UN PUENTE
AL SEÑOR DOCTOR MARCO A. ESTRADA
Parece, amigo, que las ideas dominan por algun tiempo en el
inundo intelectual, abstrayendo la atencion de tal manera, que
nadie se atreve á separar de su imaginacion la que por el momento
predomina y llega, por consiguiente, á ser el objeto principal de
toda discusion. Así como en el mundo físico una vez desarrollado un
fluido maléfico, ejerce éste un poder tan absoluto sobre los séres
que pueblan la seccion en que descansa la atmósfera donde se halle
diseminado, produciendo multitud de trastornos y enfermedades
mortales, basta que vientos mas puros y otra multitud de
circunstancias lo hagan. desaparecer, sin que la mano del hombre y
su ingenio hayan alcanzado otra cosa que, atenuar hasta cierto
punto los funestos resultados de su presencia; me inclino tambien á
creer, como Richemberk, que una vez apoderada una ó mas ideas de
una porcion de la sociedad, casi nadie puede escaparse de su
benéfica, ó letal influencia; y por mas que uno las rechace, ellas
ejercen sobre nosotros tal ascendiente, que todas nuestras
elucubraciones mentales versarán siempre sobre el asunto á objeto
principal que las constituyan, hasta que acontecimientos
imprevistos ó nuevas necesidades hagan surgir otra ú otras que
vayan á reemplazar aquellas. Sucediendo con algunas, que se hallan
de tal manera arraigadas en el ánimo, que una vez olvidadas,
reaparecen luego con mas fuerza, con mas vigor y energía: como
aquellas plantas que desprovistas ya de su follaje, tostadas por el
sol y abrumadas por el tiempo caen sobre la tierra que cubrieron
con su sombra, para reaparecer mas tarde reproducidas en una
multitud de arbustos alimentados con profusa savia, vestidos con
gayo verdor y que paulatinamente van dando á su luciente ramaje la
misma forma del árbol, cuyo fruto les sirvió de gérmen. Así hay
ideas que por mas de un lustro vienen á constituir el principal
alimento de la inteligencia humana, y que no pudiéndose evitar su
presencia, el trabajo del hombre debe concretarse á deducir de
ellas los mejores resultados en beneficio de la sociedad.
Estas observaciones han afirmado mi creencia acerca de la
espontaneidad en la sucesion de las ideas. Mas, volviendo al asunto
principal, que no es mi objeto hablar sobre ideología; llamo la
atencion de usted acerca del trabajo emprendido por los empleados
del ramo legislativo y de la administraeion política en cada uno de
los Estados y por el Ejecutivo nacional; y no dudo la complacencia
con que habrá notado, cuál es el móvil, cuál es el principio
predominante durante los tres últimos años: privilegios para la
apertura de caminos macadamizados, para la de canales y
construcciones de puentes y ferrocarriles; es decir, el impulso al
progreso material bajo su mas árnplia expresion. Esta es la idea
que despues de una cruenta lucha ha tenido ocupado el pensamiento
de la nacion, ésta la panacea con que el espíritu ha venido á
mitigar los males recibidos por la sociedad en su fatigosa marcha
seguida al traves de una borrasca de sangre.
Quiera Dios que un acontecimiento imprevisto no venga á turbar la
paz de que hoy goza la nacion, y que aquellas obras que con tanto
entusiasmo se hayan emprendido y que mas tarde constituirán el
orgullo de Colombia, no vayan á suspenderse y queden en embrion,
como ha sucedido con otras de no ménos importancia en distintas
épocas.
Contrayéndonos por ahora á las empresas que en Santander han sido
iniciadas, anunciando para el porvenir una éra de riqueza y
bienestar para cada uno de los pueblos que hacen parte de dicho
Estado contaremos, en primer lugar, la interesante obra del puente
tendido sobre el Chicamocha, obra que servirá de lujo á Santander
por lo bello, ingenioso y sólido de su construccion; pues, admira
como una fábrica colgante sobre un espacio de 30 metros de longitud
y en la que ha venido á entrar como principal elemento de su
formacion el flexible alambre, ha adquirido la fuerza y solidez de
una obra de cantería.
