CARTAS
AL REDACTOR DE "EL COMERCIO."
I
Señor Redactor.
No recuerdo por qué incidente hablábamos una vez los dos acerca
de la SANCION MORAL, de esa expresion mágica que como las palabras
libertad, inocencia. y honradez están en la boca de todos, se
acomodan á cualquira cituacion y aun se invocan al ejecutar el mas
horroroso crírnen; que fascinan y seducen, pero que rara vez van
acompañadas del hecho que representan, y mucho ménos, nacen de un
corazon puro, noble y generoso; que sirven de lujosa careta al
vicio y al traves de su brillo seductor, el ojo mas perpicaz no
alcanza á percibir el hondo abismo del error y rara vez descubre la
repugnante y descarnada figura del delito.
Bien pues: mortificado no há mucho por la idea de no hallar sobre
que pudiera versar esta carta, me acordé de la conversacion que
hace algun tiempo sosteniamos Mr. Birchel y yo acerca de la
preponderancia de la nacion inglesa sobre los demas paises; de su
inmensa riqueza, de su ilustracion, de su crédito, y mas que todo,
de su adelanto moral é intelectual; y con ese aplomo y seriedad con
que todo inglés expresa sus ideas, me decia; "Toda esa gloria que
usted ve lucir en mi pais, y esa prosperidad que tanto envidia para
el suyo, son debidas en gran parte á la estricta rigidez con que
allí se practica la sancion moral, á que el castigo de ésta es allí
mas severo contra el culpable, que la pena impuesta por una ley
cuyo círculo de accion es infinitamente mas estrecho que el de
aquella, y nunca alcanza con el látigo á donde la sancion penetra
con la luz."
Mucha debió de ser la atencion con que yo oí á aquel amigo, cuando
sus palabras se me grabaron de una manera indeleble en la
imaginacion, y mas tarde, dicho pensamiento me ha servido como base
de solucion á todo problema social; de manera que, he concluido por
atribuir el engrandecimiento ó caida de todos los pueblos al
respeto ó irrespeto con que sea venerada la sancion moral.
Sí, porque cuando el hombre observa que la sociedad no reserva
estímulo de ninguna especie para aquel que ha pasado los mejores
años de su vida entregado al trabajo, que practica la virtud en su
mas amplia expresion, que es fino, culto y de una conducta
irreprensible; y luego ve que el hombre palurdo, reconcentrado,
avaro, pérfido y haragan obtiene la misma aceptacion, el mismo
grado de aprecio y los mismos honores á que se ha hecho acreedor el
ciudadano digno, tiene que desalentarse al principio no mas de esa
série de sacrificios, porque tiene que pasar todo el que estime en
alto grado la moral y el cultivo de aquellos sentimientos que
enaltecen el corazon y elevan el espíritu; su alma se abate y toda
aspiracion á un puesto culminante desaparece en él; el ardiente
deseo de ver ceñida su frente con la guirnalda que en otros paises
se reserva á la inteligencia y á la virtud se apaga; y de entónces
para adelante retrocede y se espanta ante la perspectiva de una
vida agitada y laboriosa, sin recompensa, sin estímulo y sin mas
aliciente que el de verse confundido con otros séres degradados.
Entónces, si en su corazon no se ha apagado totalmente esa chispa
de virtud ingénita en nuestra existencia, se retira á vivir para sí
y únicamente para sí, temeroso de ir á aspirar el aliento impuro y
mefítico de una sociedad indolente y poco escrupulosa en la
eleccion de los miembros que han de formarla y darle vida.
Horrible situacion es ésta para una nacion, su progreso será
demasiado lento, la cultura dejará de ser la reina que presida toda
reunion, la honradez no será la norma ó pauta de conducta para los
empleados públicos, y el incienso que se ofrezca en holocausto al
Creador, no será quemado sobre las aras de la caridad.
Horrible situacion! repito, y á la verdad, que no puede ser otra;
pues un hombre corrompido que, corno esposo no reconoce la
fidelidad en el matrimonio, que es cruel para con su mujer,
indolente para con sus hijos, inconsecuente para con sus amigos,
traidor para con su patria, si encuentra siempre abiertos los
salones de la sociedad mas escogida, á su disposicion los puestos
públicos y le es fácil estrechar la mano de los hombres notables y
entrar en relaciones con las señoras, ese hombre, digo, nunca se
cuidará de mejorar su conducta, siempre continuará por esa
pendiente resbaladiza de los vicios, porque no teniendo un freno,
un obstáculo que lo detenga en sus demasías y purifique el corazon,
mas fácil le será darle rienda suelta á su carácter libertino, que
encarrilar su conducta por la estrecha senda de la virtud.
