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LA EMPLEOMANIA
COMEDIA EN ABREVIATURA
PERSONAJES
Don Nicasio Gallegas. Doña Nieves. El doctor Noley. Clotilde.
Juanito.
(Lugar de la escena, cualquier capital de Estado)
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ACTO PRIMERO
Escena primera
(Don Nicasio y doña Nieves)
|Don Nicasio. ¡Buen primor, Nieves; te dí ayer veinte
pesos para gastos ordinarios, y ya hoy me pides para lo mismo! Si
continuamos así, apenas si nos alcanzará el sueldo para el mes.
Hace casi dos años que gano ciento veinte pesos mensuales, y está
por ver el real que haya economizado para cuando la vejez nos llame
a cuentas, o para cuando yo quede cesante.
|Doña Nieves. ¡Eh!,
|
hijo, Dios no nos faltará.
Aquellos diablos de chicos destrozan que es una maravilla; el
juguete que hoy le sirve a Juanito, lo desecha mañana; los gastos
de la casa son enormes; Clotilde no quiere ponerse un traje tres
veces; las criadas piden un sentido por su salario. Por milagro
alcanzan los ciento veinte pesos del sueldo.
|Don Nicasio. Bien, bien; nada arguyo. ¿Pero si me
quitaren el destino en la próxima administración, qué haremos? Por
males de mis pecados, le hice la oposición a la elección del futuro
Presidente, cuya candidatura triunfó a pesar de los esfuerzos de
la administración actual; ¿mas qué quieres?, el señor Presidente me
lo exigió, y yo, no obstante serme personalmente simpático el
doctor Naranjo, y ser tanta tu amistad con tu comadre Nicolasa,
tuve que ceder; porque de no, el señor Presidente me habría
removido. ¿Quién se había de figurar que triunfase la maldita
candidatura del doctor Naranjo?
|Doña Nieves. Pierde cuidado: mi comadre Nicolasa me
quiere mucho, y le tiene a Clotilde un amor entrañable; a pesar de
tu oposición a la candidatura del doctor Naranjo, la buena de mi
comadre no se ha dado por notificada, y me ha seguido tratando con
el mismo cariño que antes. No te removerán, no te removerán,
querido.
|Don Nicasio. ¡Que Dios te oiga!
|Doña Nieves. ¿Por qué no comienzas desde luego a adular
al doctor Naranjo? Yo me encargo de adular a mi comadre; seré más
fina con ella y le adivinaré los pensamientos. Ayer me dejó
entender que deseaba montar el Overo. ¡Hagamos una cosa:
regalémoselo!
|Don
|Nicasio. ¿El Overo? ¿Estás loca? ¿El Overo,
que me costó 200 pesos? No me quedaría en qué montar.
|Doña Nieves. No importa. Hagamos bien las cuentas: el
doctor Naranjo durará de Presidente dos años; en ese tiempo te
darán...
|(hace la cuenta en su cartera), dos y dos, cuatro;
uno, es uno. . . Oye: 2.880 pesos en dos años... ¿No te parece que
sí vale la pena de sacrificar el Overo?
|Don Nicasio. Bien!, pero dáselo como cosa tuya.
Escena segunda
(Don Nicasio, doña Nieves, Juanito)
|Juan. Mamacita, se rompió el
|monacho.
|Doña Nieves. Eso es: y hoy costó cinco pesos.
|Juan. Yo quiero otro... yo quiero otro...
|Doña Nieves. Pero, hijo, papá no tiene plata.
|Juan. (Llora). Quiero otro
|monacho.
|Doña Nieves. Mañana, hijo.
|Juan. Quiero otro... quiero otro... porque si no, me boto
al pozo.
|Doña Nieves. ¡Sea por Dios! Nicasio, dame cinco pesos
para comprarle otro
|mono a este enemigo.
|Don Nicasio. Siempre tendré que vender la nómina del mes
entrante. Toma.
|(Le da dinero, doña Nieves se va con el
niño).
