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LA GATOMAQUIA

 

A MI QUERIDO AMIGO EL SEÑOR DOCTOR T. FORERO

 

Raro es el animal que no haya tenido su historiador, su apologista raro el que no haya servido de enseña á alguna nacion, cuyo busto ó cuya figura no haya tenido la honra de servir de lema, personificando el valor, el génio, la audacia de algun pueblo.
El inofensivo gallinazo ha tenido su cantor en Antioquia, y el burro en la capital de la República. El leon de Numidia decora con su rizada melena el escudo de nuestra madre patria; el águila ostenta sus alas desplegadas en la bandera que Bonaparte llevó triunfante por medio mundo; el elefante exhibe orgulloso su gigantesca figura en los estandartes de Abisinia ; y sin ir muy léjos, el condor, que tiene por trono la cima de los Andes, protege bajo sus alas el continente descubierto por Colon.
La historia universal dedica páginas muy brillantes á estos séres desprovistos de la razon: una paloma armada con una rama de oliva anuncia á Noé la terminacion del diluvio; los ganzos del capitolio dan á los romanos el grito de alarma cuando el asalto de los galos; el perro del baron de Leopardo defiende hasta el último instante el estandarte confiado á su cuidado, y un caballo árabe libra y protege en el desierto á su desgraciado amo prisionero del mas terrible é implacable enemigo.
La fábula atribuye á una loba la gloria de haber nutrido con su. leche al fundador do la primera ciudad del mundo; una perra salva á Ciro, condenado á muerte por su abuelo Astiaje; y fué bajo la trasformacion en un carnero que Neptuno pudo seducir á Theofania.
La religion misma no ha dejado de elevar altares á varios animales. Miéntras que Moíses recibia del Señor en el monte Sinaí las tablas de la ley, los israelitas elevaban sus preces ante un becerro de oro; la tortuga era considerada como un objeto sagrado en algunos pueblos del Asia; el Egipto se vistió de luto al fallecimiento del buey Apis; por haber dado muerte á un gato, un soldado de Antonio fue hecho trizas por el pueblo enfurecido, que miraba tal animal como el mas digno de veneracion.
Hoy solo se recuerda al gato entre nosotros para lanzar sobre él la burla y el escarnio ó para conmemorar con su nombre los caractéres mas bajos, personificando en él aquellos séres que son la gangrena y la polilla de la sociedad; que con sus intrigas, su astucia, su mala fé, su hipocresía. cubren de sombras el porvenir de un pueblo, siembran la discordia en la sociedad, llevan el alarma al seno de las familias mas unidas, matan el afecto puro y desinteresado de los esposos, los padres y los hermanos; en fin, para representar aquellos séres que se escaparon de la caja de Pandora para tormento de la humanidad.
El lector habrá comprendido que hablo de los tinterillos, especie de aves de rapiña, de pérfida mirada, acerado pico y afiladas uñas, que viven de la discordia, y tienen por profesion la gatomáquia.
He aquí á quienes ha tocado al gato personificar.
Veamos si ha habido razon en ello.
El gato, así como el perro, es el compañero inseparable del hombre, hace parte de la familia, y nunca abandona la casa donde ha tenido la dicha de ver deslizarse los primeros dias de su existencia; es el mas fiel é incorruptible guardian de la despensa, donde ejerce un dominio absoluto sobre las ratas, bastando su presencia para que los víveres queden á salvo de la voracidad de aquellos animales. Nada pide por el desempeño de tan importante encargo, solo cariño y una pequeña parte de los alimentos que ayuda á defender.
El perro y el gato deberian constituir la representacion del hogar doméstico por su carácter sociable con el hombre ; pues así como el perro le acompaña en todas sus excursiones, el gato se encuentra en todas las casas por pajizas, tristes y miserables que ellas sean. Y es de verse la confianza y seriedad con que toma posesion del mostrador de una tienda de dulces, donde ronca á su sabor y echa largos y profundos sueños. Cualquiera recordará el macizo gato que doña Natividad tenia por compañero en su tienda de dulces, el cual si la libró por muchos años de las visitas de las ratas, no pudo librarla de la que en. mala hora le hicieron los socios de cierta compañía de triste recordacion en Bogotá.
Gusta mucho el gato de pasear y hacer sus excursiones nocturnas por los tejados, husmeando y en curiosa observacion de cuanto pasa en las casas vecinas, en lo cual, tiene no pocos imitadores entre los racionales, muchos de los cuales, se desviven y pasan en acecho por saber los secretos é interioridades de la vecindad. Y ya que no en las ventanas, como lo hacen varias hijas de Eva, es tambien en los tejados, donde se verifican las citas, y tienen lugar las escenas de amor platónico entre estos amartelados y sus predilectas enamoradas.
Tiene el gato una propiedad, ó si se quiere cualidad, y es la de caer siempre parado por elevado que sea el punto de donde se desprenda ó arroje; por lo visto, este animal nunca muere de caida, en lo cual se parece á ciertos políticos, quienes siempre quedan de pié, y se salvan en toda revolucion, sobreaguándose como balsos en un lago, por violenta y terrible que sea la tempestad que agite sus aguas.
