ANACOANA
El señor Temístocles Avella, que en los últimos años se ha
presentado en la arena tipográfica exhibiéndose como un literato de
ingenio é instruccion nada comunes, nos ha regalado con una
produccion que bien merece elogio, atendida la pureza y elegancia
de estilo en que se halla concebida, como tambien por la
oportunidad con que ha sabido el autor aglomerar en un pequeño
juego literario, la relacion de varios hechos demasiado importantes
en la historia de la colonizacion suramericana, preparando de este
modo una trama bastante ingeniosa, y despertando en el lector una
avidez febril por llegar al desenlace de la novela.
El señor Avella ha tenido tino en la eleccion del asunto para la
elaboracion de su escogido trabajo. La historia de la colonizacion
es el mas bello repertorio de anécdotas curiosas, de hechos
asombrosos, cuyo relato pasma la imaginacion y hace vibrar la
cuerda mas sonora de la sensibilidad. Es ésta una mina inagotable,
la mas rica y preciosa que pueden explotar con provecho los
literatos en beneficio de la ilustracion de Colombia, haciendo así,
por medio de romances y novelas, familiar el conocimiento de la
historia de nuestro propio pais; pues es bien conocida la decision
y el ardiente interes con que se leen y son acogidas las novelas,
desatendiéndose el estudio de las obras sérias y verdaderamente
instructivas. Las mujeres, particularmente buscan con impaciencia
lecturas cuya suavidad de estilo, tramas ingeniosamente combinadas,
sublimes descripciones, hechos asombrosos y caractéres admirables,
den expansion á su espíritu, deleiten su imaginacion y procuren á
su corazon las mas raras y violentas emociones. Y es atendida tan
notable circunstancia, como los novelistas pueden proporcionar al
pais un inmenso bien, buscando como base fundamental de sus
producciones el estudio de la historia y de aquellas ciencias que
constituyen el mejor adorno en la instruccion de la mujer.
Hasta fines del siglo XVIII, preciso es confesarlo, muy raras eran
las novelas que ofrecian algun provecho á la ilustracion de la
juventud; la mayor parte se componia de trabajos superficiales,
cuentos mitológicos, fabulosos y ridículos ; rapsodias cuya lectura
derramaba un veneno letal, arrancando del corazon de la mujer el
candor, la inocencia y la pureza de sentimientos. Nada de positivo,
nada de sério é instructivo le quedaba á un lector despues de haber
terminado una de esas novelas, á no ser la exaltacion de las
pasiones, el vago recuerdo de hechos fantásticos, y el nombre de
algun personaje imaginario caracterizado como el héroe de la
novela.
Hoy la novela ha variado un tanto: ya se percibe en algunos de sus
principales capítulos la relacion de hechos de notoriedad, y como
protagonistas figuran séres cuyos nombres brillan en las mas
importantes paginas de la historia. Algunas de las obras de este
género contienen rasgos filos6ficos de amena é instructiva
enseñanza, y no pocas encierran una censura hábilmente dirigida
contra los malos hábitos, costumbres y preocupaciones vulgares que
por desgracia tanto reinan en nuestra sociedad. Bajo este aspecto
podemos considerar como monumentos de la literatura nacional al
"Doctor Témis" "Los Pizarros," "El Akimen-Zaque," "La taza de
claveles," "Los cuadros de la vida privada de algunos granadinos,"
y alguna que otra obra de inestimable mérito.
Deseamos que el señor Avella no se canse en el trabajo que ha
emprendido, que continúe enriqueciendo nuestra naciente literatura
con producciones del género que queda ya indicado, analizando y
exhibiendo en su verdadero colorido los hechos mas notables que han
tenido lugar en el mundo de Colon.
En medio de esa chusma de aventureros que por una fatalidad de la
América, vinieron á poblar sus selvas vírgenes, qué bellos y nobles
caractéres se encuentran de cuando en cuando! Hombres de
indisputable caballerosidad, de constancia y resignacion
infatigables, de valor á toda prueba, dotados de un entusiasmo y
una energía que traspasan los límites de la admiracion, en fin,
sacerdotes instruidos y piadosos, dignos apóstoles del
cristianismo.
Desgraciadamente son pocos, muy pocos, los que de esa turba de
corsarios peninsulares se distinguen, como Colon, por el brillo de
sus edificantes virtudes. Mas, por lo mismo es que los literatos de
nuestro pais deben empeñarse en levantar del olvido aquellas
figuras prominentes, confundidas por desgracia en medio de esa
falange de foragidos y desnaturalizados que, como los padres
Valverde y Boil, Roldan, Pedrárias Dávila y tantos otros, fueron el
baldon de la España.
Háganos conocer el señor Avella, con la habilidad propia de un
literato, á personajes tan distinguidos como el adelantado Colon,
digno sucesor de su hermano el Almirante; al célebre Balboa,
descubridor del Pacífico, favorecido por la enamorada y seductora
Fulvia, y por último desgraciada víctima del feroz Pedrárias:
caractéres tan raros como Juan Ponce de Leon, tan nobles y
prudentes corno Juan de la Cosa, tan orgullosos y atrevidos como
Ojeda, tan desgraciados como Nicuesa, y, en fin, tan sobresalientes
por sus virtudes evangélicas como los Reverendos Padres de las
Casas y Juan de Quevedo. Y no se olvide nunca de caciques tan
notables como Guarionex, Mayobanex, Caonabo, Cotobanamá, Careta y
Comagre, dignamente estimados por las numerosas tribus que poblaban
las extensas regiones que iban sintiendo la pisada del europeo,
corno se hace sentir á largas distancias la ardiente y desoladora
lava de un volcan.
