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EL GAMONAL. | 1

 

CAPITULO I.

 

GABRIELA.

 

Hallábanse los campos mas inmediatos al pueblo L... tan alegres y llenos de esplendor en una hermosa mañana del mes de julio de...que hubiérase creido, la naturaleza queria ostentaren ese dia todas las galas y lujosa magnificencia con que suele vestirse en la fresca y deliciosa estacion del invierno.
A la falda de una pequeña colina, y sombreada por tres frondosos arrayanes, yacía una casa pajiza, que bien revelaba, por su aspecto ruinoso, haber servido de asilo á mas de dos generaciones.
Una mujer anciana, verdadero tipo de la resignacion y del trabajo, sentada en un estrecho banco y dando vueltas con el pié derecho á un pesado torno de nogal, extendia pausadamente los brazos para desprender de un blanco copo de algodon la mas fina y retorcida hebra que iba envolviendo en la cañuela, miéntras que una jovencita de diez á doce años de edad se entretenia en el patio en regar un poco de maiz, que cinco hermosas gallinas se apresuraban á comer á medida que iba cayendo.
No bien hubo la jovencita abarcado con su vista de lince todos los animales que formaban gran parte de la hacienda de la familia, cuando habiendo notado la falta de una gallina, se volvió apresuradamente hacia la anciana, diciéndole:
-Madre, sepa que falta la sarabiada.
-Ya se la llevaria el zorro, contestó ésta sin moverse del asíento.
-Tal vez el zorro de cabeza negra.
-Quién te lo dijo! ¿No sabes que es malo echar juicios temerarios
-Si hubiera sido el animal, á buen seguro que "Coronel" lo habria perseguido y escarmentado.
-Seguramente no lo sintió, ó se habrá entretenido la gallina en el pastal.
-Naa, mamá, sí al perro no le corren pulgas en el cuerpo, ni la gallina se queda nunca cuando yo las llamo á comer.
No habia acabado de hablar así la muchacha, cuando se oyó ladrar no léjos de la casa á Coronel. A aviso tan alarmante y significativo soltó la madre el copo y salió apresuradamente á la puerta hucheando y animando á Corónel, miéntras que Ursula, que así se llamaba la muchacha, voló como una flecha por entre el platanal y en direccion á donde se oia ladrar el perro.
Apénas habia sucedido esto, cuando apareció por detras de la casa don Fausto, montado en una mula rucia, con unos zamarros estrechos y diminutos, y llevando en la mano una pequeña zurriaga con la que solia acariciar el anca de la morosa rucia.
A la vista de don Fausto, la anciana se quedó como petrificada, tanto era el susto que causaba este hacendado á todos sus arrendatarios, de quienes apénas habia conseguido hacerse temer, pues nunca habia cultivado en el corazon de tan inocente y honrada gente la menor chispa de afecto.
-Cómo le va, ñoa Catalina? fué el saludo que hizo don Fausto con su ronca voz.
-Para servir á sumercé ; desmóntese.
-No, porque tengo que hacer una larga correría hoy. Feliciano dónde está?
-En la labranza.
-Habrá recorrido los potreros á ver sí falta alguna res
-Ayer estuvo en eso, y es que estaban todas áhi.
-Y el lúnes se acaba el mes, es necesario que me lleven la plata del arriendo, porque en mis tierras no se trabaja de balde. Y dígale tambien á Feliciano que alce un paso que se cayó allá arriba y vaya el domingo á las elecciones, porque si no vota conmigo lo despojo de la tierra. Si tengo vivientes en mi hacienda es para que me sirvan.
Dicho lo cual, desapareció por entre unas higueras y marchó en direccion de la casa principal de la estancia.
Durante todo este tiempo, pasaba en la casa principal una escena no ménos interesante.
A poca distancia del corral se elevaba majestuosamente un cedro antediluviano, cuyas enormes ramas verdes y coposas se entrelazaban formando un ruido monótono con su constante agitacion; el tronco que le servia de base abarcaba en su extension un largo trecho, capaz de ocultar con su grosor á mas de dos individuos.
Un jóven labrador, robusto y bien formado, cuya ardorosa y centellante mirada revelaba una energía infantil y la profunda pasion que le agitaba; parado detras del tronco, se levantaba sobre la punta de los piés mirando atentamente por entre unos arbustos, y lanzaba de cuando en cuando un silbo tan suave y lento que apénas se percibia á la corta distancia del corral.
