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| E F E     G Ó M E Z


 

Efe Gómez se formó durante la última parte del siglo pasado y su actividad de escritor se desarrolló, hasta donde puede establecerse, sobre todo entre 1897 y 1925. Su adolescencia y la entrada al mundo adulto coinciden con un período de reordenamiento político en el país, cuando se establecen las líneas dominantes del período de la regeneración. En Antioquia los grupos de la élite se transforman aceleradamente durante esos años. De la sociedad rural inculta, con poco contacto con el mundo exterior de mediados de siglo, descrita con gracia y desdén por Emiro Kastos, se pasa a unos años de febril actividad. La vida social de Medellín se hace más activa y compleja, y los grupos de donde se extraen los dirigentes económicos y políticos manifiestan de múltiples formas su interés por colocar a Antioquia y ante todo a Medellín en contacto con la cultura universal. La efervescencia se advierte en la proliferación de revistas culturales, como |La Miscelánea (1894-95), de Carlos E. Molina: |El Movimiento (1893) de Camilo Botero Guerra: |El Repertorio (1896-97) de Luis de Greiff y Horacio Rodríguez, |El Cirirí (1897) de Jesús del Corral y Jesús Velásquez García y sobre todo |El Montañés (1897-98) de Gabriel Latorre y Mariano Ospina Vásquez, en el cual se publican algunos de los primeros textos de Efe. La guerra de los mil días apenas interrumpe brevemente este afán literario, y recuperada la paz, aparecen |Vida Nueva (1904-05), |Lectura Amena ( 1904-1905), de Luis Cano, |Alpha (1906-12) de Mariano Ospina Vásquez, |Panida (1914) de León de Greiff y Félix Mejía, |Colombia (1916-22) de Carlos E. Restrepo, |Studio (1918) de César Uribe Piedrahita, |El Intelectual (1919) de Alfonso Mora Naranjo, |Sábado (1921-22) de Francisco Villa (Quico Villa), |Cyrano (1921), |Lecturas Breves (1923), también de Quico Villa, donde se publicó |Guayabo Negro, La Pluma Semanal (1922-23) y muchas más. Tan en serio se tomaban estas revistas literarias, que algunas como |Alpha |, donde se publicó |Un Zaratustra Maicero, hasta pagaban a sus colaboradores: en 1906 Don Tomás Carrasquilla se quejaba de que escribía "¡para publicar! ¡Que horror! Lo hago por vil lucro". La fascinación con la literatura se prestaba ya a la ironía: Efe Gómez en un cuento de 1896 hace decir a su personaje: "Aquí todos quieren ser artistas, y a no hay quién cargue la herramienta", frase que retomó Carrasquilla en 1906: "Aquí ya no hay quién cargue la herramienta: todos somos genios y almas enfermas".

En ese ambiente, la familiaridad con la literatura europea alcanzó un alto nivel. Balzac, Zola, W. Scott, Dickens, y los españoles Varela, Pereda, Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós eran leídos y discutidos. Para Efe Gómez el más grande de los novelistas vivo era, en 1897, Tolstoi. Anatole France, Amiel, Dostoievski fueron también muy populares entre los escritores antioqueños. ¿Pero, desde cuándo? ¿Qué tan conocidos serían Flaubert, Stendhal, Maupassant, Poe? ¿En qué momento llegó el interés por D’Annunzio? En todo caso, aunque la producción antioqueña era antes de 1890 casi inexistente, el consumo de novelas era para entonces ya muy amplio.

Muchas de estas obras se discutían en tertulias literarias y se comentaban en periódicos y revistas. Baldomero Sanín Cano nos habla de una tertulia de |La Consigna, un seminario dirigido por don Fidel Cano. Allí aparecían escritores que seguían un clasicismo artificioso o que preferían un costumbrismo picaresco. Uno de los contertulios era un médico que importaba libros franceses, de ciencia y literatura. ¿Qué traería? ¿Se conocerían Baudelaire o Rimbaud, o sólo los prestigios más fugaces de la literatura francesa, gente como Jules Lemaitre, Paul Bourget y Catulle Mendes?

Para 1895, Carrasquilla contrasta el amplísimo conocimiento de la literatura que se tiene en Medellín con las lecturas más superficiales y provincianas de Bogotá: dice que allí apenas se conoce a Tolstoi y se burla de los escasos conocimientos literarios de algunos intelectuales. Entre los autores que cita como ejemplos en sus argumentos están Dickens, Zola, Goncourt.

En el campo de la filosofía, Schopenhauer debió ser más o menos conocido, y su nombre aparece en un cuento de Efe. Kurt Levy ha sostenido que su influencia es muy importante en su obra. Pero más interés despertó Nietzche. A comienzos de la década de 1890, en Bogotá, Silva se interesó en él, y trató de conseguir sus obras, pero no se encontraban sino en alemán: Baldomero Sanín Cano consiguió algunos libros y se los leía. Ya en 1902 parece que en Medellín se leía en traducciones más asequibles, y con algo de disciplina: Carrasquilla en 1906 insiste en que se le conoce mucho mejor en Medellín que en Bogotá: "No te diré que he leído a Nietzche -escribe en una carta-, lo vengo estudiando, obra por obra, hace cosa de cuatro años. Mis amigos Efe Gómez y Félix Betancourt -que son bastante más fuertes de lo que cualquiera pueda figurarse - son los virgilios que me han guiado por esos infiernos de la inteligencia". Es más: según don Tomás, Nietzche era "por estas Beocias de lo más leído y comentado, de lo más traído y llevado, pues por acá se lee muchísimo, aunque no crean, ni aproveche. En casi todas las bibliotecas particulares figuran las obras de Federico Único. Y como es condición del antioqueño ser muy metido, no faltan por ahí quienes se fajen sus exégesis, bastante claras y convincentes, sobre la nueva revelación. Acaso hayas leído la que publicó Sebastián Hoyos...". Que este interés se mantuvo lo prueba que en 1919 un Enrique Restrepo publicara en la revista barranquillera |Voces, orientada por Ramón Vinyes, un extenso artículo llamado "La influencia de Federico Nietzche en las generaciones jóvenes de Antioquia", en el que desafortunadamente se mantiene en tal plano de abstracción que es imposible saber en qué autores estaba pensando. Sin embargo, allí afirma que el Zaratustra "ha venido a ser como el Korán de la juventud antioqueña, a juzgar por la frecuencia con que se le invoca". Muchas veces se ha subrayado la influencia de Nietzche sobre Efe, aunque sin precisarla mayor cosa: en un plano superficial, uno de sus cuentos tiene un título alusivo al filósofo del superhombre: |Un Zaratustra Maicero.

El ambiente literario reflejaba también la naciente influencia del modernismo: durante la última década del siglo se había publicado la mayoría de la obra de Silva, y las |Prosas Profanas de Rubén Darío (1896), la última de las cuales tendría un fuerte peso sobre el estilo de muchos cuentistas latinoamericanos y reforzaría la búsqueda de preciosismos verbales y sonoros. Durante estos años, puede decirse, surge el cuento en América Española, como un género diferente al de los cuadros de costumbres: el primer libro de Horacio Quiroga, casi un total contemporáneo de Efe, es de 1904; el primer libro de cuentos de Lugones es de 1906: |Las Fuerzas Extrañas; de 1895 a 1910 aparece ese tipo de narración breve cuyos principales modelos son de Poe y Maupassant.

En Colombia, los últimos años del siglo son testigos de una creciente producción narrativa. Las tres novelas de Marroquín se publican entre 1896 y 1899 (y una de ellas será parodiada en una serie de textos de Efe en 1903), así como la primera novela de Carrasquilla, |Frutos de mi Tierra. Ya en 1890 había publicado su primer cuento, |Simón el Mago, y antes de fin de siglo narró esa pequeña obra maestra de la literatura popular, |En la Diestra de Dios Padre. José María Vargas Vila publicaría, entre otras obras, |Flor de Fango en 1895, y Eduardo Zuleta, en Antioquia, daría a conocer |Tierra Virgen (1896).

Son, pues los noventa los años de la aparición de la novela y el cuento en Antioquia, y los del surgir de una tradición novelística continua en Colombia; es también la época en la que surge el cuento en Hispanoamérica. En Antioquia, en particular, los antecedentes narrativos se enmarcan muy claramente entre las convenciones del costumbrismo, y hasta la década de los 80 la literatura en prosa se redujo prácticamente a ese tipo de obras, de las que fueron buen ejemplo Emiro Kastos, Manuel Uribe Ángel, Lisandro Restrepo y Camilo Botero Guerra.