Escena tercera
(Don Nicasio, doctor Noley)
|Don Nicasio. ¡Oh, doctor Noley! ¿qué vientos lo traen por
acá? Tome usted asiento
|(cumplimientos).
|Doctor Noley. (Que ha preguntado por la señora y los niños y
satisfecho preguntas análogas). Ha sabido el señor Presidente
que el gobierno general acaba de nombrar agente de hacienda
nacional a un tal Agustín Polas; y no puede consentir en semejante
paso, a todas luces impolítico.
|Don Nicasio. ¿Con que el tal Agustín Polas?... Vea
usted... ciertamente, paso impolítico... ¿Qué le parece, meternos
aquí a semejante hombre?... Razón tiene el señor Presidente... ¿Y
quién es el tal Pules, o Polas?
|Doctor
|Noley. Tengo vagas noticias de él. Sé que
hace dos años redactó un periódico de oposición a la candidatura
del señor Presidente... Por lo demás, tiene fama de probo,
inteligente e ilustrado.
|Don Nicasio. Sí, es muy ilustrado...
|Doctor Noley. ¿Le conoce usted?
|Don
|Nicasio. No
|, señor; en mi vida he oído
tal nombre... ¿Pero no dice usted que es muy ilustrado?
|Doctor
|Noley. El señor Presidente me envía a
ordenarle a usted que firme esta protesta
|(la saca), que
tiene por objeto reclamar de tal nombramiento, por inconsulto.
|Don Nicasio. ¿Ya firmó el señor Presidente?
|Doctor
|Noley. No; él no puede firmar esta clase de
documentos.
|Don Nicasio (que ha leído el papel). ¿Mas qué significa
mi firma aquí? Un cero a la izquierda... vamos al decir. . . Yo no
conozco al tal Poles o Polas. ¿No fuera mejor que se pasase mi
pobre nombre en silencio?
|Doctor
|Noley. Había olvidado decir a usted que
anoche recibió el señor Presidente una esquela de su amigo el
doctor Manrique, en que éste solicita para su hijo, que acaba de
llegar graduado a Bogotá, el destino que usted tiene... Usted sabe
que el empleo es de libre nombramiento y remoción...
|Don Nicasio (tose un largo rato). Ya voy cayendo en que
yo leí el periódico del Polas.. . ¡Qué infamia, señor!... ¡ni una
placera insulta como el tal! ... No nos conviene aquí ese hombre...
|(se pone los anteojos). ¡Ya!,
|
los viejos, qué vamos a
hacer... y el trabajo de noche ... Ahí va la firmita.
|(Firma).
|Doctor
|Noley. Hasta más ver, señor don
Nicasio.
|Don
|Nicasio. Señor doctor, beso a usted las manos;
que no sea esta la última vez que lo vemos por aquí en su casa.
|(Vase
|el doctor).
Escena cuarta
|Don
|Nicasio. ¡Cómo se me sienta el hombre! ... y
ese Poncio Pilato del Presidente, más que todos... Agustín Polas...
Agustín Polas... no sé quién sea; pero cuando Noley dice que es
hombre honrado, debe ser un ángel. ¡Y yo he firmado esa protesta
injusta!... Estoy por renunciar... ¿Pero el pan de mis hijos?... ,
¿los 120 pesos que cada mes se gastan en casa?... ¡Eh!, no;
¡suframos, firmemos, arrodillémosnos, besémosles los pies al
primero que se nos encarame!
|
ACTO SEGUNDO
Escena primera
(Don Nicasio, doña Nieves)
|Doña Nieves. Vengo rendida y abochornada. Después de
haberle regalado esta mañana el caballo a mi comadre Nicolasa,
volví hoy a visitarla, y me ha recibido con la mayor sequedad; me
habló de la oposición que tú le habías hecho a su marido, y me dejó
entender que pronto te arrepentirías. Yo le manifesté que tú habías
obrado bajo las influencias del Presidente, y ella me exigió le
hicieras la guerra a éste, a fin de que venga al suelo abrumado de
descrédito. Comprometíme a ello, porque creo que sólo así
salvaremos el destino.