Y qué puede esperarse de una sociedad que no sabe aislar de su seno
al criminal, vicioso ó montaraz, valiéndose del desprecio, como el
mas seguro correctivo?
Nada, absolutamente nada; su porvenir será poco halagüeño, la
administracion de los negocios públicos estará siempre á cargo de
personas pervertidas; y hasta el tribunal de la conciencia será
ocupado por sacerdotes poco dignos; las rentas públicas serán
manejadas por manos no muy puras; y no encontrando el gobierno el
fundamento sólido de la moral sobre que apoyarse, las guerras
fratricidas serán el eterno patrimonio de esa sociedad, y la
anarquía la única enseña del poder.
Esto es incuestionable, y estoy seguro de no equivocarme, al creer
que usted será del mismo parecer, y tanto que, en bien del progreso
y de la dignidad de nuestro pais, habrá siempre deseado ver ú
observar en el pueblo y en los primeros magistrados la suficiente
fuerza de carácter para negar toda ingerencia en la marcha política
de la nacion á aquellos hombres que la sancion ha designado como
malversadores de los caudales públicos, á los que prostítuyen la
sagrada mision del legista, convirtiendo la curul de la justicia en
el foco de intrigas miserables y en una mina para esplotar
fácilmente al pueblo, á los que encargados de la administracion
pública, olvidan el Código fundamental de la legislacion, y adoptan
como norma de su conducta el capricho y la arbitraried.
Usted comprenderá que yo no localizo mis observaciones al Estado de
Santander, donde me vanaglorío haber nacido, y donde como en algun
otro Estado, preciso es confesarlo, algo se ha hecho en beneficio
de la moral y de la correccion de las costumbres; este juicio se
extiende tal vez mas allá de nuestra nacion.
No obstante esto, en nuestro pais se encuentran tales defectos en
la organizacion de la sociedad, algunas costumbres de tan mal
carácter, que nos alejan á muchos grados de la prosperidad y
grandeza á que se encuentran otras naciones ; y por qué se ha de
decir otra cosa, si los hechos son claros, y nos exiben tales como
somos con nuestros defectos y nuestras virtudes.
Y no se arguya el que hay lugares en los que aun subsisten las
costumbres patriarcales porque estos no son muchos, y si no
recuerde usted lo que pasa en varias poblaciones en las que le ha
tocado vivir.
Supongo que no habrá dejado de observar en muchas de las lucidas
reuniones á que haya concurrido, cómo suelen deslizarse, y aun ser
invitados á éstas, algunos hombres de costumbres licenciosas, de
modales groseros de una conversacion impúdica y vulgar, que
extraños á los mas triviales toques de la cultura, forman el inri
de la cortesanía; muchos de los cuales profesan una adoracion
ferviente al Dios Baco, buscan la fortuna en medio de los garitos y
acaban de obsequiar á una meretriz para ir luego á estrechar la
mano de una señorita inocente, pura y candorosa!!
Ah! ya me figuro cómo se habrá impresionado al verse mezclado con
semejante clase de gente, y sobre todo, al notar que á tales
sugetos se les rinden los mismos cumplimientos, las mismas
atenciones á que se han hecho acreedores los hombres de una
conducta irreprensible, de un trato fino y esmerado, y cuyos
honrosos precedentes constituyen el mejor timbre de su vida.
Cómo no habrá usted dejado de clamar porque una señorita en nombre
del recato y de su dignidad lance el grito de alarma, ó bien dé su
merecido pasaporte á cualesquiera de esos lechuguinos ó pisaverdes
que tanto pululan en medio de dichas reuniones.
Bien persuadido estoy de que, si á tales personas se les negara no
solo la mano sino tambien el saludo, tratarian de mejorarse,
adquiririan buenas maneras, estudiarian un poco para dar amenidad á
su lenguaje, se alejarian de los lupanares, y procurarian arrancar
de su corazon esos instintos, esos hábitos que han sido la sentina
de la degradacion en que se ha sumido gran parte de la especie
humana.
