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CARTAS

 

AL REDACTOR DE "EL COMERCIO."

 

I

 

Señor Redactor.

No recuerdo por qué incidente hablábamos una vez los dos acerca de la SANCION MORAL, de esa expresion mágica que como las palabras libertad, inocencia. y honradez están en la boca de todos, se acomodan á cualquira cituacion y aun se invocan al ejecutar el mas horroroso crírnen; que fascinan y seducen, pero que rara vez van acompañadas del hecho que representan, y mucho ménos, nacen de un corazon puro, noble y generoso; que sirven de lujosa careta al vicio y al traves de su brillo seductor, el ojo mas perpicaz no alcanza á percibir el hondo abismo del error y rara vez descubre la repugnante y descarnada figura del delito.
Bien pues: mortificado no há mucho por la idea de no hallar sobre que pudiera versar esta carta, me acordé de la conversacion que hace algun tiempo sosteniamos Mr. Birchel y yo acerca de la preponderancia de la nacion inglesa sobre los demas paises; de su inmensa riqueza, de su ilustracion, de su crédito, y mas que todo, de su adelanto moral é intelectual; y con ese aplomo y seriedad con que todo inglés expresa sus ideas, me decia; "Toda esa gloria que usted ve lucir en mi pais, y esa prosperidad que tanto envidia para el suyo, son debidas en gran parte á la estricta rigidez con que allí se practica la sancion moral, á que el castigo de ésta es allí mas severo contra el culpable, que la pena impuesta por una ley cuyo círculo de accion es infinitamente mas estrecho que el de aquella, y nunca alcanza con el látigo á donde la sancion penetra con la luz."
Mucha debió de ser la atencion con que yo oí á aquel amigo, cuando sus palabras se me grabaron de una manera indeleble en la imaginacion, y mas tarde, dicho pensamiento me ha servido como base de solucion á todo problema social; de manera que, he concluido por atribuir el engrandecimiento ó caida de todos los pueblos al respeto ó irrespeto con que sea venerada la sancion moral.
Sí, porque cuando el hombre observa que la sociedad no reserva estímulo de ninguna especie para aquel que ha pasado los mejores años de su vida entregado al trabajo, que practica la virtud en su mas amplia expresion, que es fino, culto y de una conducta irreprensible; y luego ve que el hombre palurdo, reconcentrado, avaro, pérfido y haragan obtiene la misma aceptacion, el mismo grado de aprecio y los mismos honores á que se ha hecho acreedor el ciudadano digno, tiene que desalentarse al principio no mas de esa série de sacrificios, porque tiene que pasar todo el que estime en alto grado la moral y el cultivo de aquellos sentimientos que enaltecen el corazon y elevan el espíritu; su alma se abate y toda aspiracion á un puesto culminante desaparece en él; el ardiente deseo de ver ceñida su frente con la guirnalda que en otros paises se reserva á la inteligencia y á la virtud se apaga; y de entónces para adelante retrocede y se espanta ante la perspectiva de una vida agitada y laboriosa, sin recompensa, sin estímulo y sin mas aliciente que el de verse confundido con otros séres degradados. Entónces, si en su corazon no se ha apagado totalmente esa chispa de virtud ingénita en nuestra existencia, se retira á vivir para sí y únicamente para sí, temeroso de ir á aspirar el aliento impuro y mefítico de una sociedad indolente y poco escrupulosa en la eleccion de los miembros que han de formarla y darle vida.