A cada instante levantaba su vista al sol, y entónces manifestaba su mal reprimida impaciencia; una vez mas volvió á observar la precipitada pero uniforme carrera del astro del dia, y entónces como asustado levantó el azadon que habia abandonado cerca del árbol y se preparó á partir de aquel sitio, que tantos ratos placenteros le habia proporcionado en el corto espacio de un año, cuando sintió agitarse las ramas de un amaranto. Lleno de júbilo se dirigió á aquel punto y en medio de su entusiasmo iba á. lanzar una exclamacion, pero una jóven que venia corriendo como una gacela por entre los arbustos y adormideras, le impuso silencio colocando un dedo sobre sus frescos y delicados labios.
-Gabriela !-Feliciano! fueron las dos palabras que se cruzaron entre los dos amantes. Dos manos se estrecharon levemente, y luego no se oyó mas que la agitada respiracion de los dos.
La modesta, pura, tímida, pero apasionada Gabiela, no podia resistir las expresivas miradas de Feliciano y bajando tenazmente los ojos se contentaba con suspirar.
-Dime, Gabriela, por qué te encuentro tan triste? ademas de esto, hoy has estado muy remisa con quien te aprecia de corazon.
-Si supieras que no siempre se puede disponer del tiempo como uno quiere: he tenido tanto que hacer hoy, y mi padre se ha vuelto tan trabajoso en estos dias......
-Ya lo comprendo todo: taita Vicente ha dado en aborrecerme y quiere cortar nuestras relaciones á todo trance ¡Separarnos á los dos!...... No sabe que á mí nadie me domina, y que su voluntad es impotente para impedir que te ame. Bien podrá él conseguirlo detí ......pero de mí...... nunca!
-Feliciano!...... Exclamó Gabriela en tono de reconvencion, levantando los ojos arrasados en lágrimas. Qué poco me conoces! No ha bastado un año para que te convenzas de mi firmeza ; mas, Dios es justo y solo él conoce mis sentimientos.
-Perdon, Gabriela, he sido muy ligero, excusa mi injusticia, pero me tiene tan irritado el proceder de taita Vicente......
-El no es culpable.
-Entónces, quién? No es él quien te vigila sin cesar y quien no me ha querido admitir mas en su labranza? ¡cuando yo era su peon de la mayor confianza!
-Luego no sabes que el patron le ha ordenado que no te vuelva á dar entrada en su casa, sopena de despojarnos de sus tierras?
-No, Gabriela, yo no sabia todo eso. Solo sí, he comprendido que el patron me mira muy mal de poco tiempo acá. Es tan caprichoso don Fausto, y le habrán llenao la cabeza de multitud de cuentos. Hay tanta gente mala y envidiosa en este mundo.
A esta última expresion Gabriela lanzó un profundo suspiro y se puso encarnada como una grana.
- Si supiera el patron lo que pierde, continuó Feliciano: no lo digo con orgullo, ni por vanidad ; pero quién me echa tajo á mi? Quién llega primero á la cabecera, aporca mejor la sementera, saca tan ligero la hormiga y conoce mejor de labranza que yo? Así son las cosas - los ricos despiden y tratan mal quien mejor les sirve.
-Todo eso se lo dijo mi padre al patron, pero no bastó. Yo bien conozco que vamos á sufrir mucho, Feliciano; se nos prepara una suerte muy triste, mas no importa.
-Sí, Gabriela, la interrumpió vivamente Feliciano, estrechándolo una mano. Oh! con tal que los dos nos queramos, mejor dicho, con tal que nunca me olvides, qué me importa que el patron me deteste y eche de sus tierras? Es tan grande el mundo que no me faltara donde ir á trabajar; muchos hacendaos solicitan mi trabajo. No hay duda, Gabriela, las tierras sobran y los brazos faltan, mucho mas siendo uno bien honrado. Con que así, que don Fausto no me amenace con despojarme de su hacienda.
-Pero entónces te irás muy léjos.
-Aun cuando estuviera en el fin del inundo, ó en esas tierras donde hay gente con rabo hasta los piés, yo te veria todos los dias. Me dió Dios tan buenas piernas, que soy capaz de caminar un año sin descansar un dia.
Acababa de hablar así Feliciano, cuando Gabriela, que oyó bien cerca los pasos de una bestia y el ruido de un freno, se levantó repentinamente del césped, diciendo al oido á Feliciano
-El patron, el patron viene allí; huye ligero y ruega á Dios por nuestra comun felicidá.
Feliciano apénas tuvo tiempo de llevar la mano de Gabriela á sus labios y desapareció con 1a ligereza del gamo al traves de un tupido monte. Gabriela se halló bien pronto en el corral llevando por delante una vaca, que bien manifestaba ser cuidada con el mayor esmero en la casa de un pobre mayordomo.
