UN NOVICIO EN ALTA CORTE
I.
No há muchos dias que uno de mis mas inseparables camaradas,
impelido tal vez, por el deseo de animar mi espíritu y deleitar mi
imaginacion, como por librarme del terrible y maligno spleen que
tanto me atormenta, me hablaba con mucho entusiasmo y con esa
gracia y amenidad que le son características, acerca del fausto y
esplendidez del alta corte de la capital N......., corno de las
costumbres y del último grado de refinamiento de aquella clase de
la sociedad que ostenta con demasiado orgullo el pomposo título de
culta y civilizada.
Animado un tanto por el bello cuadro que mi amigo me habia diseñado
en pocos instantes con tan vivos colores, le manifesté el inmenso
deseo que abrigaba por conocer y tomar parte en las lucidas
reuniones de que tanto me hablaba.
Fué esto lo bastante para que al otro dia no mas, me anunciara
Próspero donde mi señora,Jacinta de,....... no interesa el
apellido, con tal que el indispensable de esté de manifiesto.
Al domingo siguiente, y cuando apénas habia tenido el tiempo
suficiente para vestir mi uniforme, ó como decia un amigo: "mi
paragrafo único," se presentó en mi pieza Próspero hecho un lion,
despues del saludo de costumbre, me manifestó suma extrañeza por
hallarme todavia en traje comun, estando tan próxima la hora de la
presentacion. Mas sorprendido quedé yo; porque, despues de haber
empleado mi muchacho gran parte de la mañana en acepillar mi
levita, pantalon y sombrero, y de haberse esmerado el peluquero en
rizar mi pelo y hacer mil figuras con mi escasa barba, no hallaba
cuál fuera el defecto que Próspero encontrara en mi vestido. Un
poco embarazado le pregunté la causa de su extrañeza, puesto que yo
creia estar con un traje bien decente para presentarme en la sala
mas aristocrática.
-Se conoce, me dijo Próspero, despues de hacer un gesto, que eres
un completo novicio respecto de los usos y costumbres de la corte,
cuando intentas hacer hoy una visita de etiqueta vestido con esa
levita de color, ese pantalon á cuadros, esas botas, el cuello
doblado sobre tan detestable corbata, y en fin, la falta de guantes
color de rosa, violados, negros ó amarillos-caña. Está visto, si no
tienes por hoy el vestido que exige la cultura, la visita tendrá
que diferirse para una ocasion mas oportuna; miéntras tanto tú te
meterás á la cama y te excusaré ante mi señora Jacinta,
manifestando, que, alguna enfermedad te ha privado del placer de
tratarla y de ofrecerle personalmente tus respetos. De otro modo,
serias mal recibido y presentarias la figura mas ridícula en medio
de la espléndida reunion que hoy tiene el honor de felicitar á una
de las señoritas de la casa por su cumpleaños.
-O lo que es lo mismo, le interrumpí, por ser hoy mas vieja que
ayer.
-Sea lo que fuere, replicó Próspero, lo cierto es, que esa es otra
costumbre inveterada en nuestra sociedad. Todo visitante ó
relacionado debe saber el calendario de memoria y cuidado con no ir
á dar el cumpleaños á. una señora ó señorita el dia de su santo;
porque has de saber que este es un motivo de eterno resentimiento;
ya ves, la sociedad tiene sus aberraciones, puesto que se juzga de
muy mal tono el no felicitar a una señorita por haberse deslizado
un año mas de su existencia, por haber palpado mas de cerca esa
edad en la que todo deja de ser ilusion para convertirse en una
triste realidad, y en fin, por haber dado un paso mas hácia el
último lecho reservado á los mortales.
-Segun eso, le dije, esa sociedad que me has pintado con tan vivos
colores, deja de ser filosófica para convertirse en ridícula.
-Oh! nada de ridículo tiene lo que te acabo de decir, pues sin
duda, esta es una de las mas inocentes costumbres que tiene la
sociedad, mucho mas, cuando ésta tiende á frecuentar las reuniones
y estrechar el afecto entre las personas que se visitan. Mas, el
diálogo va muy largo y ya son las doce y media; espero que miéntras
te alientas de la terrible enfermedad, mandes donde el sastre mas
acreditado por todas las piezas necesarias para convertirte en un
elegante Adónis, como tambien por un "Manual de buen tono" para
aparecer como el mas fino y cumplido cortesano.
Y. diciendo esto se marchó, dejándome sumido en la mas completa
meditacion acerca de lo que seria la brillante reunion de la que
dentro de poco iba yo a ser un miembro activo. Ya me figuraba que
los hombres mas inteligentes de la nacion tendrian asiento allí;
que los verdaderamente virtuosos, honrados, instruidos, de modales
finos y elegantes llamarian la atencion general de la reunion
captándose el cariño de las señoras y señoritas; y que, los que han
engolfado su corazon en medio de los vicios, que por sus
precedentes políticos, domésticos y sociales merecen ser tildados
por la sociedad como á enemigos acérrimos de la buena fe, de la
abnegacion patriótica (si es que existe,) del progreso moral é
intelectual, de la virtud y de la caballerosidad; y como a
decididos partidarios del vicio, del crimen y de la barbarie serian
mirados por tan bella reunion con el mayor desprecio é indignacion;
en fin, consideré á las reuniones del alta corte, como las fuentes
depurativas de la sociedad, como focos refulgentes de la virtud y
como unos de los mas preciosos elementos para establecer la sancion
moral.
