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DIAS ACIAGOS

 

O LA FUERZA DEL DESTINO.

 

AL SEÑOR E. P.

 

Tuviste la fineza, caro Eustacio, de invitarme á la lucida tertulia que en obsequio de no sé que sílfide diste en dias pasados, y como mi excusa te dejara muy poco satisfecho, te debo una contestacion franca é ingénua acerca del motivo que me impidiera tomar ó hacer parte de tus regocijos en el dichoso dia de tu feliz TORMENT0.
Es el caso, que yo me hallaba en mi "dia de dias," es decir: en uno de esos que nuestra estrella nos hace conocer como de mal agüero; y por esa razon habia escondido mi personalidad en la cama, temeroso de que si le daba el aire le sucediera algun percance cosa que á todo individuo le pasa en este mundo, aun en los dias mas risueños de su vida. De manera que en semejante dia yo huyo de la sociedad como de mi mayor enemigo, en lo cual no tengo que hacer mayor esfuerzo, pues siendo persona de exiguo capital, poco inclinado á la intriga, y por consiguiente de ningun valimiento político y social, el número de mis relacionados es muy reducido, y cada vez se va disminuyendo á medida que me voy quedando atras, en lo que no hago reparo alguno, pues ya sabes que la amistad tiene por base la igualdad de circunstancias, de manera que roto el equilibrio, los que van adelante olvidan á los que quedan atras, cosa muy natural en nuestros tiempos. No lo digo por tí, caro Eustacio, que siempre te he hallado el mismo, tanto en la fortuna como en la adversidad, y si algunas veces he sido víctima de mil descepciones no es tu mano la que me ha clavado el punzante aguijon de la perfidia.
Te decia, que en ese dia me precavo hasta de la comida, de la luz, del viento, de las relaciones íntimas, y de tocar toda arma ofensiva, razon por la que en ese dia me pongo en clausura perpétua con la "bella mitad" del género humano. Y para evitar el encontrarme con ningun aficionado, espadachin avaro, tartufo, chismoso, muchacho engreido, viejo dogmático, acreedor exigente, deudor petardo, político ambicioso, me enfrasco en mi cama y allí permanezco escondido hasta que el reloj de la catedral hace vibrar la campana con los doce mas ansiados golpes que van á arrancar de mi pecho el horrible peso del temor y de la incertidumbre. Y para darte una satisfaccion mas completa voy á revelarte lo que há pocos dias escribí acerca de este asunto.
Cada individuo tiene su dia así como cada santo el suyo, bien que éste si lo tiene es de glorias, miéntras que al otro le llega con mil penas y sinsabores; esto no nos excusa de otro y otros dias no ménos tristes que aquel que el calendario nos revela como aciagos y fatales, pues si por uno de nuestros frecuentes caprichos quisiéramos contar los dias por las congojas y sufrimientos que la suerte nos prodiga, á los veinte años de existencia podríamos contar con mil lustros de tormento. Pero, la sociedad que se agita y desvive por mitigar los males y aumentar los goces, ha imaginado un medio bastante ingenioso para borrar las penas del libro de nuestro destino y hacer mas vivos y duraderos los pocos momentos de placer que se dibujan con colores demasiado pálidos en el cuadro de nuestra existencia. Consiste esta graciosa invencion en señalar como fatídico cualesquiera de los dias marcados en el calendario, caiga en él el santo que cayere, que esto en nada aumenta ni disminuye las penas que han de venir aglomeradas á atormentarnos en tan funesto lapso de tiempo.
La atencion del hombre debe pues encaminarse á averiguar en la estrella de su vida, cuál es el número aciago que le corresponde, el que conocido una vez debe aguardarse con todas aquellas precauciones y cuidados conque Larra aguardaba su "dia de dias," y con aquel respeto y recelosa atencion conque los antiguos esperaban el primer lúnes de agosto, por mas despejado y risueño que éste se presentara; el que trascurrido una vez, les dejaba en plena libertad para emprender cualquier negocio; dar cima á las mas arriesgadas empresas y hasta unirse á una mujer con lazos matrimoniales ; fiar en la sinceridad de un íntimo relacionado; deslizarse por la superficie del agua entregando su suerte á la ventura de una débil piragua, y buscar con la punta de la espada un horizonte mas extenso á su poder, empresas las mas arriesgadas que en esos como en estos tiempos se ejecutan y han ejecutado sin dejar de encontrarse con un lúnes de agosto en todos los dias del año.
Mas, habiendo observado algunos de los mas venerados sacerdotes del paganismo, que una vez trascurrido uno de los dias que ellos señalaban como peligrosos para la humanidad, todas las penas é infortunios continuaban su carrera de una manera boyante é imperturbable, y los instantes de dicha apénas podian distinguirse entre el cúmulo de desgracias que entónces como ahora atormentan á todo sér racional, hicieron en sus tablas una nueva clasificacion, dando al dolor un lapso de tiempo mas duradero y señalando á cada individuo en especial su dia aciago, que indudablemente no seria aquel en que nos toca rendir nuestro tributo á la naturaleza, pues siguiendo la opinion de varios filósofos, pocos los hay tan dichosos como aquel en que el espíritu pasa á la eternidad del placer, si es que no le toca marchar á aquel mundo que los santos padres nos pintan con colores nada halagüeños.
Tan de moda se hicieron estas clasificaciones del tiempo, que Breton obrando con mas cordura, señaló á las mujeres su cuarto de hora, tiempo mas que suficiente, puesto que, un cuarto de hora basta y sobra para que toda humana criatura caiga en desgracia, así como basta un instante para que se rompa en mil fragmentos el mas hermoso y terso cristal.
Los ingleses no anduvieron ménos parcos en esto de elegir ó averiguar sus dias de tristeza y recogimiento, y tanto ha prevalecido entre ellos semejante costumbre, que aun hoy no es extraño ver que los mas, impulsados por esa apatía tan dominante en ellos, adopten en cierta época del año una completa clausura, durante la cual, dizque Baco obtiene sus mas fervientes votos, en lo cual revelan su mayor cordura, pues si con el influjo de semejante Dios no consiguen borrar las penas del libro de su destino, á lo ménos el intenso dolor que ellas producen queda mitigado por demas.
Hechas todas estas observaciones, púseme no há mucho á reflexionar acerca del dia que me hubiera tocado en suerte, y no tuve mayor trabajo en hallarle, pues, á poco no mas, dí con cierto dia del año en el que recordé me habia sucedido siempre algun fracaso, nada ménos, que ser en la fecha de éste, la primera vez que me separé, aunque temporalmente, del hogar paterno; la primera en que tuve la debilidad de confiar un secreto á un íntimo relacionado; la primera en que las mujeres y los hombres me hicieron dudar del amor y la amistad; la primera en que tomé posesion de un destino público; la primera en que las letras y el comercio me negaron sus favores; y en fin, la primera en que mis necesidades me hicieron contraer una deuda cuyo pago tuve que asegurar con mi reloj y un anillo. Estas y otras circunstancias me hicieron tomar dicha fecha como la prefijada por mi destino, para hacerme conocer las miserias de este mundo y la pequeñez de las criaturas ante aquella fuerza irresistible que agita la humanidad á su capricho, y en un corto instante confunde con el polvo á los séres mas afortunados, disipa nuestras mas bellas ilusiones y clava en nuestro corazon la envenenada espina del dolor; y es desde entónces que la aguardo con un pánico temor y trato de desviar en la soledad las infinitas penas conque para mí viene henchida semejante fecha.

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