Cuando don Fausto penetró al patio de la casa, ya Gabriela tenia maneada la vaca y atado un ternero blanco, robusto y jugueton á un pequeño tronco de bailador. Un muchacho que usaba todavía la camisa de lienzo holgada y suelta hasta los pies, puesto de cuclillas á un lado de la vaca, recibia en una vasija ancha la blanca, tibia y espumosa leche que Gabriela iba ordeñando con singular maestría; miéntras que la vaca, sin darse por entendida del robo que se le hacia á su hijo, se entretenia en lamer la frente de éste. Rebosaba ya la vasija con la provocativa espuma de la leche, cuando don Fausto, despues de haberse desmontado y amarrado la paciente rucia en el frondoso y odorífero naranjo que sombreaba el patio, se encaminó al corral, y haciendo uso de una maligna sonrisita, le dirigió la palabra á Gabriela.
-Ola, Gabrielita, muy atareada te encuentro hoy, pero segun veo, ya no le queda ni medio cruzado al ternerito, seguramente piensas festejarme con una buena taza de leche.
Gabriela se paró al instante, desmaneando la vaca y soltando el ternero con ligereza, y luego con su acostumbrada timidez fué á saludar al patron, alargándoIe el extremo de los dedos.
-Señor don Fausto, cómo lo ha pasado?
-Medianamente, pensando en tus hermosos ojos y en esas frescas megillas que tentarian al hombre mas estóico.
-Y mi señora Antoñita?
-Lo que es ella, lo pasa corno quiere, sin que me altere su salud ni su modo de vivir. Pero te encuentro qué remilgada; cómo me huyes, como si yo fuera un espantajo! No, pichona, mira que estoy celoso.
-Mas lo debe estar misia Antoñita.
En esto apareció el padre de Gabriela por detras de la casa, y dirigiéndose á don Fausto, le saludó quitándose el sombrero y haciendo mil cortesías.
-Y bien, ñor Vicente, qué hay de nuevo en la hacienda?
-No deja de haber algunas novedades.
-Cómo es eso? le interrumpió alarmado don Fausto.
-Pues que tenernos cuatro terneritos mas en la estancia, tan gordos y lindos los animalitos que es un encanto; lo singular es que todos sacaron en la frente la pinta blanca del toro.
-Vaya pues, así no vamos mal.
-Pero hay otra novedad.
-Cuál? Y abrió tantos ojos don Fausto.
-Que las sementeras se han perdido en gran parte, pues al maiz y al algodon les cayó una helada que los amarilleó, y al tabaco una granizada que casi no dejó hoja con vida.
-Luego ha caido granizo por aquí ?......
-Sí señor, la fortuna que fué arrocillo, que si no, nos quedamos esperando únicamente la soca.
-Válgame Dios, estamos de malas. ¿ Y falta alguna res, se ha formado algun paso, se ha entrado algun animal á la labranza, ó hay alguna otra novedad?
-No señor, lo único malo que hay es que han aparecido dos hormigueros entre el platanal, y están cargando yuca, que ya no hay mas que varejones.
-Y no se ha puesto sacarlo? Eso sí es pachorra.
-Como babia que á deshijar el tabaco y desde que no viene Feliciano me hallo tan solo.
-Ah! es que en cuanto á ese vagamundo, que no se me aparezca donde yo le vea; y hoy mismo me le dice que en la semana próxima me tiene que desocupar la tierra. Ya se vé...... añadió, despues de un rato de meditacion, no se lo diga hasta el lúnes. Y ya sabe que el domingo tenemos elecciones. Me lleva á todos los arrendatarios á votar. Y cuidado cómo falta alguno.
-Sí señor, contestó el mayordomo rascándose la cabeza.
En este punto de la conversacion iban, cuando el chiquito de la camisa larga se les arrimó haciendo una seña bastante significativa al padre.
-Camine, señor don Fausto, á hacer la penitencia, que ya usted ni nos dice cuándo viene, para tenerle siquiera preparada una gallina.
-Es inútil, porque siempre lo encuentro á usted aquí, y en cuanto á la comida, Gabrielita se esmera tanto, que cualquiera diria me tienen siempre festines preparados.
Al entrar á la sala, en la que el mayor órden y aseo ocultaban á la vista la pobreza de los muebles, se encontraba en su centro la tapa de una petaca de cuero vuelta hácia abajo y cubierta con una servilleta tan blanca como la leche, sobre la que se dejaban percibir tres enormes platos de loza, repleto el uno con un espeso caldo teñido con mantequilla, en donde se ocultaban unas cuantas papas y un huevo entero; en el otro se ostentabanl las esponjosas y muy delicadas legumbres de la hacienda, y en el tercero se hallaban agrupados formando el mas excitante frito, el plátano, las papas y la carne, coronado todo con una apetitosa tortilla, formada con queso, huevo y peregil. En una de las esquinas ocupaba un gran trecho una redonda arepa de maiz, en la que Gabriela habia agotado toda su habilidad y en fin, todo quedó concluido con un pocillo del mas aromático y espumoso chocolate, de aquel que Gabriela tenia reservado únicamente para en ocasiones tan solemnes corno aquella.