Pero lo mas admirable en este animal es su fuerza de vida, o sea esa constitucion de acero que le acompaña para resistir las adversidades, todos los maltratos de que con frecuencia es víctima ; por eso se ha dicho con mucha razon que el gato tiene siete vidas. Desgraciado de aquel que intente arrancarle la existencia por medio de la violencia, al primer intento verá que tiene que luchar no ya con. un animal pacífico y humilde, sino con una fiera que dilata sus enrojecidas pupilas, hinca las uñas de un corte maravilloso en las carnes del verdugo, le despedaza con los dientes, y con la mayor agilidad se libra de los repetidos golpes que éste le asesta; tanto así es su amor á la existencia.- Solo hay una cosa á la cual le tiene el gato un miedo pánico, de la cual huye con manifiesto temor, y es el agua. Sin embargo, por muy correntoso y profundo que sea el rio donde se le arroje, él logra salvarse, á ménos que como Caracciolo, sea arrojado con una piedra amarrada á la garganta ó á los piés.
Ah ! si los hombres tuviéramos, como los gatos, la facultad de ver al traves de las tinieblas, si en medio de la oscuridad pudiéramos, corno ellos, divisar los objetos, cuántos misterios serian explicados, de cuántos secretos no fuéramos poseedores, entónces la historia seria completa, y el mundo dejaria de tributar homenaje á tantos personajes, á quienes se rinde admiracion, porque apénas se les ha podido estudiar á la luz del dia, porque la mayor parte de sus hechos han quedado ocultos bajo el velo de la noche.
Ved el gato en el momento de asegurar su presa, vedlo en acecho, lanzando una mirada fija y penetrante sobre su víctima; cómo se arrastra y se desliza por entre las matas sin agitar una sola de sus ramas, sin estampar su huella en la arena ni causar el mas leve ruido! La serpiente resbala sus innúmeros anillos de variado color al traves de las grietas con rnénos sigilo y precaucion! Parece que su respiracion se ha suspendido; nada la distrae, nada le hace desviar la mirada con que sigue los movimientos del animal sobre el cual ha de caer. La piel está erizada, y como el tigre, levanta y deja caer alternativamente sobre el suelo su larga cola. Nada falta ya, el gato ha tomado todas sus precauciones ha medido sus fuerzas, calculado la distancia que lo separa, hace uso de esa prodigiosa elasticidad de que se vale para dar brincos á considerable altura, y de un salto cae sobre su presa, el golpe ha sido rápido y certero, la víctima ha sentido á la vez la sorpresa y las desgarradoras uñas de su enemigo, que como encorvados alfanjes cortan y despedazan sus entrañas. El estertor de la muerte se apodera bien pronto de este cuerpo, que se agita entre el dolor y la desesperacion, la muerte se aproxima, pero el verdugo lo suelta un momento para volverlo á prender, juega con él y parece recrearse en las agonias de la moribunda víctima, hasta que al fin cree llegado el instante de hacerla perecer, é hincándole los agudos colmillos en el cuello le arranca de un solo golpe la existencia, para lanzarla luego como un trofeo á sus hijos ó saciar con su carne el apetito carnívoro que lo domina.
Hay quien asegura que el gato tiene en sí una batería eléctrica, y que esta es una arma mas con que cuenta para entrar en ataque, en el cual pone muchas veces su vida en peligro; y no de otro modo podria explicarse la manera cómo entra en combate con las serpientes, á las cuales principia por dormir, pasando y repasando por sobre ellas la erizada cola que en vano intentan agarrar, hasta que subyugadas bajo la influencia magnética, ó por las descargaa eléctricas, quedan sujetas á su dominio, y sin fuerza alguna para defender la existenca de las garras del enemigo.
Tal es el gato cuyo modo de ser he bosquejado brevemente, sin tener la pretension de haber hecho un cuadro completo de su vida.
Tiene este animal algun rasgo de semejanza con los tinterillos?
El lector que haya estudiado atentamente á estos dos séres lo de decidirá.
Alguien ha dicho que el hombre, considerado en su parte física, no es mas que un mono perfeccionado; y el mismo Lafuente, ha llevado á la mujer por rigurosa escala hasta confundirla con la rana. Si nosotros, adoptando semejante sistema, habiéramos de comparar á los brutos con los racionales en su parte moral, qué triste seria la consecuencia que habria de desprenderse de semejante cornparacion!
El animal mata y destruye á sus semejantes por instinto de conservación, impelido por la necesidad de alimentarse. Y si alguna vez vemos que el gato juega con la víctima en el momento en que ésta se retuerce en medio de las agonías de la muerte, observamos tambien que esto lo hace con el objeto de enseñar á sus hijos á hacer la presa de los animales que han de constituir su alimento.
El hombre lo hace por perversion de corazon, por un espiritu de ferocidad, sin otra utilidad, que la de satisfacer sus pasiones de odio y de venganza.
El animal nunca se da razon del dolor, por el cual pasa su semejante en el momento de devorarlo. El no puede comprender la pena que tortura á la madre á quien arrebata un hijo y la desolacion en que quedan los hermanos de éste.
El hombre lo prevée todo, analiza hasta el último movimiento de su víctima; comprende el horrible sufrimiento por que ella pasa. sabe cuánto es el tormento, la desesperacion y la miseria en que deja envuelta á una familia, y calcula con glacial indiferencia la enormidad del mal que va á pesar sobre criaturas inocentes!...... y sin embargo, nada le detiene en su obra de destruccion y de perfidia.
Pero ¿dónde iriamos á parar con semejante parangon? Á la verdad que no podia quedar bien parada la humanidad, si hubiéramos de continuar llevándola por la escala descendiente á que Lafuente llevó la mujer.
Ya que hemos vindicado al gato, corramos un velo sobre nuestras debilidades en obsequio de la humanidad á que pertenecemos.

1869.

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