No hay una persona de medianos conocimientos, que no comprenda muy
bien que el aislamiento es el castigo mas severo que se ha podido
inventar para penar y corregir al culpable. Bien pues: y por qué no
aplicarlo en lo moral para aquellas acciones á que el influjo de la
ley nunca puede alcanzar? por qué no llevar la sancion de aquella á
aquel punto donde la mirada del Juez tiene que apagarse y perder su
benéfico poder?
Fácil es de concebir cuántos no serian los brillantes resultados
que la sociedad reportara con este sistema. La sociabilidad es una
de las leyes impuestas por el Eterno á todo sér humano, éste es uno
de sus instintos mas fuertemente desarrollados; pero todavía hay
otro visiblemente revelado por la especie racional, y es el de
buscar como círculo de asociacion aquella clase de la sociedad
donde el brillo de la riqueza, del buen gusto, el talento, la
belleza y mil elementos mas contribuyen á porfía para extasiar el
espíritu y engolfar el corazon en infinitas emociones de placer. Á
esta clase escogida es á donde ambicionan concurrir todos los
hombres, por mas depravados y corrompidos que ellos sean, por mas
funestos que sean los vicios á que se vean encadenados. Y cómo no
habria de lastimarse su corazon profundamente al verse rechazados
de un salon brillante, por no haber llegado allí con el alma
purificada y las condiciones de un hombie culto, al ver que sus
amigos esquivaban su trato y que se alejaban de ellos como se huye
del contagio? Entónces retrocederian confundidos y avergonzados,
heridos en lo mas delicado de su sensibilidad ; pero con la firme
resolucion de mejorar su conducta, suavizar sus costumbres y romper
en mil fragmentos la cadena que los llevaba unidos al poste de la
degradacion.
Adios, señor Redactor, deseo á usted mil felicidades, y sobre todo,
un poco de reposo, pues ya lo supongo hastiado con la lectura de mi
carta.
1864.
II.
Señor Redactor.
Á riesgo de que algun tuno ó chisgarabís me diera el burlesco
apodo de mentor, ó de que algun otro me obsequiara con la mas
gratuita odiosidad, le hablé á usted en mi anterior acerca de la
sancion moral con la franqueza y sinceridad que me son
características, sin temor de herir susceptibilidades, y ménos aun,
de encontrarme repentinamente con la personificacion de alguno de
los pocos caractéres diseñados á la brocha gorda en ese mi
borrajeado cuadro. Por consiguiente, en nada me arrepiento de lo
dicho, y si mis epístolas tienen la desgracia de irritar alguna mal
cicatrizada herida, tanto mejor; eso será un motivo poderoso para
que el que la sufre se apresure á cortar el cáncer, en lugar de
desgarrar las carnes, con lo que apénas conseguirá empeorar su
situacion.
Hecha esta ligera explicacion, me tiene usted recalcando sobre el
mismo asunto que me sirvió de tema en mi carta anterior.
Decia yo en el año do 1858, en un artículo que tuvo el honor de ser
acogido por no sé que periódico, lo siguiente:
"Hasta hoy la imprenta no ha hecho mas que tocar á la sociedad en
la superficie sin atreverse á penetrar al corazon. Y parece ha
llegado el tiempo de publicar los vicios y hechos vergonzosos de
los individuos, porque es necesario que la sancion moral descargue
su fallo contra las personas para quienes la sancion legal viene á
ser de ningun efecto y enteramente eludible. Ha llegado el tiempo
de que nos conozcamos mútuamente, y de que el honor y la reputacion
se averigüen por los hechos, por las intenciones, por la vida
pública y privada de los individuos, y no por las
apariencias."
Y créame, señor Redactor, que, miéntras mas me he dado á
reflexionar sobre este asunto, mas me he convencido de la voracidad
de mi asercion.
Indudablemente, la publicidad es el elemento mas poderoso con que
puede contar la sancion moral para hacerse sentir en cualesquiera
situacion y lugar, el vehículo mas seguro de que pueda valerse para
morigerar las costumbres y arrancar de raiz los malos hábitos de un
pueblo. Esta es una verdad reconocida que nadie puede remitir á
duda. Pero hasta ahora, preciso es confesarlo, la imprenta se ha
separado un tanto de su importante mision; ella ha servido un poco
á las ciencias y á las artes; pero mas aun, ha sido el funesto
instrumento con que los partidos se han despedazado, la bocina de
pasiones enconadas y un elemento peligroso que los fanáticos
políticos y religiosos han manejado diestramente para ensuciar la
divina fuente de la justicia, alejar la luz de la razon, encadenar
al espíritu y condenar al pueblo sencillo y creido á una vida
pasiva y abatida.
