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E F E G Ó M E
Z
Efe Gómez se formó durante la última parte del siglo pasado y su
actividad de escritor se desarrolló, hasta donde puede
establecerse, sobre todo entre 1897 y 1925. Su adolescencia y la
entrada al mundo adulto coinciden con un período de reordenamiento
político en el país, cuando se establecen las líneas dominantes del
período de la regeneración. En Antioquia los grupos de la élite se
transforman aceleradamente durante esos años. De la sociedad rural
inculta, con poco contacto con el mundo exterior de mediados de
siglo, descrita con gracia y desdén por Emiro Kastos, se pasa a
unos años de febril actividad. La vida social de Medellín se hace
más activa y compleja, y los grupos de donde se extraen los
dirigentes económicos y políticos manifiestan de múltiples formas
su interés por colocar a Antioquia y ante todo a Medellín en
contacto con la cultura universal. La efervescencia se advierte en
la proliferación de revistas culturales, como
|La Miscelánea
(1894-95), de Carlos E. Molina:
|El Movimiento
(1893) de Camilo Botero Guerra:
|El Repertorio (1896-97) de
Luis de Greiff y Horacio Rodríguez,
|El Cirirí (1897) de
Jesús del Corral y Jesús Velásquez García y sobre todo
|El
Montañés (1897-98) de Gabriel Latorre y Mariano Ospina Vásquez,
en el cual se publican algunos de los primeros textos de Efe. La
guerra de los mil días apenas interrumpe brevemente este afán
literario, y recuperada la paz, aparecen
|Vida Nueva
(1904-05),
|Lectura Amena ( 1904-1905), de Luis Cano,
|Alpha (1906-12) de Mariano Ospina Vásquez,
|Panida
(1914) de León de Greiff y Félix Mejía,
|Colombia (1916-22)
de Carlos E. Restrepo,
|Studio (1918) de César Uribe
Piedrahita,
|El Intelectual (1919) de Alfonso Mora Naranjo,
|Sábado (1921-22) de Francisco Villa (Quico Villa),
|Cyrano (1921),
|Lecturas Breves (1923), también de
Quico Villa, donde se publicó
|Guayabo Negro, La Pluma
Semanal (1922-23) y muchas más. Tan en serio se tomaban estas
revistas literarias, que algunas como
|Alpha
|,
donde se
publicó
|Un Zaratustra Maicero, hasta pagaban a sus
colaboradores: en 1906 Don Tomás Carrasquilla se quejaba de que
escribía "¡para publicar! ¡Que horror! Lo hago por vil
lucro". La fascinación con la literatura se prestaba ya a
la ironía: Efe Gómez en un cuento de 1896 hace decir a su
personaje: "Aquí todos quieren ser artistas, y a no hay
quién cargue la herramienta", frase que retomó
Carrasquilla en 1906: "Aquí ya no hay quién cargue la
herramienta: todos somos genios y almas enfermas".
En ese ambiente, la familiaridad con la literatura europea
alcanzó un alto nivel. Balzac, Zola, W. Scott, Dickens, y los
españoles Varela, Pereda, Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós eran
leídos y discutidos. Para Efe Gómez el más grande de los novelistas
vivo era, en 1897, Tolstoi. Anatole France, Amiel, Dostoievski
fueron también muy populares entre los escritores antioqueños.
¿Pero, desde cuándo? ¿Qué tan conocidos serían Flaubert, Stendhal,
Maupassant, Poe? ¿En qué momento llegó el interés por
D’Annunzio? En todo caso, aunque la producción antioqueña era
antes de 1890 casi inexistente, el consumo de novelas era para
entonces ya muy amplio.
Muchas de estas obras se discutían en tertulias literarias y se
comentaban en periódicos y revistas. Baldomero Sanín Cano nos habla
de una tertulia de
|La Consigna, un seminario dirigido por
don Fidel Cano. Allí aparecían escritores que seguían un clasicismo
artificioso o que preferían un costumbrismo picaresco. Uno de los
contertulios era un médico que importaba libros franceses, de
ciencia y literatura. ¿Qué traería? ¿Se conocerían Baudelaire o
Rimbaud, o sólo los prestigios más fugaces de la literatura
francesa, gente como Jules Lemaitre, Paul Bourget y Catulle
Mendes?
Para 1895, Carrasquilla contrasta el amplísimo conocimiento de
la literatura que se tiene en Medellín con las lecturas más
superficiales y provincianas de Bogotá: dice que allí apenas se
conoce a Tolstoi y se burla de los escasos conocimientos literarios
de algunos intelectuales. Entre los autores que cita como ejemplos
en sus argumentos están Dickens, Zola, Goncourt.
En el campo de la filosofía, Schopenhauer debió ser más o menos
conocido, y su nombre aparece en un cuento de Efe. Kurt Levy ha
sostenido que su influencia es muy importante en su obra. Pero más
interés despertó Nietzche. A comienzos de la década de 1890, en
Bogotá, Silva se interesó en él, y trató de conseguir sus obras,
pero no se encontraban sino en alemán: Baldomero Sanín Cano
consiguió algunos libros y se los leía. Ya en 1902 parece que en
Medellín se leía en traducciones más asequibles, y con algo de
disciplina: Carrasquilla en 1906 insiste en que se le conoce mucho
mejor en Medellín que en Bogotá: "No te diré que he leído
a Nietzche -escribe en una carta-, lo vengo estudiando, obra por
obra, hace cosa de cuatro años. Mis amigos Efe Gómez y Félix
Betancourt -que son bastante más fuertes de lo que cualquiera pueda
figurarse - son los virgilios que me han guiado por esos infiernos
de la inteligencia". Es más: según don Tomás, Nietzche era
"por estas Beocias de lo más leído y comentado, de lo más
traído y llevado, pues por acá se lee muchísimo, aunque no crean,
ni aproveche. En casi todas las bibliotecas particulares figuran
las obras de Federico Único. Y como es condición del antioqueño ser
muy metido, no faltan por ahí quienes se fajen sus exégesis,
bastante claras y convincentes, sobre la nueva revelación. Acaso
hayas leído la que publicó Sebastián Hoyos...". Que este
interés se mantuvo lo prueba que en 1919 un Enrique Restrepo
publicara en la revista barranquillera
|Voces, orientada por
Ramón Vinyes, un extenso artículo llamado "La influencia
de Federico Nietzche en las generaciones jóvenes de
Antioquia", en el que desafortunadamente se mantiene en
tal plano de abstracción que es imposible saber en qué autores
estaba pensando. Sin embargo, allí afirma que el Zaratustra
"ha venido a ser como el Korán de la juventud antioqueña,
a juzgar por la frecuencia con que se le invoca". Muchas
veces se ha subrayado la influencia de Nietzche sobre Efe, aunque
sin precisarla mayor cosa: en un plano superficial, uno de sus
cuentos tiene un título alusivo al filósofo del superhombre:
|Un
Zaratustra Maicero.
El ambiente literario reflejaba también la naciente influencia
del modernismo: durante la última década del siglo se había
publicado la mayoría de la obra de Silva, y las
|Prosas
Profanas de Rubén Darío (1896), la última de las cuales tendría
un fuerte peso sobre el estilo de muchos cuentistas
latinoamericanos y reforzaría la búsqueda de preciosismos verbales
y sonoros. Durante estos años, puede decirse, surge el cuento en
América Española, como un género diferente al de los cuadros de
costumbres: el primer libro de Horacio Quiroga, casi un total
contemporáneo de Efe, es de 1904; el primer libro de cuentos de
Lugones es de 1906:
|Las Fuerzas Extrañas; de 1895 a 1910
aparece ese tipo de narración breve cuyos principales modelos son
de Poe y Maupassant.
En Colombia, los últimos años del siglo son testigos de una
creciente producción narrativa. Las tres novelas de Marroquín se
publican entre 1896 y 1899 (y una de ellas será parodiada en una
serie de textos de Efe en 1903), así como la primera novela de
Carrasquilla,
|Frutos de mi Tierra. Ya en 1890 había
publicado su primer cuento,
|Simón el Mago, y antes de fin de
siglo narró esa pequeña obra maestra de la literatura popular,
|En la Diestra de Dios Padre. José María Vargas Vila
publicaría, entre otras obras,
|Flor de Fango en 1895, y
Eduardo Zuleta, en Antioquia, daría a conocer
|Tierra Virgen
(1896).
Son, pues los noventa los años de la aparición de la novela y el
cuento en Antioquia, y los del surgir de una tradición novelística
continua en Colombia; es también la época en la que surge el cuento
en Hispanoamérica. En Antioquia, en particular, los antecedentes
narrativos se enmarcan muy claramente entre las convenciones del
costumbrismo, y hasta la década de los 80 la literatura en prosa se
redujo prácticamente a ese tipo de obras, de las que fueron buen
ejemplo Emiro Kastos, Manuel Uribe Ángel, Lisandro Restrepo y
Camilo Botero Guerra.