|Don
|Nicasio. ¡Mal hecho! Si me pongo de cuernos
con el Presidente, ¿qué haré en estos dos meses que faltan para
terminar su período?
|Doña Nieves. Poco
|
se te alcanza, a lo que veo, en
achaques de politiquería. Algunos empleados acostumbran voltearle
la espalda al gobernante caído, y volver el rostro hacia el
venidero. En tales apuros, el mandatario que está al tomar portante
para su casa, no se pone a remover empleados, pues se quedaría a
solas, y lo silbarían hasta los pilluelos de la calle. Las aves
saludan a la aurora, y no se curan del sol poniente.
|Don
|Nicasio. Estás sabidilla. Me has convencido.
Voy a escribir un artículo contra el Presidente.
|(Golpes
|en la puerta). ¡Adelante!
Escena segunda
(Dichos, el doctor Noley)
|Don Nicasio. ¿Qué milagro ver por aquí al señor
doctor?
|Doctor Noley. Siempre a importunar a usted. El señor
Presidente me envía...
|Don Nicasio. Vea usted... el bueno del señor
Presidente... Y decía usted...
|Doctor Noley. Se necesita otra firma para otro asunto
conexionado con el bien público.
|Don Nicasio. Cuanto se refiere al bien público merece las
simpatías de los que nos desvivimos por la patria... Y decía usted
...
|Doctor Noley. Que tenga la bondad de firmar este
memorial referente a la renta de salinas aplicable a las mejoras
materiales.
|Don Nicasio. ¡Ah!,
|
¡muy bien!... Desde que el
señor Presidente nos gobierna, hemos tenido tantas mejoras
materiales... quiero decir... proyectos de mejoras
materiales...
|Doctor Noley. Pero antes filosofemos un poco. El señor
Presidente es un hombre digno de compasión. Vea usted: no pasa un
día sin que se le pidan veinte destinos; y aunque la asamblea creó
algunos, sin más objeto que el de poder satisfacer vigencias...
Bien dijo el poeta:
|
Marqués mío, no té asombre
Ría y llore cuando veo
Tantos hombres sin empleo,
Tantos empleos sin hombre.
|
Pues, sí, señor, usted le sirve al Estado con inteligencia y
honradez... ¿a qué negarlo?... y muchos claman contra usted por
inepto. El doctor Manrique insiste en que se le dé al doctorcito,
su hijo, el destino de usted. Mas el señor Presidente me dice todos
los días que está satisfecho de la adhesión de usted a su persona,
y de su decisión por la causa del progreso y de la pública
felicidad...
|Don Nicasio. ¡Oh señor doctor, ¿por el progreso y la
felicidad del pueblo, quién no se ha de desvivir?
|Doctor Noley. Se me hace tarde. Aquí tiene usted el
memorialito. ¿Lo quiere leer?
|Don Nicasio. No hay para qué; basta que sea cosa de usted
y del señor Presidente
|(firma).
|Doctor Noley. Gracias, don Nicasio. Hasta otra vista.
|Don
|Nicasio. Beso sus manos, señor doctor. Que lo
veamos con frecuencia en esta su casa.
|(Vase el doctor).
Escena tercera
|Don Nicasio. ¡Maldito hombre!, me tiene hético, ¿Qué
diablos habré yo firmado?
Escena cuarta
(Dicho. Juanito)
|Juan. Papá, se me rompió el
|mono; y yo
|
quiero otro.
|Don
|Nicasio. ¡Quita de aquí! A mono por día, nos
lleva la trampa.
|Juan. Yo quiero un
|monacho... yo
|
quiero un
|monacho.
|(Llora).
|Don Nicasio. ¿Dónde está Nieves?
|Juan. Desde esta mañana no ha venido.
|Don Nicasio. ¿Clotilde?
|Juan. Tampoco ha venido.
|Don
|Nicasio. Bien estamos: la madre por una parte,
la hija por otra, las criadas por donde se les antoja; y todo dado
al diablo.
|Juan. Yo quiero otro
|monacho. (Se sienta a
llorar).
|Don
|Nicasio (toma
|un periódico y se
|pone
|a leer). ¡Hola!, aquí hablan de mi persona.