Muy pocas veces ha recibido la sociedad de la imprenta esa
enseñanza suave, amena, ilustrada y filosófica; y si alguna vez se
ha iniciado en esta carrera como el brillante faro de la
civilizacion proclamando la verdad y la emancipacion del espíritu,
el destemplado grito de las preocupaciones la ha hecho
enmudecer.
La fotografía social tiene muy poco que agradecerle; pues los
retratos que de sus prensas han salido, han sido trazados por el
odio ó por la lisonja; de manera que, éstos han venido siendo la
encarnacion de la impostura con que siempre se ha estado engañando
á la sociedad.
Y tanto se ha viciado el mundo bajo este respecto, que es muy raro
el periódico cuyas columnas contengan otra cosa que el botafuego
incendiario de disensiones personales y de luchas encarnizadas y
temerarias por cuestiones baladíes, o elogios inmerecidos dictados
por la mas descarada adulacion.
Este es el alimento que la mayor parte de los periódicos, con muy
raras excepciones, ofrecen á sus numerosos lectores. Y desgraciado
del periodista que varíe de sistema, porque el descontento de casi
todos los suscritores será su única recompensa.
Tanta así es nuestra superficialidad, que la luz nos hiere, nos
ofusca, y no evitamos medio de rehusarla apagándola en su propia
fuente!!
Todo lo que revela un estudio profundo que se escapa á los
intereses de bandería, que analiza los fenómenos físicos, morales é
intelectuales, averigua la causa del decaimiento moral y material
de la humanidad, y trata de ilustrarnos razonablemente, lo hallamos
oscuro, metafísico é insustancial!
Ha sido necesario que los pocos, que han emprendido la árdua tarea
de escribir concienzudamente en beneficio de la filosofía, de la
moral, de la religion, estén dotados de una firmeza de carácter,
una elevacion de espíritu, una fe ciega y una constancia y
resignacion que traspasan los límites del heroismo.
Pero yo me he separado de mi objeto principal ; habia comenzado por
sostener que: "la imprenta no ha tocado á la sociedad sino en su
superficie, sin llegar á penetrar al corazon." Y esta es la
verdad.
Yo creo que la imprenta no debiera ser otra cosa que el brillante
espejo donde hubieran de reflejarse todos los séres sociales de una
manera inequívoca con sus pasiones, sus vicios, su carácter
especial, su modo de vivir; de manera que, una vez hallado el
hombre no hubiera mas que consultar en las publicaciones de la
imprenta su retrato, para juzgar de él, ofrecerle una mano amiga, ó
mantenerse á una prudente distancia ; hacerlo partícipe de los
negocios públicos, ó alejarlo de esos puestos á que solo la
honradez y la inteligencia tienen derecho.
La publicidad de todo acto inmoral con sus verdaderos coloridos,
seria el mejor correctivo, y entónces la sancion moral extenderia
de tal manera el círculo de su accion que, aun los hechos mas
insignificantes no podran escaparse á su benéfica influencia. Todos
nos conoceríamos, y muy difícil seria engañarnos en nuestras mútuas
apreciaciones.
Creen algunos que la vida privada debe ser inviolable para el
escritor; que al hombre no se le debe juzgar sino por sus actos
públicos; que el biógrafo debe detenerse en el dintel de cada casa
y mirar con cierto respeto al hogar doméstico, por mas profanado
que éste se halle, por mas inmorales que sean los actos ejecutados
en su recinto.
Y semejante error, permítaseme llamar desatino, es el obstáculo mas
insuperable con que el progreso moral ha tenido que tropezar y
donde han venido á embotarse los certeros golpes de la sancion
moral. Y es á la sombra de este mal entendido respeto que los
hechos mas escandalosos han venido á quedar impunes ante la
vindicta pública.