De Efe Gómez, de su vida real, se han conservado muchas
anécdotas y pocas precisiones. Fue un destacadísimo ingeniero,
aunque no recibió el título, por razones hidalgas, según la
leyenda. Fue minero, a título personal y por encargo: estuvo en
Marmato, en Titiribí del Zancudo, varios años en el Chocó. Casado,
tuvo muchos hijos, ya en el último tercio de su vida y acabó
trabajando en el Ferrocarril de Antioquia. No se sabe mucho de los
detalles de su vida, se ha perdido la secuencia. Lo que queda es
una especie de imagen legendaria: parece que seducía a todos, y se
fue creando desde temprano la figura del Maestro, altivo,
manirroto, generoso, aristocrático, cordial, conversador,
caballeroso. Sus amigos lo adoraban, y los testimonios escritos
resultan, de lo puro laudatorios, poco reveladores. Escribieron
sobre él Carrasquilla, Horacio Franco, Alonso Restrepo Moreno, Luis
de Greiff. León de Greiff evoca las tertulias "con Efe y
con Mexía y con Tizasa". A don Saturnino Restrepo, ya
anciano, se le iluminaba el rostro cuando hablaba de él. Jaime
Barrera Parra dejó una crónica entusiasta a mediados de los
treinta. Casi todos se refieren a su personalidad, a sus salidas, a
sus gestos algo excéntricos. Pero también se refieren a su obra con
similar ánimo laudatorio.
Son muchos los elementos de la vida de Efe que se reflejan en lo
que escribió. Pero conocemos tan poco de aquella, en particular
para los años anteriores de su matrimonio, que tuvo lugar cuando ya
había alcanzado la edad madura, que no tendría nada de raro que
parte de los que hoy creemos que vivió lo imaginemos a partir de
sus cuentos. Sus personajes tienen la generosidad, la imprevisión,
la actitud aristocrática que desprecia el dinero, lo mezquino, el
llevar cuentas. No se amoldan con las exigencias de vida práctica y
rutinaria, y por desesperanza o bohemia, se entregan a al
"aguardientico de mi Dios", como parece que lo
hizo Efe, sobre todo en su juventud. Sus protagonistas urbanos son
cultos, han estudiado ingeniería, pero los atrae la vida en la
selva, en las minas y rechazan la hipocresía de las ciudades. Sin
embargo, existe un contraste violento entre vida y literatura: los
testimonios, los recuerdos de quienes lo conocieron nos lo dibujan
optimista, alegre, vital, lleno de humorismo, de confianza y amor
por la vida. Y su obra es, sobre todo, una descripción de los
horrores de la vida, de las fuerzas que impiden la felicidad, de la
poco confiable condición humana, del valor de la muerte,
liberadora.
Si se pretendiera hacer una biografía literaria se deberían
buscar aquellos elementos profundos de la personalidad del autor
que permitan comprender los contenidos centrales de la obra,
aquellas experiencias a partir de las cuales se forman esa manera
de vivir y de sentir que se comunican a través del texto literario.
Sin embargo, no hay elementos adecuados para hacer estos análisis
sobre una base sólida, pues no se ha escrito una biografía
cuidadosa de Efe, ni es fácil hacerla, ya que son pocos los
testimonios que pueden obtenerse de su vida antes de 1923, cuando
realizó la mayor parte de su producción, y no ha quedado, por
ejemplo, una amplia correspondencia, una documentación personal.
Por ello, sólo haré alusiones ocasionales a la relación entre la
vida y la obra de Efe, y deberé centrarme más bien en el análisis
de sus escritos. De todos modos, el interés y el valor de un texto
literario son independientes, para el lector, de los incidentes
biográficos del autor, que sólo ofrecen apoyo secundario a los
esfuerzos de críticos e historiadores por comprender y analizar una
obra.
Por esto trataré de reconocer lo que en el lenguaje tradicional
se denomina el contenido de la obra literaria: las experiencias
centrales que se tratan de comunicar mediante el texto, tanto
aquellas que hacen parte de las ideas, recuerdos y vivencias
conscientes del autor, como los contenidos inconscientes, los
fantasmas centrales a los que se debe en buena parte la energía y
el dramatismo de sus mejores cuentos. Además, me referiré en alguna
medida a la organización de esos contenidos, a la estructura que
adoptan en la narración (lo que podría llamarse algo
paradójicamente la
|forma del contenido) y por último a lo
que tradicionalmente se llama la forma, que son ante todo los
procedimientos retóricos, el manejo de las figuras expresivas, del
lenguaje, del estilo.
La primera impresión que deja la lectura de la obra de Efe es su
desigualdad. Se advierte la existencia de cuentos perfectamente
acabados, vigorosos y en los que nada sobra, al lado de textos que
han la impresión de ser esbozos, descripciones rápidas que no han
sufrido una elaboración paciente, ensayos que quizás destinaba a
quedar integrados dentro de obras más amplias. En
|Mi Gente
se ve que el autor reunió apresuradamente los cuentos ya escritos,
surgidos en distintos momentos de su vida, sin encontrar un
principio unificador que diera una estructura firma a la novela:
sólo una anécdota externa permite unirlos como incidentes sucesivos
en la vida del protagonista. Muchos de los materiales publicados en
sus obras son páginas de ocasión, escritas probablemente sin
intención de que se publicaran: los materiales inéditos, con pocas
excepciones, son también páginas de álbum, discursos
conmemorativos, que añaden poco a su obra literaria.
Lo anterior tiene probablemente que ver con una característica
del autor, que no se dedicó en forma continua y disciplinada a la
escritura: su escasa ambición de gloria literaria, que hizo que
escribiera impulsado más bien por el placer de la escritura misma,
sin preocuparse por guardar o editar sus trabajos. Y si en algunos
años de su vida pudo ser la literatura una ambición profunda, entró
en competencia evidente con las necesidades de la vida cotidiana,
con la práctica de la ingeniería, con el trabajo en las minas, con
el goce de la conversación, de la amistad, de vida misma; más que
inventar una obra de arte quiso ser un artista de su propia
vida.
Es difícil seguir la secuencia de su producción literaria, pues
son pocos los relatos cuyas fechas se reportan en las ediciones de
sus libros. Por los pocos datos que he podido reunir, la mayoría de
los cuentos fueron publicados en tres períodos relativamente
concentrados: hacia 1897-99, hacia 1906, y entre 1919-23. Existen
algunos textos de las épocas intermedias, años que pasó
probablemente en las minas y en los que quizás elaboró varios
cuentos publicados a partir de 1919. Después de 1923 aparecieron
dos novelas frustradas:
|Jesusito y Dientedioro, publicada en
1928 con una carta de remisión irónica y quizá algo amarga, en la
que subraya que lo tiene sin cuidado lo que está escribiendo. Y en
1937, publicó
|Mi Gente, supuestamente por presión de sus
amigos, o por ganarse algunos pesos, como dice en el prólogo.
Dedicado entonces más a la vida que a la literatura, a la
búsqueda de la emoción embriagante de la pinta que aparece en la
batea o de la veta que surge en el socavón, al culto de la amistad
o del amor conyugal o paternal, y por supuesto, en la etapa final,
a sostener una familia numerosa después de haber vivido con una
imprevisión que tenía si tono de grandeza, su obra es pues, muchas
veces, ocasional y apresurada. Y aunque en toda ella es posible
encontrar rasgos comunes - el mismo dominio del idioma, la misma
riqueza descriptiva- sólo los cuentos breves, quizás aquellos que
podía escribir de una sola vez, tienen el acabamiento que los hace
impecables, mientras que los textos extensos tienden a diluirse, a
llenarse de digresiones, de debates discursivos, de comentarios
intrusos del narrador, y sobre todo, pierden la energía de su
concepción en una organización que no da fuerza a la narración sino
que se apoya fundamentalmente en la capacidad retórica y
descriptiva del autor. Esto puede deberse a que éste no utiliza
argumentos complejos, a que la mayoría de sus cuentos se apartan
del modelo clásico (como muchos cuentos clásicos, por lo demás)
narrativo, a que están formados sobre todo por un incidente de una
carga emocional muy fuerte, cuyos antecedentes no se desarrollan,
no se traman, y que se resuelve en un acto de violencia o -en los
cuentos irónicos y humorísticos-, en una frase afortunada que da
salida a las tensiones esbozadas. Uno de los cuentos que en forma
excepcional tienen un desarrollo amplio y sin embargo mantiene toda
su enérgica unidad es
|Guayabo Negro.
Dentro del panorama antioqueño, la obra de Efe inicia el
tratamiento de problemas y situaciones ajenos a las convenciones
del costumbrismo, con el que en forma superficial se ha asimilado
habitualmente. Si este término tiene algún sentido, no puede ser
tan amplio que permita cubrir con él los cuadros descriptivos,
bucólicos o burlones, complacientes y sin conflicto, que dominaron
el quehacer literario colombiano hacia 1869-90, la novela realista
de Carrasquilla y los dramas psicológicos y las tragedias vitales
de los cuentos de Efe Gómez.