De Efe Gómez, de su vida real, se han conservado muchas anécdotas y pocas precisiones. Fue un destacadísimo ingeniero, aunque no recibió el título, por razones hidalgas, según la leyenda. Fue minero, a título personal y por encargo: estuvo en Marmato, en Titiribí del Zancudo, varios años en el Chocó. Casado, tuvo muchos hijos, ya en el último tercio de su vida y acabó trabajando en el Ferrocarril de Antioquia. No se sabe mucho de los detalles de su vida, se ha perdido la secuencia. Lo que queda es una especie de imagen legendaria: parece que seducía a todos, y se fue creando desde temprano la figura del Maestro, altivo, manirroto, generoso, aristocrático, cordial, conversador, caballeroso. Sus amigos lo adoraban, y los testimonios escritos resultan, de lo puro laudatorios, poco reveladores. Escribieron sobre él Carrasquilla, Horacio Franco, Alonso Restrepo Moreno, Luis de Greiff. León de Greiff evoca las tertulias "con Efe y con Mexía y con Tizasa". A don Saturnino Restrepo, ya anciano, se le iluminaba el rostro cuando hablaba de él. Jaime Barrera Parra dejó una crónica entusiasta a mediados de los treinta. Casi todos se refieren a su personalidad, a sus salidas, a sus gestos algo excéntricos. Pero también se refieren a su obra con similar ánimo laudatorio.

Son muchos los elementos de la vida de Efe que se reflejan en lo que escribió. Pero conocemos tan poco de aquella, en particular para los años anteriores de su matrimonio, que tuvo lugar cuando ya había alcanzado la edad madura, que no tendría nada de raro que parte de los que hoy creemos que vivió lo imaginemos a partir de sus cuentos. Sus personajes tienen la generosidad, la imprevisión, la actitud aristocrática que desprecia el dinero, lo mezquino, el llevar cuentas. No se amoldan con las exigencias de vida práctica y rutinaria, y por desesperanza o bohemia, se entregan a al "aguardientico de mi Dios", como parece que lo hizo Efe, sobre todo en su juventud. Sus protagonistas urbanos son cultos, han estudiado ingeniería, pero los atrae la vida en la selva, en las minas y rechazan la hipocresía de las ciudades. Sin embargo, existe un contraste violento entre vida y literatura: los testimonios, los recuerdos de quienes lo conocieron nos lo dibujan optimista, alegre, vital, lleno de humorismo, de confianza y amor por la vida. Y su obra es, sobre todo, una descripción de los horrores de la vida, de las fuerzas que impiden la felicidad, de la poco confiable condición humana, del valor de la muerte, liberadora.

Si se pretendiera hacer una biografía literaria se deberían buscar aquellos elementos profundos de la personalidad del autor que permitan comprender los contenidos centrales de la obra, aquellas experiencias a partir de las cuales se forman esa manera de vivir y de sentir que se comunican a través del texto literario. Sin embargo, no hay elementos adecuados para hacer estos análisis sobre una base sólida, pues no se ha escrito una biografía cuidadosa de Efe, ni es fácil hacerla, ya que son pocos los testimonios que pueden obtenerse de su vida antes de 1923, cuando realizó la mayor parte de su producción, y no ha quedado, por ejemplo, una amplia correspondencia, una documentación personal. Por ello, sólo haré alusiones ocasionales a la relación entre la vida y la obra de Efe, y deberé centrarme más bien en el análisis de sus escritos. De todos modos, el interés y el valor de un texto literario son independientes, para el lector, de los incidentes biográficos del autor, que sólo ofrecen apoyo secundario a los esfuerzos de críticos e historiadores por comprender y analizar una obra.

Por esto trataré de reconocer lo que en el lenguaje tradicional se denomina el contenido de la obra literaria: las experiencias centrales que se tratan de comunicar mediante el texto, tanto aquellas que hacen parte de las ideas, recuerdos y vivencias conscientes del autor, como los contenidos inconscientes, los fantasmas centrales a los que se debe en buena parte la energía y el dramatismo de sus mejores cuentos. Además, me referiré en alguna medida a la organización de esos contenidos, a la estructura que adoptan en la narración (lo que podría llamarse algo paradójicamente la |forma del contenido) y por último a lo que tradicionalmente se llama la forma, que son ante todo los procedimientos retóricos, el manejo de las figuras expresivas, del lenguaje, del estilo.

La primera impresión que deja la lectura de la obra de Efe es su desigualdad. Se advierte la existencia de cuentos perfectamente acabados, vigorosos y en los que nada sobra, al lado de textos que han la impresión de ser esbozos, descripciones rápidas que no han sufrido una elaboración paciente, ensayos que quizás destinaba a quedar integrados dentro de obras más amplias. En |Mi Gente se ve que el autor reunió apresuradamente los cuentos ya escritos, surgidos en distintos momentos de su vida, sin encontrar un principio unificador que diera una estructura firma a la novela: sólo una anécdota externa permite unirlos como incidentes sucesivos en la vida del protagonista. Muchos de los materiales publicados en sus obras son páginas de ocasión, escritas probablemente sin intención de que se publicaran: los materiales inéditos, con pocas excepciones, son también páginas de álbum, discursos conmemorativos, que añaden poco a su obra literaria.

Lo anterior tiene probablemente que ver con una característica del autor, que no se dedicó en forma continua y disciplinada a la escritura: su escasa ambición de gloria literaria, que hizo que escribiera impulsado más bien por el placer de la escritura misma, sin preocuparse por guardar o editar sus trabajos. Y si en algunos años de su vida pudo ser la literatura una ambición profunda, entró en competencia evidente con las necesidades de la vida cotidiana, con la práctica de la ingeniería, con el trabajo en las minas, con el goce de la conversación, de la amistad, de vida misma; más que inventar una obra de arte quiso ser un artista de su propia vida.

Es difícil seguir la secuencia de su producción literaria, pues son pocos los relatos cuyas fechas se reportan en las ediciones de sus libros. Por los pocos datos que he podido reunir, la mayoría de los cuentos fueron publicados en tres períodos relativamente concentrados: hacia 1897-99, hacia 1906, y entre 1919-23. Existen algunos textos de las épocas intermedias, años que pasó probablemente en las minas y en los que quizás elaboró varios cuentos publicados a partir de 1919. Después de 1923 aparecieron dos novelas frustradas: |Jesusito y Dientedioro, publicada en 1928 con una carta de remisión irónica y quizá algo amarga, en la que subraya que lo tiene sin cuidado lo que está escribiendo. Y en 1937, publicó |Mi Gente, supuestamente por presión de sus amigos, o por ganarse algunos pesos, como dice en el prólogo.

Dedicado entonces más a la vida que a la literatura, a la búsqueda de la emoción embriagante de la pinta que aparece en la batea o de la veta que surge en el socavón, al culto de la amistad o del amor conyugal o paternal, y por supuesto, en la etapa final, a sostener una familia numerosa después de haber vivido con una imprevisión que tenía si tono de grandeza, su obra es pues, muchas veces, ocasional y apresurada. Y aunque en toda ella es posible encontrar rasgos comunes - el mismo dominio del idioma, la misma riqueza descriptiva- sólo los cuentos breves, quizás aquellos que podía escribir de una sola vez, tienen el acabamiento que los hace impecables, mientras que los textos extensos tienden a diluirse, a llenarse de digresiones, de debates discursivos, de comentarios intrusos del narrador, y sobre todo, pierden la energía de su concepción en una organización que no da fuerza a la narración sino que se apoya fundamentalmente en la capacidad retórica y descriptiva del autor. Esto puede deberse a que éste no utiliza argumentos complejos, a que la mayoría de sus cuentos se apartan del modelo clásico (como muchos cuentos clásicos, por lo demás) narrativo, a que están formados sobre todo por un incidente de una carga emocional muy fuerte, cuyos antecedentes no se desarrollan, no se traman, y que se resuelve en un acto de violencia o -en los cuentos irónicos y humorísticos-, en una frase afortunada que da salida a las tensiones esbozadas. Uno de los cuentos que en forma excepcional tienen un desarrollo amplio y sin embargo mantiene toda su enérgica unidad es |Guayabo Negro.

Dentro del panorama antioqueño, la obra de Efe inicia el tratamiento de problemas y situaciones ajenos a las convenciones del costumbrismo, con el que en forma superficial se ha asimilado habitualmente. Si este término tiene algún sentido, no puede ser tan amplio que permita cubrir con él los cuadros descriptivos, bucólicos o burlones, complacientes y sin conflicto, que dominaron el quehacer literario colombiano hacia 1869-90, la novela realista de Carrasquilla y los dramas psicológicos y las tragedias vitales de los cuentos de Efe Gómez.

