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E L T Í O T O M Á
Efe Gómez
Prudencia: -Los yanquis también son ayudaos, ¿cierto Tío
Tomá?
Tío Tomá: (Doctoralmente). -No: el yanqui no es ayudao. Lo que
é, e que tiene mucha electricidá p’al oro.
Coloca la batea sobre el pretil del canalón. Tantea en la
mochila. Extrae de ella el eslabón, el pedernal, la mecha. Da
lumbre. Se quita el sombrero; escoge del interior de la copa de
este una colilla: chupa y puja... chupa y puja... los otros negros
abandonan las herramientas (que su oráculo va a hablar) y se van
acomodando alrededor de Tío Tomá, atentos a escucharlo. El cual
continúa:
-Sí seño: Mucha electricidá p’al oro. Oigan, verán, les
cuento un sucedido: cuando yo trabajé abajo, en las Minas de
Remedios; fundieron un montón de "moles" ricas, y
el Diretó, un señó mú sabio y mú ingenioso, quiso ensayá a vé si
convenía má copelá las barras para apartá el oro y la plata der
plomo, o exportarlas así. Y como yo, cuando mozo, trabajé en las
Fundiciones de Titiribí, fui encargao para hacé el ensaye.
Conque mi amo e mi vida, cojo un par de albañiles y, trabajá...
trabajá... hasta que armé el horno e copelación con su ventilaró y
su chimenea e toro: No me fartaba más que la copela. Conque voy y
le digo a Juan Pablo Cuzco, un viejito que había allá, medio
limosnero él.
-Ole Juan Pablos: conseguíme un tercio e güesos, yo te los pago
bien. Conque al otro día, se aparece el diablo der viejo con su
"cataca" retaquiaá de calambombos y de paletas, y
de costillas.
Y cojo yo todo aquello, y lo meto en un horno, y le doy candela,
le doy candela... Después lo polvorizo bien; lo polvorizo bien... y
armo mi copela; la piso enseguida; la dejo secá; le meto leña poco
a poco, poco a poco, aumentando er fuego... hasta que cuando ya
empieza a estar roja, pongo una pareja de mineros en el ventilaró
y... ¡bú!, ¡bú!, ¡bu!... ¡berriaba ese horno!... Y echo a cebá
barras en la copela, a cebá barras... y ese baño e metal a cubrirse
de litargirio y yo a retirarlo con una cuchara e jierro: hice tanto
cerro así de litargirio.
Quince días me estuve cebándole barras a la copela. Cuando ya se
acabaron llamo al Diretó y le digo:
-Esto ya debe estar próisimo a dar colores; véngase pa que
saquemos la torta de oro y plata.
Conque, mi amo e mi vida, se viene el Diretó y er Químico y toda
la Mayoría a vé sacá la torta. Y comienza ese baño e metal a mermá,
a mermá... y todos asomaos viendo a vé cuándo se fijaba, ¡y ni
señas! Ya no había sino tanto un charquito así de metal en el
asiento de la copela... y ni colores ni náa. Todos esos blancos se
voltiaban a vé, unos a otros asustaos, sin sabé qué pensá, hasta
que de golpe, ¡fú!... se acabó er metal y se quedó la copela
vacía.
Que eso debe tener tantos gramos de oro y tantos de plata, decía
er Químico y mostraba los boletos de ensaye. Que alguna grieta en
la copela. Que esto. Que lo otro. Que lo de más allá. Desbaratamos
el horno... nada: ni una grieta. Ni señas de oro no de chorreaduras
de metal por parte alguna. Todos estábamos confusos sin saber qué
pensá. Hasta que de golpe dice el Diretó:
-Dígame una cosa Tío Tomá: ¿dónde consiguió usted el güeso para
fabricar la copela?
-Juan Pablos Cuzco me lo trajo.
-Llámenme a Juan Pablos Cuzco.
Conque llamamos al viejito que se apareció todo asustao.
-¿De dónde trajo, Juan Pablos, el güeso para fabricar esta
copela?
-Yo... señó... y no se atrevía er pobre viejo a desatá
palabra.
-Diga. No le dé miedo.
-Señó... yo pensé que en eso no había curpa, porque el hombre
ese no lo enterraron en camposanto, yo creí...
-¿Pero de que hombre habla usté?
-Pues del dueño de los güesos, del míster que se murió en una
perra y lo enterraron a orillas de la acequia... yo lo desenterré y
me traje el esqueleto y... pero por Dios mis amos, que yo no lo
hice por mal hacé, porque como creí...
Hubieran ustedes oído la carcajada del Diretó.
-¿No era ese hombre yanqui?, preguntó.
-Yanqui era, le contestaron.
-Pues claro, dijo: Si la cosa está clarísima. Más clara no
sirve: él fue el que se llevó el oro. Si yanqui no se puede ajuntá
con oro, ni muerto, ni en esqueleto, porque alza con él, se lo
chupa, se lo chorrea...