INDICE

CAPITULO I


 UNA RONDA DE DON VENTURA AHUMADA

UN CAPITULO
 

Es la sala capitular de un convento, lo que era la plaza entre los lacedemonios, el augusto local de las elecciones y de las transacciones de la mayor importancia. Permanece cerrada constantemente y está rodeada de escaños de nogal con separación de brazos, en forma de sillas en un solo cuerpo, como se usa en los coros; y en uno de los extremos tiene un solio, o mejor diremos, un altar muy elevado. No hay un lugar más serio, ni más imponente que la sala de capítulo; ni el senado de los romanos, ni el foro, ni el capitolio.

Se hallaban reunidos en este solemne recinto los padres mas graves del convento de *** a propósito de un negocio cuya importancia exigía su inmediata resolución. La puerta estaba con llave, y se había registrado cautelosamente para evitar la curiosidad de los coristas: estaban seguros los padres de que no llovía, y aunque la luz era la escasa de un grueso cirio, las coronas rapadas brillaban, presentadas al reflejo, porque los padres estaban muy agachados, teniendo los brazos cruzados entre sus anchas mangas.

Sonó una campanilla como para avisar que la sesión se comenzaba.

Se rezó un salmo, y después de una tosecilla que se oyó por toda la sala, una voz pausada y misteriosa pronunció estas notables palabras:

—¡Reverendísimos padres! El objeto de esta reunión es de los más graves de nuestro convento: la fuga del padre Serafín y sus escándalos en el siglo. Todos los medios suaves se han puesto en uso; pero Satanás ha triunfado de nuestra clemencia y actividad. Queremos consultar la opinión del santo capítulo para proceder con acierto. He dicho.

|El padre |sub-prior.—Muy reverendos padres, cuando hay un profeso alzado que se burla del cariñoso llamamiento de sus hermanos, la Iglesia tiene sus medios coercitivos, que ninguno hasta ahora le ha podido disputar. Se toca a rebato en todas las campanas de la Iglesia, se pone una mesa en el altozano con carpeta verde, se enciende una cera también verde, y delante de la concurrencia, que naturalmente atrae los tremendos campanazos de alarma, se anuncia que si el prófugo no parece dentro del tercero día, queda, por el mismo hecho, excomulgado. Hágase; y se tendrá al hermano en el acto buscando su celda, y pidiendo el perdón por sus travesuras, así como la abeja que se atropella por entrar a la colmena cuando siente tronar a lo lejos.

|El padre lector.—¡Carísimos hermanos! Aun cuando sea legal el recurso, tiene el inconveniente del escándalo, aparte de que un toque a fuego o a rebato es un alarma para toda la ciudad, que nosotros vamos a causar abusando del derecho de tener campanas, que no deben servir sino para llamar pacíficamente a los fieles. Además, debemos atender a los avisos de la historia. No vamos a criar un Lutero granadino por nuestra demasiada severidad. Excogitemos los medios menos estrepitosos, y obremos con previsión.

|El padre jubilado—Me parece muy corriente la reflexión del hermano pre-opinante, y creo más expeditivo el medio de emplear un espionaje secreto, y luégo que ya sea tiempo, pagar un par de jaquetones que le pongan la mano y nos lo entreguen como un cordero.

|El padre tesorero— Pero quedamos en las mismas, mis amados hermanos, porque, ¿quién es el que le pone el cascabel al gato?.... El padre Serafín parece estar encantado, porque tan pronto lo ven en San Victorino, como en las Nieves, como en la calle del Arco: es un duende completo. Así es que la receta es buena, pero no se puede aplicar.

|El padre maestro—Hago una proposición, mis caros hermanos: ofíciesele al señor don Ventura Ahumada, para que, si cae en alguna de sus pesquisas, nos lo remita en el acto.

|El padre procurador—Me parece muy acertada la proposición.

Después de discutido el punto, por más de una hora seguida, se vino a convenir en la proposición del oficio, y redactado y leído en alta voz por el padre secretario, fue aprobado por todos, y decía:

Convento de ***, agosto 20 de 1828

Señor Jefe político del Cantón.

De nuestro apacible redil se ha separado una desnaturalizada oveja: suplicamos V. S. nos la encarrile sin el menor estrépito, si por acaso en sus pesquisas la encontrare. Esta desgraciada criatura, que es nuestro hermano el R. P. Serafín, hace más de un mes que se nos ha escapado. La filiación y las señas van incluídas en el mismo pliego para hacer mas expeditiva la pesquisa.

Dios guarde a V. S. muchos años.

El Prior, Fray N. de N.

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