En la obra de Efe se encuentran algunos temas tratados con reiteración. Buena parte de sus cuentos tienen como punto central un crimen: casi siempre este crimen es el resultado de celos, de la rivalidad por el amor. En otras ocasiones se da muerte a inocentes para ahorrarles una vida que se supone de sufrimiento. Con frecuencia el crimen ocurre en un ataque de locura o bajo el influjo del alcohol. Los autores de estos crímenes se presentan a veces como inocentes de lo que han hecho, o a veces en vez de la condena moral y el arrepentimiento, encontramos que reivindican sus acciones, las defienden y desafían, si es del caso, al infierno, aceptando con orgullo la condena eterna.

Otro de los elementos recurrentes en esta cuentística es la contraposición entre cultura y vida: el conocimiento, la conciencia, la complejidad mental se presentan como opuestos a la vida y al logro de la felicidad, al goce inmediato de la existencia. La cultura es una fuerza de represión, un freno al ejercicio de la energía vital de los hombres. La represión cultural y social encauza la vida de la mayoría de los hombres en rutinas conformistas. Algunos se rebelan, pero usualmente su rebelión es derrotada, y el refugio que queda es el alcohol. Otros exhiben su triunfo aparente: son los que han conquistado el poder y la riqueza, que en la visión pesimista de Efe se apoyan necesariamente en la corrupción, la mezquindad, la falsedad, el robo y el engaño.

Lo anterior conduce a una visión muy crítica de la sociedad que entonces surgía en Medellín, dominada por los valores de la riqueza y el éxito económico. En este mundo el triunfador es ante todo un explorador, que ha abandonado lo que tiene un valor genuinamente humano para recorrer tras el becerro de oro. Sin embargo, Efe presenta con algo de simpatía irónica a algunos de los triunfadores en la guerra antioqueña por la plata: aquellos que parecen continuar la tradición del pícaro español, los que explotaban a sus prójimos son un desparpajo y un ingenio burlón. Los derrotados son los indios, los negros, los proletarios, víctimas de los mentirosos, los venales, los triunfadores. Pero por otra parte hay un arquetipo de vencido: el hombre inteligente, orgulloso y sensible que no acepta contaminarse, el poeta, que afirma lo bello y lo auténtico, la honestidad y el coraje real: es este personaje el que descubre, por ejemplo en |Retorno, la inutilidad de la vida, el incremento del dolor a medida que la conciencia aumenta, y acaba derrotado, entregado al alcohol o la autodestrucción.

Raras veces tienen estos cuentos un final feliz, y cuando lo tienes es sobre la base de la aceptación del crimen: en un cuento los personajes pueden amarse porque el protagonista ha dado muerte bruta a su rival, en otro el final se apoya en ver a la muerte cono liberadora de los horrores y tristezas de la vida. En muchos relatos se nos presenta simplemente el triunfo de los malvados y corruptos, y quizá sólo hay uno, |Lorenzo, en el que el protagonista, son su valentía genuina, gana el afecto de su amada, mientras el farsante, el militarcito vanidoso que estaba conquistándola, resulta derrotado. El cuento, de argumento algo convencional, está escrito con maestría, sobre todo el incidente central en el socavón de la mina; a pesar de ello no tiene el poder de convicción de aquellos cuentos en los que la tragedia parece cebarse ante todo en los inocentes.

Algunos de los elementos de esta visión pesimista de la vida encuentran expresión explícita en los textos de Efe: "¿No está la vida gritando a todas horas que a medida que se agranda lo consciente, el campo del dolor también se agranda? ¿Que no podemos suprimir jamás ese desgarrador contraste entre el infinito que anhelamos, que ideamos, que imaginamos y creamos, y lo exiguo del vivir que actuar logramos, nosotros, fáciles floraciones de un instante? ¿Y la inutilidad de la existencia? ¿El dolor de los que amamos?" ( |Retorno).

En |Evohe se defiende el alcohol por su capacidad de dar algo de alegría y olvido a una vida que está lejos de ser "amante y madre": "Está bien que no beban los fuertes, los adaptados, los victoriosos. Pero mientras en el mundo haya seres frágiles, fogosos, cuyas lamas generosas y selectas no pueden avenirse con la mezquina realidad ambiente, el alcohol, la religión, el arte disputarán a la vida real el privilegio de abrigar, de acoger las angustiadas humanas muchedumbres". "Mientras haya vencidos, mientras haya proletarios, mientras haya poetas, mientras haya oprimidos, mientras haya dolor, mientras haya injusticia, habrá alcohol en el mundo"... "El dolor es eterno, irremediable, fatal; los hombres bebemos para escapar unos instantes, ... al implacable, al horror de vivir... La vida, la cual tiene contra el dolor los estados febriles, el sueño, el delirio, el llanto, el delito, la locura, la blasfemia... La dulce amnesia, precursora de la total, la celeste amnesia de la muerte".

En |Y le dije, que tiene la estructura de un apólogo que permite al autor expresar algunas de sus ideas, un joven que acaba de terminar su carrera se lamenta: es inútil para la vida, pues lo aprendido, idealista, no corresponde a la corrupción de la realidad: los más sinceros las "almas rectas" se sublevan; los "temperamentos poéticos", "se entregan al desorden de las pasiones, sin dejar tras de sí más que tal cual estrofa, tal cual dicho agudo en la memoria de sus compañeros vulgares de la prostitución"; sólo los mediocres triunfan, en medio de vilezas, para casarse con alguna joven que tiene esa "simpatía sincera que comunican las pocas ideas y mucha salud". El pesimismo se extiende a las futuras generaciones: quien tiene esa "fementida distinción que comunica la cultura", no puede legar a sus hijos riquezas, sino esa "intelectualidad que ha de ser su martirio": los hijos acabarán en la misma miseria, la taberna, el delito, mientras las hijas serán risibles, con distinción pero sin riquezas. En resumen, sufrimiento y desesperación, en un mundo dominado por el egoísmo: "en esa lucha de selección social el débil está destinado a abonar con sus despojos el humus en donde el fuerte se levanta. Y ya que no he de poder triunfar en la vida, busco siquiera el triste placer de elegir el lodazal en donde deba consumirme". En forma similar, |Rafael es una diatriba contra el progreso, pero no en los términos costumbristas de la idealización de la tradición o la naturaleza. Se idealizan lejanos valores aristocráticos, el orgullo, la arrogancia, la imprevisión, atribuida a los conquistadores, pero pronto dominada por la conquista de los comerciantes y agricultores que los siguieron.

Un curiosos mito se elabora: el pueblo antioqueño desciende de esos primeros conquistadores, mientras las clases altas provienen de la burguesía mediocre de la segunda conquista. "Porque eso, un gran señor arruinado, es nuestro pueblo... verdadero descendiente de los conquistadores semidioses. Eso se le ve en todo: en su imprevisión magnífica, en su orgullo taciturno, en la arrogancia con que tira de la espada ante cualquier ultraje... Pasada la epopeya, vino para ellos la paz con todos sus horrores..." "Estos primeros pobladores cayeron luego bajo el dominio de una nueva oleada de españoles, llegados cuando se había concluido la lucha de la conquista, oportunistas y negociantes". De estos descenderían las clases altas antioqueñas, y de ellos habrían heredado "las virtudes acaparadoras que los han tornado ricos y prósperos". Los descendientes de los conquistadores, tras esta "segunda conquista feroz, callada, incruenta", han sido víctimas, como el protagonista, de esta sociedad despreciable, donde rige la voracidad del dinero que cría, de ese dinero que parece haber bebido agua". Al morir, huyendo de la policía, Rafael lamenta no dejar nada a sus hijos y no haber cedido a la tentación del crimen: "felices los que robaron a tiempo".

Cuando se afirma la esperanza y la moralidad aceptada, decae la energía literaria de Efe: Venga a nos tu reino, que contrapone la vida ordenada y disciplinada al desorden, donde el personaje mira un porvenir de sol "barrido de las inmundicias que para asegurar sus éxitos de la librería, vomitaran en él los Schopenhauers de a cincuenta centavos la docena", | es, pese a la calidad sostenida de la escritura, un cuento moralista, ingenuo y plano. En |Inofensivo, a una perorata pesimista del personaje, se contrapone la "vida inagotable", que tiene "tristezas y consuelos para todos": si no fracasa completamente como narración es por el tono ligero del final, por la ironía de que la vida se manifieste en los pasos "airosos de una moza liviana", en contra de la moralidad convencional provinciana.

En forma igualmente explícita se hace con frecuencia el elogio del antioqueño, aunque este elogio está casi siempre mezclado con violentas críticas. El mulato, raza "de plasticidad intelectual sorprendente, adoradora de la instrucción, con ideas de libertad y de igualdad en la cabeza, inquieta y novelera, prolífica y sexual, producto verdadero de los trópicos por lo fecundo y ardoroso". "La magnificencia incomparable de los mineros de raza", luchadores de los que ninguno ha flotado, mientras "a muchos de esos zánganos usureros he visto después convertidos en padres de la Patria" ( |En las Minas).