Cuántos elementos para la pluma de un escritor lucido!
Tenga el señor Avella mas constancia en sus trabajos literarios, y
sea un poco mas preciso en la relacion de los hechos que elija para
la composicion de sus obras, y habrá adquirido el timbre que
merecen el talento y la instruccion. Á propósito de esto, me
permitiré hacer, en obsequio de la justicia, algunas observaciones
á la novela cuyo título encabeza este artículo.
Figuran en dicho opúsculo, como principales personajes, Anacoana,
la interesante poetisa, orgullo de la ántes opulenta y feliz region
de Geragua, y tambien la infortunada y espiritual Higuenamota, que
el autor hace aparecer bajo el nombre de Corima, yo no sé con qué
intento; pues, á la verdad, él no ha tenido necesidad de hacer esta
sustitucion de nombres, adulterando la historia, para darle mas
interes á la narracion.
Otra inesactitud que de ninguna manera debe pasarle en silencio por
afectar de una manera directa el sentido histórico, es la de
atribuir á Roldan la mayor culpabilidad en la escena atroz y
sangrienta que tuvo lugar en la hermosa provincia de Geragua,
escena que vino á deslustrar mas el honor castellano. Roldan era,
es cierto, un hombre de espíritu bajo, revoltoso é ingrato ; pero
quien, tal vez, no tuvo mas parte en la preparacion y ejecicio de
tal acontecimiento, que la parte que le toca un soldado ó á un
sargento en la direccion de una gran batalla. El autor ó verdadero
responsable fué Nicolas de Obando, Comendador de Lares en la órden
de Calatrava, hombre de gran verbosidad y finas maneras; pero
tambien capcioso» sutil, injusto y nada generoso. Casi todos los
cronistas de la colonizacion convienen en esto, y aun el mismo
Oviedo recuerda con admiracion la sangre fria con que aquel hombre
indolente se hallaba entretenido con el juego del "herron," al
momento de dar la fatal señal para que principiara la justa ó juego
de cañas, que habia de poner fin al gobierno de Anacoana y sepultar
en un lago de fuego y sangre sus vastos dominios.
Tampoco fué cierto que Anacoana muriera, durante esta escena,
consumida por las llamas; no, ella fué tomada prisionera,
aherreojada y conducida por órden de Obando al fuerte de Santo
Domingo. Allí murió ahorcada, de la manera mas ignominiosa, la que
tantos servicios habia prestado á sus propios enemigos, llevando su
generosidad hasta el extremo de perdonar, en ocasiones propicias
para ella, á los autores de la muerte de su marido y de la
desgracia de su querida hija Higuenamota.
A fin de dejar el señor Avella satisfecho al lector de su opúsculo,
termina su relacion histórica indicando que Ojeda, en castigo de su
perfidia con Caonabo, habia sido condenado por la Providencia á
vagar eternamente por los mares; y en verdad que semejante castigo
no puede dejar satisfecho al que tenga las mas leves nociones
acerca del carácter y la desenfrenada inclinacion que tenian á la
navegacion los que emprendieron la exploracion de aquellas
regiones, pintadas por Colon como el emporio de las riquezas y de
estupendas maravillas. La delicia de tales aventureros estaba en la
navegacion: ellos buscaban su porvenir, su gloria, al amparo de las
mas arriesgadas empresas, y con gusto entregaban su suerte al
capricho de las aguas, y arrastrados al traves de un dilatado
océano, tenian orgullo en desafiar las espantosas tempestades
frecuentemente desatadas, con tal de ver bien luego un mundo de
oro, poblado de séres pacíficos, ricos y originales. Si el señor
Avella se hubiera ceñido al sentido histórico, habria conseguido un
éxito mas brillante. Alonso de Ojeda, nos dice Washington Irving,
fué humillado ante sus enemigos Nicuesa y Esquivel, y su orgullo
tuvo que abatirse hasta el polvo en presencia de la generosidad con
que lo trataron estos caballeros cuando la desgracia vino á
visitarlo. Obligado poco despues de su mal aventurada expedicion, á
atravesar en union de unos ladrones la extensa isla de Cuba, sufrió
por mas de veinte dias una hambre devoradora y la mas rabiosa sed,
encontrando como único lecho de reposo las entrelazadas raices de
los manglares que flotaban á flor de las marismas. Al fin murió en
medio de la mayor pobreza, odiado de sus compañeros y olvidado de
sus amigos. Comara asegura ademas que, abrumado este diestro
navegante con tantos contratiempos, tomó el hábito de san Francisco
y murió como el mas triste de los mortales.
Perdone el señor Avella estas ligeras observaciones, escritas por
una mano amiga, que anhela impacientemente que el autor de
"Anacoana" adquiera renombre y gloria corno escritor público.
1865
Nota. El señor Avella ha publicado últimamente una relacion de
sus viajes por Europa: esta obrita digna de tan hábil como lucido
escritor es bien digna de leerse; y nos atrevemos á recomendarla al
público.