II.
No habia llegado aun el otro domingo, cuando yo habia aprendido
perfectamente el" Manual de buen tono," y sabia cual pie había de
mover primero para entrar a una sala, con cual mano habia de tocar
la campanilla y desde donde debia quitarme el sombrero.
Á las doce usaba ya un soberbio vestido, indispensable targeta de
entrada para las reuniones del alta corte. Próspero llegó y despues
que haberme saludado cordialmente, tuvo la ocurrencia de
felicitarme por lo elegante de mi vestido y por la figura un tanto
interesante, que dizque presentaba en aquella ocasion, y en un
instante se precipitó hácia un hermoso florero que habia sobre la
mesa, sacó una rosa-príncipe que colocó en la solapa de su casaca y
luego un clavel mónstruo que puso en la mia.
-Oh! qué bien quedas, desafío al Adonis mas seductor, dijo Próspero
con burlona sonrisa.
-Mas, no es esto solo, le dije, pues has de saber que durante esta
semana he aprendido perfectamente "El código de buen tono," estoy
seguro de dejar satisfecho á Mr. Meilheurat, porque tengo de seguir
sus instrucciones ad pedem litteræ
-Oh! nada de eso, las reuniones de que vas ser miembro, han
adoptado un código bien distinto, el que tú irás aprendiendo
paulatinamente. Por ahora lo que importa es: que aparezcas como un
fuerte capitalista; que ostentes una instruccion superficial; que
aprendas el vocabulario obligado de algunos petimetres para
dirigirte á las señoras; que hables constantemente de Europa y
particularmente del barrio de San German y de los baños rusos, aun
cuando en tus viajes mas largos no hayas pasado de Cartagena; que
uses de una conversacion bufona,. picante y sarcástica.
-Pero ¿ cómo quieres convertirme en un lechuguino, pisaverde ó
erudito á la violeta? Tú me habias hecho el retrato de una reunion
bien diversa.
-Y estoy persuadido de que no te quejarás de mí, cuando ya conozcas
á la sociedad en todas sus faces, cuando veas tus principios de
igualdad perfectamente sancionados en la corte, pues basta vestir
cierto traje, usar de ciertas fórmulas y revelar alguna riqueza
para que todos inspiremos afecto y seamos considerados
igualmente.
-Oh! eso es horrible, exclamé fuera de mí, mucho te equivocas al
creer que yo hubiera de considerar igualmente dignos de atencion al
vicioso y desprestigiado, como al hombre verdaderamente
caballeroso, culto y de sentimientos nobles, con el solo hecho de
vestir ámbos un mismo traje. No, mi amigo, mis ideas acerca de la
igualdad son muy distintas de lo que te imaginas: la virtud, la
inteligencia, la civilidad y la instruccion tienen su preeminencia
en todo pais, donde la sancion moral se hace efectiva.
III
Un cuarto de hora despues, ya habia tenido el honor de ser
presentado ante doña Jacinta: no me detendré en describir la sala
de recibo, porque casí todo el mundo sabe cómo se amueblan y
adornan las salas de la corte, en las que se nota, es cierto, mucha
pulcritud y bastante elegancia; pero donde tambien se observan los
mas ridículos contrastes, pues al lado de ricos y preciosos adornos
que hubieran lucido en la pomposa Ménfis, se notan miserables
mueblecillos de aldea.
Al lado de doña Jacinta formaban un cuadro encantador cinco lindas
muchachas que se disputaban la preferencia por su mirada ígnea y
perspicaz, su expresiva y delicada cabeza, sus bien torneados
brazos, su ebúrneo y palpitante pecho, la perfecta configuracion de
sus formas, y en fin, por su graciosa conversacion, su trato franco
y la elegante sencillez de su traje. Yo me habia extasiado con la
belleza de las jóvenes, la dulce amabilidad de doña Jacinta, el
suave perfume que se aspiraba en aquella sala y la animacion que
tanto reinaba en tan agradable sociedad, cuando entraron cuatro
jóvenes. Desde su entrada tuvimos que guardar el mas profundo
silencio Próspero y yo ; pues dos de ellos se hicieron cargo de
llevar la palabra de la manera mas audaz y chavacana, quienes á mas
de los requiebros de mal gusto que dirigian á las señoritas, se
hacian cargo de despedazar la reputacion de aquellas personas que
habían tenido la desgracia de parecerles mal; y todo esto con la
mayor altanería y la mas completa ignorancia de su propio idioma.