Quién no recordará con júbilo el nombre de cada uno de los que,
salvando multitud de obstáculos y exponiendo un fuerte capital, han
dedicado todos sus esfuerzos á la construccion de una obra que
habrá de formar su glorioso timbre?
Basta recordar los infinitos sinsabores por los que tenia que pasar
un viajero á fin de poderse trasladar del uno al otro lado del
Chicamocha, para que se reconozca el mérito de la interesante
adquisicion que acaba de obtener la sociedad.
La profunda abra que separa las mesas de Macaregua y Jérida, para
dar cauce al turbulento Chicamocha, parece habia mantenido en
entre-dicho las relaciones comerciales los Departamentos del norte
con los del sur: y era á fuerz de mil sacrificios que estas dos
secciones podian darse la mano y sálvar el obstáculo con que la
naturaleza habia querido romper la íntima conexion entre pueblos de
análogos intereses.
Quién que llegara á "Montegrande" ó á Los Sántos y percibiera la
inmensa profundidad á que tenia que descender, para entregar luego
su vida y su fortuna á la merced de ocho ó doce rejos y la mediana
habilidad de un nadador, no hubiera deseado un genio alado que lo
trasportara de la una á la otra cumbre de los cerros.?
Los dos paredones formados por la cortadura irregular que da paso á
las amarillentas aguas del rio, aparecen de oriente á occidente
presentando sus desnudas cumbres en ángulos entrantes y salientes,
áridos y enhiestos en una parte, ligeramente inclinados en otras,
exhibiendo en sus planos lavados por el descenso de las aguas,
algunas margas y estensas manchas de creta; pero predominando
siempre en su constitucion los estratos areniscos revolcados en su
mayor parte por los derrumbes de las piedras desprendidas de una
considerable altura, y surcados por la corriente de aguas
llovedizas.
Poco ántes de llegar el Chicamocha á la confluencia con "el
Sarabita," y casi al frente de Los Sántos, el costado del sur se ve
interrumpido por una depresion angulosa, desde cuyo vértice se
desprende la senda tortuosa, que en forma de caracol desciende
hasta una larga distancia, y de allí emprende una especie de
travesía que va terminar en el punto de "Sube" despues de haber
costeado el rio por mas de trescientos metros. Durante este largo
trayecto, apénas se encuentran tres casas de mediana apariencia,
junto á una de las cuales se halla un trapiche, bastante capaz para
dar abasto á la poca caña que los propietarios benefician á duras
penas sobre un terreno de aluvion revolcado con frecuencia por las
corrientes de agua desprendida desde la cumbre de los cerros.
En la ribera del rio levantan sus enrarecidas y retostadas ramas
algunos cedros y guayacanes, y á pequeños trechos, donde el suelo
ha obtenido alguna solidez, se hallan pequeñas sementeras de
plátano, del afamado "musa paradiciaca," bajo cuya sombra y la de
tal cual caracolí, parece duermen, mas bien que fructifican,
algunas matas de cacao. La vegetacioim tan poco exhuberante en la
base del cerro, va siendo mas y mas pobre á medida que trepa
penosamente hácia la cumbre. Los árboles porfiadamente agarrados de
las piedras, no ofrecen en parte alguna de aquella cuenca esa
lozanía y orgullosa robustez con que en otros puntos de igual clima
levantan sus espesas copas.
Pero si hácia este lado no se ofrece á la vista del viajero nada
que halague sus sentidos, á no ser la caida de un pequeño arroyo
que en forma de cascada desciende de casi 50 metros de altura, y
por el contrario, se siente impresionado de horror ante la
perspectiva de enormes piedras suspendidas sobre los flancos del
cerro, mantenidas unas sobre la cúspide de columnas areniscas y
asomándose otras en forma de dentadura irregular y descarnada, el
costado que se le ofrece al frente es todavía mas triste y
desconsolador. En la vegetacion de este lado no predominan mas que
los cactus y pequeños arbustos vestidos de punzantes espinas.