Don Fausto elogió aquel almuerzo improvisado y no dejó de revelar su apetito devorador.
No bien hubo dado el patron todas sus órdenes al mayordomo, cuando se despidió de todos y marchó para el lugar; dejando á taita Vicente sumido en una completa meditacion y á Gabriela un tanto azorada y algo mas que irritada contra el hombre que le arrebataba toda su dicha, y que labraba, tal vez, la ruina de su familia y la de su honrado y desdichado amante.
Cuando Feliciano llegó á su casa, ya se hallaba en ella Ursula con los despojos que el zorro habia dejado de la gallina sarabiada. Y fué ella quien primero salió al encuentro de Feliciano á contarle la novedad que habia ocurrido en la casa.
-No ve, hermano, le dijo en tono compungido, cómo el diablo del zorro se llevó la sarabiada, que era la gallina mas gorda y ponedera.
-Y qué fué que no corriste con Coronel á quitársela?
-Naa, si se la llevó pasito ; pero Coronel, que tiene olfato de chulo, olió el plumero y lo desencamó, lo mató y le quitó mas de media gallina.
--Con que todas esas gracias sabe mi perrito ! Con razon que me dijeran que era de buena raza.
-Pus sí señor. Y ya la gallina está compuesta para la comida. Y quién sabe qué tendrá el perrito porque no puede cerrar la boca, y echa mucha babaza.
-Eso fué que cogió al zorro por el pescuezo y se le llenaron los dientes de trementina, es necesario lavárselos hasta que se le quite, porque si no se enteca.
-Luego los zorros tienen de eso?
-El Umba es el que ménos tiene, pero el gatuno y el perruno tienen mucha. Diciendo esto se encaminó á la sala, dejó allí el azadon y luego se dirigió á la cocina, donde la mamá Catalina acababa de preparar el almuerzo.
-A ver, mamá, qué hay de almuerzo? dijo Feliciano; porque vengo muerto de hambre. He tenido tanto que trabajar hoy!
-Lo que es eso, ya está. Comamos ahora, hijo, porque bien pronto se va á volver el mundo al reves, y entónces...... Concluyó dando un suspiro.
-Y eso de dónde viene, mamá?
-Jesus! si lo que yo estoy viendo no revela otra cosa. ¿ No has visto esa palma que sale en el cielo hace algunas noches?
-Taita Vicente dice que eso es un cometa.
-Ya tambien las quiere echar taita Vicente de entendio; y no creen en las señas que Dios nos manda para que nos enmendemos. Y luego, no has visto que el sol casi no alumbra, y que la luna se pone muy colorada? Y no sentiste el temblor de la otra noche?
-Eso sí, y en verdad que estuvo fuerte el temblorcito.
-Pus todas esas son señales del fin del mundo; y luego la guerra, porque lo que es guerra, va á haber.
-Y eso cómo lo sabe?
-Si no te he contao lo mejor : estuvo aquí el patron.
-Cuándo? preguntó admirado Feliciano.
-Pus esta mañana; y estuvo de lo que se llama bravo.
-Maña vieja no es resabio, dice el refran.
-Preguntó por vos, y me dijo que alzaras un paso allá arriba, que le llevaras la plata del arriendo y que el domingo tenias quir á las elecciones. Ya ves que tengo razon para creer que va á haber guerra; siempre que hay de esas votaciones hay revulucion.
- Mas quisiera coger un alacran que esa papeleta que le dan á uno para mal de sus pecaos.
-Y dijo que si no ibas nos echaba de la tierra.
-Esa ya me la sabia de memoria, porque para todo son amenazas; los ricos nunca mandan de otro modo. Si á uno lo trataran con cariño, bien seguro que les serviría con voluntad.
-No hay mas que sufrir callaos.
-Y lo pior de todo, es que me faltan cuatro reales para pagar el arriendo.
-Yo tengo unas libras de jilo para ayudarte en el pago. En la otra semana no compraremos carne, pero siquiera pagamos lo que debemos. La fortuna que Dios no le falta á sus criaturas.
Tan pronto como Feliciano acabó de almorzar, se volvió á la labranza trite y pensativo. Su entrevista con Gabriela, los pronósticos de la madre, el pago del arriendo y las elecciones, le hacian temblar temiendo alguna desgracia. Pero de repente se paró sonriendo, y como burlándose de sus temores, exclamó: Gabriela me ama! Que vengan los sufrimientos.

(1) La palabra gamonal esta. tomada aquí bajo el significado que le da el pueblo, esto es: el de jefe y director de los negocios pilbilcos de un distrito, donde predomina su opinion, como sí fuera señor absoluto. El diccionario apénas le da el significado de: lugar poblado de aphodelias Locos asphodelis abundans.

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