EL HUERFANO
I.
El año de 1824 terminaba su carrera.
En una casa de humilde aspecto, situada en una calle extraviada del
pueblo de San Gil, tenia lugar una de esas escenas de familia tan
comunes en aquella parte desheredada de la sociedad, en cuyo
horizonte rara vez se ve lucir la estrella de la fortuna; y donde
la miseria con todos sus horrores parece sentar plaza de
interminable duracion.
Un mujer, en cuyo semblante se veian pintados el desvelo, el
cansancio de un trabajo tenaz, y la resignacion propia de una alma
cristiana, aplanchaba sobre una mesa pequeña y deteriorada un poco
de tabaco, del que mas tarde iba sacando los cigarros con que
llenaba la canastilla que tenia á su lado. De hora en hora se
levantaba para aproximarse al lecho en donde una hermana pasaba los
dias sintiendo los agudos dolores de la cruel enfermedad, que hacia
años la atormentaba. En una de estas ocasiones, se sentó á su lado,
y con una amabilidad y cariño extremados le dirigió la siguiente
expresion:
-Cómo se siente, hermana?
Entónces tratando de fingir la enferma una reposicion, que estaba
muy léjos de experimentar, le contestó con una sonrisa: bien, mi
querida Victoria, vete á descansar; has trabajado toda la noche, y
cada dia te veo mas aniquilada por esa laboriosidad, que terminará
por rendirte al fin.
-No, hermana, el trabajo no me incomoda, es demasiado sencillo, y
aun cuando superara á mis fuerzas, yo me sobrepondria; es lo único
conque nos mantenemos! añadió lanzando un suspiro ; ademas, ya ve:
tengo que ver por la educacion de José María; pues para mantenerlo
en la escuela hay que pasar por algunos gastos.
-Es cierto, exclamó la enferma. Y no poder yo levantarme de aquí! !
Mucho nos interesa la suerte de ese muchacho; es nuestro sobrino,
huérfano, y sin mas apoyo que tú y yo. Afortunadamente tiene una
índole de ángel, es muy aplicado, sumamente comedido, y creo que no
carece de inteligencia.
-Si, hermana; no ve que ya sabe leer y escribir! Y cómo se pinta
para hacer un mandado: á las cinco de la mañana ya tiene barrida la
casa, llenas de agua todas las vasijas; y cuando viene de la
escuela no se le ve un momento desocupado.
En este momento iban de la conversacion, cuando entró á la casa el
muchacho, con tales muestras de alegría, que las dos ancianas no
pudieron ménos de llamarlo, y de preguntarle á la vez:
-Qué hay?
-Pues qué ha de haber, tia Cesárea y tia Victoria: que viene el
señor Obispo Lazo, y que hoy me gané un premio en la escuela.
-Conque viene el Obispo! contestó la enferma llena de alegría;
ahora conseguiremos que te confirmen; pues ya tienes diez años y no
has recibido este sacramento.
-Y yo quiero que mi padrino sea don Vicente, dijo el muchacho dando
saltos en el aposento.
-Bueno, José María, exclamaron ámbas ancianas.
Con lo que terminó el diálogo por ese momento.
II.
El año de 1828 habia llegado. Los vecinos del distrito de San
Gil, animados por el noble ejemplo de su Cura, el ilustrado
sacerdote, doctor Francisco J. Otero, trabajaban con impaciencia
por terminar la obra de la iglesia parroquial; no faltaba mas que
dorar el tabernáculo principal, para dejar concluida una obra que
hará honor para siempre á los que dirigieron los trabajos, y mas
aun, á los generosos vecinos que contribuyeron con su capital, con
su prestigio y con su labor, para llevar á cabo este monumento
levantado á la religion.
Habia llegado por ese entónces á este lugar el señor Manuel
Carrero, hombre versado en el arte del estucado, de carácter
austero, sumamente rígido en sus costumbres, y de una educacion no
comun. Este fué el artista designado para la conclusion del
tabernáculo, y en efecto, á muy pocos dias se le vió trabajando con
tal consagracion, que pronto dejó conocer el tino con que
abrillantaba el yeso y aplicaba el dorado. Un muchacho lo
acompañaba; era José María, quien habia podido insinuarse con el
artista por medio de su comedimiento y docilidad de carácter, hasta
el punto de ganarle perfectamente el afecto y simpatías, y llegar á
ser su inmediato adjunto en todas las operaciones del trabajo. Nada
se le escapaba al muchacho; él analizaba hasta el menor gesto del
artista, observaba con cuidado cuanto hacia éste en el desempeño de
su profesion, y terminaba por sacar apuntamientos de todo lo que
veia. Su inteligencia empezaba á desarrollarse, y el espíritu de
observacion daba vuelo al genio, que mas tarde debia alcanzar una
posicion elevada con el auxilio de una profesion nada vulgarizada
hasta aquellos tiempos. Afortunadamente, el maestro Carrero nada
tenia de egoista, amaba á los jóvenes, y con preferencia á aquellos
que eran sumisos é inclinados al estudio. En José María habia
hallado un modelo de aplicacion, y se propuso descubrirle todos los
secretos de su arte ; la semilla habia sido sembrada en un terreno
fértil; y el jóven, que tanto habia apurado los sinsabores de la
miseria, salió del lado de aquel generoso artista con un porvenir
ménos sombrío.