Nadie deja de reconocer que, precisamente en el recinto del hogar
doméstico es donde han tenido lugar aquellas escenas horrorosas,
cuya sola relacion contrista el alma, y que á veces las juzgamos
fabulosas, porque no nos atrevemos á creer que el corazon humano
haya podido llegar tal estado de perversidad, ni que el espíritu
haya descendido á semejante degradacion rompiendo así la cuerda mas
sonora de la sensibilidad humana. Sinembargo, la pluma del escritor
severo é imparcial ha guardado un profundo silencio, y los autores
de tan nefandos hechos han continuado apareciendo como séres
virtuosos, recibiendo toda clase de atenciones, gozando hasta la
saciedad aquel infinito número de placeres y deliciosas emociones
que nos brinda con frecuencia la parte mas culta y delicada de la
sociedad. Y todo esto por qué; porque la vida privada de tales
personas es un misterio, y apénas se le ha querido juzgar por meras
apariencias, porque visten cierto traje, ostentan una noble
progénie ó fascinan á los ilusos con esa prodigalidad, á que solo
la pillería ó una caja bien repleta pueden hacer frente.
Hombres hay que pernoctan constantemente en los garitos,
dilapidando su pequeño haber, despojando á su esposa y á sus hijos
de esa fortuna con que podrian haber hecho la felicidad de toda una
familia; y cuando ya la inopia toca á sus puertas, les es fácil
marchar á otro punto, donde siendo desconocidos, pueden entrar en
el manejo de los intereses de algun particular, de las rentas
públicas, ó bien, entrampar á todo el mundo y vivir así de lo
ajeno, sin poder ó querer buscar su subsistencia al amparo de
ninguna profesion honrosa y lucrativa; todo esto porque su nombre
no ha sido inscrito en la larga lista de los tahures de
profesion.
Algunos convierten su casa en una bodega, entregándose con
febriscitante delirio al uso de toda clase de licores, ó bien hacen
de las tiendas y las fondas su residencia favorita, presentando
allí en holocausto ante las aras de Baco su salud, su inteligencia
y el escaso fruto de su trabajo; sinembargo, la publicidad de sus
vicios no ha pasado por el crisol de la imprenta, seguramente por
el respeto QUE SE DEBE la vida privada......
El hombre tramposo recorre los talleres, donde se viste, si le
place, como un adónis, ó si especula mas engrande toca con las
principales casas de comercio de donde toma efectos que nunca paga
por mas precisos que sean los plazos y exquisitas las diligencias
de sus acreedores; apesar de esto, aun cuando muchos comerciantes
de gran respetabilidad han quebrado á causa de la mala fe de este
infinito número de especuladores, todavía no se ha visto que una
sola casa de comercio exhiba por medio de la imprenta el minucioso
registro de los compradores que han cubierto con escrupulosidad el
saldo de sus cuentas el dia y hora convenidos, quiénes han sido
morosos, y por último, aquellos cuyas cuentas han tenido que
pasarse en los libros á la seccion de pérdidas y ganancias.
El marido puede ser para con su esposa un cruel verdugo que la
martiriza sin cesar con su trato brusco, su carácter irritable, su
miseria y su indolencia; y la mujer puede hasta llegar á pervertir
sus propios hijos con su conducta relajada, profanar el tálamo
nupcial y dejar de cumplir todos aquellos deberes impuestos por la
naturaleza á su sexo; y con todo, la sociedad se inclina
respetuosamente ante tales hombres y ante tales mujeres, porque una
casaca de fino paño y el vistoso camison de crugiente seda son el
mas seguro antifaz con que puede escudarse el corazon dañado por
los vicios; y la prensa enmudece sin atreverse á desgarrar aquellas
caretas por el respeto que dizque se merece la vida privada. Fatal
error, mil veces fatal, á cuyo amparo la desmoralizacion ha ido
propagándose de una manera boyante desde los primitivos
tiempos!