Horrible situacion es ésta para una nacion, su progreso será demasiado lento, la cultura dejará de ser la reina que presida toda reunion, la honradez no será la norma ó pauta de conducta para los empleados públicos, y el incienso que se ofrezca en holocausto al Creador, no será quemado sobre las aras de la caridad.
Horrible situacion! repito, y á la verdad, que no puede ser otra; pues un hombre corrompido que, corno esposo no reconoce la fidelidad en el matrimonio, que es cruel para con su mujer, indolente para con sus hijos, inconsecuente para con sus amigos, traidor para con su patria, si encuentra siempre abiertos los salones de la sociedad mas escogida, á su disposicion los puestos públicos y le es fácil estrechar la mano de los hombres notables y entrar en relaciones con las señoras, ese hombre, digo, nunca se cuidará de mejorar su conducta, siempre continuará por esa pendiente resbaladiza de los vicios, porque no teniendo un freno, un obstáculo que lo detenga en sus demasías y purifique el corazon, mas fácil le será darle rienda suelta á su carácter libertino, que encarrilar su conducta por la estrecha senda de la virtud.
Y qué puede esperarse de una sociedad que no sabe aislar de su seno al criminal, vicioso ó montaraz, valiéndose del desprecio, como el mas seguro correctivo?
Nada, absolutamente nada; su porvenir será poco halagüeño, la administracion de los negocios públicos estará siempre á cargo de personas pervertidas; y hasta el tribunal de la conciencia será ocupado por sacerdotes poco dignos; las rentas públicas serán manejadas por manos no muy puras; y no encontrando el gobierno el fundamento sólido de la moral sobre que apoyarse, las guerras fratricidas serán el eterno patrimonio de esa sociedad, y la anarquía la única enseña del poder.
Esto es incuestionable, y estoy seguro de no equivocarme, al creer que usted será del mismo parecer, y tanto que, en bien del progreso y de la dignidad de nuestro pais, habrá siempre deseado ver ú observar en el pueblo y en los primeros magistrados la suficiente fuerza de carácter para negar toda ingerencia en la marcha política de la nacion á aquellos hombres que la sancion ha designado como malversadores de los caudales públicos, á los que prostítuyen la sagrada mision del legista, convirtiendo la curul de la justicia en el foco de intrigas miserables y en una mina para esplotar fácilmente al pueblo, á los que encargados de la administracion pública, olvidan el Código fundamental de la legislacion, y adoptan como norma de su conducta el capricho y la arbitraried.
Usted comprenderá que yo no localizo mis observaciones al Estado de Santander, donde me vanaglorío haber nacido, y donde como en algun otro Estado, preciso es confesarlo, algo se ha hecho en beneficio de la moral y de la correccion de las costumbres; este juicio se extiende tal vez mas allá de nuestra nacion.
No obstante esto, en nuestro pais se encuentran tales defectos en la organizacion de la sociedad, algunas costumbres de tan mal carácter, que nos alejan á muchos grados de la prosperidad y grandeza á que se encuentran otras naciones ; y por qué se ha de decir otra cosa, si los hechos son claros, y nos exiben tales como somos con nuestros defectos y nuestras virtudes.
Y no se arguya el que hay lugares en los que aun subsisten las costumbres patriarcales porque estos no son muchos, y si no recuerde usted lo que pasa en varias poblaciones en las que le ha tocado vivir.