En la union de los caminos que descienden del "Corregidor" y de
"Monte grande" se halla una esplanada deprimida, á la profundidad
de 830 metros y cortada por el rio, donde se experimentan los
ardores de un sol hiriente y abrasador; y es en este punto donde se
halla sentado un pequeño caserío, cuyos habitantes gozando de buena
salud, parece se acartonan con la edad para sobrevivir por muchos
años, debido esto á la bondad del clima y á las propiedades
antisifilíticas que parecen tener las aguas del rio. Estos
habitantes, teniendo muy poco que aguardar de su ingrato suelo, se
dedican en su mayor parte á la pesca y á la natacion, sobresaliendo
de tal manera en este arte, que aun las mujeres mismas atraviesan
el rio salvando con sorprendente habilidad los frecuentes remolinos
y las aguzadas piedras que tanto abundan en su lecho.
Á la verdad que lo áspero y desapacible de aquel sitio, como el
intenso calor de 32° del centígrado que allí se experimenta,
justifican hasta cierto punto el carácter agrio y poco comunicativo
que se atribuye á los subeños.
Y era en tal punto donde el transeunte, tal vez urgido por llegar
pronto al término de su marcha, tenia que aguardar una hora, por lo
ménos, para conseguir trasladarse del uno al otro lado del rio, por
una cabuya mal manejada, llevando como espectativa la muerte, y
experimentando un pánico terror á cada rejo que se reventaba, ó
suspendido muchas veces por un intervalo mortal en la mitad del
trayecto, teniendo á sus piés el abismo de las aguas, miéntras se
anudaba la ladera ó se reponian los rejos que iban reventándose á
medida que el sol les iba robando la humedad de que se hallaban
impregnados ; viendo con pesar sus bestias arrastradas á largas
distancias por la corriente, y que salian horriblemente
estropeadas. Aquello era un verdadero juego de azar en el que se
exponia el todo por el todo.
Yo me admiro, cómo esta tramoya indígena tan incómoda como
peligrosa haya podido subsistir por tantos años, aun en puntos
donde se hallan los elementos necesarios pasa la construccion de
puentes! Ya se ve: el hombre se habitúa á todo; la rutina, que es
el cáncer de la mejora social, se halla de tal manera encarnada en
nuestro pueblo, que se necesita un esfuerzo sobrehumano para
conseguir que la humanidad dé un paso adelante en cualquier sentido
del progreso.
He aquí brevemente diseñado el punto donde acaba de construirse un
puente, el primero de esta clase que se halla hoy en Colombia,
capaz de sostener el enorme peso de 60 á 70 quintales, cuyo
mecanismo es tan sencillo como elegante y sólido ; puente que
supera en todo á esas pesadas fábricas de madera tendidas sobre los
rios, tal vez mas costosas, mas difíciles de construir por lo
escaso de maderas adecuadas, y que necesitan constantes reparos
para conseguir mantenerlas firmes por algun tiempo.
Que no sea este el último puente colgante que se levante sobre
nuestros rios, que todos se aperciban de las inmensas ventajas que
ofrece esta clase de construccion, y se apresuren á imitar el noble
ejemplo dado por los señores Duran y Mac Cormick, en otros puntos
de no ménos importancia que el de Sube ó Jordan.
Año de 1865.
PARA EL ALBUM DE LA
SEÑORITA...