Sin embargo, Efe se encuentra lejos de admitir las caracterizaciones usuales del costumbrismo sobre Antioquia, y rechaza expresamente varios de los mitos usuales sobre el antioqueño. En |Un Zaratustra Maicero o en |El Paisano Alvarez Gaviria, las virtudes antioqueñas resultan ser sobre todo la capacidad de explotación y engaño. Y "el hacha que sus abuelos dejaron por herencia" al antioqueño no es motivo de elogios: "El hacha del antioqueño y el casco del caballo de Atila serán en la historia, los símbolos definitivos de la desolación, con la sola diferencia de que Atila asolaba para saquear y los antioqueños para sembrar maíz. Y saquear ha continuado siendo un magnífico negocio, en tanto que sembrar maíz no ha dado nunca los gastos".

La imagen de la sociedad que nos presenta el autor se completa con una visión de injusticia social y de opresión de los de abajo: "Qué podemos nosotros, los infelices habitantes de los campos contra ustedes, los que saben, los que tienen la plata, los que viven en los pueblos grandes. Yo no digo que ustedes no se hagan justicia unos a otros, sobre todo si son igualmente ricos. ¡Pero a nosotros! El poderoso puede matar al pobre: ¡Él es rico, él saldrá libre!", reflexiona un personaje de |En las Minas.

En una sociedad regida por el dinero, el |míster se mueve como un pez en el agua, y su figura es descrita con ironía y ferocidad por Efe en varias ocasiones: el trozo siguiente de |Mi gente puede servir de ejemplo:

Y lo vaciaron todo en una gran cuyabra. Más o menos tres almudes de sancocho: nadando en un caldo celestial, tajadas blancas de una yuca de tierra caliente, caponeada, docilitas; papas del páramo, del tamaño de pamplemusas; huevos de arracacha como pantorrillas de muchacha bonita; chócolos de perla; cebollas de cabeza; repollo, y las presas de cinco gallinas.

Míster -gritó uno de los maiceros-. Ya está esto |for itin.

Entró el míster. Corrió un banco junto al sancocho, tomó como cuchara un remellón hecho con una totuma de regular tamaño encabada en un palo redondo. Y comenzó. Dos remellonados de caldo, y mano a la presa: una rabadilla. La aplico por un extremo -del lado hondo de la presa- los dientes de abajo y con un cuneíto, con un pandeíto... fue avanzando, fue recorriéndola, hasta el otro extremo; luego volteó la presa por el otro lado, hizo el mismo movimiento de garlopa que la vez primera, y tiró al suelo el hueso mondo. Cayó a los pies de Pedro. El cual se puso a examinarlo. Estaba como cepillado. Una hormiga, recorriéndolo con anteojos de aumento, no habría, en quince días, encontrado allí una partícula de carne. Iba cayendo al suelo una lluvia de huesos: fémures, esternones, costillares... todos mondos, limpios. Después comenzó a tragar yucas. Se metía a la boca una tajada de yuca de media libra -por ejemplo- la apretaba con la lengua contra el paladar, la yuca cogía para adentro y el pabilo se salía por las narices.

Deben estar patentados para comer yucas estos místeres, pensó Pedro.

Van desapareciendo en el interior de ese míster, papas, hartones, huevos de arracacha, repollos. Se le representaba viéndolo comer, una estampa de un libro que tiene papá Cristóbal escrito por un tal Fray Gerundio, en la que un hombre que representa el Tiempo, engulle ciudades, trenes, escuadras, generaciones de hombres y mujeres...

Hace a un lado la cuyabra vacía y le hecha mano a una totuma grande, en donde los maiceros le han vaciado tres kilos de conserva de frutas, con cuatro quesitos migados: se la manda. Después se agarró a un litro de café tinto y... ¡trán!, adentro con él. Encendió la pipa, se tendió cobre un troje de maíz y se quedó quietecito.

-¿Qué opinás?

-Ese míster tiene que ser popo.

-Hasta la punta de los dedos.

-¡Vea que poder acomodarse todo ese mundo de cosas adentro!

Ya ven: tanta bulla con los místeres y son hasta muy fáciles de manejar. Con tal de que todo sea para ellos, no dan ni lidia.

En resumen exhibe Efe una concepción de la sociedad y la vida profundamente pesimista, según la cual las pocas cosas dignes no logran afirmarse ni imponerse en un medio entregado a la venalidad y la corrupción. Quien adquiere esa conciencia superior que le impide entregarse a la mediocre acumulación de riquezas, acaba derrotado por una sociedad que no lo alienta ni le permite realizar sus ideales. Todo esto se encuentra expresado en forma consciente y explícita, en múltiples variantes, en un conjunto de cuentos en los que los textos declarativos, las exposiciones y debates de opinión se sobreponen sobre el desarrollo dramático: en algunos de ellos, la mínima elaboración argumental ha impedido encarnar el drama, hacer que en vez de surgir en la conciencia y en el discurso del personaje, resulte del proceso ineluctable de la vida. Esta es su debilidad, a pesar de la riqueza de la descripción, de la complejidad ocasional de los matices psicológicos de los personajes, de la cuidadosa composición literaria de la frase y de la búsqueda del lenguaje vigoroso y justo.

Declaraciones expresas como las citadas, contenidos manifiestos de las opiniones de los personajes o el narrador, ayudan a definir el mundo ideológico de Efe. Pero para captar con mayor precisión las ideas y experiencias más significativas para el autor, vale la pena analizar superficialmente la estructura de algunos cuentos en los que, precisamente en la medida en que estas experiencias están incorporadas en la acción, en lo que sucede, parecen corresponder a vivencias más profundas que las frases ingeniosas y los discursos colocados en boca de los personajes.

Uno de los primeros elementos que destaqué es la presencia del crimen, el desafío blasfemo, la ausencia de finales felices, el triunfo del mal sobre el bien. Muchos textos, ya lo he reiterado, son más bien imágenes muy plásticas y bien descritas, momentos, estados de ánimo. Pero aquellos cuentos en los que alcanza a elaborarse un argumento servirán ahora de ejemplo.

Ya mencioné a |Lorenzo, y a |Venga a nos tu reino: cuentos convencionales, en los que triunfa el bien: se ve que no estaba en ello el talento de don Efe. |In memoriam describe con sencillez el fin de un maquinista: su muerte es el único salario digno de una vida de lucha y de dolor. |Almas Rudas narra también una muerte, en este caso natural, pero la contradicción entre la resignación y la protesta introduce el drama. Momentáneamente el protagonista confía en que va a curarse, el agua aparece como símbolo de la vida, pero al ir a tomarla advierte que no logrará hacerlo. Invoca a la Virgen, pero un momento después la protesta rompe la ideología religiosa y la pone de cabeza:

"y antes de rodar muerto en la hojarasca, articuló con voz fiera; que se abra el infierno y que venga el Maldito. ¡Tú estás aquí, Maldito! ¿No me haces la vida? ¡Llévate mi alma!"

El mismo tema de la rebeldía blasfema, de los valores de la vida que no aceptan sujetarse a la promesa de la bienaventuranza, aparece en Cepas Raciales, donde el personaje, que va a morir, asesinó hace años a un noble español y lo suplantó, y ha vivido de su nombre y su riqueza. El sacerdote trata de que se arrepienta, pero él prefiere la honestidad del infierno al compromiso de un arrepentimiento que no tiene: mató para darle posición y riqueza a sus hijos, y el mismo Jesucristo, si en vez de "redimir a la humanidad hedionda" hubiera tenido hijos de la carne, "habría muerto por esos pedazos de su alma; habría, como yo, desafiados por ellos el infierno, habría, por ellos, renunciado a la diestra de su Padre". Entre revelar el crimen, con el consiguiente deshonor para los hijos, y el infierno para él, escoge esto último: "Por mis hijos he sacrificado mi vida, por ellos sacrificaré mi eternidad". El autor lo denomina héroe, y concluye, en frases sobrias que contrastan con la demasía desafiante y casi truculenta del personaje: "Aflojáronse sus miembros. Cayósele la espalda. Puso la muerte en sus facciones paz augusta. Quedó de cara al cielo".

En varios de los cuentos que concluyen con un crimen los celos son el motivo esencial de aquél. En |La selva nos cuenta la historia de la rivalidad entre dos negros por Victoria. El novio verdadero, el bueno, el que ella ama, triunfa en una lucha final en la que da muerte a su rival rompiéndole a mordiscos la yugular: El amor de Mareño y Victoria, a pesar de asentarse sobre una muerte, puede realizarse, y el autor da a esto tono de final feliz. Que el autor pueda dar su simpatía al homicida y presentar como un final feliz la muerte de su rival depende en parte de colocar la historia en la selva, entre hombres primitivos, donde la vida se impone sobre la moral convencional. Podría también pensarse que el torneo de los caballeros medioevales, incongruente en las ciudades antioqueñas entregadas al afán del lucro, puede existir entre una población negra cuyos valores primitivos se encuentran más cerca de los de la aristocracia caballeresca.