Supongo que no habrá dejado de observar en muchas de las lucidas reuniones á que haya concurrido, cómo suelen deslizarse, y aun ser invitados á éstas, algunos hombres de costumbres licenciosas, de modales groseros de una conversacion impúdica y vulgar, que extraños á los mas triviales toques de la cultura, forman el inri de la cortesanía; muchos de los cuales profesan una adoracion ferviente al Dios Baco, buscan la fortuna en medio de los garitos y acaban de obsequiar á una meretriz para ir luego á estrechar la mano de una señorita inocente, pura y candorosa!!
Ah! ya me figuro cómo se habrá impresionado al verse mezclado con semejante clase de gente, y sobre todo, al notar que á tales sugetos se les rinden los mismos cumplimientos, las mismas atenciones á que se han hecho acreedores los hombres de una conducta irreprensible, de un trato fino y esmerado, y cuyos honrosos precedentes constituyen el mejor timbre de su vida.
Cómo no habrá usted dejado de clamar porque una señorita en nombre del recato y de su dignidad lance el grito de alarma, ó bien dé su merecido pasaporte á cualesquiera de esos lechuguinos ó pisaverdes que tanto pululan en medio de dichas reuniones.
Bien persuadido estoy de que, si á tales personas se les negara no solo la mano sino tambien el saludo, tratarian de mejorarse, adquiririan buenas maneras, estudiarian un poco para dar amenidad á su lenguaje, se alejarian de los lupanares, y procurarian arrancar de su corazon esos instintos, esos hábitos que han sido la sentina de la degradacion en que se ha sumido gran parte de la especie humana.
No hay una persona de medianos conocimientos, que no comprenda muy bien que el aislamiento es el castigo mas severo que se ha podido inventar para penar y corregir al culpable. Bien pues: y por qué no aplicarlo en lo moral para aquellas acciones á que el influjo de la ley nunca puede alcanzar? por qué no llevar la sancion de aquella á aquel punto donde la mirada del Juez tiene que apagarse y perder su benéfico poder?
Fácil es de concebir cuántos no serian los brillantes resultados que la sociedad reportara con este sistema. La sociabilidad es una de las leyes impuestas por el Eterno á todo sér humano, éste es uno de sus instintos mas fuertemente desarrollados; pero todavía hay otro visiblemente revelado por la especie racional, y es el de buscar como círculo de asociacion aquella clase de la sociedad donde el brillo de la riqueza, del buen gusto, el talento, la belleza y mil elementos mas contribuyen á porfía para extasiar el espíritu y engolfar el corazon en infinitas emociones de placer. Á esta clase escogida es á donde ambicionan concurrir todos los hombres, por mas depravados y corrompidos que ellos sean, por mas funestos que sean los vicios á que se vean encadenados. Y cómo no habria de lastimarse su corazon profundamente al verse rechazados de un salon brillante, por no haber llegado allí con el alma purificada y las condiciones de un hombie culto, al ver que sus amigos esquivaban su trato y que se alejaban de ellos como se huye del contagio? Entónces retrocederian confundidos y avergonzados, heridos en lo mas delicado de su sensibilidad ; pero con la firme resolucion de mejorar su conducta, suavizar sus costumbres y romper en mil fragmentos la cadena que los llevaba unidos al poste de la degradacion.
Adios, señor Redactor, deseo á usted mil felicidades, y sobre todo, un poco de reposo, pues ya lo supongo hastiado con la lectura de mi carta.

