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JUEGOS DE PRENDAS

 

Tuve no há muchos años que marchar al pueblo N...... con el objeto de arreglar un negocio para lo cual habia sido comisionado por mi padre. Llevaba la esperanza de permanecer en dicho lugar al lado de mi amigo y condiscípulo José Casariégas, á quien estimo de corazon y profeso un decidido afecto.
Ya puede figurarse el lector cuánto gozaria á mi llegada al pueblo con solo ver á aquel compañero de mi juventud, y cómo nos la pasariarnos él y yo conversando por muchas horas haciendo recuerdos de nuestra vida estudiantil ; recuerdos que nos traian á la memoria esos placeres que solo se experimentan en aquella edad; esas ilusiones y estado de inocencia y sencillez propios solo del estudiante en aquellos tiempos; los robos de dulce que haciamos á la despensera, las pegatas que le jugábamos á los maestros ó catedráticos, la golosa, el trompo, los pipos, el tejo, el trique, el columpio y demas juegos que constituian nuestra principal diversion. Ah! el encuentro con un condiscípulo lo rejuvenece á uno, porque su presencia le recuerda esa edad en la que la traicion, la perfidia y el desengaño son casi desconocidos, y la amistad se concibe en toda su pureza.
Despues de haber paseado el lugar con mi amigo, y de haber sido presentado á varias familias, antojósele que le habia de acompañar á una reunion de familia en la casa de la señora Francisca Pérez de Urraca, señora de genio comunicativo, insinuante, franca y por demas amable y bondadosa, quien tiene dos hijas bulliciosas, algo inclinadas á la burla, y muy entendidas en esto de mitología y lenguaje de flores; las cuales han completado su instruccion con la lectura de unos cuantos versos, algunas novelas de estilo romántico y alambicado, y de alguno que otro retazo de historia que han cogido al vuelo; pero quienes en materia de civilidad se hallan muy al pelo, segun pude comprender.
Yo que soy un poco corto de genio, que me afano cuando me hallo entre mujeres, hasta el punto de olvidárseme cuál mano debe darse para saludar, y se me agolpa la sangre á la cabeza cuando la mirada de una señora llega á encontrarse con la mía; le puse mil obstáculos á José, á fin de hacerle desistir de su intento; pero todo fué inútil, él deseaba proporcionarme un rato de placer, por lo ménos así lo aguardaba, y no hubo remedio, tuve que resolverme á partir, no sin algun temor; bien me decía el corazon el berengenal en que me iba á meter.
Cuando llegarnos á la casa, ya otra familia y dos ó t.res caballeros se encontraban de visita allí, personas desconocidas para mi, y para las cuales debia yo ser un extraño.
Despues de los cumplidos del caso, y de haber tomado asiento, la conversacion fué animándose, y del buen humor y la charla se paso á losjuegos. El "Ciprian, Ciprian," "la maluca," "la gallina ciega," fueron ejecutados en medio de la mayor animacion, de risas y alborozo; hasta entónces todo iba perfectamente, reinaba la cordialidad, y el placer se hallaba pintado en el semblante de todos los concurrentes ; pero no faltó quien propusiera se pasara á los juegos de prendas; tal proposicion fué recibida por aclamacion; el pelo pareció enrizárseme en aquel momento al oir aquella resolucion; pero por no pasar por descortes me sometí ciegamente á la decision de la mayor parte de los concurrentes.
-Que apuren la letra M, gritó uno, y un pañuelo hecho nudo comenzó á rodar de mano en mano, hasta que al fin cayó en poder de un jóven campesino, tímido y poco acostumbrado á esta clase de reuniones, quien no pudiendo pronunciar por el momento palabra alguna que comenzara por la letra M, fué declarado culpable, y en consecuencia se pasó á indicarle la penitencia que debia cumplir.
-Pues que compare á las mujeres con las Diosas y diga porqué, dijo una de las señoritas.
-Bueno, bueno, gritaron todos.
-Pero si yo no sé nada de eso, replicó el pobre jóven sudando á mares.
-No le hace, compare usted, porque se la duplicamos, dijo otra señorita que hacia de protagonista en la reunion.
El jóven, que entendia tanto de Mitología como yo de griego y de sanscrito, creyó buenamente ser una misma cosa Diosa que santa, y apeló al calendario como mejor y mas seguro recurso.
-Aver, pero compare, dijo la literata, creyendo que por lo ménos iba á ser comparada con Minerva ó con Vénus.
