LOS CRIADOS
Ven conmigo, caro lector, y pon un especial cuidado, pues vas á
servir de espía á aquella interesante y lucida reunion. Oh! no te
asustes, ni manifiestes esa decidida aversion á tan repugnante
encargo, pues este oficio es hoy una costumbre muy usual, aunque no
admitida por la gente culta; y personas conozco, que no solameslte
la ejercen con primor, sino que se han hecho hábiles para vigilar
alcobas y registrar cocinas. Ya ves que no quiero arrastrarte por
la fuerza á cometer un acto incivil; porque ántes consulto los usos
mas generalizados en mi pais para convencerte, y seguir despues ad
pedem litteræ aquel adagio de: "Á la tierra que fueres haz lo que
vieres." Una vez sentado esto, sígueme y marcha á tomar la posicion
que mas te convenga.
Ah! ya te veo bien, y qué ducho, eres en esto de escondrijos! Se
conoce el gusto que tienes por ver las mujeres bellas, y mas aun,
por oir á esas muchachas parleras y salerosas por entre cuyos
labios de rosa parece vierten ambarado aliento y exquisitas
perlas;
-Pero si todas hablan á un tiempo y forman una algarabía, que ni
ella mismas se oyen lo que dicen, me replicarás.
-Pon mas cuidado, que esa es tambien una bendita costumbre:
Alerta, todas han callado, y no tardará la mas animosa en romper el
silencio, y luego, una tempestad de diálogos nos vendrá encima, de
los que procuraremos sacar un ligero extracto, valiéndonos del
nombre propio de cada persona, para evitar la enojosa repeticion
de: preguntó, contestó, observó, replicó, interrumpió, dijo, expuso
tal ó cual.
DOÑA ENGRACIA: Pero ah servicio mas trabajoso el que tenemos
ahora!
DOÑA BERENICE: Qué, si se ha alzado tanto esta gente que no hay un
criado bueno.
PRISCA: Pero, hijita de mi alma, las criadas sí que están
insufribles:
OSMUNDA, CASILDA, CLEOPATRA, PATROCINIO: Jesus María!
inaguantables; vale mas no tenerlas.
MARAVILLA: Ya se ve que sí, y no estar pagando para tener uno
entripados á cada rato.
DOÑA ENGRACIA: supóngase, que no hay una que no tenga alguna
ñaña.
AGRIPINA, EUSTOQUIA, OSMUNDA: Todas son respondonas.
PRISCA: Si fuera eso solo, pero miren: la que no es peleadora, se
rasca ó enfilacha los domingos; la que no es mugrosa y descuidada,
es saltona y andariega; la vieja que no es perezosa está llena de
resabios, y la muchacha que no es denguista tiene su chilindrin al
lado. (Osmunda y Maravilla se ruborizan y bajan los ojos; Casilda
tose, y un ligero carmin baña las megillas de Cleopatra) Jesus! si
esto ya es un infierno.
DOÑA BERENICE: Muy cierto es lo que dice mi siá Prísca por que yo
tuve á la mulata Locadia, que se pinta para hacer un puchero, y me
ví precisada á despedirla porque peleaba con lotra muchacha que era
un miedo; despues conseguí á la vieja Patricia, mujer muy sosegada,
pero tan descuidada y llena de mugre que daba asco; luego me hice á
la Cayetana, que para servir á la mesa no hay quien le gane, pero
el dia ménos pensado se huyó la maldita llevándose dos cucharas y
un par de enaguas,
DOÑA CELIA; Vea usted !!
En tanto que doña Berenice hace su larga relacion, Eustoquia y
Cleopatra conversan pausadamente sobre materias muy distintas, y
Osmunda y Maravilla se dicen secretos al oido.
DOÑA PRISCA: Yo tengo á Carmela, lo que tiene es, ques tan
manifloja, que ya no me ha dejado un plato con vida.