1864.

 

II.

 

Señor Redactor.

Á riesgo de que algun tuno ó chisgarabís me diera el burlesco apodo de mentor, ó de que algun otro me obsequiara con la mas gratuita odiosidad, le hablé á usted en mi anterior acerca de la sancion moral con la franqueza y sinceridad que me son características, sin temor de herir susceptibilidades, y ménos aun, de encontrarme repentinamente con la personificacion de alguno de los pocos caractéres diseñados á la brocha gorda en ese mi borrajeado cuadro. Por consiguiente, en nada me arrepiento de lo dicho, y si mis epístolas tienen la desgracia de irritar alguna mal cicatrizada herida, tanto mejor; eso será un motivo poderoso para que el que la sufre se apresure á cortar el cáncer, en lugar de desgarrar las carnes, con lo que apénas conseguirá empeorar su situacion.
Hecha esta ligera explicacion, me tiene usted recalcando sobre el mismo asunto que me sirvió de tema en mi carta anterior.
Decia yo en el año do 1858, en un artículo que tuvo el honor de ser acogido por no sé que periódico, lo siguiente:
"Hasta hoy la imprenta no ha hecho mas que tocar á la sociedad en la superficie sin atreverse á penetrar al corazon. Y parece ha llegado el tiempo de publicar los vicios y hechos vergonzosos de los individuos, porque es necesario que la sancion moral descargue su fallo contra las personas para quienes la sancion legal viene á ser de ningun efecto y enteramente eludible. Ha llegado el tiempo de que nos conozcamos mútuamente, y de que el honor y la reputacion se averigüen por los hechos, por las intenciones, por la vida pública y privada de los individuos, y no por las apariencias."
Y créame, señor Redactor, que, miéntras mas me he dado á reflexionar sobre este asunto, mas me he convencido de la voracidad de mi asercion.
Indudablemente, la publicidad es el elemento mas poderoso con que puede contar la sancion moral para hacerse sentir en cualesquiera situacion y lugar, el vehículo mas seguro de que pueda valerse para morigerar las costumbres y arrancar de raiz los malos hábitos de un pueblo. Esta es una verdad reconocida que nadie puede remitir á duda. Pero hasta ahora, preciso es confesarlo, la imprenta se ha separado un tanto de su importante mision; ella ha servido un poco á las ciencias y á las artes; pero mas aun, ha sido el funesto instrumento con que los partidos se han despedazado, la bocina de pasiones enconadas y un elemento peligroso que los fanáticos políticos y religiosos han manejado diestramente para ensuciar la divina fuente de la justicia, alejar la luz de la razon, encadenar al espíritu y condenar al pueblo sencillo y creido á una vida pasiva y abatida.
Muy pocas veces ha recibido la sociedad de la imprenta esa enseñanza suave, amena, ilustrada y filosófica; y si alguna vez se ha iniciado en esta carrera como el brillante faro de la civilizacion proclamando la verdad y la emancipacion del espíritu, el destemplado grito de las preocupaciones la ha hecho enmudecer.
La fotografía social tiene muy poco que agradecerle; pues los retratos que de sus prensas han salido, han sido trazados por el odio ó por la lisonja; de manera que, éstos han venido siendo la encarnacion de la impostura con que siempre se ha estado engañando á la sociedad.
Y tanto se ha viciado el mundo bajo este respecto, que es muy raro el periódico cuyas columnas contengan otra cosa que el botafuego incendiario de disensiones personales y de luchas encarnizadas y temerarias por cuestiones baladíes, o elogios inmerecidos dictados por la mas descarada adulacion.
Este es el alimento que la mayor parte de los periódicos, con muy raras excepciones, ofrecen á sus numerosos lectores. Y desgraciado del periodista que varíe de sistema, porque el descontento de casi todos los suscritores será su única recompensa.
Tanta así es nuestra superficialidad, que la luz nos hiere, nos ofusca, y no evitamos medio de rehusarla apagándola en su propia fuente!!
Todo lo que revela un estudio profundo que se escapa á los intereses de bandería, que analiza los fenómenos físicos, morales é intelectuales, averigua la causa del decaimiento moral y material de la humanidad, y trata de ilustrarnos razonablemente, lo hallamos oscuro, metafísico é insustancial!
Ha sido necesario que los pocos, que han emprendido la árdua tarea de escribir concienzudamente en beneficio de la filosofía, de la moral, de la religion, estén dotados de una firmeza de carácter, una elevacion de espíritu, una fe ciega y una constancia y resignacion que traspasan los límites del heroismo.