Cuando el tabernáculo quedó concluido, José María era ya un hombre:
tenia una profesion de qué vivir, aunque modestamente, y mejorar la
suerte de aquellas piadosas mujeres que tanto se habian desvelado
por su educacion.
III.
Entre los pueblos que ocupan la banda occidental de García
Rovira se halla la villa de San Andres, lugar de antigua fundacion,
y cuyos habitantes son tan laboriosos, como honrados y
hospitalarios. Allá por los años de 1829 á 1830 se daba fin en la
villa de San Andres á la obra de la iglesia; mil dificultades
tenian que vencer los piadosos vecinos de este pueblo para terminar
el templo ; pero el entusiasmo y el sentimiento religioso que los
animaba venció los obstáculos.
Como en San Gil no necesitaban ya mas que de un dorador, y como la
fama del discípulo de Carrero se habia extendido hasta aquellos
lugares, no vacilaron en llamarlo, ofreciéndole una digna
compensacion por su trabajo. El contrato fué celebrado con el
artista por un comisionado especial, y á pocos dias, José María se
retiraba del pueblo de su nacimiento para marchar al lugar, donde
la fortuna le esperaba. EnSan Andres halló una digna acogida, se
vió rodeado de las consideraciones, y de las simpatías de una
poblacion agradecida, sencilla y laboriosa. José María dejó
concluida la obra á que se habia comprometido, á contentamiento del
Cura y de sus feligreses; pero corno éstos hubiesen observado que
el artista no solamente sabia aplicar el dorado sobre el yeso, sino
que era un aventajado pendolista, y que poseia conocimientos
bastante extensos en las primeras letras, agregando á. esto, una
conducta ejemplar por la pureza de sus costumbres, lo excitaron
para que fijara allí su residencia, y se hiciera cargo de la
direccion de la escuela pública de varones. José María agradecido á
los hijos de San Andres por las multiplicadas pruebas de afecto que
le rendian, no vaciló en aceptar la propuesta, y desde ese momento
trazó la regla de conducta que habia de observar en lo sucesivo al
hacerse cargo de la educacion de la juventud.
Muy pronto se dejaron conocer en el adelanto de los niños los
brillantes efectos de una esmerada enseñanza; los padres de familia
hallaron en aquel Mentor el digno Mecénas de sus hijos, y
determinaron rodearlo cada vez mas de prestigio, y de los recursos
que necesitara. José María correspondió con prodigalidad á las
esperanzas que la poblacion habia fincado en él; pero no contento
con dedicarse exclusivamente al magisterio de la enseñanza, quiso
consagrar todos los momentos que le quedaban desocupados al
aprendizaje del "Derecho patrio," á estudiar la marcha política de
nuestro país; y en fin, á extender el horizonte de sus
conocimientos por medio de la lectura.
Con los ahorros que le quedaban, iba comprando algunas obras de
jurisprudencia; leia con avidez los libros que constituian la
biblioteca del Cura, y cada ocho dias se imponia del contenido de
la Gaceta nacional que llegaba por el correo. Cosa admirable! este
hombre sin mas director en sus estudios que su entusiasmo,
consiguió tal adelanto, que no tardó en hacerse el abogado del
pueblo y el Director de las pocas oficinas públicas del
distrito.
Algunos años despues, cuando ya José María pudo hallar una persona
idónea que lo reemplazara en el puesto que le habia sido confiado,
se separó de la direccion de la escuela para entregarse de lleno á
la mejora del pueblo, en el desempeño de otros destinos de no menor
importancia. Alternativamente fué ejerciendo las funciones de
Alcalde, de Juez y de Presidente del ayuntamiento, constituyéndose
en el padre de aquella poblacion, sin ahorrar medio alguno por
engrandecerlo y sacarlo del abatimiento en que se hallaba.
Uno de los puestos mas distinguidos que ocupó por primera vez, y
donde pudo revelar al público la rectitud de sus intenciones, lo
sano de sus ideas y la conviccion de sus principios, fué el de
Diputado á la Cámara provincial, donde, si no nos equivocamos,
consiguió la creacion del canton "Fortoul," dándole por capital á
San Andres. Posteriormente desempeñó otros destinos de igual
categoría; hasta el año de 1853, en que fué elejido por la
provincia de García Rovira, miembro de la Cámara de Representantes.
En el Congreso de dicho año, tal vez uno de los mas importantes que
ha tenido la República, se manejó con la dignidad y entereza que
cumplen á un empleado probo, y que tiene conciencia de la elevada
mision con que ha sido investido.