En la obra de Efe se encuentran algunos temas tratados con
reiteración. Buena parte de sus cuentos tienen como punto central
un crimen: casi siempre este crimen es el resultado de celos, de la
rivalidad por el amor. En otras ocasiones se da muerte a inocentes
para ahorrarles una vida que se supone de sufrimiento. Con
frecuencia el crimen ocurre en un ataque de locura o bajo el
influjo del alcohol. Los autores de estos crímenes se presentan a
veces como inocentes de lo que han hecho, o a veces en vez de la
condena moral y el arrepentimiento, encontramos que reivindican sus
acciones, las defienden y desafían, si es del caso, al infierno,
aceptando con orgullo la condena eterna.
Otro de los elementos recurrentes en esta cuentística es la
contraposición entre cultura y vida: el conocimiento, la
conciencia, la complejidad mental se presentan como opuestos a la
vida y al logro de la felicidad, al goce inmediato de la
existencia. La cultura es una fuerza de represión, un freno al
ejercicio de la energía vital de los hombres. La represión cultural
y social encauza la vida de la mayoría de los hombres en rutinas
conformistas. Algunos se rebelan, pero usualmente su rebelión es
derrotada, y el refugio que queda es el alcohol. Otros exhiben su
triunfo aparente: son los que han conquistado el poder y la
riqueza, que en la visión pesimista de Efe se apoyan necesariamente
en la corrupción, la mezquindad, la falsedad, el robo y el
engaño.
Lo anterior conduce a una visión muy crítica de la sociedad que
entonces surgía en Medellín, dominada por los valores de la riqueza
y el éxito económico. En este mundo el triunfador es ante todo un
explorador, que ha abandonado lo que tiene un valor genuinamente
humano para recorrer tras el becerro de oro. Sin embargo, Efe
presenta con algo de simpatía irónica a algunos de los triunfadores
en la guerra antioqueña por la plata: aquellos que parecen
continuar la tradición del pícaro español, los que explotaban a sus
prójimos son un desparpajo y un ingenio burlón. Los derrotados son
los indios, los negros, los proletarios, víctimas de los
mentirosos, los venales, los triunfadores. Pero por otra parte hay
un arquetipo de vencido: el hombre inteligente, orgulloso y
sensible que no acepta contaminarse, el poeta, que afirma lo bello
y lo auténtico, la honestidad y el coraje real: es este personaje
el que descubre, por ejemplo en
|Retorno, la inutilidad de la
vida, el incremento del dolor a medida que la conciencia aumenta, y
acaba derrotado, entregado al alcohol o la autodestrucción.
Raras veces tienen estos cuentos un final feliz, y cuando lo
tienes es sobre la base de la aceptación del crimen: en un cuento
los personajes pueden amarse porque el protagonista ha dado muerte
bruta a su rival, en otro el final se apoya en ver a la muerte cono
liberadora de los horrores y tristezas de la vida. En muchos
relatos se nos presenta simplemente el triunfo de los malvados y
corruptos, y quizá sólo hay uno,
|Lorenzo, en el que el
protagonista, son su valentía genuina, gana el afecto de su amada,
mientras el farsante, el militarcito vanidoso que estaba
conquistándola, resulta derrotado. El cuento, de argumento algo
convencional, está escrito con maestría, sobre todo el incidente
central en el socavón de la mina; a pesar de ello no tiene el poder
de convicción de aquellos cuentos en los que la tragedia parece
cebarse ante todo en los inocentes.
Algunos de los elementos de esta visión pesimista de la vida
encuentran expresión explícita en los textos de Efe: "¿No
está la vida gritando a todas horas que a medida que se agranda lo
consciente, el campo del dolor también se agranda? ¿Que no podemos
suprimir jamás ese desgarrador contraste entre el infinito que
anhelamos, que ideamos, que imaginamos y creamos, y lo exiguo del
vivir que actuar logramos, nosotros, fáciles floraciones de un
instante? ¿Y la inutilidad de la existencia? ¿El dolor de los que
amamos?" (
|Retorno).
En
|Evohe se defiende el alcohol por su capacidad de dar
algo de alegría y olvido a una vida que está lejos de ser
"amante y madre": "Está bien que no
beban los fuertes, los adaptados, los victoriosos. Pero mientras en
el mundo haya seres frágiles, fogosos, cuyas lamas generosas y
selectas no pueden avenirse con la mezquina realidad ambiente, el
alcohol, la religión, el arte disputarán a la vida real el
privilegio de abrigar, de acoger las angustiadas humanas
muchedumbres". "Mientras haya vencidos, mientras
haya proletarios, mientras haya poetas, mientras haya oprimidos,
mientras haya dolor, mientras haya injusticia, habrá alcohol en el
mundo"... "El dolor es eterno, irremediable,
fatal; los hombres bebemos para escapar unos instantes, ... al
implacable, al horror de vivir... La vida, la cual tiene contra el
dolor los estados febriles, el sueño, el delirio, el llanto, el
delito, la locura, la blasfemia... La dulce amnesia, precursora de
la total, la celeste amnesia de la muerte".
En
|Y le dije, que tiene la estructura de un apólogo que
permite al autor expresar algunas de sus ideas, un joven que acaba
de terminar su carrera se lamenta: es inútil para la vida, pues lo
aprendido, idealista, no corresponde a la corrupción de la
realidad: los más sinceros las "almas rectas" se
sublevan; los "temperamentos poéticos",
"se entregan al desorden de las pasiones, sin dejar tras
de sí más que tal cual estrofa, tal cual dicho agudo en la memoria
de sus compañeros vulgares de la prostitución"; sólo los
mediocres triunfan, en medio de vilezas, para casarse con alguna
joven que tiene esa "simpatía sincera que comunican las
pocas ideas y mucha salud". El pesimismo se extiende a las
futuras generaciones: quien tiene esa "fementida
distinción que comunica la cultura", no puede legar a sus
hijos riquezas, sino esa "intelectualidad que ha de ser su
martirio": los hijos acabarán en la misma miseria, la
taberna, el delito, mientras las hijas serán risibles, con
distinción pero sin riquezas. En resumen, sufrimiento y
desesperación, en un mundo dominado por el egoísmo: "en
esa lucha de selección social el débil está destinado a abonar con
sus despojos el humus en donde el fuerte se levanta. Y ya que no he
de poder triunfar en la vida, busco siquiera el triste placer de
elegir el lodazal en donde deba consumirme". En forma
similar,
|Rafael es una diatriba contra el progreso, pero no
en los términos costumbristas de la idealización de la tradición o
la naturaleza. Se idealizan lejanos valores aristocráticos, el
orgullo, la arrogancia, la imprevisión, atribuida a los
conquistadores, pero pronto dominada por la conquista de los
comerciantes y agricultores que los siguieron.
Un curiosos mito se elabora: el pueblo antioqueño desciende de
esos primeros conquistadores, mientras las clases altas provienen
de la burguesía mediocre de la segunda conquista. "Porque
eso, un gran señor arruinado, es nuestro pueblo... verdadero
descendiente de los conquistadores semidioses. Eso se le ve en
todo: en su imprevisión magnífica, en su orgullo taciturno, en la
arrogancia con que tira de la espada ante cualquier ultraje...
Pasada la epopeya, vino para ellos la paz con todos sus
horrores..." "Estos primeros pobladores cayeron
luego bajo el dominio de una nueva oleada de españoles, llegados
cuando se había concluido la lucha de la conquista, oportunistas y
negociantes". De estos descenderían las clases altas
antioqueñas, y de ellos habrían heredado "las virtudes
acaparadoras que los han tornado ricos y prósperos". Los
descendientes de los conquistadores, tras esta "segunda
conquista feroz, callada, incruenta", han sido víctimas,
como el protagonista, de esta sociedad despreciable, donde rige la
voracidad del dinero que cría, de ese dinero que parece haber
bebido agua". Al morir, huyendo de la policía, Rafael
lamenta no dejar nada a sus hijos y no haber cedido a la tentación
del crimen: "felices los que robaron a
tiempo".
Cuando se afirma la esperanza y la moralidad aceptada, decae la
energía literaria de Efe: Venga a nos tu reino, que contrapone la
vida ordenada y disciplinada al desorden, donde el personaje mira
un porvenir de sol "barrido de las inmundicias que para
asegurar sus éxitos de la librería, vomitaran en él los
Schopenhauers de a cincuenta centavos la docena",
|
es, pese a la calidad sostenida de la escritura, un cuento
moralista, ingenuo y plano. En
|Inofensivo, a una perorata
pesimista del personaje, se contrapone la "vida
inagotable", que tiene "tristezas y consuelos
para todos": si no fracasa completamente como narración es
por el tono ligero del final, por la ironía de que la vida se
manifieste en los pasos "airosos de una moza
liviana", en contra de la moralidad convencional
provinciana.
En forma igualmente explícita se hace con frecuencia el elogio
del antioqueño, aunque este elogio está casi siempre mezclado con
violentas críticas. El mulato, raza "de plasticidad
intelectual sorprendente, adoradora de la instrucción, con ideas de
libertad y de igualdad en la cabeza, inquieta y novelera, prolífica
y sexual, producto verdadero de los trópicos por lo fecundo y
ardoroso". "La magnificencia incomparable de los
mineros de raza", luchadores de los que ninguno ha
flotado, mientras "a muchos de esos zánganos usureros he
visto después convertidos en padres de la Patria" (
|En
las Minas).