Pero yo me he separado de mi objeto principal ; habia comenzado por sostener que: "la imprenta no ha tocado á la sociedad sino en su superficie, sin llegar á penetrar al corazon." Y esta es la verdad.
Yo creo que la imprenta no debiera ser otra cosa que el brillante espejo donde hubieran de reflejarse todos los séres sociales de una manera inequívoca con sus pasiones, sus vicios, su carácter especial, su modo de vivir; de manera que, una vez hallado el hombre no hubiera mas que consultar en las publicaciones de la imprenta su retrato, para juzgar de él, ofrecerle una mano amiga, ó mantenerse á una prudente distancia ; hacerlo partícipe de los negocios públicos, ó alejarlo de esos puestos á que solo la honradez y la inteligencia tienen derecho.
La publicidad de todo acto inmoral con sus verdaderos coloridos, seria el mejor correctivo, y entónces la sancion moral extenderia de tal manera el círculo de su accion que, aun los hechos mas insignificantes no podran escaparse á su benéfica influencia. Todos nos conoceríamos, y muy difícil seria engañarnos en nuestras mútuas apreciaciones.
Creen algunos que la vida privada debe ser inviolable para el escritor; que al hombre no se le debe juzgar sino por sus actos públicos; que el biógrafo debe detenerse en el dintel de cada casa y mirar con cierto respeto al hogar doméstico, por mas profanado que éste se halle, por mas inmorales que sean los actos ejecutados en su recinto.
Y semejante error, permítaseme llamar desatino, es el obstáculo mas insuperable con que el progreso moral ha tenido que tropezar y donde han venido á embotarse los certeros golpes de la sancion moral. Y es á la sombra de este mal entendido respeto que los hechos mas escandalosos han venido á quedar impunes ante la vindicta pública.
Nadie deja de reconocer que, precisamente en el recinto del hogar doméstico es donde han tenido lugar aquellas escenas horrorosas, cuya sola relacion contrista el alma, y que á veces las juzgamos fabulosas, porque no nos atrevemos á creer que el corazon humano haya podido llegar tal estado de perversidad, ni que el espíritu haya descendido á semejante degradacion rompiendo así la cuerda mas sonora de la sensibilidad humana. Sinembargo, la pluma del escritor severo é imparcial ha guardado un profundo silencio, y los autores de tan nefandos hechos han continuado apareciendo como séres virtuosos, recibiendo toda clase de atenciones, gozando hasta la saciedad aquel infinito número de placeres y deliciosas emociones que nos brinda con frecuencia la parte mas culta y delicada de la sociedad. Y todo esto por qué; porque la vida privada de tales personas es un misterio, y apénas se le ha querido juzgar por meras apariencias, porque visten cierto traje, ostentan una noble progénie ó fascinan á los ilusos con esa prodigalidad, á que solo la pillería ó una caja bien repleta pueden hacer frente.
Hombres hay que pernoctan constantemente en los garitos, dilapidando su pequeño haber, despojando á su esposa y á sus hijos de esa fortuna con que podrian haber hecho la felicidad de toda una familia; y cuando ya la inopia toca á sus puertas, les es fácil marchar á otro punto, donde siendo desconocidos, pueden entrar en el manejo de los intereses de algun particular, de las rentas públicas, ó bien, entrampar á todo el mundo y vivir así de lo ajeno, sin poder ó querer buscar su subsistencia al amparo de ninguna profesion honrosa y lucrativa; todo esto porque su nombre no ha sido inscrito en la larga lista de los tahures de profesion.
Algunos convierten su casa en una bodega, entregándose con febriscitante delirio al uso de toda clase de licores, ó bien hacen de las tiendas y las fondas su residencia favorita, presentando allí en holocausto ante las aras de Baco su salud, su inteligencia y el escaso fruto de su trabajo; sinembargo, la publicidad de sus vicios no ha pasado por el crisol de la imprenta, seguramente por el respeto QUE SE DEBE la vida privada......
El hombre tramposo recorre los talleres, donde se viste, si le place, como un adónis, ó si especula mas engrande toca con las principales casas de comercio de donde toma efectos que nunca paga por mas precisos que sean los plazos y exquisitas las diligencias de sus acreedores; apesar de esto, aun cuando muchos comerciantes de gran respetabilidad han quebrado á causa de la mala fe de este infinito número de especuladores, todavía no se ha visto que una sola casa de comercio exhiba por medio de la imprenta el minucioso registro de los compradores que han cubierto con escrupulosidad el saldo de sus cuentas el dia y hora convenidos, quiénes han sido morosos, y por último, aquellos cuyas cuentas han tenido que pasarse en los libros á la seccion de pérdidas y ganancias.
