INDICE




LAS TRES EDADES DE LA MUJER

 

CUENTO HISTORICO-BURLESCO

 

INTRODUCCION

 

Le dió Dios á Manuel un genio tan inquieto y tan curioso, que todo lo quiere ver, todo lo quiere escuchar, todo lo quiere saber; de manera que por ponerse en posesion del secreto de alguna prógima ó vecina, aplica todos sus sentidos; corre, vuela, sube, baja, oye, registra, huele y lee. No hay vieja, beata, chismosa, mandadera y fea con quien no tenga íntimas relaciones: criada que no conozca, corrillo en que no se encuentre, carta que no abra, casa que no visite, chispa que no divulgue y paseante que no persiga. Este hombre múltiple, terror de tantas niñas, demonio de los esposos, endriago de los cachacos y vision de los amantes ; este hombre mago, fantasma, duende y brujo, es la recopilacion mas completa de los secretos íntimos de todas las casas, de lo amores, citas, intrigas, querellas, disturbios, seducciones, venganzas y engaños. Como iba diciendo, Manuel es uno de mis mas íntimos amigos, el mas inquieto y curioso que he podido tener, y sin duda alguna, al que mas servicios debo, puesto que me ha dado el conocimiento de los hechos mas recónditos, de las intrigas amorosas mas cómicas, y hasta de aquellos hechos que se ejecutan en...... las últimas piezas de las lujosas casas de esta ciudad y en las mas miserables chozas de un arrabal; y en fin, porque me ha hecho aparecer la sociedad en su verdadero colorido, librándome por este medio de multitud de chascos y de trances los mas tristes y penosos que sufren con tanta frecuencia los inespertos, ciegos y novicios cortesanos y campesinos, las tímidas y modestas señoritas, las añosas y despechadas trentonas, y aun, las nonagenarias mas chochas y cavilosas.
Hallábame en uno de estos dias recostado en uno de los sofás de mi sala, extraño enteramente á la espantosa revolucion del Norte, á las repetidas protextas del Sur y á la perezosa política de los indolentes y versátiles comerciantes, pensando únicamente en las visitas que habia de hacer y en las personas á quienes habia de censurar en tales visitas, por no contrariar la inveterada costumbre de nuestra sociedad. Me entretenia con un grueso y aromático cigarro de Ambalema, arrojando inmensas bocanadas de humo, cuyas ráfagas se elevaban sobre mi cabeza en forma de ligeros copos y coronillas, que perdiéndose á mi vista me dejaban sumido en un completo sopor; pues han de saber que, yo por inclinacion como por no singularizarme, propendo con este pequeño contingente por el cultivo y adoracion de los no pocos vicios reinantes en mi pais, cuando entró Manuel á mi cuarto dando gritos, saltos, silbos y carcajadas ; al principio tuve miedo tomándole por un loco rematado; mas, bien luego me convencí de que Manuel se hallaba impulsado por la mas intensa alegría, y asiéndole por el brazo le senté á mi lado y le pregunté la causa de tan excesivo placer, y él, con su génio picaresco, chistoso y sentencioso por demas, me hizo la siguiente relacion:
- No me negabas que la mujer tenia tres edades muy marcadas, á saber: el orgullo y vanidad, los remordimientos y la coquetería, y el despecho y la gazmoñería?
-Y todavía insisto en dudar de tu asercion, pues, ademas de creerte sumamente exagerado respecto del carácter de la mujer, tú hablas y calificas de una manera general al bello sexo.