Sin embargo, Efe se encuentra lejos de admitir las
caracterizaciones usuales del costumbrismo sobre Antioquia, y
rechaza expresamente varios de los mitos usuales sobre el
antioqueño. En
|Un Zaratustra Maicero o en
|El Paisano
Alvarez Gaviria, las virtudes antioqueñas resultan ser sobre
todo la capacidad de explotación y engaño. Y "el hacha que
sus abuelos dejaron por herencia" al antioqueño no es
motivo de elogios: "El hacha del antioqueño y el casco del
caballo de Atila serán en la historia, los símbolos definitivos de
la desolación, con la sola diferencia de que Atila asolaba para
saquear y los antioqueños para sembrar maíz. Y saquear ha
continuado siendo un magnífico negocio, en tanto que sembrar maíz
no ha dado nunca los gastos".
La imagen de la sociedad que nos presenta el autor se completa
con una visión de injusticia social y de opresión de los de abajo:
"Qué podemos nosotros, los infelices habitantes de los
campos contra ustedes, los que saben, los que tienen la plata, los
que viven en los pueblos grandes. Yo no digo que ustedes no se
hagan justicia unos a otros, sobre todo si son igualmente ricos.
¡Pero a nosotros! El poderoso puede matar al pobre: ¡Él es rico, él
saldrá libre!", reflexiona un personaje de
|En las
Minas.
En una sociedad regida por el dinero, el
|míster se mueve
como un pez en el agua, y su figura es descrita con ironía y
ferocidad por Efe en varias ocasiones: el trozo siguiente de
|Mi
gente puede servir de ejemplo:
Y lo vaciaron todo en una gran cuyabra. Más o menos tres almudes
de sancocho: nadando en un caldo celestial, tajadas blancas de una
yuca de tierra caliente, caponeada, docilitas; papas del páramo,
del tamaño de pamplemusas; huevos de arracacha como pantorrillas de
muchacha bonita; chócolos de perla; cebollas de cabeza; repollo, y
las presas de cinco gallinas.
Míster -gritó uno de los maiceros-. Ya está esto
|for
itin.
Entró el míster. Corrió un banco junto al sancocho, tomó como
cuchara un remellón hecho con una totuma de regular tamaño encabada
en un palo redondo. Y comenzó. Dos remellonados de caldo, y mano a
la presa: una rabadilla. La aplico por un extremo -del lado hondo
de la presa- los dientes de abajo y con un cuneíto, con un
pandeíto... fue avanzando, fue recorriéndola, hasta el otro
extremo; luego volteó la presa por el otro lado, hizo el mismo
movimiento de garlopa que la vez primera, y tiró al suelo el hueso
mondo. Cayó a los pies de Pedro. El cual se puso a examinarlo.
Estaba como cepillado. Una hormiga, recorriéndolo con anteojos de
aumento, no habría, en quince días, encontrado allí una partícula
de carne. Iba cayendo al suelo una lluvia de huesos: fémures,
esternones, costillares... todos mondos, limpios. Después comenzó a
tragar yucas. Se metía a la boca una tajada de yuca de media libra
-por ejemplo- la apretaba con la lengua contra el paladar, la yuca
cogía para adentro y el pabilo se salía por las narices.
Deben estar patentados para comer yucas estos místeres, pensó
Pedro.
Van desapareciendo en el interior de ese míster, papas,
hartones, huevos de arracacha, repollos. Se le representaba
viéndolo comer, una estampa de un libro que tiene papá Cristóbal
escrito por un tal Fray Gerundio, en la que un hombre que
representa el Tiempo, engulle ciudades, trenes, escuadras,
generaciones de hombres y mujeres...
Hace a un lado la cuyabra vacía y le hecha mano a una totuma
grande, en donde los maiceros le han vaciado tres kilos de conserva
de frutas, con cuatro quesitos migados: se la manda. Después se
agarró a un litro de café tinto y... ¡trán!, adentro con él.
Encendió la pipa, se tendió cobre un troje de maíz y se quedó
quietecito.
-¿Qué opinás?
-Ese míster tiene que ser popo.
-Hasta la punta de los dedos.
-¡Vea que poder acomodarse todo ese mundo de cosas adentro!
Ya ven: tanta bulla con los místeres y son hasta muy fáciles de
manejar. Con tal de que todo sea para ellos, no dan ni lidia.
En resumen exhibe Efe una concepción de la sociedad y la vida
profundamente pesimista, según la cual las pocas cosas dignes no
logran afirmarse ni imponerse en un medio entregado a la venalidad
y la corrupción. Quien adquiere esa conciencia superior que le
impide entregarse a la mediocre acumulación de riquezas, acaba
derrotado por una sociedad que no lo alienta ni le permite realizar
sus ideales. Todo esto se encuentra expresado en forma consciente y
explícita, en múltiples variantes, en un conjunto de cuentos en los
que los textos declarativos, las exposiciones y debates de opinión
se sobreponen sobre el desarrollo dramático: en algunos de ellos,
la mínima elaboración argumental ha impedido encarnar el drama,
hacer que en vez de surgir en la conciencia y en el discurso del
personaje, resulte del proceso ineluctable de la vida. Esta es su
debilidad, a pesar de la riqueza de la descripción, de la
complejidad ocasional de los matices psicológicos de los
personajes, de la cuidadosa composición literaria de la frase y de
la búsqueda del lenguaje vigoroso y justo.
Declaraciones expresas como las citadas, contenidos manifiestos
de las opiniones de los personajes o el narrador, ayudan a definir
el mundo ideológico de Efe. Pero para captar con mayor precisión
las ideas y experiencias más significativas para el autor, vale la
pena analizar superficialmente la estructura de algunos cuentos en
los que, precisamente en la medida en que estas experiencias están
incorporadas en la acción, en lo que sucede, parecen corresponder a
vivencias más profundas que las frases ingeniosas y los discursos
colocados en boca de los personajes.
Uno de los primeros elementos que destaqué es la presencia del
crimen, el desafío blasfemo, la ausencia de finales felices, el
triunfo del mal sobre el bien. Muchos textos, ya lo he reiterado,
son más bien imágenes muy plásticas y bien descritas, momentos,
estados de ánimo. Pero aquellos cuentos en los que alcanza a
elaborarse un argumento servirán ahora de ejemplo.
Ya mencioné a
|Lorenzo, y a
|Venga a nos tu reino:
cuentos convencionales, en los que triunfa el bien: se ve que no
estaba en ello el talento de don Efe.
|In memoriam describe
con sencillez el fin de un maquinista: su muerte es el único
salario digno de una vida de lucha y de dolor.
|Almas Rudas
narra también una muerte, en este caso natural, pero la
contradicción entre la resignación y la protesta introduce el
drama. Momentáneamente el protagonista confía en que va a curarse,
el agua aparece como símbolo de la vida, pero al ir a tomarla
advierte que no logrará hacerlo. Invoca a la Virgen, pero un
momento después la protesta rompe la ideología religiosa y la pone
de cabeza:
"y antes de rodar muerto en la hojarasca, articuló con
voz fiera; que se abra el infierno y que venga el Maldito. ¡Tú
estás aquí, Maldito! ¿No me haces la vida? ¡Llévate mi
alma!"
El mismo tema de la rebeldía blasfema, de los valores de la vida
que no aceptan sujetarse a la promesa de la bienaventuranza,
aparece en Cepas Raciales, donde el personaje, que va a morir,
asesinó hace años a un noble español y lo suplantó, y ha vivido de
su nombre y su riqueza. El sacerdote trata de que se arrepienta,
pero él prefiere la honestidad del infierno al compromiso de un
arrepentimiento que no tiene: mató para darle posición y riqueza a
sus hijos, y el mismo Jesucristo, si en vez de "redimir a
la humanidad hedionda" hubiera tenido hijos de la carne,
"habría muerto por esos pedazos de su alma; habría, como
yo, desafiados por ellos el infierno, habría, por ellos, renunciado
a la diestra de su Padre". Entre revelar el crimen, con el
consiguiente deshonor para los hijos, y el infierno para él, escoge
esto último: "Por mis hijos he sacrificado mi vida, por
ellos sacrificaré mi eternidad". El autor lo denomina
héroe, y concluye, en frases sobrias que contrastan con la demasía
desafiante y casi truculenta del personaje: "Aflojáronse
sus miembros. Cayósele la espalda. Puso la muerte en sus facciones
paz augusta. Quedó de cara al cielo".
En varios de los cuentos que concluyen con un crimen los celos
son el motivo esencial de aquél. En
|La selva nos cuenta la
historia de la rivalidad entre dos negros por Victoria. El novio
verdadero, el bueno, el que ella ama, triunfa en una lucha final en
la que da muerte a su rival rompiéndole a mordiscos la yugular: El
amor de Mareño y Victoria, a pesar de asentarse sobre una muerte,
puede realizarse, y el autor da a esto tono de final feliz. Que el
autor pueda dar su simpatía al homicida y presentar como un final
feliz la muerte de su rival depende en parte de colocar la historia
en la selva, entre hombres primitivos, donde la vida se impone
sobre la moral convencional. Podría también pensarse que el torneo
de los caballeros medioevales, incongruente en las ciudades
antioqueñas entregadas al afán del lucro, puede existir entre una
población negra cuyos valores primitivos se encuentran más cerca de
los de la aristocracia caballeresca.