En |Colonial son las mujeres de los indios las que tienen celos de la hija de un español, la consideran una bruja y la queman. Los indios encarnan la vida mientras que un sacerdote que trata de cristianizarlos, representa los valores de la cultura y la civilización: es un personaje formalista, vacío e hipócrita, y los indios desenmascaran fácilmente su falso puritanismo.

|Corazón de Mujer y |En las Minas son cuentos en los que las diferencias argumentales no ocultan ciertos temas comunes. En el segundo cuento un minero se rebela contra las provocaciones de un blanco, que quiere quitarle su novia. El tema del conflicto es eminentemente social, aunque se apoya sobre la inseguridad del protagonista acerca del amor de su prometida: lo que el autor subraya es la oposición de ricos y pobres, la injusticia de la justicia y en general la opresión de los pobres. El minero termina volando, en una explosión tremenda, al accionista de la mina que provoca sus celos y él mismo muere en ella.

En |Corazón de Mujer el tratamiento de los celos es más psicológico, y es una narración en la que se desarrollan con alguna complejidad los conflictos entre los deseos inconscientes de las personas y las normas morales y sociales, entre la violencia de los deseos primarios y el decoro aparente de la vida consciente. Aunque no parece que Efe haya tenido un gran interés por la obra de Freud, sabemos que la conocía. Sin embargo, es probable que las ideas de este cuento, y en general las de varias narraciones en las que se capta la fuerza del inconsciente, hayan surgido sin influencia alguna del creador del psicoanálisis. Sea como sea, |Corazón de Mujer tiene una conformación simétrica, en la que la protagonista es causa de la muerte de su abuela, simbólicamente, cuando es niña, y luego provoca, inconscientemente, la muerte de un enamorado. La niña juega, mientras agoniza la abuela, con una mariposa negra, a la que hace representar el papel de aquella; cuando no logra alimentarla y darle las drogas, usando una astilla de madera, se impacienta y la atraviesa con ella. La abuela muere en ese momento y la niña se aterroriza: "sus ojos se clavaron asustados en la mariposa muerta por ella, y el pensamiento de que era la causa de la muerte de la abuela, de que la había matado, se apoderaba irremediablemente de su ánimo". Ya adulta, a punto de casarse, llega inesperadamente su novio de juventud y ella, con la misma crueldad inocente de niña, juega con él, que ignora que ella está comprometida, y lo lleva a declararle su amor y, en cierto modo, lo seduce, pero se detiene: "comprendió que había ido demasiado lejos, más allá de lo que era permitido: pero sentía un placer acre, un goce cruel, en jugar de esa manera con ese corazón indefenso". Miguel, enterado de todo, da rienda a su despecho y a su agresividad en un bar de mala muerte, donde después de emborracharse, provoca a un mulato que finalmente lo apuñala. Al morir, sentía "un relámpago frío de horror y gozo emparamarle el alma". Mientras tanto Julia, que como niña había jugado con "azorada alegría" con la mariposa que agitaba sus alas, ahora, se recuesta en su marido, mientras salta su corazón "con azorada alegría, bajo su seno virgen, sin que la más leve sombre de remordimiento batiera sus alas". El usar los mismos adjetivos para calificar la alegría nerviosa de la niña y de la mujer cruel, el retorno a la imagen de batir las alas, muestra que Efe quería subrayar la identidad de los dos actos de la protagonista: aquel por el cual asume la culpa de la muerte de su abuela, pues en su inconsciente le está dando muerte bajo la forma de mariposa, y aquel por el cual crea en Miguel, con su juego cruel, el estado de ánimo que hace que busque más o menos conscientemente la muerte. El uso del alcohol por Miguel lo emparienta con otros personajes de Efe, y la niña que trata de alimentar a la mariposa y la mata cuando no puede hacerlo, recuerda al personaje de |Guayabo Negro, que da muerte a su mejor amigo después de tratar de hacerle beber a la fuerza aguardiente.

Hemos visto ya dos relatos en los que el protagonista busca la muerte a causa de los celos: el minero que vuela con su rival y Miguel, que provoca a un mulato para que lo acuchille. También el personaje de |Un Padre de la Patria busca la muerte. Se trata de un joven lleno de cualidades que, mientras se recupera de una herida adquirida en la guerra, se enamora y es protegido por el padre de su novia. Este es un político débil y oportunista que termina como gobernador, permitiendo que su futuro yerno sea acusado y destituido injustamente, y además le impide ver a su hija. El héroe, en medio de la guerra civil, va a la batalla, y su valor convierte la derrota en victoria, pero a costa de su vida. El relato sugiere que se trata de un suicidio, única afirmación posible del héroe frente a los ambiciosos e hipócritas que son siempre los que triunfan, los "padres de la patria". Estos tres cuentos tienen en común la incapacidad de sus héroes para enfrentar lo que los aleja de su amada, a pesar de que la narración no presenta los obstáculos como definitivamente insuperables: el minero confiesa su derrota de antemano, sabiendo que su rival tiene todo el poder social, y por eso su afirmación es la explosión de dinamita en la que muere; el militar ni siquiera trata de ver a su novia y va más bien a morir en la batalla; el protagonista de |Corazón Salvaje se da cuenta, cuando se entera de que su antigua novia va a casarse, de que nunca hizo nada para retenerla. Los celos son también el núcleo de |Carne, un cuento en el que el personaje, que ha fracasado en sus negocios y debe huir para no enfrentar las consecuencias de sus fraudes, corta la cara de su amante, la desfigura para que nadie más se enamore de ella.

Además de los cuentos de violencia originados en los celos, en dos relatos se presenta el tema de la muerte como bien. En |El Loco el protagonista da muerte a sus hijos para ahorrarles el horror de vivir. "Y me decía, con una sencillez trágica que me daba escalofrío si no era deber suyo ahorrar a esos pedazos de su ser el sufrimiento estéril, infinito, de vivir, de sufrir, de ser hombres...". Después de que les ha dado muerte, se reivindica: él es el verdadero "héroe moral, el solo liberado, entre el infinito número de hombres, de la preocupación ancestral que veda a un hombre el acto único digno de ser llamado paternal: el de librar a los hijos inocentes, felices, del horror de despertar a la vida: del estéril, trágico, humillante dolor de vivir...". La violencia de estas ideas no alcanza a recibir un adecuado tratamiento literario, y el argumento del cuento resulta débil; la justificación del hecho se presenta sobre todo en las palabras que pronuncia el loco. A pesar de ello, es interesante el esfuerzo por presentar como aceptable y coherente un acto que la conciencia normal rechaza con horror, en un desafío al lector similar al de los blasfemos que escogen el infierno. |Eutanasia nos cuenta cómo la nieta guía a la abuela ciega -una cantante famosa- a un amplio claustro y la convence de que allí está reunido un gran público que quiere oírla. La abuela canta y no resiste la emoción que le produce un vuelo de palomas que toma, engañada por su nieta, por aplausos apoteósicos. La joven proporciona así una dulce muerte a su abuela, sin que el lector rechace esta idea, también opuesta a la moral aceptada por la sociedad. El cuento es narrado con preciosismo inusitado, y recuerda, por su perfección, los relatos trágicos de Horacio Quiroga.

La |Tragedia del Minero tiene un argumento sencillo pero eficaz: un minero que ha entrado difícilmente en un organal, por entre las estrechas hendiduras de las rocas, queda apresado cuando estas se mueven. Sus compañeros lo alimentan con tubos durante varios días, pero después lo abandonan en esa especie de útero, la madre tierra, a la que ha entrado. Aunque los compañeros del minero presentan abandono de aquél como inevitable, no lo entiende así la viuda, que los juzga culpables y los acusa de cobardía.

|Un Crimen es el título de otro cuento que trata de romper los juicios sociales convencionales sobre asesinos y homicidas. El personaje había adquirido alegremente en las bodegas de Nare alguna enfermedad venérea, que explica la muerte temprana de una hija enfermiza y amada, y su debilitamiento mental. En los ataques de locura, revive la muerte de su hija y la cacería de un tigre que lo sacudió violentamente. En el delirio mezcla los dos incidentes, y se ve a sí mismo dando muerte a la hija al dispararle al tigre. Sin posibilidad de defensa, paralizado, siente el tigre que le parte el cráneo; enloquecido se lanza a correr y tropieza con una niñita que va por la calle y "agarrándola por las gargantas de los pies, blandióla en el aire y le estrelló la cabeza contra un peñasco". El cuento, a primera vista, tiene una violencia excesiva. Pero pronto se advierte la compleja estructura que le da verosimilitud literaria y psicológica. Claudio siente que es el culpable de la muerte de su hija, por sus alegrías juveniles. La violación de las normas sexuales represivas le trae el castigo, por partida doble, pero el personaje continúa buscando la explicación: sus ataques comenzaron el día de la muerte de su hija, y la revive periódicamente. Esta "compulsión de repetición" se expresa, en otro plano de la narración, al repetir en la realidad, pero inconscientemente, el crimen que su inconsciente se atribuye: la muerte de su hija, encarnada en esa otra niñita que carga agua (agua que es en casi toda la obra de Efe signo de vida). Esta cuento se escribe en un momento en el que la literatura descubre en todas partes el inconsciente, al tiempo que Freud: ya antes Dostoievski y otros habían presentado en la literatura esos personajes cuyo sentimiento de culpa los lleva inexorablemente al crimen, pero a un crimen sin culpa moral. Efe no duda en terminar el cuento contraponiendo el juicio social que lo llama asesino, con la inocencia real de Claudio Maloca, víctima de fuerzas que no puede controlar.