El marido puede ser para con su esposa un cruel verdugo que la martiriza sin cesar con su trato brusco, su carácter irritable, su miseria y su indolencia; y la mujer puede hasta llegar á pervertir sus propios hijos con su conducta relajada, profanar el tálamo nupcial y dejar de cumplir todos aquellos deberes impuestos por la naturaleza á su sexo; y con todo, la sociedad se inclina respetuosamente ante tales hombres y ante tales mujeres, porque una casaca de fino paño y el vistoso camison de crugiente seda son el mas seguro antifaz con que puede escudarse el corazon dañado por los vicios; y la prensa enmudece sin atreverse á desgarrar aquellas caretas por el respeto que dizque se merece la vida privada. Fatal error, mil veces fatal, á cuyo amparo la desmoralizacion ha ido propagándose de una manera boyante desde los primitivos tiempos!
Pocos han llegado á convencerse de que la vida pública es el reflejo de la privada; pues, si por algun tiempo el hombre ha podido engañar á la sociedad con las mentidas apariencias de una conducta ajustada, cuando sus aspiraciones se han llenado, cuando él ha podido tocar con mano firme y segura el objeto de sus deseos ó el puesto que ardientemente ambicionaba, entónces despedaza como inútil el sayal de la gazmoñería que habia vestido; y no pudiendo avenirse con las costumbres del hombre bien educado, ni hallándose nutrido su corazon con las virtudes que requieren la vida política y social, rompe los vínculos del deber, dá rienda suelta á sus feroces inclinaciones y despojándose del falso brillo aparece tal cual es, con su verdadero carácter ; y entónces...... ay del pueblo que le haya confiado la direccion de sus destinos; desventurada la mujer que haya unido su suerte á él; pobre del que le tendió una mano amiga; infortunado de aquel que, seducido por las apariencias de un ángel ha entregado su corazon al capricho de una pantera; todos clamarán, pero en vano; su horizonte tapizado de fragantes flores se ha convertido en un solitario yermo; el mal está ya hecho; la nube del desengaño ha ido á eclipsar la rutilante estrella de su vida. Y, la tiranía, la perfidia y la traicion serán los mónstruos que irán á desgarrar las entrañas y hacer apurar la copa del dolor al pueblo, á la mujer, al amigo y al esposo, que incautos no supieron estudiar al ídolo de su ensueño en su vida privada, que no penetraron á su corazon, y sin averiguar cuidadosamente sus antecedentes se entregaron á su dominio. Las lágrimas y la desesperacion serán el patrimonio de su imprudencia, y muy pocos podrán arrancar la carlanca del tormento á que se han unido sin un esfuerzo supremo en el que muchos suelen perecer......
Ante semejante mal de terribles consecuencias, la sociedad está en el imperioso deber de examinar y delatar ante la luz pública todos los actos de alguna significacion, el carácter especial, el grado de elevacion ó de bajeza, de ilustracion ó de ignorancia de cada uno de los coasociados que aspiran á un elevado puesto en el mundo político y social.
Tiempo llegará, señor Redactor, no lo dudo, en que se aplicará este sistema, como el medio mas eficaz, para que la virtud pueda exhibirse en toda su brillantez; que cada uno se apresurará á mejorar su vida para no dejar percibir una mancha en el período de su existencia, y nadie temerá que las miradas del público penetren hasta el último recinto de su casa.
Por el momento creo que no faltarán muchos que vean en este oficio de fiscalizacion una amenaza constante á la tranquilidad pública y el alarmante engendro de mil discusiones domésticas; y el espanto llegará á su colmo cuando la pluma de algun maldiciente trate de herir la bien sentada reputacion de alguna familia honrada; pero bien pronto se convencerán que el arma gastada de la calumnia tiene que embotarse ante la luz de la verdad; y que no basta el simple denuncio para que alguna persona pierda su posicion.
Ninguno temerá entónces, que algun escritor ó cronista apasionado, lance la calumnia como una arma envenenada, contra el buen crédito de que álguien goce en la sociedad, porque el tiro tendrá que estrellarse ante el juicio recto é imparcial que el público haya formado en su escrupulosa observacion de la vida pública y privada de tal individuo ó de tal ó cual familia.

