MODAS
No es nuestro ánimo escribir un largo artículo acerca de la
reina mas engreida y voluntariosa á que está sujeta la sociedad,
que tiene por carácter distintivo la variabilidad, y por elemento
de su poder la extravagancia.
Mucho se ha escrito respecto á la moda; pero nada bueno se ha
conseguido, ella sigue imperturbable ejerciendo su dominio
despótico ante el cual todo mundo inclina la cabeza y se somete
ciegamente á su voluntad, á riesgo de su comodidad y hasta de la
vida.
Hablar pues en contra de la moda es uno de los mayores desatinos,
cuando ni aun las excomuniones han podido detener su paso triunfal
en el mundo civilizado. En fin, ya está admitido que todos debemos
acomodarnos á ella y aceptarla por cada una de las faces que quiera
presentarse; de manera que nada hay que replicar respecto á la
sujecion que le debemos.
Pero lo que sí no se puede tolerar, lo que nos parece un desatino,
es el que haya de aceptarse toda moda, sin averiguar ántes en qué
ocasiones, y de qué manera debe usarse.
Importada al pais una pieza nueva que ofrezca alguna novedad en el
vestido, nadie se toma el trabajo de averiguar el orígen ó la causa
de su invencion, y cuál su objeto principal. El cuento es usarla
venga como viniere, y hacer ostentacion de ella en todo lugar y
situacion.
Todo mundo sabe el furor conque se usó la bufanda ; yo recuerdo
haber visto personas embufandadas en Sube y en Tocaima, puntos
donde todo abrigo es inútil, por lo cálido y la igualdad del clima;
en estos lugares hasta la camisa le fastidia á uno; pero á algun
pasajero se le ocurrió exhibir la moda allí, y zas, en un dia de
pleno verano, y cuando el sol estaba en el zenit, se envolvió en
una ancha bufanda y se dió con ella cuantas vueltas pudo por la
espalda y la garganta; válgame Dios! y cómo sudaba el pobrecito;
pero era necesario someterse á ese sacrificio para estar á la
moda.
Otros la usaban como banda á guisa de generales, y no pocos la
llevaban amarrada á la cintura, sin duda para evitarle un resfriado
al estómago. Hoy la bufanda ha perdido su largas dimensiones, se
usa pequeña y mas sencilla, á fin de poderla conservar debajo del
paletó ó de la capa en los casos en que haya necesidad de este
abrigo. Mucho tememos que aun así pequeña y sencilla se llegue á
usarla de una manera inadecuada.
Esto hace recordar precisamente la exageracion con que se han usado
ciertas camisas de tartan colorado, las que personas bien
entendidas. usan debajo de la camisa blanca de lino ó de algodon;
pero que muchos lechuguinos y hasta personas de posicion las
exhiben á porfía, con lo cual parecen disfrazados de toreadores.
Baste decir que hasta en el Congreso he visto Diputados ostentando
debajo de una casaca de paño una camisa de bayeta roja; y esto
precisamente en un dia de reunion de ámbas Cámaras. De seguro que,
quien .tiene valor para ponerse casaca ó levita sobre una camisa
tal, no está léjos de salir á la calle con ruana y sombrero de
pelo.
Y qué diremos de la bata? pieza de vestido sumamente cómoda, en
realidad, y muy adecuada para usarla inmediatamente que se levanta
uno de la cama, ó para pasar las primeras horas de la mañana en el
cuarto de estudio; pero hay personas que una vez metidas entre una
bata de vistosos colores, y con un gorro de terciopelo bordado
calado hasta las cejas, no pueden resistir á la tentacion de salir
á exhibir la figura en el balcon; bien es cierto que la vanidad es
una de las tantas flaquezas de la especie humana.
Las chinelas corren parejas con la bata; este es un calzado cuyo
uso se aplica solamente para el interior de la casa; mas, á
Melquiádes le acaban de regalar un par bellamente trabajadas, y él
que vé lo lindos que quedan sus piés entre tanto bordado de sedas y
similor, fuera de sí, toma su sombrero, se apodera de la varita de
bambú, y á la calle. En ese dia hace mas visitas que de costumbre,
va á los corrillos ó concurre á las tiendas con cualquier
pretexto.
Las mujeres, como esclavas sumisas de la moda, tambien han abusado
de tal manera de ésta, que ya no se extraña el observar hagan sus
visitas y aun que vayan á paseo vestidas con el traje que en lo
antiguo estaba solamente destinado para concurrir á la
Iglesia
Y no digamos nada acerca de la larga cola con que algunas van
barriendo los basureros de las calles; porque mucho se les ha dicho
ya sobre el particular, manifestándoles que, tal forma de traje
nunca se ha acostumbrado en los pueblos civilizados para caminar
por la calle y plazas; sino para cuando se va en coche ó se está en
la casa, y eso no á toda hora del dia, y mucho ménos para ir
enredando con dicha cola á todos los hombres en un baile.
Hoy tenemos el serenero en boga; y la etimología de tal palabra nos
manifiesta perfectamente, cual es el objeto de tal adorno. No
obstante esto, ya vemos que las señoras no se paran en pelillos, y
que á cualquiera reunion concurren con él puesto en la cabeza, sin
desprendérselo aun cuando se encuentren bajo techo y no haya riesgo
de que les entre una chispa de sereno. No está léjos el dia en que
vayan á la Iglesia y permanezcan allí con paráguas abierto, ó con
su correspondiente caucho.
Perdónesenos estas pequeñas observaciones, las cuales continua
remos en ocasion mas oportuna, no con ánimo de criticar la moda,
cono hemos dicho ya, sino para hacer notar que ésta debe aceptarse
de una manera mas conveniente y propia, procurando alejarse del
ridículó y de la extravagancia.