Como puede verse, los cuentos anteriores tienen una gran audacia y sus contenidos violan las convenciones morales y sociales vigentes en su época. En este sentido, la obra de Efe resultaba profundamente desafiante y provocadora, y se oponía al fácil optimismo social de otros escritores; sin embargo, no sobra señalar que la actitud de rechazo a una sociedad mercantilista e hipócrita era compartida por otros autores como León de Greiff. Algunos de los cuentos señalados son muy bien logrados en términos literarios, y en todos ellos aparecen las cualidades retóricas de Efe, sus descripciones magistrales, breves y contundentes. Sin embargo, varios de ellos tienen un escaso desarrollo argumental o argumentos arquetípicos. Esto lleva en algunos casos a desarrollar las ideas del cuento en forma de discursos directos del personaje, de diálogos que debaten ideas y opiniones. Esto, y el apego a algunas convenciones retóricas que se sienten hoy artificiales, ha hecho perder fuerza y atractivo a algunos de estos cuentos, aunque otros mantienen todo su impacto y vigor.

Existe otro grupo de cuentos en los que la crítica a las ideas dominantes se hace más bien mediante la caricatura, la ironía o la sátira. Varios de estos cuentos muestran el dominio que tenía Efe del humor, pues están entre ellos los cuentos más satisfactorios del autor. En ellos, aunque no desaparece la intención crítica ni la visión pesimista de los hombres que permea toda la obra de Efe, ésta se expresa a través de la burla y no de la tragedia o el crimen.

En |El Paisano Alvarez Gaviria se celebra en cierta forma el triunfo de un farsante, de un pícaro que vive se los resultados de sus delitos. Ayudante de un contrabandista, cuando este se ahoga se queda con su riqueza y con su hija, y con riqueza y mujer monta una empresa civilizadora: la explotación de los negros de las minas. El paisano Alvarez es la fonda, el comercio, la religión, la cultura, la civilización. Aliado del estado, este le ayuda a mantener la sujeción de los negros y le permite robarlos y extorsionarlos. El cuento concluye con el triunfo renovado del farsante, que reafirma su dominio al aparecer como el valiente que ha puesto en fuga un grupo de bandidos a pesar de que, en la realidad, el miedo lo ha tenido paralizado y le impidió escapar. La actitud del narrador hacia Alvarez es ambigua, pues aunque claramente censura el sistema explotador montado por el paisano, no deja de ver con simpatía su ingenio estafador.

|Un Zaratustra Maicero, un cuento algo difuso y que había ganado mucho con una poda severa, a pesar de lo cual sigue teniendo interés, relata la historia de otros de esos pícaros desenfadados que logran, al menos en sus términos, triunfar; cuenta cómo mientras los estudiantes y sabios ingenieros no logran nunca encontrar el oro, éste resulta mica, el aventurero paisa traído por unos negros para dirigirles una mina, acaba apoderándose de ella, y finalmente se apodera de la mujer misma del dueño, al que echa río arriba después de un breve enfrentamiento a machetazos. El pícaro triunfa, y parte de su triunfo está en haber agarrado su negra y abandonado su noviecita paisa. Efe hace entonces el elogio -irónico- de la raza antioqueña, "la más audaz del Universo", la que "será Colombia entera, como la ya olvidada, tesonera, Prusia, es hoy Germania imperial y victoriosa. Viva Antioquia".

|El Héroe de la Dura Cerviz es un cuento perfecto -permítaseme esta manifestación edípica de admiración filial-: la prosa precisa, ajustada, sin manierismos innecesarios. En unas pocas pinceladas se define el personaje, el típico antioqueño, el verraco, para luego derribarlo de la mula y de su suficiencia. El desenlace lo da una frase inesperada, que pone en ridículo la prosopopeya del macho. Igualmente impecable es el |Alcalde de Riolimpio, breve y concentrado, variación sobre el tema del juicio salomónico para subrayar que lo único que uno a los hombres y a las mujeres es la coincidencia momentánea de sus intereses egoístas: "la ideología son vacas". Y |El Monito Fleis, donde los contrastes sociales se pintan en un pequeño y magistral apólogo que nos muestra a Dios unido con los poderosos.

El anecdotario de Efe subraya su ingenio, su arte mágico de conversador, su agudeza humorística. En cuatro o cinco cuentos es el humor el mecanismo que permite hacer la crítica de lo aceptado, y estos cuentos están entre sus mejores producciones: se nota que allí se mueve a gusto. También la tradición sobre su personalidad subraya, con todo y su defensa literaria de unos personajes cuyos valores desafían violenta, agresivamente los valores de la sociedad, una moralidad a toda prueba, un super yo muy rígido, como dice la jerga del oficio. El humor le permitía seguramente, como permitía a Carrasquilla y como en general permitió a los antioqueños, hasta los años recientes del "despelote", soportar una moralidad muy represiva, sobre todo en lo que esencialmente reprime la moral: el sexo. Y digo esto, pese a que el humor de Efe, en sus cuentos sobrevivientes, casi nunca se aplica a asuntos sexuales, -en |Mi Gente sí- sino más bien a la crítica social. Pero en esto adopta un mecanismo socialmente desarrollado, el humorismo paisa, con su fascinación escatológica, su desafío de las convenciones, su defensa de lo natural y burdo; |El Monito Fleis tuvo una continuación, una segunda parte inédita, con ribetes más escatológicos, y si pudo ir al cielo, allí debía pagar para respirar un aire compuesto de flatulencias angelicales.

No pretendo hacer un análisis estilístico de estos cuentos. Sin embargo, quiero destacar algunos aspectos que surgen a la mirada del lector. La escritura de Efe es extraordinariamente cuidadosa. Se advierte una conciencia muy grande de los efectos estilísticos y formales. La colocación de los adjetivos, la búsqueda de una frase justa y ágil, el uso de un lenguaje lleno de cultismos, apunta a unas convenciones literarias muy exigentes, y manejadas sin duda con gran destreza. No se me ocurre de dónde pudieron surgir esas convenciones. Son muy distintas a las de Carrasquilla, con su reproducción de los ritmos del lenguaje oral, pero dotado de una coherencia tomada de la estructura de la frase del siglo de oro español. El preciosismo de la adjetivación puede tener que ver con el tipo de prosa que impulsó Rubén Darío, aunque puede provenir de una visión del lenguaje literario originada en los clásicos españoles, en el preciosismo de Góngora y Baltasar Gracián o incluso en las leyendas de G. A. Becquer.

El cultismo antioqueño ya existía: Sanín cano hable de un maestro, hacia 1880, que ponía en las hojas de sus alumnos: "anda por los cerros de Ubeda", "marró" dos veces, "hizo novillos". Para el lector actual, muchos de los cuentos de Efe están escritos en un estilo que no ha envejecido; aquellos en los que no están presentes ciertos preciosismos que hoy se sienten como artificiosos, y probablemente ya lo eran entonces. Curiosamente parecen abundar en los cuentos cuya construcción es más débil o cuyo tema central es más convencional, mientras que están casi del todo ausentes de |Guayabo Negro, La Tragedia del Minero, Almas Rudas, o los cuentos de picaresca y humor. Los más evidentes de estas convenciones artificiosas son:

1. Las interpolaciones discursivas. En muchos de los cuentos los personajes, y a veces el narrador, se lanzan a largas disquisiciones sobre la vida, la moral, la sociedad antioqueña, el alcohol, la familia, la pureza de la mujer, etc. La convención narrativa del cuento ha rechazado más y más este procedimiento en nuestro siglo. Lo usaron muchos de los mejores cuentistas del siglo XIX, de Poe en adelante. Pero ya a fines del siglo Maupassant, Chejov y otros estaban afirmando un modelo para la narración breve que iba a imponerse en el siglo XX. No hay que olvidar que Efe Gómez, al escribir sus primeros cuentos, es casi contemporáneo del surgimiento del cuento en Hispanoamérica.