-Pues bien, me gritó entusiasmado, he obtenido victoria, por que has de saber que he hecho el descubrimiento mas, grande, la mas preciosa adquisicion.
-Cómo! le pregunté admirado, has encontrado algun millon de escudos ?
-Oh! lo que es eso, no; la plata es una querida muy desdeñosa para mí, la busco con impaciencia y me rechaza con teson; y como "mas vale tarde que nunca" ; y "quien constancia tiene todo alcanza;" porque, "para ser rico me voy despacio;" he abandonado por ahora el deseo de tener capital, y sigo impaciente descubriendo las historias mas secretas; pues, "cada loco con su terna;" y "quien á Dios busca á Dios halla;" y "el tiempo perdido lo lloran los Sántos."......
-Hombre, Manuel, le interrumpí, déjate de mas adagios, y cuéntame sencillamente lo que te haya sucedido, porque estoy en áscuas.
-Es el caso, continuó con su imperturbable flema Manuel, que se murió mi tia Casimira, la que sabes era por demas regañona, rostrituerta, reservada, rezandera y lo mejor de todo, RICACHONA; concluyo por decirte que me dejó de heredero......
-Luego eres hoy un Rothschild?
-No, nada de eso, me advirtió frotándose las manos; porque, como muy bien sabes, "del árbol caido todos hacen leña ;" y "á rio revuelto ganancia de pescadores;" bien, á mí me tocó en suerte un escritorio viejo, quebrado, mugroso y qué sé yo que mas! y como "á borrico presentado no se le mira colmillo ;" y "mas vale pájaro en mano que buitre volando," me apresuré á llevar el escritorio para casa. Inmediatamente comencé á registrar todos sus secretos por si hallaba escondido algun escudito, olvidado por mi avara tia, cuando encuentro con tres cartas que forman hoy mi capital, porque son documentos que me han hecho conocer palpablemente á la mujer, y
la justicia de Dios con esos séres que rebosan en el orgullo y ambicion y concluyen por vender su corazon haciendo traicion á sus propios sentimientos.
-Vuelta á la idea de hablar de una manera absoluta y general; á lo que veo, tú estudias á la humanidad en un solo individuo siendo tan diferentes los caractéres de la sociedad; y bien, de quien era las cartas?
-De Margarita, me dijo, poniéndose encendido, de Margarita la seductora demacena, que ostentaba con primor un cuerpo elegante y tan flexible, un pecho ebúrneo, la cabeza mas graciosa y animada colocada artísticamente sobre una nítida garganta; unos ojos picantes, negros, grandes y perspicaces; cuya sonrisa angelical dejaba percibir unos bellos puntitos de brillante blancura, como los entreabiertos pétalos de una flor dejan ver en el centro de su cáliz las cristalinas gotas de rocío; cuya negra, grande, rizada y espesa cabellera, flotando á veces sobre su espalda mórbida ofrecia el mas bello contraste con la blancura de su limpia y espaciosa frente; cuyo andar era tan digno, tan gracioso, y......
-En pocas palabras, le interrumpí, aquella altiva y desdeñosa mujer que se burlé de tu candidez y frenética adoracion, y concluyó por echarte nones, como oigo decir vulgarmente.
-La misma, me dijo dando un profundo suspiro, pero á quien he perdonado ya, porque Dios ha castigado suficientemente su altivez y coquetería. Lee las cartas por su órden y te convenceras de todo.
Dicho esto principié la lectura por la primera

