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Faro de luna y sol
Tuvo un alto precio


Tuvo un alto precio el azar encantado de las noches
el vagar por laberintos buscando un minotauro.
Sensaciones excesivas asordinaron lo auténtico
y el trajinar -ebrio de juventud y silencio incendiado-
me dejó casi exhausto y maduró mis muertes.
Con la dulce renuncia del que ama una mujer difícil
encaré el estruendo de ciudades malditas
desde balcones altos como montañas sobre el mar.
La existencia a relámpagos compensó el largo tedio
de una sensualidad obsesiva, atrevida y morbosa
y el vislumbrar en la penumbra la belleza poderosa
y el perfil delicado de cisnes y panteras
embriagó largas noches y atizó mil hogueras. 
A peligros mortales me condujo la sórdida belleza
y sólo el sufrimiento me redimió de la torpeza
que ilusiona el deseo al poseer los cuerpos
y entonces fue posible el amor abnegado
y el diálogo del hombre-cuerpo de éxtasis traspasado.   



Proverbios de la raíz 


I

Desde siempre eras proyecto todavía sin rostro
desde el corazón del silencio sin respirar, esperabas
ahora eres espera y sabes que lo serás siempre.
He ahí la raíz de toda inocencia y toda pérdida. 

 II 

Nunca serás extranjero y siempre encontrarás lo tuyo
por muy lejos que vayas nunca estarás perdido
desde todas partes vienes y a través de ti todo confluye.
Esa es la raíz del amor y de toda amistad profunda. 

III

Si no sabes desear te sentirás solo y culpable 
y si deseas sin medida te tornarás indiferente. 
Desear es descubrir el necesario complemento. 
Esa es la raíz de todo entusiasmo activo.   

IV 

Nunca hagas de juez sin implicarte en el juicio
y sin preguntar qué intereses representas en ese juicio. 
Quienes han sido reos podrán ser los mejores jueces. 
Las cárceles y los castigos multiplican los verdugos. 

Comenzamos a morir con la primera mezquindad
cuando el cultivo del yo congela una sonrisa.
La seguridad sin escrúpulos destierra todo amor
y ya hemos renunciado a los riesgos del vuelo.

VI

Después de abolir la egolatría y el despojo
seremos aptos para la riqueza que ennoblece
y no conquistaremos la alegría más profunda
si no somos capaces de vibrar con la tragedia. 

VII

Sin la Antigüedad no hay comienzo ni renovación posible
No hay reposo en la victoria ni irrecuperables derrotas 
sino tan sólo cambios en un proceso sin término
donde cada muerte resulta un renacer sorprendente. 

VIII

No hay una última puerta que nos llevará al misterio
sino un proceso eterno que conocemos a relámpagos.
No hay claves definitivas ni tampoco "salvación"
sólo una lucha inmediata que apuesta a lo perdurable.

 XIX

Nos acecha la dicha sin saberlo
en donde quiera respiremos y amemos.
El Universo entero está presente
aun en la más menuda hierba.
Esa ignorancia es nuestra mayor pena.
Quien vive a fondo en su parcela
terminará por ser dueño de universos. 



En la muerte de un creador 


En el otoño de tu muerte como una melodía
las voces y los llantos de mujeres furtivas
un olvidado traje de cuando eras niño
amarillas fotografías de un rostro ya tocado
por pasiones presentidas en el flaco adolescente. 

Con tu muerte comienza una lucha callada
contra las desapariciones y su absurdo sin rastro
y contra el olvido de los siglos que corroe los huesos.
Es una lucha sorda de sutiles jugadas
en donde una palabra ilumina el abismo
y la navecilla de un libro sortea tempestades. 

En el invierno de tu muerte como sacra sinfonía
resuenan los honores de terciopelo negro
con voces que te exaltan ya demasiado tarde
y coronas que no compensan la frustración vivida.
No obstante renaces en quien sabe hacer suya
la semilla sembrada con tu palabra hermética
y la torna fecunda con su sangre y sus amores. 

De la nada de tu muerte sólo vivirá tu voz
en los desgarrados dúos de cada ser de lejanías
después de que tu rostro se haya perdido en la niebla.
Dispersas por los caminos se escucharán tus canciones
como mensajes de amor de algún dios escondido.

                                                         Villa de Leyva 22.12.97

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