Veamos. «El Presidente no fija sus miras sino en asalariar
empleados que se plieguen ruinmente a su voluntad. ¿Habrá un
hombre más inepto para desempeñar cualquier destino que Nicasio
Gallegas? Sin embargo, este cómico personaje, por ser más dócil que
un humilde jumento, goza de un magnífico sueldo. La política actual
no para mientes en las aptitudes de los individuos para desempeñar
los cargos públicos, ni en su honradez: no quiere sino docilidad y
más docilidad». ¡Bribones!... ¿Habráse visto? Como ellos no firman
todo lo que al señor Presidente le venga en antojo, no lo
consideran a uno; cierto es que yo no sé de la misa la media; pero
la oficina ahí va marchando; que para eso son los escribientes. Sin
embargo, que griten, que escriban: ¿no tengo seguros 120 pesos
mensuales? La filosofía aconseja que nos hagamos oídos de
mercader.
|ACTO
|TERCERO
Escena primera
(Don Nicasio, doctor Noley)
|Doctor Noley. Como iba diciendo: vi en
|La Voz del
Estado un artículo en que se habla mal del señor Presidente.
Alguien me ha dicho que es usted su autor; yo no he podido creer,
porque... es decir... el decoro... la gratitud...
|(aparte)
se ha asustado.
|Don Nicasio. (Tose mucho). Este mal de pecho me tiene
muerto. Y, vea usted
|(tose), cuando me arrecia, me entra una
terrible sofocación... Esos son chismes; yo diera mi vida por el
señor Presidente.
|Don Noley. Fácil me sería pedir el manuscrito en la
imprenta. Cualquiera que sea su autor... una remoción es pan de
cada día... Tengo un empeño con el señor don Nicasio: hágame usted
un servicio, y lo del artículo quedará
|interno.
|Don Nicasio. Mande usted, mande usted, señor doctor,
|Doctor
|Noley. Necesito falsificar este registro
|(lo saca), pues el bien público exige que yo venga al
congreso... Se requiere una letra desconocida; y yo sé que la
señora de usted es capaz de sacarme bien.
|Don Nicasio (llama) ¡Nieves! ¡Nieves! ya viene:
Haremos, señor doctor, lo que usted manda. Por supuesto que el
sigilo... ante todo el sigilo...
|Doctor Noley. Pierda usted cuidado.
Escena segunda
(Dichos, doña Nieves)
|Doña Nieves. ¿Llamabas? ¡Oh!, señor doctor, para servir
a usted.
|Don Nicasio. Siéntate ahí, porque nos vas a escribir una
cosita.
|Doctor Noley. Vea usted, mi señora; sólo hay que copiar
estas cuatro líneas. Aquí donde dice «ciento veinte», escriba usted
novecientos veinte.
|(Doña Nieves se pone a escribir). ¡Cosas
de la política!, en occidente borraron mi nombre en las listas;
pero yo sabré hacerme representante.
|Don Nicasio. ¿Está el artículo aquel muy fuerte?
|Doctor
|Noley. ¡Oh!,
|
¡atroz! Dice, entre
otras cosas, que el señor Presidente abusa de su puesto para exigir
de los empleados inferiores cosas indebidas.
|Don
|Nicasio. ¡Calumnia, calumnia! Por mí sé decir
que el señor Presidente jamás me ha exigido nada.
|Doña
|Nieves. Ya está.
|Doctor Noley. Es usted un rayo. Esto ha quedado
magnífico. Gracias, mi señora: viva usted mil años para servicio
de la patria. Adiós, señor don Nicasio; adiós, mi señora.
|Don
|Nicasio. Hasta más ver, señor doctor. Que le
veamos cada rato en esta su casa.