 

CARTA PRIMERA

 

Mi querida Casimira:
Son las dos de la mañana y aun no tengo sueño; son tan extrañas y tan várias ó diversas las ideas que atormentan mi imaginacion en este instante, que me seria inútil buscar algun reposo antes de participarte confidencialmente mi modo de sentir, el estado en que me encuentro y la manera como juzgo cuanto me rodea. Un poco larga te parecerá ésta, pero ten paciencia, cara amiga, yo no encuentro placer mas intenso, que el de referirte todas mis ideas y aun los hechos mas recónditos de mi vida.
Mucho he sufrido en estos dias. Qué desgracia es la de tener una un poco de belleza, un fuerte capital y una elevada posicion en la sociedad! Porque una turba de necios moscardones nos persigue, nos ahoga, nos atormenta y nos asédia en todas partes; eternas mariposas de nuestro vivo esplendor; satélites que reciben su luz y vida de nuestro sér, que giran á nuestro rededor impelidos por la fuerza de la atraccion; nube ó falange de admiradores en la que figuran estudiantes petimetres con ínfulas de hombres entendidos; poetas adocenados que cantan con su destemplada lira á la mujer, á las flores, al amor, y al fin concluyen con la indispensable oda á la pobreza; periodistas graves, calvos y descoloridos que nos hablan siempre del último número de su indigesto periódico; ricos comerciantes, hediondos á fula y de una conversacion grosera, numérica y licenciosa ; militares engalonados que nos hablan por cuentos de las batallas que han ganado, sin saber á lo que huele la pólvora ni á lo que pesa el plomo; infelices rezanderos que galantean con novenas y que bien pudieran vestir la cogulla del perezoso fraile; y en fin, una turba de hombrecillos de bigote y pera, adoradores del espejo, reloj y varita encargados de ridiculizar las modas con su exageracion, y de atormentar á las señoritas con sus insulsos requiebros y vulgares expresiones. Ah! Esto es demasiado!
No se nos ha caido un ramo, un pañuelo ó un guante sin que una docena se lo disputen, por solo tener la satisfaccion de devolvérnoslo; no ha comenzado á vagar por nuestros labios la menor sonrisa sin que una multitud anime su semblante, mire de una manera lánguida y expresiva y lleve maquinalmente la mano al corazon; no pasamos por una calle sin que una centena de sombreros haciendo rúbricas por el aire dejen al descubierto otras tantas cabezas rizadas, rubias, negras, con ligeros lampos de plata, muchas de las cuales ocultan fraudulentamente bajo la mas espesa y peinada peluca una tersa y espaciosa calva. ¡ Oh qué fastidio! Pero en cambio, no sabes, Casimira, cuánto nos burlamos de los pobres hombres ; serian de contarse los chascos que les hacemos pasar, los tristes desengaños que experimentan cada dia, la cruel incertidumbre en que les dejamos siempre y la ridícula posicion en que les colocamos. Cuántos elementos ha puesto la naturaleza en nuestro poder para hacernos dueñas absolutas del Corazon del hombre! Yo he dado en este mes su merecido pasaporte á unos cuantos galanes, quienes han llevado su osadía hasta de ofrecerme su mano por esposo ! Qué necedad! pretender arrancarme del brillante teatro en que me encuentro disfrutando de las delicias que me prodigan mis quince años, para entregarme en mi ardiente juventud al arbitrio de algun maniático, soberbio, avaro y montaraz; ó de algun cobarde, gazmoño palurdo y maricon, No, mil veces no, no abandonaré mi dulce y preciosa situacion, no me alejaré un instante del despejado, riente y brillante horizonte que se extiende á mi rededor. ¡ Cómo separarme del tierno afecto de mis padres, de las caricias de mis hermanos, del delicado perfume de mis flores, del ostentoso lujo de mi casa y la infinita variedad de mis adornos! El baile, el paseo, el teatro, el tocador y la lectura de novelas jocosas ó de estilo romántico, constituyen mi encanto, mi deleite, mi placer. ¡ Loca de mí! por un momento me creí desgraciada, tan solo por el inmenso cortejo que á todas partes me persigue; loca, sí, pues no recordaba mi satisfaccion al considerarme como la reina de la sociedad, como el precioso bouquet de los salones, cuyo delicioso aroma se apresuran todos á aspirar; envidiada por las mas altivas señoras y humillando á las mas pretensiosas señoritas.
Qué gloria! mi querida amiga............ Mas, se me olvidaba hacerte la descripcion ó pintura de los locos solicitantes mi mano; pero seria demasiada pretension el querer hacerte el grotesco cuadro, en el cual figuran mas de una docena de necios indignos hasta de mi menor caricia; basta decirte que entre otros hay tres que representan las escenas mas cómicas. Figúrate que el uno, nativo de la CORTE, es un jóven de esos eruditos á la violeta, insigne chisgaravis y tan refranista como un Andaluz; ha leido cuanta novela se ha escrito, habla de todo con sobrado magisterio, sazona la conversacion con las mas chistosas anécdotas, remeda hasta á su propio padre y tiene la pretension de saber cuanto pasa en Bogotá. Este verdadero payaso merece muy bien colocarse en la falange de los bufones que tanto reinan en los salones de la Corte. El otro, es un jóven de rara hermosura bien elegante á la verdad, de modales finos y cortés en demasía, posee una inteligencia clara y una instruccion profunda; pero es un taimado que habla por compromiso y viste con negligencia; es un sabio poliglota que domina la situacion; quien ha escalado el puesto que ocupa con la ciencia y el talento ; pero su orígen es de dudosa genealogía.
Va el tercero: aquí se me cae la pluma de la mano, "esto es mejor para visto que para pintado"...................... ¡ Es un provinciano...... bastante rico, única cualidad que le adorna, trigueño, como casi todos los que vienen del campo, que han tostado su cútis al ardor del sol y encallecido sus manos con el hacha, el arado, el remo y el rejo de enlazar; es un tanto jorobado, seco, ojos brotados, pómulos salientes; pelo negro, cerdoso, liso y desairado; usa de una escasa barba y de un andar acompasado y lento, lo que le da el aspecto de un alcaravan. Esta beldad etiópica me sigue á todas partes, no me habla, tal vez, por sobrada timidez; pero me mira de un modo...... que me causa miedo. En fin, ya ves que mi galería es de lo mas abundante, y que encierra curiosidades dignas de figurar en un museo ó en las jaulas del hospital graciosamente descrito por fray Gerundio. Basta por hoy, mi cara Casimira, en la próxima, como en las demas, te iré haciendo el retrato de vários personajes, y de las burlas que haya hecho de cada uno. Por esta noche voy dormir satisfecha, embriagada en una atmósfera de placer...... ¡ Qué grato es vivir al impulso de la dicha, sin mas pena que la producida por el hastío de la ventura!

