INDICE




LA MUJER

 

Mucho se ha escrito acerca de la mujer; qué poeta no ha hecho sus primeros ensayos llenándola de elogios? y hasta en 1o paises donde mas deprimida se la tiene, no faltan cantores á su belleza, ni déspotas que dejen de inclinarse ante sus poderosos atractivos; mas, esto no ha pasado nunca de un incienso vano; falso culto rendido á la materia; una especie de brillo conque se ha querido ocultar la situacion de ella, situacion admirablemente descrita por el Abate Gaume en una de sus importantes obras. Cualquiera que haya leido la historia y estudiado las costumbres de los pueblos se habrá convencido de que la situacion á que ha sido sometida la mujer no es de lo mas halagüeña. Mucho se podrá escribir acerca de esto; pero como no es nuestro propósito hacer un artículo científico y altamente filosófico, nos contentaremos por hoy con trazar las siguientes líneas.
¡Quién lo creyera! La naturaleza misma que la presentó como la maravilla de la creacion, bella, hermosa y elegante; viva, inteligente y perspicaz; sensible, animada y seductora, la formó con una constitucion delicada y frágil......
La sociedad en su entusiasmo le erigió altares, y en la apoteósis le desgarró su seno y envenenó el corazon. Luego, todo contribuyó á envilecerla y degradarla, la sociedad en general, los Gobiernos y el hombre en particular; aquellos, llenando de privilegios al varon; y éste, gobernando despóticamente en la casa, reprimiendo su desarrollo intelectual y colocándole un freno al corazon.
Las sectas que consagraron la poligamía, sembraron en su corazon la envidia, los celos, el odio y la venganza.
Los Gobiernos que consintieron y sancionaron la esclavatura, la confundieron con los entes irracionales, la degradaron hasta el polvo, convirtiéndola en la vergonzosa mercancía para la satisfaccion de placeres puramente brutales.
Vedla en la China, atormentada por el acerado botin con que los celos de un esposo la mantienen aprisionada y sin movimiento alguno.
Vedla en Sur-Amériea, entregada á los trabajos mas duros y penosos para sostener la familia; miéntras que el marido, padre y hermanos pasan una vida holgazana y perezosa, ó disipando los ahorros que á virtud de mil sacrificios ha economizado ella.
Vedla en la Turquía encerrada en un serrallo, vigilada por eunucos y atormentada en tan terrible prision por los celos, envidia y otras pasiones, que emponzoñan su corazon.
Vedla en una parte obligada á sepultarse viva en su viudez, en el sepulcro del marido, que tal vez fué su mayor verdugo.
Vedla en otra, como se la conduce en la flor de la edad, á una pira, para servir de alimento á las llamas que han de aplacar á lo dioses justamente irritados contra el hombre.
Tal era la situacion de la mujer en casi todos los paises del globo, hasta la venida del Redentor del mundo.
La religion del cristianismo la elevó á un puesto bien merecido, la verdad, por su angelical pureza y sagrada mision en la tierra. El llanto de Jesucristo descendió como el vivificante rocío, y fué á vigorizar y dar un nuevo brillo y esplendor á esa flor con que Jehová adornó la Creacion.
Á pesar de esto, no son pocos los paises en los que la mujer se encuentra humillada y abatida. Y las escenas domésticas que tienen lugar aun en aquellos donde la religion ha extendido su benéfico influjo, parten el corazon, y hacen levantar plegarias al Altísimo en favor de esta cara mitad del género humano.
No dudamos que nos preguntareis: Cuál será el medio mas eficaz para libertar á la mujer de tan lamentable condicion? Y nosotros contestarémos rotundamente: Dad á la mujer una instruccion mas vasta, ponedla al alcance de los conocimientos humanos; y entónces el mundo pertenecerá á ella, sabreis á lo que conducirá el cultivo de su inteligencia y los brillantes y benéficos resultados que producirá su instruccion.
Al hablar de una manera tan detallada acerca del trato que se ha dado á la mujer, es preciso hacer algunas honrosas excepciones de pueblos y especialmente de muchos hombres, que la han mirado como la gala primorosa de la sociedad, como la fuente inagotable de gracias y virtudes, como el centro fecundo de dicha y de paz; y en fin, como el elocuente y sublime testimonio de su grandioso destino en la humanidad.
Y vosotros, lucidos galanes y cortesanos, que frecuentais los salones de la sociedad culta; vosotros que, con tanta ligereza calificais á la mujer de inconsecuente, voluble, y vanidosa; abandonad ese lenguaje pueril, insustancial y melindroso con que la festejais diariamente; destrozad esas guirnaldas de flores comunes, inodoras y marchitas con ceñis su virgínea frente; respetad su inocencia.y su candor, no la engañeis con las mentidas caricias de un fingido amor, si es que quereis hallarla colocada á la altura de su sublime mision, con la vista siempre fija sobre vosotros, engolfando vuestro corazon con emociones mas gratas y deliciosas; constante en el amor que os haya jurado, y preparando al elegido de su corazon, un fúlgido, célico, y risueño porvenir.
Vosotros, los que clamais irritados contra aquellas hijas de la miseria que vagan por la calle á la ventura, pervirtiendo las sanas costumbres de vuestro pueblo, y dejando tras sí las huellas indelebles de su desvío, alentad con vuestro influjo aquellas empresas, por medio de las cuales, la parte indigente de la sociedad encuentra un trabajo constante, honroso y lucrativo; y en lugar de lanzarlas mas y mas con vuestra propia mano y criminal indiferencia en la sentina de la degradacion y de los vicios á que fueron arrojadas por la ignorancia y el abandono, proporcionadles medios de subsistencia, y excitad á los ministros del altar, para que ellos hagan descender de la cátedra del Espíritu Santo al corazon de esas hijas desheredadas, la palabra divina que ha de purificar su alma y separarlas del camino del infortunio. Entónces las veréis con placer intenso, recogidas y pudorosas á la sombra de los talleres, llevando una vida modesta, tranquila y ejemplar.
En fin, vosotros todos, los que os desvivís y tanto empeño manifestais por el adelanto social, por la perfectibilidad humana y completo engrandecimiento de vuestros pueblos, fomentad la educacion de la mujer por cuantos medios estén á vuestro alcance; dilatad el horizonte de sus conocimientos y formadle el corazon; si es que quereis tener virtuosas esposas, dignas madres, y como resultado de esto, una sociedad culta, moral y verdaderamente civilizada.

anterior | índice | siguiente