En
|Colonial son las mujeres de los indios las que tienen
celos de la hija de un español, la consideran una bruja y la
queman. Los indios encarnan la vida mientras que un sacerdote que
trata de cristianizarlos, representa los valores de la cultura y la
civilización: es un personaje formalista, vacío e hipócrita, y los
indios desenmascaran fácilmente su falso puritanismo.
|Corazón de Mujer y
|En las Minas son cuentos en los
que las diferencias argumentales no ocultan ciertos temas comunes.
En el segundo cuento un minero se rebela contra las provocaciones
de un blanco, que quiere quitarle su novia. El tema del conflicto
es eminentemente social, aunque se apoya sobre la inseguridad del
protagonista acerca del amor de su prometida: lo que el autor
subraya es la oposición de ricos y pobres, la injusticia de la
justicia y en general la opresión de los pobres. El minero termina
volando, en una explosión tremenda, al accionista de la mina que
provoca sus celos y él mismo muere en ella.
En
|Corazón de Mujer el tratamiento de los celos es más
psicológico, y es una narración en la que se desarrollan con alguna
complejidad los conflictos entre los deseos inconscientes de las
personas y las normas morales y sociales, entre la violencia de los
deseos primarios y el decoro aparente de la vida consciente. Aunque
no parece que Efe haya tenido un gran interés por la obra de Freud,
sabemos que la conocía. Sin embargo, es probable que las ideas de
este cuento, y en general las de varias narraciones en las que se
capta la fuerza del inconsciente, hayan surgido sin influencia
alguna del creador del psicoanálisis. Sea como sea,
|Corazón de
Mujer tiene una conformación simétrica, en la que la
protagonista es causa de la muerte de su abuela, simbólicamente,
cuando es niña, y luego provoca, inconscientemente, la muerte de un
enamorado. La niña juega, mientras agoniza la abuela, con una
mariposa negra, a la que hace representar el papel de aquella;
cuando no logra alimentarla y darle las drogas, usando una astilla
de madera, se impacienta y la atraviesa con ella. La abuela muere
en ese momento y la niña se aterroriza: "sus ojos se
clavaron asustados en la mariposa muerta por ella, y el pensamiento
de que era la causa de la muerte de la abuela, de que la había
matado, se apoderaba irremediablemente de su ánimo". Ya
adulta, a punto de casarse, llega inesperadamente su novio de
juventud y ella, con la misma crueldad inocente de niña, juega con
él, que ignora que ella está comprometida, y lo lleva a declararle
su amor y, en cierto modo, lo seduce, pero se detiene:
"comprendió que había ido demasiado lejos, más allá de lo
que era permitido: pero sentía un placer acre, un goce cruel, en
jugar de esa manera con ese corazón indefenso". Miguel,
enterado de todo, da rienda a su despecho y a su agresividad en un
bar de mala muerte, donde después de emborracharse, provoca a un
mulato que finalmente lo apuñala. Al morir, sentía "un
relámpago frío de horror y gozo emparamarle el alma".
Mientras tanto Julia, que como niña había jugado con
"azorada alegría" con la mariposa que agitaba sus
alas, ahora, se recuesta en su marido, mientras salta su corazón
"con azorada alegría, bajo su seno virgen, sin que la más
leve sombre de remordimiento batiera sus alas". El usar
los mismos adjetivos para calificar la alegría nerviosa de la niña
y de la mujer cruel, el retorno a la imagen de batir las alas,
muestra que Efe quería subrayar la identidad de los dos actos de la
protagonista: aquel por el cual asume la culpa de la muerte de su
abuela, pues en su inconsciente le está dando muerte bajo la forma
de mariposa, y aquel por el cual crea en Miguel, con su juego
cruel, el estado de ánimo que hace que busque más o menos
conscientemente la muerte. El uso del alcohol por Miguel lo
emparienta con otros personajes de Efe, y la niña que trata de
alimentar a la mariposa y la mata cuando no puede hacerlo, recuerda
al personaje de
|Guayabo Negro, que da muerte a su mejor
amigo después de tratar de hacerle beber a la fuerza
aguardiente.
Hemos visto ya dos relatos en los que el protagonista busca la
muerte a causa de los celos: el minero que vuela con su rival y
Miguel, que provoca a un mulato para que lo acuchille. También el
personaje de
|Un Padre de la Patria busca la muerte. Se trata
de un joven lleno de cualidades que, mientras se recupera de una
herida adquirida en la guerra, se enamora y es protegido por el
padre de su novia. Este es un político débil y oportunista que
termina como gobernador, permitiendo que su futuro yerno sea
acusado y destituido injustamente, y además le impide ver a su
hija. El héroe, en medio de la guerra civil, va a la batalla, y su
valor convierte la derrota en victoria, pero a costa de su vida. El
relato sugiere que se trata de un suicidio, única afirmación
posible del héroe frente a los ambiciosos e hipócritas que son
siempre los que triunfan, los "padres de la
patria". Estos tres cuentos tienen en común la incapacidad
de sus héroes para enfrentar lo que los aleja de su amada, a pesar
de que la narración no presenta los obstáculos como definitivamente
insuperables: el minero confiesa su derrota de antemano, sabiendo
que su rival tiene todo el poder social, y por eso su afirmación es
la explosión de dinamita en la que muere; el militar ni siquiera
trata de ver a su novia y va más bien a morir en la batalla; el
protagonista de
|Corazón Salvaje se da cuenta, cuando se
entera de que su antigua novia va a casarse, de que nunca hizo nada
para retenerla. Los celos son también el núcleo de
|Carne, un
cuento en el que el personaje, que ha fracasado en sus negocios y
debe huir para no enfrentar las consecuencias de sus fraudes, corta
la cara de su amante, la desfigura para que nadie más se enamore de
ella.
Además de los cuentos de violencia originados en los celos, en
dos relatos se presenta el tema de la muerte como bien. En
|El
Loco el protagonista da muerte a sus hijos para ahorrarles el
horror de vivir. "Y me decía, con una sencillez trágica
que me daba escalofrío si no era deber suyo ahorrar a esos pedazos
de su ser el sufrimiento estéril, infinito, de vivir, de sufrir, de
ser hombres...". Después de que les ha dado muerte, se
reivindica: él es el verdadero "héroe moral, el solo
liberado, entre el infinito número de hombres, de la preocupación
ancestral que veda a un hombre el acto único digno de ser llamado
paternal: el de librar a los hijos inocentes, felices, del horror
de despertar a la vida: del estéril, trágico, humillante dolor de
vivir...". La violencia de estas ideas no alcanza a
recibir un adecuado tratamiento literario, y el argumento del
cuento resulta débil; la justificación del hecho se presenta sobre
todo en las palabras que pronuncia el loco. A pesar de ello, es
interesante el esfuerzo por presentar como aceptable y coherente un
acto que la conciencia normal rechaza con horror, en un desafío al
lector similar al de los blasfemos que escogen el infierno.
|Eutanasia nos cuenta cómo la nieta guía a la abuela ciega
-una cantante famosa- a un amplio claustro y la convence de que
allí está reunido un gran público que quiere oírla. La abuela canta
y no resiste la emoción que le produce un vuelo de palomas que
toma, engañada por su nieta, por aplausos apoteósicos. La joven
proporciona así una dulce muerte a su abuela, sin que el lector
rechace esta idea, también opuesta a la moral aceptada por la
sociedad. El cuento es narrado con preciosismo inusitado, y
recuerda, por su perfección, los relatos trágicos de Horacio
Quiroga.
La
|Tragedia del Minero tiene un argumento sencillo pero
eficaz: un minero que ha entrado difícilmente en un organal, por
entre las estrechas hendiduras de las rocas, queda apresado cuando
estas se mueven. Sus compañeros lo alimentan con tubos durante
varios días, pero después lo abandonan en esa especie de útero, la
madre tierra, a la que ha entrado. Aunque los compañeros del minero
presentan abandono de aquél como inevitable, no lo entiende así la
viuda, que los juzga culpables y los acusa de cobardía.
|Un Crimen es el título de otro cuento que trata de romper
los juicios sociales convencionales sobre asesinos y homicidas. El
personaje había adquirido alegremente en las bodegas de Nare alguna
enfermedad venérea, que explica la muerte temprana de una hija
enfermiza y amada, y su debilitamiento mental. En los ataques de
locura, revive la muerte de su hija y la cacería de un tigre que lo
sacudió violentamente. En el delirio mezcla los dos incidentes, y
se ve a sí mismo dando muerte a la hija al dispararle al tigre. Sin
posibilidad de defensa, paralizado, siente el tigre que le parte el
cráneo; enloquecido se lanza a correr y tropieza con una niñita que
va por la calle y "agarrándola por las gargantas de los
pies, blandióla en el aire y le estrelló la cabeza contra un
peñasco". El cuento, a primera vista, tiene una violencia
excesiva. Pero pronto se advierte la compleja estructura que le da
verosimilitud literaria y psicológica. Claudio siente que es el
culpable de la muerte de su hija, por sus alegrías juveniles. La
violación de las normas sexuales represivas le trae el castigo, por
partida doble, pero el personaje continúa buscando la explicación:
sus ataques comenzaron el día de la muerte de su hija, y la revive
periódicamente. Esta "compulsión de repetición"
se expresa, en otro plano de la narración, al repetir en la
realidad, pero inconscientemente, el crimen que su inconsciente se
atribuye: la muerte de su hija, encarnada en esa otra niñita que
carga agua (agua que es en casi toda la obra de Efe signo de vida).