Los otros se entretenían en jugar con su rizado pelo, sus vistosas
cadenas de oro y lustrosas y flexibles varitas. Yo conocía
perfectamente aquellos figurines: dos de ellos visitaban
diariamente las fondas, donde por la noche leian fingidas cartas de
amores y referían con el mayor descaro las citas que habían tenido
con distinguidas señoritas, las que tal vez no habían cometido otro
delito que el de favorecerles con una leve sonrisa. Los otros dos
eran unos ociosos, quienes á fuerza de sufrir constantes despojos
de los colegios, habian adoptado una vida holgazana y vagamunda; y
que muy poco familiarizados con los conocimientos mas vulgares, se
habian contentado con aprender á firmar las cartas ó endechas
amorosas que algun conocido les hiciera.
No tardaron en presentarse otros dos. Aqui llegó á su colmo mi
sufrimiento: uno de éstos que habia jurado completa adoracion al
Dios Baco, habia excitado en varias ocasiones la compasion de los
transeuntes por quienes había sido conducido á su propia casa. El
otro constante visitador de los garitos de la ciudad, habia
pernoctado muy rara vez en su casa................
No pude resistir sino dos momentos mas, y despues de todas las
atenciones del caso, nos despedimos para salir á desahogarnos á la
calle. Próspero salió con su acostumbrada sonrisita, y yo con el
corazon prensado por una completa admiracion y desengaño.
-Nunca creí, le dije á Próspero, que semejantes personas que han
recorrido todas las escalas de una vida viciosa, holgazana criminal
y aventurera, pudieran obtener una buena colocacion en la sociedad.
Yo habia creido ántes que la virtud tenia sus privilegios, y que
esas salas aristocráticas donde reina el esplendor, recintos muchas
veces de las mas bellas sílfides, de esas criaturas privilegiadas
por la naturaleza, con los dones físicos, morales é intelectuales,
no serian profanadas por hombres, que por sus costumbres, sus
modales groseros su lenguaje ridículo, merecen un puesto muy
diferente.
-Alto! no te alteres; mucho hay que estudiar en el mundo; apenas
has pisado la primera sala del alta corte, y ya aventuras los
juicios mas atrevidos. Crees por ventura, que solo esos hombres
tienen entrada donde mi señora Jacinta? Otro dia vendrás y podrás
contemplar el cuadro mas agradable al lado de esos que llaman
ridículos pepitos, que á todos arrebatan la palabra y hacen mil
contorsiones para parecer bien, y de aquellos que ocultan
astutamente sus vicios, observarás con el mayor placer, poetas que
han arrancado la admiracion por sus bellas composiciones,
periodistas que han trabajado incesantemente por el progreso de la
civilizacion, profesores acreditados que han servido de instrumento
para el adelanto de la juventud; y en fin, esos genios músicos que
con sus instrumentos arrancan las célicas melodías para extasiar
nuestro espíritu y elevar la imaginacion al seno del Eterno.
-Fuera de discursos; para esta cuestion, no hay necesidad de
pinturas alegóricas, ni de imágenes: nada de eso ; á mí me gusta
pan- pan vino-vino, porque, como dice el refran, "á buen entendedor
con media palabra basta"; y en fin, lo que me acabas de decir
corrobora mas mis ideas, porque contéstame una sencilla pregunta: ¿
no es cierto, que desde el momento en que las señoritas que
absorven toda nuestra atencion traten igualmente al hombre honrado
que al sicofanta, al inteligente que al palurdo, al modesto que al
charlatan, el estímulo para ser un hombre virtuoso, instruido y
urbano tiene que desaparecer? Porque desde el momento que todos
veamos que para adquirir una sonrisa, una risueña mirada y ocupar
un elevado puesto en la sociedad, bastan solo un elegante vestido,
cierta afeminacion en el habla y un repleto bolsillo, el interes
por la perfeccion moral é intelectual tiene que desaparecer.
-Vaya que tu pregunta está mas larga que las del padre Astete, y á
mi turno me toca decir : que para la verdad no hay necesidad de
tantos rodeos. Tu observacion es muy justa, y desearia vivamente
que bosquejaras un artículo acerca de los defectos de que adolece
la sociedad, pues tus observaciones serian acogidas con entusiasmo
por el público, y pronto veriamos reinar en la sociedad la cultura;
y la superficialidad, la ignorancia y la ostentacion ridícula
dejarian su puesto al buen gusto y á todo lo que constituye las
buenas maneras en la sociedad.
-Muy bueno es tu consejo, pero no seré yo quien se atreva á seguir
la suerte de los censores:
Ya sabes que la sociedad es muy delicada y si uno se mete á
reformista todos le miran de reojo. Con que así, esperémoslo todo
del tiempo. La experiencia irá demostrando á los padres de familia
que deben ser escrupulosos en esto de admitir relacionados en su
casa, porque despues de que á una de sus inocentes y candorosas
hijas se le haya desarrollado el amor, es inútil demostrarla que el
amante es indigno de su puro afecto. Y con esto, agur, hasta el
próximo domingo que me pongo á tu disposicion para que me lleves á
donde gustes.
Próspero marchó con su acostumbrado buen humor y yo me fuí pensando
en las bellas hijas de mi señora Jacinta.