Escena tercera
(Dichos, menos el doctor)
|Don
|Nicasio. Este hombre me quitará la vida: quién
sabe en qué parará esa falsificación.
|Doña Nieves. En nada. Todos los días se ve esto. ¿Por qué
te comprometiste con tal hombre?
|Don
|Nicasio. Porque el malvado sabe que yo soy el
autor del artículo inserto en
|La Voz del
|Estado, y he
querido taparle la boca.
|Doña
|Nieves. Sí; pero nos conviene se sepa que tú
escribiste eso para que el doctor Naranjo...
|Don Nicasio. Todavía no; disfrutemos del sueldo de estos
dos meses; y cuando sea tiempo, el doctor Naranjo lo sabrá, y
entonces acabaré de decir cuatro frescas.
Escena cuarta
(Dichos,
|
Clotilde)
|Clotilde
|(llorando). Vea usted, papasito: José me
ha traído esta carta para que yo reconozca mi firma. Yo no he
escrito semejante cosa, ni jamás he querido a don Pedro, para
escribirle cartas de amor.
|Doña Nieves.
|A ver... la letra se parece a la tuya
... no...no es sino una imitación. ¡Infames! Jugar así con el honor
de una niña! ¿No habrá castigo para las falsificaciones?
|Don
|Nicasio
|(en voz baja). Sí lo hay; pero
no lo reclamemos, porque nos cobijaría a ambos. ¿No es peor
falsificar un registro que suplantar una firma?
|Clotilde. Voy a averiguar la picardía.
Escena quinta
(Dichos
|, menos Clotilde)
|Doña Nieves. Sí; pero una lo hace por necesidad.
|Don
|Nicasio. No hay necesidad que se le quite al
delito su fealdad intrínseca. ¡Cuántas revoluciones se deben a la
corrupción del sufragio! ¡La sangre vertida caerá sobre los
falsificadores de registros!
|Doña Nieves. ¡Ay
|, Dios mío.!, ¡a qué cosas se
obliga una por un empleo! ...
|Don
|Nicasio. ¡Pero qué hemos de hacer, querida! El
pan de los hijos nos exige el sacrificio de todo; hasta el honor.
¡Malditos sean los empleos!, o más bien, maldita sea la necesidad
que uno se forja de ellos!
|
ACTO CUARTO
Escena primera
(Don Nicasio y doña Nieves)
|Don
|Nicasio (entra). Vengo cansado, avergonzado,
frito.
|Doña Nieves. ¿Qué tal estuvo la recepción?
|Don Nicasio. Buena... eso sí... buena. ¡Qué bien habló el
doctor Naranjo!
|Doña Nieves. Es un hombre de muchos talentos.
|Don Nicasio. No sé por qué me trató con tanto desprecio.
Dos horas perdí por poder entrar a saludarlo y felicitarlo; me
recibió con mucha frialdad; en el curso de la conversación me dejó
entender que era necesaria una casi completa renovación de
empleados.
|Doña Nieves. ¿No te digo? ¡Si ese hombre es un bruto!
|Don
|Nicasio. Tengo mis temores. Tú me has dicho
que tu comadre Nicolasa ha dado en tratarte con mucha sequedad; de
suerte que ya ni esa esperanza nos queda.
|Doña Nieves. No
|
desesperemos, hijo; ¿cómo no ha de
tener efecto el regalo del Overo?... Dime, ¿has visto hoy a
Clotilde? Con tu ida a la recepción del Presidente y mi visita de
toda la mañana a mi comadre Nicolasa, ni siquiera hemos podido
cuidar a ese enemigo malo. Me dicen las criadas que ya no tiene más
oficio que coquetear en la ventana. Yo sí he dado en notar que no
salen de esta calle cuatro
|cachifos repelentes.