DOÑA CELIA; Yo me hice á Celestina; pero es ventanera que ni ella
sola; los domingos ha de salir á pasiar bien engaripolada; y
cuidado con no darle chocolate de azúcar por la mañana, porque se
pone que ni un basilisco.
Aquí callan todas, y yo aprovechando este silencio, invito á mi
bondadoso lector, para que abandone su escondrijo y me siga á otra
parte. Ya! ya lo veo fruncir el ceño y decir:
-Yo creí que en tan lucida reunion versaria la conversacion sobre
objetos mas útiles y agradables, pero si no es mas que á oir la
apología de los criados, desecho el convite, que de cosas mas
sérias debe ocuparse uno en la sociedad.
-Paciencia, amigo, que con cosas peores he visto entretenerse á
gentes que frecuentan la sociedad culta.
-Míra, allí se encuentran doña Escolástica y mí sa Margarita,
oigámoslas; muy importante debe de ser su conversacion, segun lo
demuestran por sus ademanes y el hecho de pararse en la
calle.
-No ve, hija, (aun cuando ésta revela ser abuela) dice doña
Escolástica, cómo las dos chinas que tenia se fueron
anoche!!!
-Eso fué que se las sonsacaron, no le quede duda, contesta la otra
dejando caer é1 pañolon de la cabeza.
-Y tánto trabajo como me costó enseñarlas, vea que ya sabian coser,
cocinar y aplanchar.
-Eso es, usted les quitó el mugre y las hizo gente, y ahí tiene el
pago que le dieron,
-No digo yo? si estos tiempos......... Pero adios, un abrazo al
niñito.
-Y usted mil cariños á Ursulita.
Ya se van, sigamos nuestra marcha y encaminemos nuestras
personalidades á la casa de don Macario, hombre tacaño y
cuartillero, quien para colmo de su desgracia ha tenido que recibir
la visita de un pariente no muy lejano.
La escena tiene lugar durante uno de aquellos dias aciagos para
ciertas casas, dias de ayuno y de completa abstinencia, en los que
las despensas se encuentran completamente desprovistas, tanto, que
la pobre señora ó la criada no hallan ni aun lo mas indispensable
para preparar un ligero almuerzo.
La criada apela á la gallina mas gorda y hace mil prodigios para
presentar una comida, que no deja de ser parca y de muy fácil
digestion. Oh ! qué seguro es el no morirse de apoplegía en tan
nefandos dias y en semejantes casas.
Don Macario y el pariente se sientan á la improvisada mesa, y al
observar la poca ó ninguna abundancia en ella, empieza con las
excusas de ordenanza, en las que infaliblemente entra el mal
servicio de los criados para dejar á cubierto su honor.
_-Mire, primo, exclama don Macario con aparente mal humor al notar
que por la falta de sal en la despensa ha quedado insípida la
comida, que el mal servicio doméstico no me permite presentar una
comida digna de usted.
.-No tenga cuidado, le contesta el pariente, echando una famélica
mirada sobre la gallina, único adorno de la mesa.
Observando luego que por falta de un sirviente á la mesa tiene que
llamar á voz en cuello á la cocinera en los casos necesarios,
agrega:
-No le digo? si estos criados son tan torpes que ya me hacen
desesperar.
-En casa estamos lo mismo, la pobre Adela ya no halla qué hacer. Al
fin concluye don Macario por atribuir al mal servicio la ausencia
de postres, corte en los cuchillos, falta de condimento, y limpieza
en el único mantel que posee ; como no faltan tambien señoras que
atribuyan á la torpeza de los criados el desórden y desaseo de su
casa.
Al cabo de dos horas, don Macario, que temia ya tener huésped hasta
por esa noche, ve con pena despedirse á su primo, á quien le rinde
mil excusas y otras tantas ofertas de un vivo aprecio. Y yo, que
considero á mi condescendiente lector hastiado con la conversacion
del dia, le doy una afectuosa despedida, deseando encuentre reposo
y placer en aquella numerosa parte de la sociedad, en la que nadie
se queja del "mal servicio" de los criados.