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COLEGIO DE SAN GIL

 

Nos proponemos escribir, aunque brevemente, la historia de la fundaeion de este Colegio y la marcha que ha traido hasta nuestros dias. Cuando un hecho de esta naturaleza es el resultado del patriotismo acrisolado de un buen ciudadano, del mas noble desprendimiento y de una entusiasta y sublime aspiracion hacer el bien á la sociedad, sin otro intento ó propósito que el cumplir con la elevada mision le abrir á las generaciones que se levantan la senda de la ilustracion, ó de asegurar el pan al desgraciado, que azotado por la miseria y las enfermedades busca algun consuelo al amparo de la beneficencia pública, la historia debe apresurarse á consignarlo en sus pájinas, recomendando á la estimacion pública la memoria de los hombres que depositan ante las aras de la civilizacion y de la caridad su fortuna y su talento.
Ojalá y todos los pueblos registraran en los anales de su vida política y social los nombres de aquellos ciudadanos de quienes han recibido algun bien: de esa manera no se perderia la tradicion, y esto, indudablemente vendria á ser un estímulo para que otras personas imitaran su ejemplo.
Ya el distinguido literato José María Vergara y V. habla acometido la noble tarea de trazar la biografía de muchos hombres distinguidas, cuyo nombre nadie recordaba, y aun se ignoraba que tales actos de verdadero patriotismo hubieran tenido lugar en nuestro pais.
Nosotros, aunque incompetentes, damos hoy principio á la misma tarea; quiera Dios, podamos llevarla á cabo, y que con esto hagamos algun bien á nuestro pais.
Cerca de cuarenta y cuatro años há que el doctor Francisco José Otero, ciudadano esclarecido por su vasta ilustracion y conducta acrisolada, inició la idea de establecer un colegio en San Gil; y la noble excitacion que él hizo al vecindario no fué desoida, pues á pesar de mil obstáculos que por entónces parecian insuperables, algunos vecinos, hombres distinguidos por sus virtudes evangélicas, acogieron la idea con decision y contribuyeron con aquel venerable sacerdote á sentar las bases de este plantel, que mas tarde fué el orgullo de San Gil, y el santuario donde los hijos de pueblos aun muy lejanos vinieron á buscar la instruecion en las ciencias, cuyo conocimiento por entónces era muy difícil de adquirir.
Distinguiéronse por su anhelo en llevar á cima la empresa del doctor Otero, los ciudadanos Diego y Manuel Meléndez, el Presbítero doctor Luis Otero, y con estos, varias otras figuras notables, quienes á mas de su contingente pecuniario, se hicieron cargo de la enseñanza de la juventud, sin mas mira ni remuneracion que la de ver coronada la naciente pero brillante obra de propagar la ilustracion, y dejar así fundada para las siguientes generaciones una fuente de luz.
Á tan noble ejemplo, el pueblo en masa hizo un esfuerzo, y el local en que debia tener lugar el establecimiento fué levantado, no con aquel lujo y órden arquitectónico con que son erigidos los edificios públicos que se observan con admiracion en las ciudades ricas, porque el pueblo donde se acometia tan magna empresa, era pobre, de reciente fundacion, y sin mas brillo que el. deseo ardiente de contribuir en algo á la obra de la regeneracion social. Ni aun los sencillos labriegos esquivaron su contingente; en medio de su pobreza hallaron algo que ofrecer para la prosecucion de la obra: su trabajo material y las maderas de sus campos, fué el obsequio con que contribuyeron en beneficio de su pueblo.
La caja que recibia semanalmente la limosna para tan interesante objeto, iba aumentándose con el óbolo que allí depositaban desde el hacendado hasta el mas infeliz jornalero. De esta manera la empresa fué tomando cuerpo hasta el año de 1824, en que el Vicepresidente de Colombia, benemérito general Francisco de Paula Santander, expidió el memorable decreto de 22 de mayo, por el cual dió á este naciente establecimiento el carácter de Colegio nacional, aumentó considerablemente sus recursos pecuniarios y lo puso bajo la proteccion del Gobierno, dándole así el mayor prestigio y brillo á que. no habia alcanzado otro plantel, fuera del de "San Bartolomé" y el del "Rosario." El servicio importante que el General Santander prestó al Colegio de Guanentá, nunca será desconocido por los que en algo aprecien la educacion de la juventud.
Fué en esta época que el Colegio de San Gil comenzó la éra mas florida para la ilustracion: la juvetud ocurrió de todas partes á solicitar á sus puertas la educacion, y en los claustros de este establecimiento adquirieron en el corto espacio de 8 años, cerca de setecientos jóvenes, las mas importantes nociones de filosofía, matemáticas, jurisprudencia y medicina. Con tan opimos resultados, parecia que ya estaban coronados los esfuerzos de los fundadores; pero la empresa no estaba terminada aun, pues la tarea de la educacion nunca tiene término: las generaciones viven sucediéndose, y la que levanta pide algo de la que declina y este algo es nada ménos que la luz: la educacion de su parte física, moral é intelectual. Aquellos obreros de la civihizacion habian sentado las bases sólidas de un establecimiento científico; pero la llama encendida por ellos necesitaba de una mano que constantemente le agregara combustible y la atizara, para mantenerla siempre radiante y llena de vigor; y esta mano no faltó: en muchos años el Colegio se vió dirigido por personas que hicieron del magisterio de la enseñanza su mas noble profesion. ¡Quién no recordará con eterna gratitud el nombre de cada uno de los que por su ciencia y acertada direccion dieron el mayor impulso á la educacion en este Colegio! La memoria del doctor José Pascual Afanador, será siempre venerada por los hijos de San Gil, y con la de este incansable y aventajado institutor, la de muchos otros que le sucedieron en el rectorado. Bien quisiéramos tener la mano la lista de los que han ocupado tan honorífico puesto, y que con los ilustrados sacerdotes Otero y Afanador, guiaron á la juventud por la senda de la ciencia y del deber; sin embargo, no dejaremos de indicar los que por el momento recordamos; nuestra lista será pequeña, es cierto; auméntela quien quiera con los nombres de que haga memoria, nosotros apénas tenemos conocimiento de los siguientes:

Gregorio Posada
Inocencio Várgas
J. Javier Martínez.
Emeterio Arénas
Rudecindo Otero
Eloy Duran.
Francisco de P. Orbegozo.
Antonio Uribe S.
Félix Giron
Domingo Peña
Juan de D. Naverro.
Rafael Calderon V.
Daniel Parga.
Donato Várgas.
Pedro A. Castañeda, y
Pedro A. Vesga

 Las frecuentes revoluciones de nuestro pais han hecho sentir tambien su fatal influencia en el Colegio de Guanentá, el cual ha tenido que permanecer cerrado en varias ocasiones; y estas funestas alternativas no han dejado de ser la causa por la cual el establecimiento ha ido perdiendo aquel brillo con que se le vió lucir en épocas mas afortunadas para la educacion de la juventud.
Las revueltas de cuartel han sido indudablemente el azote de la ilustracion; y si por desgracia en nuestro pais ésta ha venido calando en el pueblo de una manera muy lenta, débese única y exclusivamente á los agitadores de las conmociones políticas, y á la exacerbacion con que los partidos han entrado en lucha, dejándose arrastrar por los violentos estímulos de una pasion voraz. En no pocas ocasiones se ha visto que los Colegios han recibido de lleno el golpe de la revolucion, y que los jóvenes han tenido que salir huyendo, truncando su carrera literaria, y buscando un asilo en las montañas para evitar el ser enrolados en las filas de un ejército; y en no pocas se ha visto que aquellos santuarios de la ciencia han sido convertidos en cuarteles, y profanados tal vez por una soldadesca ignorante y desenfrenada, que impelida por el espíritu de destruccion no ha respetado ni los laboratorios químicos, ni todos aquellos otros aparatos tan indispensables para llevar avante el conocimiento en los ramos del saber humano. Mas, corramos un velo sobre tan luctuosa situacion, y pasemosá ocuparnos de la marcha que el Colegio de San Gil ha tenido en los últimos tiempos.
Cuenta este pueblo afortunadamente con personas demasiado interesadas en su prosperidad, y todas de consuno se han propuesto librar los capitales de los establecimientos públicos del contagio destructor de la guerra; para tan noble fin los miembros de todos los partidos se han unido, obteniendo como precioso resultado el aumento de los capitales de dichos establecimientos. El hospital de caridad, que puede considerarse como el primero de la república, mantiene hoy, y da una asistencia esmerada á ochenta enfermos, y en el Colegio de Guanentá reciben instruccion secundaria en varios ramos mas de 100 alumnos, Sea ésta la mas satisfactoria recompensa que un pueblo interesado en su porvenir, y demasiado celoso por el bienestar social reciba por la honradez con que ha manejado los fondos que legaran nuestros antepasados en beneficio de la humanidad; fondos que ha sabido conservar con aquella veneracion con que los egipcios miraban los restos de sus propios padres.

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