Esta cuento se escribe en un momento en el que la literatura
descubre en todas partes el inconsciente, al tiempo que Freud: ya
antes Dostoievski y otros habían presentado en la literatura esos
personajes cuyo sentimiento de culpa los lleva inexorablemente al
crimen, pero a un crimen sin culpa moral. Efe no duda en terminar
el cuento contraponiendo el juicio social que lo llama asesino, con
la inocencia real de Claudio Maloca, víctima de fuerzas que no
puede controlar.
Como puede verse, los cuentos anteriores tienen una gran audacia
y sus contenidos violan las convenciones morales y sociales
vigentes en su época. En este sentido, la obra de Efe resultaba
profundamente desafiante y provocadora, y se oponía al fácil
optimismo social de otros escritores; sin embargo, no sobra señalar
que la actitud de rechazo a una sociedad mercantilista e hipócrita
era compartida por otros autores como León de Greiff. Algunos de
los cuentos señalados son muy bien logrados en términos literarios,
y en todos ellos aparecen las cualidades retóricas de Efe, sus
descripciones magistrales, breves y contundentes. Sin embargo,
varios de ellos tienen un escaso desarrollo argumental o argumentos
arquetípicos. Esto lleva en algunos casos a desarrollar las ideas
del cuento en forma de discursos directos del personaje, de
diálogos que debaten ideas y opiniones. Esto, y el apego a algunas
convenciones retóricas que se sienten hoy artificiales, ha hecho
perder fuerza y atractivo a algunos de estos cuentos, aunque otros
mantienen todo su impacto y vigor.
Existe otro grupo de cuentos en los que la crítica a las ideas
dominantes se hace más bien mediante la caricatura, la ironía o la
sátira. Varios de estos cuentos muestran el dominio que tenía Efe
del humor, pues están entre ellos los cuentos más satisfactorios
del autor. En ellos, aunque no desaparece la intención crítica ni
la visión pesimista de los hombres que permea toda la obra de Efe,
ésta se expresa a través de la burla y no de la tragedia o el
crimen.
En
|El Paisano Alvarez Gaviria se celebra en cierta forma
el triunfo de un farsante, de un pícaro que vive se los resultados
de sus delitos. Ayudante de un contrabandista, cuando este se ahoga
se queda con su riqueza y con su hija, y con riqueza y mujer monta
una empresa civilizadora: la explotación de los negros de las
minas. El paisano Alvarez es la fonda, el comercio, la religión, la
cultura, la civilización. Aliado del estado, este le ayuda a
mantener la sujeción de los negros y le permite robarlos y
extorsionarlos. El cuento concluye con el triunfo renovado del
farsante, que reafirma su dominio al aparecer como el valiente que
ha puesto en fuga un grupo de bandidos a pesar de que, en la
realidad, el miedo lo ha tenido paralizado y le impidió escapar. La
actitud del narrador hacia Alvarez es ambigua, pues aunque
claramente censura el sistema explotador montado por el paisano, no
deja de ver con simpatía su ingenio estafador.
|Un Zaratustra Maicero, un cuento algo difuso y que había
ganado mucho con una poda severa, a pesar de lo cual sigue teniendo
interés, relata la historia de otros de esos pícaros desenfadados
que logran, al menos en sus términos, triunfar; cuenta cómo
mientras los estudiantes y sabios ingenieros no logran nunca
encontrar el oro, éste resulta mica, el aventurero paisa traído por
unos negros para dirigirles una mina, acaba apoderándose de ella, y
finalmente se apodera de la mujer misma del dueño, al que echa río
arriba después de un breve enfrentamiento a machetazos. El pícaro
triunfa, y parte de su triunfo está en haber agarrado su negra y
abandonado su noviecita paisa. Efe hace entonces el elogio
-irónico- de la raza antioqueña, "la más audaz del
Universo", la que "será Colombia entera, como la
ya olvidada, tesonera, Prusia, es hoy Germania imperial y
victoriosa. Viva Antioquia".
|El Héroe de la Dura Cerviz es un cuento perfecto
-permítaseme esta manifestación edípica de admiración filial-: la
prosa precisa, ajustada, sin manierismos innecesarios. En unas
pocas pinceladas se define el personaje, el típico antioqueño, el
verraco, para luego derribarlo de la mula y de su suficiencia. El
desenlace lo da una frase inesperada, que pone en ridículo la
prosopopeya del macho. Igualmente impecable es el
|Alcalde de
Riolimpio, breve y concentrado, variación sobre el tema del
juicio salomónico para subrayar que lo único que uno a los hombres
y a las mujeres es la coincidencia momentánea de sus intereses
egoístas: "la ideología son vacas". Y
|El
Monito Fleis, donde los contrastes sociales se pintan en un
pequeño y magistral apólogo que nos muestra a Dios unido con los
poderosos.
El anecdotario de Efe subraya su ingenio, su arte mágico de
conversador, su agudeza humorística. En cuatro o cinco cuentos es
el humor el mecanismo que permite hacer la crítica de lo aceptado,
y estos cuentos están entre sus mejores producciones: se nota que
allí se mueve a gusto. También la tradición sobre su personalidad
subraya, con todo y su defensa literaria de unos personajes cuyos
valores desafían violenta, agresivamente los valores de la
sociedad, una moralidad a toda prueba, un super yo muy rígido, como
dice la jerga del oficio. El humor le permitía seguramente, como
permitía a Carrasquilla y como en general permitió a los
antioqueños, hasta los años recientes del
"despelote", soportar una moralidad muy
represiva, sobre todo en lo que esencialmente reprime la moral: el
sexo. Y digo esto, pese a que el humor de Efe, en sus cuentos
sobrevivientes, casi nunca se aplica a asuntos sexuales, -en
|Mi
Gente sí- sino más bien a la crítica social. Pero en esto
adopta un mecanismo socialmente desarrollado, el humorismo paisa,
con su fascinación escatológica, su desafío de las convenciones, su
defensa de lo natural y burdo;
|El Monito Fleis tuvo una
continuación, una segunda parte inédita, con ribetes más
escatológicos, y si pudo ir al cielo, allí debía pagar para
respirar un aire compuesto de flatulencias angelicales.
No pretendo hacer un análisis estilístico de estos cuentos. Sin
embargo, quiero destacar algunos aspectos que surgen a la mirada
del lector. La escritura de Efe es extraordinariamente cuidadosa.
Se advierte una conciencia muy grande de los efectos estilísticos y
formales. La colocación de los adjetivos, la búsqueda de una frase
justa y ágil, el uso de un lenguaje lleno de cultismos, apunta a
unas convenciones literarias muy exigentes, y manejadas sin duda
con gran destreza. No se me ocurre de dónde pudieron surgir esas
convenciones. Son muy distintas a las de Carrasquilla, con su
reproducción de los ritmos del lenguaje oral, pero dotado de una
coherencia tomada de la estructura de la frase del siglo de oro
español. El preciosismo de la adjetivación puede tener que ver con
el tipo de prosa que impulsó Rubén Darío, aunque puede provenir de
una visión del lenguaje literario originada en los clásicos
españoles, en el preciosismo de Góngora y Baltasar Gracián o
incluso en las leyendas de G. A. Becquer.
El cultismo antioqueño ya existía: Sanín cano hable de un
maestro, hacia 1880, que ponía en las hojas de sus alumnos:
"anda por los cerros de Ubeda",
"marró" dos veces, "hizo
novillos". Para el lector actual, muchos de los cuentos de
Efe están escritos en un estilo que no ha envejecido; aquellos en
los que no están presentes ciertos preciosismos que hoy se sienten
como artificiosos, y probablemente ya lo eran entonces.
Curiosamente parecen abundar en los cuentos cuya construcción es
más débil o cuyo tema central es más convencional, mientras que
están casi del todo ausentes de
|Guayabo Negro, La Tragedia del
Minero, Almas Rudas, o los cuentos de picaresca y humor. Los
más evidentes de estas convenciones artificiosas son:
1. Las interpolaciones discursivas. En muchos de los cuentos los
personajes, y a veces el narrador, se lanzan a largas
disquisiciones sobre la vida, la moral, la sociedad antioqueña, el
alcohol, la familia, la pureza de la mujer, etc. La convención
narrativa del cuento ha rechazado más y más este procedimiento en
nuestro siglo. Lo usaron muchos de los mejores cuentistas del siglo
XIX, de Poe en adelante. Pero ya a fines del siglo Maupassant,
Chejov y otros estaban afirmando un modelo para la narración breve
que iba a imponerse en el siglo XX. No hay que olvidar que Efe
Gómez, al escribir sus primeros cuentos, es casi contemporáneo del
surgimiento del cuento en Hispanoamérica.