Pocos han llegado á convencerse de que la vida pública es el
reflejo de la privada; pues, si por algun tiempo el hombre ha
podido engañar á la sociedad con las mentidas apariencias de una
conducta ajustada, cuando sus aspiraciones se han llenado, cuando
él ha podido tocar con mano firme y segura el objeto de sus deseos
ó el puesto que ardientemente ambicionaba, entónces despedaza como
inútil el sayal de la gazmoñería que habia vestido; y no pudiendo
avenirse con las costumbres del hombre bien educado, ni hallándose
nutrido su corazon con las virtudes que requieren la vida política
y social, rompe los vínculos del deber, dá rienda suelta á sus
feroces inclinaciones y despojándose del falso brillo aparece tal
cual es, con su verdadero carácter ; y entónces...... ay del pueblo
que le haya confiado la direccion de sus destinos; desventurada la
mujer que haya unido su suerte á él; pobre del que le tendió una
mano amiga; infortunado de aquel que, seducido por las apariencias
de un ángel ha entregado su corazon al capricho de una pantera;
todos clamarán, pero en vano; su horizonte tapizado de fragantes
flores se ha convertido en un solitario yermo; el mal está ya
hecho; la nube del desengaño ha ido á eclipsar la rutilante
estrella de su vida. Y, la tiranía, la perfidia y la traicion serán
los mónstruos que irán á desgarrar las entrañas y hacer apurar la
copa del dolor al pueblo, á la mujer, al amigo y al esposo, que
incautos no supieron estudiar al ídolo de su ensueño en su vida
privada, que no penetraron á su corazon, y sin averiguar
cuidadosamente sus antecedentes se entregaron á su dominio. Las
lágrimas y la desesperacion serán el patrimonio de su imprudencia,
y muy pocos podrán arrancar la carlanca del tormento á que se han
unido sin un esfuerzo supremo en el que muchos suelen
perecer......
Ante semejante mal de terribles consecuencias, la sociedad está en
el imperioso deber de examinar y delatar ante la luz pública todos
los actos de alguna significacion, el carácter especial, el grado
de elevacion ó de bajeza, de ilustracion ó de ignorancia de cada
uno de los coasociados que aspiran á un elevado puesto en el mundo
político y social.
Tiempo llegará, señor Redactor, no lo dudo, en que se aplicará este
sistema, como el medio mas eficaz, para que la virtud pueda
exhibirse en toda su brillantez; que cada uno se apresurará á
mejorar su vida para no dejar percibir una mancha en el período de
su existencia, y nadie temerá que las miradas del público penetren
hasta el último recinto de su casa.
Por el momento creo que no faltarán muchos que vean en este oficio
de fiscalizacion una amenaza constante á la tranquilidad pública y
el alarmante engendro de mil discusiones domésticas; y el espanto
llegará á su colmo cuando la pluma de algun maldiciente trate de
herir la bien sentada reputacion de alguna familia honrada; pero
bien pronto se convencerán que el arma gastada de la calumnia tiene
que embotarse ante la luz de la verdad; y que no basta el simple
denuncio para que alguna persona pierda su posicion.
Ninguno temerá entónces, que algun escritor ó cronista apasionado,
lance la calumnia como una arma envenenada, contra el buen crédito
de que álguien goce en la sociedad, porque el tiro tendrá que
estrellarse ante el juicio recto é imparcial que el público haya
formado en su escrupulosa observacion de la vida pública y privada
de tal individuo ó de tal ó cual familia.
III.
Señor Redactor.
Sigo mi tarea.
Hay una idea coetánea con la organizacion de la sociedad. Idea que
ha subsistido en la mente durante toda situacion, y que ninguna
vicisitud ó trastorno moral ó político la han podido borrar en un
todo. Esto debido á que la necesidad que la produce existe y se
halla vigente siempre, haciéndose sentir á medida que las
generaciones van sucediéndose; de manera que la que precede,
refleja hasta cierto punto, los hábitos, costumbres y progreso en
la que le sigue. De otro modo, la civilizacion se habria detenido
ante sociedades que nada, nada bueno hubieran recibido de aquellas
á que han sucedido.
Bien comprenderá, señor Redactor, que quiero hacer alusion al
interes con que todas las naciones se han propuesto educar su
juventud, valiéndose para ello de los medios que han creido mas
adecuados, desechando algunos ramos, adoptando otros, buscando, tal
vez, la luz fuera de su foco, ó penetrando directamente á la fuente
de la verdad.
Cuales hayan sido los diferentes sistemas de enseñanza adoptados
desde há muchos siglos, y cuales los resultados que haya ofrecido
cada uno á los paises donde ha sido adoptado, hé aquí un trabajo
bien sério para cuya perfeccion se necesitaria el estudio de la
etnogenia humana.
