y produce una fuerza impulsiva al corazon ; pero
que tambien, como un sentimiento dulce y apacible, ofrece una série
interminable de delicias cuando se le cultiva con esmero. Divino
hálito que al desprenderse del Creador vino confundido con el soplo
celestial á formar el alma de la MUJER!
¡ Cuán bello era nuestro porvenir! Nos encantaba como deleita con
su esplendor el aura matinal, corno agrada el brillante tul del
dilatado Atlántico, como arrebata la diamantina luz de un astro
fulgurante, como place el cielo límpido con su bello y trasparente
azul.
Amábamos, y nuestro amor era correspondido con frenesí........ La
mano de la fortuna te coronó en el templo de Himenéo......... Pero
yo......... yo......... El genio de la muerte que velaba sobre mi
porvenir me arrebató un tio, quien se habia propuesto hacerme feliz
; se forjó el primer eslabon de mi desgracia, y el altar que yo
habia levantado al amor, se convirtió en el triste y lúgubre
catafalco colocado sobre la tumba de mi felicidad. Al morir aquel
pariente, me dejó una cuantiosa herencia. Un pariente encargado de
administrar mis bienes y de llevar á colmo mi educacion, ha
completado su obra, arrancando mi corazon al mundo y al placer para
conducirme, cual una sombra, á una tumba que llaman el recinto de
la tranquilidad del alma.
¡ Cuánto tiempo há que sufro! Tiempo, durante el cual mi corazon
prensado por la venda del tormento, no ha hecho mas que destilar
gotas de amargura.
¡Y hoy......... hoy......... que he querido despertar, hoy que en
el cuadro de mi desventura se iba al dibujar el reflejo de la
esperanza, hoy que he sentido palpitar mi corazon al impulso de esa
pasion mal extinguida ayer, he recibido el golpe mas cruel,
dirigido por la mano de la avaricia y de la impiedad.
Ayer, cuando le confesaba incauta la pureza de mi amor al
mencionado pariente, energúmeno y fuera de sí......... me.........
lanzó una maldicion!...... María, yo no sabia que habia pecado con
amar, con haber abrigado el sentimiento mas puro que á Dios le
plugo grabar en mi corazon...... Al fin se apaciguó y tornando á mí
con un semblante benévolo y festivo, me levantó la maldicion
despues de haberle ofrecido hacer voto de castidad y de concurrir
inmediatamente al convento que él me destinara......
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Hoy parto......... no he
visto á Manuel......... no te puedo estrechar en mis brazos para
decirte adios, oye el último acento, que ántes de partir para la
vida eterna, te dirige una amiga desde el borde de una tumba.
¡ Qué triste es haber nacido en medio del placer, para descender al
sepulcro en medio del dolor!.........
Tu amiga.-ELISA.
(Tomado de "El Tabor."-Año de 1858.