Tu amiga, MARGARITA.

 

CARTA SEGUNDA.

 

Mi querida Casimira:
¡ Diez años han trascurrido, y qué diferente se me presenta el mundo! Cuántas ilusiones he visto desvanecerse! Cuántos desengaños efectuarse! Cuántos sufrimientos he experimentado! Oh! qué horrible es la desconfianza! Qué triste es tener el corazon repleto con los mas ardientes deseos, las aspiraciones mas sublimes, los mas férvidos sentimientos y la imaginacion ardiendo con el extraño torbellino de esas ideas de ambicion, soberbia, gloria, vanidad y locura y mas que todo, haber trazado en nuestra infancia el cuadro mas arrobador, el panorama mas risueño, mas seductor y placentero, y notar luego, que la preciosa y fascinante esperanza va alejándose paulatinamente de nuestro lado, borrando el brillante colorido de nuestras ilusiones, aglomerando nubarrones en el horizonte de nuestra vida y dejándonos sumidas en ese espantoso caos de incertidumbre!
Mas, este prólogo va demasiado largo, y aun no te he explicado la causa de mi tormento: bien pues, cuándo te escribí la anterior, gozaba enajenada con mis quince abriles, los 100,000 pesos de mi padre, y con la brillante posicion á que me habian elevado mi rara belleza, el rango de mi familia y las nécias adulaciones de mis amantes. Todo me parecia pequeño desde el pináculo de mi felicidad. En medio de mi gloria y excitada un tanto por el aguijon del amor, pues el corazon necesita siempre algún ídolo para adorar, soñé, mejor dicho, formé el ENTE que habia de cautivar mi atencion. Oh! un ángel no hubiera sido tan perfecto como el obgeto de mis ensueños! ¡ Qué belleza, qué dignidad, qué poder, virtudes y riqueza no poseia el arcángel con quien habia de unir mi suerte! Á su lado todos los hombres me parecian pequeños, despreciables, indignos de mi mano. A la mayor parte trataba y miraba con el desden mas altanero, mi mayor gloria consistia en tenerlos humillados y sirviendo de ridículo en la sociedad. Todas sus virtudes me parecian defectos y nunca contemplé sus cualidades sino por el reverso de la medalla. Bien pronto me convencí que mi fantástico ídolo no venia, que este sér ideal trazado en mis ensueños no pertenecia al mundo, que era una quimera...... Entónces retrocedí, busqué mi teatro en este mundo, pero demasiado tarde Los salones de mi casa se hallaban ya casi desiertos. La mayor parte de mis pretendientes habian ido á representar su papel en otras partes, donde se habia reconocido su mérito y obtenido una buena colocacion.
¡ Aquí principia la época mas agitada de mi vida! Sí, Casimira, yo no encontré á mi rededor sino unos pocos á quienes no habia querido despedir por burlarme abiertamente de ellos. Vários de los otros se habian mantenido á cierta distancia. De orgullosa me convertí en la mujer mas amable, á todos trataba de halagar. Cuándo uno solo se hallaba á mi lado, me era fácil hacerle convencer que él obtenia la preferencia, pero cuando eran muchos variaba mi táctica; á cada uno daba una muestra de mi afecto, y pretendia que todos quedaran satisfechos con mi amabilidad. Ay! todo fué en vano! pretendí jugar con los hombres y muy caro me costó esto.
El hombre es el sér mas susceptible, y en su despecho capaz de las venganzas mas atroces.
Bien pronto principiaron á dejarme sentada en los bailes ; me saludaban proteccionalmente; ya no levantaban con frecuencia los binóculos á mi paleo; no se apresuraban á ofrecerme el brazo en el paseo ; no me despertaban para extasiarme con las dulces y célicas armonías de una serenata.
Oh! necia de mí! ¿ Por qué me burlé de tantos jóvenes interesantes, generosos en demasía, morales por excelencia y de modales los mas finos y elegantes? Hoy concurre un escaso número á casa. Solo unos cinco novicios, que no carecen de mérito, y el estúpido provinciano forman mi cortejo de adoradores.........
Despues de tan cruenta lucha y de una série de infortunios y desengaños no me queda otro recurso que adoptar por esposo al que mamá me mande.
Adios, Casimira, ruega por tu desventurada amiga.