2. El manejo muy especial del diálogo. Los personajes principales casi siempre son seres urbanos y cultos, metidos en los dramas de la vida y orientados en esos dramas por una cultura literaria y hasta filosófica. No resulta extraño que a veces hablen en forma muy culterana y elaborada. Pero, con excepción de los cuentos humorísticos, tales personajes hablan casi siempre así. Incluso personajes cuya condición no autorizaría tal lenguaje: el misionero de |Colonial trata de adoctrinar al indígena con discursos en los que dice "si la lujuria llega a aposentarse en nuestro ser, como es monstruo insaciable que tiene sed hidrópica y hambre de chacal ayuno, beberá nuestra sangre, devorará nuestras carnes, triturará nuestros huesos, hasta chupar su postrimer médula". Las convenciones del diálogo realista son diferentes, y son las que se han impuesto: Efe lo usa cuando hablan los niños, los mendigos, los negros y las mujeres, y muestra entonces que puede hacerlo en forma muy convincente.

3. El uso repetido de procedimientos retóricos que hoy suenan arcaizantes o artificiosos. La inversión del pronombre personal y el verbo ha envejecido mucho. Por ejemplo, "difundióse por le rostro divino de Isabel..."; "la alusión fuela poseyendo... presentábansele entonces..." son formas que se encuentran con mucha frecuencia. También utiliza Efe un hipérbaton demasiado fuerte: "sus manos, que besadas fueron por reyes y héroes"; "cadenas en los extremos de garrotes policiales puestas". A veces lo atraen expresiones cultas, arcaizantes, exóticas: "albos fragmentos"; "placas de argento"; "fulgurado de terror". Algunos adjetivos se reiteran como un esfuerzo por probar que pueden repetirse sin convertirlos en lugares comunes: el uso de la palabra "divina", con todos sus peligros, daría pie para un interminable análisis.

Sin embargo, lo que domina en su literatura es el dominio extraordinario del idioma, el uso creador y eficaz del lenguaje. En las descripciones, unos trazos breves, usualmente atentos al color y reforzados con alguna comparación o metáfora audaz, construyen un paisaje y dibujan una acción con el talento de un pintor puntillista: "la luz se derramaba en las montañas, se enhebraba centellando en el curso de los riachuelos; penetraba y se difundía en las casas"; "de las entrañas de la roca saltaba un manantial, cuyas ondas limpias corrían sin ruido debajo de los helechos"; "moduló un chit tan suave, que ni una arruga rizó el océano de silencio que por los ámbitos de los muertos salones, el patio inmensurable, de las desiertas terrazas, se extendía"; "nubes doradas de semillas de trigo"; "alcanzó a ver sobre el suelo cubierto de charcas, fango y guijarros alisados, desparramándose como un esputo de luz, la claridad que se escapaba por la puerta de una tenducha"; "el torcido sendero tallado en la carne viva de ese suelo estéril que alcanzaba apenas a cubrirse a veces con una crin de paja retostada, que se quedaba otras descubierto en terrenos como úlceras resecas".

No sería difícil ilustrar todo un diccionario de figuras retóricas, de formas de adjetivación, de recursos expresivos, con la obra de Efe: no es de extrañar que Carrasquilla hubiera aludido a las "elegancias hipócritas" de su estilo. Doy simplemente algunos ejemplos:

"sus manos inefables, blancas y traslúcidas", donde se recurre como en muchos lugares, a un ritmo ternario;

"de su cuerpo oscuro y lanudo salió, pura y radiosa, su abuela", donde los dos sustantivos reciben, en distribución simétrica, dos adjetivos;

"hasta el delirio, hasta el automatismo, hasta la brutalidad", donde se usan simultáneamente la repetición y el recurso a ritmos ternarios. Igualmente utiliza la repetición un ejemplo como el que sigue: "sus ojos parpadeaban, parpadeaban como dos golondrinas que aleteasen".

"Pálidas miradas, y feroces, se entrecruzaron", donde los adjetivos se colocan distribuidos alrededor del sustantivo.

"Todo arde, vegeta luz; los retazos de río que se ven correr entre sauzales son luz líquida", donde además de la repetición vemos el uso insistente de la aliteración: retazos de río, luz líquida.

El siguiente ejemplo, muestra de técnica descriptiva de efe, termina también con una aliteración reiterada, propia del lenguaje poético:

"Un momento asomóse la luna por entre unos nubarrones, y sus rayos, al herir el río, formaron en la masa de sus aguas una columna fosforescente, cuya superficie temblaba con estremecimientos de ser vivo... Llovía grueso. De improviso un latigazo de luz recorría el espacio vapulando las pupilas".

Termino con tres ejemplos de esas descripciones apretadas, casi cinematográficas -recuérdese que Efe hizo el guión para una película sobre Rafael Uribe Uribe, la cual se filmó- que caracterizan su prosa:

"Ve Lezama pasar ante sus ojos como relámpagos blancos los techos de los toldos enemigos: siente un golpe terrible, se detiene, vacila, cae de espaldas, y por sus facciones se difunde la paz sublime de la muerte".

"Un camino atroz, imposible. Camino de las montañas antioqueñas en invierno. Fangales hondos, blandos, sin orillas, como de purgante. Espinazos estrechísimos: un abismo a la izquierda, otro a la derecha".

Y por último, perfecta en su brevedad:

"La cuesta era agria y paréme a respirar".

Los ejemplos anteriores muestran una actitud muy consciente de preciosismo en el idioma, y el mismo Efe aludía a veces a ello: "estas pedanterías que las gentes de gusto y talento, los escolásticos, las gentes que saben escribir, me critican con razón, son mis vegetales".

Dejando de lado anotaciones estilísticas, y antes de considerar brevemente el cuento que es sin duda la obra maestra de Efe, vale la pena hacer algunas consideraciones algo abstractas: Desde Freud, y ante todo con base en las interpretaciones lacanianas de su obra, hemos aprendido a considerar el inconsciente como un lenguaje. Esas estructuras inconscientes, que son el resultado de la represión, se apoderan en determinadas circunstancias de los mensajes conscientes del individuo. El síntoma, el sueño, los actos fallidos son estructuras de comunicación en las que lo reprimido lucha por salir a la conciencia, pero lo hace en la forma de un compromiso que hace irreconocible el mensaje original. La literatura maneja también los contenidos del inconsciente, y su material está de un modo y otro conformado por el retorno de lo reprimido: de los fantasmas sexuales o de los de destrucción y violencia. En las obras literarias de mayor violencia, en la tragedia, son los núcleos centrales de los contenidos inconscientes, el incesto, la muerte del padre, los que con frecuencia aparecen como tema central del texto literario. Pero el mensaje literario no puede tener, como el sueño, una organización secundaria que impida reconocer su sentido: cuando alguien nos cuenta un sueño, sólo raras veces podemos sentir ese reconocimiento mínimo de que se trata de algo que también a nosotros nos atañe. Los productos del compromiso entre el inconsciente y la censura son ininteligibles, y su sentido sólo puede reconstruirse por un trabajo de interpretación muy especial. En la literatura, los conflictos dramáticos del argumento tienen que ser captados en forma directa por el lector, el contenido de la obra debe ser reconocible y asumible por el lector sin el recurso de una reorganización del material como la que se da en la interpretación del sueño. Esta es una diferencia esencial entre la literatura y las demás formas de en las que se busca expresión del inconsciente, y una que con frecuencia olvidan quienes tratan de analizar los contenidos profundos de la obra literaria. Al tratar el cuento o el poema como un sueño olvidan que la forma del sueño tiende a ocultar el sentido, y que la forma de la literatura debe permitir la comunicación del sentido: por eso es importante la forma del relato, la estructura de la narración, la concatenación de incidentes, y finalmente la retórica que se use. Del vigor de los contenidos profundos que se comunican, de la complejidad y riqueza de la forma de la narración y de las estructuras de la retórica depende finalmente el impacto y la calidad literaria de la obra, busque ésta el retorno de lo reprimido a través del drama y la tragedia o evada la censura por medio del humor, y logre el goce del lector en la identificación con el destino de los personajes o en el revivir los placeres formales del juego con el lenguaje mismo.

Por ello no hemos buscado reducir los textos a contenidos inconscientes profundos, pretendiendo que allí resida su importancia. Hemos atendido hasta cierto punto a los aspectos formales y más exteriores y a los contenidos conscientes que busca comunicar el autor. Y hemos visto cómo las estructuras narrativas y argumentales se basan en la persistencia de ciertos nudos, en la fascinación con el crimen, el desafío, la afirmación de la vida, el terror a la muerte pero a la vez la visión de la muerte como liberación. Un análisis más completo debería permitir relacionar todos los aspectos anteriores con los contenidos fundamentales inconscientes de esta literatura, pero con plena conciencia de que no son esos contenidos los que le dan el carácter específicamente literario. Tratemos de ver esto por lo menos en un cuento, |Guayabo Negro.