Los salvajes, en su mayor parte, limitaban la enseñanza de sus
hijos al manejo del arco, inculcándoles al mismo tiempo algunas
creencias vulgares y supersticiosas; los antiguos griegos y los
romanos daban su preferencia al estudio del arte militar y al
desarrollo de la fuerza física; los españoles miran aún con desden
todo lo que se escape del ascetismo personificado en sus
innumerables conventos; los ingleses, por el contrario, comenzando
por la formacion del corazon, dan luego sobre una base tan segura,
un sólido desarrollo á la inteligencia, y por eso se han
singularizado tanto por la firmeza de su carácter, su constancia.en
la prosecucion de cuanta obra emprenden, la fuerza irresistible en
su argumentacion, el nervio, el peso que envuelven en sí todos sus
trabajos mentales. Es á esta clase de educacion á lo que ellos
deben la estabilidad de sus instituciones, la pureza de sus
costumbres, su riqueza, su poder y esa honradez y puntualidad que
reinan en la mayor parte de sus actos.
Tómese, pues, esta nacion como modelo; en ella vemos demostrado el
mas elocuente testimonio de la bondad del sistema de enseñanza tan
preconizado por los primeros filósofos del mundo desde Jesucristo
hasta Rousseau.
Yo no negaré que otras naciones fuera de Inglaterra han tenido
hombres demasiado célebres por la rigidez de sus costumbres y lo
sobresaliente de su instruccion. Sí señor, los ha habido hasta
entre los salvajes; mas desgraciadamente, por lo mismo que han sido
muy raros es que han llegado á ser celebridades y hasta mártires en
cada una de esas naciones, por haber trabajado con ahinco por el
progreso moral é intelectual de un pueblo servil, ignorante y
preocupado.
Tambien han tenido dichos paises sus épocas de gloria y esplendor,
pero estas ráfagas de luz han pasado como el relámpago. Detras de
sus tempestades de sangre no ha quedado mas que la desolacion;
pocos de ellos han podido variar su modo de ser con sus frecuentes
revoluciones, porque pocas de estas revoluciones han representado
la encarnacion de un principio, de una idea sublime.
Todo mundo sabe que, del mas ó ménos grado de educacion de un
pueblo nace el mayor ó menor número de crímenes, la depuracion ó la
relajacion de sus costumbres. Tomemos cualquier pais para hacer una
leve comparacion; sea el Austria, por ejemplo: "aquí el cuadro del
vicio y de la depravacion se presenta aun mas sombrío y
desconsolador que en ninguna otra de las naciones europeas; y
parece que la desmoralizacion de este imperio, que ostenta el
pomposo título de cristiano, va siendo cada dia tan monstruosa, que
amenaza sériamente concluir con todo principio de lealtad y pureza
allí." Examinemos por un momento los cuadros estadísticos
presentados anualmente por el Die Direction der Administrativen
Statistik: En el año de 1849 el total de nacimientos legítimos fué
de 8,841, y el de ilegítimos de ¡10,360! Con razon exclama admirado
el científico Seymor que, "semejante cuadro es fabuloso, ó el
Austria ha llegado al último grado de desmoralizacion." No ménos
escandaloso es el cuadro de su estadística criminal: segun el
último censo su poblacion alcanza á 36.514,466 individuos, y el
total de homicidios no mas, alcanza anualmente á 1,326 ! es decir,
36 crímenes de los mas alarmantes por cada millon de poblacion. Y
todo esto, cuando Inglaterra con una poblacion de 17.927,609
habitantes, solo presenta en sus registros del crímen 6 homicidios
por cada millon de almas, y en la ciudad de Lóndres apénas alcanzan
los nacimientos ilegítimos un 3 por ciento, y segun Seymour á un 4
por ciento. "Semejante cosa sucede en una ciudad que por su
riqueza, su comercio y lo acomodado de su nobleza, debiera
presentar mil halagos de seduccion á la mujer." Bien es cierto que,
si Lóndres es la poblacion mas rica, tambien es la mejor educada. Y
adviértase que lo que digo de Inglaterra, lo digo igualmente de los
Estados Unidos, y de tal cual otra poblacion de Francia, Alemania y
Suiza.
Por mas que me he propuesto averiguar la causa del empuje y
prodigioso adelanto de aquellas naciones, sobre otras que cuentan
con un clima mas suave, un suelo mas fértil, ricas minas y una
ventajosa posicion, no he podido atribuirlo á otra cosa que á la
clase de educacion que en aquellas ha recibido el pueblo, á los
hábitos de trabajo y sentimientos de exquisita moralidad que de
años atras se han tratado de inculcar en el corazon de la
juventud.
