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UNA CRIADA

 

POR LA CALLE

 

No há muchos dias pasaba por la calle una criada de esas que llevan el nombre de mandaderas, remilgadas y chismosas, diligentes y noveleras; especie de correos lugareños, que todo lo ven, todo lo saben y todo lo dicen ; que cual viviente y ambulante crónica trasmiten y promulgan por las calles, casas y tiendas los acontecimientos mas recientes y los hechos mas recónditos. Usan de limpieza y visten con descoco, siempre andan de prisa y para todo tienen tiempo.
Pasaba, digo, una de éstas, á quien llamaremos Cunegúndis, por frente á la casa de mi señora Timoleona, quien hallándose casualmente asomada á la ventalla, la llamó pasito y con repetidas señas, siendo esto lo bastante para que de un salto penetrara á la sala, y con una familiaridad poco comun se instalara en la alcoba. Preparada de esta manera se dispuso á contestar la série de preguntas que doña Timoleona le iba á hacer.
-Dime, y dónde te hallas ahora?
-Hace mucho que vivo onde mi señoa Clemencia: me pagan á peso, sirvo á la mesa, visto á los niños, remiendo y aplancho, y ando en la calle llevando recaos, comprando en las tiendas y trayendo á las casas las muestrasde modas que haigan llegao.
-Y tanto trabajo y apénas te pagan un peso? Y qué comen? Hace buen mercado don Tiburcio?
-Naa, si con tres libras de cacao, media arroba de carne, dos libras de azúcar y otras menudencias de mercao quiere pasar la semana. Allí dulce de almíbar? ni olerlo ni probarlo! cónque ayer se puso tan bravo porque le pedí para la sal, la manteca y el arroz, que me queria sacar los ojos. Y en este mes no gano mas que seis reales, porque se quebró una taza de china y me la han hecho cargo, sin tener yo la culpa!...... Y eso que mi amo don Tiburcio es rico.
-Y va allá alguno á visitar?
-Qué ! si allá no admiten forasteros ; cuando mas va de año en año el niño Querubin, y esto quisés porque dicen que se va á casar con la niña Patricia.
- No lo digas! Y se querrán?
-Muchísimo. Mañana hay un baile, la niña ha hecho un vestio pero de lo jaque, va á quedar como una paloma.
-Cuéntame, Cunegúndis, qué vestido lleva?
-Puf! blanco con ruedos rosaos, el curpiño tiene unos gajos de madreselva y un fleco de seda colarao, y de la cotilla salen unos lazos de cinta que le cantan. Ayer fuí a comprar un gallardete, y le llevé una caja de ramos pa que escogiera; aquí traigo un corte de linon, mire qué bonito!
-Ah lindura! Daca acá, lo desdoblamos y cortamos un pedacito, para ver si se destiñe.
-Mire que se pone bravo ñor don Juancho.
-No, quitamos del centro, con eso no se nota.
En un momento anduvo el corte de mano en mano, sufriendo ultrajes inauditos; y despues de haber sido colocado en diferentes direcciones, y puesto á varias distancias para ver su léjos y su cerca, volvió á su primitivo estado llevando unas tantas arrugas y el pedazo ménos de la prueba.
-Ahora bien, Cunegúndis, ¿quieres quedarte conmigo? Mirá, yo te pago á 10 reales por mes, te regalo tus pañuelos, y en fin, te libras de tanto trajin, como el que hay donde don Tiburcio. Aquí no tienes mas que aplanchar la ropa que hay, asear la casa y hacerte cargo de la despensa.
-Sí señora, ya me estoy envejeciendo en esa casa, y ni me visto de jundamento ni tengo libertaa pa naa. Pero eso sí, no me vengo hasta que no acabe de pagar estas naguas y la mantellina que era de la niña Patricia.
-Ala, y en cuánto te dieron todo eso?
Pus lo ques las naguas me costaron 14 reales y la mantellina seis pesos.
- Santo Dios! y tan caro así?
-Sí, señora; y esto que los ataderos me los regaló la niña Patricia porque fuera pronto á traerle á la niña Camila, pa que le cortara el camison que va á estrenar mañana. Pero me voy porque tengo quir á comprar una cinta y allá me están esperando.
- Tomá un merengue, pero mirá que tienes que venir siempre que tengas tiempo ; no se te olvide traer aquí primero las cosas que saques de las tiendas.
-Sí señora - Adios - Hasta mañana.
Aquí concluyó el interesante diálogo. Pocas horas bastaron para que se revelaran los secretos del hogar doméstico, pocos instantes para sonsacar una criada y dejar á una familia sin el servicio de una persona á quien habian, tal vez, consagrado un particular afecto.
Ah! si todos supieran que el honor de las familias está al arbitrio de las criadas, mucho se cuidarian de explotar esa abundante mina de cuentecillos de alcoba.
Hoy saborean la minuciosa y acaso adulterada relacion de una mandadera, y mañana. ofrecen al público su casa en la mas horrible desnudez!

(Tomado de "El Tabor" -1858).

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