El señor José María Duran, á quien llamaremos ya por el apellido
con que fué reconocido por sus compatriotas, se mantuvo puro é
incorruptible en la curul á que habia sido elevado, sin comprometer
de antemano su voto en las delicadas cuestiones que entónces eran
el objeto de una acalorada discusion, alucinado por las vanas
ofertas que acaso le fueron hechas.
El año de 1854 llegó, cuando ya la República se hallaba abrasada en
la espantosa revolucion que tuvo su orígen el 17 de abril, y que
terminó con la jornada del 4 de diciembre cubriendo de gloria á
Mosquera, Herran, López, Herrera y otros célebres generales de la
República.
Durante el tiempo de la contienda, el señor Duran prestó
importantes servicios, y tuvo ocasion de ejercer con sus amigos y
conciudadanos la generosidad y sublime filantropía que le eran
características. Y cuando la paz hubo desplegado sus alas sobre
nuestra desgraciada nacion, se retiró al pueblo donde se habia
formado, y donde habia hallado, en la señora Concepcion Valencia,
una esposa de inestimables cualidades; respetable matrona de una
cuna sin mancha, y de una virtud comparable tan solo á la que
abrigaba el corazon de su esposo. El cielo no les concedió familia;
pero ellos la buscaron en las dulzuras del matrimonio, adoptando
como hijos á todos los pobres, y tendiéndoles la mano á aquellas
criaturas desamparadas, que no tienen otro asilo, que la caridad
ejercida por los que en algo estiman las divinas doctrinas del
Salvador del mundo.
IV.
El señor Duran no quedó exento de pagar su tributo de dolor á
las enfermedades y mil otros sinsabores que son el patrimonio de
toda criatura. Hacia algun tiempo que habia comenzado á perder la
salud, sin que para recuperarla hubieran podido bastar las
aplicaciones de los mas acreditados médicos; hasta que al fin tuvo
que retirarse definitivamente de San Andres, vendiendo las
propiedades que habia adquirido á fuerza de un trabajo asíduo y
constantes ahorros, para trasladarse á la hacienda de" Carrillo,"
donde aun no pudo obtener una completa reposicion.
Cuánto fuera el sentimiento que causara en San Andres la separacion
de un vecino tan útil, y á quien le debia en gran parte este pueblo
el adelanto que habia alcanzado; bien puede ser imaginado por los
que saben cuánto vale para un distrito la presencia de un ciudadano
honrado, inteligente y verdaderamente desinteresado.
De la hacienda de "Carrillo," pasó el señor Duran á Pamplona, y de
allí vino á radicarse á Piedecuesta, donde le tocó pasar la
revolucion de 59 á 60; pero donde á pesar de su quebrantada salud,
prestó con su dinero y su prestigio no pocos servicios á la causa
liberal. Mas tarde, emprendió con el señor David Mac Cormick la
construccion del puente de alambre sobre el Chicamocha, interesante
obra, que no habria podido llevarse á cabo sin la paciencia, la fé,
la constancia, el desprendimiento del dinero, que tanto enaltecian
al señor Duran. Sea este uno de los muchos monumentos que
atestigüen el genio emprendedor y progresista de aquel modesto
ciudadano.
Aun no habia podido llevar á cima el señor Duran otras empresas,
que en beneficio de la sociedad intentaba, cuando sus enfermedades
vinieron á agravarse de tal manera, que concluyeron por rendirlo á
la cama y llevarlo al sepulcro, cuando no habla pisado el umbral de
la senectud!! La energía, la elevacion de su espíritu, su ardiente
amor á la ilustracion, y por todo lo que tienda á dar impulso á la
civilizacion no le abandonaron en el lecho de la muerte. Su
carácter filantrópico quedó estampado en el testamento al legar un
fuerte capital al colegio y hospital del lugar de su nacimiento, y
una suma de no poca consideracion para los pobres de aquel pueblo,
donde se deslizaron los dias mas felices de su existencia.
Al escribir la anterior biografía, mi pluma no se ha propuesto otra
cosa, que tributar un justo testimonio de admiracion á las virtudes
cívicas y evangélicas, que abrigaba el corazon del señor José María
Duran. Puede que en su calidad de relator haya cometido algunas
inesactitudes, y dejado de referir algunos hechos importantes; mas,
si esto ha sucedido, débese á la ligereza con que he tenido que
trazar el anterior cuadro.
Los hombres que quieran hallar un verdadero modelo de civismo, que
estudien la vida del señor José María Duran.
Los jóvenes que desesperan del porvenir, por no haber nacido en
medio de las riquezas, que se fijen en la historia del muchacho,
cuya cuna fué mecida al soplo de la miseria, y que al marchar á la
eternidad, murió colmado de honores, dejando un nombre esclarecido
y una memoria ejemplar á su pais.
1866.