MARGARITA

 

CARTA TERCERA

 

Mi querida Casimira:
Todo ha concluido! 32 años señala ya el termómetro de mi vida, que es tanto como haber tocado al umbral de la senectud ¡ Cuán veloz corre el tiempo, cuán efímeras son los instantes de ventura que se gozan en la edad florida! La luz de la existencia brilla en nuestra infancia con un resplandor demasiado vivo ; sus rayos hieren, iluminan y dan animacion á cuanto nos rodea; pero, ah ! cuán pronto va extinguiéndose su vigorosa llama hasta que al fin nos deja sumidas en una incierta penumbra. La mas seductora belleza desaparece precozmente, como los vívidos colores de una flor se extinguen al influjo del calor; y mas tarde, nuestro cuerpo, que una vez ostentó la hermosura, esbeltez y gentileza, aparece seco y marchito por la edad.
He aquí, Casimira, el extremo á que he llegado. Mi corazon, ántes tan apasionado, tan fogoso y animado, no palpita, no; el remordimiento y el despecho lo han prensado hasta arrancarle sus mas suaves y deliciosas emociones.
La vida me pesa demasiado. Todo lo odio. Miro á las mujeres felices como acérrimos enemigos y á los hombres como á mi mayor tormento. Las diversiones á que mi desgracia me lleva en calidad de TIA, me llenan de fastidio y acaban de acibarar mi existencia.
Parece siento deslizarse los instantes que van grabando sobre mi rostro indelebles huellas que se burlan del cosmético y del carmin.
Qué tortura! Ayer era la reina, el encanto, la gala; y hoy? hoy soy la burla, el ludibrio y la irrision de la sociedad. Ayer insultaba, me reia y humillaba á las mas afortunadas muchachas, y, en mi orgullo, desdeñaba altaneramente á los mas lucidos jóvenes, y hoy sirvo de blanco al sarcasmo de todos ellos.
Hasta aquel taimado del provinciano que no parecia tener sentimiento propio, tuvo la ocurrencia de retirarse de mi lado, llevando su osadía hasta de remitirme una targeta perfumada y bien plegada anunciándome su nuevo estado...... Y vivo aún !......
No tengo una ocupacion séria á qué dedicarme para librarme de este infernal fastidio. Ah! en medio de los goces que me prodigaba mi falsa posicion, nunca creí que el trabajo sirviera para algo. Alimenté mi ardiente imaginacion con las lecturas mas superficiales, mas nocivas y novelescas, cuyo letal veneno iba arrancando del corazon la pureza, el candor, la inocencia y otros sentimientos que mi madre habia querido inculcarme. Los estudios sérios me parecian indigestos, y algunas de las artes que forman el bello adorno de la mujer, las juzgaba ridículas y desdorosas......Como si hubiera algo de desdoroso en cumplir con la ley del Eterno, en dilatar el horizonte de los conocimientos y estar al corriente de los quehaceres domésticos para convertirnos en el ángel tutelar de la casa, ser buenas esposas y dignas madres!
No tengo vocacion para el monasterio, para visitar diariamente las iglesias y atormentar á los padres con frecuentes confesiones so pretexto de devocion. No, no vestiré el sayal de la gazmoñería para ocultar al mundo la violenta pasion y el despecho que despedazan mis entrañas.
¡Á dónde me han conducido el orgullo, la vanidad y la desidia! Qué diferente fuera mi existencia, si yo me hubiera dejado guiar por los sentimientos que arranqué de mi corazon, si no me hubiera deslumbrado la fascinante luz de la vanidad que me arrebató de la cima del placer para lanzarme á la sima del dolor!; si en lugar de haber cultivado con tanto esmero el arte de la ostentacion, me hubiera dedicado con entusiasmo al aprendizaje de aquellas ciencias y artes que enriquecen nuestro sér y nos hacen dichosas en toda edad! -
Qué diferente es tu suerte, Casimira! Cuentas diez años mas que yo, y sinembargo, la sombra del pesar no se ha grabado sobre tu frente, ni agitado tu noble coraron. Mas, es verdad., tu educacion fué bien diferente á la mia, la vejez no te ha sorprendido con el perfume de la lisonja y de la ostentacion.
Con la pintura, el bordado, la gramática, la geografía y la historia, diste un perfecto desarrollo á tu imaginacion, pusiste en juego la inteligencia y percibiste el porvenir, comprendiendo el término de la vida humana.
¡El Eterno, en su justicia, nos presenta hoy como el mas palpable é instructivo ejemplo á nuestro sexo!
Sé feliz. Tu amiga,