 

III.

 

Señor Redactor.

Sigo mi tarea.
Hay una idea coetánea con la organizacion de la sociedad. Idea que ha subsistido en la mente durante toda situacion, y que ninguna vicisitud ó trastorno moral ó político la han podido borrar en un todo. Esto debido á que la necesidad que la produce existe y se halla vigente siempre, haciéndose sentir á medida que las generaciones van sucediéndose; de manera que la que precede, refleja hasta cierto punto, los hábitos, costumbres y progreso en la que le sigue. De otro modo, la civilizacion se habria detenido ante sociedades que nada, nada bueno hubieran recibido de aquellas á que han sucedido.
Bien comprenderá, señor Redactor, que quiero hacer alusion al interes con que todas las naciones se han propuesto educar su juventud, valiéndose para ello de los medios que han creido mas adecuados, desechando algunos ramos, adoptando otros, buscando, tal vez, la luz fuera de su foco, ó penetrando directamente á la fuente de la verdad.
Cuales hayan sido los diferentes sistemas de enseñanza adoptados desde há muchos siglos, y cuales los resultados que haya ofrecido cada uno á los paises donde ha sido adoptado, hé aquí un trabajo bien sério para cuya perfeccion se necesitaria el estudio de la etnogenia humana.
Los salvajes, en su mayor parte, limitaban la enseñanza de sus hijos al manejo del arco, inculcándoles al mismo tiempo algunas creencias vulgares y supersticiosas; los antiguos griegos y los romanos daban su preferencia al estudio del arte militar y al desarrollo de la fuerza física; los españoles miran aún con desden todo lo que se escape del ascetismo personificado en sus innumerables conventos; los ingleses, por el contrario, comenzando por la formacion del corazon, dan luego sobre una base tan segura, un sólido desarrollo á la inteligencia, y por eso se han singularizado tanto por la firmeza de su carácter, su constancia.en la prosecucion de cuanta obra emprenden, la fuerza irresistible en su argumentacion, el nervio, el peso que envuelven en sí todos sus trabajos mentales. Es á esta clase de educacion á lo que ellos deben la estabilidad de sus instituciones, la pureza de sus costumbres, su riqueza, su poder y esa honradez y puntualidad que reinan en la mayor parte de sus actos.
Tómese, pues, esta nacion como modelo; en ella vemos demostrado el mas elocuente testimonio de la bondad del sistema de enseñanza tan preconizado por los primeros filósofos del mundo desde Jesucristo hasta Rousseau.
Yo no negaré que otras naciones fuera de Inglaterra han tenido hombres demasiado célebres por la rigidez de sus costumbres y lo sobresaliente de su instruccion. Sí señor, los ha habido hasta entre los salvajes; mas desgraciadamente, por lo mismo que han sido muy raros es que han llegado á ser celebridades y hasta mártires en cada una de esas naciones, por haber trabajado con ahinco por el progreso moral é intelectual de un pueblo servil, ignorante y preocupado.
Tambien han tenido dichos paises sus épocas de gloria y esplendor, pero estas ráfagas de luz han pasado como el relámpago. Detras de sus tempestades de sangre no ha quedado mas que la desolacion; pocos de ellos han podido variar su modo de ser con sus frecuentes revoluciones, porque pocas de estas revoluciones han representado la encarnacion de un principio, de una idea sublime.
Todo mundo sabe que, del mas ó ménos grado de educacion de un pueblo nace el mayor ó menor número de crímenes, la depuracion ó la relajacion de sus costumbres. Tomemos cualquier pais para hacer una leve comparacion; sea el Austria, por ejemplo: "aquí el cuadro del vicio y de la depravacion se presenta aun mas sombrío y desconsolador que en ninguna otra de las naciones europeas; y parece que la desmoralizacion de este imperio, que ostenta el pomposo título de cristiano, va siendo cada dia tan monstruosa, que amenaza sériamente concluir con todo principio de lealtad y pureza allí." Examinemos por un momento los cuadros estadísticos presentados anualmente por el Die Direction der Administrativen Statistik: En el año de 1849 el total de nacimientos legítimos fué de 8,841, y el de ilegítimos de ¡10,360! Con razon exclama admirado el científico Seymor que, "semejante cuadro es fabuloso, ó el Austria ha llegado al último grado de desmoralizacion." No ménos escandaloso es el cuadro de su estadística criminal: segun el último censo su poblacion alcanza á 36.514,466 individuos, y el total de homicidios no mas, alcanza anualmente á 1,326 ! es decir, 36 crímenes de los mas alarmantes por cada millon de poblacion. Y todo esto, cuando Inglaterra con una poblacion de 17.927,609 habitantes, solo presenta en sus registros del crímen 6 homicidios por cada millon de almas, y en la ciudad de Lóndres apénas alcanzan los nacimientos ilegítimos un 3 por ciento, y segun Seymour á un 4 por ciento. "Semejante cosa sucede en una ciudad que por su riqueza, su comercio y lo acomodado de su nobleza, debiera presentar mil halagos de seduccion á la mujer." Bien es cierto que, si Lóndres es la poblacion mas rica, tambien es la mejor educada. Y adviértase que lo que digo de Inglaterra, lo digo igualmente de los Estados Unidos, y de tal cual otra poblacion de Francia, Alemania y Suiza.