Quedóse el jóven atisbándola de arriba á abajo, en tanto que ella trataba de erguirse sobre el asiento, se sonreia y hacia dengues; y observando que le faltaba un diente y no sé cuantas muelas, acordóse del martirio por que pasó cierta santa y exclamó
-Pus, yo la comparo con santa Polonia.
Decir el nombre de la santa y desprenderse una tempestad de carcajadas fué todo uno.
-Y por qué? gritaron muchos á la vez.
-Pus, pus......
-Por qué, por qué? dijo la señorita que se hallaba en áscuas.
-Por lo desdentada.
Un rayo que hubiera caido sobre la cabeza de la impertinente señorita no habria causado un estrago ó efecto igual, segun lo dejó conocer por la mirada colérica que le lanzó al infeliz penitenciado.
Las señoras que seguian, calculando que su vanidad no iba á quedar bien parada, manifestaron que daban por cumplida la penitencia. En consecuencia, el juego continuó, y como era muy natural, yo fuí elegido como victima.
-Que de tres señoritas, regale una, mate otra y le componga un epitáfio, y deje una para sí, á quien le regalará una flor, dijo una señora que ocultaba las canas bajo un pañuelo negro; y no contenta con esto me designó las tres que se hallaban á mi frente ; entre las cuales se hallaba una señorita bien graciosa á la verdad, de mirada picaresca y que usaba una sonrisita capaz de enloquecerlo á uno. Por lo visto, mi eleccion no era de lo mas difícil ; pero no así en cuanto la composicion del epitáfio que habia de escribir sobre la tumba de la que destinaba á la muerte. Mis súplicas para que me relevaran del maldito epitáfio fueron inútiles. En vano les manifesté que en mi vida habia sido capaz de componer un verso. Nada, la sentencia era irrevocable, y las señoras insistieron en hacer de mí un poeta, corno Moliére sacó un médico á palos de yo no sé que gañan. Despues de mil sudores y fatigas, de haber puesto en prensa mi imaginacion para buscar un consonante, me convencí que todo esfuerzo era inútil ; pero como todos urgian, me miraban y se cuchicheaban al oido, determiné salir de aquel potro de tormento, comenzando por elegir para mí á la señorita de los ojos negros, á quién le regalé un clavel encarnado para el dia de nuestras bodas. Un jóven que se hallaba á su lado, tomó la cosa por lo sério, creyó que aquello era una formal declaracion de amor, y no pudiendo disfrazar su desagrado, tosió, frunció las cejas y se retiró de la rueda que teníamos formada.
Para agravar mi situacion tuve la ocurrencia de dedicarle al jóven campesino la señorita que en mala hora habia comparado él con santa Polonia.
La tercera señorita que ya se vió condenada á muerte, no quiso aguardar el suplicio, y bajo no sé que pretexto se levantó del asiento; con lo cual se disolvió el corro y yo me libré del maldito epitáfio.
Nosotros tomamos tambien el partido de retirarnos; pero apénas nos habíamos despedido, y cuando ya nos encontrábamos en la puerta, se me aproximó el jóven que tan mal humorado se habia separado del juego, y me dijo: Mañana arreglaremos cuentas, y si usted es caballero me dará una satisfaccion.
Sorprendido quedé con aquella intimacion, pues yo no hallaba en qué hubiera ofendido á dicho jóven. Fué solo al llegar á la casa de mi amigo, que comencé á ver claro, al referirme José que el tal duelista era nada ménos que el futuro esposo de la señorita á quien habia elegido para mí; yo me creí alma de la otra vida y mi sobresalto llegó á su colmo, cuando supe que deberia batirme con un matasiete, hombre sin Dios ni ley, acostumbrado á manejar la pistola y busca ruidos de profesion; razon por la cual, tomé el prudente partido de abandonar el lugar á aquella misma hora, desatender el negocio á que habia ido allí y poner mi cuerpo en salvo, antes que ir á verter mi sangre por una causa tan triste y de poca significacion.
Á las dos de la mañana ya tenia tres leguas entre el pueblo y yo, tal era la furia conque habia marchado ; púseme entónces á reflexionar acerca de las consecuencia que trae siempre consigo una imprudente exigencia, é hice propósito de evitar la concurrencia á aquellas casas, donde se le obliga á uno hacer lo que no quiere ó no puede, donde se le urge, se le acosa y se le desespera comprometiéndo hasta de caer en ridículo, ó de pasar por soez y poco condescendiente.

1870.

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