Bien, pues: hoy que el espíritu por la instruccion ha tomado mas
vuelo que nunca; que es el punto cardinal á que convergen casi
todas las aspiraciones de la sociedad, ha llegado el caso de que se
adopte el mejor sistema de enseñanza, de que se consulte con esmero
el modo de ser de cada pais, para deducir de esto el estilo mas
adecuado, para formar la generacion que se levanta; y á tan noble
tarea, creo, señor Redactor, debe excitarse la pluma de los hombres
mas pensadores é ilustrados de la Union colombiana. La época y el
campo no pueden ser mas preciosos: gozamos, á Dios gracias, de una
paz á cuyo benéfico amparo se podrán obtener opimos resultados; una
generacion compuesta de una numerosa juventud, se levanta
reclamando un rayo de luz que le indique la nocion del bien y del
mal, y nutra su imaginacion con los conocimientos mas importantes
en las ciencias y artes. Que para un campo tan fértil y apropósito
se busque la semilla mas sana tomada del fruto verdaderamente
nutritivo, y entónces sí podremos augurar para los que nos sucedan
un porvenir risueño, se habrá consolidado la autonomía de nuestro
pais y hecho desaparecer de nuestro suelo esas turbulencias de
cuartel que tanto han azotado las repúblicas de orígen
español.
El reino de la espada quedará sometido al imperio de la
razon.
Mas, para que la obra sea completa, es necesario no descuidar la
educacion de la mujer; nada, nada importante habremos hecho
miéntras que esos séres que constituyen, por decirlo así, el gérmen
de la sociedad, el centro y eje moviente de la familia, no hayan
recibido el grado de civilizacion que deben reflejar sobre sus
hijos.
Una madre ignorante, aunque virtuosa por instinto, nunca podrá
educar á su hijo y mucho ménos librarle de los infinitos riesgos
que rodean la juventud; pues mal puede ella encaminarlo rectamente
por la senda del deber, cuando no tiene medios ni los elementos
necesarios para demostrarle y convencerle de ser ésta la vía
indicada por la moral á todo sér racional; lecciones de esta
naturaleza tienen que llevar la conviccion al corazon, si es que se
quiere grabarlas indeleblemente en la imaginacion del niño, y el
buen éxito de esta tarea no podrá alcanzarlo, quien tan solo ha
sido movido hácia el bien por esa tendencia ó inclinacion natural
que determina expontáneamente las acciones del individuo.
Cómo podrá un horticultor recoger de sus árboles un fruto suculento
si aquellos carecen de la savia regeneradora por falta de cultivo?
Los árboles que él no ha sabido podar carecerán de vigor y lozanía,
y las simientes que le ofrezcan llevarán en sí el daño de la planta
generatriz.
Así pues, yo no sé cómo queremos que los jóvenes se exhiban en la
sociedad con aquellos modales, aquellas maneras finas y elegantes
que caracterizan á un hombre ó á una mujer verdaderamente civil, si
hemos negado á la madre los medios de que pudiera valerse para
educar á sus hijos. Y adviértase que hay cierta clase de enseñanza
propia, única y exclusivamente del hogar doméstico, la que una vez
descuidada allí, se hace muy difícil de dar en los colegios á
jóvenes de avanzada edad.
Adquiriendo la mujer alguna instruccion en los principales ramos de
educacion, tendremos entónces un Colegio en cada casa. Y qué clase
de conocimientos tan sólidos no se adquirirán entónces, sin pasar
por los infinitos sinsabores y privaciones á que tiene que verse
expuesto todo jóven léjos de su hogar paterno! Si en la imaginacion
del hombre se conserva de una manera tan viva el recuerdo de las
sonrisas y dulces expresiones con que su madre lo acariciaba en la
edad infantil, ¡ cómo no llegarán á ser para un hijo imborrables
los consejos filosóficos é instructivos, las lecciones de amena
enseñanza que ella tratará de inculcar en su corazon!
Bien sé que nada nuevo digo; desde Rousseau para acá no ha habido
tal vez, un solo año en que no se haya proclamado esta verdad; y
nunca dejará de expresarse hasta que la sociedad, á mas de
convencida, la adopte y sancione como principio cardinal de su modo
de ser político y social.
1864.