Por mas que me he propuesto averiguar la causa del empuje y prodigioso adelanto de aquellas naciones, sobre otras que cuentan con un clima mas suave, un suelo mas fértil, ricas minas y una ventajosa posicion, no he podido atribuirlo á otra cosa que á la clase de educacion que en aquellas ha recibido el pueblo, á los hábitos de trabajo y sentimientos de exquisita moralidad que de años atras se han tratado de inculcar en el corazon de la juventud.
Bien, pues: hoy que el espíritu por la instruccion ha tomado mas vuelo que nunca; que es el punto cardinal á que convergen casi todas las aspiraciones de la sociedad, ha llegado el caso de que se adopte el mejor sistema de enseñanza, de que se consulte con esmero el modo de ser de cada pais, para deducir de esto el estilo mas adecuado, para formar la generacion que se levanta; y á tan noble tarea, creo, señor Redactor, debe excitarse la pluma de los hombres mas pensadores é ilustrados de la Union colombiana. La época y el campo no pueden ser mas preciosos: gozamos, á Dios gracias, de una paz á cuyo benéfico amparo se podrán obtener opimos resultados; una generacion compuesta de una numerosa juventud, se levanta reclamando un rayo de luz que le indique la nocion del bien y del mal, y nutra su imaginacion con los conocimientos mas importantes en las ciencias y artes. Que para un campo tan fértil y apropósito se busque la semilla mas sana tomada del fruto verdaderamente nutritivo, y entónces sí podremos augurar para los que nos sucedan un porvenir risueño, se habrá consolidado la autonomía de nuestro pais y hecho desaparecer de nuestro suelo esas turbulencias de cuartel que tanto han azotado las repúblicas de orígen español.
El reino de la espada quedará sometido al imperio de la razon.
Mas, para que la obra sea completa, es necesario no descuidar la educacion de la mujer; nada, nada importante habremos hecho miéntras que esos séres que constituyen, por decirlo así, el gérmen de la sociedad, el centro y eje moviente de la familia, no hayan recibido el grado de civilizacion que deben reflejar sobre sus hijos.
Una madre ignorante, aunque virtuosa por instinto, nunca podrá educar á su hijo y mucho ménos librarle de los infinitos riesgos que rodean la juventud; pues mal puede ella encaminarlo rectamente por la senda del deber, cuando no tiene medios ni los elementos necesarios para demostrarle y convencerle de ser ésta la vía indicada por la moral á todo sér racional; lecciones de esta naturaleza tienen que llevar la conviccion al corazon, si es que se quiere grabarlas indeleblemente en la imaginacion del niño, y el buen éxito de esta tarea no podrá alcanzarlo, quien tan solo ha sido movido hácia el bien por esa tendencia ó inclinacion natural que determina expontáneamente las acciones del individuo.
Cómo podrá un horticultor recoger de sus árboles un fruto suculento si aquellos carecen de la savia regeneradora por falta de cultivo? Los árboles que él no ha sabido podar carecerán de vigor y lozanía, y las simientes que le ofrezcan llevarán en sí el daño de la planta generatriz.
Así pues, yo no sé cómo queremos que los jóvenes se exhiban en la sociedad con aquellos modales, aquellas maneras finas y elegantes que caracterizan á un hombre ó á una mujer verdaderamente civil, si hemos negado á la madre los medios de que pudiera valerse para educar á sus hijos. Y adviértase que hay cierta clase de enseñanza propia, única y exclusivamente del hogar doméstico, la que una vez descuidada allí, se hace muy difícil de dar en los colegios á jóvenes de avanzada edad.
Adquiriendo la mujer alguna instruccion en los principales ramos de educacion, tendremos entónces un Colegio en cada casa. Y qué clase de conocimientos tan sólidos no se adquirirán entónces, sin pasar por los infinitos sinsabores y privaciones á que tiene que verse expuesto todo jóven léjos de su hogar paterno! Si en la imaginacion del hombre se conserva de una manera tan viva el recuerdo de las sonrisas y dulces expresiones con que su madre lo acariciaba en la edad infantil, ¡ cómo no llegarán á ser para un hijo imborrables los consejos filosóficos é instructivos, las lecciones de amena enseñanza que ella tratará de inculcar en su corazon!
Bien sé que nada nuevo digo; desde Rousseau para acá no ha habido tal vez, un solo año en que no se haya proclamado esta verdad; y nunca dejará de expresarse hasta que la sociedad, á mas de convencida, la adopte y sancione como principio cardinal de su modo de ser político y social.

1864.

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