El cuento comienza con el despertar, el retorno a la conciencia de Pedro Zabala, el cual se describe con prolijidad, intercalando elementos subjetivos y del mundo externo. El despertar es en el guayabo, y éste se nos presenta con toda su brutalidad: el narrador alucina y sufre, y empieza a recordar su borrachera, y a sentir los remordimientos. Qué habrá hecho, a quién habrá insultado. Empieza a recordar el día anterior, y pasa a una escena de pureza y optimismo. Casado con Matilde, tienen un niño de pecho, y salen de misa acompañados por otra pareja estrechamente relacionada con ellos: la de su hermana Inés y Manuel, su cuñado por ambos lados, pues es a su vez hermano de Matilde. Pedro revela que a su mujer se le derrama la leche, y de ese modo sabe que el niño tiene hambre: escena de ternura sexual, mezclada con otros elementos menos obvios: Pedro está revelando a su cuñado intimidades de pareja, además admira la hermosura de se hermana, que va a casarse con Manuel en pocos días. Tan entusiasmado está Pedro con ese matrimonio, que está construyendo una casa para que vivan en ella, con sus manos ha estado construyendo los decorados.

Los dos hombres, despedidas las mujeres, siguen a beber, con todo el afecto de la borrachera de amigos cercanos: "¡sus frases se entrelazan como las trepadoras en la selva, sus ojos se humedecen dulcemente, se juran amistad eterna, filial amor, se cuentan todo, van a ser felices en el futuro, marchando juntos a la conquista de la vida!, ¡y caía cada uno en los brazos del otro, y sus corazones se juntaban cálidos, viriles!". La borrachera progresa, y la narración regresa al despertar de Zabala, que ve el amanecer la invasión de la luz, pintada con un placer casi excesivo. Zabala recuerda a su mujer, "la fragancia de ese cuerpo esbelto, firme, mórbido y divino", a su hijo, y se hace propósitos de enmienda, se alegra y espera salir de donde está, la cárcel, a donde seguramente lo llevaron por algún asunto menor.

Se empieza a arreglar, envía razones a su casa, cuando llegan las autoridades. Lentamente la narración, que toma característica de tragedia griega, nos lleva al momento en que le muestran a Pedro un cadáver: el de Manuel. Pedro tarda en advertirlo, descubre el cuchillo que lo hirió, hecho por el mismo Manuel y de pronto recuerda que él ha sido el asesino.

Poco a poco reconstruye el incidente: quiso obligarlo a beber, le metía él mismo la botella y Manuel, enfurecido le dio una bofetada. Él clavó entonces el cuchillo "en el pecho de su hermano". Aparecen entonces su hermana y su esposa, y se describe el entrecruce de las miradas de los tres, en una descripción que tiene el terror de una tragedia esquiliana; Pedro trata entonces de darse muerte con el mismo puñal con el que mató a su amigo. Se lo impiden y él se queja de que quieran obligarlo a vivir. El narrador concluye la historia haciendo ver que "su voluntad al herir no guió su mano" y que la venganza de la sociedad es insensata: "¿de qué se venga el monstruo ese?".

La historia supera el simple relato de una muerte casual porque en el texto aparecen, de diversos modos, los elementos que hacen sentir que, profunda e inconscientemente, Pedro deseaba la muerte de Manuel. Estos deseos se apoyan en estructuras edípicas. El cuento, por supuesto, no nos habla de ellos: subraya más bien el amor de Pedro por Manuel. Cuando su mujer regresa a casa a amamantar el niño Pedro prefiere quedarse con Manuel, al que conduce a una especia de idilio alcohólico y embriagado, con promesas de futuros comunes. Ahora bien, Manuel se va a casar con su hermana, que para Pedro representa a su madre, ya muerta. El próximo matrimonio revive la situación edípica: es como si Manuel fuera a casarse con su madre: "y es bella Inés -comenta Pedro- tiene la bella augusta y santa de mi madre". En este nivel Manuel es su rival, que va a ocupar el lugar de su padre, también muerto. Un padre con el cual se ha identificado y al cual ama.

En todo caso, en la borrachera, Pedro fuerza a beber a Manuel hundiéndole la botella en la boca: el coqueteo culmina así con un gesto de claro simbolismo sexual, en una especia de esfuerzo por colocar al padre en posición pasiva. Manuel reacciona, le da la bofetada, como respondería un padre enérgico, y Pedro le entierra el cuchillo. Este acto viola hasta tal punto la norma, la ley, que lo posee una "¡parálisis cerebral absoluta!", es un asesinato del padre, que sólo puede ocurrir en la más profunda inconsciencia, en la borrachera. Luego, en este juego de espejos identificatorios, cuando descubre que mató a Manuel, trata de matarse a sí mismo.

Vemos pues que la estructura consciente y manifiesta del cuento la subyace una estructura edípica, en la cual Pedro, atraído por su hermana en cuanto ésta representa a su madre, da muerte a su rival, que representa a su vez el padre. El hecho de que el padre esté representado por un amigo cercano, por alguien que puede asumir el papel de hermano (y no, por ejemplo, por el amante de la madre, o el tío, como en el mito griego o en Hamlet) facilita la colocación del rival en el papel de recipiente de libido afectuosa, permite representar la contradicción amor-odio que rige la relación con el padre, incluso son sugerencias sexuales más audaces que en las versiones clásicas. Y esto, a pesar de la ideología consciente de Efe Gómez, probablemente tan rígida y restrictiva en asuntos sexuales como la de Pedro Zabala. En toda su obra, la mujer aparece como objeto de idealización, como madre o hermana. Se advierte y expresa en muchas ocasiones el rechazo a que la mujer asuma las actividades productivas tradicionalmente masculinas, y se quiere verla sólo en la relación con el afecto y el amor de los hombres, y dentro de una ética casi de la antigua caballería aristocrática. Esta idealización de la mujer es por supuesto congruente con la mentalidad antioqueña, hasta donde podemos conocerla -ver, por ejemplo, los estudios de Doña Virginia Gutiérrez de Pineda-, y con un alto grado de represión sexual, que convierte a la mujer en la virgen intocable. En los cuentos de Efe las mujeres son vírgenes hermosas, o madres castas, y cuando son amantes, o compañeras (y Efe, evidentemente, no comparte el puritanismo que sólo reconoce una relación casta en el matrimonio), sus rasgos son muy similares a los de la joven virginal: la mujer de |Carne hace un juego de coquetería inocente con su amante, borda con manos finas, tiene la faz dulce y severa, el pie "atrevido y donoso" y cuando le cortan el rostro, es porque su amante no quiere que la sapotee la golosa piara de la honorable humanidad. Las descripciones de las mujeres, raras veces apuntan a una sexualidad explícita, sus formas y redondeces se describen en forma abstracta: el pie y los ojos parecen haber recibido el desplazamiento del interés. En particular los pies: no hay mujer atractiva cuya descripción no incluya un elogio al pie. "Tiende los pies desnudos, blancos como gajos de azucenas": "Desnudo el pie divino": "El pie desnudo sobre el suelo, tan nítido y goloso: el delgado talón y el tobillo perfecto, asumen un gesto intrépido. . . aquel andar divino fluye de la forma del hermoso cuerpo, que es el propio cuerpo idealizado por el milagro del movimiento. . .".

Volviendo a |Guayabo Negro, es la energía del inconsciente, con sus estructuras edípicas, la que es elaborada en un relato verosímil, en el que lo reprimido inaceptable retorna, desplazado pero inteligible: el lector atento siente que la violencia trágica e inesperada de Pedro tiene que ver justamente con la felicidad de su vida familiar, con la estrechez casi incestuosa de los lazos entre las dos parejas. El desarrollo de este cuento impecable tiene la inexorabilidad de las grandes tragedias, en cuanto está regido por la lógica inevitable del inconsciente. Por su vigor, y por la perfección literaria y estilística de la escritura, constituye la obra maestra de Efe y es un cuento que puede figurar en cualquier antología del cuento universal.

A partir de este análisis se podría regresar a los demás cuentos, para identificar también en ello los contenidos inconscientes, los elementos que conformaban la visión del mundo que Efe Gómez trata de comunicar en sus textos. Pero esto exigiría una exposición demasiado extensa. Lo dicho hasta acá, espero, debe haber ayudado algo a aclarar las características literarias y los contenidos profundos de una obra en parte desconocida y con frecuencia malinterpretada, cuyos momentos culminantes, en medio de muchos trabajos inacabados, tienen una grandeza, una energía, un vigor literario inolvidables.

Clarita Gómez

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