Me hallaba jóven, y por consiguiente, envuelto en el torbellino
del mundo, de esa marca social que todo lo arrastra entre su oleaje
de innúmeros placeres, cuando te conocí en la infancia, dedicada
con solícito empeño en formar tu corazon y cultivar aquellas
ciencias y artes que constituyen el mejor adorno de la mujer, que
fortalecen el espíritu contra los embates del infortunio y le
preparan un puesto culminante en el mundo civilizado. Y hoy, cuando
la edad va marcando sobre mi frente sus profundas huellas, y
pretende salpicar mi cabeza con ligeros pero plateados copos de
nieve, te veo risueña y alegre, sirviendo de gala á la creacion,
sonriendo con placer ante el brillante panorama que te ofrecen tus
dotes y atractivos, lanzando un mundo de sentimientos en cada
destello de tu mirada, y engolfando el corazon con esa férvida
pasion ingénita en nuestro sér concebida por Jehová, para matizar
con flores el camino de nuestra vida.
Hoy apareces como uno de esos séres ideales, que solo se conciben
por una ardiente imaginacion; como una maga que sobre las linfas
del agua, fascina los sentidos en sus níveas y vaporosas formas
como la hija de Damazco que ostenta al mundo la delicada creación
del hijo de Israel.
La naturaleza pródiga en sus dones con algunos séres, bañó tu
megillas con trasparente nácar; dió á tu cuerpo la flexibilidad del
junco, y la bella apostura de las hijas de Circacia. Fijó tu
artística cabeza sobre el mas límpido y bien torneado cuello ;
esparció en tu ebúrrneo y palpitante pecho, las gracias de una
tentadora voluptuosidad; y para cubrir las leves gotas de rocío que
dejas entrever en tu angélica sonrisa, robó á la cayena su rosado
tinte y á la violeta su ambarado aliento.
Mas, no contenta con su obra de perfeccion, concentró en tus ojos
del rayo su eléctrica llamarada, de la esperanza su apacible
lumbre, de la pureza su límpido destello, del amor su rutilante y
vívido centelléo, y de la tristeza el lánguido fuego de moribunda
hoguera.
Pero, á qué me sirve describir de tu cuerpo su hechicera faz y
fatigar mi pincel con débiles colores, para bosquejar el cuadro de
tu sin par belleza? Si un dia el tiempo con el soplo de su carrera
ha de robar de tu hermosura sus dulces atractivos, como el rayo
quemador y furibundo viento marchitan y deshojan los carmíneos
pétalos de la rosa sin rival, que en el campo ostenta su virginal
pureza?
Para qué? Si otra belleza inmortal, divina, brilla en tu sér
haciéndote adorable no solo en el albor de la juventud sino en la
tarde de tu vida.
Pues hay en tu corazon sublimes sentimientos, que te trazan á lo
léjos risueño porvenir, y por tu mente cruzan ideas tan generosas
que si en tí estuviera, al mundo convirtieras en paraiso
terrenal.
Cultivando la inteligencia, vivificas el espíritu, llevas la
imaginacion á su mayor desarrollo; y dilatando el teatro de tus
conocimientos, te preparas un seguro broquel contra los ataques de
la desgracia, y amenizas la vida con deliciosas
distracciones.
Dedicándote al trabajo, te burlas de la pobreza con infantil
placer, haces de tu casa el asilo de la ventura, aprendes á
desdeñar el fausto y esplendidez de las cortes engreidas, y te
conviertes en el ángel tutelar de la familia, cumpliendo asi la
mision que el Eterno te impuso al lanzarte en la sociedad como
mensajera de su poder
Y haciendo del Evangelio tu pauta de conducta, del corazon desechas
el orgullo y la ambicion, y levantas un tabernáculo al amor y la
amistad, á la pureza y al candor, á la dulce caridad y sublime
resignacion.
Tales son, amiga, las prendas que mas te adornan y enaltecen, y que
tanto me plazco de contemplar en tí; cultívalas con esmero y
quémales con frecuencia el incienso de tu adoracion, y del
despejado horizonte de tu vida, borrarás los leves puntos que el
destino, acaso, te llegue á dibujar; y el mundo, que tanto elogia
tu belleza, contemplará con jubilo tu eterna felicidad.
Este es el deseo de tu sincero amigo.
FIN DE LA PRIMERA SÉRIE.