2. El manejo muy especial del diálogo. Los personajes
principales casi siempre son seres urbanos y cultos, metidos en los
dramas de la vida y orientados en esos dramas por una cultura
literaria y hasta filosófica. No resulta extraño que a veces hablen
en forma muy culterana y elaborada. Pero, con excepción de los
cuentos humorísticos, tales personajes hablan casi siempre así.
Incluso personajes cuya condición no autorizaría tal lenguaje: el
misionero de
|Colonial trata de adoctrinar al indígena con
discursos en los que dice "si la lujuria llega a
aposentarse en nuestro ser, como es monstruo insaciable que tiene
sed hidrópica y hambre de chacal ayuno, beberá nuestra sangre,
devorará nuestras carnes, triturará nuestros huesos, hasta chupar
su postrimer médula". Las convenciones del diálogo
realista son diferentes, y son las que se han impuesto: Efe lo usa
cuando hablan los niños, los mendigos, los negros y las mujeres, y
muestra entonces que puede hacerlo en forma muy convincente.
3. El uso repetido de procedimientos retóricos que hoy suenan
arcaizantes o artificiosos. La inversión del pronombre personal y
el verbo ha envejecido mucho. Por ejemplo, "difundióse por
le rostro divino de Isabel..."; "la alusión fuela
poseyendo... presentábansele entonces..." son formas que
se encuentran con mucha frecuencia. También utiliza Efe un
hipérbaton demasiado fuerte: "sus manos, que besadas
fueron por reyes y héroes"; "cadenas en los
extremos de garrotes policiales puestas". A veces lo
atraen expresiones cultas, arcaizantes, exóticas: "albos
fragmentos"; "placas de argento";
"fulgurado de terror". Algunos adjetivos se
reiteran como un esfuerzo por probar que pueden repetirse sin
convertirlos en lugares comunes: el uso de la palabra
"divina", con todos sus peligros, daría pie para
un interminable análisis.
Sin embargo, lo que domina en su literatura es el dominio
extraordinario del idioma, el uso creador y eficaz del lenguaje. En
las descripciones, unos trazos breves, usualmente atentos al color
y reforzados con alguna comparación o metáfora audaz, construyen un
paisaje y dibujan una acción con el talento de un pintor
puntillista: "la luz se derramaba en las montañas, se
enhebraba centellando en el curso de los riachuelos; penetraba y se
difundía en las casas"; "de las entrañas de la
roca saltaba un manantial, cuyas ondas limpias corrían sin ruido
debajo de los helechos"; "moduló un chit tan
suave, que ni una arruga rizó el océano de silencio que por los
ámbitos de los muertos salones, el patio inmensurable, de las
desiertas terrazas, se extendía"; "nubes doradas
de semillas de trigo"; "alcanzó a ver sobre el
suelo cubierto de charcas, fango y guijarros alisados,
desparramándose como un esputo de luz, la claridad que se escapaba
por la puerta de una tenducha"; "el torcido
sendero tallado en la carne viva de ese suelo estéril que alcanzaba
apenas a cubrirse a veces con una crin de paja retostada, que se
quedaba otras descubierto en terrenos como úlceras
resecas".
No sería difícil ilustrar todo un diccionario de figuras
retóricas, de formas de adjetivación, de recursos expresivos, con
la obra de Efe: no es de extrañar que Carrasquilla hubiera aludido
a las "elegancias hipócritas" de su estilo. Doy
simplemente algunos ejemplos:
"sus manos inefables, blancas y traslúcidas",
donde se recurre como en muchos lugares, a un ritmo ternario;
"de su cuerpo oscuro y lanudo salió, pura y radiosa, su
abuela", donde los dos sustantivos reciben, en
distribución simétrica, dos adjetivos;
"hasta el delirio, hasta el automatismo, hasta la
brutalidad", donde se usan simultáneamente la repetición y
el recurso a ritmos ternarios. Igualmente utiliza la repetición un
ejemplo como el que sigue: "sus ojos parpadeaban,
parpadeaban como dos golondrinas que aleteasen".
"Pálidas miradas, y feroces, se
entrecruzaron", donde los adjetivos se colocan
distribuidos alrededor del sustantivo.
"Todo arde, vegeta luz; los retazos de río que se ven
correr entre sauzales son luz líquida", donde además de la
repetición vemos el uso insistente de la aliteración: retazos de
río, luz líquida.
El siguiente ejemplo, muestra de técnica descriptiva de efe,
termina también con una aliteración reiterada, propia del lenguaje
poético:
"Un momento asomóse la luna por entre unos nubarrones,
y sus rayos, al herir el río, formaron en la masa de sus aguas una
columna fosforescente, cuya superficie temblaba con
estremecimientos de ser vivo... Llovía grueso. De improviso un
latigazo de luz recorría el espacio vapulando las
pupilas".
Termino con tres ejemplos de esas descripciones apretadas, casi
cinematográficas -recuérdese que Efe hizo el guión para una
película sobre Rafael Uribe Uribe, la cual se filmó- que
caracterizan su prosa:
"Ve Lezama pasar ante sus ojos como relámpagos blancos
los techos de los toldos enemigos: siente un golpe terrible, se
detiene, vacila, cae de espaldas, y por sus facciones se difunde la
paz sublime de la muerte".
"Un camino atroz, imposible. Camino de las montañas
antioqueñas en invierno. Fangales hondos, blandos, sin orillas,
como de purgante. Espinazos estrechísimos: un abismo a la
izquierda, otro a la derecha".
Y por último, perfecta en su brevedad:
"La cuesta era agria y paréme a respirar".
Los ejemplos anteriores muestran una actitud muy consciente de
preciosismo en el idioma, y el mismo Efe aludía a veces a ello:
"estas pedanterías que las gentes de gusto y talento, los
escolásticos, las gentes que saben escribir, me critican con razón,
son mis vegetales".
Dejando de lado anotaciones estilísticas, y antes de considerar
brevemente el cuento que es sin duda la obra maestra de Efe, vale
la pena hacer algunas consideraciones algo abstractas: Desde Freud,
y ante todo con base en las interpretaciones lacanianas de su obra,
hemos aprendido a considerar el inconsciente como un lenguaje. Esas
estructuras inconscientes, que son el resultado de la represión, se
apoderan en determinadas circunstancias de los mensajes conscientes
del individuo. El síntoma, el sueño, los actos fallidos son
estructuras de comunicación en las que lo reprimido lucha por salir
a la conciencia, pero lo hace en la forma de un compromiso que hace
irreconocible el mensaje original. La literatura maneja también los
contenidos del inconsciente, y su material está de un modo y otro
conformado por el retorno de lo reprimido: de los fantasmas
sexuales o de los de destrucción y violencia. En las obras
literarias de mayor violencia, en la tragedia, son los núcleos
centrales de los contenidos inconscientes, el incesto, la muerte
del padre, los que con frecuencia aparecen como tema central del
texto literario. Pero el mensaje literario no puede tener, como el
sueño, una organización secundaria que impida reconocer su sentido:
cuando alguien nos cuenta un sueño, sólo raras veces podemos sentir
ese reconocimiento mínimo de que se trata de algo que también a
nosotros nos atañe. Los productos del compromiso entre el
inconsciente y la censura son ininteligibles, y su sentido sólo
puede reconstruirse por un trabajo de interpretación muy especial.
En la literatura, los conflictos dramáticos del argumento tienen
que ser captados en forma directa por el lector, el contenido de la
obra debe ser reconocible y asumible por el lector sin el recurso
de una reorganización del material como la que se da en la
interpretación del sueño. Esta es una diferencia esencial entre la
literatura y las demás formas de en las que se busca expresión del
inconsciente, y una que con frecuencia olvidan quienes tratan de
analizar los contenidos profundos de la obra literaria. Al tratar
el cuento o el poema como un sueño olvidan que la forma del sueño
tiende a ocultar el sentido, y que la forma de la literatura debe
permitir la comunicación del sentido: por eso es importante la
forma del relato, la estructura de la narración, la concatenación
de incidentes, y finalmente la retórica que se use. Del vigor de
los contenidos profundos que se comunican, de la complejidad y
riqueza de la forma de la narración y de las estructuras de la
retórica depende finalmente el impacto y la calidad literaria de la
obra, busque ésta el retorno de lo reprimido a través del drama y
la tragedia o evada la censura por medio del humor, y logre el goce
del lector en la identificación con el destino de los personajes o
en el revivir los placeres formales del juego con el lenguaje
mismo.
Por ello no hemos buscado reducir los textos a contenidos
inconscientes profundos, pretendiendo que allí resida su
importancia. Hemos atendido hasta cierto punto a los aspectos
formales y más exteriores y a los contenidos conscientes que busca
comunicar el autor. Y hemos visto cómo las estructuras narrativas y
argumentales se basan en la persistencia de ciertos nudos, en la
fascinación con el crimen, el desafío, la afirmación de la vida, el
terror a la muerte pero a la vez la visión de la muerte como
liberación. Un análisis más completo debería permitir relacionar
todos los aspectos anteriores con los contenidos fundamentales
inconscientes de esta literatura, pero con plena conciencia de que
no son esos contenidos los que le dan el carácter específicamente
literario. Tratemos de ver esto por lo menos en un cuento,
|Guayabo Negro.