|Don Nicasio. ¿Qué quieres, hija?, el empleo, o mejor, la
conservación del empleo, no nos deja tiempo para vigilar nuestra
familia como Dios manda. ¡Qué triste es la empleomanía! El esclavo
siquiera goza de libertad de pensamiento; el jornalero siquiera es
independiente; cuenta con el día de mañana y puede saber cómo se
manejan sus hijos. Yo llevo treinta años de empleado público, y
jamás he podido ahorrar cuatro reales, ni he tenido un sólo día de
independencia. He besado muchas manos impuras; he ensalzado muchos
nombres odiosos; he llorado muchos desengaños; he sufrido muchas
humillaciones. Yo me tengo la culpa; porque desde muchacho estoy
apegado a las oficinas públicas y no aprendí a trabajar. ¿Hoy qué
puedo ya hacer? Nuestras necesidades han venido creciendo con mis
sueldos, y hoy no contamos con un real para trabajar.
Escena segunda
(Dichos, doctor Noley)
|Doctor Noley. ¿Qué tal, señor don Nicasio?, mi señora, a
sus pies.
|Don Nicasio. Bien venido, señor doctor. Supongo que ya
usted habrá visitado al doctor Naranjo: a mí me pareció un poco
indispuesto con los que hemos rodeado la pasada administración. Sin
embargo, yo no era de los más adictos; le digo a usted en confianza
que sí era mío el articulillo de
|La Voz del Estado. Como
usted es mi amigo... y para usted no tengo secretos...
|Doctor Noley. Yo
|
estaba seguro de ello; pero vea
usted qué injusticias las del mundo: a pesar de habérselo dicho al
doctor Naranjo, no he podido evitar que usted sea depuesto.
|Don Nicasio. ¿Qué dice usted, doctor?
|Doctor Noley. Lo que usted me ha oído. El doctor Naranjo
se me iba enfadando, porque yo, por cariño a usted, no quería
aceptar el destino de usted; pero por fin, bien a mi pesar,
acepté.
|Doña
|Nieves. ¿De modo que nos condenan a morirnos
de hambre?, doctor.
|Doctor
|Noley. No se ha podido, mi señora, evitar
esta remoción.
|Doña Nieves. ¡Ay!,
|
¡Dios mío, qué suerte la
nuestra!... Pero en usted ponemos nuestra esperanza, doctor. Usted
sabe que sin el sueldo de Nicasio nos moriremos de hambre.
Ruéguele usted al doctor Naranjo...
|Doctor
|Noley. Un mes antes de tomar posesión de la
presidencia, ya tenía comprometidos todos los destinos, y aun el
doble de los que hay; y como no han alcanzado, ya se empieza a
formar un alarmante núcleo de oposición.
|Doña Nieves. ¿Qué haremos, doctor, qué haremos?
|(Llora).
|Doctor Noley. No hay sino un recurso; yo he dejado
vacante el puesto de oficial 2° de mi nueva oficina, con la
intención... si el señor don Nicasio quisiera...
|Don Nicasio: ¡Cómo no he de querer, mi buen amigo! ¡Peor
fuera morir de hambre!
|Doctor Noley. ¡Me retiro!, porque tengo un asunto
pendiente con el doctor Naranjo.
Escena tercera
(Dichos, menos el doctor)
|Don
|Nicasio. Este hombre es un infame. Medrados
estamos, de 120 pesos, voy a bajar a 30. De hoy más, querida, se
acabó todo gasto superfluo: no más juguetes de a 5 pesos todos los
días; no más trajes para Clotilde cada semana; no más vida ociosa.
Aprendamos cualquier oficio, para ver si algún día soy hombre
independiente, y tú mujer de tu casa.
|Doña Nieves. Es tarde, Nicasio: el que se acostumbró a
destino, morirá empleado; la mujer que por largos años vivió de un
sueldo, siempre pensará, al hacer sus gastos, en la nómina del mes
entrante. Enseñémosles a nuestros hijos cualquier oficio; que nunca
Juanito ponga los pies en una oficina; ¡que aprenda aunque sea a
pisar barro!...
|