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CAPÍTULO III
 

LA FABRICA DE LOS CHICHARRONES
 

Con estas señas, y tres clavos de engalavernar y otros elementos estratégicos, que pidió del cuartel de caballería, se trasladó don Ventura al sitio de Belén. Las calles estaban oscuras, y como son disparejas, y el terreno elevado, no se marchaba sin tropezones. Sólo don Ventura caminaba firme, como si aquellos fuesen caminos que él hubiese practicado en otros tiempos. Había perros que con sus latidos hacían más alboroto que el necesario para la pesquisa de una oveja descarriada, como decían los padres; pero los guarantes los dejaban escarmentados para siempre con un bocado de longaniza que ellos usaban dar después de haber corrido el bando «para matar los perros». Pero al fin el impertérrito jefe de policía se halló en la calle de su anhelo, y convencido por las señas, se acercó a una puerta enmantecada y golpeó.

-Pum, pum!, pum, pum!

- ¿Quién es?

-Yo.

-Quién es yo?

-Buenaventura Ahumada.

-Chicharrón! con mil diablos-exclamaron todos adentro.

-Yo me boto por las tapias-dijo uno.

-¿Y si la manzana está rodeada?....

-Es mejor meternos en el horno-dijo otro cofrade.

-¿Caliente? -dijo la dueña de la casa; ese es un disparate…. ustedes le tiritan al Chicharrón más que los ratones al gato; y eso no es corriente. Metan al tigre en su jaula; pónganse todos serios; enciendan sus cigarros; y cojan las cartas en la mano, mientras que vuelvo yo. Verán cómo yo sí se la pego al Chicharrón.

Mientras la patrona abría la puerta se cambiaba de tren en el cuarto, como se cambian en el teatro los bastidores para una escena repentina y variada.

-Vengo en busca del R. padre fray Serafín-dijo don Ventura, así que estuvo adentro,

-Aquí no hay serafines-dijo la casera-sino uno pintado en el cuadro de la Virgen.

-¿Y usted no lo conoce?

-Ni por el forro, como dicen los estudiantes.

-No, señora: es un Serafín del mundo el que yo busco, ¡y bien mundano!.... ¿Y los señores?

-Divirtiéndonos un ratico.

-Pero son las doce de la noche.

-Era casualmente la última manita.

-Es que por mí no lo dejen.... ¿Y en el otro cuarto?

-Era la niña Nicanora; y como se fue a abrir el portón.

-Pero ya está de vuelta.

-Se está haciendo tarde-contestó la patrona- ¡y es tan malo trasnocharse una!... y a mí que poco me divierte la ropilla.

-A mí me divierte muchísimo.... Sigan! ¡Es un juego muy decente! El Libertador lo juega; pero nunca por interés.... Yo quiero que ustedes sigan jugando.

-¡Pero si no sé dónde tengo la cabeza!- exclamó la patrona-pues con el sereno y el susto (porque no pensábamos que era una visita tan buena) me he quedado como desvanecida.... y vergüenza que le tengo a V. S.... Solamente que V. S. me haga la primera jugada.

-¿Y si la hago perder?

-¿V. S.?.... Así fueran todas mis pérdidas.

-Yo lo que quiero es verla jugar a usted.

-Y yo lo que quiero es jugar con V. S.

-No jugarán mucho…. Eche su carta.

-¡Me estaba dando tan mal!.... Ahí va el as de espadas, pues, para hacerlos descartar a todos.

Después que todos hubieron jugado, continuó diciendo don Ventura: «no he comprendido nada de lo que han hecho los jugadores; ¿o es que hay una ropilla nueva?»

-¿No lo había yo dicho que estaba atarantada?... Que juegue por mí el señor don Ventura.

-¡Mil gracias!

-Entonces lo dejo.

-De fullerías es que se ha de dejar usted-dijo entonces don Ventura-acercando un taburete al de la dueña de la casa. Usted juega ahora, porque se lo mando yo.

-Así es imposible que yo haga ni un solo acuse. ¡Azarada, cuándo!, dijo la patrona y botó las cartas.

-Pues si ustedes no pueden continuar su nueva ropilla de acuses, entonces encenderemos tabaco, dijo don Ventura.

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