El cuento comienza con el despertar, el retorno a la conciencia
de Pedro Zabala, el cual se describe con prolijidad, intercalando
elementos subjetivos y del mundo externo. El despertar es en el
guayabo, y éste se nos presenta con toda su brutalidad: el narrador
alucina y sufre, y empieza a recordar su borrachera, y a sentir los
remordimientos. Qué habrá hecho, a quién habrá insultado. Empieza a
recordar el día anterior, y pasa a una escena de pureza y
optimismo. Casado con Matilde, tienen un niño de pecho, y salen de
misa acompañados por otra pareja estrechamente relacionada con
ellos: la de su hermana Inés y Manuel, su cuñado por ambos lados,
pues es a su vez hermano de Matilde. Pedro revela que a su mujer se
le derrama la leche, y de ese modo sabe que el niño tiene hambre:
escena de ternura sexual, mezclada con otros elementos menos
obvios: Pedro está revelando a su cuñado intimidades de pareja,
además admira la hermosura de se hermana, que va a casarse con
Manuel en pocos días. Tan entusiasmado está Pedro con ese
matrimonio, que está construyendo una casa para que vivan en ella,
con sus manos ha estado construyendo los decorados.
Los dos hombres, despedidas las mujeres, siguen a beber, con
todo el afecto de la borrachera de amigos cercanos: "¡sus
frases se entrelazan como las trepadoras en la selva, sus ojos se
humedecen dulcemente, se juran amistad eterna, filial amor, se
cuentan todo, van a ser felices en el futuro, marchando juntos a la
conquista de la vida!, ¡y caía cada uno en los brazos del otro, y
sus corazones se juntaban cálidos, viriles!". La
borrachera progresa, y la narración regresa al despertar de Zabala,
que ve el amanecer la invasión de la luz, pintada con un placer
casi excesivo. Zabala recuerda a su mujer, "la fragancia
de ese cuerpo esbelto, firme, mórbido y divino", a su
hijo, y se hace propósitos de enmienda, se alegra y espera salir de
donde está, la cárcel, a donde seguramente lo llevaron por algún
asunto menor.
Se empieza a arreglar, envía razones a su casa, cuando llegan
las autoridades. Lentamente la narración, que toma característica
de tragedia griega, nos lleva al momento en que le muestran a Pedro
un cadáver: el de Manuel. Pedro tarda en advertirlo, descubre el
cuchillo que lo hirió, hecho por el mismo Manuel y de pronto
recuerda que él ha sido el asesino.
Poco a poco reconstruye el incidente: quiso obligarlo a beber,
le metía él mismo la botella y Manuel, enfurecido le dio una
bofetada. Él clavó entonces el cuchillo "en el pecho de su
hermano". Aparecen entonces su hermana y su esposa, y se
describe el entrecruce de las miradas de los tres, en una
descripción que tiene el terror de una tragedia esquiliana; Pedro
trata entonces de darse muerte con el mismo puñal con el que mató a
su amigo. Se lo impiden y él se queja de que quieran obligarlo a
vivir. El narrador concluye la historia haciendo ver que
"su voluntad al herir no guió su mano" y que la
venganza de la sociedad es insensata: "¿de qué se venga el
monstruo ese?".
La historia supera el simple relato de una muerte casual porque
en el texto aparecen, de diversos modos, los elementos que hacen
sentir que, profunda e inconscientemente, Pedro deseaba la muerte
de Manuel. Estos deseos se apoyan en estructuras edípicas. El
cuento, por supuesto, no nos habla de ellos: subraya más bien el
amor de Pedro por Manuel. Cuando su mujer regresa a casa a
amamantar el niño Pedro prefiere quedarse con Manuel, al que
conduce a una especia de idilio alcohólico y embriagado, con
promesas de futuros comunes. Ahora bien, Manuel se va a casar con
su hermana, que para Pedro representa a su madre, ya muerta. El
próximo matrimonio revive la situación edípica: es como si Manuel
fuera a casarse con su madre: "y es bella Inés -comenta
Pedro- tiene la bella augusta y santa de mi madre". En
este nivel Manuel es su rival, que va a ocupar el lugar de su
padre, también muerto. Un padre con el cual se ha identificado y al
cual ama.
En todo caso, en la borrachera, Pedro fuerza a beber a Manuel
hundiéndole la botella en la boca: el coqueteo culmina así con un
gesto de claro simbolismo sexual, en una especia de esfuerzo por
colocar al padre en posición pasiva. Manuel reacciona, le da la
bofetada, como respondería un padre enérgico, y Pedro le entierra
el cuchillo. Este acto viola hasta tal punto la norma, la ley, que
lo posee una "¡parálisis cerebral absoluta!", es
un asesinato del padre, que sólo puede ocurrir en la más profunda
inconsciencia, en la borrachera. Luego, en este juego de espejos
identificatorios, cuando descubre que mató a Manuel, trata de
matarse a sí mismo.
Vemos pues que la estructura consciente y manifiesta del cuento
la subyace una estructura edípica, en la cual Pedro, atraído por su
hermana en cuanto ésta representa a su madre, da muerte a su rival,
que representa a su vez el padre. El hecho de que el padre esté
representado por un amigo cercano, por alguien que puede asumir el
papel de hermano (y no, por ejemplo, por el amante de la madre, o
el tío, como en el mito griego o en Hamlet) facilita la colocación
del rival en el papel de recipiente de libido afectuosa, permite
representar la contradicción amor-odio que rige la relación con el
padre, incluso son sugerencias sexuales más audaces que en las
versiones clásicas. Y esto, a pesar de la ideología consciente de
Efe Gómez, probablemente tan rígida y restrictiva en asuntos
sexuales como la de Pedro Zabala. En toda su obra, la mujer aparece
como objeto de idealización, como madre o hermana. Se advierte y
expresa en muchas ocasiones el rechazo a que la mujer asuma las
actividades productivas tradicionalmente masculinas, y se quiere
verla sólo en la relación con el afecto y el amor de los hombres, y
dentro de una ética casi de la antigua caballería aristocrática.
Esta idealización de la mujer es por supuesto congruente con la
mentalidad antioqueña, hasta donde podemos conocerla -ver, por
ejemplo, los estudios de Doña Virginia Gutiérrez de Pineda-, y con
un alto grado de represión sexual, que convierte a la mujer en la
virgen intocable. En los cuentos de Efe las mujeres son vírgenes
hermosas, o madres castas, y cuando son amantes, o compañeras (y
Efe, evidentemente, no comparte el puritanismo que sólo reconoce
una relación casta en el matrimonio), sus rasgos son muy similares
a los de la joven virginal: la mujer de
|Carne hace un juego
de coquetería inocente con su amante, borda con manos finas, tiene
la faz dulce y severa, el pie "atrevido y donoso"
y cuando le cortan el rostro, es porque su amante no quiere que la
sapotee la golosa piara de la honorable humanidad. Las
descripciones de las mujeres, raras veces apuntan a una sexualidad
explícita, sus formas y redondeces se describen en forma abstracta:
el pie y los ojos parecen haber recibido el desplazamiento del
interés. En particular los pies: no hay mujer atractiva cuya
descripción no incluya un elogio al pie. "Tiende los pies
desnudos, blancos como gajos de azucenas":
"Desnudo el pie divino": "El pie desnudo
sobre el suelo, tan nítido y goloso: el delgado talón y el tobillo
perfecto, asumen un gesto intrépido. . . aquel andar divino fluye
de la forma del hermoso cuerpo, que es el propio cuerpo idealizado
por el milagro del movimiento. . .".
Volviendo a
|Guayabo Negro, es la energía del
inconsciente, con sus estructuras edípicas, la que es elaborada en
un relato verosímil, en el que lo reprimido inaceptable retorna,
desplazado pero inteligible: el lector atento siente que la
violencia trágica e inesperada de Pedro tiene que ver justamente
con la felicidad de su vida familiar, con la estrechez casi
incestuosa de los lazos entre las dos parejas. El desarrollo de
este cuento impecable tiene la inexorabilidad de las grandes
tragedias, en cuanto está regido por la lógica inevitable del
inconsciente. Por su vigor, y por la perfección literaria y
estilística de la escritura, constituye la obra maestra de Efe y es
un cuento que puede figurar en cualquier antología del cuento
universal.
A partir de este análisis se podría regresar a los demás
cuentos, para identificar también en ello los contenidos
inconscientes, los elementos que conformaban la visión del mundo
que Efe Gómez trata de comunicar en sus textos. Pero esto exigiría
una exposición demasiado extensa. Lo dicho hasta acá, espero, debe
haber ayudado algo a aclarar las características literarias y los
contenidos profundos de una obra en parte desconocida y con
frecuencia malinterpretada, cuyos momentos culminantes, en medio de
muchos trabajos inacabados, tienen una grandeza, una energía, un
vigor literario inolvidables.
Clarita Gómez