MARGARITA.

 

EPILOGO

 

Concluida la lectura de la última carta, noté que Manuel se ha hallaba agobiado por una profunda tristeza, lo que me llamó sériamente la atencion, por ser esto una aberracion en su carácter naturalmente alegre y jocoso.
- Cómo es eso? le grité, no há muchos instantes saltabas como un payaso, y ahora te noto sumamente pensativo.
-La razon es muy sencilla, me contestó, pues los sainetes no agradan cuando los principales actores son nuestros amigos y los chasqueados las personas mas queridas.
-Ya comprendo: uno de los chasqueados fuiste tú; pero te has vengado á merveille, como dicen los franceses.
-Todo eso es cierto; pero, á la verdad, yo he sido muy cruel; me dejé guiar por el resentimiento, y durante cuatro años no evité medio alguno para hacer conocer á Margarita el odio que me inspiraba; y llevé mi cobardía hasta burlarme de ella cuando ya se hallaba vencida por la edad...... Hoy puede mas la compasion que el despecho Y créeme que si la volviera á ver......
-Le ofrecerias tu mano por esposo, no es así?
-Cabalmente; pero há tanto tiempo que no la veo!...
-Hoy mismo sabremos donde vive, y miéntras indagamos por su residencia, libemos unas copas de champaña á la salud de Margaritay del bello sexo en general.
Dicho lo cual, me apresuré á hacer saltar el corcho de una botella, y dos copas se repletaron con el mas blanco y espumoso champaña; á éstas siguieron otras, y ya íbamos á libar la tercera, cuando se presentó en la pieza el repartidor de periódicos, colocó sobre la mesa " El Tiempo," y entónces en lugar de consumir el licor recorrimos con la vista los títulos de la página visible. Por una casualidad nos fijamos á la vez en una necrologia, las copas se desprendieron de nuestra mano y un grito de estupor lanzamos al instante
Margarita habia muerto el dia ántes! Su nombre resaltaba en gruesos caractéres en medio de una sentida y patética necrologia.
Dos gruesas lágrimas bañaron las megillas de Manuel. Yo traté de consolar al que ántes me habia librado del spleen con sus chistes y graciosos ademanes.

1860.

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